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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Cerati Stereo.


Hace poco, en concreto el 4 de Septiembre de 2.014, falleció finalmente Gustavo Cerati, el mítico rockero argentino que hace eras geológicas atrás fue la cabeza de Soda Stereo. Decimos falleció finalmente porque el deceso se veía venir. No en balde, el hombre estaba postrado ya media década en cama, en coma, después de un accidente cerebrovascular, y esperanzas aparte, era muy difícil que fuera a despertar. En Argentina se le dieron funerales de héroe nacional. La noticia es por supuesto muy triste. La muerte de un rockero es siempre algo que oprime el corazón: si muere joven es una lástima porque tenía tanta vida y creatividad por delante, y si muere viejo es una lástima porque un rockero nunca debería envejecer. Pero si hay algo que se ha hecho insoportable por estos días, son los fanáticos, los tipos llenando Facebook con canciones de Soda Stereo o pegando un adios Cerati. En algunos casos, sé que es la legítima admiración de toda una vida; en otros me pregunto si no habrá algo de pose. Porque Cerati era un músico respetable, sí, pero tengo mis serias dudas acerca de si era el genio musical que se pretende que era. Este posteo no busca atacar ni defender la figura de Cerati; simplemente explora un poco en lo más criticable de su música, sin olvidar tampoco lo más defendible, aspecto este último en donde no necesito adentrarme debido a las toneladas de cosas que se han escrito o dicho sobre el particular. Mantener el equilibrio en un clima tan polarizado es difícil, pero aquí en la Guillermocracia, lo intentaremos.

Cerati nació en 1.959. En 1.982, ya siendo un veinteañero, formó un trío con Héctor Zeta Bosio, y Charly Alberti; primero se llamaron Los Estereotipos, antes de pasar a llamarse en definitiva con su nombre definitivo, Soda Stereo. Es redundante mencionar el enorme impacto y éxito que tuvo la banda en Latinoamérica durante la década de 1.980. En 1.982, Argentina e Inglaterra libraron la Guerra de las Malvinas, y como parte de la ofensiva comunicacional durante la misma, en Argentina se prohibió la música en inglés; como consecuencia, estalló con la fuerza de un volcán, una enorme cantidad de bandas nacionales cantando en castellano, cimentando así el fenómeno del Rock Latino. Y Soda Stereo fue la gran banda punta de lanza dentro del fenómeno.

Descontando el hecho de que Soda Stereo es una banda que ha hecho historia, un análisis un poco más desapasionado debería rebajar un tanto su estatura. En primer lugar, la música. En la época, en Latinoamérica, el sonido de Soda Stereo sonaba enormemente rompedor. Por supuesto que en ese tiempo, las radios de Latinoamérica estaban plagadas de lo que podríamos llamar música AM, y que hoy en día reconocemos con un cierto valor kitsch, además de las últimas oleadas de la onda disco, ya muerta en Estados Unidos, pero que todavía seguía teniendo alguna presencia vía Europa. El rock directo y sin excusas de Soda Stereo significó así una revolución. Y sin embargo...

En la época se sabía más bien poco de lo que ocurría en el underground de Inglaterra. Hoy en día, bandas como The Police, Duran Duran, The Cure, el Queen que cantaba Another One Bite the Dust, o el David Bowie de Scary Monsters (and Super Creeps), eran cosas no diremos desconocidas, pero sí poco populares, todo lo contrario que ocurre hoy en día, en donde cualquiera que sepa de música ha escuchado a lo menos parte de todo ese material. Y los parecidos son evidentes. Incluso hay videos en YouTube demostrando lo mucho que Soda Stereo le debe a tales bandas. No llegaremos al extremo de acusar a Soda Stereo de tales o cuales feos delitos culturales, pero sí que el margen de la influencia parece ser bastante mayor que el que esperaríamos en genios de la originalidad.



De todas maneras, tratando de ser lo más equilibrados posibles, debemos reconocer que al menos Soda Stereo, lo que importó desde Inglaterra, se las arregló para importarlo bien. Su primer disco, Soda Stereo, es uno todavía demasiado deudor de sus influencias, con una buena infusión de Ska, y en definitiva uno para no tomárselo demasiado en serio. Aunque no debemos ser demasiado severos con esto; después de todo, eso tiende a suceder con todas las bandas que están recién empezando, y tratando de buscar su propio camino. En su segunda placa, Nada personal, es en donde Soda Stereo de verdad se afirmó como banda, ofreciendo un disco sólido de principio a fin; si Nada personal no es la cumbre de su música, entonces seguro que Signos, su tercer disco, lo es. Ya para Doble vida es cuando algunos de los peores manierismos de Soda Stereo empiezan a hacer acto de presencia, aunque al menos dicho disco nos legó el enorme tema En la ciudad de la furia.

