domingo, 5 de octubre de 2014

Batman 75 años (2 de 6): Su código.

Batman contra el Joker, en The Dark Knight (2.008).
16. En el grueso de los superhéroes, la fascinación por los mismos cae por el lado de lo super, del superpoder que le toque en suerte y de cómo lo utilizará y aprovechará. Esto es particularmente cierto tratándose de superhéroes con un superpoder muy particular, como es el caso de Plastic Man o de Invisible Woman, por ejemplo. Buenos escritores suelen revestirlos de relaciones familiares y humanas en general que los llenan más allá como personajes, pero el aspecto principal sigue siendo el superpoder. Incluso a Invisible Woman, de los Cuatro Fantásticos, inicialmente Invisible Girl, se le inventó el superpoder de los campos de fuerza porque hacerse invisible parecía muy poquita cosa frente a los poderes de sus tres colegas. Al final del día, el atractivo de Superman, a pesar de todo lo genérico que pueda ser como personaje, inevitable si se trata del primer superhéroe y más allá de su dimensión mítica, radica en el paquete de superpoderes, que es probablemente el más imitado y parodiado dentro del género.

17. Pero a un lado están los superhéroes cuya fascinación arranca de preferencia a partir del lado de lo héroe. En este caso no es el superpoder lo importante, sino su código ético. Esto no quiere decir que carezcan de superpoderes, pero éstos pasan a ser secundarios en relación a las decisiones éticas de su uso. Daredevil, por ejemplo, tiene su propio paquete de superpoderes, pero mientras las andanzas del personaje descansaban sobre esto, el mismo no despertó mayor interés, siendo visto como una especie de clon barato de Spiderman; fue Frank Miller quien giró el dial del personaje hacia los aspectos éticos del mismo, en particular la supervivencia del heroísmo a través del sufrimiento inherente a ciertas decisiones éticas, transformándolo así en uno de los nombres de cabecera de Marvel. Si no hay superpoderes, o hay una especie de imitación de éstos a través de artefactos de alta tecnología, entonces es tanto más probable que el aspecto del heroísmo termine siendo más importante que el aspecto del superpoder. Y en este campo, el campeón de lejos es por supuesto Batman, el hombre sin superpoderes, que se ha hecho a sí mismo a través de un entrenamiento infernal, cantidades obscenas de dinero, y una determinación a toda prueba para llevar adelante su cruzada.

18. Siendo Batman un personaje que es a la vez una deconstrucción del superhéroe clásico, es de esperar que su código ético también en cierta medida lo sea. Como de hecho lo es. Pocos personajes de cómic han sido tan explorados en su dimensión ética como lo ha sido Batman. Ahora bien, entre las distintas visiones de Batman tenemos también distintos códigos éticos, lo que hace más complicado su análisis. De esta manera nos encontramos en un extremo con el correcto oficial respetuoso de las leyes que no es capaz de deshacerse de una bomba porque podría matar a unos inocentes patitos bajo un muelle, como ocurre en la película Batman de 1.966, y en otro extremo con un asesino despiadado que no duda en ejecutar a un criminal con una eficacia digna de Punisher, arrojándolo a una tinaja industrial llena de ácido, como ocurre en la primera aparición del personaje, en Detective Comics número 27, en 1.939. Así, a través de las enormes variaciones sobre el tema que ha permitido Batman, la exploración de su código ético ha funcionado históricamente como un comentario y muchas veces como una parábola acerca de la dimensión ética del superhéroe, con fuerza mayor que ningún otro de los considerados de primera línea.

