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domingo, 3 de agosto de 2014

Generación GM (3 de 5): El mundo era una fiesta...

Esta danza de pavo real borracho se bailó de manera efectiva en la década de 1.920, y se llama charleston.
Después de la ordalía que había representado la Primera Guerra Mundial, nada volvió a ser lo mismo. Las potencias vencedoras entraron en lo que se suele llamar los Felices 20, o incluso los Años Locos. Después de todo, nadie iba a ser tan suicida como para reeditar los horrores de las trincheras, ¿no? Quizás espoleada por una nueva conciencia de lo efímero de la vida, la gente comenzó a gastar más. Se sentaron las bases de la moderna sociedad de consumo, gracias a que la economía doméstica cambió un resto. Por un lado, el exterminio de varones en el frente de batalla impulsó a la contratación de personal femenino; la mujer hizo así aparición en el escenario laboral a una escala nunca antes vista. Además, el miedo al fantasma que venía desde el Oso Ruso, ahora en plena revolución comunista, llevó a nuevos pactos sociales en los cuales, durante las siguientes dos décadas, se fueron concediendo nuevos derechos sociales. Las vacaciones pagadas legales surgieron por primera vez en Francia en 1.935. El mayor tiempo libre para los trabajadores repercutió en un aumento del nivel de consumo, y por lo tanto, en el florecimiento de la industria. Esto también encontró expresión en nuevos movimientos políticos que hicieron mucho por incorporar las demandas del Socialismo y el Sindicalismo dentro del sistema; la mayor muestra de esto fue el quiebre del duopolio de liberales y conservadores en Inglaterra, por la arremetida de una nueva fuerza política obrera: el Laborismo.

Uno de los más importantes cambios de la época devino con el nuevo rol de la mujer. La entrada de la mujer al mundo del trabajo, sumado a la creciente cantidad de mujeres con estudios universitarios, creó un batallón de mujeres liberadas y profesionales. Surgió un nuevo estereotipo femenino, la flapper, una chica joven, rebelde e independiente que hacía cosas tan poco apropiadas para lo que se suponía femenino en la época, como fumar, conducir automóviles, salir a bailar en clubes de jazz, o tener relaciones sexuales prematrimoniales. Es decir, la flapper se comportaba como un hombre, algo que realzaba a través de un aspecto físico esmirriado y andrógino. Un sello distintivo de la flapper fue el corte de pelo a lo garçonne, muy corto y por tanto masculino, y cuyo propio nombre evoca dicha androginia que se consideraba deseable en una flapper; garçon es la palabra francesa para muchacho, rematada con el correspondiente sufijo femenino en el mismo idioma. Ni qué decir, a los sectores más conservadores les gustó muy poco que la mujer se atreviera a ser tan gozadora de la vida y liberal como un hombre. En esa época, y todavía hoy, por supuesto.

Lo más escandaloso de la época: las flappers que salen sin chaperonas a lugares públicos.

Dentro de la nueva sociedad, la gran nueva estrella era el cine. Este había nacido en 1.895, pero no fue más que un medio de feria durante muchos años. En 1.913, escapando del monopolio de Thomas Alva Edison sobre ciertas patentes relacionadas con el cine, un grupo de productores se instaló en un lejano pueblecillo del recientemente pacificado Far West, un agujero en el mapa llamado Hollywood; a la larga, dicho lugar acabó transformado en La Meca del cine. Hollywood afrontaba la competencia de las cinematografías europeas, pero el grueso de ellas fueron barridas por la Primera Guerra Mundial y los tumultos económicos relacionados. Mientras que el cine europeo declinó, el cine de Estados Unidos inició su ascenso imparable hacia el dominio cinematográfico mundial. Parte importante del éxito del cine en Estados Unidos se derivaba de que el cine mudo en la época era casi el único medio accesible para los inmigrantes europeos que desconocían el inglés y por lo tanto no podían aprovechar el teatro ni las revistas, pero que al menos podían recrearse con las gracietas de los Keystone Cops o Charles Chaplin. Ayudó mucho que el cine de la época tenía un talante bastante crítico con la sociedad, creado por productores que, muchos de ellos, eran ellos mismos inmigrantes europeos que huían de la pobreza y el autoritarismo anteriores a la Primera Guerra Mundial; los años en que el cine de Estados Unidos se transformaría en una defensa apologética del capitalismo estaban todavía por delante. No obstante lo anterior, en estos años se inventó la más pura expresión del capitalismo aplicado al cine: el star system, la máquina de producir superestrellas entre los actores y actrices, que ya nunca más ha parado. La única cinematografía que pudo pararse de igual a igual con Estados Unidos fue la de Alemania, en donde la desesperación por haber perdido la guerra se tradujo en el Cine Expresionista, con obras maestras indiscutibles como El gabinete del Doctor Caligari o Metrópolis; con todo, la bonanza del cine alemán se alimentó mucho de la crisis económica alemana que tenía muy devaluada la moneda, y cuando la moneda alemana mejoró algo, la breve edad dorada del cine alemán se terminó.

