miércoles, 30 de julio de 2014

Otra columna en el edificio: La Guillermocracia cumple cuatro años.

El Neva a través de las columnas de la Bolsa. Pintura de 1.908 por Anna Ostroumova-Lebedeva.
Y así como nada, hace un poquito más que anteayer estábamos celebrando el tercer aniversario de la Guillermocracia, y ya estamos en el cuarto. Nos ufanábamos de nuestros cerca de 300 posteos, y ahora ya vamos cerca de los 400. Sacando cuentas, es lo que se obtiene de publicar aproximadamente dos posteos a la semana, durante el algo más de medio centenar de semanas que tiene un año. Iniciar un blog es fácil, mantenerlo con dificultad ya es más complicado, y hacerlo vivir durante cuatro años sin que desfallezca, sin que decaiga el nivel, y manteniéndolo siempre fresco, es un desafío completo. Pero, desde el 30 de Julio de 2.010, la Guillermocracia... lo ha logrado.

No es pecar de falta de modestia argumentar que la Guillermocracia está más consolidada que nunca, como un blog con una personalidad propia, marcada y distintiva. Podemos predicar con orgullo que ser lector de la Guillermocracia no es sólo simplemente ser un lector de blogs; es también la experiencia de participar como ciudadano de un país virtual con valores y principios superiores al resto de la sociedad, basados en la dignidad, el respeto al valor de las personas, y el amor y el aprecio por la cultura no como algo encerrado en una torre de marfil para estudio de intelectuales pedantes, sino como algo que integra de lleno nuestra vida cotidiana, a veces de las maneras más insospechadas posibles.

Quizás es por eso que para mí, el Padre de la Guillermocracia, el Día Nacional de la Guillermocracia se sienta un cumpleaños más propio incluso que el cumpleaños que me corresponde en términos biológicos, el que aparece en el carnet de identidad. (Y que no revelaré por este medio, no pierdan el tiempo preguntando). Después de todo, la estructura biológica en la que vivo son sólo los cimientos de la mente que construye la Guillermocracia, y no es difícil determinar cuál de las dos, si el cuerpo o la mente, influye más en sus lectores. Dicho esto sin ponerse tan catastrofistas como esas visiones medievales de que el cuerpo es la cárcel del alma y otras monsergas, pero al cuerpo lo que es del cuerpo, y a la mente lo que es de la mente. Hoy en día, son las mentes de Albert Einstein, de Maquiavelo o de Homero, los que nos vienen hablando a través de las décadas, siglos e incluso milenios, mientras sus cuerpos hace rato que yacen en el polvo, y en no pocos casos, son tan desconocidos que ni siquiera sabemos cómo eran sus rostros.

Volviendo a las falsas modestias, probablemente no sea exageración comentar que algunos de los mejores posteos de la Guillermocracia, han sido publicados durante la primera mitad de 2.014. En materia de Ciencia Ficción está el Tributo al doctor McCoy, todavía otro posteo más sobre Star Trek de los varios que hemos publicado; los fanáticos de Star Wars, que no desfallezcan, ya que para la segunda mitad de 2.014 viene algo para ellos. También está Macross: Una parodia en el espacio, que parece haber abierto toda una nueva manera de ver Robotech para los fanáticos de la franquicia. Relacionado con el cine, está Cinco películas que se meten la ley en el bolsillo, acerca de las patadas y brutalidades varias que Hollywood perpetra en contra de los códigos y principios legales que rigen a una sociedad democrática y civilizada. Por su parte, en lo que parece que va a ser una tradición de la Guillermocracia, el Día de los Enamorados fue festejado con otro posteo antirromántico más, en concreto 12 horripilantes mitos románticos y sexuales griegos, que después de unos comienzos bastante discretos, se fue consolidando como otro permanente en el ranking de los posteos más leídos de la Guillermocracia. Y cómo dejar en el olvido el festijo y sarcástico Cinco razones para NO tener un blog. Está también uno de mis favoritos de toda la Guillermocracia, el cáustico Sea mala persona: Piense positivo, escrito de manera directa contra toda la mentalidad de tipo si quieres algo con todas tus fuerzas, el universo entero conspirará contigo para lograrlo. Y en lo político, en fin, siento un orgullo especial por Democracia y mala clase, material de lectura obligatorio para cualquiera que quiera opinar sobre sistemas electorales, la democracia, la clase política, etcétera.

Y mención aparte y especial merece La Guillermocracia: Ningún país es una isla. Este posteo, escrito un poco a partir del casi apocalipsis que experimentó por motivos personales El Cuchitril de Cidroq, y que por suerte para nosotros los lectores no llegó a ser, acabó transformándose en una especie de reflexión acerca de lo que significa bloguear. ¿Blogueamos para nosotros mismos, o blogueamos para los demás? ¿Qué nos lleva en última instancia a ser blogueros? Y que, según el nunca bien ponderado Elwin Alvarez Fuentes, es casi una declaración de intenciones o un manifiesto de la Guillermocracia. Es muy posible. Como otras cosas en la vida, a veces lo mejor de lo mejor sale desde lo espontáneo o impensado, en vez de aquello que se planifica de manera prolija y laboriosa.

Una tendencia que parece haber llegado en 2.014 a la Guillermocracia para quedarse, es la de los posteos serializados. Estos no eran nuevos, pero en este año es cuando se han convertido en cerca de la mitad de todo lo que se publica en la Guillermocracia. En buena medida, debido a que este año hemos abordado varios temas con una profundidad que exigía compartimentarlos en varias entregas; en otros casos, simplemente porque lo que estaba destinado a ser un posteo individual resultó demasiado largo. Puede resultar fastidioso para un lector el quedarse interrumpido a mitad de camino de un posteo interesante, pero admitámoslo, vivimos en la era de la notita de Facebook, del tumbleo de Tumblr o de los 140 de Twitter, de manera que el grueso de la gente no se va a leer un tostón tan largo. Supuesto de que lean en lo absoluto. Que por algo la educación está cada vez peor, la gente cada vez más descerebrada, y los que pagan por colegiales y universitarios parecen pensar que la calificación de aprobado va incorporado entre las contraprestaciones de la matrícula, sin que importe si el chico tiene muñones para el teclado.

Pero volviendo a los posteos serializados. Entre las series de los mismos están Cinco trucos para pagar menos impuestos en Chile, que según las estadísticas de Google parecen ser bastante consultados, ahora que Chile está debatiendo si va a tener una reforma tributaria en forma, o apenas una reformilla tributarita así de nada. O las cuatro partes de Grunge: Auge y caída, seguramente la mejor serie de posteos sobre la música Grunge que vas a encontrar en cualquier blog en castellano. Y aprovechando el regreso de Jack Bauer a la televisión, tenemos todavía otra serie de varios posteos sobre 24. Sumando además el tradicional El Tiempo Pasa, ahora en su versión 2.014. Y al momento de cumplir cuatro años, la Guillermocracia se encuentra enfrascada en la publicación de todavía otras dos series más: la épica Synth80s, sobre la música electrónica de la década que acaba de pasar de moda, y que durará hasta Diciembre, y Generación GM, que salvo novedades, acaba ahora en Agosto.

Y hablando de esos posteos que acabaron siendo demasiado largos y los dividimos en dos partes, podemos enorgullecernos de Enrique II de Inglaterra: El hombre que gobernó desde Escocia hasta los Pirineos (y su parte 2), Fredegunda versus Brunequilda: Un juego de tronos franco (y su parte 2), 10 chistes de "Los Simpsons" que perdieron la gracia (y su parte 2) y "Reportera del crimen": Señora gafe investigando (y su parte 2).

También introdujimos una importante modificación a la Guillermocracia, racionalizando un poco el índice de artículos seriados, y enviando el índice completo, tanto de las Crónicas Antrópicas como de las Crónicas CienciaFiccionísticas, a un índice particular, debido a su extensión.

Y queremos terminar el año 2.014 realmente a lo grande. Para eso, vamos a cumplir la promesa hasta el minuto tantas veces postergada, que hiciéramos ya desde el año pasado. Aprovechando que este 2.014 el más icónico de los superhéroes de la oscuridad cumplió 75 años, vamos a publicar la serie de artículos que, igual que nuestro clásico Superman 75 años, titularemos Batman 75 años. Lo haremos a partir de Septiembre, cuando termine la actual serie Generación GM, y lo haremos más o menos a la misma velocidad, o sea, un posteo nuevo cada dos semanas, el primer y el tercer domingo de cada mes; el segundo queda, como lo hemos hecho a lo largo de este 2.014, para Synth80s. De manera que, salvo imponderables, el calendario queda así:

  • 7 de Septiembre - Batman 75 años (entrega 1).
  • 14 de Septiembre - Synth80s - 1.987.
  • 21 de Septiembre - Batman 75 años (entrega 2).
  • 5 de Octubre - Batman 75 años (entrega 3).
  • 12 de Octubre - Synth80s - 1.988.
  • 19 de Octubre - Batman 75 años (entrega 4).
  • 2 de Noviembre - Batman 75 años (entrega 5).
  • 9 de Noviembre - Synth80s - 1.989.
  • 16 de Noviembre - Batman 75 años (entrega 6).
  • 14 de Diciembre - Synth80s - 1.990.

Esperamos que con esta noticia, los lectores de la Guillermocracia estén contentos y animosos para comenzar a despedir el año 2.014. Quedan cordialmente invitados a seguir leyéndonos, como es la costumbre, y nos vemos a lo largo de la segunda mitad del año.