19. Podemos partir por la relación entre Batman y Superman. Irónicamente, ambos personajes eran bastante más violentos en sus encarnaciones originales que en la actualidad. Superman no mataba de manera explícita, pero usaba sus superpoderes con una despreocupación increíble por las vidas y las propiedades de los civiles, y es sólo a partir de la Segunda Guerra Mundial que Superman empezó a adquirir un cierto criterio a la hora de usar sus superpoderes; en ese sentido la película El Hombre de Acero de 2.013, tan criticada entre otras razones por su exceso de violencia, es irónicamente bastante fiel a ese primer Superman que no hace la gran cosa por impedir causas daños colaterales entre los civiles. Batman era aún más violento, si se considera que no posee superpoderes y por ende para ser violento debe armarse; como hemos dicho, no trepidaba en ejecutar a los criminales. El Batman inicial, de hecho, iba armado con pistolas, y estaba más que dispuesto a utilizarlas. Pero el personaje se hizo popular de la noche a la mañana, y los mastines de la moral entraron en acción; al personaje se le prohibió usar armas de fuego, y apareció entonces uno de los más interesantes aspectos del personaje, cual es el imponerse a sí mismo un límite a su propia justicia. En concreto, esto significa la famosa única regla de Batman, su determinación de nunca matar a nadie, incluso al peor de los supervillanos. El Batman que no tiene conflictos morales en matar criminales resurgió brevemente en la duología de películas dirigidas por Tim Burton sobre el personaje (Batman de 1.989 y Batman regresa de 1.992), en un intento deliberado por hacer regresar al personaje a sus orígenes y borrar la imagen más inocente que había dejado la serie de televisión con Adam West. Pero éste aspecto de presentar a un Batman asesino es uno de los que ha sido más criticados por los fanáticos, respecto de la visión burtoniana del personaje. En Batman: La serie animada, que tanto le debe al Batman de Burton en otros respectos, el código de no matar no sólo es restaurado en gloria y majestad, sino que en algún capítulo, muy en particular en His Silicon Soul en el cual Batman se enfrenta a un doble cibernético suyo, se convierte en un punto clave del argumento y en objeto de reflexión implícita.

"¿Pudo haber tenido un alma, Alfred? Un alma de silicón, pero un alma de todas maneras". Fotograma del episodio His Silicon Soul de Batman: La serie animada.
20. Este recurso a la violencia, por lo general considerada éticamente como negativa, para fines positivos, generó una dinámica interesante en Batman. En Superman tenemos claramente dibujada una ética del bien contra el mal. Superman emerge como el bien superior, que utiliza su aplastante poder para derrotar a las fuerzas del caos y la oscuridad, en sus encarnaciones humanas y sobrehumanas. Batman por el contrario representa implícitamente el mal, la fuerza del terror y la superstición, el poder destructivo luchando contra el poder destructivo. No en balde, a la hora de trazar parábolas religiosas, Superman tiende a ser asociado por lo general con el mito mesiánico, mientras que Batman tiende a ser asociado con lo oscuro y lo demoníaco, elemento este último que se hace por completo explícito en la trilogía de Elseworlds conformada por Red RainBloodstorm y Crimson Mist, a través de la cual el Hombre Murciélago se convierte literalmente en un vampiro. Y sin embargo, a través de su código de no matar, Batman establece una línea divisoria. Los supervillanos por lo general están dispuestos a matar, mientras que Batman no. En definitiva, Batman representa un poder brutal y avasallador, que a pesar de esto, se limita a sí mismo y se decide a respetar al menos un mínimo de lo que los juristas llamarían los derechos fundamentales de la persona humana. De manera probablemente casual, pero hay ecos en Batman de la proclama conocida como el Cilindro de Ciro, del siglo VI a.C., en la cual el rey aqueménida Ciro el Grande promete que, teniendo el poder militar para arrasar a las ciudades conquistadas, no lo utilizará porque es contrario a los principios elementales de convivencia humana. Hoy en día asumimos que un tribunal de justicia no puede juzgar con corrección a una persona sin respetar sus derechos fundamentales; ahora bien, Batman obra en la noche como juez y jurado del mundo criminal... y respeta a lo menos la idea de que incluso estos criminales tienen al menos un derecho, el derecho a su propia vida.

21. Esta problemática moral en torno a Batman lo entrelaza con el problema ético que es común a los vigilantes: su conflicto con la ley. Desde los tiempos de los antiguos griegos que existe un ardiente debate acerca de la relación entre la ley y la justicia. Aparte de que fue un griego quien dijo por primera vez que "la ley es una telaraña que deja pasar a los pájaros y atrapa a las moscas", lo cierto es que los griegos, sin referirse al vigilantismo propiamente tal, sí que sentaron las bases para el debate posterior sobre el particular. Podemos plantearlo en las siguientes interrogantes: ¿es la ley justa sólo por ser la ley, y por lo tanto hay un imperativo moral de obedecer la ley en todo tiempo y lugar?, o alternativamente, ¿la fuerza constituye por sí el derecho?, o por el contrario, ¿puede ser que carezca de valor la ley injusta, y por lo tanto podemos desobedecerla, o aún tenemos el imperativo ético de desobedecerla? El problema sigue estando plenamente vigente en nuestra democracia, ya que por un lado la fuente de legitimidad de nuestras leyes surge de que éstas son dictadas por parlamentos compuestos por representantes del pueblo, y ésa es la razón por la que debemos obedecerlas, pero por otro lado, ¿qué pasa cuando esos representantes empiezan a actuar con desidia, o peor aún, sirviéndose sus propios intereses en desmedro de la representación popular a ellos adjudicada?, ¿y qué pasa cuando una ley parece tan injusta que parece justificada su desobediencia, como ocurre con los objetores de conciencia por ejemplo? Batman como personaje es una mina fértil de posibles planteamientos sobre el particular, y los guionistas de los cómics, el cine y la televisión no han perdido tiempo en explotar este filón.