Escena de El pibe, largometraje de Charles Chaplin de 1.921. Chaplin destacó no sólo por su comedia, sino por su humanismo y su demoledora crítica de las miserias internas del capitalismo.

En estos años cobró también importancia, por análogas razones al cine, el deporte. Hasta la Primera Guerra Mundial, las actividades físicas se reducían a pasatiempos aristocráticos como la caza o la equitación; existía deporte para los sectores más desposeídos, es cierto, pero no con un carácter verdaderamente profesional, tal y como lo entendemos hoy en día. Pero después de la guerra empezó la era del deporte como espectáculo. Las Olimpíadas de Amberes en 1.920, las primeras desde el fin de la guerra, empezaron a transformar los Juegos Olímpicos de un exótico evento cualquiera más, en la más importante justa deportiva a nivel planetario. En 1.921, el match entre los boxeadores Jack Dempsey y Georges Carpentier, es el primero que es emitido por la radio a una audiencia masiva, dándole al moderno Boxeo el carácter de espectáculo masivo que ya nunca más ha perdido; Dempsey fue el Campeón del Mundo de Peso Pesado en Boxeo hasta que fue derrocado a puñetazo limpio (sobre el ring, por supuesto) en 1.926. En 1.930 por su parte se celebra la primera Copa Mundial de Fútbol, con la victoria de Uruguay, iniciando así el imperio de la FIFA sobre los corazones de media Humanidad.

La imaginación del lector promedio se vio también estimulada por la publicación de revistas populares, los famosos pulp. Estos ya existían de antemano, pero la mejoría en la situación económica llevó a su crecimiento y especialización. En Marzo de 1.923 apareció el primer número de Weird Tales, una revista que se haría famosa gracias a sus relatos de horror. Entre la troupe de escritores habituales de Weird Tales había un valor que no llegaría a hacerse famoso en vida, pero adquiriría carácter de escritor de culto con el tiempo: Howard Phillips Lovecraft. Irónicamente, Lovecraft añoraba los buenos y viejos tiempos pasados, y deploraba el nuevo Estados Unidos en que se veía forzado a vivir; vertió esta angustia existencial en todo un nuevo género literario, el Horror Cósmico. Algo después, en 1.926, un editor llamado Hugo Gernsback comenzó la publicación de Amazing Stories, la primera revista dedicada netamente a la Ciencia Ficción. Al igual que con el cine mudo, los inmigrantes fueron una importante fuerza propulsora para los pulps: los que dominaban el inglés de manera imperfecta difícilmente iban a sentarse a leer la elaborada prosa de un William Faulkner, cuya carrera literaria comenzaba en esos años. En vez de ello, tales inmigrantes iban a preferir estas publicaciones de escapismo y evasión acerca de vaqueros, detectives y héroes espaciales, además de que aprovechaban de practicar el idioma un poquito en el proceso.

Amazing Stories fue la primera revista dedicada en exclusiva a la Ciencia Ficción.
La banda sonora de la época fue probablemente el Jazz. En la actualidad, los salones de Jazz de la época tienen un regusto de glamour, pero en aquel tiempo, éstos eran visto como la miasma de la sociedad. Era música de negros en una sociedad altamente segregada como la de Estados Unidos, y quienes concurrían a tales antros eran mafiosos como Al Capone y otras escorias de la sociedad, al final del día. El Jazz surgió en el sur de Estados Unidos, evolucionando desde manifestaciones anteriores como el ragtime o el blues. La Gran Migración Negra, un fenómeno demográfico por el cual la población afroamericana radicada inicialmente en el sur de Estados Unidos empezó a emigrar en busca de mejores horizontes hacia el norte a partir de la década de 1.910, llevó el Jazz consigo. Ayudado por la clandestinidad promovida por la Prohibición, que puso a las bebidas alcohólicas en la ilegalidad en 1.920, el Jazz encontró un nuevo centro en Chicago, en donde encontró su forma más clásica. En la vereda contraria, por su parte, dentro de la Música Selecta, el Romanticismo estaba siendo mirado como algo fuera de moda, en beneficio de la experimentación formal y la conexión con las raíces folclóricas de cada nación. Aparte de experimentos formales que nunca fueron demasiado populares, como la dodecafonía por ejemplo, la gran punta de lanza de esta nueva música fueron los Ballets Rusos impulsados por Diaghilev, para quien elaboró partituras el importantísimo compositor Igor Stravinski. Y hablando de Música Selecta y de Jazz, esta es la época en donde el compositor George Gershwin trató de fusionar ambos, en clásicos como An American in Paris o Rhapsody in Blue, que si ustedes no les suena por nombre, seguro que las reconocen de oído.

