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miércoles, 12 de marzo de 2014

Cinco trucos para pagar menos impuestos en Chile (3 de 5).


En entregas anteriores de esta serie, aquí en la Guillermocracia, ya hemos visto dos trucos que le permiten hacerse descuentos en los impuestos. Todos ellos perfectamente legales. Ahora vamos a ver un tercero, que resulta en un interesante factor de inequidad, disfrazado por supuesto dentro del discurso neoliberal como un favorecimiento a la competitividad, etcétera.

3.- Si usted es empresario, puede hacer valer pérdidas de arrastre.

El impuesto de primera categoría, el que pagan supuestamente las empresas, se calcula más o menos de la siguiente manera. Primero se toman todos los ingresos brutos. A eso se le descuentan los costos directos, que es lo que cuesta producir ese ingreso. Luego se le descuentan los costos indirectos, que son otros costos no relacionados con ese ingreso, pero que aún así son pérdidas habituales para la empresa (por ejemplo: publicidad, créditos que no consigue cobrarse, algunos beneficios tributarios asimilados a costos indirectos como por ejemplo donaciones a universidades, etcétera). Y al último se introducen algunos ajustes por aquí y por allá.

Una vez obtenido el resultado, puede ser que éste sea positivo o negativo. Será positivo si después de descontarse todos los costos, aún queda algo en caja. Será negativo si los costos han sido tan altos, que los ingresos no alcanzan a cubrirlos; es decir, si usted ha funcionado con pérdidas en el año tributario.

La ley tributaria chilena a este respecto ha introducido un pequeño beneficio para los empresarios. Supongamos que usted obtiene beneficios negativos, o sea, pérdidas. En este caso lo que ha ocurrido es que su empresa se ha descapitalizado, ya que de seguro ha tenido que vender activos o sacrificar parte de su cuenta bancaria para sobrevivir. Suponiendo que consiga pasar al siguiente año tributario sin que la declaren en quiebra por el camino, esa pérdida puede contabilizarla como costo indirecto al año siguiente. A esto se lo llama pérdida de arrastre, porque consiste efectivamente en que usted arrastra la pérdida como costo al año siguiente, y se lo descuenta a dichos ingresos. Es una maniobra contable, por supuesto, ya que las pérdidas no se miden en dinero, sino en la contracción del activo de la empresa. Maniobra contable permitida y amparada por la ley, eso sí.

Volvamos al ejemplo de la fábrica de galletas que usted ha poseído ficticiamente a lo largo de los dos posteos anteriores de esta serie. Supongamos que hay crisis económica, y los padres están comprando menos galletas porque le dijeron a sus niños que "¡No hay dinero suficiente, así es que elige, quieres galletas o quieres interné!". A usted le cuesta 50 millones producir sus galletas, pero sólo ha conseguido vender un monto equivalente a 40 millones. En resumen, usted tiene un beneficio negativo o pérdida de 10 millones de pesos. Naturalmente, usted pagará cero pesos de impuesto a la renta de primera categoría.

Y aquí viene lo bueno. Usted no solamente no paga impuesto a la renta porque lógicamente usted no tuvo renta durante el año, sino que además puede trasladar esos 10 millones de pesos de pérdidas como pérdida de arrastre al ejercicio siguiente. Supongamos que al año siguiente usted, o mejor dicho su empresa, ingresa los 110 millones que decíamos en los ejemplos de los posteos anteriores, y sigue manteniendo sus 50 millones de costos. Le quedan 60 millones de utilidades... pero a esos 60 millones, usted le descuenta los 10 millones de pérdidas del año anterior, y se queda en 50. En pos de simplificar el ejemplo, vamos a hacer caso omiso del tema de la renta retirada, y para el caso vamos a suponer que usted se ha acogido al beneficio del art. 14 bis, pero que ha retirado la totalidad de las utilidades, por lo que no le hace a usted diferencia haberse acogido o no al beneficio este año.

