domingo, 25 de mayo de 2014

Fredegunda versus Brunequilda: Un juego de tronos franco (2 de 2).

Códice del siglo VII de la obra histórica de Gregorio de Tours, el historiador de papel cuché que no se aguantó las ganas de transmitir el culebrón de Fredegunda y Brunequilda para la posteridad.
Previously in FREDEGUNDA VERSUS BRUNEQUILDA: UN JUEGO DE TRONOS FRANCO: En 561, la Galia es dividida en cuatro reyes, uno de los cuales, Cariberto, fallece rápido. El rey Sigeberto se queda con sus dominios, y además se casa con una hispana guapa e inteligente llamada Brunequilda. Chilperico, hermano de Sigeberto, se casa con Galswintha, hermana de Brunequilda, pero esto no le gusta a Fredegunda, amante de Chilperico. Cuando Galswintha muere en circunstancias sospechosas, Brunequilda se lanza a vengar a su hermana, desatándose así la guerra entre Sigeberto y Chilperico. Sigeberto es asesinado, y Brunequilda debe retirarse, pero ella aún no está derrotada...

Aunque la victoria de Fredegunda parecía completa, ella no contaba con los hijos nacidos de Chilperico y Audovera, nacidos en la época en que Chilperico todavía no se entregaba a fornicaciones con Fredegunda. En el intertanto, dichos hijos ya estaban en edad casadera. Y uno de los hijos de Audovera, Meroveo, se desposó con Brunequilda. El matrimonio era muy conveniente para ambos: la viuda Brunequilda tenía ahora un título para seguir en el juego de tronos, mientras que Meroveo uno de los potenciales herederos de Neustria, tenía la posibilidad de reclamar Austrasia. Que Brunequilda fuera viuda del tío de Meroveo, no es algo que los haya detenido por un instante, por supuesto. Un punto adicional de ironía es que ahora Brunequilda era la esposa de un hijastro de Fredegunda, la asesina de la hermana de Brunequilda...

Una de las damnificadas por el matrimonio fue paradójicamente la propia Audovera, la madre de Meroveo y repudiada primera esposa (o concubina, según la versión) de Chilperico de Neustria: después del repudio ella había sido enviada a un convento, pero como Fredegunda temía que Audovera recobrara influencia a través de su hijo, decidió que era mejor deshacerse de ella. Un día cualquiera, Audovera fue ahorcada en la celda de su monasterio, y su cadáver voló desde lo alto de una torre, sin alas.

En el intertanto, Chilperico de Neustria se las arregló para demandar la nulidad del matrimonio entre Meroveo y Brunequilda, basado en que ambos tenían una relación de parentesco ante el Derecho Canónico. Tía y sobrino políticos, recordémoslo. Chilperico tuvo éxito, en parte también gracias a la presión de las armas sobre los eclesiásticos de su territorio; finalmente Meroveo, acosado y perseguido por todas partes, optó por pedirle a un sirviente que le diera muerte. Brunequilda quedó viuda por segunda vez.

Para mantenerse en posición, Brunequilda intentó hacerse con la regencia de su hijo Childeberto II (nacido de su matrimonio con Sigeberto), que no tenía ni diez años de edad. Los nobles de Austrasia por supuesto que se resistieron, en particular porque Brunequilda, que no en balde venía de tierra de visigodos, que habían vivido una mayor estabilidad y continuidad con el mundo romano que los francos, había intentado imponer varias normas civilizadoras que los nobles resentían por la razón de costumbre, a saber, porque aumentaban la autoridad real a costa de los nobles. En un minuto Brunequilda debió incluso retirarse a la corte de su viejo aliado Gontrán. Pero a la larga terminó imponiéndose en Austrasia... hasta, paradójicamente, la muerte de su viejo enemigo Chilperico de Neustria.

Aunque nunca se descubrió quien apuñaló a Chilperico de Neustria en 584, mientras éste regresaba de caza, todas las sospechas recayeron sobre Brunequilda. Aunque a saber, porque al mismo tiempo Fredegunda mandó matar a Rigunta, su propia hija, quien ya estaba en la quincena y había empezado a emitir algunos comentarios críticos y desde luego cargados de complejo de Electra, respecto de que ella debería estar en el lugar de su madre. Y eso, si es que no fue Fredegunda misma quien mató a Rigunta. El caso es que Fredegunda se quedó a cargo de Neustria, ahora como regente de su hijo Clotario II.