22. De hecho, en el conflicto entre la ley y la justicia, el vigilantismo tiende a inclinarse del lado de la justicia. Ante una ley insuficiente, ineficiente o corrupta, el vigilante se rebela y toma la justicia por su propia mano. La justicia que fue confiada por los ciudadanos a la ley, vuelve así a los ciudadanos mismos en cuyo beneficio existen los ideales de justicia. De ahí que el vigilante tienda siempre a chocar con la policía, cuyo rol es defender la ley como garantía a menudo insuficiente, pero por lo general única y última, de preservar aunque sea una resemblanza de orden social frente a la anarquía que, por otra parte, supone que cualquiera administre la ley por su propia mano. En este sentido, Batman es claramente un vigilante. Salvo visiones tales como el Batman de Adam West, que trabaja en completa colaboración con la policía hasta el punto de reportarse ante el Jefe O'Hara como si tal cosa, por lo general Batman es un personaje que trabaja al margen de la ley, y muchas veces es tan perseguido por la policía como él mismo persigue a los criminales. Por regla general, más allá de no matarlos, Batman en realidad trabaja con completo desprecio por los derechos y garantías personales de los criminales. Piénsenlo un minuto. Muchas cosas que hace Batman, tales como seguimientos a sospechosos, escuchas mediante aparatos de espionaje, o ejecución de interrogatorios a través de medios de coerción, son técnicamente ilegales. En Chile, por lo menos, la realización de tales actividades por parte de la policía requiere la autorización de un Juez de Garantía, y no por casualidad, ya que implica afectar derechos de ciudadanos que, en principio, aplicando la presunción de inocencia, no pueden ni deben ser tratados como culpables. La película The Dark Knight de 2.008 se da un festín con esto: para detener al Joker, Batman intercepta todos los teléfonos celulares de la ciudad, lo que motiva el desconcierto e incluso la ira de Lucius Fox, quien ha creado el sistema para él.

Batman por Mike Deodato Jr.
23. Ahora bien, Ciudad Gótica no es exactamente una democracia funcional. El grueso de las visiones sobre dicha ciudad se refieren a ella como un verdadero agujero infernal sobre la Tierra, en donde el imperio de la ley es una apariencia, los políticos y empresarios son corruptos, y la policía o es impotente para detener a los criminales, o es derechamente corrupta. En ese sentido, falta en Ciudad Gótica uno de los presupuestos para la obediencia de la ley en una sociedad democrática: que ésta sea dictada y ejecutada por agentes que, en última instancia, responden al populus. No es casualidad que al Batman de Adam West, el más respetuoso de la legalidad de todos los Batmen, lo veamos actuar en la Ciudad Gótica más ordenada, luminosa y republicana de todas las que hemos visto en los diversos medios en que ha sido plasmada la urbe en cuestión. Aunque claro, no debemos olvidar que la serie televisiva de 1.966 es una parodia del género superheroico...

24. Pero el tema del vigilantismo lleva a su vez a otra arista diferente de Batman, una que ha suscitado algunas de las más intensas críticas en contra del personaje: las acusaciones de fascismo. Existe una noción bastante extendida, y no falta de razón, según la cual Batman en realidad es un héroe fascista que cree en el imperio de la fuerza bruta por encima del derecho. El argumento de fondo es que Batman en realidad no está reemplazando la ley ineficiente o corrupta por la justicia, porque al entrar a la arena del vigilantismo con total falta de respeto por los derechos civiles de las personas, él mismo contribuye a debilitar la legitimidad que pueda tener la legalidad que supuestamente busca defender. Así, Batman se transforma en un agente tan injusto como la policía cuyo trabajo busca reemplazar, o al menos complementar. Esto no es sino una expresión del viejo problema filosófico que se interroga por si es válido, aceptable o legítimo luchar contra el mal con las armas del mal. Porque Batman, en efecto, se salta la legalidad y los derechos humanos para defender en última instancia la legalidad y los derechos humanos, lo que parece un contrasentido. No son pocos los héroes del pueblo o salvadores de la Patria recurren a un razonamiento similar para justificar toda clase de tropelías de infausta memoria...