Haciendo columnas para la Torre de Babel. Pintura de 1.933 por Stanley Spencer.

domingo, 27 de julio de 2014

Cosmos versión 2.014: La ciencia regresa a la televisión.

En los últimos años, el conocimiento científico la está viviendo cruda para sobrevivir. Tenemos más acceso al conocimiento que nunca antes en la Historia de la Humanidad, pero por otra parte, una serie de factores han retrasado lo que en definitiva debería ser el siguiente salto hacia adelante de la civilización humana. Un grueso de la Humanidad tiene acceso a Internet, pero lo que Internet ofrece es conocimiento bruto, no cultura. La diferencia entre ambas es la misma que existe entre un lingote de cobre, y ese mismo cobre aplicado en un circuito integrado. Una persona conectada a Internet puede aprender mucho sobre el origen del universo, los secretos de la evolución de las especies, o el funcionamiento de la sociedad como un todo. Pero lo mismo que puede acceder a nuestro muy científico e instructivo posteo acerca de los Siete mitos sobre la Teoría de la Evolución que publicamos en la Guillermocracia, puede también acabar en un sitio creacionista que le enseñe que Charles Darwin era muy tonto y muy malvado. Peor aún: la gente, al aplicar criterio selectivo, tiende a privilegiar sus propias filias y fobias. De esta manera, el fanático sectario enemigo de la ciencia va a navegar por páginas de Internet que sean contrarias a la racionalidad y el empirismo, dejando así el conocimiento científico sólo para quienes ya se han interesado en la ciencia en primer lugar. La cuestión precedente no es para tomársela a broma. Una docena de naciones en el mundo disponen hoy por hoy del arma nuclear, y son democracias en donde los votantes eligen al Presidente que tendrá el dedo sobre el botón. Si los votantes son zafios e ignorantes, entonces pueden poner a un fanático fundamentalista que le importe un rábano lanzar ataques militares sobre infieles que consideran blasfemia comer carne de cerdo. Defender el conocimiento científico es, hoy por hoy, no sólo un tema de cuánta libertad de expresión queramos o cuánto queremos que los sacerdotes se metan en nuestra vida sexual; más allá de eso, es un asunto de supervivencia para la raza humana como un todo.

La mítica serie Cosmos de 1.980, producida y presentada por el legendario Carl Sagan, intentó darle un poco la vuelta a este problema. En la época, el principal problema del mundo era la pugna entre dos superpotencias encantadas de conocerse a sí mismas, usando armas nucleares para chantajear y mantener de rehenes a toda la Humanidad en su lucha por apoderarse de la totalidad del tablero. Cosmos fue una serie única, incluso dentro de las series científicas. A lo largo de sus trece capítulos, explicó en términos sencillos y cotidianos una serie de problemas científicos bastante complejos, sobre los cuales había mucho menos información que ahora, porque todo era material de enciclopedias desactualizadas, e Internet no existía. Y no sólo eso. También defendió a capa y espada, con ejemplos históricos, la importancia que ha tenido el conocimiento científico para el desarrollo de las civilizaciones, y para mejorar nuestro estándar de vida. Combatió seudociencias como la Astrología o los raptos de extraterrestres. Y pintó un panorama dantesco de cuál iba a ser nuestro futuro como especie, si es que llegaba a haberlo, en caso de lanzarnos a una guerra nuclear total. Al día de hoy, Cosmos sigue siendo una de las más excelsas series científicas jamás producidas, si es que no la mejor.

Hacer un remake de Cosmos era por lo tanto una empresa difícil. Por un lado, era una serie muy anclada en su tiempo, en muchos aspectos. La ciencia sigue siendo la misma, pero la extensa narrativa dedicada a cosas en esa época recientes y novedosas como la sonda Viking o el proyecto Voyager, la han hecho perder algo de frescura para un público que tres décadas después, y con razón, ve esos hitos como importantes, pero ya pasados. Por otro lado, en su defensa apasionada del valor de la ciencia para nuestro mundo, Cosmos sigue resonando con plena actualidad. Además, el mismo Carl Sagan ya no estaba entre nosotros para crear una continuación de su proyecto. Y por otra parte, ¿qué falta hacía de volver a intentarlo? ¿Acaso no tenemos mucho más acceso a la cultura hoy en día que en 1.980, no sería redundante tener una serie sobre cosas de las que podemos enterarnos por Internet? Y si el proyecto salía mal, ¿no implicaba manchar el buen nombre y reputación de Cosmos de 1.980?

Neil deGrasse Tyson en la versión 2.014 del Calendario Cósmico.
Sea como fuere, en 2.014 vimos el estreno de los trece episodios que conforman Cosmos: A Spacetime Odyssey. Y después de verlos, nuestra valoración no puede ser otra sino francamente positiva. Porque Cosmos: A Spacetime Odyssey no es otra serie científica más. Es una serie científica que además tiene un fuerte contenido humanista, y actualiza muchos de los tópicos y problemas que planteó la serie original. Hoy en día, la bestia negra de nuestra civilización no es tanto la guerra nuclear como el colapso medioambiental que se antoja casi seguro, y la serie se deja caer en picada sobre el problema. Asimismo como sobre la proliferación de la pseudociencia, y el auge que han tenido los creacionistas en los últimos años, en particular desde la Presidencia de George W. Bush.

Los primeros episodios repiten más o menos algunos conceptos básicos de la serie original. Standing Up in the Milky Way es en muchos aspectos un remake de En las orillas del océano cósmico, ambos los respectivos primeros episodios de la serie, mientras que los episodios segundos versan ambos sobre la herencia genética, la selección natural como mecanismo evolutivo, y de cómo ambos factores combinados han creado la gran riqueza de la vida sobre la Tierra. Para quien vio Cosmos en 1.980, son los capítulos menos interesantes, y no demasiado novedosos, y para quien no haya visto la serie original, pero esté curtido en documentales científicos, pueden parecer algo básicos. Pero son episodios necesarios. Para el lego que sintonice la serie por casualidad, siendo un pobre paleto que nunca se ha preocupado por la naturaleza científica del universo, entrar de inmediato en honduras es la manera más segura de espantarlo. Si están curtidos en ciencia y encuentran los dos primeros episodios algo básicos, no se preocupen; son sólo las bases de lo que vendrá, que eleva el nivel muy por encima de la educación para párvulos.

El tercer episodio es realmente brillante, y es en donde la serie echa por fin toda la artillería a la batalla. Refiere cómo los seres humanos interpretaron los cielos buscando patrones en los mismos y dibujando las constelaciones; luego aborda la historia de cómo Edmond Halley aplicó la Teoría de la Gravedad para predecir la órbita del Cometa Halley. El capítulo contiene una maravillosa refutación de las pseudociencias que siembran el terror y el miedo, al poner énfasis que la ciencia por primera vez batió a los profetas del desastre en su propio juego, prediciendo el futuro de una manera incluso más exacta y acertada. Es una de las mejores defensas del valor que tiene la ciencia contra el oscurantismo y la superstición que hemos visto en la televisión jamás, y algo muy necesario en medio de tanto fanático tronando desde el púlpito contra los científicos que se atreven a cuestionar las verdades sagradas que a ellos se les antojan sagradas, y que por supuesto siempre les convienen.

La Nave de la Imaginación explora el ADN.
Los siguientes episodios se apartan temáticamente en buena medida de la serie original. Mientras que Cosmos de 1.980 dedicó un vasto desarrollo a la investigación planetaria de nuestro Sistema Solar, Cosmos de 2.014 prefirió saltarse el grueso de esa parte, e ir a temas con un poco más de carne para el contexto actual. En concreto, a la exploración de las diversas fuerzas que componen y controlan la materia, el verdadero hilo conductor del grueso de los capítulos centrales de la serie. A través de ellos vemos a los átomos, la investigación de fuerzas tales como el electromagnetismo o de energías como la luz, con algunos lances hacia el pasado. Dedica un episodio a la tectónica de placas (el noveno, The Lost Worlds of Planet Earth) y otro para apalear a los ignorantes que todavía no se convencen de que el calentamiento global está a punto de arrojarnos de cabeza al desastre ecológico más grande desde la extinción de los dinosaurios (el decimosegundo, The World Set Free). El último episodio termina con una nota algo distinta. Si el de Cosmos en versión 1.980 terminaba con cautela, advirtiendo de los peligros de atentar contra el conocimiento científico con una vívida y tétrica descripción de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría a manos de fanáticos cristianos, esta versión hace hincapié en los aspectos positivos de la investigación científica, utilizando la materia oscura y la energía oscura como ejemplos de que la ciencia no lo sabe todo, que no hay vergüenza en la ignorancia si se hace un esfuerzo serio y racional por averiguar la verdad del universo, y que nuestra labor y misión es seguir investigando porque el destino de la Humanidad misma depende de ello.