En general, la intelectualidad no estaba tan de acuerdo con la idea general y popular de que el mundo estuviera en camino hacia una nueva edad de oro; todo lo contrario, abrazaron con entusiasmo la crítica a un sistema que se les antojaba como viniéndose abajo. La punta de lanza fue un historiador llamado Oswald Spengler, quien impregnado por el derrotismo alemán, publicó en 1.919 su épico tratado histórico La decadencia de Occidente, en donde propone una teoría entera acerca del nacimiento y la caída de las civilizaciones, y predica que Occidente está en camino hacia su destrucción. Parte importante del discurso de Spengler radicaba en la consideración de que las concesiones a las masas eran síntomas de desintegración social, visión ésta que sería compartida por Ortega y Gasset en su libro La rebelión de las masas de 1.923 (y hubiera sido suscrita con entusiasmo por el ya mencionado Lovecraft). En lo literario, esta añoranza casi reaccionaria por el pasado anterior a la guerra fue vertida en letras de molde por Marcel Proust y su titánica saga En busca del tiempo perdido, una candorosa y romántica reconstrucción del mundo de la Belle Epoque, y la más importante colección literaria de siete tomos hasta Harry Potter y (suponemos) Canción de Hielo y Fuego.

El arte mismo experimentó una profunda transformación. En 1.916 surgió un manifiesto a favor de un movimiento artístico que propugnaba la destrucción de todas las reglas: inspirándose en el balbucear de los bebés, se llamó a sí mismo el Dadaísmo. Empero, la destrucción de todas las reglas era en sí mismo una regla, de manera que el Dadaísmo acabó por autodestruirse al cabo de dos o tres años. Eso sí, dejó una frondosa descendencia, en forma de vanguardias. La más importante de todas las vanguardias de la década de 1.920 fue sin lugar a dudas el Surrealismo. Su nombre en francés viene a significar superrealismo o sobrerrealismo, y se refiere a la idea o intención de retratar la realidad no solamente como un algo objetivo, sino a partir de la subjetividad de los procesos inconscientes de las personas. Contrario a la concepción común del Surrealismo, y por utilizar una expresión bíblica, los surrealistas no se proponían abolir la realidad, sino que venían a darle perfecto cumplimiento, sumándole a la realidad objetiva el conjunto de procesos inconscientes explorados por la Psicología desde finales del siglo XIX. Otros artistas no estaban tan interesados en retratar una realidad con o sin inconsciente, como en demoler el papel del ser humano en ella: entra aquí Franz Kafka, que con La metamorfosis y otros relatos, además de novelas como El castillo y El proceso retrató como nadie el absurdo de la existencia y la falta de propósito o sentido del ser humano en relación con el universo.

Mujer-animal simbiótica, pintura de Salvador Dalí de 1.928. Con este título, Dalí se tomó muy a pecho eso de que el Surrealismo tiene que ver con el inconsciente...

Que el mundo intelectual entero estaba cambiando, no fue óbice para que algunos artistas e intelectuales decidieran hacer lo que muchos artistas e intelectuales pretendidamente serios en realidad disfrutan de hacer: irse de bacanal. París se transformó en el centro del mundo intelectual. Muchos escritores jóvenes de Estados Unidos emigraron allí para darse la vida loca. Fue la llamada Generación Perdida, entre quienes se cuentan Hemingway, Fitzgerald, Eliot, Dos Passos y Remarque. Ernest Hemingway dejó un vívido retrato de esto en su libro póstumo de memorias sobre la época: París era una fiesta.

La ciencia misma experimentó también una serie de transformaciones. En 1.905, Albert Einstein había puesto la Física patas arriba con su Teoría de la Relatividad; en 1.915 la complementó con un añadido en que incluía la gravedad ya no como una fuerza, sino como una distorsión del espacio y del tiempo provocada por la interacción de éstos con la masa de los cuerpos. En paralelo, se producía el desarrollo de la Mecánica Cuántica. Investigaciones sobre la luz revelaron que su partícula constituyente, el fotón, podía ser al mismo tiempo una onda y una partícula; desarrollos posteriores llevaron a la conclusión de que en realidad absolutamente toda la materia está impregnada de dicha dualidad. La dualidad onda-corpúsculo es una característica inherente de todo lo que existe en el universo, y esta idea ayudó a demoler para siempre una serie de asunciones acerca de la objetividad con la que podemos percibir el universo.

