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domingo, 31 de agosto de 2014

Aprendiendo a porrazos: 7 razones por la que la reforma educacional chilena no reformará nada.


Por estos días está candente en Chile el tema de la reforma educacional. Sepultando por el camino el hecho de que la educación chilena sí ha sido reformada varias veces en el último cuarto de siglo... sólo para que todo siga siendo más o menos como siempre. ¿Alguien recuerda el triunfalismo con el cual se saludó la Ley General de Educación, que debía reemplazar a la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, y al final no reemplazó demasiado de nada, por allá por 2.009? ¿O cuando se implementó la reforma de la jornada escolar completa?

En realidad, ninguna de estas reformas atacó puntos substanciales, sin los cuales no habrá forma alguna de que las cosas lleguen a buen puerto. Mientras los señores políticos sigan tratando de parchar lo que no tiene parche, no pasará nada. Por desgracia, está metido en el genoma de los políticos de Chile y de cualquier país, el mantener la inercia de las instituciones tanto como se pueda; después de todo, son esas instituciones gracias a las cuales gobiernan los políticos, de manera que tienden a ser reacios a introducir cambios, cualquier cambio, y por lo tanto, por instinto de conservación, se resistirán todo lo que puedan a los mismos.

A continuación, acá en la Guillermocracia, haremos un diagnóstico de siete puntos que, según parece ser, quedarán como intocados en la reforma educacional, y que conspiran en contra de una educación de calidad. La corrección de los mismos implica una muy seria voluntad política. Pero son indispensables para que Chile tenga por fin algo que pueda ser considerado como educación de calidad.

1.- Se sigue considerando que tener reunidos a 45 alumnos en una sala de clases es una buena idea.

Lo hemos dicho cincuenta millones de veces en la Guillermocracia. Incluso cuando Joaquín Lavín era Ministro de Educación, le hicimos una propuesta por este mismo conducto. Y lo volvemos a repetir. Jamás habrá educación de calidad en Chile mientras las salas de clases sigan compuestas de 40 a 45 alumnos cada una. Es imposible. Un profesor llega a la sala de clases e invierte diez a quince minutos en disciplinarlos, a veces más. En el tiempo restante por delante se supone que haga clases, pase materia, haga ejercicios de grupo, y conteste las dudas. Supongamos que cada alumno tiene una duda particular, y el profesor destina un minuto a resolver cada una. En una hora de 45 minutos se le pasó todo el tiempo para los 45 alumnos. La única salida posible es rebajar la cantidad de alumnos de 40 a 45, a 20. Significa duplicar el número de salas de clases, pero a cambio habrán cursos más manejables, menos desordenados, y además, una mayor cantidad de cupos y plazas para contratar profesores, lo que motivará un alza generalizada de salarios, y con ello, mayor motivación para que entren alumnos de calidad a estudiar Pedagogía y salgan buenos profesores. Frente a eso van a clamar con el mismo argumento de siempre: eso requiere invertir dinero, eso va a costar, habrá que subir los impuestos, la ciudadanía no quiere pagar más por lo mismo... Y son argumentos atendibles... si lo que se quiere es seguir teniendo la misma educación modelo granjas de crianza de pollos que son las salas de clases actuales.

2.- No hay incentivos reales para los profesores.

