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miércoles, 19 de febrero de 2014

Enrique II de Inglaterra: El hombre que gobernó desde Escocia hasta los Pirineos (2 de 2).

Una figura tan épica como Enrique II de Inglaterra se merece todo un Patrick Stewart que lo interprete en la pantalla. Fotograma de El león en invierno de 2.003.
En la entrega anterior de Enrique II de Inglaterra: El hombre que gobernó desde Escocia hasta los Pirineos, nos referimos a cómo este monarca accedió a la corona de Inglaterra después de una despiadada guerra civil, y de la serie de medidas que tomó para evitar que volviera a estallar una nueva. Todo eso, aquí en la Guillermocracia. A continuación, la segunda parte y final de este artículo.


Enrique II en el mapa internacional.

En el plano internacional, Enrique II fue el monarca más poderoso de la Edad Media. Los reyes ingleses tenían siempre el problema de que, en su condición doble de reyes de Inglaterra y duques de Normandía, eran vasallos del rey de Francia desde el día en que el primer duque normando, Rolón, había recibido el ducado en vasallaje de la corona francesa, en 911. Se suponía que los vasallos obedecieran y siguieran a su señor, y la violación de este deber era la felonía. Ustedes se imaginarán lo que suponía para el rey de Inglaterra el verse amarrado a su vasallaje con el rey de Francia. Por lo tanto, los esfuerzos de Enrique II se dirigieron entonces a lidiar con Luis VII de Francia. Y resultaron extraordinariamente exitosos.

El gran golpe de Enrique II fue su matrimonio con Leonor de Aquitania. Ella era la heredera de Aquitania, que se corresponde más o menos con el actual suroeste de Francia. Leonor había estado casada con Luis VII, pero el matrimonio había acabado en divorcio debido a lo que hoy en día llamaríamos diferencias irreconciliables. Hoy día es un tanto al revés, pero en el siglo XII, la región más civilizada de Francia era el sur, no el norte, debido a que el sur era la región más en contacto con la cultura del Mar Mediterráneo, enriquecida en dinero y cultura por el comercio con el mundo musulmán. Aquitania era parte de ese sur floreciente, y Luis VII era del semibárbaro París. El demasiado medieval Luis VII y la demasiado independiente Leonor, nunca habían terminado de llevarse.

Enrique y Leonor en Winchester el 19 de diciembre de 1.154, en donde fueron coronados reyes de Inglaterra. Para pesadilla y maldición del primer marido de Leonor, el rey francés...

Repasemos geografía. Aquitania era la región occidental del sur en Francia. Enrique II de Inglaterra poseía por herencia ya la región occidental del norte de Francia: Normandía y Anjou. Es decir, con el matrimonio de Enrique II y Leonor de Aquitania, Enrique acumuló en sus manos una suma de territorios que, salvo algunos feudos sueltos aquí y allá, constituían prácticamente toda la mitad occidental de la actual Francia. Enrique II el vasallo tenía más dominios bajo su mando que el mismísimo Luis VII, en teoría su señor feudal.

Enrique II redondeó sus dominios atacando y conquistando militarmente varios feudos que eran como piezas faltantes dentro del rompecabezas, compactando así sus dominios. En el momento de su apogeo territorial, Enrique II de Inglaterra gobernó prácticamente todos los territorios desde Escocia hasta los Pirineos. De todas maneras, esta colección de territorios tenía cada uno su tradición, costumbres y leyes, y aunque Enrique II intentó crear una estructura administrativa común, nunca llegó al extremo por otra parte demasiado revolucionario para la época, de convertirlos en un aparato único. De esta manera, aunque se le ha llamado Imperio Angevino, el nombre es un tanto inexacto: el calificativo de confederación monárquica sería quizás más exacto.

No contento con lo anterior, Enrique II depositó su mirada sobre Irlanda. En realidad, hacerlo era casi una cuestión de supervivencia. Si Inglaterra era una colección de señoríos feudales con una inestable corona gobernando a los barones ingleses, Irlanda ni siquiera tenía una corona común. Enrique II vivía con el miedo de que los galeses decidieran tentar suerte invadiendo Irlanda, y creando allí reinos poderosos que le abrieran un nuevo frente de batalla adicional a todos los que ya tenía; en la época, Gales estaba teóricamente bajo dominio de la corona de Inglaterra, pero en la práctica, los barones galeses tendían a mandarse como querían, y su sujección a los ingleses tendía a ser más bien nominal. En 1.171, Enrique II de Inglaterra envió una expedición militar armada a Irlanda, e instauró una especie de protectorado sobre la isla. Pero sus políticas para mantener sujeta a Irlanda fracasaron una detrás de la otra. En determinado momento decidió nombrar como gobernador a su hijo Juan Sin Tierra, y esta tentativa, como otras, también fracasó; lo que resulta hilarante si se piensa que esto acabaría siendo casi un prolegómano de la ineptitud de Juan como rey de Inglaterra, llegado el día.