La idea einsteniana de que la gravedad en realidad es una curvatura del espacio-tiempo debido al efecto de la masa, cambió la Astrofísica para siempre.

No todo el mundo marchaba al mismo paso, eso sí. En Latinoamérica, por ejemplo, se estaba juntando una masa crítica que iba a llevar a una cierta crisis del modelo oligárquico agrario predominante en el siglo XIX. En Argentina, esto se vio representado por la Presidencia de Hipólito Yrigoyen, que intentó introducir reformas sociales. En Chile esto se vio emblematizado por el triunfo de Arturo Alessandri en la elección presidencial de 1.920, y en la Constitución de 1.925 después, que conservando en líneas fundamentales el régimen de la anterior Constitución de 1.833, introducía eso sí algunos cambios sociales. Pero en ningún país de Latinoamérica las cosas llegaron tan lejos como en México. En 1.910, el Presidente Porfirio Díaz fue reelegido por séptima vez, en lo que todo el mundo sabía que era un fraude electoral abierto. La rebelión subsiguiente fue la llamada Revolución Mexicana. Porfirio Díaz fue enviado al exilio y una serie de líderes porfiristas (el militar Victoriano Huerta o el hacendado Venustiano Carranza) trataron de hacerse con el poder y mantener el régimen con modificaciones, mientras que la defensa del campesinado fue asumida por sendas guerrillas a cargo de Pancho Villa en el norte y Emiliano Zapata en el sur. Al final, la Presidencia de Alvaro Obregón, antiguo subordinado de Venustiano Carranza (asesinado en 1.920) consiguió anular militarmente a las guerrillas, al mismo tiempo que incorporaba algunas reformas de carácter social. Sin embargo, el proceso de la Revolución Mexicana fue paralizado en parte cuando el Partido Revolucionario Institucional, un oxímoron en su propio nombre, se hizo cargo de la situación e instauró lo que se llamó la dictadura perfecta, un verdadero gobierno de partido único disfrazado de democracia, hasta finales del siglo XX.

En Europa, las cosas no iban mejor. El país más perjudicado de todos fue sin lugar a dudas Alemania. El gobierno socialista debió luchar tanto con movimientos ultras de izquierda, los espartaquistas, como con ultras de derecha, los nacionalsocialistas. Después de un abortado golpe, los espartaquistas fueron anulados, mientras que los nacionalsocialistas o nazis fueron contenidos temporalmente después de intentar un torpe golpe de estado en 1.923. Mientras tanto, para pagar las reparaciones de guerra, el gobierno alemán empezó a emitir moneda a lo loco. El resultado fue una de las peores hiperinflaciones de la Historia, una en donde, se dice, los caseros se apresuraban a ir a cobrar la renta en la mañana antes de que el monto de dinero adeudado por renta se hubiera devaluado por la tarde. En los peores momentos de la crisis, cuando ya se emitían billetes de banco por un valor nominal de millones de marcos, la gente en muchos casos volvió al trueque. Finalmente, el gobierno debió emitir el nuevo marco, una moneda que sustituyó a la antigua y remedió en algo la crisis monetaria. Aún así, Alemania seguía siendo un país en ruinas, y le prestaría oídos a cualquiera que halagara el instinto del populacho con promesas populistas. Esto le daría a los nazis una segunda oportunidad, que ya no dejarían escapar.

Para su actuación, los nazis se inspiraron fuertemente en Benito Mussolini, antiguo socialista italiano que aprovechó el descontento de su nación frente a lo poco que habían obtenido de la Primera Guerra Mundial, y la crisis económica, para encabezar un nuevo cuerpo político y paramilitar: los fascistas. Presentándose primero como defensores del pueblo contra los poderosos, y luego aliándose con esos mismos poderosos, Mussolini emprendió en 1.922 una marcha sobre Roma; el golpe de estado fue legitimado por el rey Victor Manuel III, quien llamó a Mussolini para gobernar Italia. Mussolini instauró una férrea dictadura militar reforzada por un enorme aparato propagandístico, que presentaba a los fascistas como la restauración de la antigua grandeza imperial romana. Mussolini llegaría incluso al extremo de fundar Cinecittá, un estudio cinematográfico destinado por el minuto a rodar películas de mensaje patriótico. Una consecuencia colateral de la dictadura mussoliniana fueron los Pactos de Letrán de 1.929, en el cual la Iglesia Católica obtuvo para sí un nuevo país por completo independiente, en el seno de la ciudad de Roma: nació así la actual Ciudad del Vaticano, el estado soberano más pequeño del mundo.