¿Qué obtiene un profesor hoy en día por perfeccionarse? Casi nada. Un alza salarial, es cierto, pero no excesiva. Para la mayor parte de los profesores sale más rentable quedarse con su cartón universitario y no hacer ni postgrados ni magísteres porque deben pagar esos perfeccionamientos de su bolsillo, invirtiendo tiempo y desvelos en ellos. La calidad del profesorado en Chile es bastante baja, pero por otra parte nunca mejorará si es que no se les proporcionan incentivos para mejorar. Súmesele que un profesor hoy por hoy, para ganar un salario decente, debe hacer un mínimo de 40 horas pedagógicas de clases, destinar tiempo adicional a corregir las pruebas y hacer las planificaciones en su casa, de su propio tiempo y su propio bolsillo porque esas actividades ni se consideran en la planificación ni se remuneran, y además de todo eso destinar algo de tiempo al o a la cónyuge y a los hijos; es decir, es la receta segura para fabricar una generación entera de profesores diciendo al diablo, mejor me quedo en donde estoy. Y por supuesto, siendo tan bajo el nivel de remuneraciones de los profesores, cualquier profesor con demasiados títulos y diplomados se transforma en un sobrecalificado. Y se pone peor: si ese es el panorama económico de un profesor, no es raro que los mejores traten de escaparse de las salas de clases y estudiar otra carrera, o bien girarse hacia la investigación académica, cuando la lógica indica que una buena calidad de enseñanza implica que los mejores profesores se queden en el salón de clases, haciendo clases. Una política de mejoramiento de la calidad de los profesores implica por fuerza mejorar los incentivos económicos que éstos tengan para estudiar Pedagogía primero, perfeccionarse después, y quedarse en el salón de clases al último. Lo contrario implica seguir preparando a pedagogos para regalárselos a cualquier actividad que no tenga que ver con formar alumnos.

3.- Economía y Educación Cívica son los parientes pobres de la malla curricular.

Hoy por hoy, la situación de la Economía y la Educación Cívica es bastante desmedrada en el currículum. En puridad, Economía como tal está incluido apenas en Primero Medio, en un minibloque dentro de Historia y Geografía, y Educación Cívica bajo la denominación de Formación Ciudadana se encuentra también inyectado dentro de Historia y Geografía, de manera difusa a lo largo de todo el programa educativo. Puede parecer que no es demasiada pérdida, considerando que después de todo, son apenas dos asignaturas adicionales en el programa, y ya los chicos están demasiado ocupados aprendiendo lo que pueden de Biología, Lenguaje, Matemáticas, y que el Inglés lo aprendan por su cuenta leyendo artículos otakus en Internet. El problema es que tanto la Economía como la Educación Cívica son las piedras basales sobre las cuáles se construye la sociedad. Un alumno que no tiene idea de cómo funciona la economía ni tiene idea de cuáles son las instituciones que rigen a su país, es un alumno incapaz de funcionar adecuadamente en democracia. Será un alumno sin ninguna noción de responsabilidad personal, que llegue a la universidad y se transforme en un técnico en lo que sea que estudie, no en un verdadero profesional, y después saldrá a ser un lemming tratando de ganar dinero y sobreviviendo en el día a día. Es decir, la clase de profesionales que valora más tener el automóvil del año que ir a votar sobre quién gobernará o legislará durante el siguiente cuatrienio. O peor aún, gente sobreendeudada que no entiende cómo funciona un crédito, o no tiene idea de lo que está en juego a la hora de implementar una reforma tributaria. Simplemente no se puede seguir manteniendo ambas materias como apéndices de Historia y Geografía, so pretexto de que se relacionan y son más o menos lo mismo; aunque hay conexiones con la Historia y la Geografía, tanto la Economía como la Educación Cívica son disciplinas autónomas por derecho propio, y de esta manera deberían dignificarse como ramos particulares en los programas educacionales. Así, una reforma educacional en forma debería incluir, a lo menos en Enseñanza Media, y como ramos obligatorios, un curso de Economía y otro de Educación Cívica. Esa es la diferencia entre tener un fulano sobreendeudado o un futuro John Maynard Keynes. O la diferencia entre tener un picapleitos o un futuro Andrés Bello.

4.- Los padres siguen creyendo que la educación hay que descargársela a los colegios.