Fredegunda con su hija Rigunta, candidateándose al Premio Madre del Año.
Las intrigas palaciegas siguieron de manera algo monótona hasta que Gontrán falleció en 592. Su reino fue incorporado por Childeberto II de Austrasia. Ahora, Childeberto controlaba prácticamente todo el territorio franco, con la visible excepción de la tozuda Neustria de Clotario II el hijo de Fredegunda, en trance de desaparecer para siempre (recuerden que publicamos un mapa muy útil en la primera parte de este posteo). En tal caso, el mejor escenario para la antigua fregona de pisos que era Fredegunda, era volver a fregar pisos; en el peor...

Pero la muerte de Childeberto II en 595 impidió este destino, ya que sus dominios fueron repartidos entre sus dos hijos: Teudeberto II recibió Austrasia, y Teodorico II recibió Burgundia. Nótese que Brunequilda, la madre de Childeberto, sobrevivió a su propio hijo. Las dos reinas ahora ya no eran unas jovencitas, eran mujeres de mediana edad, y podrían seguir la guerra entre sí, salvo porque...

...Fredegunda terminó falleciendo en 597. Quedaba a cargo su hijo Clotario II, pero éste se encontraba en una posición muy debilitada. Es decir, parecía que las tribulaciones de Brunequilda habían llegado a su final, con una victoria definitiva, el reverso absoluto de su situación casi de peligro mortal luego de la muerte a cuchilladas de su primer marido Sigeberto. Pero por supuesto, qué gracia tendría un juego de tronos con un final así de anticlimático.

Clotario II. Débil a inicios de su reinado, pero no se confíen ni dejen de prestarle atención a este personaje.
Teudeberto II y Teodorico II crecían. Brunequilda, la abuela de ambos, ahora ya bien pasada la cincuentena y casi en la sesentena, insistía en querer ser la reina absoluta a través de ambos. Teudeberto II se cansó pronto de esta situación, y desterró a su abuela de Austrasia. Brunequilda encontró refugio en Burgundia, en donde Teodorico II la recibió con los brazos abiertos. Hay algo de ironía en que Brunequilda había llegado a la Galia como esposa del entonces rey de Austrasia, y ahora desde Burgundia se transformaría en la peor enemiga de dicho reino. Abuela contra nieto clamando ambos "¡Austrasia será mía!", ni siquiera un guionista de Dallas o Dinastía hubiera podido tramarlo mejor.

Sedienta de poder, deseosa de vengarse de su propio nieto Teudeberto, Brunequilda incitó a Teodorico a la guerra; ésta iba a ser literalmente fraticida, entre hermanos. Para defenderse, Teudeberto buscó las alianzas más peregrinas, dictadas por la necesidad. Llegó a un acuerdo nada menos que con Clotario II, el ya mencionado hijo de Fredegunda. Pero las cosas se pondrían incluso peor.

Un eventual matrimonio de Teodorico se transformó en una cuestión capital: Brunequilda quería que su nieto no se casara y sólo tuviera amantes y bastardos, para seguir manteniendo su influencia sin interferencias. La aristocracia de Burgundia, por su parte, quería justo lo contrario, para minar el poder de Brunequilda. De esta manera, dichos aristócratas arreglaron un matrimonio con una princesa hija del rey visigodo Witerico. Desde un punto de vista geopolítico, esto destruía una eventual alianza de los visigodos con Austrasia, lo que hubiera significado una peligrosa tenaza para Burgundia (Austrasia al norte, los visigodos al sur). Además, servía para neutralizar la influencia de Brunequilda, o al menos disminuirla. Todo lo anterior no deja de ser irónico si se considera que Brunequilda misma era visigoda de origen. Aunque eso sí, Witerico no era pariente de Brunequilda porque en el intertanto se habían producido dos cambios dinásticos en el Reino Visigodo, sólo por si uno resultara ser demasiado poco de cara a lo culebronesco de nuestra historia: a la muerte de Atanagildo el padre de Brunequilda en 567 primero, y con el golpe de estado dado por el propio Witerico en 603 después.