La idea global detrás de esta figura, es conseguir que las empresas paguen impuestos en atención a sus utilidades a lo largo de varios ejercicios contables. Supongamos que en diez años su empresa ha tenido cuatro años con ganancias de 20 millones, tres con ganancias inusualmente buenas de 50 millones, y otros tres con pérdidas abrumadoras de 30 millones. Si no existieran las pérdidas de arrastre, usted debería pagar impuestos sobre (20+20+20+20+50+50+50) 230 millones de pesos a lo largo de diez años. Introduciendo las pérdidas de arrastre, la masa total de ingresos sobre la que calcular los impuestos quedaría en (20+20+20+20+50+50+50-30-30-30) 140 millones de pesos, lo que refleja mejor en particular su desempeño como empresario, así como se mantiene más en consonancia con el ciclo de la economía, evitando perjudicar a las empresas cobrándoles más impuestos de los que podrían pagar de acuerdo a su nivel de rentabilidad. Suena sensato.

¿En dónde está el problema? Una vez más, en que las personas físicas no tienen ese beneficio. Peatones como usted o yo, no pueden hacer valer pérdidas de arrastre. Porque dicho beneficio vale para el impuesto de primera categoría, que lo pagan las empresas (en realidad esto no es exacto, como ya hemos visto, pero digámoslo así por simplicidad), no para el global complementario. Si usted no es empresario, entonces no tendrá rentas de primera categoría, y por lo tanto quedará sólo afecto al global complementario, quedándose así sin este beneficio.

El impuesto global complementario se paga sobre todos los ingresos más o menos habituales de las personas: salarios y remuneraciones, arriendo de inmuebles o de vehículos, etcétera (supuesto de que usted tenga acciones, inmuebles aparte de su residencia o vehículos para arrendar, claro). Todo eso se suma, y paga usted su global complementario. Pero, ¿y si usted queda cesante y no recibe un salario durante varios meses, y no tiene otra fuente de ingresos? Entonces usted técnicamente está funcionando (usted se mantiene vivo, dicho de manera más directa) con pérdidas. Usted sigue gastando en alimentos, en medicinas si se enferma, en educación si se está formando o capacitando, etcétera. Y si usted no tiene ingresos y vive de allegado en la casa de alguien más, entonces ese alguien está gastando por usted, y por lo tanto usted es una pérdida para ese alguien. Y ese alguien, a su vez, también paga impuesto global complementario, y no puede descontarlo a usted como una pérdida de arrastre.

Pero de todas maneras, usted es una persona y no una empresa. Por ese motivo, parece razonable que ese beneficio que tienen las empresas, no exista para usted. Salvo porque...

...aplicarle ese mismo beneficio a las personas entraría de lleno en la lógica neoliberal de cómo funciona el mercado laboral. En la teoría económica neoliberal moderna, las protecciones laborales y la previsión social son distorsiones legales que perjudican la correcta asignación de recursos, y por lo tanto son una carga para la sociedad como un todo. Por eso se ha puesto de moda conceptos tales como ser emprendedor, usted es su propia empresa, en el mercado laboral si usted es un trabajador entonces usted es un productor o empresario porque produce trabajo, usted es su propia marca, etcétera. Entonces, si usted según dicha óptica neoliberal es tan empresario como el dueño de una empresa porque vende o alquila sus servicios por una remuneración, ¿por qué a usted le niegan el derecho a hacer valer sus propias pérdidas de arrastre? ¿Por qué ese beneficio existe sólo para las rentas que justo son aquellas que obtiene el empresario organizado y constituido como tal, y no para el empresario cuya utilidad deriva de la prestación de servicios laborales...?

En definitiva, las pérdidas de arrastre como institución no son negativas en sí. Lo negativo es que las razones lógicas por las cuales se le permite ese beneficio a las empresas, se les niega a las personas. O sea, el peatón como usted o como yo se queda con lo peor de ambos mundos: es un empresario sin un importante beneficio de ser empresario, dentro de una lógica economicista que predica el mantra de que todo dentro del mundo empresarial, nada fuera del mundo empresarial.

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