El Imperio Angevino de Enrique II de Inglaterra: No tiene sentido crearse un dominio imperial si no va a ser a lo grande.

Además de eso, Enrique II creó una importantísima red de alianzas a lo largo de toda la mitad occidental del continente europeo, a la manera en que se hacían tales cosas en la época: mediante alianzas matrimoniales. Su hija Matilda, llamada igual que su abuela la madre de Enrique II, se convirtió en Duquesa de Sajonia por su matrimonio con Enrique el León, el principal señor feudal alemán por debajo del mismísimo Emperador Federico Barbarroja; Enrique el León fue, por más señas, el hombre que conquistó todos los territorios alemanes entre Baviera y el Mar Báltico, derrotando a los paganos vendos que lo habitaban, y fundando Berlín en 1.156 (años después, temiendo su poder, Federico Barbarroja le tendió una celada judicial y consiguió desactivar ese peligro para su propia corona). Su otra hija Leonor (llamada igual que su madre y la esposa de Enrique II, Leonor de Aquitania) contrajo matrimonio con Alfonso VIII de Castilla, la principal potencia militar de España en la época, y cuyo mayor triunfo fue destruir la invasión musulmana almohade desde el norte de Africa. Una tercera hija, Juana, contrajo matrimonio con Guillermo II de Sicilia, en la época en que el Reino de Sicilia era la mayor potencia naval del Mediterráneo Occidental. En el apogeo de su poder, las redes internacionales de Enrique II lo convertían, en conjunto con Federico Barbarroja y el Papado, en el soberano más poderoso de todo Occidente.


El legado de Enrique II.

Inglaterra estaba encaminada en ruta a ser un país fuerte y centralizado, pero sus hijos se encargarían de fusilarse su legado. Dos de ellos merecen especial atención: Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra.

La leyenda recuerda a Ricardo Corazón de León con el aura romántica de un caballero medieval de lanza en ristre librando gloriosos combates. Algo de eso hay, pero dichas cualidades caballerescas que lo convierten en un grandioso personaje de leyenda, en vida lo hicieron un rey de paso más bien triste por la corona. Era, dicho de manera directa, un hombre prepotente y petulante con muy poco seso para la estrategia y el cálculo maquiavélico, lo que a la larga le resultaría ruinoso. Su gran aporte histórico fue participar en la Tercera Cruzada en 1.190, en la que el mencionado Federico Barbarroja falleció ahogado, y de la que él mismo debió retirarse para defender su trono cuando su hermano Juan Sin Tierra trató de arrebatárselo. De regreso a Inglaterra fue capturado por un caballero que se la tenía jurada, que lo traspasó al Emperador de Alemania, que lo liberó a cambio de la cesión de sus derechos hereditarios sobre Sicilia (Ricardo era, recordemos, hermano de Juana y por lo tanto cuñado de Guillermo II de Sicilia, que entretanto había fallecido en 1.190). Murió algunos años después, de manera más bien ignominiosa, asediando un castillo francés.

Juan Sin Tierra llegó por segunda vez al trono, ahora no por usurpación sino por legítimo derecho. La leyenda negra lo recuerda como el rey que subía impuestos contra el que luchaba Robin Hood, pero dicha leyenda es exagerada: por un lado, la corona necesitaba dinero debido a las exacciones monetarias en que Ricardo había incurrido por sus empresas caballerescas, y además los señores feudales y la Iglesia Católica, deseosos de revertir las reformas de Enrique, no lo dejaban en paz. Además, desde 1.180 gobernaba en Francia el rey Felipe Augusto, hijo de Luis VII (el primer esposo de la madre de Juan Sin Tierra, recordemos), mucho más ducho que su padre en política internacional, y que consiguió arrebatarle Normandía. De todas maneras, aunque su leyenda negra ha sido exagerada, tampoco es que fuera un rey de muchas luces que digamos.