Pero Brunequilda en alianza con Teudila (hermana de Teodorico y por lo tanto, también nieta de Brunequilda), consiguieron que Teodorico acabara rechazando a la princesa visigoda. Las versiones aquí son diversas. Una fuente menciona que la princesa fue enviada de regreso a tierras visigodas... sin su dote, para rematar el insulto. Otra, que fue derechamente asesinada. Decir que Witerico no se lo tomó a bien es un sobreentendido. El rey visigodo precipitó así una cuádruple alianza militar contra Burgundia, conformada por Witerico, Clotario II de Neustria (el hijo de Fredegunda, recordemos), Teudeberto II de Austrasia (¡el nieto de Brunequilda, recordemos!), y Agilulfo el rey de Lombardía. Por si algo ayuda en este enredo, he aquí un mapa de la Galia en 587. La situación política había evolucionado, eso sí, pero peor es nada:

La Galia en 587. Cuando Brunequilda llegó a la Galia, lo fue para ser reina de la región en verde; a finales de siglo gobernaba en la región en rosado, y estaba en guerra contra la región en verde.
Brunequilda por su parte estaba ya demasiado anciana para soportar tonterías de otras personas, y su carácter se volvió todavía más vengativo y sanguinario. Todos sus enemigos fueron neutralizados o asesinados. A su vez, bajo la égida de Brunequilda, la cuádruple alianza fue derrotada en toda regla. Ayudada porque en el interín, Witerico que había llegado al poder a través de un golpe de estado, fue derrocado y asesinado él mismo. En la Galia, poco después, Teodorico II derrotó a Teudeberto II; en 612 conquistó Austrasia. La reunificación de los reinos francos parecía estar a la mano, con sólo la Neustria de Clotario II una vez más escapándosele de las manos, bajo la corona de Teodorico, sometido prácticamente por entero a la influencia de su abuela. Brunequilda iba a transformarse en la reina de los francos más poderosa desde Clodoveo. Pero...

Al año siguiente, en 613 sucedió la peor catástrofe posible para Brunequilda: Teodorico II falleció de disentería. En efecto, Brunequilda había sobrevivido no sólo a su hijo rey sino también a su nieto rey. Detrás venía Sigeberto II, de nueve años. Este era hijo de Teodorico, y por tanto biznieto de Brunequilda.

Ella se apuró a convocar una asamblea que lo reconociera como rey, y a ella misma como regente ahora de su propio biznieto. Pero varios nobles burgundios defeccionaron, entre ellos Pipino el Viejo (lejano antepasado de Carlomagno) y reconocieron a Clotario II de Neustria (¡el hijo de Fredegunda, recordemos una vez más!) como legítimo heredero. Brunequilda, ahora en la setentena, se dispuso a librar su última batalla, para lo cual se fugó con el pobre chico Sigeberto, y reunió un ejército. Pero esta vez Clotario II, que había estado esperando por largos años la ocasión, pasó la aplanadora por encima del ejército de la reina. Para Brunequilda, todo estaba perdido. Desde la ultratumba, a través de su hijo, Fredegunda estaba a punto de lanzar su golpe final; eso, considerando eso sí que ella había empezado el fregado con el asesinato de Galswinta en primer lugar, recordemos.

Sigeberto a sus nueve años se la sacó barata: sólo fue ejecutado. Respecto de Brunequilda, se le armó un juicio de farsa en donde se la condenó por el asesinato de diez reyes francos. Luego se la torturó durante tres días. A continuación fue ejecutada, aunque hay dos versiones acerca de cómo sucedió esto. Una de ellas señala que los brazos y piernas de Brunequilda fueron amarrados a cuatro caballos, los cuales al tirar descuartizaron a la anciana. Otra versión dice que la amarraron por una pierna y el pelo a la cola de un caballo, y luego lanzaron a éste al galope, siendo así arrastrada hasta la muerte. Sea como fuere, ambas versiones concuerdan en que los equinos jugaron un rol muy importante en la muerte de Brunequilda.

Según una versión. la septuagenaria Brunequilda fue descuartizada.

