miércoles, 12 de febrero de 2014

12 horripilantes mitos románticos y sexuales griegos.

El juicio de Paris, o el primer concurso de misses en la Historia, en donde las candidatas eran las tres diosas más importantes del panteón griego, exhibidas como ganado... y también el primer concurso de belleza con sobornos al jurado.
Uno de los posteos más exitosos de 2.013 en la Guillermocracia fue el dedicado a las diez historias románticas que terminan mal, publicado en vísperas del Día de los Enamorados, y dedicado a todas esas personas que no están enamoradas, o que están enamoradas y desilusionadas, y que se ven machacadas por la publicidad a ser felices. Porque como ya hemos defendido, acá estamos en contra de un Internet club wenaonda a la fuerza, y tiene que haber un poco de todo para todos.

De manera que, puestos a la labor de redactar un sucesor que se hubiera llamado 10 nuevas historias románticas que terminan muy mal o algo similar, más o menos por accidente, terminamos por dar con una cantera inagotable de mitos sexuales horripilantes: la Mitología Griega. Cualquier persona cuya devoción por los mitos griegos venga de esas pinturas barrocas con ninfas de bellas carnes o efebos de lánguidas poses, podría figurarse que los mitos griegos son fuente de belleza inagotable. De hecho, ¿no se supone que los griegos fueron los que codificaron nuestros actuales conceptos de belleza? Pero a poco que uno se ponga a escarbar, y reflexione y medite un poco sobre lo que está leyendo, podrán darse cuenta de que las historias románticas de los mitos griegos contienen todas ellas elementos horribles, para nuestra mentalidad a lo menos. Hablamos de amantes despechadas, de violaciones, de raptos, de venganzas siniestras que implican matar o desfigurar a algún rival...

Hay una que no incluimos acá, a pesar de ser una de las más horripilantes, porque ya lo hicimos en el posteo 10 historias románticas que terminan muy mal. Nos referimos a la historia de Medea, la hechicera de la Cólquide que ayudó a Jasón a conquistar el Vellocino de Oro porque quería parir hijos del héroe... sólo para que el héroe la botara después y se casara con una princesa griega como la gente, después de lo cual Medea organizó una de esas masacres que hacen leyenda. Literalmente, porque lo suyo es una leyenda. Lean el mencionado posteo por más detalles.

Y sin más preámbulos...

1.- Urano y Gea.

Partimos con la pista pesada, pero considerando que esta historia es de los tiempos de la Creación, hace sentido. Gea es la primera diosa, la Madre Tierra. Y concibió a su hijo Urano, el Cielo. Según Hesíodo por lo menos, porque comprenderán por lo que viene más adelante, que el muy pudibundo Cicerón intentó cambiar la genealogía por una más casta; pero Cicerón era uno de esos tipos que opinaban que la República Romana va muy bien, hasta que la República se desplomó. Como era el inicio del mundo y por lo tanto no había más hembras dando vueltas, Urano se desfogó arrogándose derecho a roce repetido dentro de su propia madre. Los poetas suelen suavizar el trago aduciendo que en realidad esto es una bellísima metáfora de como el cielo a través de la lluvia humedece a la tierra y la vuelve fértil... pero cuando un hijo humedece a su propia madre y la hace parir niño tras niño tras niño, a eso yo lo llamo incesto. Y se pone mejor. Resulta que Urano, probablemente pensando en que podían derrocarlo o algo, hizo un papá corazón y encerró a todos sus hijos en el Tártaro, la versión primitiva del infierno. Gea, cansada de que su hijo esté tan por la labor de crear cosas en el mundo (porque cada hijo que nacía era representación de algún aspecto inexorable y eterno del mundo como los mares, las montañas o los políticos)... le pide a Cronos que haga algo al respecto. Cronos es resultado de una de esas violaciones, así es que por tanto es al mismo tiempo hijo y nieto de Gea. Además es el dios del Tiempo. Cronos no se anda con chicas: va y castra a su padre (que es también su hermano...). Luego arroja las gónadas de su progenitor al mar, en donde éstas se las arreglan para fecundar y hacer salir críos por última vez, vaya potencia. Griegos: tres mil años de enseñar valores familiares a la civilización occidental.