La serie no es estrictamente antirreligiosa, pero a diferencia de otros documentales que buscan permanecer neutros en la materia para no comprometerse con su audiencia, en el mal entendido de que creer en ciertos dogmas crearía un privilegio para no ser cuestionado por ellos, Cosmos de 2.014 no tiene miedo de quemarse en la lucha, desmontando en varios capítulos, los argumentos reiterados por el fundamentalismo religioso. Uno particularmente brillante se produce en el episodio segundo, cuando dedica cerca de diez minutos a refutar el manido argumento de que "el ojo es una estructura tan compleja que no pudo haber sido creado por evolución, debió ser creado por una Inteligencia Superior"; frente al mismo, explica con toda claridad y detalle la manera en que la evolución efectivamente creó el ojo desde la nada, y a través de una serie de lentos y laboriosos pasos. Incluso se permite una nota irónica al apuntar que nuestro ojo no es perfecto porque evolucionó desde uno diseñado para ver bajo el agua, y que por lo tanto, funcionando nuestro ojo en el aire, nuestra visión terminó siendo más defectuosa de la que cabría esperar de un diseñador perfecto. Notas más sutiles, pero bien presentes, se insertan aquí y allá. Así, en un episodio se nos describe la brutal masacre de eruditos chinos durante la fundación de la actual China en el siglo III a.C. como un ejemplo de la barbarie que significa sacrificar la ciencia a los intereses políticos, o en el episodio final se reflexiona acerca de cómo la ciencia alejandrina, al pertenecer sólo a una élite, resultó así demasiado frágil para contender contra la superstición fanática.

Otro punto a favor de esta serie, es presentar situaciones o hechos científicos no del todo conocidos, o al menos, no más allá del ámbito de las batas, matraces, medidores y laboratorios. Se extiende en detalle sobre la diferencia entre una supernova y una hipernova, por ejemplo. Habla de los neutrinos. Trata sin miedo las relaciones que existen entre el electromagnetismo y la luz. Menciona catástrofes ecológicas y extinciones masivas que no son la muerte de los dinosaurios, la más representada en documentales por el gancho vendedor de tener dinosaurios y un impacto asteroidal, pero que de ninguna manera es la única. Se refiere en un capítulo al meteorito Nakhla, que golpeó Egipto en 1.911. Menciona proyectos abortados del siglo XIX e inicios del XX para aprovechar la energía solar, abortados por el crecimiento voraz de la industria petrolera. Y etcétera.

Alhacén, el sabio musulmán del siglo XI, según Cosmos: A Spacetime Odyssey.
Un aspecto muy interesante de la serie, es la extensísima reivindicación que hace de la inteligencia científica a lo largo de la Historia. La serie está rodada con Neil deGrasse Tyson frente a un montón de pantallas verdes sobre las que se sobreimprime el CGI, pero las secuencias históricas en sí, son todas recreadas con bellas animaciones que combinan personajes en 2D, sobre fondos en distintos planos que crean una cierta sensación de profundidad. Es un plus que los personajes elegidos para la fama no son los más típicos que uno esperaría, no son el elenco estándar que el común de la gente estudia en el colegio. Pudiendo enfocarse en Isaac Newton, prefiere enfocarse en Edmond Halley, por ejemplo. Otros presentados a través de este sistema son Giordano Bruno y su cuestionamiento de la verdad religiosa (por la que pagó con la hoguera), William Herschel, Demócrito, Clair Patterson (el hombre que no solamente descubrió la edad de la Tierra, sino que tuvo el enorme valor de ir contra grandes megacorporaciones que casi destrozaron su reputación, en una batalla para eliminar la gasolina con plomo), las Hermanas del Sol (un grupo de astrónomas mujeres injustamente relegadas a un segundo plano en los libros de Historia de la Ciencia), Marie Tharp la científica que puso evidencia sobre la mesa acerca de la tectónica de placas, la princesa acadia Enheduanna que es también la primera literata conocida en la Historia Universal... Como puede apreciarse, la serie hace también fuertes intentos para evitar la idea de que la ciencia es asunto exclusivo de machos anglosajones, sino que hombres y mujeres de varias civilizaciones en conjunto han contribuido a nuestro conocimiento científico actual, algo que por supuesto es para aplaudir.

Puesto a buscarle peros a la serie, quizás el único que se me ocurre es la devoción excesiva mostrada a Carl Sagan. Parece algo natural. La productora y guionistas es Anne Druyan, viuda de Carl Sagan, y el conductor es Neil deGrasse Tyson, hombre que considera a Carl Sagan como su mentor. Era casi inevitable que, en alguna parte, hubiera alguna mención. Pero son varios los episodios en donde se insertan cuñas de audio o video de la serie original, y eso, como que lastra un poco el resultado final. Es como si Cosmos de 2.014 tuviera miedo de pararse por completo sobre sí misma, y tratara de apelar a la nostalgia por Carl Sagan como una manera de legitimarse; considerando la calidad del material y lo excelente del tratamiento, no hacía falta esto para poder funcionar por separado. Es más, considerando que la serie hace un profundo hincapié en no dejarse llevar por los argumentos de autoridad, y en el derecho de las personas y aún el deber de pensar por uno mismo, además de no dejar nunca a un lado la curiosidad por el universo y las cosas que lo componen, este fetichismo suena un poco como culto al líder. Al menos, Neil deGrasse Tyson tiene la honradez suprema de, al momento de despedir la serie, pedirle a los espectadores que no crean en nadie por ser únicamente una autoridad de alguna clase, ni siquiera en él mismo, sino que prefieran creer en la evidencia, en los hechos, en el razonamiento lógico y en las cosas tal y como se observan en el universo.

Aparte de este detalle, el resto es para aplaudir. Neil deGrasse Tyson tenía la difícil misión de llenar los enormes zapatos de Carl Sagan, y lo logra en plenitud, sin tratar de imitarlo, sino simplemente haciéndolo en su propio estilo y haciendo la serie tan suya como Carl Sagan lo hizo respecto de Cosmos de 1.980. La música de fondo de Alan Silvestri es también majestuosa, aunque la banda sonora de Cosmos de 1.980, basada de manera ecléctica en canciones modernas de la época, música selecta, y música electrónica experimental de Vangelis, se beneficiaba de su mayor variedad. En definitiva, Cosmos de 2.014 es de lo mejor que nos ha dado la televisión en los últimos años, una excelente manera de exponer el estado actual de la ciencia, y un profundo recordatorio del valor que tiene el conocimiento científico dentro de nuestro mundo, y de cómo no dejarlo morir. Es poco probable que haya tenido más rating que el Mundial de Fútbol del mismo 2.014, y ciertamente no ocupó tanto espacio en la televisión, pero es casi seguro que llegó hacia donde tenía que llegar: al espectador avisado, al inteligente, al que se niega a doblegarse ante la cultura del permisivismo intelectual y la falta de cuestionamiento de las verdades que se predican como fundamentales. Es de esperar así que sirva para que una nueva generación de niños o jóvenes que la vean, se inspiren para ir más allá de sus nociones preconcebidas y logren crear un renacimiento científico, en un escenario con una cultura a ratos tan hostil a la ciencia, como lo es el mundo en que vivimos.

La Nave de la Imaginación, en su versión 2.014.

miércoles, 23 de julio de 2014

"24: Vive un nuevo día": Los días de Jack Bauer ahora tienen doce horas.

Jack Bauer: Las cosas que hay que hacer por Inglaterra.
EL SIGUIENTE COMENTARIO TRANSCURRE ENTRE EL INICIO DE ESTE POSTEO Y EL FINAL DE ESTE POSTEO. SU LECTURA SUCEDE EN TIEMPO REAL.

Si son fanáticos de 24, entonces se conocen el chiste clásico según el cual si en la serie todo el mundo le hiciera caso a Jack Bauer, la serie se llamaría 12. ¡Sorpresa! 24: Vive un nuevo día tiene doce capítulos y no veinticuatro, y en esta miniserie, por primera vez, y sin que sirva de precedente con toda probabilidad, todo el mundo le hace caso a Jack Bauer. Salvo una lagartija infiltrada en el gabinete del Presidente de Estados Unidos, con buenos motivos porque está casado con una antigua novia de Jack Bauer, y ya se sabe que ser novia de Jack Bauer tiende a ser fatal para la involucrada.

En realidad fue una convergencia de intereses lo que llevó a 24: Vive un nuevo día. Por un lado, el hecho de que muchos fanáticos querían ver de regreso a Jack Bauer. Por el otro, el fracaso tanto de la proyectada y nunca nacida película de 24, como de las dos temporadas de trece episodios cada una de Touch, la serie en la que Kiefer Sutherland cometió el enorme error de juicio de ponerse a las órdenes de Tim Kring, el hombre que parió el exitazo de Heroes y después no supo qué hacer con él. Y la tercera pata de este mexican standoff es la cadena FOX, interesada en mantener vigente una antigua franquicia de éxito en un medio televisivo cada vez más brutalmente competitivo, en donde el espectador ya no pide cualquier cosa sino exquisiteces de tipo no es televisión, es HBO. Que se rodara una nueva temporada de 24 era cuestión de tiempo. Pero, quizás desconfiando del tirón que podría tener el producto, o tanteando el terreno para transformarlo en serie de temporada completa y seguirla de manera indefinida hacia adelante, decidieron anunciarla como miniserie. O como se dice ahora para darle más prestigio al asunto, serie evento.

Parece bastante notorio que 24: Vive un nuevo día, por debajo de la excusa de ser una miniserie evento, en realidad fue planificada de manera tal, que diera para 24 capítulos en total si es que le daban el famoso back nine, o back twelve en este caso. Porque primero se dijo que la serie iba a tener doce capítulos, pero iba a retratar 24 horas en la vida de Jack Bauer, ahora recurriendo a saltos temporales entre distintas horas. Al final, los doce capítulos transcurren en once horas y cincuenta minutos (11:00 AM a 10:50 PM, aproximadamente), y luego en la última secuencia se manda un salto temporal de doce horas, transcurriendo los últimos diez minutos de serie en el 10:50 AM a 11:00 AM que cierra el día. Es casi como si los productores hubieran esperado hasta el último minuto para ver si les concedían un back twelve para completar la temporada, y como no ocurrió, fueron con el plan original del salto de doce horas.

