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miércoles, 29 de octubre de 2014

Cinco clásicos literarios que técnicamente son fanfics.

Si le das 1000 máquinas de escribir a 1000 fanwriters y tiempo suficiente para tipear, uno de ellos acabará por producir un clásico literario que desafiará a las edades.
La palabra fanfic tiene connotaciones bastante negativas. El término, que viene a ser una contracción de fanatic fiction, o ficción de fanático en castellano, se refiere a los relatos e historias narrados por un fanático, ambientado en el universo que es de su fanatismo. Vale decir, la ficción sobre Harry Potter o Crepúsculo escrita por algún lector de Harry Potter o Crepúsculo en donde los personajes de tales sagas viven nuevas y trepidantes aventuras, y además yacen con el autor del fanfic. De manera no autorizada, por supuesto, ya que las secuelas, precuelas, paracuelas y versiones alternativas autorizadas constituyen universo expandido, no fanfic. La unción del creador de la franquicia es así la única gran diferencia entre el fanático que escribe una ficción sobre dicho universo, y el escritor más o menos profesional que hace lo mismo. Porque aunque es probable que en el mundo del fanfic haya mucho wannabe que no tiene el talento o la experiencia para escribir una buena historia, y que por eso nadie los contrata en primer lugar, no es menos cierto que muchas veces un escritor profesional es contratado por motivos bastante más esotéricos que los asociados a la calidad literaria pura y bruta, que serían los deseables en primer lugar.

Lo interesante del caso es que el fanfic nace de una insatisfacción. El lector o lectora descubre una ficción y alucina con su universo, rechifla con sus personajes, y vibra con sus aventuras. Pero algo falta. Ese algo pueden ser muchas cosas. Pueden ser simplemente nuevas aventuras, porque los libros de Harry Potter son apenas siete, o porque George R.R. Martin va a paso de tortura con cada nuevo tomo de Canción de Fuego y Hielo. Puede ser un ángulo que la historia no exploró, como por ejemplo qué pasaría si dos personajes determinados dieran el paso y se encamen. O puede ser la simple fantasía no cumplida de que el o la protagonista se encame contigo, al estilo de cuando Lisa Simpson le preguntó a J.K. Rowling acerca del final de Harry Potter y ella replicó algo en la línea de que "crecerá para casarse contigo". Por alguna razón, en los fanfics hay mucho encamamiento.

Que los fanfics cuenten con tan mala reputación no es tan gratuito, después de todo.

Por eso, resulta sorprendente el darse cuenta de que hay varias obras literarias más o menos clásicas que, en estricto rigor, son fanfics. Es decir, un autor toma un universo desarrollado por otro autor diferente, sin ninguna clase de permiso, y escribe una pieza basada en ello. Incluso los relatos basados en cuentos costumbristas o populares son, en cierta medida, fanfics, aunque el autor original del cuento folclórico sea la mayor parte de las veces desconocido. Y para probar el aserto, ofrecemos a continuación cinco casos de obras literarias clásicas, algunas más que otras eso sí, que técnicamente califican como fanfics. Por orden cronológico inverso, de la más reciente a la más antigua.

El Paraíso perdido.

  • Escrito por: John Milton.
  • Es un fanfic de: El Génesis en la Biblia.

John Milton, el escritor inglés del siglo XVII, en lo religioso era un puritano y en lo político un republicano, algo lógico si se considera que la monarquía británica persiguió durante décadas a los puritanos (los puritanos eran fanáticos integristas, algo que a las monarquías más pragmáticas suele caerles bastante mal). En el siglo XXI, Milton hubiera votado George W. Bush sin vacilaciones. Durante la abolición de la monarquía y la dictadura de Cromwell (1.649 a 1.658) se sintió como en casa, pero después vino la restauración monárquica. Eso, y además que Milton perdió la vista, por lo que su magnum opus debió ser no escrita directamente sino dictada. John Milton agarró el relato de la Creación y decidió escribir algo que fuera al mismo tiempo un retelling y una precuela (más o menos como Maléfica de 2.014 frente a La bella durmiente de 1.959, pero con talento). La historia versa acerca de cómo Satán, por su arrogancia y orgullo, se niega a reconocer la bondad de Dios, decide que es mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo, y luego orquesta el complot que rematará con la Caída de Adán y Eva. La moraleja debería ser que debemos ser buenos y no dejarnos dominar por el orgullo, pero Milton cometió un error. En primer lugar, no intentó definir demasiado la bondad de Dios, dando por supuesto que sus buenos y piadosos lectores tomarían el bando divino porque Dios es Dios, punto. En segundo lugar, le dio un montón de espacio a Satán para mostrarnos cuán malvados son sus pensamientos... que no suenan especialmente malvados, y dándole tribuna para justificarse. Sucedió lo que sucedió: se suponía que Satán nos cayera mal, y en vez de eso termina transformado en el héroe del cuento.

El Quijote de Avellaneda.

  • Escrito por: Un terrorista encapuchado conocido sólo con el alias de Alonso Fernández de Avellaneda.
  • Es un fanfic de: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, obviamente.
Nadie clasifica al Quijote de Avellaneda como un clásico literario, pero es imposible no mencionarlo, ya que la actitud de Cervantes hacia Avellaneda, sea quien sea el sujeto, casi codificó lo que hoy en día consideramos la defensa de la obra propia frente a las sanguijuelas que buscan explotar personajes ajenos. Porque durante el Renacimiento, la noción de derechos de autor se reducía a que el autor escribía un texto a mano, lo vendía por unos cuantos reales a un editor, y después no veía un pucho más de las ganancias, mientras que el editor se ganaba un privilegio para publicar la obra en el reino (pero no en otros)... que no contaba con las secuelas. Es decir, si una obra tenía éxito, cualquiera podía escribir una secuela, y era perfectamente legal el hacerlo. Así, existen secuelas del Amadís de Gaula, del Lazarillo de Tormes... todas ellas inferiores al original, por regla general. En este ambiente es que un sujeto conocido únicamente como Alonso Fernández de Avellaneda perpetró su atentado terrorista. Lo que hoy en día conocemos como El Quijote de la Mancha en realidad no son una sino dos novelas. Cervantes publicó la primera, sin mucho ánimo de secuela, en 1.605, refiriendo dos salidas de su personaje. Avellaneda, seudónimo de un personaje cuya verdadera identidad nos es por completo desconocida, escribió una tercera salida. La gracieta indignó tanto a Cervantes, que se dedicó en cuerpo y alma a la tarea de escribir su propia secuela, engendrando de paso el moderno negocio de las continuidades alternativas; esta continuación es lo que hoy en día se llama la Segunda Parte de la novela (es como si en un futuro se publicara Canción de Fuego y Hielo en un solo tomazo y como una sola novela, y Juego de tronos fuera reducido a Primera Parte, Choque de reyes a Segunda Parte, y así sucesivamente). En cuanto a la obra literaria de Avellaneda, no tiene mayor gracia. Pasa lo que ha sucedido con tantas secuelas del cine. El autor original crea una serie de rasgos originales para su obra que responden a las ideas de fondo de la misma, y luego viene una secuela que agarra todos esos rasgos, pero echa por la borda todo el fondo para crear un relato absolutamente cliché, de manera que todos esos rasgos característicos quedan flotando en el limbo o, peor aún, terminan resultando malsonantes.

Orlando Furioso.

  • Escrito por: Ludovico Ariosto.
  • Es un fanfic de: Orlando enamorado de Matteo Boiardo.

A finales del siglo XV, las historias de caballería estaban degenerando a ojos vistas, en buena medida porque los propios caballeros medievales estaban siendo superados en la realidad por nuevas estrategias de combate: el arquero de arco largo, los piqueros, las incipientes armas de fuego, las primeras piezas de artillería... También los valores caballerescos estaban cediendo a una ética más mundana y hedonista, renacentista en una palabra. En medio de todo esto, un tal Matteo Boiardo escribió un poema épico de corte más o menos clásico, llamado Orlando enamorado, que por alguna razón, probablemente su fallecimiento, quedó trunco. Algunos años después, quizás fastidiado por esto, otro escritor llamado Ludovico Ariosto escribió una secuela. Sin mucho respeto por el material original, todo sea dicho. Porque en Orlando enamorado, la pareja romántica eran Orlando y Angélica, mientras que en Orlando furioso, Angélica desprecia a Orlando y se fuga con Medoro... un moro, para más insulto, si se considera que en la época, los moros eran los villanos de cartón piedra equivalentes a los terroristas musulmanes de 24, hoy en día. Sobreviniendo lo que dice el título: Orlando se vuelve furioso. Y desata tal cantidad de muertes y destrucción, que otro caballero llamado Astolfo parte a la Luna a buscar el juicio perdido de Orlando porque, como todos saben, en la Luna están todas las cosas perdidas. Lo curioso es que, a pesar de ser una secuela y de que técnicamente sería necesario leerse la obra original para ver de dónde vienen los personajes, lo cierto es que Orlando Furioso se transformó en un clásico de su género, muy imitado en sus días aunque olvidado en los nuestros, mientras que Orlando enamorado... acabó olvidado del todo. Casi tan gracioso como si la posteridad considerara Cincuenta sombras de Grey una de las obras más influyentes del siglo XXI, mientras que Crepúsculo cayera en el olvido más absoluto, considerando que, hablando del tema, Cincuenta sombras de Grey en realidad es un fanfic de Crepúsculo retrabajado para ser publicado como novela independiente... Bueno, Orlando Furioso tiene un viaje a la Luna, pero Cincuenta sombras de Grey tiene sexo sadomasoquista, así es que es una competencia reñida aquí.

La Eneida.

  • Escrito por: Virgilio.
  • Es un fanfic de: Homero.