25. Quien llevó a Batman por esta senda hasta sus últimas consecuencias, hasta el punto de ser prácticamente una deconstrucción del personaje, es Frank Miller, muy en particular en su magnífico cómic The Dark Knight Returns de 1.986. En esta historia, ambientada en un futuro distópico con fuertes reminiscencias al Cyberpunk por ese entonces en proceso de codificación, asistimos a un Batman solitario y amargado que se ha retirado de la cruzada por la justicia, pero que se decide a retomar la capucha y la capa una última vez. El Batman que retrata Miller es uno ultraviolento y más brutal que nunca, aunque más o menos justificado en primer lugar porque es un hombre viejo que ya no está para monsergas, y en segundo término porque el propio mundo se ha transformado en una especie de circo romano en donde la democracia es apenas un simulacro, y la sociedad es en realidad un estado policíaco fascista gobernado por los militares en la sombra. Hay dos momentos icónicos en este cómic, en lo que a la justicia, la ley y la democracia se refiere. Uno de ellos es el duelo que, enfundado en una armadura cibernética, arrostra con Superman. No sólo es el choque de dos titanes, sino además el choque de dos concepciones diferentes de la justicia, ya que Superman se ha rendido al establishment y, sea que éste se mienta a sí mismo, o sea que alcance a darse cuenta de las cosas y no le importe lo más mínimo por desencanto y cinismo, el caso es que lo que vemos en realidad es a la colisión de la justicia como ideal absoluto que encarna Batman, versus el compromiso con la legalidad imperfecta que encarna Superman, dentro de este cómic por lo menos (en otros cómics menos cínicos tiende a ser al revés: Superman encarna ideales supremos de justicia, y Batman tiende a ser más pragmático). Huelga decir, la opción milleriana es por Batman. El otro momento clave es que al final, el propio Batman debe renunciar a ser lo que es, un poco con la conciencia de que si sigue con su cruzada, la propia sociedad seguirá tan dócil y aborregada, por lo que decide desaparecer para dejarle espacio a una ciudadanía empoderada, terminando así la era de los superhéroes de connotaciones fascistas y comenzando, así más o menos está implícito, la era de la gente que es capaz de levantarse por sus derechos y luchar ella misma desde la base para la construcción de una sociedad mejor, en un discurso de tintes irónicamente guevaristas, considerando las acusaciones de fascismo que recaen sobre este cómic de tarde en tarde.

26. Interesantemente, el propio Frank Miller exploró más adelante las implicancias de la imagen que él mismo había construido de Batman para la posteridad. El Batman de The Dark Knight Returns es uno bastante más oscuro y sombrío que los precedentes, algo que hoy en día es parte del paisaje, pero que para 1.986 era algo fuera de todos los cánones, todavía muy influida la visión popular sobre el personaje por el Batman que Adam West interpretó tanto en la serie de 1.966 como en la versión para dibujos animados de la década siguiente. Frank Miller escribió otros dos cómics sobre Batman, en concreto The Dark Knight Strikes Again, y All-Star Batman & Robin the Wonder Boy; en ambos se presenta a un Batman cuya sociopatía y parafascismo son llevados al límite. Desde entonces ha existido un fuerte debate acerca de si en ambos cómics Frank Miller se desató y se convirtió en el apóstol del fascismo que muy en el fondo siempre habría querido ser, o si por el contrario, lo que en realidad está haciendo es una parodia de la fascinación de muchos lectores descarriados de Batman por los aspectos más totalitarios del personajes. No ayuda por supuesto la torpe ejecución de los guiones en ambos cómics, que impide adivinar si los aspectos ridículos o exagerados son parodias del personaje, o mejor dicho de la versión milleriana del mismo, o bien son cosas en las que el propio Miller cree de una manera insana.