Además, adelantemos tratando de no mandarnos un spoiler, pero nos parece justo con el lector mencionarlo, el final queda en un continuará mayúsculo. Uno que podría servir como final a la serie como un todo, o bien que puede servir como gancho para seguir 24, sea como serie o película. Que no parece probable en un tiempo cercano porque los números no acompañaron. El estreno fue visto por algo más de ocho millones de espectadores, pero después las cifras se estabilizaron entre cinco y siete millones, al nivel de Agentes de SHIELD, y muy por debajo de exitazos como The Blacklist, que sólo en dos episodios y nada más que dos, bajó de los diez millones. De manera que, por el minuto al menos, huele a que el último episodio de 24: Vive un nuevo día es el último episodio de la serie en total.

Lo que viene a continuación es zona de spoilers a mansalva. Advertidos quedan

Jack Bauer y Chloe O'Brian: Las vacaciones en Londres no son lo que solían ser.
24: Vive un nuevo día se abre cuatro años después del final del Día 8. Jack Bauer sigue siendo un fugitivo cazado tanto por el gobierno de Estados Unidos por volverse contra éste, como por Rusia debido a haber tratado de asesinar al Presidente Suvarov. Por alguna razón, Jack Bauer se encuentra en Londres el mismo día en que arriba el ahora Presidente James Heller, su hija Audrey (con quien Jack Bauer ha tenido un lío en el segundo arco de 24, es decir, los días 4, 5 y 6), y el actual marido de Audrey. Tanta coincidencia levanta las alarmas de la oficina local de la CIA, que emprende un operativo para arrestar a Jack Bauer. Lo que la CIA no sabe, es que en realidad Jack Bauer ha hecho un Loki, o ha hecho un Blacklist, como lo quieran ver, y lo ha preparado todo para dejarse capturar. Su meta es rescatar a su amiga Chloe, la antigua analista de sistemas de CTU que también es una fugitiva de la justicia de Estados Unidos, por estar vinculada a un grupo tipo Wikileaks. Todo es parte de un plan para detener un inminente ataque terrorista en contra de Londres, orquestado por Margot Al-Harazi, una terrorista que busca venganza por el asesinato de su marido a manos de drones, secuestrando otros drones de Estados Unidos para arrasar Londres.

Suena bien, pero por desgracia, la gente tras 24 no tomó recibo de que, en el intertanto, el mundo ha cambiado, y la fórmula que funcionaba para la década anterior, ahora comienza a verse como un poco tediosa y fuera de contacto con la realidad. Increíblemente, los productores no tomaron ventaja de la nueva locación, y trataron a Londres simplemente como otra ciudad de fondo más para las aventuras de Jack Bauer. Lo que origina la increíble situación de que a lo largo de toda la serie, la CIA se mueve abiertamente y a plena luz del día por las calles de Londres como una fuerza policíaca legal más, armados de pistolas y chalecos antibalas a vista y paciencia de todo el mundo, en vez de como una agencia de espías operando en las sombras y en suelo extranjero, que es como se supone que sea. Porque aunque se sabe que todo país está infiltrado por espías de otros países, hay una cierta dignidad patria por la cual si pillan a alguien espiando para el extranjero, se lo procesa y fusila limpia y sumariamente. Así, ningún país civilizado acepta de buenas a primeras tener una organización de espías extranjera trabajando en suelo propio y efectuando arrestos de sospechosos o baleando delincuentes en plena calle como si nada, por lo que la serie deja a Inglaterra y su gobierno a la altura del unto. Casi como Inglakistán o peor. Es decir, tratan a la CIA como otra CTU, desaprovechan la oportunidad de haberle dado un giro fresco al universo de 24, y se fusilan la verosimiltud de paso. La cosa llega a un ridículo tal, que a ratos incluso el Primer Ministro de Inglaterra parece estar casi pidiéndole permiso al Presidente de Estados Unidos para gobernar dentro de su propio país. Sabemos que es un poco así, desde la época de Tony Blair por lo menos, pero un poco más de tratamiento con tacto a lo Game of Thrones hubiera sido de agradecer.

El resto es también más o menos lo mismo de siempre. En los doce capítulos vemos una estructura más o menos similar a una temporada completa. Es decir, aparece primero un villano terrorista imparable, que a mitad de trayecto sufrirá su cruel y merecido destino a manos de Jack Bauer, sólo para ser reemplazado en los últimos capítulos por otro villano todavía más desquiciado y cruel. Y qué decir, en esto la serie cumple. La primera terrorista es Margot Al-Harazi, tan absurdamente caricaturesca en su maldad que resultaría ridículo de no ser porque la interpreta Michelle Fairley, Catelyn Stark en Game of Thrones, de una manera tan terrorífica que es con facilidad una de las villanas más monstruosas de la serie, y 24 tiene unos cuántos de ésos. El segundo terrorista es encajado un poco a la fuerza en la trama: se trata de Cheng, el antiguo oponente de Jack Bauer que se la tenía jurada desde el Día 4.

Para que se explique: Margot Al-Harazi está amenazando con volarle los sesos a su yerno, delante de su hija casada con el yerno de marras. Maldita.
En muchos sentidos, 24: Un nuevo día puede ser vista como un intento de los productores de arreglar el enorme desastre que significó el Día 6, considerado de manera universal y muy justificada como el nadir del universo de 24 en su totalidad. Dicha temporada arregló dos tramas que venían desde el Día 4, a saber el romance de Jack Bauer con Audrey, y el conflicto de Jack Bauer con los chinos, pero hizo este arreglo de una manera terrible y anticlimática. De manera que trajeron de regreso tanto a Audrey como a Cheng. La inclusión de Audrey, interpretada una vez más por Kim Raver, parecía una mala idea a priori, considerando que ella siempre fue un poco demasiado pija para encajar con el universo de 24, pero esta vez, sorpresa... los guionistas sí supieron qué hacer con ella. De hecho, Audrey en 24: Vive un nuevo día creció enormemente como personaje, dejando de ser una damisela más histérica que efectiva, para verla por fin haciendo cosas y teniendo éxito en ellas.

En cuanto a Cheng, yo nunca entendí la animadversión hacia el personaje. Cheng siempre fue rudo y brutal, pero esto siempre al servicio de su trabajo por China, que era el mismo de Jack Bauer por Estados Unidos; o sea, la única razón por la que Cheng era el villano, era por ser el oponente de Jack Bauer. Hasta ahora. Porque al igual que Jack Bauer en el Día 8 se terminó apestando de tantas patadas recibidas y dio el paso hacia la villanía, Cheng en 24: Vive un nuevo día hace lo mismo y abraza sin complejos su faceta de villano, siguiendo más o menos el mismo camino que el villano Saunders en el Día 3, pero a una escala incluso más criminal si es que cabe. La víctima de Saunders iba a ser un país, Estados Unidos, después de todo, mientras que la víctima de Cheng iba a ser muy probablemente el mundo entero. Es casi como si la moraleja de 24 como serie en su totalidad, es que el trabajo sucio lo es a tal grado, que quienes lo realizan terminan inevitablemente pasándose al lado oscuro de la fuerza. Algo bastante cínico y realista, por cierto.

De todas maneras, el final mismo de 24: Vive otro día se perjudica un resto al intentar remedar un resto el excelente final de 24: Redención. Sólo que por alguna razón, no tiene la misma carga dramática. Hay una cierta inversión irónica respecto del final del Día 8, pero tampoco consiguen explotarlo a fondo. Eso sí, ver la amistad indestructible que se ha forjado y sigue vigente entre Chloe y Jack Bauer, es de esos elementos que hacen leyenda dentro de una serie. Y ayuda a corregir mucho un vicio esencial de 24: Vive otro día, cual es la manera brutal en que desbarrancaron al personaje para conseguir que ella tenga algo que hacer dentro de la miniserie, más allá de alguna aparición de cameo. Con todo, siendo un muy buen final tanto para la miniserie como para la serie como un todo, en caso de que no haya más 24, lo cierto es que no alcanza las cotas sublimes que representó el final del Día 8, que en ese entonces se suponía el final de la serie como un todo. Lo que al final, por desgracia, es un lastre por supuesto.

Hay un cierto feeling al James Bond de Daniel Craig en 24: Vive un nuevo día, lo que resulta irónico si se piensa que Casino Royale, Quantum of Solace y Skyfall en su día imitaron mucho el estilo de 24 en primer lugar, además de la saga de Jason Bourne por supuesto. De partida la acción se ambienta en el extranjero, en Londres. Además, el plan de Cheng es uno que no hubiera estado fuera de lugar en la carpeta de Blofeld u otro sanguinario supervillano Bond ávido de ver al mundo arder. La acción también se parece mucho, y en realidad las secuencias de acción siguen siendo de lo mejor de 24. Incluso el final tiene cierto parecido al de una novela de James Bond con la cual Ian Fleming intentó terminar con su personaje para siempre; no diré cual para no arruinar la sorpresa, y en la adaptación fílmica de dicha novela de James Bond, el final fue cambiado de todas maneras. El hecho de que Ian Fleming escribió más historias de James Bond después, por supuesto, podría derivar en una situación similar para 24: Vive un nuevo día, si ruedan una secuela.