Según otra versión, Brunequilda fue amarrada a un caballo y arrastrada hasta la muerte.
Así, de manera casi por completo inesperada, Clotario II de Neustria quedó como rey único de los francos, y ganador indiscutible de este juego de tronos. ¿Unificado para siempre? Por supuesto que no, eso no sería propio de los francos. En 629, el reino franco volvió a dividirse. Otra vez. Provocando así que todas las tribulaciones anteriormente referidas no sirvieran para ningún propósito político perdurable. Aunque algo positivo salió de todo este enredo: 1.401 años después de la muerte de Brunequilda (¡con equinos!), ustedes han podido deleitarse con una morbosa historia de ejecuciones, venganzas, traiciones, puñaladas traperas, incestos, lubricidad desatada, y ancianas combativas. Y a diferencia de la incontable cantidad de páginas invertidas por George R.R. Martin en su Juego de Tronos, nosotros lo hicimos en la miseria de apenas dos posteos.

2 comentarios:

George Llerena Torrico dijo...

...No, es que incluso la saga de Martin, dejando de lado lo magníficamente ejecutada y las múltiples aristas fantásticas y reales que tiene, en ocasiones queda chiquita al lado de esta guerra histórica de matanzas, crueldad, ejecuciones, ahorcamientos, giros argumentales... y es 100% real!

Dos posteos muy bien logrados y resumidos, Guillermo. Ahora entiendo que Cersei Lannister no sólo está basada en Margarita de Anjou...sino que tiene muchísimo de Brunequilda.

Es mas,Lena Headey podría perfectamente interpretarla en la posible futura adaptación de Netflix/Showtime/Starz/History/BBC que por ahora sólo existe en mi imaginación, pero que espero sea llevada a las pantallas en nuestro tiempo. ¿Es que acaso ningún productor ha visto el potencial de esto? HBO cree que el suyo es el único Game of Thrones...pues aquí está su estatequieto. Vamos History, vamos Starz, ponte las pilas Showtime, la vida de Brunequilda puede ser la respuesta. Hacemos una fuerte campaña de publicitaria, les damos un presupuesto impresionante, ponemos a Michael Hirst, Bruno Heller y Neil Jordan a producir, unas locaciones y vestuario envidiables, contratamos buenos guionistas (aunque no es necesario, con semejante historia tienen para mínimo 5 o 6 temporadas si es que no la alargan) y listo, tenemos el nuevo éxito televisivo de la década.

Quizá David Benioff y D. B. Weiss deberían ir leyéndose estas entradas, y pensando en qué van a hacer cuando se les acabe la mamadera...los fans van a pedir otra saga medieval y esta sería la perfecta sucesora, piénsenlo señores...

Excelente Guillermo, entradas como esta dan ganas de compartirlas en el face/twitter y enseñársela a tus amigos, bien escrita y con ese tono irónico que me encanta. Incluso me atrevo a decir que, por momentos, el culebrón dramático medieval que nos cuenta la historia es muchísimo más picante que la saga de Martin. Y lo mejor, es una historia 100% real. Ese creo que sería el punto fuerte para promocionar la serie:

Fredegunda Vs. Brunequilda: el verdadero Juego de Tronos.

Ahora sólo necesitamos que un productor nos escuche...y un buen nombre. Yo propuse "la guerra de las reinas" pero no soy muy creativo, quizá alguien tenga mejores propuestas. De algo estoy seguro: esta guerra debe ser llevada a la pantalla. En algún momento alguien tiene que hacerlo.

Un saludo Guillermo, un deleite leer tus entradas

Guillermo Ríos dijo...

Bueno, lo de ciento por ciento real... es discutible. Después de todo, la principal fuente de todo esto es Gregorio de Tours, un sacerdote a quien le interesaba mostrar lo malo malísimos que eran los reyes, para que así la gente le hiciera caso a la Iglesia, que era buena buenísima, de manera que puede haber exagerado o embellecido la historia. Aunque considerando otras historias germanorromanas que corren por ahí, es como para darle crédito, de todas maneras.

Y en lo referente a la ficción, muchos de estos tipos que escriben novelones, se roban de manera descarada e impune, material de los libros de historia. Yo mismo escribí tiempo atrás un posteo acerca de los paralelos entre la Guerra de las Rosas y la primera temporada de Game of Thrones. ¿Y por qué no iban a robar, si quienes leen Historia generalmente son los menos? Pero sí, estoy de acuerdo, de aquí saldría una historia de esas grandes. Una miniserie de diez episodios, tirando como mínimo.

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