En cuanto a las letras, Soda Stereo debe ser puesto en algo de solfa. El movimiento que trata de hacer Soda Stereo es uno clásico dentro de los artistas pretenciosos: escribir letras sobre algunos temas básicos y vendedores, principalmente el erotismo, y venderlo envuelto con metáforas rebuscadas y frases supuestamente poéticas que funcionan como un verdadero test de Rorschach: las interpretaciones de las mismas dicen más sobre las personas que las escuchan, que algo por sí mismas. Todo eso, metido dentro del molde del rockero que es rockero porque es rebelde, pero que en el fondo es muy sensible y quiere que lo traten suavemente. Es decir, la clase de material que hubiéramos calificado como hipster sin paliativos, si Soda Stereo hubiera comenzado su carrera tres décadas después de su fecha de inicio.

En este sentido, las letras de Soda Stereo juegan a la ofensiva intelectual, pero una relativamente segura, la que se quema algo, pero no demasiado. Tenemos canciones como ¿Por qué no puedo ser del jet set? que califican como protesta social, pero luego, dentro del mismo primer disco, Sobredosis de TV habla acerca de lo mala que es la vida sin un amorcito, en términos que no desentonan de alguna llorada canción romántica de ABBA, Tele-Ka no es otra cosa sino un relamido himno de salir a la discoteca a bailar (tele... telekinesis... y moverás tus pies...), por no hablar de bufonadas como Mi novia tiene bíceps. Ya para canciones posteriores, persiste e incluso se intensifica este tono de crear himnos supuestamente rompedores y con metáforas rebuscadas, para lo que en el fondo son las canciones románticas cebollas de toda la vida: Cuando pase el temblor, Danza rota, Juegos de seducción, Prófugos, Persiana americana... O de cómo, sabiendo que lo que era el equivalente al espíritu hipster en la década de 1.980 no hubiera tolerado más programación de radio AM, se termina disfrazando con un lenguaje que el bueno de Nicanor Parra calificaría de paraíso del tonto solemne. No está mal, si lo que se quiere es bailar en la discoteca, lo que por supuesto es parte integral de la vida y no debería ser denostado por eso, pese lo que le pese a los culturetas cenizos de siempre; el problema se suscita cuando algunos fanáticos terminan tomando la forma por el fondo, y viendo en las canciones de discoteca más de lo que hay.



Resulta interesante observar cómo Soda Stereo encajó en el panorama político de la época. Esto implica desviarse de lo artístico, y un artista no debería ser juzgado por sus ideas o contexto político, pero por otra parte, examinar éste permite descubrir si hay claves para su éxito más allá del mérito artístico. Aunque Soda Stereo técnicamente nació en los estertores de la dictadura militar argentina, los discos más importantes de su carrera fueron durante el sexenio de Raúl Alfonsín (1.983-1.989), o sea, durante el período de trabajosa reconstrucción de la sociedad civil. La música de Soda Stereo, más rompedora de forma o apariencia que de fondo, encajaba bien dentro de este panorama en donde las gentes necesitaban una banda que diera la idea de una nueva libertad, sin cantar en realidad a la libertad. En Chile, en donde Soda Stereo tuvo un impacto parecido de fulminante, se vivían los últimos años del gobierno de Augusto Pinochet, y Soda Stereo se transformó en la banda favorita de los sectores socioeconómicos acomodados, los hijitos de papá viviendo la vida rosa, mientras que los más proletarios tendían a simpatizar más con Los Prisioneros, banda mucho más crítica en las letras y dura en lo musical. En esos años, Los Prisioneros fueron censurados una y otra vez, y ninguneados por los medios de comunicación de masas, a pesar de que su popularidad se medía por la forma en que los cassettes corrían de mano en mano, mientras que Soda Stereo fue llevado con bombos y platillos al Festival de la Canción de Viña del Mar.

El Gustavo Cerati posterior a Soda Stereo sigue más o menos en la misma línea, pero llevado al paroxismo. Al menos, Cerati tuvo la inteligencia de adivinar que la New Wave ya no iba más, y se dirigió hacia otros territorios. Ya el disco Dynamo, algo decía al respecto. Las influencias que llegaban desde afuera ahora eran el Dream Pop y el Shoegaze estilo My Bloody Valentine, y Soda Stereo primero, y Gustavo Cerati después, se subieron al barco. Ahora bien, considerando que dichos géneros han sido casi desde sus orígenes carne de hipsterismo... Pero es un Gustavo Cerati cada vez más empeñado en la búsqueda del colosalismo, y cada vez más perdido y extraviado en sí mismo. Uno de los momentos más egóticos de su carrera es el mediocre 11 episodios sinfónicos, disco en donde el traspaso a un formato de respetable Música Selecta hace muy poco por elevar el nivel del material de origen, que suena algo pedante. Compárese por ejemplo con otros discos en la misma vena, como Symphonic de Falco, o incluso con el tampoco demasiado meritorio trabajo de Metallica sinfónico, y los resultados están a la vista.

En ese sentido, siendo Gustavo Cerati un músico lo suficientemente competente como para darse gusto y maña de componer una tonelada de himnos generacionales (porque no otra cosa son los singles de Soda Stereo), llamarlo un genio de la música es quizás exagerado. Uno de los mejores dentro de su estilo, uno de los mejores dentro de su generación, por supuesto que sí, pero para ser un genio musical o de otra clase se requiere algo más. Se requiere ser un innovador. Y predicar eso de Gustavo Cerati, es exagerar un largo.



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