Kate Morgan graduándose con honores de la Escuela Jack Bauer para Machacar el Terrorismo.

Dentro del elenco de secundarios brilla con especial intensidad Yvonne Strahovski como la agente Kate Morgan. Aunque no al inicio. Su inclusión parece aposta para reemplazar a Renee Walker como otra agente dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para combatir el terrorismo, lo que sumado a un trasfondo idiota en que ella es una superespía pero no se dio cuenta del cacao que se estaba cocinando alrededor de su marido, y por qué no decirlo, a una interpretación inicialmente pobre de Strahovski, hicieron mucho por convertirla en un personaje antipático. Pero a punta de secuencia de acción tras secuencia de acción, más una gran escena de ella con Jack Bauer confesando los demonios de su pasado, y por qué no decirlo, la actriz misma afirmándose mucho en su rol, hicieron bastante por redimirla, hasta terminar por transformarla en uno de los puntales de la serie.

También brillan Benjamin Bratt apartándose de sus roles más clásicos de chico lindo, en particular el de galán de Sandra Bullock en Miss Simpatía, para interpretar a un director de la CIA más opaco de lo que a primera vista parece, y Michael Wincott como Adrian Cross, un ciberactivista con bastantes cadáveres en el armario. Lo de Adrian Cross es otro caso de actuación por encima del personaje, ya que Adrian Cross parece todavía otro intento burdo de Hollywood por convencernos de que los ciberactivistas son todos egocéntricos, malvados y además estúpidos, pero Michael Wincott consigue sacar lo mejor del personaje y darle varias escenas memorables.

En definitiva, ¿es indispensable 24: Vive un nuevo día? Para quien nunca haya visto 24, por supuesto que no. 24: Vive un nuevo día descansa con fuerza en tramas y eventos de la serie original, de manera que el espectador casual probablemente no termine de encontrarle la gracia a tales o cuales giros de guión, que se disfrutan más a través de la conexión emocional preexistente con los personajes. Y para el fanático regular de 24, la respuesta es... a medias. Es una continuación en toda regla de los tics, manías y mañas de la serie original, incluyendo todo lo bueno y todo lo malo de la misma. Si el fanático es de quienes piensa que la serie empezaba a ser repetitiva a la altura del Día 3, o que nunca superó la altísima cumbre del Día 5, o que el final del Día 8 es demasiado redondo para ser continuado, entonces 24: Vive un nuevo día le resbalará. Pero si está dispuesto a rebajar un poco las espectativas y disfrutar del regreso de su programa de siempre, así como aguantamos a un buen amigo con sus manías y pesadeces porque por debajo de ellas siempre ha sido un buen amigo al final del día, entonces 24: Vive un nuevo día cumple, y mucho. No es más ni mejor que la serie original. No es todo lo que se nos prometió a través del hype de tratarse de la más explosiva serie evento del año, que tú no te puedes perder. En realidad es simplemente un Día 9 más o menos en el promedio, que parte de manera un poco renqueante, pero que se afirma por el camino, y que lleva a un final que no es tan bueno ni significativo como el del Día 8, pero que sirve bien para cerrar la serie si no hay más continuaciones.

Jack, ¿tú crees que nos den un Día 10, o éste fue nuestro último cheque?

domingo, 20 de julio de 2014

13 viajes clásicos a la Luna.


Hoy día 20 de Julio de 2.014 se cumplen 45 años del primer viaje a la Luna. O del estreno en televisión de la ficción televisiva rodada por Stanley Kubrick, de hacerle caso a las inevitables teorías conspiranoicas al respecto. Bien, quienes abordamos la Historia Universal con algo más de seriedad, celebramos lo primero, al menos hasta que nos traigan evidencia del estudio de televisión en donde rodaron lo segundo. Y para celebrar el evento, acá en la Guillermocracia haremos un breve repaso de uno de los tópicos literarios y cinematográficos más recurrentes de todos los tiempos. Todos ellos anteriores a 1.969, por desgracia, ya que como sabemos, el atractivo que tenía el tema derivaba de que la Luna parecía difícil, inalcanzable o imposible. Es como las ficciones ambientadas en el año 2.000: dejaron de producirse cuando llegó el año 2.000, y el año 2.000 no fue tan 2.000 como se esperaba que fuera. Pero aunque actualmente pasadas de moda, muchas de estas obras merecen repasarse por ser excelentes obras en sí mismas, por ser clásicos históricos de la Ciencia Ficción, o simplemente por ser historias imaginativas, aptas para poner un poco de fantasía en tu vida. Así es que, sin mayores preámbulos, acá en la Guillermocracia un repaso de los grandes hitos del tópico de la ficción del viaje a la Luna.

1.- Historia verdadera (siglo II d.C.).

Ya desde el título, la Historia verdadera es un sarcasmo: en realidad el escritor griego Luciano, o grecosirio para ser más preciso, se ha propuesto contar el cuento más extravagante que saliera de su imaginación. La idea era burlarse de los libros de viajes antiguos, llenos de exageraciones y muchas veces escritos por gente que no había viajado más lejos que la fontana para sacar agua en su ciudad nativa. La obra de Luciano se abre con el narrador refiriendo cómo navegando más allá de las columnas de Hércules, o sea el Estrecho de Gibraltar, lo más lejano hacia el oeste que podía concebir la imaginación geográfica de su tiempo, su barco es arrebatado por los aires gracias a una tromba marina. Después de una semana viajando, acaban en la Luna. Una vez en la Luna, conversando con los peculiares bichos selenitas, se ve metido en una guerra entre la Luna y el Sol. La obra, que es bastante breve y hoy en día calificaría como novela corta, sigue con su regreso a la Tierra y una aventura todavía más desaforada: ser tragados por una ballena. Claramente los antiguos griegos tenían invertidas sus nociones acerca de qué es desaforado y qué no.

2.- Orlando furioso (1.532).

En realidad, la parte del viaje a la Luna acá es más bien breve, pero es substancial a la obra. De hecho, es su pedazo más imaginativo. El protagonista Orlando está enamorado de Angélica, en lo que aparenta ser un romance puro y virginal como se estilaban en los libros de caballerías de la época... salvo porque Ludovico Ariosto tenía muy mala leche, y le infligió a su protagonista la ofensa máxima: Angélica lo desprecia porque se ha enamorado de otro. Que además es un moro. Que para colmo es un moro buena gente. Orlando pierde el juicio, y desata su ira por toda Europa a una escala que no tiene mucho que envidiarle a Tolkien, porque hay que justificar el título. Otro caballero llamado Astolfo razona entonces que todas las cosas perdidas del mundo están en la Luna, así es que el juicio de Orlando debe estar allá. De manera que, montado en el hipogrifo, Astolfo viaja a la Luna y descubre que, en efecto, el juicio de Orlando está ahí, encerrado en una botella. Desde el siglo XXI opinamos que habría sido enormemente deseable que Astolfo se hubiera esforzado un poco más en buscar otras cosas perdidas en la Luna, y hubiera regresado con la probidad de los políticos, o la humildad de los economistas, que harta falta hace acá en la Tierra.

3.- Somnium (1.634).

Hay quienes consideran Somnium, o sea El sueño, como la primera novela de Ciencia Ficción propiamente tal. Su autor, Johannes Kepler, fue un importante astrónomo, que descubrió las Tres Leyes del Movimiento Planetario que son utilizadas hasta el día de hoy para el cálculo de trayectorias de naves espaciales. Pero también era un hombre imaginativo, y decidió hacerle propaganda a las modernas investigaciones astronómicas escribiendo una novela de exploración lunar. A diferencia de sus precedentes, el libro de Kepler utilizó toda la ciencia de avanzada de su tiempo. Por supuesto que su ciencia de avanzada y no nuestra ciencia de avanzada, por lo que el relato termina por antojársenos fantasioso. Kepler no se calienta la cabeza imaginando un método de viaje, y lo atribuye simplemente a un demonio de la Luna llevándose al narrador en un viaje de cuatro días. A pesar de este detalle muy lucianesco, Kepler se hace cargo de muchas cuestiones científicas: el viaje a la Luna debe ser realizado durante un eclipse para que los viajeros no terminen fritos por la radiación solar, a mitad de camino el Demonio debe desacelerar a los viajeros para que la inercia no los estrelle contra la Luna, etcétera. La descripción misma de la Luna también es muy ajustada a la cosmografía de su tiempo, y la descripción de la vida lunar, lejos de ser la habitual transcripción de la vida terráquea a otro mundo, trata de ser todo lo alienígena que se podía en la época. La obra, una especie de novela corta, fue trufada por Kepler con notas a pie de página acerca de aspectos científicos de la misma, más largas que el relato mismo. La publicación fue póstuma, ya que Kepler falleció en 1.630; posiblemente la enorme reacción eclesiástica y aristotélica que tanto hizo por fregarle la vida a Galileo Galilei, tuviera algo que ver con su reticencia a ver su obra en letras de molde.

4.- Historia cómica de los estados e imperios de la Luna (1.657).

