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domingo, 20 de abril de 2014

Cinco trucos para pagar menos impuestos en Chile (5 de 5).


Hemos llegado al final de esta épica incursión en las aguas del Derecho Tributario de Chile. Porque cualquier viaje a través de la legislación tributaria de cualquier país es por definición algo épico. Desde que explicamos cómo las empresas chilenas pueden tributar contra renta retirada en adelante, hemos seguido un circuito bien definido, a través del cual un empresario que pague a buenos contadores, puede arreglárselas para que sus empresas tributen de manera ahorrativa y sin quebrantar la ley, después para arreglar el bolsillo del empresario mismo... Y ahora viene la parte en la cual veremos el final de los esfuerzos y desvelos. La parte en que el empresario mirará de cara al mañana, y debe sortear un último escollo en el camino tributario: legarle su fortuna a los descendientes sin que el Fisco le eche la zarpa encima. Es decir, debe arreglárselas para esquivar el Impuesto a las Herencias, Asignaciones y Donaciones. De manera nada sorpresiva a estas alturas de la serie Cinco trucos para pagar menos impuestos en Chile, tal cosa se puede hacer. Y de hecho, se hace. A continuación explicaremos cómo.

5.- Usted puede evitarle a sus herederos tener que pagar el impuesto a las herencias, asignaciones y donaciones.

El nombre es ampuloso. Impuesto a las herencias, asignaciones y donaciones. Llega hasta dar miedo. Pero en definitiva, este impuesto es un tigre de papel. Porque en Chile, sólo quienes son tacaños en ahorrarse el contador son quienes pagan el impuesto. Veamos.

La idea de este impuesto es que la persona, al final de sus días, compense en parte a la sociedad por el esfuerzo que ésta ha invertido en que dicha persona surja adelante en la vida. En principio los impuestos patrimoniales están prohibidos a nivel constitucional porque implican una expropiación sin compensación. Lo que es válido gravar, es la renta y el consumo. Ahora bien, el patrimonio de una persona puede verse como una especie de renta solidificada, por verlo así. Todo lo que una persona posee, lo posee porque lo recibió en herencia de alguien, o lo compró con el producto de su trabajo y esfuerzo personal; en ambos casos se trata de una renta, de un ingreso que ha entrado al bolsillo de una persona. A su vez, todo lo que la persona posee es producto en parte del orden y la estabilidad social: si hubiera caos y anarquía, no habría posibilidades de surgir en la vida, ni seguridad en la acumulación de bienes. En ese sentido, la renta de la persona (vía herencia, vía ingresos por el trabajo) se transforma en bienes patrimoniales, y bajo esta excusa, por una única vez, se grava el patrimonio de la persona fallecida para que ésta retribuya en algo al orden social que hizo posible esa acumulación de bienes.

Pero una cosa es la teoría y otra es la práctica. Porque en Chile no existe un impuesto a las herencias. Lo que existe es un impuesto a las asignaciones.

¿Existe mucha diferencia? Sí, la existe. Este impuesto es progresivo, o sea, mientras mayor es la masa de bienes a la que cobrarle, mayor es la tasa o porcentaje del impuesto; se parece en esto al global complementario, cuyo funcionamiento más o menos esbozamos en el posteo anterior de esta serie. La idea es similar: los que tienen más, deben contribuir con una carga tributaria mayor versus los que tienen menos.

Ahora bien, la herencia es una universalidad, un todo, mientras que las asignaciones son cuotas de dicha universalidad. Y si el impuesto es progresivo y por tramos, entonces hay una enorme diferencia entre cobrarle un solo impuesto masivo al 100% de la herencia, y cobrarle cuatro impuestos separados a cuatro asignaciones distintas de un 25% de herencia cada uno (cuatro, o tres, o cinco, incluya usted la cantidad que prefiera en el ejemplo). Al cobrar un solo impuesto masivo, la cantidad sobre la cual tributar progresará a algún tramo superior, y pagará más impuestos; al cobrar sólo varios impuestos pequeños, ninguno de dichos impuestos llegará a progresar demasiado en los tramos.

