domingo, 23 de marzo de 2014

Sea mala persona: Piense positivo.


No sé si les ha sucedido. En mi caso particular he tenido que soportarlos más de una vez. El guión estándar es más o menos el siguiente. Ustedes están atravesando un período difícil en la vida. No me refiero a sólo un mal día, a un incidente menor, o a un bache que requiera algo de trabajo para solucionarse. Me refiero más bien a esas malas rachas con las que nos regala a veces la vida y en las que las cosas salen mal dentro de otras cosas que también salen mal. O esos pozos en los que caemos y de los que cuesta bastante trabajo y ayuda salir. Puede ser una crisis profesional, un problema médico de los graves, la muerte de un ser querido, etcétera. O la combinación de varios de ellos. En resumen, la clase de día que los anglosajones expresan de manera tan elegante como esa expresión "llover perros y gatos". Y entonces aparece esa persona detestable que les dice: "Piensa positivo, y verás como todo se arregla".

Existen variantes de esa frase. Algunas de ellas: "Todo pasa por algo", "Lo mejor está por venir", "Dios nos envía estas pruebas para que crezcamos como personas", "Deséalo con todas tus fuerzas, y verás como el universo entero conspirará a tu favor". Seguro que ustedes recuerdan más.

En la mayor parte de los casos, da un poco de pena decirle a la otra persona que uno ya está trabajando en el tema, y sacando fuerzas de flaqueza para seguir adelante. La otra persona parece tan querible, lo dice de manera tan encantadora, que seríamos muy mala gente si les respondiéramos de mala manera. O eso creemos, a lo menos. Pero hay probabilidades de que sea exacto al revés: son ellos las malas personas por mandarnos mensajes de piensa positivo en primer lugar.

Para explicar mi punto de vista, permítanme ahondar en la naturaleza del pensamiento positivo. En realidad todos tenemos un poco de pensamiento positivo en nuestro interior; exceptuadas las personas que padecen de depresión crónica, enfermedad que por definición implica la supresión de todo pensamiento positivo por un desajuste de la química cerebral. A pesar de lo que puedan decir gentes como Immanuel Kant, casi nadie hace las cosas por puro apego al deber, aún con la convicción del fracaso. Los hay, y tenemos nombres especiales para esas personas: santos, mártires, próceres, prohombres, etcétera. Pero ésos son los menos, o de lo contrario no tendríamos tantas palabras especiales para identificarlos.

En cuanto al resto, si las personas hacemos cosas, es porque tenemos el convencimiento de que existe una posibilidad razonable de que esas cosas saldrán bien. Si usted va al supermercado a comprar las provisiones para el mes, es porque usted tiene la convicción de que en el supermercado encontrará dichas provisiones; es poco probable que usted se vea paralizado hasta el punto de no querer ir al supermercado, por la posibilidad remota pero siempre real de despertarse, levantarse e ir al supermercado para encontrarse al país en crisis económica y el supermercado cerrado, o peor aún, con las calles tomadas por rebeldes revolucionarios tratando de derribar el sistema. Yo mismo escribo esto porque hago algunas asunciones positivas: que escribiré palabras coherentes que expresan ideas claras, que Blogger no me fallará a la hora de publicar, que alguien lo leerá, y con un poco de suerte, que le cambiaré a alguien la vida para bien. Lo mismo pasa con usted: si usted ha aguantado toda mi verborrea, es porque espera al final tener una pequeña recompensa, un tema nuevo o al menos un ángulo nuevo que al final del día le aprovechará a usted como individuo. Aunque bien podría ser que usted se encontrara, para su fastidio, que yo dejé abandonado el artículo a la mitad y lo publiqué, únicamente por espíritu de troll. No suele pasar, pero algún día puede ser el primero. Si usted sigue leyendo esto, es porque tiene la convicción de que este día en particular no será ese día primero.

Podemos dividir el pensamiento positivo en dos vertientes, una débil y una fuerte. La vertiente débil es justo la que acabo de explicar: la idea de que hacemos las cosas porque tenemos una expectativa razonable de que éstas resulten. Esta forma de pensamiento positivo no me parece criticable, sino todo lo contrario: es el antídoto que tenemos para superar las contrariedades de la vida, para no derrumbarnos al primer contratiempo. Pero existe también una vertiente fuerte, una que va más allá. La idea del pensamiento positivo fuerte es que si usted piensa positivo, el universo entero se moverá a su favor, de manera indefectible, ineludible. Y ésta idea sí que es una aberración.