Para quienes conozcan a Cyrano de Bergerac sólo por la obrita en que está enamorado de Roxanne, y creyendo que Roxanne no lo aceptaría, decide... hacer el Cyrano, precisamente, con otro galán que pretende a Roxanne, resulta una sorpresa observar que Cyrano de Bergerac sí existió, y fue un escritor de relativa importancia en su tiempo. Lo suyo eran las obras dramáticas y los duelos, y pereció en circunstancias muy oscuras, quizás asesinado, a los 36 años de edad. El caso es que Cyrano legó una obra llamada Historia cómica de los estados e imperios de la Luna. Cyrano tomó el tópico del viaje a la Luna por motivos similares a los de Luciano: hacer un poco de sátira desmadrada sobre su época. Influyendo así en varios autores posteriores, incluyendo a Jonathan Swift y sus Viajes de Gulliver. Un punto interesante de Cyrano es que su obra diseña por primera vez un método científico para viajar a la Luna. Después de intentarlo por los métodos convencionales propios de las obras narrativas de la época, a saber, ascender con vejigas de gases amarradas, un oficial de artillería le proporciona explosivos; Cyrano se construye un cohete, mete los explosivos adentro, y consigue llegar a la Luna. La obra fue publicada de manera póstuma en 1.657, lo que quiere decir que su publicación es anterior en treinta años a los Principios matemáticos de filosofía natural, la obra en donde Isaac Newton describió la gravedad universal y, entre otras muchas cosas (no en balde es uno de los libros científicos más revolucionarios de todos los tiempos), sugirió que un cañón de potencia suficiente podría poner una bala en órbita. Puede parecer que el método de Cyrano para llegar a la Luna es ingenuo, pero no nos engañemos: el cohete Saturno V relleno de hidrógeno y oxígeno líquidos como combustible, que impulsó al Apolo 11 a la Luna, detalles técnicos aparte, sigue exactamente el mismo principio científico del cohete relleno con explosivos de artillería que detalló Cyrano en su obra.

5.- Las aventuras del Barón Münchhausen (década de 1.780).

Ya en el siglo XVIII nos encontramos con otro viaje a la Luna. En realidad con dos protagonizadas por el mismo hombre, a falta de uno. Se trata del Barón Münchhausen, un militar alemán que marchó a la guerra con el Imperio Otomano, y volvió contando una cantidad de patrañas tal, que hay un síndrome médico asociado al mentir para llamar la atención, bautizado con su nombre: el Síndrome de Münchhausen. Todo lo que rodea al Barón es un misterio. El libro con sus aventuras, escrito por una tercera persona y ampliado por otra tercera persona, ¿se basa en las narraciones de Münchhausen, o tiene mucho invento de cosecha del propio autor? ¿Creyó Münchhausen en sus propias aventuras como un loco delirante, las contó para engañar deliberadamente a su audiencia, se proponía hacer una sátira social solapada, o únicamente pretendía divertir a sus comensales? Lo ignoramos. Como sea, Münchhausen recurrió a un método ya más o menos patentado para sus viajes a la Luna: ser disparado en balas de cañón. Lo que encuentra en la Luna es más o menos el elenco de siempre: criaturas que viven en palacios maravillosos estilo Sailor Moon, capaces de ponerse y quitarse la cabeza... Poco antes de la muerte de Münchhausen, la Revolución Francesa probó que para los señores de palacios maravillosos, el quitarse la cabeza es un resto de perjudicial, y no puede volver a ser puesta en su sitio con tanta facilidad como los selenitas münchhausianos.

6.- La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall (1.835).

Y pasamos al siglo XIX, gracias al progreso científico, la posibilidad de viajar a la Luna parecía cada vez más cierta. En medio de todo eso, Edgar Allan Poe publica en el periódico Southern Literary Messenger un relato sobre el particular. El giro ingenioso era solucionar el tema del vacío del espacio con una máquina que convertía el vacío en aire, o algo por el estilo; no es que tenga mucho sentido para la ciencia actual, de todas maneras. Poe quería trabajar en su proyecto por entregas, a la manera de los folletines: tanto como se pudiera alargar. Hasta que descubrió que el periódico New York Sun comenzó a publicar una serie de artículos con un contenido muy similar, prácticamente un plagio... pero publicándolo como una serie de reportajes reales, adjudicando la fuente al Edinburgh Journal of Science. En respuesta, Poe no siguió adelante. Al final, el relato no llegó a ser tan popular como otros de Poe, pero comparte con otros ejemplos de ficción protocientífica poeianos, su amor por el detalle y por la elucubración racionalista. No en balde, cuando nueve décadas después Hugo Gernsback fundó Amazing Stories, la primera revista especializada en Ciencia Ficción, Poe fue uno de los autores elegidos para el número 1.

7.- De la Tierra a la Luna (1.865) y Alrededor de la Luna (1.870).

El gran clásico literario sobre viajes a la Luna es, por supuesto, De la Tierra a la Luna, de Julio Verne. Pasa con esta obra lo mismo que con El Quijote: lo que hoy en día leemos como una sola obra, en realidad son dos novelas, una secuela de la otra. La primera es De la Tierra a la Luna propiamente tal, y refiere los esfuerzos de un grupo de estadounidenses aficionados a la Astronáutica por lanzar una cápsula espacial a la Luna, culminando con el lanzamiento mismo. Que podríamos llamar el cañonazo, ya que ésa es la técnica empleada para propulsar el cohete: un gigantesco cañón de tanta potencia, que queda destruido al primer disparo. La segunda parte, Alrededor de la Luna, describe el periplo del trío de astronautas lanzados, o cañoneados mejor dicho, alrededor de la Luna. A diferencia de otras obras, los astronautas vernianos no llegan a la Luna, en buena medida porque Verne y su prurito científico chocaron con la barrera de que la ciencia de la época no podía dar respuesta adecuada a qué iban a encontrar los astronautas allá, o cómo iban a regresar. Así, la novela refiere como el paso por un asteroide cercano y su débil influencia gravitatoria desvían ligeramente la cápsula fuera de su trayectoria, poniéndola en órbita lunar. El trío consigue propulsarse fuera de la órbita para zafarse de ella y regresar a la Tierra, sanos y salvos, de una manera enormemente reminiscente a como la fallida misión Apolo 13 consiguió evitar convertirse en la primera tumba flotante alrededor de la Luna.

8.- Los primeros hombres en la Luna (1.901).

A diferencia de Julio Verne, Herbert George Wells no tenía tanto interés en los aspectos técnicos de sus ficciones, como en sus proyecciones sociológicas. Los primeros hombres en la Luna no es una excepción. Wells no se calienta demasiado la cabeza pensando en un método para el viaje espacial, y recurre a inventarse un mineral antigravitatorio, la cavorita, que al vencer la gravedad terrestre, logra llevar una cápsula con dos astronautas a la Luna. Los dos astronautas, dicho sea de paso, son un científico y un hombre de negocios; contrario a lo habitual en Wells, bastante crítico con el Positivismo y con el imperialismo capitalista británico, ambos son presentados con tintes decididamente amables. Aún así, Wells le da rienda suelta a su espíritu socialista de five o'clock tea, presentando una sociedad de insectos en la Luna. La obra ha sido adaptada para el cine en varias ocasiones, incluyendo una reciente por la BBC en 2.010 Y otra de... 1.964, cinco años antes de que el hombre de verdad llegara a la Luna, y el tema pasara de moda.

9.- La mujer en la Luna (1.929).

El cine se enamoró del viaje a la Luna desde sus inicios. Tanto la novela verniana como la wellsiana recibieron sendas adaptaciones para el cine mudo. Ambas ponían énfasis en la imaginería casi surrealista por encima de cualquier atisbo de verosimiltud científica, con el muy moderno espíritu de privilegiar los efectos especiales y el se ve bonito por encima de la historia; como puede verse, Avatar de James Cameron no inventó nada en realidad. Y entonces, llegó un cineasta alemán llamado Fritz Lang. Este ya había rodado un enorme clásico de la Ciencia Ficción, y enorme también por el fracaso comercial en su día, en concreto Metrópolis, y se interesó ahora en el viaje a la Luna. Fiel a su fórmula, La mujer en la Luna en realidad es un melodrama con tintes científicos, aunque Lang se preocupó al máximo de la verosimiltud científica. Para la trivia, la película de 1.929 es la primera obra en que aparece una cuenta regresiva. Lang introdujo el elemento únicamente por incrementar el suspenso de la platea, pero luego los científicos descubrieron que el método era idóneo para coordinar a los técnicos durante el lanzamiento, de manera que un mecanismo cinematográfico para hechizar a la audiencia se transformó en procedimiento tecnológico standard, unas pocas décadas después.

10.- Destino: La Luna (1.950).

El productor y ocasional director George Pal se esforzó lo indecible por darle dignidad a un género fílmico, la Ciencia Ficción, visto en la época como infracine a secas; de haber sido contemporáneo a George Lucas y Steven Spielberg sería saludado como uno de los más grandes cineastas del género de todos los tiempos, pero su desgracia fue ser un adelantado a su tiempo, el haber rodado en la década de 1.950 en vez de la de 1.980. Las películas de Pal intentan combinar un rigor científico bastante desusado para la época, con concesiones al espectáculo de la mejor altura que los efectos y la técnica cinematográfica permitían. La película estaba libremente basada en una novela de Robert Heinlein, uno de los más destacados escritores de Ciencia Ficción de todos los tiempos, quien además hizo contribuciones al guión definitivo. El resultado es una película que describe de manera muy ajustada a la realidad de la época, lo que era un viaje espacial. Para su desgracia, esto ha hecho que la película pierda algo de vigencia. En 1.950, fecha del estreno de la película, describir con lujo de detalles científicos y técnicos lo que significaba un viaje a la Luna era causar el asombro de la platea, algo que después de 1.969 pasó de moda. Aún así, Destino: La Luna (o Con destino a la Luna, según su título en España) sigue siendo un clásico de la Ciencia Ficción más dura o más inclinada hacia el rigor científico.