Hoy en día, debido a la cultura individualista en que vivimos, nadie quiere esforzarse demasiado. Después de todo, para tener éxito en Chile, es más rentable aparentar esforzarse, que esforzarse de verdad. Entonces, si es posible que otro se haga cargo de la tarea de uno, tanto mejor. Antiguamente, la crianza de los hijos se tomaba a pecho. Pasándose un tanto a veces, porque no creo que nadie con un par de neuronas funcionales en la cabeza, en el siglo XXI, defienda los correazos como método de enseñanza. Pero la gente al menos aprendía a comportarse. En cambio hoy en día, en medio de la carrera de ratas en donde sólo vales según lo que tienes, la gente se mata trabajando, y lava su conciencia culpable comprándole un gran regalo de Navidad a los chicos a fin de años, para hacerse amar. Pero castigar a un niño implica que el niño lo dejará de amar. Y es aquí en donde entra el colegio. Que la disciplina se la enseñen los profesores. Que en el colegio sea en donde los chicos aprendan convivencia y respeto. El padre no se asume como ejemplo, y de esta manera espera ser prepotente y atropellador, y aún así, cuando el chico sale igual por imitación, el colegio es el que tiene la culpa. Los niños tienen derechos y esos derechos deben ser respetados, eso es muy cierto, pero también tienen deberes; y los padres son los primeros que deben inculcárselos. Y más que con las palabras, con el ejemplo.

5.- Los padres creen que están pagando porque al chico le pongan buena nota.

Una de las consecuencias más nefastas de la mercantilización de la educación, es la idea de que lo que se paga es la buena nota. El argumento es más o menos como sigue: Estoy pagando porque mi chico salga de Cuarto Medio, o alternativamente, Estoy pagando porque mi chico tenga un título técnico o profesional, y por lo tanto, si no lo aprueban en todos sus ramos a la primera, entonces el establecimiento educacional es un estafador que debería devolver el dinero. Frente a eso, debemos entender una diferencia jurídica fundamental. Existen las obligaciones de medios, y las obligaciones de resultados. Una obligación de resultado es la que compele a dicho resultado; una obligación de medios sólo compromete a proporcionar los medios para alcanzar el resultado. Si usted va al médico, usted no paga porque el médico lo cure sí o sí; lo que usted paga, es que el médico utilice todo su conocimiento y recursos para hacer lo razonable para salvarle la vida. Puede parecer que no hay mucha diferencia, pero la hay, ya que a veces, salvar la vida de un paciente es imposible por una u otra razón: la enfermedad es incurable, el tratamiento es experimental, hay complicaciones que ningún médico podía razonablemente prever... Es decir, la obligación del médico es de medios, aplicar la praxis profesional, y no de resultados, es decir, la salud completa e íntegra del paciente. Con el establecimiento educacional pasa lo mismo: proporcionar educación es una obligación de medios. Si el alumno es tonto, flojo, o sus padres no lo ayudan en la casa dentro de la medida en que cabe ayudarlo, entonces el colegio no es responsable, por mucho que le paguen. A este respecto, parafraseando el viejo adagio de cierta universidad española, podríamos decir que lo que el alumno non face, Salamanca non reemplaza.

6.- La libertad de enseñanza ha degenerado en anarquía de selección por exámenes y aranceles.

