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domingo, 23 de febrero de 2014

Cinco películas que se meten la ley en el bolsillo.


Lo que hace interesante a toda película es el conflicto, y una fuente inagotable de conflictos es la ley. El género cinematográfico entero del drama de corte judicial juega con esto. Y sin embargo, la realidad a veces parece insuficiente para crear drama, así es que es necesario torcer las leyes un poco, para que se ajusten a las necesidades de crear un buen conflicto dramático en pantalla. En la vida real torcer la ley sería ilegal, y en las películas... también, pero lo hacen igual. Por el recurso de que la ley en las películas funciona de manera distinta a como funciona en la vida real. A veces grotescamente distinta. Y el público se lo sigue tragando. Esto es así para las películas de abogados y jueces, pero también para las películas de empresarios, grandes corporaciones, etcétera. A continuación en la Guillermocracia, cinco ejemplos de cómo el cine a veces se ha visto obligado a retorcer la ley de manera incluso más creativa que su abogado corrupto favorito, con el fin de que la película sea más dramática. Y en algunos casos, para que haya drama en primer lugar. Claro que esto no es un juicio sobre las películas en sí. Algunas de las que incluimos en el listado son muy buenas dentro de lo suyo. Pero una cosa es ser bueno y otra cosa respetuoso de la ley. Dejémoslo de esa manera.

1.- Los Intocables (1.987): El jurado no funciona así.

La película: Si no han visto Los Intocables, sáltense al siguiente número porque lo que viene es un spoiler grueso del final. Si han visto la película, recordarán que Al Capone es arrestado no por la serie de asesinatos que dejó caer por el camino, sino por evasión de impuestos, porque nunca pudo justificar de dónde salió todo el dinero que lavó; hasta ahí no solo es verosímil, sino que de hecho los impuestos están tan controlados que el Al Capone histórico y mucha gente después ha caído por esta trampa. Pero en la película Al Capone, interpretado por Robert De Niro, se guarda una última carta bajo la manga: ha sobornado al jurado. El héroe Elliot Ness, interpretado por Kevin Costner, presiona entonces al juez para que haga algo al respecto, y lo convence diciéndole que él también estaba en la nómina de los sobornados (es un bluff porque no lo estaba, y funcionó). ¿Qué hace el juez? Aquí viene la parte en que los guionistas les faltó un curso de Derecho. El juez manda intercambiar dos jurados completos, entre el suyo propio y el de un proceso que se está ventilando al lado. Al Capone se fastidia, presiona a su abogado para que haga algo, y éste, en el momento épico supremo de la película, cambia la declaración de inocente a culpable, asegurando así el triunfo completo y absoluto de los héroes sobre las fuerzas del mal.


La realidad: En el sistema judicial estadounidense, el jurado es una de las más importantes garantías procesales para los ciudadanos. El juicio por jurados se instituyó en el Derecho Anglosajón en el siglo XII después de Cristo por el rey Eduardo II de Inglaterra, y de ahí pasó a Estados Unidos; a su vez, el juicio por jurados fue creado como una garantía para los comunes, de que iban a ser juzgados por otros comunes igual a él, y no por una autoridad real o feudal que pudiera hacer uso y abuso de su poder para condenar a inocentes a quienes les tuviera sangre en el ojo. El nombramiento de un jurado implica una sesión aparte en la que los abogados comparecen y tachan a cuanto jurado les parezca que no tendrá la debida imparcialidad para con el juicio, debiendo el juez aceptar la tacha por supuesto para evitar abusos por parte de los leguleyos (de manera un poco pasada de roscas, este nombramiento y tacha de jurados es la base de Tribunal en fuga, un thriller de 2.003, dicho sea de paso). El jurado en Estados Unidos debe presenciar la totalidad del proceso y escuchar a todos los testigos. Por lo tanto, si hubiera prueba de que el jurado está corrompido, lo que procedía era simplemente declarar nulo el juicio, y llamar a un nuevo juicio (no se vulnera el principio de que no se puede juzgar dos veces un mismo delito porque el primer juicio es nulo y por lo tanto carece de todo valor). Pero claro, eso hubiera quedado un poco soso de cara al espectador, de manera que tenemos la salida melodramática que tenemos en la película. Por añadidura, un abogado que cambia la declaración de inocencia a una de culpabilidad sin el consentimiento de su cliente, debería ser despojado de su título y permiso para intervenir en juicios de inmediato, por la grosera falta a la ética profesional que ello representa, ya que un abogado no está para hacer justicia sino para defender el interés de su cliente por todos aquellos medios que la ley le franquea. Si el juez insiste en el camino de cambiar al jurado, el abogado debería haber reclamado la nulidad del juicio de inmediato. Al Capone quizás hubiera sido condenado lo mismo en otro juicio, pero le hubiera ganado tiempo, a lo menos.