La hora del fracaso supremo de Juan Sin Tierra fue cuando los barones ingleses le obligaron a suscribir una declaración por la que les aseguraba ciertos derechos. Como era una carta tan importante, se le puso el calificativo latino de grande, y así la llamamos hoy en día: la Carta Magna. Es una de las grandes ironías de la Historia que dicha Carta Magna, que a la luz de todo lo expuesto puede considerarse como un documento conservador, incluso reaccionario, por defender los derechos feudales de los barones, se transformó en uno de los textos más progresistas de la Historia. Porque los derechos garantizados a los barones y que limitaban el poder real, con el paso del tiempo se hicieron extensivos a toda la población inglesa, y formaron la base de la moderna teoría de los Derechos Humanos.

El elenco en pleno de la versión fílmica de 1.968 de El león en invierno: cría cuervos...

Pero esto significó deshacer el legado de Enrique II, por supuesto; cuando sucedió todo lo descrito, Enrique ya estaba muerto, de manera que volvamos a cuando seguía con vida. En realidad, sus últimos años habían sido más bien desgraciados. Sufrió la suerte de todo monarca medieval que ha sido exitoso y ha acumulado mucho poder, y que ha sobrepasado la cincuentena: sus hijos habían empezado a preguntarse cuánto se iba a morir el vejete para dejarles a ellos la corona. Recordemos que en la época los hijos nacían cuando el padre rondaba la veintena, y la expectativa de vida era de más o menos medio siglo, de manera que cuando un rey resultaba demasiado longevo y los hijos alcanzaban la adultez, empezaban a impacientarse.

Enrique II sufrió una sublevación generalizada de sus hijos entre 1.173 y 1.174, en donde lo atacaron desde dos frentes, Francia y Escocia. Entre los conspiradores estaba su propia esposa Leonor de Aquitania, cuyo matrimonio había hecho aguas un poco por la misma razón que con Luis VII de Francia (ella era demasiado liberal, él tenía un carácter de los demonios...). Ahí fue donde Enrique hizo su famosa peregrinación a Canterbury, se hizo azotar sobre la tumba de Thomas Becket, etcétera; ya hemos hablado sobre esto. Con esfuerzos sobrehumanos, Enrique consiguió triunfar sobre sus enemigos, y mantener sus dominios en una sola pieza.

Pero Enrique había vivido sus primeros años en guerra civil, y había gobernado con mano de hierro para evitar una nueva, y terminó viviendo su ocaso en otra guerra civil distinta con su propio hijo Ricardo Corazón de León, quien en el intertanto había sido beneficiado con el título de Duque de Aquitania, y ya no se dejaba mandonear por su padre. La guerra civil fue espoleada por el mencionado Felipe Augusto de Francia, feliz de debilitar al enemigo poniendo al hijo en contra del padre. La paz llegó cuando Enrique, gravemente enfermo, terminó cediendo ante todas las exigencias de Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León, únicamente para poder morirse en paz. En eso le llegó a Enrique la noticia de que su hijo favorito, Juan Sin Tierra, había unido fuerzas con Ricardo. El pobre Enrique II, hastiado de todo, se limitó a volverse hacia la pared en su lecho de enfermo, y decir algo en la línea de que ya no le importaba nada más en lo absoluto.

Falleció poco después, el 6 de Julio de 1.189. Tenía 56 años de edad. Su esposa Leonor le sobrevivió quince años, los suficientes como para ver cómo la inepta conducción política de sus hijos terminaba por hundir el Imperio Angevino que el matrimonio de ella había creado para Enrique II. Pero si el legado territorial de Enrique II no duró en el tiempo, las reformas administrativas y judiciales del monarca fueron un gran salto hacia adelante para Inglaterra. Es exagerado afirmar que con Enrique II comienza el estado moderno inglés, pero sin lugar a dudas, su reinado en que cicatrizó las heridas de una devastadora guerra civil, sentó las bases para comenzar a superar la sociedad feudal en su país, y por añadidura fue aquel en el cual se inició el despegue definitivo de Inglaterra al primer plano de la política mundial, rol que ya no abandonaría, hasta el siglo XXI por lo menos.

Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania en una representación del siglo XIV. Nada grita tan fuerte la palabra romance como que para ella sea su segundo matrimonio...

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