2.- Zeus y Dánae.

Ahora uno un poco más humorístico, para los que tienen un sentido del humor un tanto retorcido. Una antigua profecía le avisa al rey Acrisio que un nieto suyo lo va a matar. Entonces Acrisio encierra a su núbil hija Dánae en una torre, para que ningún hombre tenga acceso carnal a ella. Pero en un mundo en donde existen dioses, nadie está a salvo, y Zeus el rey de los dioses se infiltra dentro de la torre. Hasta ahí, una historia de seducción normal. El punto es que para hacerlo, Zeus se convierte en... lluvia de oro. Hay comentaristas que han defendido la tesis de que esto es una metáfora de que en realidad el príncipe que habría originado la leyenda, habría accedido a la torre sobornando con oro a los soldados, o algo así. O acaso es un chiste algo más retorcido, de que como decía el poeta español Quevedo, quien tiene dinero es hermoso, aunque sea fiero. Pero contada la historia en crudo, la de una doncella aislada en su recámara y la de un galán que para poseerla se lanza sobre ella con una lluvia de oro... es simplemente demasiado bueno para dejarlo pasar. De hecho, Dánae siendo, ejem, visitada por la lluvia de oro, es uno de los motivos pictóricos más, ejem, visitados, del Renacimiento, el Barroco, el Rococó, el Romanticismo, el Modernismo...

3.- Hefesto y Afrodita... y Ares.

Los griegos tenían dos diosas principales para el amor. Hera la esposa de Zeus simbolizaba el amor de esposa y madre, el amor hogareño; quizás es por eso que en los mitos siempre aparece enfurruñada y enojona. La otra era Afrodita, la encarnación misma del fanservice, la diosa tutelar del amor sucio, mojado y calenturiento. Un día el dios Zeus se cansa de que Afrodita esté alborotando tanto a dioses y mortales, y decide casarla con el dios más feo de todos para retirarla del mercado matrimonial, por decirlo en términos economicistas modernos. Este resultó ser Hefesto, quien por nacer deforme, su propia madre lo arrojó del Olimpo a la Tierra, resultando del estrellón consiguiente que además quedara cojo; por cierto, la madre de Hefesto es Hera, la mencionada diosa de la maternidad, para que luego digan eso de que el amor de madre es incondicional. Para consuelo de Hefesto, éste se volvió el herrero de los dioses, en esencia el Q de James Bond, pero feo y patizambo. Es decir, la diosa más bonita y curvilínea de todas quedó casada con un cojo deforme y lleno de hollín. Y quien dijo que las mujeres prefieren la inteligencia al músculo, no se enteró de que en la Mitología Griega, Afrodita decidió ponerle los cuernos a Hefesto con Ares, el dios de la guerra; entre los griegos Ares no era el gallardo y viril Marte romano, sino más bien un cobardete rastrero pero siempre bien vestido de uniforme para impresionar a las chicas. Hefesto al enterarse, reaccionó como lo haría cualquier marido: tejió una red que sólo él podía abrir una vez cerrada, y la puso en la cama en donde Afrodita y Ares iban a devorarse mutuamente. Ambos amantes caen en la trampa, Hefesto la cierra, y luego grita por todo el Olimpo para que los dioses vayan a ver, y hacer pasar a Afrodita y Ares la vergüenza mayúscula de ser exhibidos en bolas y sin poder soltarse. ¿La reacción de los otros dioses? Según el escritor satírico Luciano, más o menos la siguiente: "Ojalá fuera a uno a quien lo hubieran atrapado con Afrodita así"... Los dioses griegos eran muy dioses, pero también eran unos mala clase de cuidado.

4.- Zeus y Ganimedes.