Pensemos por ejemplo en la historia de Peter Pan. Uno de los pasajes más famosos de la obra es cuando Campanita está a punto de morir. Pero hay un remedio para ello: ¡aplaude con todas tus fuerzas si crees! Consideremos que Peter Pan partió como una obra de teatro antes de ser reducida a novela, y podemos entender que este es el momento en donde los actores se dirigen al público, en particular a los niños del público, y les piden que aplaudan para que Campanita viva; si el público es un montón de desgraciados sin corazón, entonces la orquesta (porque se estrenó con orquesta) empieza a aplaudir, y asunto arreglado. Estamos frente a una versión fuerte del pensamiento positivo: creo con todas mis fuerzas que si aplaudo, el hada vivirá.

Si les suena de algo, es porque se trata del mismo mecanismo predicado por El secreto. La famosa ley de la atracción predicada por ese libro es en esencia aplaudir para que el hada viva. Reemplacen el hada con otras cosas buenas en la vida, y reemplacen el aplaudir por el poder del pensamiento positivo, y usted tendrá exactamente el mismo resultado. Quiero atraer cosas buenas o positivas a mi vida, así es que tengo pensamientos buenos o positivos para que la atracción funcione. Es posible que si además de tener pensamientos buenos o positivos me pongo a aplaudir, sea más efectivo y además las hadas vivan. Por lo menos ningún científico ha probado todavía que las hadas se caigan muertas cuando alguien dice que no cree en ellas.

Y ahora es donde ustedes me van a entender cuando digo que las personas predicadoras del pensamiento positivo fuerte son mala gente. Porque hay una consecuencia siniestra de esta vertiente del pensamiento positivo: si a usted le va mal en la vida, es por su propia culpa, porque usted no ha creído lo suficiente. Es usted quien, al albergar pensamientos negativos, se ha encargado de arruinar su propia vida. La ley de la atracción significa que si usted perdió su trabajo, o sufrió una enfermedad, o se le murió alguien, o reprobó un examen, usted es el único y verdadero culpable.

Por supuesto que existen casos de ésos. Hay gente que es feliz autosaboteándose por una serie de razones. Algunas personas son enfermas crónicas para llamar la atención de los demás. Algunas personas deciden que las expectativas de los demás son demasiado altas, e inconscientemente dan todos los pasos necesarios para fracasar. Algunas personas deciden que sus parejas en realidad fingen que los quieren a saber por cuáles motivos y que todo va a saltar por los aires más tarde o más temprano, y cuando la relación se viene abajo, se transforma en profecía autocumplida. Pero hay una diferencia grande entre decir que algunas personas se sabotean a sí mismas, y afirmar que por la ley de la atracción, todas las personas que fracasan en algo es porque no han pensado positivo lo suficiente. A veces sí la culpa es de lo demás, o a veces la culpa es de las circunstancias. A veces uno cruza la calle por el paso de peatones y con la luz verde, y aún así es atropellado por un conductor ebrio o imprudente; según el sentido común ésas son cosas que pasan, pero según la ley de la atracción, el peatón atropellado se atrajo su propia desgracia, por no haber creído lo suficiente en que iba a llegar a la otra vereda con bien.

Aquí es donde aparece en todo su esplendor la mala clase de los predicadores del pensamiento positivo. Porque esta escuela de la ley de la atracción permite algo muy conveniente: culpar a la víctima. Si una persona cruza la calle con cuidado y siguiendo las leyes del tránsito, y aún así es atropellada por un conductor imprudente, la culpa es por supuesto del conductor imprudente; pero la ley del pensamiento positivo permite afirmar que la culpa es del atropellado por no desear lo suficiente llegar a salvo a su casa. Si el conductor es un secuaz del pensamiento positivo, entonces puede ir manejando sin esforzarse, con la conciencia bien tranquila de que si un peatón se le mete bajo las ruedas, es la culpa del peatón desde el minuto uno. Y esto no es para tomárselo a broma: la ley de la atracción significa que los muertos en los campos de concentración nazi no desearon su liberación lo suficiente, que las víctimas de violación no atrajeron suficientes buenas vibras el día antes de la violación, o etcétera.

