¡¡¡Blogoserie a la carta en la Guillermocracia!!!

No lo olvides. Durante Abril y Mayo está abierta la votación para que ayudes a decidir sobre el argumento y características de la blogoserie a la carta que estamos planeando publicar acá en la Guillermocracia. Vota en la parte inferior de esta página, o bien, pincha el enlace para mayores detalles.
- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Enrique II de Inglaterra: El hombre que gobernó desde Escocia hasta los Pirineos (1 de 2).


Seguro que el Enrique II de Inglaterra histórico no era tan galán.
Una de las grandes injusticias históricas, es que Enrique II de Inglaterra sea conocido en la cultura popular apenas como el rey que mandó matar a Thomas Beckett. Y eso con suerte, si es que ha llegado a su conocimiento en primer lugar. Porque el común de la gente conocen mejor a dos de sus dos mediocres hijos: Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra, los mismos de la leyenda de Robin Hood. Un semiolvido inmerecido de cara a la cultura popular, toda vez que Enrique II de Inglaterra es una de las grandes figuras de su época, uno de los reyes ingleses más importantes de todos los tiempos, y probablemente uno de los más importantes personajes de toda la Edad Media europea. Pero no cuenta lo mucho que se hace, sino la mucha propaganda que se pueda conseguir, y Enrique II en ese sentido es un personaje, no diremos con mala prensa, pero sí insuficiente para toda la obra que llevó a cabo durante su reinado, que aconteció en la segunda mitad del siglo XII.

En realidad, para ser brutalmente honestos, ni siquiera se nos había pasado por la cabeza hacer un recuento de este monarca acá en la Guillermocracia. Hasta que, escribiendo el artículo sobre cómo Hollywood se echa la ley al bolsillo, y que será de próxima aparición acá en la Guillermocracia por supuesto, me di cuenta de que no era el primer tema relacionado con Enrique II de Inglaterra que había visitado esta Patria; contabilizando sería la segunda vez, considerando que él también aparece como personaje en la miniserie Los pilares de la Tierra, que ya comentamos, si bien en un rol secundario porque debido a la época histórica, la primera mitad del siglo XII, tiene más importancia como personaje su madre la reina Maud que él mismo. Tengo entendido que en la segunda parte de la novela original aparece Enrique II ya adulto, y que todo eso se lo cortaron a la miniserie, pero como no he leído la novela, no puedo aseverarlo con seguridad. Aún así, de tanto salir en la periferia, va siendo hora de que le dediquemos un artículo completo acá en la Guillermocracia a Enrique II de Inglaterra, quizás el rey más poderoso de su tiempo... y uno que no ha conseguido dar el salto desde los tomos eruditos y polvorientos de Historia, al mundo de la cultura popular.


El advenimiento de Enrique II de Inglaterra.

Hasta el año 1.066, Inglaterra estuvo gobernada por una dinastía de monarcas anglosajones, cuya cultura estaba relacionada con los antiguos germanos y cuyo idioma era un inglés incluso más primitivo e incomprensible que el inglés shakesperiano, que ya de por sí es la pesadilla de cualquiera tratando de entender las letras de los dos primeros álbumes de Theatre of Tragedy. Pero volviendo a Inglaterra: en dicho año 1.066, el duque normando Guillermo invadió Inglaterra y entronizó la dinastía normanda, lo que tiene consecuencias acá en la mesa de redacción porque, habiéndose ganado el apodo de Guillermo el Conquistador, yo mismo como Padre Fundador de la Guillermocracia tengo que buscarme otro apodo distintivo. Creo que Guillermo el Estoico o Guillermo el Ceremonioso no están tomados todavía, y suenan bien.

Pero volviendo a la Inglaterra medieval. Aunque los normandos eran descendientes de los vikingos, llevaban siglo y medio viviendo y gobernando el Ducado de Normandía, y por lo tanto venían con una cultura y un idioma relacionados con el francés. La invasión normanda importó una serie de instituciones desde el continente, e intentó gobernar con mano de hierro sobre los rebeldes súbditos ingleses, razón por la que los reyes normandos se ganaron una muy mala prensa. Las leyendas de Robin Hood, sin ir más lejos, son un reflejo del nacionalismo anglosajón en rebelión contra la opresión normanda; aunque siendo justos, la versión definitiva de dichas leyendas data del siglo XIX, y por lo tanto hay en ellas mucho de mitificación nacionalista a la usanza del Romanticismo por entonces prevaleciente, más que estricto y piadoso apego a los hechos históricos.