Alguien podrá objetar que La Eneida sea realmente un fanfic de Homero. Después de todo adapta la historia de Eneas, que es un héroe bien establecido dentro del ciclo mítico de la Guerra de Troya, y al que el propio Homero dedica varios pasajes. El negocio de escribir poemas sobre la Guerra de Troya era viejo, y de hecho se sabe que existió un ciclo entero de poemas épicos griegos basados en el asunto, aunque la mayor parte de ellos, con la visible excepción de La Ilíada de Homero, se han perdido. El punto es que Homero se transformó en el escritor más reverenciado del mundo grecorromano, los griegos por ser su gloria literaria particular, y los romanos por adopción cuando saquearon la riqueza cultural griega para disimular su propia rusticidad. En el siglo I a.C., después de la caída de la República Romana y la instauración del Imperio bajo Octavio Augusto, el poeta Virgilio decidió hacerle una lamida de patas, y se puso a escribir todo un canto épico acerca de los orígenes de Roma. Y arrancando desde el final de la Guerra de Troya, describe como Eneas consigue escapar, vaga por todo el Mar Mediterráneo, se encama con la princesa cartaginesa Dido, que al verse despechada, jura que algún día Cartago será la más grande enemiga de la ciudad que funde Eneas, para después suicidarse... y luego Eneas se instala en Italia, funda la ciudad de Alba Longa, y libra una serie de guerras. Los lectores romanos debían entender por supuesto, como parte de su historia nacional, que Rómulo el fundador de Roma era hijo del rey de Alba Longa, cuadrando así el círculo. La primera parte, la de los viajes, imita a la Odisea de Homero, mientras que la segunda parte, la de la ciudad y las guerras, imita a la Ilíada. Lo irónico del caso es que durante la Edad Media a lo menos, la Eneida acabó siendo más popular que la Ilíada, no en balde cuando Dante Alighieri viaja por el infierno en la Divina Comedia, es Virgilio quien lo guía. El tiempo ha puesto las cosas en su sitio, y en la actualidad se suele considerar a Homero como superior a Virgilio. Como si eso estableciera alguna diferencia: los únicos que leen la Ilíada, la Odisea y la Eneida hoy por hoy son los colegiales, y eso en las versiones condensadas de 60 páginas de las colecciones de clásicos escolares.

La Casta Susana y Bel y el dragón.

  • Escrito por: Vaya uno a saber.
  • Es un fanfic de: El Libro de Daniel en la Biblia.

Lo que actualmente llamamos el Libro de Daniel en la Biblia es en realidad un compilado de varios materiales; tanto, que algunas versiones de la Biblia incluyen doce capítulos y otras algunos adicionales, bien sea a continuación y dentro del mismo libro, bien sea como apéndices apócrifos. Las diferencias de estilo y los diferentes retratos que se hacen de Daniel como personaje, hacen bien claro que sus autores también son diferentes. ¿Y qué hay en los capítulos adicionales, que no todas las Biblias incluyen? Pues nada menos que dos estupendas historias policiales. Estupendas para su época, eso sí. Una de ellas es la Historia de la Casta Susana, o Susana y los Ancianos como también se la conoce, en donde dos venerables ancianos de Israel espían lúbricamente a la joven Susana mientras ella se deviste para tomar un baño; yéndose las doncellas, los ancianos le hacen proposiciones indecorosas. Ella, como una dama de la era anterior a las selfies, se resiste, ante lo cual los viejos la acusan a ella de ser una libertina y tener un amante. Llega entonces Daniel al rescate, poniendo en ridículo a los viejos haciendo uso por primera vez de un truco policial después repetido hasta la saciedad. La segunda historia es la de una estatua de Bel que come y come sin parar, hasta que Daniel desafía al rey a probar que la estatua de Bel no come un pimiento por la razón obvia: porque es una estatua. El rey ordena entonces cerrar el cuarto, y cuando lo abren a la mañana siguiente, ¡la comida ha desaparecido! En efecto, es el primer ejemplo de un tópico policial que después se hará cliché, el llamado misterio del cuarto cerrado; la solución es bastante obvia para el lector actual, por supuesto. En ambos relatos, no se enfatiza demasiado que Daniel sea profeta, aunque se insiste en la inspiración divina, y demuestra una eficacia detectivesca digna de Sherlock Holmes. En cuanto literatura detectivesca, estos dos relatos son tremendamente ingenuos para los estándares actuales, y los trucos usados por Daniel han sido después replicados hasta la saciedad, pero eso no importa aquí. Lo importante para nuestro reporte aquí en la Guillermocracia es que algún o algunos autores anónimos se colgaron del Libro de Daniel, entonces preexistente, y escribieron dos cuentos cortos usando al personaje como protagonista. Con tanto éxito, que lograron ser incluidos en el relato principal a la vuelta de algunos siglos. Es como si en un futuro, las ediciones de Harry Potter incluyeran cada una, como apéndice, dos fanfics que se le atribuyeran a la mismísima J.K. Rowling. El premio máximo para cualquier escritor de fanfics, por supuesto, podemos suponer.

BONUS ADICIONAL.

Frankenstein desencadenado.

  • Escrito por: Brian Aldiss.
  • Es un fanfic de: Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley.

Brian Aldiss defendió la teoría de que la primera novela de Ciencia Ficción es Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada por Mary Shelley en 1.817. Y jugando con su aserto, escribió una novela llamada Frankenstein desencadenado; el título es un juego de palabras con la tragedia Prometeo encadenado de Esquilo, por supuesto. En la obra de Aldiss, un experimento científico sale horriblemente mal, y un científico y su automóvil viajan en el tiempo hasta inicios del siglo XIX, en donde se encuentran tanto con Mary Shelley y sus amigotes, como con los mismísimos personajes. La novela es un homenaje afectuoso a la obra de Shelley, muy bien escrita por si ustedes tienen la fortuna de darle caza. Existe una versión fílmica rodada por Roger Corman (Frankenstein perdido en el tiempo, de 1.990), pero que siendo un producto serie B de cierta dignidad, no le hace justicia en lo absoluto a la calidad de la novela original de Aldiss, quizás cercana a la maestría de Shelley.

domingo, 26 de octubre de 2014

Anatomía del crédito (2 de 2).


En la primera parte de Anatomía del crédito, dábamos una serie de explicaciones acerca de cómo funciona el crédito. Pero ahora es cuando viene realmente lo bueno. Porque, siguiendo la regla de que las secuelas deben ser siempre más grandes y espectaculares, acá nos metemos de lleno con el sistema bancario. Pero culminábamos el posteo anterior con una afirmación bastante audaz: el crédito es una máquina del tiempo que trae dinero desde el futuro hasta el presente. Algo que parece un absurdo completo... pero que tiene su lógica. Para explicar esto, debemos partir con un pequeño rodeo, y explicar un tema adicional: las llamadas expectativas de futuro.

Decíamos que el crédito, como la propia palabra dice, implica una confianza en dos cosas: el deudor tendrá capacidad de pago, y además de eso en efecto pagará. Esto es una expectativa en algo que va a ocurrir, o sea, en el futuro. Mientras más confianza, mayor es la expectativa y por lo tanto mayor disposición a correr el riesgo; para atraer al cliente, entonces, bajará la tasa de crédito. Pero a su vez, los deudores estarán dispuestos a tomar mayores créditos, lo que impedirá que las tasas de interés bajen hasta casi cero. A la inversa, cuando se esperan tiempos color negro neoliberal, el banco tiende a subir las tasas de crédito porque no tiene confianza en que el dinero vuelva... pero los deudores por su parte no están dispuestos a endeudarse, lo que a su vez ejerce una fuerza hacia abajo en las tasas de interés. En realidad esto es el viejo juego de la oferta y la demanda, en donde se alcanza un equilibrio de la tasa de interés a través de la pugna entre los prestamistas por lograr prestar al interés más alto posible, y los deudores por obtener préstamos al interés más bajo posible.

A la vez, esas expectativas de futuro dependen por entero de la previsión de las personas acerca de cómo va a venir ese futuro. Una persona que prevea un futuro negro, tenderá a no endeudarse, y la que prevea un futuro rosa, tenderá a tomar mayores créditos. Así, está comprometiendo sus ganancias del futuro, en gastos del presente. Es decir, le está metiendo la mano en la billetera a su propio yo del futuro, y trayendo al presente esos billetes que extraiga de ahí para utilizarlos. Pero, eso sí, la máquina del tiempo no funcione de una manera indiscriminada. El crédito es una máquina del tiempo, pero ésta debe ser alimentada como cualquiera otra máquina. Y así como una maquinaria industrial necesita de mayor electricidad para hacer más trabajo, el crédito necesita tasas de interés cada vez mayores cuanto más dinero se quiera traer desde el futuro. El portal del tiempo solamente admite una cantidad de dinero pasando a su través, y el ancho del portal depende de cuán bonito o feo parezca venir el futuro.


Un ejemplo lo hará más claro. Si una persona gana 500.000 pesos al mes, entonces sus ingresos anuales son de 6.000.000 de pesos. Supongamos que toma un préstamo por 300.000 pesos, pagadero a tres meses plazo en tres cuotas de 100.000 pesos cada una (no consideremos los eventuales intereses, para simplificar el ejemplo). Durante los tres meses siguientes, el deudor debe descontarse 100.000 pesos, por lo que aunque nominalmente seguirá ganando 500.000 pesos, en realidad sus ingresos netos son de 400.000 pesos, durante esos tres meses. Ahora, para cuadrar las cuentas, si usted suma los ingresos de esos tres meses, obtiene 1.200.000 pesos; sumado a los de los restantes nueve meses (4.500.000 pesos), usted obtiene 5.700.000 pesos de ingresos en el año. ¿Desde dónde viene entonces esa diferencia de 300.000 pesos, para completar los 6.000.000? Del préstamo, que es el dinero que el deudor ha tomado por anticipado. Es decir, el deudor ha obtenido los mismos 6.000.000 de pesos por su trabajo a lo largo de un año, pero gracias a que el crédito es una máquina del tiempo, ha transportado mágicamente 300.000 pesos desde el futuro hasta el presente: 100.000 desde el mes siguiente, otros 100.000 desde el subsiguiente, y unos últimos 100.000 desde el tercero. Como puede verse de manera patente en este ejemplo, el crédito no inventa dinero, sólo lo mueve desde el futuro hacia el presente.