El Batman de Frank Miller para The Dark Knight Returns de 1.986.
27. Resulta interesante observar que generalmente se asocia a Superman con el Ubermensch predicado por Friedrich Nietzsche, pero en lo que a ideario se refiere, quizás Batman se aproxime todavía aún más a dicho ideal. Al igual que Batman, la ideología nietzscheana ha sido frecuentemente malinterpretada como una apología de las ideas nazis, cuando en realidad el Nazismo está en las antípodas de estos conceptos. Para Nietzsche, el ser humano debía buscar trascender sus propios límites y ser auténtico para ser verdaderamente libre; esto viene acompañado por lo que él llamaba la celebración de la vida. Para Nietzsche, sólo se puede construir desde la libertad que conlleva trascender los conceptos del Bien y del Mal, o al menos, los conceptos cristianos del Bien y el Mal. Contrapone así la moral del amo que se enseñorea sobre su propio destino, a la moral del esclavo sujeto a las condiciones éticas que se le imponen desde afuera. No es demasiado difícil encontrar las conexiones de Batman con este ideal. En los hechos, Batman es un personaje que busca potenciarse al máximo como ser humano, tanto en lo físico como en lo social y psicológico, para de esta manera ayudar y servir a la Humanidad en una labor concreta, cual es la persecución del crimen. Esto se hace explícito en Batman inicia, la película de 2.005 en una de cuyas escenas Bruce Wayne se cuestiona a sí mismo sobre si es más inteligente ser un vigilante y por ende un Ubermensch, o bien hacer cuantiosas donaciones a la policía para que ésta mejore en su lucha contra el crimen, y jugar en definitiva de acuerdo a las reglas. Este concepto de Batman como un ser humano completo no está demasiado lejos del ideal de mente sana en cuerpo sano, que es justamente el concepto griego de areté o excelencia; no debemos olvidar que Nietzsche tomó mucho de su inspiración filosófica a partir del ideal de areté propio de los antiguos griegos.

28. Una muy interesante reflexión sobre el particular, la vimos en la década de 1.990. Durante la saga Knightfall, Batman debe retirarse después de que Bane lanza un ataque devastador en su contra que acaba dejándolo lisiado. El lugar de Batman es tomado por Azrael, un justiciero sociópata que rompe la principal y única regla de Batman: no matar a nadie. En este minuto Batman decide salir de su retiro y enfrentar a Azrael. El duelo entre Batman y Azrael refleja justamente la tensión dinámica entre dos maneras de concebir el personaje. Azrael parece una especie de comentario más o menos caricaturesco de lo que los lectores de la época esperaban de sus héroes, es decir, que fueran oscuros y violentos, siguiendo irónicamente la veta plantada (además de por Watchmen) por The Dark Knight Returns de Frank Miller precisamente; lo que tanto guionistas como lectores perdieron de vista respecto de ese cómic es que el Batman milleriano y Cyberpunk era uno llevado al extremo por las circunstancias también extremas que vivía, o vivirá mejor dicho, la sociedad del futuro.

29. Resulta muy interesante observar que, dentro de su dureza, la base de su única regla, y en consecuencia lo que impide a Batman transformarse en un personaje fascista al completo, es la compasión. Irónicamente, aunque un personaje más satánico que cristiano, Batman en este punto bien podría hacer suya la famosa frase de Apocalipsis 3:19: "Yo reprendo y castigo á todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete". Porque Batman puede ser muy duro con los criminales, pero su principal impulso no es tanto castigar a éstos por sus crímenes, como proteger a los inocentes de sus villanías. Apenas los inocentes están a salvo, Batman no tiene razón para seguir adelante y exterminar a los criminales. En esto late por supuesto el famoso trauma infantil de Batman, de conseguir que nadie más sufra lo que él mismo sufrió. Esta idea de hacerse poderoso para proteger al inocente como elección personal y no como dogma ético impuesto desde afuera, es puro Nietzsche, y es justamente lo opuesto de la ideología fascista por la cual el poder y la fuerza hacen el derecho, y debería por lo tanto dejarse al débil perecer a manos del fuerte. Conceptos éticos y morales éstos muy bien planteados en la trilogía Dark Knight de Christopher Nolan, tal y como hemos debatido anteriormente acá en la Guillermocracia (ver al respecto los artículos La Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan, y Batman y Iron Man: ¿Panegíricos del liberalismo o críticas en su contra?).