Uno de los puntales del moderno sistema educativo es la noción de libertad de enseñanza. Esta se basa en dos libertades: la de los padres para elegir el proyecto educacional de sus hijos, y la de los establecimientos educacionales para impartir un proyecto educacional propio. Lo que está bien, a lo menos en principio. Pero con limitaciones. Siempre el exceso de libertad lleva a la anarquía, y la anarquía lleva a la ley del más fuerte. Y en el caso chileno lo que existe es justamente anarquía. El más fuerte en este caso es el proyecto educativo. Todos aspiran a que el chico vaya al mejor establecimiento educacional, y este juego de oferta y demanda le entrega poder de mercado a los establecimientos con mejor reputación, los cuales por lo tanto pueden darse el lujo de segregar. Los medios de segregación son básicamente dos: por un lado, el cobro completamente discrecional de aranceles, que llevados al alza permite que se inscriban sólo los alumnos más elitistas, y por el otro los exámenes de admisión a través de los cuales entran al proyecto educativo sólo quienes aprueban. Por lo tanto, los mejores colegios eligen a alumnos de alto nivel que tienen un poderoso respaldo económico de sus familias, en forma de viajes particulares, acceso a Internet, etcétera, y eligen también a los alumnos de mejor rendimiento académico, reforzando así al colegio y manteniéndolo en una posición privilegiada dentro del mercado de los colegios. Luego vienen los establecimientos buenos sin ser excelentes, a los cuales llegan los alumnos buenos sin ser excelentes (porque los excelentes fueron al mejor establecimiento), y así sigue para abajo el chorreo, con los establecimientos mediocres a donde van los alumnos mediocres, y finalmente los establecimientos sin ningún nivel, a donde van los alumnos sin ningún nivel. Es decir, el sistema de libertad absoluta de enseñanza potencia una estratificación de alumnos en donde los que tienen un buen punto de partida (por aranceles y por exámenes) lo tienen todo para despegar en compañía de otros iguales, los que tienen un punto de partida mediocre lo tendrán más difícil, y los que tienen un pésimo punto de partida no llegarán a ninguna parte. Adivine usted quiénes van a los establecimientos públicos, que son gratuitos. Además, si la gente de un mismo nivel socioeconómico envía a los alumnos a los mismos colegios, entonces las redes sociales que se generen, adoptarán la misma forma de estratificada, en donde cada uno se relaciona sólo con sus pares, aislándose en una burbuja personal que le impida ver las otras realidades de otros miembros de la sociedad como un todo. Permitir un sistema de aranceles y de exámenes no tiene por qué ser algo negativo por sí mismo, ya que eso asegura la creación de proyectos educativos diferentes y potencia la variedad de pensamiento en la sociedad, pero con límites: la libertad absoluta de enseñanza termina por destruir la movilidad social, un rasgo que es deseable en cualquier sociedad que aspire a mantener un nivel interno de competitividad, que al final del día es la clave para el éxito económico.

7.- No hay la más mínima intención de controlar los contenidos de la televisión.

No importa lo que los colegios enseñen como contenidos. No importa lo que la familia intente transmitir en cuanto valores. Al final del día, la principal influencia en los chicos sigue siendo la televisión. Con la competencia de Internet, por supuesto, pero la televisión sigue teniendo un lugar predominante. Y lo que se puede ver en televisión no son artistas creando bellezas, científicos investigando el mundo (salvo, excepción notable, Cosmos en su versión 2.014), viajeros mostrando el mundo, etcétera. Lo que más se ve es farándula, o sea, futbolistas y modelos siliconizadas. Muchos de ellos ganan por partido o por evento, una remuneración igual o superior al salario mensual de un profesor. Los niños no son tontos: si ven que pateando una pelota o mostrándose en bikini (o sin él) en televisión ganan más dinero que siendo profesionales, no van a poner ningún esfuerzo en estudiar. Irónicamente, al tomar la decisión de privilegiar la pelota o las siliconas en vez del estudio, esos chicos están tomando una decisión de libre mercado. La defensa clásica en esta materia es que los canales de televisión deben autofinanciarse, y al último eso es lo que la gente quiere ver. De acuerdo con eso, pero esto nos lleva a un problema similar al que veíamos en el punto anterior: el exceso de libertad lleva a la anarquía. Y lo que tenemos hoy en día en materia de contenidos televisivos no es libertad, sino anarquía. Si queremos formar buenos estudiantes, los canales de televisión deben también colaborar y hacerse responsables, y emitir contenidos con un nivel educacional mínimo. Por supuesto que la audiencia bajará y los niños puede que se vuelquen a otros contenidos, o incluso quizás vuelvan a salir a jugar al patio y hacer un poco de ejercicio al aire libre, lo que no tiene por qué ser negativo. Y poniendo un poco de optimismo, ¿por qué al menos una parte de la audiencia infantil no iba a interesarse por la Historia, la Biología o la Astronomía, por ejemplo, si es que tienen por delante un programa televisivo bien hecho? Niños interesados en temas científicos son futuros profesionales motivados y brillantes, creando así el capital humano necesario para que una sociedad prospere y crezca, después de todo. En definitiva, una programación televisiva con mayor contenido educacional, a la vuelta de un par de décadas, puede hacer mucho más por la cacareada inversión y desarrollo que asignar fondos para proyectos de investigación actuales.