El caso es que en 1.135 falleció el rey Enrique Beauclerc (Enrique I), que era hijo de Guillermo el Conquistador, y se abrió una guerra de sucesión entre dos pretendientes. Uno era Esteban de Blois por una parte, que era sobrino de Enrique Beauclerc, y por lo tanto nieto de Guillermo el Conquistador. La otra pretendiente era Matilde o Maud (con ambos nombres se la conoce), hija de Enrique Beauclerc y por lo tanto prima de Esteban de Blois, y otra nieta de Guillermo el Conquistador por supuesto. Como hija del rey fallecido, Matilde era quien tenía el derecho, y en vida Enrique Beauclerc había intentado por todos los medios que se la reconociera como tal, después de que el anterior heredero pereciera ahogado en un naufragio; si ustedes vieron Los pilares de la Tierra, recordarán que la serie parte con un naufragio, ése naufragio precisamente. Pero Esteban era popular, y aprovechándose de que Matilde estaba en Normandía al momento de fallecer Enrique Beauclerc, usurpó el trono. Lo que siguió fue una sangrienta guerra civil que se prolongó durante casi dos décadas, y que en la historiografía inglesa es conocida como The Anarchy, la Anarquía. Porque no fueron los Sex Pistols quienes inventaron el concepto de Anarchy in the U.K.

Alison Pill en Los pilares de la Tierra como la reina Matilde o Maud: you don't mess with her.
Finalmente, la guerra civil fue rematada por un acuerdo salomónico en donde Esteban fue reconocido como rey, mientras que Enrique, el hijo de Matilde, era reconocido como heredero (en el intertanto Enrique había crecido y ya era un joven en edad de asumir la corona él mismo). De esta manera, al fallecer Esteban de Blois en 1.154, Enrique el hijo de Matilde asumió el trono como Enrique II de Inglaterra, el rey que nos ocupa. Como podemos observar, este Enrique era biznieto de Guillermo el Conquistador.

Como a su vez Matilde o Maud estaba casada con un señor feudal llamado Godofredo de Anjou, el advenimiento de Enrique II al poder marca el inicio de la Casa de Anjou en el trono inglés. Debido a que el emblema de Godofredo de Anjou era una planta, esta dinastía es mejor conocida como Plantagenet. Anjou era un condado ubicado en la parte occidental de Francia, al sur de Normandía, y de su topónimo deriva el nombre con el cual se conocen a los dominios de Enrique II de Inglaterra: el Imperio Angevino. Que era una colección de territorios dispersos, más que un imperio en forma, pero los historiadores nacionalistas ingleses del siglo XIX consideraron que el título de Imperio sonaba bien. Y más o menos así quedó.

La herencia de la guerra civil inglesa marcó de manera definitiva a Enrique II. Aunque por derecho Matilde era la reina de Inglaterra, en realidad había vivido más tiempo en Normandía que en las islas, de manera que Enrique II se había criado en la atmósfera cultural francesa. Aunque se lo conoce con su título más lustroso, rey de Inglaterra, en realidad Enrique II tenía muy poco de inglés, y contemplaba sus territorios insulares como poco menos que el patio trasero de sus dominios. Tampoco en la época existía una conciencia nacionalista inglesa tan acusada, en pleno feudalismo como estaban inmersos. El Canal de la Mancha era más un puente entre las todavía embrionarias tradiciones culturales inglesa y francesa que una barrera de separación entre dos nacionalismos distintos como llegó a ser después; pero era obvio que Enrique II se sentía más cómodo en el lado francés que el inglés de dicho canal.


La lucha por la consolidación del poder real.

En la sociedad feudal europea en general, el rey era un señor feudal más, el de mayor rango, pero siempre inestable en su posición, dependiente de la lealtad de sus vasallos, y vulnerable a las intrigas palaciegas. Casi como Juego de Tronos, en particular si se considera que la primera temporada se inspira en la Guerra de las Rosas inglesa. Parte importante de por qué la guerra civil duró tantos años, se debió a que las rencillas y ambiciones personales de los señores feudales alimentaron durante años la hoguera de los ejércitos. Enrique II sabía que para poner fin a este estado de cosas, debía disminuir el peso que cualquier contrapoder feudal tuviera en contra de la Corona. Y en la época, los dos grandes contrapoderes eran los señores feudales por un lado, y la Iglesia Católica por el otro.

El arma que Enrique II utilizó contra los nobles fue bastante inesperada: las reformas judiciales. En el sistema feudal, el señor feudal tenía jurisdicción sobre su feudo. Existía una legislación real, pero ésta era interpretada por los señores feudales a su antojo y conveniencia, y complementada con las propias reglas de la casa, que ellos mismos después aplicaban como jueces. Casi como el narrador tomándose de manera liberal las reglas del juego en una partida de rol, con el excitante añadido de que decapitado en la partida, decapitado en la vida real. La consecuencia es que los vasallos eran más leales al señor feudal que al mismísimo rey, por temor a las represalias por parte del señor feudal. Y con esa base de poder, los señores feudales creaban redes y tramaban alianzas a su antojo para mantener al rey a raya, o ser ellos mismos hacedores de reyes si se terciaba.

Enrique II no se atrevió a atacar de frente las atribuciones judiciales de los señores feudales, pero a lo largo de su reinado instauró una serie de reformas que fortalecieron la judicatura real. Dos cambios resultaron fundamentales. Por un lado amplió la jurisdicción real, hasta convertirla en una verdadera alternativa a la justicia feudal. No suprimió las atribuciones judiciales de los señores feudales, sino que se limitó a ofrecer a la gente un amplio sistema judicial paralelo, más eficiente pero sobre todo menos arbitrario, de manera que sin obligar a la gente, la incentivó a que utilizaran ésta, debilitando de paso la lealtad de los vasallos hacia sus señores feudales y minando así su poder.