Ahora estamos en condiciones de tratar uno de los aspectos más polémicos del crédito: su capacidad para crear burbujas financieras. Para esto, debemos preguntarnos qué tan beneficioso, o qué tan nefasto, es expandir el crédito. Supongamos que usted tiene dinero, y además tiene dos amigos que le piden sendos préstamos. Uno de ellos es serio y responsable, y quiere el dinero para montar una nueva empresa que, según ha investigado, tiene muchas posibilidades de éxito comercial. El otro es imprudente e inconsciente, y quiere el dinero para irse de vacaciones al extranjero con su secretaria. En caso de que usted se sienta generoso, ¿a cuál de los dos amigos se sentirá usted más inclinado a prestarle el dinero? ¿En cuál de los dos amigos, el serio y responsable, o el imprudente e inconsciente, confía usted para prestarle dinero en la medida suficiente como para suponer que dicho dinero llegará de regreso? Si usted respondió que le prestaría dinero antes al primero que al segundo, entonces usted está en la senda correcta para construir su propio negocio financiero; y desde luego que esto último, sólo si usted respondió que está dispuesto a prestarlo a cambio de que le firmen un documento dejándole en garantía la casa, el automóvil y la madre. El alma, usted puede perdonarla: ninguna aseguradora de riesgo ha conseguido avaluar cuánto vale un alma, y viendo lo que las personas hacen con ella, no debe de ser mucho de todas maneras.

Desde un punto de vista externo, la decisión de usted involucra consecuencias para la economía como un todo. Si usted le presta dinero al serio y responsable, hay una fuerte posibilidad de que el negocio de éste prospere, de que él se haga más rico, e incidentalmente usted también, con los intereses. Es decir, la sociedad entera como un todo se hace más rica. Si en cambio usted le presta dinero al imprudente e inconsciente, hay una fuerte posibilidad de que él dilapide el dinero en fines de un solo uso, como por ejemplo los pasajes de avión y los condones para usar con la secretaria (roguemos porque sea siquiera responsable en eso), y la sociedad como un todo se hará entonces más pobre.


Ampliemos esto a un nivel de los bancos. Si los bancos le prestan a gente seria y responsable, que invertirá de manera sensata y responderá, la sociedad se hará más rica de manera mucho más acelerada. Ya decíamos que el crédito es una máquina del tiempo que trae dinero desde el futuro hacia el presente, de manera que una política crediticia sensata en el fondo crea para el día de hoy, la riqueza que de otra manera sólo podríamos tener en diez, veinte o treinta años más. Pero si por el contrario, los bancos le prestan a gente insensata e irresponsable, entonces la consecuencia será una destrucción masiva de dinero, porque dicho dinero nunca regresará al prestamista, y al hacerse pobre quien pide el crédito, jamás podrá cobrársele embargándole la casa, el automóvil o la madre. Es decir, perdiéndose ese dinero, la sociedad entera se hará más pobre. El quid del asunto es entonces conseguir que los créditos vayan hacia las personas y proyectos que aseguren un retorno, y no hacia las personas y proyectos cuyo final sea la destrucción del dinero.

Una manera de conseguirlo es obteniendo garantías. Es decir, la persona que va a obtener el préstamo, se las arregla para que quien presta el dinero, no lo pierda. De ahí que surgen garantías como la hipoteca o la fianza. Al afrontar un riesgo cierto de pérdida, la persona que está en posición de obtener un crédito se lo piensa dos veces antes de pedirlo y tomarlo. Siempre habrá gente que se arriegue de manera impulsiva e irreflexiva, pero el banco siempre ajustará su tasa de interés respecto del riesgo, y la sociedad experimentará un sano crecimiento gracias a una juiciosa política de créditos.

Sin embargo, hay un problema con los bancos. En nuestra economía moderna, éstos se han convertido en una pieza indispensable e insustituible del sistema financiero. Los bancos no funcionan con dinero propio, sino con el de otras personas: quienes hacen depósitos en ellos. Es decir, los bancos captan dinero de los depositantes ofreciendo una tasa de interés, y lo prestan a una tasa de interés más alta; la diferencia entre ambas tasas de interés (el spread, en términos técnicos) es su ganancia. Por ejemplo, puede aceptar 1.000.000 de pesos a un depositante tentándolo con un 3% de interés mensual, y luego prestar ese mismo millón a un interés del 5% mensual. De esta manera, si el depositante retira su dinero al mes siguiente, se llevará 1.030.000 pesos, pero si el dinero del préstamo vuelve al mes siguiente, el banco se embucha 1.050.000 pesos. Los 20.000 pesos de diferencia, el spread, se quedan dentro del banco y son su ganancia.


Pero este sistema se basa en la confianza. Por lo general, los bancos confían en que los depositantes no van a ir a retirar su dinero todos a la vez. El banco en sí mismo tiene dinero sólo para responder a una parte de dichos depositantes; esto se llama coeficiente de caja, o bien encaje bancario. Para los bancos, el negocio es captar tantos depositantes como se pueda, y luego prestar el dinero tan rápido como se pueda. De ahí que, dejados a su suerte, los bancos harían caer sus respectivos encajes a cero: porque lo prestarían todo. Por eso, en todas las naciones civilizadas y en Estados Unidos también, hay un encaje fijado por ley. Por ejemplo, si la ley fija que el encaje debe estar en el 25%, entonces quiere decir que el banco debe dejar dentro de la bóveda a lo menos un 25% de todos los préstamos que recibe, quedando autorizado para prestar el restante 75%. Por ejemplo, si recibe 1.000 millones de dólares en depósitos, está autorizado para prestar solamente 750 millones de ellos; los 250 millones restantes deben quedarse en la bodega. Eso debería bastar, si no hay nubarrones de crisis a la vista. Es decir, si la gente sigue guardando un mínimo de confianza en los bancos.

Pero si la gente deja de confiar en los bancos, entonces correrá a retirar sus depósitos; el banco, al verse superado en su encaje, no tendrá como responder a todos los depositantes, y en consecuencia quebrará. Y como la caída de un banco llevará a que los depositantes de los otros bancos huelan el peligro y corran a retirar sus depósitos, se originará una corrida bancaria a través de la cual el sistema financiero entero se caerá. El resultado es que el comercio y la industria perderá su fuente de dinero fresco para nuevos proyectos, y la sociedad entrará en una gigantesca recesión.

Eso fue de hecho lo que ocurrió en la Gran Depresión de 1.929, y estuvo al borde de ocurrir en 2.008. En Argentina trataron de evitarlo cuando fue la gran crisis del año 2.001, con la genial idea de impedir que la gente retirara sus ahorros del banco, lo que famosamente se llamó el corralito. El resultado fue equivalente a apagar un incendio con bencina, ya que la gente se angustió de manera bastante comprensible ante la posibilidad de perder su dinero. Como nadie más fue a meter dinero al banco ante la expectativa de que no podrían sacarlo después, los bancos de pronto no tuvieron dinero para prestar. El resultado fue el espectacular hundimiento (todavía más) de la economía argentina, y una crisis social que se cargó a varios gobiernos por delante en cuestión a veces de días. En resumen... los bancos son demasiado grandes para caer. Y en consecuencia, cualquier gobierno que quiera tener de entrada un país sobre el cual gobernar, si los bancos entran en una crisis porque sus créditos no están siendo pagados, tendrá que ir por fuerza a rescatarlos.


Dicho de manera más sencilla: la sociedad como un todo se beneficia de los préstamos efectuados de manera responsable y a personas o proyectos que a la larga harán más rica a la sociedad como un todo. Pero los bancos se benefician de una política de crédito tan expansiva como puedan, ya que mientras más créditos otorguen, más se incrementan sus ingresos por spread. ¿Y si una masa de deudores no responde? Entonces está el gobierno por detrás, que deberá responder sí o sí, a nombre de los deudores morosos, porque de lo contrario el sistema financiero entero se desploma, y el gobierno de paso con él.

La única manera de evitar esto, es implantar fuertes restricciones a los bancos, para mantener un control estricto y minucioso sobre cuánto dinero están prestando, y a quién. Esta fue una lección que Estados Unidos aprendió en 1.929, estableciendo en años siguientes como parte del New Deal una serie de leyes que fijaron límites estrictos a los bancos para efectuar préstamos, en particular la legislación Glass-Steagall de 1.933. La derogación de dichas leyes como parte de las politicas neoliberales de Ronald Reagan llevó a una crisis del dólar en fecha tan temprana como 1.982 (Reagan era Presidente desde 1.981, saquen cuentas), y desde entonces que un mercado crediticio desregulado ha ido generando burbujas cada una más dantesca que la anterior, hasta el cataclismo financiero de 2.008, que a 2.014 todavía mantiene a la economía caminando renqueante.

Detrás de todo esto hay una realidad económica que no se debe olvidar nunca, y que es la clave para entender cualquier aspecto del mercado financiero: el dinero no tiene valor en sí mismo, sólo lo posee en virtud de ser representativo de bienes y servicios por los cuales se puede intercambiar. Por eso es que el crédito juiciosamente aplicado mejora la economía: porque hay más dinero con el cual financiar más bienes y servicios; de manera correlativa, es por esto que el llamado crédito malo o sobre activos tóxicos es tan problemático, porque no hay nada salvo humo y espejos para respaldarlo. Y por eso, usted mismo debería ser juicioso a la hora de pedir un crédito: cuando usted se endeuda, no está creando dinero en su bolsillo, sino disponiendo en el presente de bienes que usted tendrá sólo en el futuro, y eso de manera incierta.