Como buen amo y señor del Olimpo, Zeus se arrogaba derecho de pernada con cuanta mortal linda se paseara por allí. Y por si eso fuera poco, tampoco le hacía asco a los chicos. Cerca de Troya, y una o dos generaciones antes de la famosa guerra, había un chico llamado Ganimedes, que era pariente de la familia real, y que a diferencia de los señoritos actuales, sí tenía una profesión u oficio ganada a pulso y no por ser un enchufado: en concreto era pastor. Viéndolo tan apetecible, Zeus se metamorfoseó en águila y se lo llevó al Olimpo. Por supuesto que Ganimedes no tuvo derecho a pataleo en la materia. Para justificar la presencia del chico, Zeus despidió a su copera Hebe, que además era su hija, y puso a Ganimedes de copero, o sea, a servirle vino en la copa. El puesto era muy importante no solamente porque se suponga que el copero debe ser una persona de confianza que no vaya a envenenar al rey, sino también porque, so pretexto de hacerle beber de la misma copa, daba posibilidades para más de alguna escena subida de tono. Los mitos griegos no nos dicen cuál fue la reacción de Hera al verse desairada en beneficio de un chicuelo, pero Luciano el satírico nos rellena ese vacío, escribiendo una bonita y muy graciosa escena de discusión conyugal entre Zeus y Hera, en sus Diálogos de los dioses. A continuación de la escena en que Zeus trata de convencer a un virgen y no muy espabilado Ganimedes de que compartan el mismo lecho, frente a lo cual Ganimedes señala que dormir con él es una pesadilla porque él no cesa de moverse, y a lo que Zeus replica que espera que en efecto, Ganimedes no deje de moverse...

5.- Apolo y Dafne.

Alguien podría decir que el dios Apolo, siendo el dios de la luz, el sol, la música y la peste, y además de tener buen porte en una era anterior al Photoshop, debería haber sido un campeón en lo de sumar amantes a la lista. Pero vaya uno a saber por qué, las chicas se le escurrían. Quizás porque andaba siempre para todas partes con las musas, y las chicas con mentalidad de será un buen partido pero yo voy a ser la única preferían mantenerse al margen. O quizás por las sospechosas relaciones de Apolo con chicos como Jacinto o Cipariso. Como sea, Apolo un día decidió corretear detrás de una ninfa llamada Dafne. Ella defendió su virginidad con heroísmo, con el recurso de correr y correr y correr. Y cuando se vio acorralada, Dafne le pidió ayuda a Zeus. Uno podría decir que Zeus, siendo él mismo bastante bueno para meterse con doncellas, simpatizaría con Apolo que además era su hijo (producto de la violación a Latona... eso es otra historia), pero en vez de eso le dio el favor a Dafne. Y la metamorfoseó, ¿en gacela para que corriera más rápido? Al revés: la metamorfoseó en algo que no pudiera correr para ninguna parte. En concreto, en laurel. ¿Sabe una cosa, Zeus? No me ayude usted, compadre. Apolo, frustrado al ver que a su amada le salían ramajes por todas partes y de pronto se volvía demasiado vegetal para ser una buena compañera de alcoba, se consoló quebrando algunas ramas y fabricándose la famosa corona de laurel con ellas. Porque eso es lo que haces cuando tu amada se convierte en un ser inanimado y demasiado frío para encamarse con ella: la mutilas para fabricarte una corona de recuerdo. Quizás algún punto tenían las chicas para arrancársele a Apolo, después de todo.

6.- Zeus y Calisto.

Cuando Zeus se convirtió en isla errante para embucharse a Latona, de esa relación salieron dos hermanos: Apolo y Diana. Al revés de Apolo, Diana la diosa de la caza y los bosques hizo voto de castidad. Lo que no le impidió bañarse desnuda allí donde el cazador Acteón pudo verla, lo que Diana castigó transformando al infortunado sujeto en venado para que lo descuartizaran sus propios perros de caza. El caso es que Diana tenía su cortejo de doncellas que, por lo general, también habían hecho su propio voto de castidad. Una de esas doncellas era Calisto. Que le entró en el ojito a Zeus. Y éste, haciendo uso de sus incontables metamorfosis para conseguir una encamada más, se transformó... en mujer. Y la sangre sí que llegó al río, porque transformado en mujer, Zeus preñó a Calisto y la hizo madre de Arcas, el fundador mitológico de Arcadia. El amor entre mujeres no tiene nada de malo, por supuesto, el travestismo tampoco, pero ¿hacerse pasar por mujer para seducir bajo engaño a una chica a la que no le iban los hombres...? Como pueden ver, enredarse con una persona muy simpática y atractiva y que hace muchos ojitos, sólo para enterarse al final que no era del sexo apetecido, no es algo que se inventó en las noches de borrachera en las discotecas modernas.