4 comentarios:

Luis Valenzuela M. dijo...

Como siempre muy interesante la nota. Me gustaría hacerte dos preguntas respecto a la educación en Chile. Lo ignoro a ciencia cierta pero esto me lo han dicho ya varias veces ¿Es verdad que en Chile no hay educación superior gratuita y que prácticamente toda universidad es privada? y por último ¿Si en Chile hay varios problemas con el sistema educativo porque al mismo tiempo es un país en buena condición económica?

Gracias por responder.
Sigue así.

Guillermo Ríos dijo...

Ah, caray, esto va a ser largo... En fin.

Lo primero. En efecto, no hay educación superior gratuita en Chile. Existen las universidades públicas, que en realidad son las sucesoras de la desmembración de las antiguas sedes de la Universidad de Chile que se produjo durante cierto gobierno militar de fecha reciente: la sede Valparaíso pasó a ser la actual Universidad de Valparaíso, la sede Concepción la actual Universidad de Concepción, etcétera. Luego existen las universidades un poco aquí y un poco allá, que siendo privadas, se supone que son como fundaciones y se las considera en la mentalidad común como públicas, como es el caso de las controladas por la Iglesia Católica: la Universidad Católica de Chile, la Universidad Católica de Valparaíso, etcétera. Y finalmente están las netamente privadas (Universidad Andrés Bello, Universidad Diego Portales, etcétera). Pero todas, absolutamente todas, son de pago. La única manera de ir gratis a la universidad es sacarse una beca completa, y primero es ya difícil sacarse una beca, y segundo casi todas las becas que se entregan son parciales para que rindan entre más alumnos.

Respecto de la condición económica... es cuestión de opiniones. Si se mira el PIB y los indicadores macroeconómicos en general, por supuesto que Chile es la niña bonita de Latinoamérica. Pero por otra parte, los niveles de desigualdad económica en Chile aseguran que dichos indicadores beneficien principalmente a un grupo minoritario de chilenos. El resto se beneficia de que la concentración económica de supermercados y retail hace disminuir el precio de los productos, y también de un acceso relativamente sencillo al crédito, pero al precio de una mayor precarización laboral no sólo entre los trabajos de baja calificación, sino incluso entre los jóvenes profesionales que hoy en día ya no están bajo contrato de trabajo sino que son profesionales a contrata, a honorarios, y por lo tanto no están cubiertos por las prestaciones adicionales que sí cubren a los trabajadores. Súmese a eso la baja sindicalización y el bajo poder de negociación colectiva promovido por el actual Código del Trabajo, el hecho de que el ahorro previsional sea individual y forzoso por ley en las llamadas cuentas de capitalización individual en vez de un sistema de reparto, que para muchos sea posible acceder a la educación universitaria únicamente vía endeudarse con un crédito, que el el sistema tributario chileno esté lleno de mecanismos por los cuales las grandes empresas pueden descontarse impuestos, y tenemos un país mucho menos glamoroso del que se pretende presentar en los simposios internacionales.

Gracias por las felicitaciones, y estamos trabajando para seguir así.

Martín dijo...

Antes del comentario más "sesudo", me permito hacer una aclaración:
En Concepción nunca hubo una sede de la Universidad de Chile, porque ya existía la Universidad de Concepción (que viene a ser el equivalente masón de las Universidades Católicas). Lo que sí existía era una sede de la Universidad Técnica del Estado, que se convirtió en la Universidad del Bío Bío.

Guillermo Ríos dijo...

Ups... Veo que en ese punto estaba en un error. Gracias por la aclaración.

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