Porque en definitiva, después de siglos y siglos de teoría económica, hay una verdad de la abuela que sigue impertérrita en lo alto de la columna: lo más seguro es lo que se consigue con el esfuerzo, el trabajo y el sacrificio. El crédito es la vía fácil, pero algún día habrá que esforzarse, trabajar y sacrificarse para satisfacerlo. Y si el deudor no lo hace, la sociedad entera como un todo terminará pagando las consecuencias. Y si a usted le parece gracioso que otros paguen por su fiesta privada, recuerde: usted también es parte de la sociedad.



miércoles, 22 de octubre de 2014

Anatomía del crédito (1 de 2).


La palabra crédito es primordial dentro de la vida moderna a nivel planetario. El crédito es, o al menos parece ser, la herramienta que mueve la economía de hoy en día. Todos nosotros, o al menos todos los que levantamos las narices un poco más lejos que la farándula y la crónica roja, al averiguar por qué el mundo anda como anda nos hemos encontrado con expresiones como expansión del crédito o crisis del crédito. El grueso de las personas del Primer y Segundo Mundo disponen de tarjeta de crédito. Las compras a crédito por su parte son el pan de cada día para muchas familias. Y sin embargo, el crédito es en muchos respectos ese gran desconocido. ¿Es verdaderamente el crédito tan beneficioso como lo pintan? ¿Es nuestra crisis producto de una expansión excesiva del crédito? ¿Cómo influye el crédito en otros elementos de nuestra vida cotidiana? En esta serie de dos posteos, la Guillermocracia intentará explicar el asunto de manera sencilla para sus lectores.

Primero que nada, mencionemos el origen de la palabra. Todo parte con la compraventa. En tiempos antiguos así como ahora, cuando una persona compra algo, puede pagarlo de inmediato o después, a según la voluntad y políticas del vendedor. Pagar de inmediato es pagar al contado porque el vendedor puede contar físicamente las monedas y billetes; o al menos podía hacerlo en los días anteriores al plástico. Lo contrario es pagar a crédito: la palabra se aplica porque el vendedor le perdona el pago al contador por un período de tiempo, con la confianza de que éste va a responder. Es decir, dar crédito significa que el vendedor cree, o entrega confianza al comprador. Por supuesto que hablamos de épocas en donde quien no pudiera responder a sus deudas se pegaba un tiro para lavar su honor y el de su familia, porque es claro que la sociedad evoluciona, pero no siempre para mejor. No como ahora en que existen sinvergüenzas que se endeudan con la esperanza de colgarse de algún perdonazo después.

El crédito se compone de dos partes: el capital y los intereses. El primero de ellos es la cantidad de dinero que forma la base del crédito. Como lo está encabezando, hablando de manera metafórica, se lo llama capital, que viene del latín capita, esto es, cabeza. Los intereses por su parte son los dineros suplementarios que se pagarán por encima del capital inicial, y su nombre debe tomarse en el sentido de aliciente o atractivo, en este caso para rematar la operación, en el mismo sentido en que un negociante puede tener interés en que resulte un negocio, o un enamorado puede tener interés en acceder al corazón de su amada. Así, la persona que recibe el crédito tiene interés en la operación porque necesita el dinero, y el monto de este interés es equivalente a... su interés en la operación, valga la redundancia. Mientras más interés psicológico tenga la persona que va a recibir dinero en el préstamo, mayor será el interés monetario que estará dispuesto a afrontar.

Pero el interés también mide, valga la redundancia otra vez, el interés de la persona que va a prestar el dinero. El negocio de quien presta, es que cuando el dinero regrese, lo haga en una suma superior a la prestada, y así obtener una pequeña ganancia a cambio de un doble sacrificio: por un lado el no disponer físicamente del dinero para un uso personal, y por el otro, el pequeño inconveniente de que quizás el deudor no pague. Así, un alto interés es a la vez la utilidad que el prestamista le saca el dinero, y también la protección que tiene contra la inseguridad de que dicho dinero no vuelva. En definitiva, el préstamo implica que el prestamista corre un riesgo. El prestamista confía en una serie de cosas: en la solvencia del deudor, en que éste no afrontará ningún imprevisto que le impida pagar, y más importante aún, que el deudor honrará su palabra de pagar el dinero prestado. Por eso podemos decir que el interés es una medida del aliciente que tiene el deudor para endeudarse, pero también es una medida del riesgo que corre el acreedor, al entregar el dinero que compone el crédito.


Esto explica un interesante aspecto histórico del crédito: la prevalencia de la usura en ciertas sociedades. Es sabido que en la Edad Media, cuando surgieron los primeros bancos occidentales modernos, los préstamos se hacían con intereses increíblemente altos, a veces sobre el 50% de la deuda. Los usureros adquirieron así una enorme mala fama, ya que se veía su actividad como un robo: si el usurero prestaba 100.000 florines, lo justo parecía ser que le devolvieran 100.000 florines, no 150.000 ni 200.000 florines. Pero esta visión desconoce el hecho de que el usurero en la Edad Media corría un riesgo enorme. La arbitrariedad de monarcas y señores feudales hacía que una persona próspera en un instante, pudiera arruinarse al siguiente, o peor aún, acabar en la cárcel o ejecutado, y sus bienes confiscados. Así, el usurero se encontraba con que su deudor antes próspero y ahora encarcelado, embargado, o peor, descuartizado por un verdugo, no iba a estar en condiciones de pagar el préstamo. Entonces, la manera del usurero de amortizar las pérdidas entonces era alzar el tipo de interés, de manera que quienes pagaran respondieran en parte por el riesgo de los que no pagaban; es decir, el usurero repartía el riesgo.

Esto explica por qué el tipo de interés tiende a bajar en las sociedades consideradas más estables. Si un país tiene un sistema financiero firme que permita asegurar una cierta solvencia de los deudores, y una organización de justicia sólida como para ir a cobrar a los que se nieguen a pagar, entonces el riesgo disminuye, y en consecuencia también lo hace el tipo de interés. No puede ser de otra manera si hay personas que hacen negocio prestando dinero, ya que si una mantiene artificialmente alto el tipo de interés, la competencia va a bajar su propio interés y se va a hacer con todo el negocio de los préstamos. Esto no quiere decir que los bancos no tengan una cartera vencida para los llamados deudores incobrables... y que un incremento en dicha cartera vencida signifique un incremento de la tasa de interés para los préstamos subsiguientes. Lo dicho, los que pagan, pagan por ellos y por quienes no pagan: como los casinos, el banco jamás pierde.

Lo que lleva al terreno del llamado interés compuesto. El interés puede ser simple o compuesto. El simple es el que se calcula solamente sobre el capital. El compuesto se calcula sobre el capital y además sobre el interés ya adeudado y no pagado. Por ejemplo, una persona pide prestados 200.000 pesos a un interés del 10% mensual; supondremos en beneficio del ejemplo que debía empezar a pagar al mes siguiente y no pagó, acumulándose por lo tanto los intereses. Al primer mes deberá 220.000 pesos, tanto en interés simple como compuesto. Pero al segundo mes de no pagar, aparecerá la diferencia. Así, bajo un interés simple se suman 20.000 pesos más (el 10% del capital), por lo que su deuda suma 240.000 pesos. Con interés compuesto, en cambio, el 10% se calcula sobre el total de la deuda, no sobre el capital, y por lo tanto el interés del mes ascenderá no a 20.000 pesos, sino a 22.000 pesos. Es decir, su deuda total al segundo mes ascenderá a 242.000 pesos. Es una diferencia de 2.000 pesos, pero a medida que el tiempo pase y el deudor no pague, la brecha entre ambos se irá incrementando.

En Chile, nota legal aquí, el interés sobre interés está autorizado por ley, siempre que el interés se capitalice (lo que sirve para propósitos tributarios), y habiendo acuerdo entre deudor y acreedor; parece justo, hasta que uno piensa en que los principales acreedores son los bancos, que tienen poder para imponer al deudor las condiciones crediticias que se les antojen, momento en que usted si es chileno debería empezar a sudar frío en caso de tomar un crédito, porque su poder de negociación es cercano a cero.


El crédito siempre se mide en una cantidad de dinero. Hay formas crediticias que involucran bienes y servicios, pero éstos son más raros, en sociedades con sistemas financieros bien desarrollados por lo menos, debido a la dificultad de cuantificarlos. El dinero puro y bruto en cambio es fácil de contabilizar. El crédito, eso sí, no es en sí mismo una unidad de medida. Esto no quiere decir que los documentos representativos de crédito no puedan ser comerciables. De hecho lo son, por regla general. Así, por ejemplo, una persona que se ve en un apuro financiero por falta de fondos en la caja, pero tiene algunos títulos de crédito en la bodega (cheques, títulos de crédito, pagarés, etcétera), puede elegir venderlos. Perderá dinero con esto, ya que deberá venderlos más barato a alguien que se interese por adquirirlos; pierde dinero, pero al menos hace caja. Quien los adquiere, por su parte, al comprarlos más barato y luego cobrar el total, hace negocio quedándose con la diferencia.

Eso sí, vender un crédito no siempre es posible, ya que puede requerir trámites. Aquí es donde entra la consabida división entre créditos al portador, que se pueden entregar literalmente pasando el documento de mano en mano, créditos a la orden, que requieren el endoso (vale decir, la firma del que traspasa) y créditos nominativos, que requieren una operación especial llamada cesión de crédito, y el cual puede necesitar incluso la autorización del deudor. Por eso, los más populares son los créditos a la orden: al portador es fácil que se pierdan y cualquiera los cobre por mano, y los nominativos son demasiado engorrosos de transferir. Sin embargo, tratándose de los créditos a la orden, la operación de endoso es a la vez sencilla de realizar, y otorga una cierta seguridad a quien porta el crédito de que nadie más podrá hacerlo valer sin permiso.

