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miércoles, 23 de abril de 2014

La Guillermocracia: Ningún país es una isla.


La vida es evolución. Más tarde o más temprano, todo cambia. Pretender clavar la rueda de la Historia es inútil. Y la Guillermocracia no es una excepción, por supuesto.

La Guillermocracia nació entre otras razones, como una reacción ante la apatía. Mucha gente considera que el mundo anda mal, que la sociedad no está bien estructurada, que el analfabetismo funcional lo está invadiendo todo. Pero, ¿y qué hacen esas gentes? La mayoría, quedarse cruzados de brazos y preocuparse por su pequeña parcelita de terreno. Eso no tiene en sí mismo nada de malo; es una opción personal, y como tal respetable. Sólo que si una persona es un apático respecto de su sociedad, no tiene derecho a pedir que las cosas mejoren, sea lo que sea que esa persona considere una mejora. Eso se llama pedir algo a cambio de nada, y existe una palabra para designar a tales personas: aprovechadores. Yo tampoco puedo cambiar lo que considero que anda mal en la sociedad, menos si consideramos que los problemas de la Humanidad hoy en día son a escala planetaria, pero sí puedo aportar mi granito de arena: entra así el Padre de la Guillermocracia.

El lector habitual de la Guillermocracia habrá notado que no se trata exactamente de un blog activista. La Guillermocracia no llama a la revolución social ni a incendiar el mundo. Pero tampoco hemos adoptado la actitud contemplativa de hablar de asépticos temas culturales desde la seguridad de una torre de marfil. La persona culta que habla de cultura sin adoptar una postura social o política está inevitablemente adoptando una postura social o política, aunque sea por omisión. En la Guillermocracia no creemos que la cultura es menos cultura por no tener tal o cual militancia ideológica, pero también somos conscientes de que no se puede hablar de tópicos culturales en el vacío, porque cada película, cada libro, cada serie de televisión, inevitablemente habla de los sueños, esperanzas y miedos de su época, y esos sueños, esperanzas y miedos se entrelazan de manera inexorable con el sistema político, social y económico en donde se incuban.

En ese sentido es que la Guillermocracia es un país, y yo como Padre de la Guillermocracia soy habitante de dicho país, aunque sea sólo en términos espirituales porque no tengo potestad legal (todavía) para emitir pasaportes a nombre y con el timbre de la Guillermocracia.

Todas las reflexiones anteriores vienen a cuento de un suceso bastante infausto, ocurrido ahora en 2.014. Cierto compañero de penurias blogueras encontró su propia motivación para una actividad tan desaconsejable como lo es el bloguear, en su propia vida personal. Por eso, un suceso como el que él compartió a través de su propio blog, debe haberse sentido con la fuerza de un mazazo. Desde luego que a través de estos canales, le proporcioné mi pequeña muestra de apoyo, con la esperanza de que lo ayudara a salir del mal trance en que estuvo metido.

Ahora, su blog El Cuchitril de Cidroq está de regreso, a pesar de que por unas semanas pareció que se iba a despedir para siempre. Estas crisis personales no son para tomárselas a la ligera, y por lo tanto eso fue una posibilidad muy real. Todo lo cual me sirvió para repensar el rol de la Guillermocracia. ¿Acaso la Guillermocracia es más activista de lo que pensaba, y yo no me había dado cuenta? Ya he mencionado que es imposible ser un bloguero y no ser un activista de alguna clase. Después de lo sucedido con Cidroq, me he dado cuenta de que la Guillermocracia es mucho más que una mera colección de posteos más o menos bien escritos. Es también quizás una esperanza, un proyecto de vida, y por qué no, un ideal de sociedad. Como lo es El Cuchitril de Cidroq, y todos los blogs que se niegan a dejar morir a la blogósfera.

Yo no espero que los lectores de la Guillermocracia estén de acuerdo con todo lo que aquí se publica. En una democracia, el desacuerdo forma parte esencial de la libertad de expresión y de pensamiento. La libertad de opinión no es tal si es que sólo sirve para opinar lo mismo que el resto, algo de lo que deberían tomar notas quienes opinan que Internet debería ser el club de la wenaonda. Pero los planteamientos existen, y están ahí. No son solamente bits virtuales, sino que habemos personas por detrás, con sueños, con ilusiones, y con esperanzas. Más que la automatización de Facebook o Twitter con sus likes y reposteos mecanizados tipo dispara y olvídate, somos los blogueros quienes le damos una cara humana a Internet; quizás ésa es la razón por la que la blogósfera no ha sucumbido ante las redes sociales, después de todo. Es una enorme responsabilidad, por supuesto.

La Guillermocracia se trata de ambas cosas. De libertades, y también de responsabilidades. Lo primero es una invitación, lo segundo es un desafío. De lo que sí estoy seguro, es que después de lo sucedido en El Cuchitril de Cidroq, la Guillermocracia ha desarrollado un arista nueva. Algo que no se hará evidente en los posteos o en una nueva dirección. Es más bien un nuevo sentido o significado. Porque en el mundo interconectado en donde vivimos, ningún país es una isla, y la Guillermocracia no es la excepción. Aunque la Guillermocracia sea apenas un país virtual. Pero es un país. Que no es una isla.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

No esperaba una mención de este tipo en la guillermocracias, muchas gracias =)

Guillermo Ríos dijo...

De nada. =)

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Tenía muchas ganas de leer este texto, cuando vi su título y le di una rápida mirada a su contenido. En realidad es un bello escrito que reivindica bastante el trabajo de los blogueros, razón por la cual me identifica. En otras palabras, este post es tu declaración de principios, la que en gran medida representa la de muchos de nosotros. Por cierto, como tú, me llena de enorme alegría que el Cuchitril siga abierto, pues también lo sigo y recomiendo.

Guillermo Ríos dijo...

Lástima no haberme dado cuenta de que estaba escribiendo una declaración de principios, de haberlo sabido habría sido mucho más ampuloso, pomposo, rimbombante... francés, en definitiva. En fin, supongo que siempre puedo retrabajarlo e insertarlo en la sección de páginas fijas como una especie de Declaración Universal de las Intenciones del Bloguero.

Aunque pienso que tengo una vena demasiado irónica como para que me salga bien un manifiesto serio. A Marinetti, estas cosas le salían mejor.

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