11.- Objetivo: La Luna (1.953) y Aterrizaje en la Luna (1.954).

Al igual que Verne en su tiempo, el historietista Hergé dividió su historia en dos partes. En la primera, Objetivo: La Luna, de 1.953, Hergé describe como el profesor Tornasol trabaja en un proyecto para construir un cohete a la Luna, al tiempo que Tintín se encarga de luchar contra el inevitable complot que busca sabotear el proyecto. Su secuela, Aterrizaje en la Luna de 1.954 (aunque publicado en forma serializada el año anterior), describe el periplo mismo en la Luna, amenizado por supuesto por el inevitable traidor dentro del grupo que trabaja para el gobierno extranjero no capitalista de rigor. Porque en lo político, Tintín sigue siendo en esta historia el mismo reaccionario de siempre que lucha por la defensa del puro e impoluto mundo occidental en contra de todos sus sucios y viscosos enemigos. De todas maneras, estos dos cómics son considerados entre los mejores de Tintín, y fueron muy alabados en su tiempo por el extraordinario despliegue de documentación científica y técnica a la que recurrió Hergé para mostrar con el máximo de fidelidad posible, lo que sería un viaje a la Luna de verdad.

12.- El Fantasma Rojo (1.967).

Dentro del imaginario del Universo Marvel, el ala más científica es claramente los Cuatro Fantásticos, probablemente mucho más que Iron Man. Después de todo, es Reed Richards y compañía quienes exploran el universo, viajan en el tiempo, etcétera. La primera adaptación televisiva de la franquicia es la de 1.967, que a pesar de haber envejecido en algunos respectos, sigue siendo muy correcta tanto respecto del material de base como en sí misma. En uno de sus episodios, en concreto El Fantasma Rojo (The Red Ghost), abordan el tópico entonces de moda: viajar a la Luna. Después de todo, los Cuatro Fantásticos obtuvieron sus superpoderes tratando de ganar la carrera a la Luna, detalle que la película de 2.005, por razones obvias, tuvo que cambiar. En la Luna, los Cuatro Fantásticos descubren la existencia de las ruinas de una antigua y avanzadísima civilización alienígena. El episodio pasó de moda dos años después, por razones obvias, pero aún así, permanece como el gran hito del tópico del viaje a la Luna, en la animación occidental.

13.- 2001: Odisea del espacio (1.968).

Aunque la secuencia en la Luna es más o menos mínima, no podíamos mencionar la película con efectos especiales tan de avanzada, que ha generado la teoría de que el Apolo 11 nunca alunizó, y que todo fueron piroclastos dirigidos por Stanley Kubrick. Teoría a la que incluso hacían un guiño cómico en Los diamantes son eternos, película James Bond de 1.971, en una breve secuencia en donde 007 irrumpe por accidente a través de un estudio fílmico en Las Vegas con la escenografía del alunizaje. Pero volviendo a 2001: Odisea del espacio. La historia pergueñada por Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick es en realidad la ciclópea expansión de un relato breve de Clarke llamado El centinela, en donde unos astronautas descubren enterrado en la Luna un monolito alienígena. En la película, la escena en la Luna es relativamente breve, y es bastante fiel al relato clarkiano, pero resulta crucial: lo visto con anterioridad en la película es un preparativo para este momento en donde el monolito, se infiere, avisa a los misteriosos alienígenas que la Humanidad ya ha llegado a la Luna, y a su vez es el preparativo para lo que ocurrirá en Júpiter, con la nave Discovery y la supercomputadora Hal-9000, que es por supuesto el grueso de la película. Esta película es también un hito simbólico, desde el punto de vista del tópico del viaje a la Luna: fue estrenada el mismo año de la primera misión más allá de la orbita terrestre y la primera en orbitar la Luna, en concreto el Apolo 8. El viaje a la Luna en sí ya no es tan maravilloso: mientras que la Luna en la película aparece como rutinaria o aburrida, el verdadero sentido de la maravilla se ha desplazado al espacio profundo cerca de Júpiter, y hacia la alucinógena secuencia final en vaya uno a saber qué rincón del universo, o acaso dentro del mismo monolito o sus inmediaciones. El golpe de gracia vendrá al año siguiente, por supuesto, cuando el hombre llegue de verdad a la Luna, y lo que antes era material de Ciencia Ficción pase a ser titular de periódicos y fotografías en los libros de Historia.

BONUS ADICIONAL:

Vamos a la Luna (2.008).

Infantil e incluso tontorrona a ratos, esta película de animación de todas maneras se merece una mención, por ser un cariñoso homenaje al tipo de ficción científica del cine de la década de 1.950. Es el año 1.969, y Estados Unidos está a punto de lanzar el Apolo 11. Tres niños moscas, no pregunten mucho por esto, deciden que ellos también quieren viajar a la Luna, y se las arreglan para infiltrarse en la misión, transformándose efectivamente en las primeras moscas en viajar a la Luna. En el camino deben detener la inevitable conspiración de moscas soviéticas, no pregunten mucho tampoco por esto, para sabotear el programa espacial de Estados Unidos. Lo interesante de esta película, de cara al tópico del viaje a la Luna, es que a diferencia de los ejemplos anteriores no es tratado como algo hacia el futuro, obviamente, sino como una película de época, con un feeling a cine de nostalgia sobre la década de 1.960 estilo Los años maravillosos. Pero con astronautas. Y moscas. Quizás porque el viaje a la Luna ya no es lo que solía ser...

miércoles, 16 de julio de 2014

Nadie es un zombi durante el apocalipsis zombi.

Suerte que no eres uno de ellos, ¿verdad? ¿¿¿VERDAD...???
Los vampiros pasaron de moda y los zombis llegaron para quedarse. Hasta que a su vez la gente se sature de ellos y venga otra moda después. Me permito sugerir una: chicas extraterrestres de pechos turgentes, esas alienígenas objetos del deseo. No creo que me hagan caso, en buena medida porque mucho de esa ficción es consumida por chicas adolescentes, así es que si los extraterrestres se ponen de moda, serán efebos de cuerpos broncíneos y piel verde. O extraterrestres sin cuerpo real, sólo ojos para admirarlas y orejas para escucharlas. Pero de todos modos, no pierdo nada haciendo la correspondiente sugerencia.

Como ya habrán notado los lectores de la Guillermocracia por la ausencia de material sobre el tópico, en realidad soy reacio a la marejada zombi que nos invade. Quizás porque cuando era niño, lo zombi se asociaba con cine serie B, con la escoria de la escoria fílmica. En la época me vi una o dos películas de George Romero, ni siquiera recuerdo exactamente cuáles porque todas se titulan igual: "X con los muertos", en donde X representa el elemento variable de título de película a título de película. En la época ni siquiera sabía que George Romero venía siendo la Capilla Sixtina de las películas de zombis, y más allá se abrían las aguas del averno del infracine de Lucio Fulci, Mario Bava y otros ínclitos del cine de presupuesto más que bajo, colindando en la categoría vuelto del pan o menos. El caso es que eso parece haberme inmunizado contra la fiebre zombi.

En realidad, más allá del frikerío, las películas de zombis han estado girando en el mainstream desde 28 días después, película que por alguna clase de anomalía cósmica, vi en su día en el cine. Me gustó, pero no tanto como para seguir adentrándome en la materia, algo repelente si se considera que por materia debemos entender la carne putrefacta de cadáveres ambulantes. Por alguna razón no reparé en que se estaba larvando todo un movimiento que iba a rematar una década después en la actual moda zombi. Me cayó la teja de lleno cuando anunciaron en televisión el estreno de The Walking Dead. La gente hablaba con entusiasmo de la nueva serie, basada en un exitoso cómic que ni he leído ni tengo planes de leer; de manera que decidí darle una oportunidad. Lo que me encontré fue un producto tan infecto como una mismísima infección zombi; al último debí bajarme al segundo capítulo. Cada vez que pienso en cierto personaje que en su muro de Facebook se la pasa colgando posteos acerca de lo buena que es The Walking Dead, y cuando me acuerdo que ese sujeto es simpático para tomarse unos tragos, si eres la clase de persona que te gusta permanecer en silencio y convencido de que no tienes nada interesante que aportar a la brillante charla suya, me entra un escalofrío. Si uno debe tener esa condición mental para disfrutar de The Walking Dead, es que algo anda bien dentro de mi cableado cerebral por no ser seguidor de la misma.

La gran ironía de las historias de apocalipsis zombi es que se han vuelto mainstream, cuando en realidad ello no debería haber sido así, porque el apocalipsis zombi es justamente una enorme metáfora del mainstream. El guión estándar de una película de apocalipsis zombi parte o bien con el estallido de la amenaza, o bien unos días o semanas después, una vez que el mundo se ha ido al garete. La amenaza en su época solía ser mágica, hasta los tiempos de los llamados dibujos animados del sábado por la mañana por lo menos; hoy en día es científica, ya que la gente está muy descreída de la magia, y por lo tanto la magia se ha reemplazado con alguna clase de epidemia vírica. El recurso es más antiguo de lo que se piensa, aunque no necesariamente referido a los zombis: a lo menos data de hace medio siglo atrás, cuando Richard Matheson justificó el vampirismo y sus peculiaridades míticas como la sintomatología de una enfermedad provocada por un virus, en su novela Soy leyenda, cuya lectura recomendamos muy por encima del visionado de sus varias versiones fílmicas. El caso es que, volviendo al tema del guión zombi estándar, la epidemia se propaga o se ha propagado, y los pocos supervivientes deben evitar transformarse en la presa de los zombis. La historia se transforma en una versión sicótica del juego de la pinta, en donde si te tocan, te conviertes en uno de ellos.