Una concepción común sobre el crédito, pero errónea, es que el crédito inventa dinero desde la nada. Esto se ve reforzado muchas veces por la publicidad bancaria, que le ofrece a usted de inmediato dinero para irse de vacaciones al Caribe o para afrontar el temible mes de Marzo. Sin embargo, las Matemáticas dicen otra cosa: en concreto, que la persona que recibe un crédito pierde dinero, no gana. Por ejemplo, una persona que gane 500.000 pesos mensuales, por ejemplo, puede verse tentado a tener más dinero en el bolsillo pidiendo un crédito por 300.000 pesos; ahora tiene 800.000 pesos en el bolsillo, y por lo tanto se siente más rico que antes. Pero en realidad esto no es así. Si hacemos la contabilidad, tenemos que sus activos en el mes suman 800.000 pesos (los 500.000 de ingresos normales más los 300.000 del crédito), pero también tiene una deuda contraída por 300.000 pesos, por lo que sumando y restando, se queda en los 500.000 iniciales. Y como habitualmente la deuda se ha contraído con intereses, a esos 500.000 iniciales debe descontárseles los intereses. Es decir, adquiriendo un crédito usted no se hace más rico, sino que en el mejor de los casos usted queda igual, y si debe pagar intereses, en realidad usted se hace más pobre.


¿Por qué entonces alguien iba a pensar en adquirir un crédito? Unos son los que adquieren créditos de consumo. Estos adquirirán el dinero y lo gastarán. En realidad no se dan cuenta de que para consumir, les conviene más ahorrar el dinero en el banco, cobrar los intereses que el banco entrega a una cuenta de ahorros, y cuando se reúna el dinero suficiente, consumir. La impaciencia de estos consumidores puede incluso medirse en términos monetarios, calculando la diferencia entre lo ganado por los intereses pagados por el banco, versus lo perdido por los intereses que deban costearse después. Supongamos por ejemplo que el consumidor puede ahorrar 1.000.000 de pesos en el banco a lo largo de un año, a un interés del 10% anual: a final del año tiene 1.100.000 pesos disponibles para gastar. En cambio, si pide el crédito de inmediato a un interés del 10% anual, entonces recibirá 1.000.000, pero deberá devolver 1.100.000 al banco. Si no consideramos el millón, que de todas maneras cambia de manos, entonces la diferencia cuantitativa es de 200.000 pesos (los 100.000 que el consumidor apresurado dejó de ganar por concepto de intereses, más los 100.000 que debió pagar como interés sobre el crédito). Si el consumo en cuestión era un viaje, posponiendo el mencionado viaje un año y ahorrando esa suma para recibir intereses, hubiera podido disponer de 200.000 pesos adicionales: esos 200.000 que ya no pudo gastar en su viaje, es el costo de la impaciencia de quien pide un crédito de consumo.

Los otros deudores son aquellos que se endeudan para invertir, para crear y echar a andar su propia empresa. ¿Se harán más pobres pidiendo el crédito, debido a la obligación de devolverlo con intereses? Sí, se harán más pobres. Pero a cambio, es posible que lo invertido entre un rédito; no es errata, las palabras crédito y rédito son distintas, y el rédito se refiere a la "renta, utilidad o beneficio renovable que rinde un capital", RAE dixit. Si ese rédito supera a los intereses que deben pagarse, entonces habrá ganado a pesar de tener que pagar créditos. Por ejemplo, el deudor pide un préstamo por 1.000.000 de pesos a un interés del 10% anual, para invertir en maquinaria con la cual echar a andar una microempresa. A finales del año, ha hecho caja por 1.250.000 pesos. Se ve obligado a devolver 1.100.000 pesos, pero aún le quedan 150.000 pesos dentro del bolsillo. Naturalmente, a veces puede suceder que el negocio fracase y el emprendedor quiebre, en cuyo caso no solamente no devolverá su crédito, sino que además puede quedarse en la calle, a según si hipotecó o no su casa como garantía del préstamo. Lo dicho, el banco nunca pierde. O peor aún, el deudor puede quedarse inválido, si tomó el préstamo de un gángster que envió un matón a romperle las piernas.

Esto genera entonces un misterio. El crédito no multiplica el dinero porque en realidad no está inventando dinero nuevo, pero entrega más poder adquisitivo inmediato a las personas. Es decir, pareciera haber más dinero circulando, a pesar de que en un sentido contable no lo hay. ¿Desde dónde viene entonces este dinero fantasma? La respuesta es casi de Ciencia Ficción: dicho dinero viene desde el futuro. En efecto, el sistema crediticio en esencia funciona como una máquina del tiempo que trae dinero desde el futuro hasta el presente. ¿Abracadabrante? Entonces no se pierdan la segunda parte de este posteo aquí en la Guillermocracia, en donde explicaremos cómo este efecto de máquina del tiempo que posee el crédito, impacta vastamente en la sociedad, incluyendo la respuesta a la pregunta que todo el mundo se hace: cuál es la conexión entre el crédito y las crisis económicas...
Pueden ustedes darnos crédito en esto.



domingo, 19 de octubre de 2014

Batman 75 años (3 de 6): Su franquicia.

El primer número de la revista Batman dentro de Los Nuevos 52 (Noviembre de 2.011).
31. El año 2.011 fue cataclísmico en el mundo de los superhéroes. En dicho año, después del evento llamado Flashpoint, DC Comics echó todas sus líneas editoriales por la ventana, y aplicó un complicado reseteo a su universo mitológico que se inventó una nueva continuidad tomando elementos seleccionados de la continuidad antigua, operación a la que se vino a llamar Los Nuevos 52. Hora de sacar cuentas. En 2.011 fueron lanzados o relanzados 52 títulos editoriales. Los dedicados al universo mitológico de Batman, dentro del universo mitológico DC, sumaron nueve (Batgirl, Batman, Batman and Robin, Batwoman, Catwoman, Detective Comics y Red Hood and the Outlaws, y los después discontinuados Batman: The Dark Knight, Birds of Prey y Nightwing). Es decir, de la línea editorial Nuevos 52 en sus inicios, casi la quinta parte de los nuevos títulos fueron dedicados a Batman y a la llamada Batifamilia, lo que es más espacio que el dedicado incluso al mismísimo Superman. Y esto, sin contar con más títulos que vinieron con posterioridad: Harley Quinn, Grayson, Talon, Batman/Superman... Y al momento de escribir estas líneas estaba pendiente el lanzamiento de otros tres títulos más: Arkham Manor, Gotham Academy y Gotham by Midnight. En la década en que Batman cumple tres cuartos de siglo, es indudable que el personaje es el gran ancla del Universo DC, por encima incluso de Superman, por no hablar del resto de los valores establecidos de la casa. El Universo DC está conformado por una tonelada de personajes, pero muy pocos de ellos son franquicias por derecho propio; Batman no sólo lo es, sino que es quizás el mayor buque insignia de dicho imaginario mitológico.

32. Ha ayudado por supuesto el hecho de que Batman es quizás el superhéroe con mayor presencia mediática fuera de los cómics. Contando hasta 2.014, y excluyendo las seriales dominicales y las animaciones, Batman ha sido objeto de ocho largometrajes distintos (el Batman de 1.966, la tetralogía dirigida por Burton y Schumacher, y la Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan), o sea, dos filmes más que el prototipo de superhéroes que es Superman, sin contar Supergirl en su calidad de spin-off, ni las películas de la década de 1.950. Y eso que hemos dejado de lado las películas de animación en ambos casos. En cuanto a recaudación en los cines, Batman ha dado utilidades por casi 4.000 millones de dólares, el doble que Superman. Tratándose de cantidad de películas, sólo el Universo Cinemático Marvel ha estrenado más, diez en total hasta Guardianes de la Galaxia, aunque repartiendo el protagonismo entre varios héroes por cuenta propia o como ensamble, mientras que Batman siempre ha corrido más o menos en solitario. No cabe duda entonces de que Batman es, en lo que a presencia cinematográfica se refiere, el más grande de los superhéroes. Y eso por no hablar de la interminable cantidad de series televisivas dedicadas al personaje: Las aventuras de Batman a finales de la década de 1.960, Las nuevas aventuras de Batman producidas al calor de Los Superamigos (el único superamigo que obtuvo spin-off), Batman; La serie animadaBatman del futuroThe BatmanBatman: The Brave and the BoldBeware the Batman...

33. En la década de 1.930, las historias de crímenes y vengadores justicieros eran la gran maravilla en materia de ficción pulp. Pero el foco se desplazó hacia los superhéroes con el enorme éxito de la revista Action Comics y su nuevo personaje Superman. En respuesta, Detective Comics encargó un nuevo personaje que fuera un superhéroe. Nació así Batman, personaje que encontró éxito inmediato, luego de aparecer en el número 27 de Detective Comics. En realidad, Batman era un héroe pulp, pero que adoptaba características de superhéroe, y esta hibridación fue lo que marcó su éxito. Tanto, que no solamente tuvo su propio título, la revista Batman desde la primavera de 1.940 y todavía en publicación ininterrumpida, sino que además transformó la mismísima revista Detective Comics, hasta entonces una publicación de antologías, en una revista dedicada exclusivamente a Batman.

Batman, Superman y Robin compartiendo protagonismo en World's Finest número 20, invierno de 1.946.
34. Y una nota editorial. El fundador de la revista Action Comics fue Malcolm Wheeler-Nicholson, quien por problemas monetarios se marcho y fundó su propia revista, que es Detective Comics, de manera que inicialmente Batman y Superman estaban en casas editoriales separadas; pero no mucho después, Wheeler-Nicholson consiguió adquirir la empresa editorial tras Action Comics y fusionó ambas casas, sentando así las bases tanto de la moderna empresa DC Comics, como del llamado Universo DC, llamados ambos así por las siglas de Detective Comics, por supuesto. Y siendo Batman y Superman los dos grandes motores de la editorial, fue cuestión de tiempo antes de que la editorial decidiera parearlos. Surgió así World's Finest, el cómic que relataba aventuras en conjunto de Batman y Superman. El cómic mismo fue cancelado en 1.986, aunque puede decirse que la misma premisa ha vuelto a publicarse bajo otro nombre, en concreto el actual cómic Batman / Superman. Vale la pena mencionar que el cómic The Brave and the Bold, que duró 200 números entre 1.966 y 1.983, partió inicialmente bajo la premisa de parear a dos superhéroes cualquiera de la casa, hasta que a partir del número 67 entró Batman y ya no salió más, hasta el punto que el título del cómic sirvió para darle nombre a una serie animada de Batman que trataba precisamente de éste siendo pareado con otros héroes del Universo DC.