Benito Mussolini, el fascista original.

Aún más al este, estaba Rusia. La Revolución Rusa, entronizada en Octubre de 1.917 y acaudillada por Lenin, afrontaba serios problemas. Pudo detener la guerra con Alemania, pero debía luchar contra una facción rival, los mencheviques, y además detener la escapada centrífuga de numerosos otros territorios. Ucrania se sublevó y dirigió una guerra por su independencia que fue apenas detenida por los rusos. La economía tampoco marchaba bien. Lenin intentó suprimir la moneda para cortar de raíz con el capitalismo, pero ante los pésimos resultados de abolir el único instrumento financiero conocido para equiparar las relaciones comerciales, a regañadientes debió reinstaurarla. Aún así, Lenin consiguió estabilizar a Rusia, ahora proclamada la Unión Soviética. Lenin no concebía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas únicamente como una continuación de Rusia, sino además como una organización política que invitaría eventualmente a todos los otros países de la Tierra a unirse. Huelga decir, las cosas no salieron estrictamente así. Lenin falleció en 1.924 y fue sucedido por Stalin, quien era más partidario de consolidar la Revolución en Rusia primero, antes de exportarla a otros países.

Por el influjo del Comunismo soviético y el Fascismo italiano, las ideas dictatoriales empezaron a propagarse por todas partes. En España, el simpatizante fascista Miguel Primo de Rivera se tomó el poder y creó una dictadura militar que fue derribada en 1.930. En pocos años, países como Polonia, Hungría, Checoslovaquia o Yugoslavia se volvieron regímenes autoritarios. El influjo del fascismo llegó incluso hasta Latinoamérica. Sus mayores representantes fueron Juan Domingo Perón en Argentina, y Getulio Vargas en Brasil. En Chile, ya salido Arturo Alessandri del poder y luego de un breve período de caos político, se instaló el simpatizante fascista Carlos Ibáñez del Campo; su dictadura fue muy breve, de 1.927 a 1.931, ya que fue derribado por la crisis económica de 1.929.

Que todo Wall Street se arrojó por la ventana al estilo lemming después del Crac de 1.929 hubo un mito: alguno debía quedar para reproducirse y propagar la infección. Pero sí hubo suicidios por pérdidas financieras y quiebras.

Esta crisis, llamada con justicia la Gran Depresión, tomó a casi todo el mundo por sorpresa. En realidad era una catástrofe anunciada. Estados Unidos se había vuelto una nación vorazmente consumista, y esto había llevado a una ampliación del mercado del crédito, y a una sobreproducción que no podría mantenerse si la demanda llegaba a caer. El primer síntoma se produjo con el desplome del mercado agrícola en 1.928. Además, la especulación bursátil estaba alcanzando incluso a la gente común, ansiosa de hacerse rica ojalá sin trabajar. Para frenar en algo la especulación, la Reserva Federal inició una política de contracción monetaria. El resultado es que, haciéndose evidente que la fiesta bursátil estaba próxima a terminar, en el llamado Jueves Negro (24 de Octubre de 1.929) la gente se puso a vender como loca, haciendo bajar en efecto el precio de las acciones e incitando a todavía más ventas... haciendo estallar la burbuja económica. La crisis en Estados Unidos se contagió al resto del mundo, y comenzó así la más dantesca recesión del siglo XX, y probablemente la peor de toda la Historia Universal, hasta el momento de escribir estas líneas por lo menos.

Con el Crac del 29, la fiesta se terminó. Y con ella comenzó un nuevo ciclo. Los movimientos populistas cobraron nuevo auge. En medio de todo esto, un antiguo combatiente de la Primera Guerra Mundial adscrito al movimiento nazi, llamado Adolf Hitler, que había participado en el Putsch de 1.923, encontró una nueva oportunidad. Lentamente, el mundo que no deseaba volver a experimentar una nueva Gran Guerra, se precipitaba a las fauces de otra todavía más horrorosa que la anterior: la Segunda Guerra Mundial.

Próxima entrega de GENERACIÓN GM: Horizonte gris.

Adolf Hitler en 1.933: Ya viene, ya llega, en la próxima entrega de Generación GM aparece el principal protagonista de The History Channel.

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