30. Pero esto plantea a su vez un nuevo problema, que debido a su complejidad, sólo esbozaremos aquí. Batman se niega a matar a los villanos; hasta ahí, todos estamos conformes. Pero y sin embargo, ¿cuántos crímenes hubieran podido evitarse si es que Batman alguna vez hubiera cruzado la línea? ¿Acaso no hubieran sido salvadas las vidas de incontables inocentes si es que Batman no hubiera ejecutado al Joker? La cuestión es planteada con bastante seriedad en The Dark Knight Returns, en donde Batman está a punto de exterminar al Joker, dándose cuenta justamente de ese punto en particular; este punto es retomado después en los cómics cuando un Robin asesinado por el Joker, en concreto Jason Todd, resucita como Red Hood y le enrostra a Batman lo mismo, que haber asesinado al Joker hubiera impedido la muerte tanto del propio Jason Todd como de muchas víctimas civiles. El asunto es abordado otra vez, aunque de manera tangencial, en The Dark Knight de Christopher Nolan en 2.008, cuando el Joker trata de convencer a Batman de que lo mate porque de lo contrario, volverá a sembrar el caos y la destrucción una y otra vez; el propio Joker dice: "Oh, tú. No podías simplemente dejarme ir, ¿verdad? Esto es lo que sucede cuando una fuerza imparable se encuentra con un objeto inamovible. Eres verdaderamente incorruptible, ¿no? No me matarás por algún equivocado sentido de superioridad moral. Y yo no te mataré porque eres simplemente demasiado divertido. Creo que tú y yo estamos destinados a hacer esto por siempre...". El problema no tiene una respuesta fácil porque el debate filosófico de fondo, la cuestión de si es válido enfrentar al mal con las armas del mal, tampoco la tiene, y de hecho no la ha tenido por lo menos desde la época de los griegos hasta esta parte. Una buena porción del dramatismo que tiene la ética detrás de Batman es que él elige armas que consideraríamos como propias del mal, para luchar contra el mal. A diferencia de Superman, por ejemplo, Batman es así más un demonio noble que un arcángel de luz. Batman se encuentra entre dos aguas, a mitad de camino entre el bien y el mal... y esto es lo que hace tan fácil identificarse con él; nosotros el resto de las personas que no somos superhéroes, tampoco somos completamente buenos ni completamente malos, y a veces debemos tomar decisiones éticas cuestionables en pos de un fin noble. El dilema moral que Batman plantea con crudeza frente a los supervillanos de gran maldad, es uno que en definitiva nosotros debemos vivir de manera sutil frente a los pequeños males de la vida cotidiana, por el solo hecho de vivir en sociedad junto con otros seres humanos que tampoco son ángeles caminando descalzos sobre la Tierra.

Próxima entrega: Su franquicia.

Dark Starry Knight, por James Hance.

4 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Esperaba con ansias esta segunda parte de tu serie de textos dedicados al Caballero de la Noche. Como siempre no defraudas, además de que tratas temas sobre el personaje que escapan a la mera exposición de información ,para desarrollar mejor las connotaciones complejas del personaje ¡Felicitaciones!

Guillermo Ríos dijo...

Gracias por las felicitaciones. Estas son todavía más bienvenidas que de costumbre, considerando que dentro de la serie, éste fue el posteo más complicado de escribir de una manera en que la organización quedara clara, organizada y bien razonada. Saludos.

Cidroq dijo...

El punto 30 para mí es el que más polémicas genera, bajo mi lógica lo plantearía así:

No matar nunca a un ser humano, un ser humano nunca dañaría a su prójimo, si una persona lo hace, no es un ser humano es solo un homo sapiens desquiciado, por lo tanto, la regla no aplica.

Guillermo Ríos dijo...

En realidad el problema es una variante del famoso problema llamado la tolerancia de los intolerantes, y que por lo general se plantea más o menos así: ¿Qué hacemos quienes estamos a favor de la democracia y los derechos humanos, respecto de quienes quieren aprovechar esa misma democracia y esos mismos derechos humanos para socavar y finalmente destruir el sistema social que sustenta a ambos? Por lo general, la respuesta suele ser alguna variante del argumento según el cual toda sociedad tiene derecho a la autodefensa, de una manera proporcionada al alcance de la amenaza, pero claro, plantear este criterio en la teoría es mucho más fácil que aplicarlo en la práctica. En lo personal, pienso que esta cuestión nunca va a encontrar una respuesta satisfactoria simplemente porque las variables son demasiadas y no pueden ser reducidas sin más a un modelo matemático, por no hablar de las cuestiones éticas de fondo, por supuesto.

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