35. A diferencia de otros superhéroes, cuyos cómics se centran exclusivamente en ellos, la editorial le ha dado luz verde a varios personajes de la Batifamilia, de Ciudad Gótica, e incluso a supervillanos. Dentro de la Batifamilia adquirió cierta entidad el cómic Birds of Prey, entre 1.999 y 2.009, con varias superheroínas alrededor de las dos heroínas Oracle y Black Canary, y que incluso obtuvo una adaptación televisiva bastante libre y de corta vida, una temporada de trece episodios. Entre los villanos, se publicó por ejemplo un cómic llamado The Joker, aunque éste duró más bien poco, sólo nueve números entre 1.975 y 1.976. Las chicas villanas han tenido mejor suerte con Gotham City Sirens, dedicada a Poison Ivy, Catwoman y Harley Quinn, quizás porque el grueso de los lectores son varones y les gusta ver muchas curvas de chicas malas por página. E incluso la fuerza policíaca de Ciudad Gótica recibió su propia serie, Gotham Central, que por desgracia no resultó ser demasiado popular, quizás debido a que lo desusado de su propuesta, un cómic sin superhéroes en un mundo de superhéroes, lo que es una desgracia considerando el excelente nivel de dicho cómic.

36. Pero volviendo a la época del origen de Batman. El personaje resultó tan exitoso, que pronto se abrió la posibilidad de trasladarlo al cine. Lo consiguió antes que Superman, si no contamos con los cortos animados de Max Fleitscher para el kriptoniano, aunque siendo honestos, puede que algo tenga que ver con un tema de efectos especiales. Después de todo, por regla general, al no tener superpoderes, Batman es más barato de llevar a la pantalla que Superman con su supervuelo, superfuerza, etcétera. El caso es que en 1.943 se estrenó una serie de 15 episodios llamada simplemente The Batman. El argumento, con un surrealismo propio de una época en donde nadie se quejaba por la falta de fidelidad a la hora de adaptar un cómic, versaba sobre Batman trabajando como agente del gobierno tratando de detener al malvado japonés Dr. Daka y sus intentos por convertir a inocentes víctimas civiles en zombis. La serie vale por ser la primera adaptación de Batman al cine, aunque por supuesto, resulta algo ingenua e incluso risible para las audiencias actuales, cuando no directamente racista. Pero debemos recordar que en la época, Estados Unidos estaba en la Segunda Guerra Mundial, y los superhéroes estaban activamente en la labor de incitar al público para slap a jap, abofetear a un japonés, lo que hace esto más comprensible, aunque no justificable por supuesto. Como sea, acá apareció por primera vez un elemento de la mitología batmanesca que luego fue importado a los cómics, y que desde entonces se ha vuelto inseparable del personaje: la Baticueva. En efecto, la Baticueva no formaba parte de la mitología de Batman en sus inicios. Esta serie recibió una secuela con otros actores en 1.949 llamada Batman and Robin. Como dato de trivia, marca la primera aparición de Vicky Vale en el cine, interpretada por Jane Poni Adams, cuarenta años antes de que el mismo rol fuera interpretado por Kim Basinger en la película de 1.989; la señorita Adams vivió una vida extraordinariamente larga, y falleció a los 95 años de edad en Mayo de 2.014, el mismo mes en que Batman celebró sus 75 años.

El Batman de la serial de 1.943.
37. A diferencia de Superman, todos los éxitos por llevar al personaje a la radio terminaron en fracaso, si bien Batman apareció como invitado en la serie de radio de Superman. Por ende, habrá que esperar hasta la década de 1.960 para ver la siguiente adaptación de Batman. Acorde con los tiempos, la televisión de la época se estaba liberalizando un poco, y dentro de este contexto se le dio vía libre a una serie televisiva sobre el personaje. En años sucesivos, las tres temporadas de Batman han sido señaladas con el dedo como el punto más bajo en la historia del personaje. Sin embargo, estas acusaciones son tremendamente injustas. En primer lugar, dada una época en donde los superhéroes eran considerados como cosas de niños, el solo hecho de que Batman recibiera su propia serie televisiva con actores de carne y hueso, y en horario prime time además, ya era un logro. En segundo término, para ayudar a pasar la serie adelante, fue vendida y luego escrita y rodada como una gigantesca farsa o parodia de los códigos y clichés propios de los superhéroes de la época, llevados al extremo; por supuesto que la gente que no leía cómics no se enteró de esto, y viendo la serie, consideró que Batman no era nada más que un gran payaso. Quienes son fanáticos del Batman oscuro y más antiheroico abominan de esta serie televisiva que, con sus defectos, tiene también sus logros (y a una escultural Yvonne Craig como Batgirl), en vez de aceptar que Batman es una figura mítica, y por ende, que las visiones alternativas del personaje son aceptables en tanto se hagan con cierta seriedad en la propuesta.

38. En sus primeras dos temporadas, la serie televisiva emitió arcos argumentales de dos capítulos de una hora de duración con comerciales cada uno, en noches sucesivas cada arco, lo que era inédito para la fecha. La premisa era simple y los guiones algo formulaicos: Ciudad Gótica era amenazada por algún supervillano, lo que motivaba al Jefe Gordon para llamar a Batman y Robin. Estos, con deducciones intencionalmente desmadradas, explotando la psicología del criminal, salían a capturarle, pero terminaban ellos siendo capturados y sometidos a una gigantesca trampa que constituía el continuará entre los dos episodios. Al final se liberaban, y detenían el último golpe del villano. Todo esto era aderezado con numerosos comentarios por parte de Batman de una moralina irritante a propósito, para burlarse del conservadurismo todavía prevaleciente en la época. La serie resultó un exitazo ya que los niños engancharon con la acción y la aventura, mientras que los adultos que alguna vez siendo niños habían leído los primeros cómics de Batman, gozaron del humor y la parodia. El estilo generalizado de farsa funcionó en buena medida gracias a la incorporación de Adam West como Batman, hasta la fecha un actor de carácter que aplicó toda la seriedad del mundo al personaje, un poco aplicando el método actoral que años después haría famoso Leslie Nielsen en su salto a la comedia, realzando así al máximo la sátira. Otro tanto puede decirse de Neil Hamilton, el actor que interpretó al Comisario Gordon. Eso, además de una vistosa galería de villanos que en esos años tenían importantes trayectorias en el cine, aunque hoy en día el grueso de ellos tiendan a ser más conocidos por sus roles en Batman precisamente: Cesar Romero como Joker, Burgess Meredith como Penguin, Julie Newmar como Catwoman, ¡Vincent Price! como Egghead, Cliff Robertson como Shame, Anne Baxter, Carolyn Jones...

39. El impacto de la serie en la cultura popular de la época no puede ser fácilmente medido. Esencialmente se transformó en memética medio siglo antes de que la palabra meme se pusiera de moda. Medio siglo después, todavía se le rendían homenajes en Los Simpsons, en particular el episodio en el cual una secta lava el cerebro de Homero Simpson cantando "líder" con la letra del opening de Batman. El público de la época sabía de inmediato a qué se refería el batusi por ejemplo, una sátira de los estilos juveniles de baile y muy en particular el watusi. Como muestra, un botón. La serie televisiva iba a partir con un piloto cuyo presupuesto resultó ser demasiado alto y por eso no fue rodado... hasta que después de la primera temporada, fue reconsiderado y fue rodado como lo que actualmente conocemos como la película Batman de 1.966, para distinguirla de la versión de 1.989. Por su parte, la serie hizo todavía más visibles las quejas acerca de que Batman y Robin eran en realidad dos homosexuales en el closet, lo que llevó a la incorporación de la tía Harriet como personaje primero, y de Batgirl a partir de la tercera temporada. Sin embargo, a esas alturas el programa iba en decadencia. Los guionistas habían perdido de vista los aspectos farsescos y lo habían transformado la parodia inteligente y afectuosa en un montón de estupideces sin sentido. El programa fue cancelado, debiendo cargar en adelante con el inmerecido sambenito de haber convertido a los superhéroes en una burla. Pasarían dos décadas antes de que Batman, de regreso en sus cuarteles de tinta y papel, diera de nuevo el salto hacia la cultura popular más allá de los cómics. Y lo haría a lo grande, con la majestuosa Batman dirigida por Tim Burton en 1.989.

Burt Ward como Robin, Adam West como Batman, e Yvonne Craig como Batgirl, en la serie televisiva Batman de la década de 1.960.
40. Los intentos de llevar a Batman a la pantalla grande databan desde el exitazo que representó el Superman con Christopher Reeves en 1.978, pero no había acuerdo entre los creadores que buscaban escenificar al Batman más oscuro que se había impuesto poco a poco desde la Edad de Bronce de los cómics (década de 1.970), versus los productores que deseaban un producto más camp, en la vena de la serie televisiva. Finalmente fue contratado Tim Burton, y su visión más oscura se impuso, no sin conflictos. Hoy en día, Batman de 1.989 es una película muy desprestigiada, acusada de tener demasiados elementos de camp, lo cual es cierto... hasta que se considera que en su época, éste era el Batman menos camp que se podía rodar sin ofender la sensibilidad popular. Un Batman todavía más oscuro, perturbador y siniestro es el que se vio en la secuela Batman regresa, movimiento que el público saludó con una notable bajada en la recaudación. Por encima de sus defectos, que la duología de Tim Burton los tiene, lo cierto es que su Batman ayudó mucho a eliminar el estigma de ridiculez que pesaba sobre él en la conciencia popular, y su movimiento de hacer regresar al personaje a sus orígenes de violencia pulp fue de una enorme honestidad e integridad.