Los zombis ya no son lo que solían ser.

A lo largo de sus múltiples manifestaciones y evoluciones, el zombi es una metáfora de la desindividuación, de la desaparición de la identidad individual. Los seres humanos, al estar vivos, tienen una identidad bien definida, que en las películas de zombis se expresa a través de sus gestos y costumbres, de sus relaciones personales, y de su capacidad de decidir entre el bien y el mal. El zombi por el contrario carece de todo esto, no tiene una identidad, es un hombre masa. Es más, el zombi está infectado, es decir, no es un ser humano saludable; o peor aún, está muerto, lo que es una condición incluso menos saludable, por supuesto. La identidad personal se identifica así con la salud, mientras que la pérdida de dicha identidad se identifica con la enfermedad o con la muerte. El apocalipsis zombi entonces funciona como una metáfora para el miedo a perder la propia identidad, a ser uno más dentro del rebaño, a terminar perdiendo la conciencia de sí mismo. En un mundo cada vez más orwelliano como el que vivimos, ése es un miedo muy real.

Y aquí está el detalle más interesante. Todas las personas que ven una película o leen una novela o se acercan de una manera u otra a la temática del apocalipsis zombi, tienden a identificarse con los humanos perseguidos, no con los zombis. Hay una cierta dosis de arrogancia en esto. Es la idea de que la persona está un poquitito por encima, no es tan masa como el común de las personas. Pero si todas ellas son personas y por lo tanto esquivarán la bala el día en que llegue el apocalipsis zombi, ¿quiénes serán los zombis? Los demás, es la respuesta obvia. En ese sentido, ser fanático de los zombis implica una cierta dosis de egocentrismo: los demás son los zombis descerebrados muertos mainstream sin identidad, no yo. La barrera entre el yo humano y el otro zombi se transforma en una metáfora de la barrera entre mi propia superioridad moral, nacida de mi propio individualismo, y la masificación o cosificación de los demás. La ficción del apocalipsis zombi se transforma así en una válvula del escape para el deseo más o menos inconsciente del fanático por enseñarle a esos sucios desgraciados allá afuera quien es el amo. La lucha por matar zombis en la ficción se transforma en una metáfora del supuesto derecho del iluminado que consume chatarra zombi para ser un troll con los demás.

El problema con ese razonamiento es que parte de una petición de principios: yo soy mejor que los demás, porque yo soy yo y los demás son los demás. Lo que origina un problema, por supuesto, porque obvia la verdad suprema de que todos somos los demás de los demás. Con el mismo derecho con que ustedes pueden verse como superiores a otros, esos otros pueden verse a sí mismos como superiores a ustedes. Pero, puede razonarse, esa superioridad existiría si hubiera un parámetro objetivo para medirla, ¿no? En la vida real, dicho parámetro objetivo se antoja difícil, pero la fantasía del apocalipsis zombi permite justamente crear y establecer ese parámetro objetivo: los zombis, los infectados, los muertos vivientes, por el hecho de serlo son inferiores y son criaturas carentes de identidad. El ser y permanecer humano en un apocalipsis zombi se transforma así en una seña de identidad, y en un sello de superioridad. Hay una cierta moral calvinista en esto: el éxito en la vida, expresado como supervivencia en un escenario de apocalipsis zombi, es una señal de superioridad moral, al igual que en la vida real hay gente que cree que la riqueza y el éxito material son signos de favor divino y corrección moral. El humano dentro del apocalipsis zombi tiene así pleno derecho a matar zombis, el mismo derecho que el rico y el pudiente tendría dentro de la moral calvinista para disfrutar de su riqueza y no preocuparse de los pobres, quienes lo son por ser flojos, pecadores, o carentes de la Gracia Divina. Esta identidad es llevada a su paroxismo en la película Guerra Mundial Z, en donde Brad Pitt es casi el niño símbolo de la ética calvinista: es un hombre que se mueve en las altas esferas y que por lo tanto tiene contactos y recursos, tiene una familia ordenada según valores implícitamente cristianos, no parece tener apuros económicos, los problemas sociales le importan un pucho hasta el punto que deben chantajearlo para que se ponga a investigar una cura, y cuando descubre la clave decide guardársela para investigarla él, en vez de compartirla vía teléfono celular en prevención del evento de que pudiera terminar por no salir vivo de sus aventuras alrededor del globo terráqueo.

El mejor amigo del zombi.

Veamos esta idea aplicada en un escenario muy diferente, pero que también tiene que ver con el tema de la masificación y la estandarización de los seres humanos. En Star Wars, se supone que nos identifiquemos con la rebelión porque ellos son los buenos y luchan por la libertad y la autodeterminación, frente al Imperio que son los malos porque luchan por la opresión y la uniformidad de las personas. De manera sorprendente, sucede que mucha gente se abanderiza con el Imperio, y es seguro decir que hay tantos fanáticos de la rebelión como del Imperio. ¿Eso quiere decir que el fanático de Star Wars que tenga tendencias parafascistas vería cumplidas sus fantasías si fuera un stormtrooper sin identidad ni rostro? Probablemente no. Dicho fanático no va a querer ser un simple soldado raso que está ahí para ser carne de cañón de un bláster o una espada laser, y que además literalmente no es único porque, como se revela eventualmente en El ataque de los clones, los stormtroopers son justo eso, clones. Es más probable que dicho fanático preferirá ser Darth Vader, porque Darth Vader es alguien. Es decir, en el caso de Star Wars, el fanático del Imperio sigue prefiriendo el individualismo, pero no la clase de individualismo que respeta el derecho de los demás a existir y ser, como en el caso de la rebelión, sino el individualismo que espera imponerse sobre los demás y rediseñar el mundo a su imagen y semejanza.

A propósito de lo mismo, lo que falta en las historias de apocalipsis zombi es un Darth Vader. No suele verse en estas historias un superzombi o algo por el estilo. Se me ocurre como excepción la película Resident Evil: Apocalipsis, pero en este caso el superzombi tiene un nombre y una identidad porque es un antiguo amigo de la protagonista. En definitiva, transformar al personaje no en un zombi vulgar sino en un superzombi, acarrea consigo la idea implícita de que la protagonista puede decir o pensar algo en la línea de: "Aunque te hayan zombificado, sé que aún sigues siendo tú mismo en tu interior, ¡lucha por ser tú mismo otra vez!". De todos modos, no sé de muchos fanáticos por el personaje. Dejando de lado las licencias de la serie de películas con los videojuegos, quizás por el tema de que el personaje no es ciento por ciento zombi o humano, está en esa zona gris, lo que los ingleses llaman el uncanny valley, que tanto detestan los que quieren que la vida sea en blanco y negro, estando ellos del lado blanco por supuesto.

Por eso, la idea de que la temática del apocalipsis zombi sea popular, es una contradicción en los términos. El fanático del apocalipsis zombi que quiera identificarse con los humanos, no debería abanderizarse con modas o tendencias seguidas por la mayoría, porque eso es estandarización, o sea, zombificación. Hay una brutal paradoja en que una de las películas más taquilleras de 2.013 haya sido la mencionada Guerra Mundial Z, en donde seguro que todos sus espectadores sintieron en carne propia el miedo a ser zombificados, sin reparar en que al concurrir todos ellos a una misma película hasta el punto de hacerla rendir 540 millones de dólares en taquilla, se están estandarizando todos ellos mismos tras una sola película, y por lo tanto, el acto mismo de ver esta película mainstream en tanto mainstream es un acto de zombificación.

En definitiva, esto refleja la tendencia de nuestra sociedad a obligar a sus miembros a ser diferentes y buscar su propia identidad, pero haciéndolo dentro de cauces ya predeterminados. Es decir, debes ser rebelde de acuerdo a los códigos y estándares de la rebeldía. Debes encuadrarte dentro de una tribu y hacerte punk, gótico, alternativo, artesa, etcétera. Al hacerlo no puedes modificar o innovar el vestuario o peinado propio de dicha tendencia. Pero si la rebeldía se estandariza, deja de ser rebeldía. Aún así, esto no se cuestiona porque los supuestos rebeldes se reunen, forman sus propias asociaciones, y empiezan a operar los refuerzos de grupo. El resultado es un grupo que cree ser el único despierto, pero que está tan zombificado como el resto de la sociedad contra la cual se rebela. El zombi promedio seguro que se siente igual: un zombi único en su habilidad para matar y en su eterno tormento por carne humana, pero que al tener su inteligencia alojada en un cerebro en descomposición, falla en ver que esas características supuestamente únicas son las que lo hacen igual a cualquier otro zombi que también tiene habilidad para matar y que siente un eterno tormento por carne humana. Es decir, igual a cualquier otro zombi a secas. Por ello, existe una alta probabilidad de que el fanático del apocalipsis zombi lo sea porque ya ha sido zombificado de manera previa, y le resulta imposible darse cuenta, al mismo tiempo que se mueve activamente para zombificar a los demás.

Zombifica, zombifica, que algo queda.

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