En apariencia este impuesto es ineludible, pero se puede esquivar. El truco aquí es disfrazar la herencia, para que no pase como tal. ¿Cómo lograrlo? Simple: repartiéndola en vida. De esta manera, si usted posee cinco casas y cinco hijos, no esperará hasta que el día de su muerte se abra el testamento y cada hijo deba pagar el impuesto. En vez de eso, traspasará los bienes en vida, con las necesarias salvaguardas legales para que sus cinco hijos, una vez dueños de las cinco casas, no lo dejen a usted en la calle en los días de su ancianidad (eso no es difícil, y de hecho involucra materias de Derecho Civil I). El día en que usted se muera y se haga la liquidación del acervo hereditario, ¡sorpresa!, usted no tenía bienes, y por lo tanto sus herederos (asignatarios, técnicamente) no están obligados al pago de ningún impuesto.

Para evitar esto, la ley no solamente le cobra impuesto a las asignaciones, sino también a las donaciones. Las asignaciones y donaciones tienen un detalle en particular, y de hecho esa es la razón por la que el Código Civil de Chile trata estas materias en un único Libro (el Libro Tercero, "De las asignaciones por causa de muerte y de las donaciones entre vivos"): ambas son maneras de adquirir a título gratuito. Es decir, la persona que adquiere, lo hace sin desembolsar nada. Si usted hereda, no tiene que pagar para recibir la herencia. Si a usted le regalan algo, usted tampoco tiene que pagar (si tuviera que hacerlo no sería donación sino compraventa o permuta, a según). Por lo tanto, para evitar que disimulen una repartija de herencia en vida como una donación entre vivos, la ley establece como resguardo que el impuesto también se aplica a las donaciones. Asunto arreglado, ¿verdad?

Ahora es que la cosa se pone un poco más compleja, y entramos del campo de la elusión del impuesto, al de la infracción de la ley lisa y llana. La manera de evitar el impuesto aquí, es disfrazar la donación como compraventa. Es decir, en la escritura respectiva se dice que se pagó un precio (usualmente vil) por las cosas a repartir... precio que por supuesto nunca fue pagado. Esto se llama simular un contrato, y es ilegal. También es muy difícil de probar, en particular si la operación se hizo hace una enorme cantidad de años atrás, de manera que sigue siendo una opción relativamente segura.

Volvamos a nuestra querida fábrica de galletas, ejemplo que nos ha acompañado de manera infatigable a lo largo de esta serie de posteos. Usted, empresario dueño de la misma, ha llegado al final de sus días. Gracias a la fábrica de galletas, y a estratagemas perfectamente legales como pagar impuestos sólo sobre las rentas retiradas, hacerlos valer como créditos contra sus impuestos personales, aprovecharse de las pérdidas de arrastre, y crear sociedades de inversión para sus bienes, ha conseguido acumular una serie de bienes sin técnicamente defraudar al Fisco porque todo lo ha hecho dentro del marco de la ley. Ahora usted deja herederos tras de sí, y usted desea que tengan sus vidas aseguradas. De manera que, en una última voltereta, usted reparte su herencia en vida, tal y como hemos dicho.

Chile es un país de enorme desigualdad en el nivel de ingresos. En el coeficiente Gini, Chile puntúa de manera permanente sobre 0.50 (la escala va desde la igualdad absoluta que es 0, hasta la desigualdad máxima que es 1). Esto está por encima de Estados Unidos, que puntúa un promedio de 0.45, y aún más por encima del grueso de los países europeos, que salvo Portugal e Inglaterra, ninguno llega a una cifra superior a 0.36. Los ingresos equitativos son una importante fuente de desarrollo para un país, ya que crean mayor igualdad de oportunidades para la gestión y desarrollos de proyectos que hagan crecer a la sociedad como un todo. A su vez, los ingresos equitativos dependen entre otras cosas de la existencia de una carga tributaria que responda a criterios mínimos de equidad. Un sistema tributario en el cual quienes nominalmente deben pagar mucho al final del día pueden usar una serie de mecanismos para no hacerlo, es uno que privilegia la concentración de la riqueza, puesto que los impuestos terminan siendo pagados por los que poseen menor capacidad económica para afrontarlos. A su vez, dicha concentración de riqueza se retroalimenta a sí misma, ya que se entrelaza con la política, lo que lleva a la inercia social, ya que quienes tienen concentrada la riqueza tienen menos incentivos para competir, y por lo tanto hacer crecer a la sociedad como un todo. Un buen sistema tributario no solamente establece cargas tributarias con responsabilidad social; también cierra las puertas para el uso de mecanismos que al último permitan esquivar dichas cargas.

1 comentario:

Elsevillano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
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