41. Pero los Estudios Warner que producían la franquicia estaban descontentos con este Batman más oscuro, en particular por cómo afectaba eso al bolsillo, y pensaron que volver al Batman de la década de 1.960 lo haría más accesible a los niños, alentaría a los padres estimulando sus recuerdos de infancia, y sobre todo vendería más juguetes. Por ende, mantuvieron contratado a Tim Burton en un cargo que fuera puro título y nada de substancia, y le dieron la dirección a Joel Schumacher. Dicho con justicia, Schumacher ha creado algunas grandes películas (Un día de furiaEl Fantasma de la Opera), pero también ha incurrido en algunas metidas de pata épicas. Su Batman eternamente partió de un guión deliberadamente frívolo, y visto como una especie de actualización del Batman de Adam West y Burt Ward, es una película muy disfrutable, aunque carece por completo de la grandeza, el aliento épico y el hálito trágico de las dos películas de Burton, por lo que dentro de la franquicia constituye un claro retroceso. Por desgracia, tanto Schumacher como los estudios pensaron que era una muy buena seguir en la misma línea, en particular viendo cuánto había repuntado la recaudación, y rodaron Batman y Robin, que pasó a ser un despropósito completo; de hecho mató a Batman en la pantalla grande durante ocho años, además de que durante algunos años y hasta el estreno de X-Men en 2.000, pareció sepultar para siempre el género de los superhéroes en el cine.

42. En paralelo al desarrollo de esta tetralogía en el cine, las películas de Tim Burton inspiraron sobremanera a Batman: La serie animada. Esta fue la primera adaptación del personaje a la televisión en década y media, y ha permanecido como la mejor de cuantas se han hecho para televisión; fue tan exitosa, que por sí misma consiguió darle el puntapié inicial al llamado Universo Animado DC, seguido después con Superman: La serie animadaBatman del futuro, y las dos series de la Liga de la Justicia, además de varias películas animadas. Batman: La serie animada fue revolucionaria para sus años. Probó que podía escribirse una serie de animación con contenidos muy adultos sin alienarse al público infantil, y contribuyó a enterrar para bien algunos de los más desagradables clichés de los llamados Saturday morning cartoons, en particular el profundo maniqueísmo de éstos y en consecuencia la falta de caracterización de los personajes, y todo ello gracias a su contenido de violencia, oscuridad, y más de alguna sutil insinuación sexual subida de tono.

Batman en la serie Batman: La serie animada.
43. El éxito de esta serie abrió camino a nuevas adaptaciones animadas, el grueso de ellas meritorias por derecho propio, aunque como ninguna de ellas alcanzó los niveles de genialidad de su predecesora, siempre han quedado un poco a trasmano de ésta. The Batman, exhibida entre 2.004 y 2.008, sin alcanzar los niveles de inspiración o profundidad de la otra serie, al menos hace un esfuerzo notable por tener su propia historia, estética y personalidad; a lo largo de dicha serie vemos a un Batman todavía en las últimas fases de aprender su oficio de justiciero al margen de la ley, enfrentando las primeras apariciones de varios villanos, y finalmente colaborando con otros superhéroes en una ampliación épica del escenario. La siguiente serie, Batman: The Brave and the Bold, exhibida entre 2.008 y 2.011, ha probado ser en sí misma enormemente divisiva, por su voluntarioso rechazo a los aspectos más oscuros de Batman, en beneficio de un enfoque más cercano al de la serie de televisión de la década de 1.960 o de los Superamigos. Sin embargo, si dejamos de lado el fanatismo estúpido y asumiendo esta serie como lo que es, una especie de comedia ligera de acción, resulta ser bastante ingeniosa y con su buena dosis de autoparodia como para disfrutarla. Fue seguida por Beware the Batman, la primera adaptación del personaje en CGI como serie televisiva. Beware the Batman intentó ser un regreso a las series más oscuras de Batman, pero varios factores conspiraron en su contra: parear a Batman con Katana en vez con alguno de los varios Robin que aún no han aparecido en pantalla no fue bien recibido por los fanáticos, una continuidad argumental fuerte ayudó a impedir que nuevos fanáticos se subieran a mitad de la serie, y además la propia cadena televisiva dudó en seguir adelante con una versión oscura de Batman para niños después del tiroteo en Aurora durante el estreno de The Dark Knight Rises, todas razones que conspiraron para su pronta cancelación después de apenas una temporada.

44. Mientras tanto, en el cine apareció la Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan, conformada por Batman Begins de 2.005, The Dark Knight de 2.008 y The Dark Knight Rises de 2.012. Batman Begins nació de las cenizas de la proyectada quinta parte de la saga noventera, época en la que se barajaron varias posibilidades para continuar la franquicia, incluyendo un abortado proyecto de adaptar Batman del futuro para el cine con un ahora fallecido Paul Newman como Batman, lo que hubiera sido algo memorable de ver sin lugar a dudas. Finalmente se decidió por hacer borrón y cuenta nueva de la franquicia e ir directamente a por el reboot, concepto hoy en día común a las franquicias hasta el punto que Spiderman fue rebuteado en el cine apenas una década después de iniciada la franquicia anterior, pero que en la época era algo desusado. Christopher Nolan, director que había dado de qué hablar por los clásicos de culto Memento e Insomnia, decidió darle a su saga una identidad propia a base de eliminar cuantos elementos camp pudiera, y explorar la psicología de Bruce Wayne y su importancia como símbolo prácticamente desde los orígenes del personaje. Ni qué decir, su movimiento fue coronado por el éxito: las películas encontraron una enorme aclamación crítica, le ganaron a Heath Ledger como el Joker el primer Oscar al Mejor Actor por un personaje de cómic, y si bien Batman Begins recaudó unos modestos algo más de 370 millones de dólares en taquilla (menos que el Batman de 1.989, sin ajustes por inflación), sus dos secuelas rompieron la barrera de los mil millones hasta que la trilogía hizo casi 2.500 millones de dólares de caja a nivel mundial. Sobre el contenido mismo de las películas y su visión de Batman no diremos nada más, debido a que ya hemos hablado latamente sobre el tema en una Interminablelogía acá en la Guillermocracia, de manera que remitimos al lector a nuestro posteo La Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan para mayores detalles.

45. Resulta sintomático que mientras el Batman de los cómics se ha mantenido siempre más o menos dentro de una misma línea, que puede ser más oscura o más ligera a según la época, el Batman de los medios de comunicación ha resultado mucho más fluctuante. Hemos tenido algunos Batman ligeros hasta el punto de la autoparodia, y también algunos bastante oscuros y densos. Todo esto no hace sino confirmar un concepto sobre el cual hemos girado a lo largo de todos estos posteos de la serie Batman 75 años acá en la Guillermocracia: que no hay un único Batman canónico, que Batman a estas alturas del partido es más que una franquicia editorial, que en realidad forma parte del folclor, y por lo tanto es demasiado temerario sostener que tal o cual versión de Batman es la oficial y canónica. El Batman más ligero nos ha dado horrores como las películas de Joel Schumacher, pero también joyitas como la serie televisiva de 1.960, que tiene muchos más méritos de los que suelen reconocérsele, aunque desde el lado más paródico. Por su parte el Batman más oscuro y siniestro nos ha legado la bienamada Trilogía de Christopher Nolan, pero también la mucho más debatida duología de Tim Burton, por no hablar de la cuestionada, a mi gusto de manera exagerada, The Batman animada de 2.004 a 2.008. En definitiva, cada época, cada continuidad, cada adaptación, todos ellos tienen un Batman que es su Batman, un Batman que le es propio, y más que preguntarse por la oscuridad y claridad del personaje, vale más la pena preguntarse si los guiones son de calidad, si el personaje es presentado de una manera inteligente, y si en definitiva cumplen con lo que debe cumplir la enésima adaptación de un personaje: aportar una idea novedosa, una perspectiva nueva o un punto de vista original sobre el personaje.

Próxima entrega: Su familia.

miércoles, 15 de octubre de 2014

"2001: Odisea del espacio": Seis notas para entender la película.


El año 1.968, el cine de Ciencia Ficción no volvió a ser el mismo. Ese año se estrenó 2001: Odisea del espacio, dirigida por Stanley Kubrick. La película partió como un proyecto conjunto entre éste, y el escritor Arthur C. Clarke. Todo partió con un relato de éste llamado El centinela, bastante breve porque ocupa apenas unas pocas páginas. Clarke y Kubrick lo expandieron, en un proyecto llamado inicialmente How the Space Was Won, algo similar a Cómo el espacio fue conquistado, y lo pensaron para ser la gran historia épica de la Ciencia Ficción. La película estrenada tuvo un éxito tibio al comienzo, acusada de ser incomprensible, pero consiguió mantenerse a flote gracias a los jóvenes que iban a verla fumados, y alucinaban en technicolor con las secuencias finales.

A lo largo de los años, además de acumular fama de clásico del cine, la película se ha ganado una buena reputación de incomprensible. Una cosa no ha obstaculizado a la otra. Después de todo, mucha gente piensa que el verdadero arte es incomprensible. Hay razones para ellos. La crítica adora las películas incomprensibles porque pueden ofrecerse de intérpretes y traducirlas para el espectador demasiado estúpido como para entender. Y muchos artistas les gusta hacer cosas incomprensibles para darle trigo que trillar a la crítica ávida de cosas incomprensibles. 2001: Odisea del espacio, con sus secuencias largas y en apariencia redundantes o carentes de sentido, se antoja incomprensible para mucha gente, que se pone a buscarle un montón de sentidos, algunos de ellos tremendamente alucinógenos. Después de todo, si el propio Stanley Kubrick consideraba que la película era un fracaso si la gente la entendía...