2.- Doble riesgo (1.999): Es cierto que un mismo delito no puede ser juzgado dos veces pero...

La película: La chica que interpreta Ashley Judd está felizmente casada, hasta que de pronto su marido aparece muerto, o algo así. La chica es arrestada, llevada a juicio y condenada por homicidio en la persona de su marido. Pero todo ha sido parte de una elaborada puesta en escena por parte de éste, que no está muerto sino que ha obtenido la condena de su esposa y ha desaparecido con dinero. La chica sale después de la cárcel, y se dedica el resto de la película a buscar y cazar a su marido porque tiene licencia legal: como ya ha sido juzgada por el asesinato de su cónyuge, entonces podría ir y dispararle a su adorado tormento delante del Presidente de la República, el Presidente de la Corte Suprema y el Presidente de Coca Cola, y no podrían tocarle un solo pelo. Eso, en virtud del principio de que un mismo delito no puede ser juzgado dos veces (non bis in idem, que en latín significa no dos veces en lo mismo).

La realidad: Para que concurra un non bis in idem, debe tratarse exactamente del mismo delito. Dos intentos de asesinato sobre una misma persona no cuentan como un mismo delito, sino como dos, por razones bastante obvias. Vale que el primer intento de asesinato nunca ocurrió porque todo fue un engaño por parte de la supuesta víctima, pero aún así era un hecho que revestía caracteres de delito, que es diferente al hecho del verdadero intento de asesinato. El marido sigue siendo culpable, aunque no de homicidio sino de alguna clase de fraude (la tipificación de los fraudes tiende a ser confusa porque los propios medios para cometer fraude no tienen más fronteras que el ingenio del defraudador), amén de deberle a la protagonista una cuantiosa indemnización civil por daños y perjuicios. La segunda vez en que la protagonista da la apariencia de tratar de matar al marido (sólo apariencia, porque en realidad es la primera vez), cuenta como un segundo hecho que reviste caracteres de delito, con independencia de si después concurren atenuantes o eximentes respecto del mismo. En la película, Ashley Judd sí hubiera terminado siendo juzgada otra vez por asesinar a su marido (que esta vez, soplo del final, sí se muere), ya que si bien en apariencia concurre la legítima defensa, no es menos cierto que a lo largo de toda la película ella ha complotado para ello, y por lo tanto hay a lo menos delito en grado de tentativa.

3.- Up (2.009): El protagonista jamás podría haber sido desalojado.

La película: Carl es un viudito que ha tenido una vida placentera, y que vive en su antigua casita dentro de un barrio en donde están demoliéndolo todo para construir grandes edificios. Se resiste por todos sus medios a vender, y se queda en su propiedad. Pero un incidente con un cartero le proporciona a la malvada empresa de construcción el pretexto justo que necesitan para expulsarlo de la casa. Afligido, Carl recurre a una solución desesperada, y muy de película Pixar: amarrarle globos a la casa y salir volando con ella. El resto es la aventura que forma el grueso de la película.

La realidad: En la situación descrita en la película, Carl jamás habría sido expulsado de la casa. El incidente hubiera terminado únicamente con un problema judicial relativo a la correspondencia (meterse con ella es delito federal en Estados Unidos), y aún así es difícil que Carl hubiera terminado en prisión por el tema. Cuando mucho hubiera tenido que vender algunos bienes para pagar una indemnización, que no hubiera sido excesiva tampoco porque no hay daño físico de por medio; con vender unas cuantas antigüedades hubiera bastado. Por otra parte, Carl es una persona que obviamente está en uso de todas sus facultades mentales, y el psiquiatra nombrado por el juzgado para examinarlo así lo hubiera declarado. Para desalojarlo, habrían tenido primero que declararlo privado de sus facultades mentales. Luego, nombrarle un tutor o albacea, que por supuesto no habría sido nombrado a dedo por la inmobiliaria. Y al último, dicho tutor o albacea habría tenido que vender la propiedad a dicha inmobiliaria y a nadie más. Demasiado complicado. En la vida real, las inmobiliarias suelen recurrir al truco más simple de hacer una oferta por la casa que valga tres o cuatro veces el precio de la misma con su terreno; parece caro, pero se lo reembolsan con creces después construyendo y vendiendo un edificio de treinta pisos con seis departamentos cada uno. O un edificio de oficinas. Y si aún así la persona es la única de la cuadra que se niega a vender... suele construirse todo el resto a su alrededor y dejarle tranquila su pequeña parcelita. Es menos gratificante y rentable, pero mucho más cómodo.