La segunda reforma importante, fue tomar una antigua institución del derecho anglosajón, el jurado, y ampliarlo en la justicia real hasta transformarlo en el actual sistema judicial que vemos en cada película y serie de televisión al estilo de Perry Mason hasta la fecha. El jurado fue una innovación definitiva contra la arbitrariedad, ya que garantizó que los comunes serían juzgados por sus pares, no por una autoridad, en los asuntos de menor relevancia por lo menos, y por lo tanto la justicia misma sería más expedita, y sobre todo, más inmune a las presiones por parte de los poderosos. Además, el juicio por jurados realzó el valor de elementos tan básicos como la evidencia judicial, algo que por increíble que parezca, en la época no tenía demasiado valor; hablamos de un tiempo en donde los juicios por combate y las ordalías todavía eran la parte mayoritaria del sistema judicial, con todas las injusticia que lo anterior acarrea por supuesto.

Una representación de la obra teatral Asesinato en la catedral, basada en la muerte de Thomas Becket, y que el público disfruta a pesar de que el título mismo es un spoiler del final.

El hueso más duro de roer fue la Iglesia Católica, que obedecía al Arzobispo de Canterbury, y éste al Papa. La Iglesia Católica era una fuerza ambivalente en la época. Por un lado incentivaba la cultura y trataba de pacificar a los señores feudales. Por el otro, sobre todo a partir del papado de Gregorio VII (1.073 a 1.085) se había enfrascado en una cruzada por convertirse en un verdadero poder alternativo a los señores feudales, independiente y superior a éstos, siendo por lo tanto una amenaza para la estabilidad de la Corona, de cualquier corona, incluyendo la inglesa. Uno de los aspectos en que esto se manifestaba era el llamado fuero eclesiástico, una prerrogativa judicial por la cual un sacerdote era juzgado por la Iglesia, no por el rey, con los favoritismos que son de suponer. La Iglesia Católica había sido la piedra de tope de todos los reyes normandos desde Guillermo el Conquistador, y con Enrique II no iba a ser la excepción.

Enrique II creyó ganar la mano cuando consiguió el nombramiento de un amigo, Thomas Becket, para el cargo de Arzobispo de Canterbury. Para su desgracia, Becket era la clase de persona que se toma su trabajo muy en serio (sea por ambición propia, sea por el mero sentido de la decencia), y aunque amigo de Enrique II, defendió con celo a la Iglesia, para desconcierto del rey, que esperaba tratarlo como a una marioneta. El duelo entre ambos acabó de manera trágica, cuando Enrique II en una soberana rabieta monárquica, gritó frases destempladas que algunos caballeros interpretaron como un deseo por parte del monarca de que a Becket se lo cargaran. En consecuencia, para congraciarse con el rey, dichos caballeros emboscaron a Becket y lo mataron en 1.170. La popularidad póstuma de Becket, y la de la Iglesia, llegó a ser tan meteórica, que Enrique II debió hacer penitencia pública para reconciliarse con sus vasallos. Dice la leyenda que se dejó azotar frente a la tumba del santo para volver a ganar el favor popular. Esto último resultó muy importante considerando que pocos años después, Enrique estaba sumergido en una guerra civil con sus propios hijos.

¿Se imaginan ustedes a un Presidente actual, cualquier Presidente, expiando sus pecados a latigazo limpio...?

En años sucesivos, Enrique II tuvo que lidiar con arzobispos menos capaces, políticos o comprometidos que Becket, y consiguió eclipsar a la Iglesia Católica, por un tiempo al menos.

No se crea que Enrique II de Inglaterra era más popular por esto. En realidad, los barones se resentían mucho de que el rey apretara demasiado la mano por encima de ellos, acostumbrados como estaban a ser independientes y hacer su voluntad y capricho. El carácter temperamental del rey tampoco ayudaba. Pero con un poco de orden, Inglaterra consiguió vivir algunos años de creciente prosperidad.

En la segunda entrega y final de Enrique II de Inglaterra: El hombre que gobernó desde Escocia hasta los Pirineos, comentaremos cómo este monarca se creó una colección de territorios que se expandían por todo el sur de Gran Bretaña, así como por el occidente de Francia. Y de los problemas que debió afrontar cuando empezó a hacerse viejo y sus hijos se impacientaron por heredar su corona. Todo eso, pronto aquí en la Guillermocracia.

Peter O'Toole como Enrique II de Inglaterra en El león en invierno de 1.968.

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails

¡Blogoserie a la carta!: ¿De qué género quieres que sea el o la protagonista?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuántos protagonistas quieres que sean?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál será la ambientación?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Contra quién se enfrentan el o los héroes?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál es la motivación del protagonista?