Pero aquí en la Guillermocracia sostenemos que el arte es complejo, pero eso no significa que deba ser incomprensible. Por lo tanto, para facilitar las cosas, aquí en la Guillermocracia daremos seis claves para entender 2001: Odisea del espacio, y probar que no es una película tan difícil o temible como se pretende. Ahora bien, que después de eso el espectador la considere un clásico o una salida de tiesto con pretensiones culturetas, eso queda al criterio de cada cual. Valga la aclaración y petición de que si no están de acuerdo con algo, no maten al mensajero; que yo explique algunas ideas de la película, no significa que esté necesariamente de acuerdo con ellas. Desde aquí nos conformamos con ofrecer los hechos: que el espectador saque sus propias conclusiones al respecto.

1.- La narración es subjetiva.

Un aspecto que tiende a olvidarse de 2001: Odisea del espacio, es que las imágenes que vemos no son objetivas. El grueso de los espectadores está acostumbrado a la imagen objetiva, que describe exactamente lo que es. No es el caso de 2001: Odisea del espacio. Las imágenes son el resultado no de lo que es, sino de lo que es, tamizado por la conciencia de los personajes. El resultado final es, por supuesto, muy parecido a la realidad, porque el grueso de los personajes está cuerdo, pero no es la realidad al ciento por ciento. La secuencia final, llena de imágenes y colorinches, deja de ser realista porque el personaje a cuyo través percibimos lo que está pasando, no entiende tampoco qué sucede. Podemos hacer inferencias de acuerdo al sentido y contexto de la película, pero nada más. La película no pretende ser una crónica de la conquista del espacio o la evolución humana, sino sumergirnos en la experiencia de éstas, hacernos vivir en carne propia el cómo el viajar al espacio y enfrentarnos ante las respuestas acerca de nuestra naturaleza y origen pueden trastocar nuestras nociones preconcebidas hasta el punto de hacer evolucionar nuestra mente hacia un entorno transhumano; de ahí la subjetividad disfrazada de falsa objetividad que impregna a la película.

2.- El meollo del asunto es la relación entre la tecnología y la evolución humana.

Mucha gente, después de ver 2001: Odisea del espacio, se pregunta de qué va todo esto. En apariencia no hay conexión entre la secuencia inicial en el amanecer de la Humanidad, y lo que sucede ya en el año 2.001. En realidad, el tema de fondo es muy simple: cómo nos relacionamos con la tecnología. En la secuencia inicial, la de los hombres monos, vemos cómo aparece la tecnología. Antes de ella, el ser humano está indefenso y a merced de los elementos; la invención del fuego y las armas, en concreto un garrote de hueso, le permite obtener una ventaja evolutiva que lo va a llevar, miles de años después, al espacio exterior, explicando así la famosa elipsis entre el hueso que vuela, y el satélite artificial (bombas nucleares orbitales, según Kubrick, aunque ese dato podemos descartarlo porque no se menciona en la película en sí). Pero luego, ya en el espacio, vemos como la tecnología está destruyendo lo que podríamos llamar metafóricamente el alma del ser humano. El espacio no se presenta con la emoción de Star Wars o Star Trek, sino como algo aséptico, cotidiano, aburrido; es similar a cómo una ficción del siglo XIX hubiera presentado el automóvil como lo más de lo más, mientras que una del siglo XXI o lo presenta como una fuente de problemas, o no le hace el menor caso. Todo eso lo vemos en las secuencias inmediatamente anteriores a la Luna. Peor aún, la excesiva dependencia de la tecnología puede ir en contra del ser humano mismo; ahí es donde vemos a HAL-9000 tratando de destruir a los tripulantes humanos de la nave espacial Discovery. La única manera de evitar esta paradoja en donde los seres humanos necesitamos la tecnología para evolucionar sin que ésta nos domine, es destruyendo la tecnología por completo, dejando atrás las muletas, y evolucionando nosotros mismos hacia una especie superior con una especie de conciencia cósmica; esto se refleja en la secuencia final.

3.- Qué es el monolito.

De manera literal, el monolito es un agente o máquina de los extraterrestres. Incluso podría ser un extraterrestre en sí. Como no vemos a los extraterrestres en la película, o si los vemos no entendemos que sean extraterrestres, tampoco podemos entender la naturaleza exacta del monolito. De cualquier manera, el monolito está puesto para guiarnos en nuestra evolución. El monolito es resposable de haber dotado de inteligencia a los prehomínidos primero, luego avisa a los extraterrestres que la Luna ha sido colonizada por el hombre, luego el monolito de Júpiter aparece como una invitación tácita a seguir la exploración espacial, y al final del camino, el monolito opera como agente de la evolución, o un umbral para pasar hacia el siguiente estadio de la Humanidad. Ahora bien, de manera metafórica, el monolito puede ser entendido como un guiño al espectador, una proyección de la propia ansia de la Humanidad por superarse e ir hacia adelante; la idea implícita dentro de esta interpretación, es que antes de evolucionar, el siguiente paso en la evolución se nos antoja tan raro que lo mismo podría ser algo alienígena, cuando en realidad es un potencial que ha estado en nosotros desde el comienzo mismo de la Humanidad. La interpretación en este caso queda entregada al espectador.

4.- Qué significa la secuencia en la Luna.

La secuencia en la Luna es quizás la menos recordada de la película, menos espectacular en comparación al amanecer de la Humanidad, o la lucha del protagonista David Bowman contra HAL-9000, o la psicodélica secuencia final. Pero es el punto de partida de la trama principal de la película. Los protagonistas, lo que están haciendo es investigar una anomalía magnética que ha aparecido en la Luna. Al excavar, encuentran un monolito. Entonces, el monolito envía una señal a los extraterrestres; la finalidad entera del monolito enterrado es esperar pacientemente a ser desenterrado para avisar del momento en que los humanos han llegado a la Luna. Dentro de la película es su segmento más descartable, pero debía estar presente porque ésta es la anécdota que forma la base de El centinela de Arthur C. Clarke; todas las otras secuencias de la película son invenciones para la misma, aunque recogidas después en la novelización del propio Clarke.

5.- Por qué HAL-9000 entra en modalidad homicida.

La película no lo explicita, aunque se puede inferir de ella. De todas maneras, la novela que Arthur C. Clarke escribió en paralelo a la película sí; la explicación es incorporada después en la secuela, 2010: El año en que hicimos contacto. HAL-9000 recibió dos instrucciones contradictorias. Una de ellas, es que debía colaborar en todo con los astronautas para la misión de investigar el monolito. La otra instrucción, es que el monolito debía permanecer como un secreto. HAL-9000 entra en conflicto porque aunque su mente está hecha a imitación de la humana, sigue siendo una máquina que debe obedecer de manera literal, y no encuentra manera de cumplir con la segunda orden sin violar la primera, hasta que descubre un resquicio legal: si no hay astronautas a los que obedecer, puede seguir manteniendo la misión en secreto, y así puede cumplir con ambas órdenes sin problemas. De manera que HAL-9000 empieza a matarlos para poder cumplir con sus instrucciones. Dentro del contexto, la rebelión de HAL-9000 es, con mucho, el punto culminante del conflicto del ser humano con la tecnología, de cómo nuestra dependencia ciega de las máquinas ha terminado por ser un peligro para los seres humanos mismos. A cada instante, con la frialdad del ojo rojo, y la entonación mecánica de las frases de HAL-9000, la película nos recuerda que la supercomputadora es un cerebro artificial, pero no es ni nunca será humana. Desde luego, la película es de 1.968, y en la época, la posibilidad de integrar humanos y máquinas en un híbrido transhumano es algo que no se consideraba todavía con las connotaciones más naturalistas que se pusieron de moda desde el Cyberpunk en adelante. Se puede estar o no de acuerdo con la moraleja, pero el hecho es que la moraleja de la película es ésa: demasiada cibernática termina destruyendo al ser humano.

6.- Qué significa la secuencia final del personaje envejeciendo en la habitación modernista.

Hay variadas interpretaciones al respecto, pero la más lógica se relaciona simplemente con la narración subjetiva. Nosotros no entendemos a primera vista lo que pasa porque no estamos viendo los hechos objetivos, sino tamizados a través de la percepción de David Bowman. Todo lo que estamos viendo son simbolismos de David Bowman metamorfoseándose en una criatura que ha evolucionado más allá de la Humanidad. No se supone que entendamos porque lo que estamos viendo es una experiencia transhumana, y por lo tanto no accesible a nuestras mentes humanas. Es algo así como dibujar un cubo sobre una hoja de papel: no es un cubo de verdad, sino un dibujo en dos dimensiones de un objeto en tres dimensiones, y le corresponde a nuestro cerebro inferir, a partir de la representación bidimensional, que estamos viendo algo que en realidad tiene tres dimensiones en la realidad. Es decir, siguiendo el símil del dibujo de un cubo, y por decirlo de manera muy cruda, lo único que pueden mostrarnos es el ancho y el alto, y somos nosotros quienes a partir de eso debemos inferir la profundidad. Las secuencias de luz pueden corresponderse al viaje a otra parte de nuestro universo u otro, o simplemente a la mente de David Bowman conectándose a una realidad ultrahumana. Y la secuencia de Bowman envejeciendo en la habitación, es simplemente una metáfora con elementos simbólicos terráqueos (la mezcla de muebles de estética barroca con paredes y suelo futuristas) acerca de cómo lo viejo y arcaico, la carne humana, está siendo reemplazada por algo diferente, superior a la Humanidad, y que en tanto superior a la Humanidad, no lo podemos entender del todo. El Niño de las Estrellas que vemos al final, no se supone que sea interpretado de manera literal como un feto flotando en el espacio, quizás ni siquiera como una criatura viviente con un lugar y posición, tal y como entendemos éstas, sino que es una metáfora, una representación del nuevo ser que no podemos ver en su verdadera naturaleza porque está más allá de nuestra mentalidad humana, y por lo tanto, para entender qué es, deben mostrárnoslo con un símbolo reconocible para nuestras primitivas mentes humanas, en concreto un feto humano, tal y como los conocemos dentro de un útero también humano.


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