4.- El fugitivo (1.993): Los límites de una investigación para exonerar a un inocente.

La película: El doctor Richard Kimble regresa a su casa, sólo para encontrarse con que su señora ha recibido pasaporte a la eternidad. Un asesino anda suelto, pero toda la evidencia incrimina al doctor Kimble. Este es llevado a juicio y condenado. Por accidente, el doctor Kimble consigue escaparse, y tras una serie de peripecias, consigue dar con el asesino de su señora. El inspector Gerard lo arresta, pero la película pareciera dejar en claro que será finalmente exonerado; el inspector Gerard a lo menos está dispuesto a declarar en su favor.

La realidad: Dejemos de lado el hecho de que el abogado de Richard Kimble es tan inepto, que no consigue convencer al jurado de que la llamada telefónica que sirve para condenarlo en realidad es bastante ambigua; por lo tanto, basándose sólo en esa evidencia, Kimble jamás debería haber sido condenado porque concurriría duda razonable. El problema principal de esta película es que en su ruta para cazar al asesino de su esposa y exonerarse, el doctor Kimble incurre en una serie de delitos por los cuales, al momento de su arresto, sí que debería responder. Evadirse de prisión mientras se está cumpliendo condena es un delito en sí. Durante el resto de la película irrumpe ilegalmente en propiedad privada, suplanta a un paramédico, se resiste al arresto cuando está siendo encañonado por una autoridad competente, persigue al asesino de su esposa de por sí en vez de hacer la denuncia a la policía de la evidencia que ha conseguido y por lo tanto conduce una investigación judicial sin autoridad policíaca para ello... Existe una eximente de responsabilidad criminal llamada estado de necesidad, en la cual una persona está justificada para cometer un delito si es que está protegiendo un bien jurídico mayor (un ejemplo típico: una persona puede legalmente irrumpir en una casa rompiendo la puerta, lo que en condiciones normales sería delito de violación de morada, si es que la casa se está incendiando y lo hace para rescatar a una persona atrapada adentro). Pero para que el estado de necesidad concurra, es necesario que el delito contra un bien jurídico sea hecho para proteger un bien jurídico mayor, y no existan otros medios disponibles para evitar el daño; como puede observarse, el doctor Kimble no puede ampararse en ninguna de ambas circunstancias. No es que la película deje de ser entretenida, pero es claro por qué cuando rodaron la secuela, el protagonista fue el inspector Gerard: es porque el doctor Kimble está todavía secándose en prisión por todos los otros delitos que cometió para exonerarse del primero. Hemos elegido El fugitivo por ser un ejemplo flagrante y bien conocido, pero muchas películas basadas en la idea del inocente injustamente perseguido, acusado y condenado que emprende una cruzada para exonerarse o para matar al verdadero hechor (como Doble riesgo, ya mencionada más arriba) se tropiezan en la misma piedra. Tanto, que muchas películas en donde un vengador persigue a quien le ha hecho un delito y es a su vez perseguido por el policía, al final deben hacer que el policía mire para otro lado o falsifique evidencia, defendiendo al protagonista, para que éste termine bien (Impacto fulminante de 1.983, Diabólicas de 1.996, Valiente de 2.007...). Porque a veces ni Hollywood puede torcer tanto la ley.

5.- El cadáver de la novia (2005): ¿Qué matrimonio?

La película: Terminando con un ejemplo no judicial. La película se abre con una pareja prometida en matrimonio sin conocerse. El joven, Victor, se conduce con torpeza y sale arrancando de un ensayo de la boda. Una vez que está solo en el bosque, pronuncia los votos matrimoniales e inserta el anillo de bodas por accidente en... el dedo cadavérico de una chica muerta (tiene sentido en el contexto). La chica muerta lo reclama entonces porque se han casado, y se lleva al joven para vivir una vida de necrofilia junto a ella. El joven protesta, pero aparentemente no puede hacer nada, porque está casado, lo que desatará todo el resto del drama de la película.