En última instancia, la dinámica del pensamiento positivo es la versión agnóstica o atea de lo que en religión se llama la fuerza de la fe. Una de las más claras muestras de pensamiento positivo es la famosa frase bíblica según la cual si tu fe es tan pequeña como un grano de mostaza, y le dices a una montaña que se mueva, entonces esa montaña se moverá. Que las montañas tengan una tendencia a emperrarse en un sitio, y que su velocidad de movimiento deba medirse a escalas de tiempo geológico, pareciera ser una muestra de que no hay fe ni siquiera para hacerle la competencia en tamaño a los granos de mostaza. Por eso los cultores del pensamiento positivo no suelen ser personas adscritas a una religión, o si lo son, es de manera laxa, como los cristianos a su manera; evitan llamar fe a lo suyo, y reemplazan el discurso del poder de Dios y la fe en Dios por las energías cósmicas y el pensamiento positivo, le dan un aura pseudocientífica, y a rodar. Por lo que, irónicamente, el mantra de decirle a otra persona que piense positivo es lo mismo que hacían los antiguos creyentes al recomendar la oración. Hoy en día la religión está desprestigiada y de capa caída por una serie de motivos, pero no la religiosidad, y a través de la superchería del pensamiento positivo, la religión ha encontrado una nueva manera de expresarse.

El cultor del pensamiento positivo entonces puede permitirse varios lujos. En primer lugar, al ser portador de una verdad religiosa superior, adquiere una patente de superioridad moral sobre los demás. En segundo término, apoya con fuerza el individualismo, valor hoy en día muy en alza, porque en definitiva la gente obtiene lo que se merece de acuerdo a su propio esfuerzo individual en pensar positivo. En tercer término, exime a la persona que profesa el pensamiento positivo de preocuparse por los demás, porque si en efecto, si usted piensa que la persona fracasada lo es porque no pensó en positivo lo suficiente y no practica la religión de la ley de la atracción, entonces usted no tiene por qué solidarizar con él ni compadecerse del pobre gil, ya que él mismo se lo buscó. En ese sentido, la persona que predica el pensamiento positivo es así también una mala persona, una persona egoísta que sustituye la ayuda efectiva e incluso la simpatía por un ayúdate a ti mismo que nadie más te va a salvar.

Por supuesto que el cultor del pensamiento positivo no reconocerá nunca que es una mala persona incapaz de empatía o solidaridad con sus semejantes. De manera que se defenderá. El argumento más recurrente de defensa sigue más o menos el siguiente tenor: "Igual hay que pensar un poquito positivo para que las cosas resulten". A veces con añadido: "Yo estaba igual que tú, empecé a pensar positivo, y empezó a irme bien". Este argumento presenta una trampa, y además una condescendencia. La trampa es confundir el pensamiento positivo débil con el fuerte; como decíamos más arriba, el pensamiento positivo débil es beneficioso porque es el motor que nos hace movernos, pero también admite una cierta probabilidad de fracaso. El cultor del pensamiento positivo fuerte entonces lo que hace es caracterizar al crítico del pensamiento positivo como un pesimista negativo, en una maniobra que en política se llama capturar el centro. Pero el cultor del pensamiento positivo fuerte es él mismo un extremista; somos los críticos del pensamiento positivo fuerte pero admitimos que el pensamiento positivo en sí, en dosis moderadas, es un refuerzo positivo, los que en verdad estamos al centro. Además, al usar estos argumentos, el del pensamiento positivo fuerte está implícitamente proponiéndose como modelo; el mensaje subliminal es "para que te vaya bien tienes que pensar y ser un poco menos como tú, y un poco más como yo". Lo que se corresponde de manera casi exacta a la discriminación que mucha gente religiosa hace entre los creyentes, que son buenos, y los paganos, que son malos.

Así es que la próxima vez que usted se tope con un adepto del pensamiento positivo en su versión fuerte, tenga cuidado. No cuente usted con esa persona. Converse con ella, pero tenga conciencia de que no vale la pena esperar nada de ella. Mejor vuélvase hacia las personas que consideran que las cosas buenas y malas de la vida son consecuencia de una mezcla de actitud personal, disposición de los terceros, y circunstancias favorables y desfavorables; es bastante probable que esas personas sean un poquito más solidarias y le aporten a su vida un granito de arena que no le va a resolver el mundo, pero al menos se lo hará más soportable y llevadero.

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