La realidad: No insistamos demasiado en el hecho de que la chica está muerta y por lo tanto no es legalmente sujeto de derechos, y por lo tanto mucho menos alguien que tenga capacidad legal para casarse, porque hablamos de una película fantástica después de todo. Dejemos también de lado el hecho de que el matrimonio como acto jurídico no puede haberse consolidado porque no había voluntad seria por parte del contrayente, ya que estaba medio ensayando en el bosque y medio bromeando; piensen ustedes que si no se exigiera una voluntad seria como requisito, entonces no podrían haber ensayos de boda porque al momento de ensayar ya estarían casados al pronunciar las palabras sacramentales, sin importar que la voluntad de los contrayentes no fuera celebrar el matrimonio de inmediato sino algunos días después. El punto es que el matrimonio es un acto solemne para la mayor parte de las sociedades, y por lo tanto se exige una serie de requisitos que en este matrimonio no se producen. Entre ellos deben haber testigos que puedan después declarar que el matrimonio de verdad ocurrió. Y el matrimonio debe ser celebrado por una autoridad con competencia suficiente para pronunciarlos casados: en el viejo matrimonio religioso era el cura, mientras que en la actualidad es el oficial de Registro Civil, y si el matrimonio se celebra en alta mar, el capitán del barco posee autoridad suficiente. Cuando Victor y su querida cadáver supuestamente contraen matrimonio, están absolutamente solos. No hay testigos, no hay oficial. Por lo tanto, el matrimonio es nulo o inexistente, a según la sanción legal del sistema jurídico de que se trate, y la novia no tiene ningún título para arrastrar al pobre tipo, carente de toda asesoría legal, a su mundo de ultratumba. (Además, al llevarse al novio todavía vivo a vivir de manera permanente en el mundo de los muertos, técnicamente ella está cometiendo homicidio. Pero eso es otra historia).

3 comentarios:

Argentina sin Juicios por Jurado dijo...

El artículo es muy simpático, pero no es cierto que un jurado no se pueda corromper. Y sin corromperlo, quien tiene más recursos tiene modos de investigar a los posibles candidatos para escoger los que conviene a su parte. Sin contar con que el juicio por jurados es tan oscurantista como designar cirujanos por sorteo en el padrón electoral. Es tan antidemocrático como designar al presidente, gobernador, intendentes y legisladores por sorteo en el padrón electoral. Dictar (como hace el jurado) un veredicto en secreto y sin fundamentación, es tan antirrepublicano como dictar leyes de ese tipo. Es unas 5 veces más lento y caro. Es proclive al error judicial, porque no exige una convicción fundada en la valoración razonada de la prueba producida. Es un sistema FRACASADO en todo el mundo.
Recomiendo ingresar a:
www.argentinasinjuiciosporjurado.blogspot.com

Cidroq dijo...

Jeje buen artículo Guillermo, ya ves Hollywood va contra todo lo que le estorbe para armar una película (hata contra la dignidad y el sentido común).

@Argentina, creo que Guillermo no dice que no se puede corromper el jurado, sino que en la película al descubrir que el jurado es corrupto lo cambian por otro en caliente, lo que en realidad debía haber pasado es declarar nulo ese juicio y empezar otro desde cero con un jurado nuevo.

Guillermo Ríos dijo...

@Argentina, nadie dice que un jurado no se pueda corromper, y de hecho en la película mencionada, el punto central de la escena es que el jurado ha sido sobornado (y el juez no, pero también es corrupto). Además los jurados son sensibles a los prejuicios personales, de manera que un jurado de blancos puede condenar a un negro o un jurado de negro absolverlo, influido por motivos de raza. El sistema de jurados no fue implementado por Enrique II como una garantía de la democracia, sino como una manera de fortalecer el poder real frente a los señores feudales (ver al respecto mi artículo Enrique II de Inglaterra: El hombre que gobernó desde Escocia hasta los Pirineos. Para la época de la reforma judicial de Enrique II, ser juzgado por un jurado era una garantía básica del debido proceso, y todavía lo sigue siendo dentro de la concepción judicial del Derecho Anglosajón. Por otra parte, debe tenerse presente que el sistema judicial anglosajón es mucho menos legalista que el de raíz romanista común a los países de herencia hispánica, y por ende un sistema por jurados puede funcionar mucho mejor allá. De hecho, en la Reforma Penal Chilena se barajó la posibilidad de implementar jurados, y terminó desechándose ante la idea de tribunales de primera (y única) instancia compuesto por tres letrados, justo por esa razón. El error de la película Los intocables no es mostrar al jurado como incorruptible, sino el remedio elegido por el juez para solucionar el problema, ya que eso en manos de un abogado competente hubiera desembocado en la nulidad de todo el proceso.

@Cidroq, en realidad creo que lo mejor es tomarse estas licencias dramáticas con un poco de sentido del humor. También hay algo de culpa del espectador promedio por no saber. Porque lo de los jurados puede en realidad ser algo técnico, pero cosas como el hacerse justicia por la propia mano, como ocurre en El fugitivo, son casi de sentido común.

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