7.- Zeus y Europa.

Ya hemos reseñado varias metamorfosis de Zeus para estafar a sus parejas: en lluvia de oro, en águila, en mujer... También está su metamorfosis en cisne para conquistar a Leda, en Anfitrión para seducir a la esposa de Anfitrión mientras el marido cornúpeta estaba en la guerra... la lista es interminable. Y luego está la metamorfosis de Zeus en toro para conquistar a la princesa fenicia Europa. Estaba Europa en el campo con sus amiguitas, cuando de pronto aparece un magnífico toro. Europa se acerca y descubre que el toro es manso... hasta que éste muestra sus verdaderos colores y rapta a Europa llevándosela a través del mar hasta Creta. Después de hacerla su mujer, Zeus hace un James Bond, regresa al Olimpo, y deja a la princesa abandonada en una isla ubicada a varios centenares de kilómetros de su patria y su familia, y con un mar entero de por medio. Entonces se le aparece otra diosa y le dice a Europa que no llore, que las cosas no están tan mal, que su hijo Minos va a ser un tipo muy importante en Creta, y que además la mitad de los continentes al oeste del mar que acaba de cruzar, se va a llamar Europa. Al menos debemos reconocer el buen gusto que tuvo Zeus al honrarla así en vez de limitarse a la vulgaridad de enviarle un cheque por unas cuantas dracmas a cambio de servicios prestados.

8.- Circe y Escila.

No hay infierno como el de una mujer despechada. Escila era una doncella que pretendía, y era correspondida, por el galán de turno. El que también era pretendido por Circe la hechicera (la misma que después tratará de encamarse con Ulises). Hay pocas cosas más peligrosas en la vida que hacer enojar a un hechicero, y Escila tuvo ocasión de comprobarlo en sus propias carnes, de manera literal. Porque Circe prepara un brebaje emponzoñado y lo vierte en la fuente en donde Escila solía bañarse. Nada más meterse al agua, Escila descubre con horror que su piel se vuelve correosa, que sus dimensiones crecen, que sus brazos se vuelven tentáculos, que le salen más tentáculos, que le surge el hambre por carne humana... Convertida en monstruo marino con tentáculos cerca de tres milenios antes de que H.P. Lovecraft inventara a Cthulhu, la pobre ahoga sus penas haciendo naufragar cuanto barco se le pone a tiro, para zamparse a la tripulación respectiva, transformándose así en la antepasada y santa tutelar de todas las mujeres que consuelan sus infortunios en amores asaltando el refrigerador. Por cierto, ¿han oído hablar del dicho estar entre Escila y Caribdis? Eso era porque Escila tuvo la inteligencia de ponerse en un estrecho en donde los barcos debían pasar sí o sí. Y si se alejaban de Escila, iban a dar a un remolino llamado Caribdis. Esos sí que eran tiempos heroicos para la navegación, y no las regatas de yates con posicionamiento GPS de los millonarios aburridos de nuestros días.

9.- La muerte de Egeo.

Prácticamente todos los ejemplos que hemos incluido son de amor romántico, o algo que puede pasar por tal, así es que mencionemos uno de amor filial, para variar un poco. Como parte de un tratado de paz entre Atenas y Creta, los atenienses debían enviar un tributo anual de doncellas y efebos, no para competir en juegos de ningún hambre, sino para servir de alimento a un monstruo llamado el Minotauro, tan feo y hambriento que construyeron el Laberinto para mantenerlo encerrado. El rey era Egeo, y su hijo Teseo proclama que él quiere ir, porque ya se ha deshecho con anterioridad de alguna escoria (el ladrón Caco, el sicópata Procusto, el mismo del dicho del lecho de Procusto), y se la puede con el Minotauro. Teseo termina siendo enviado a Creta, en donde al igual que Flash Gordon se encuentra con que la hija de Ming el Despiadado es la buenona de la princesa Aura, descubre que la hija del rey Minos es la muy visible Ariadna. Ella ayuda a Teseo dándole un ovillo, con el cual Teseo se adentra en el Laberinto, mata al monstruo y escapa. Luego Teseo se lleva a Ariadna, se entretiene un rato con ella en el viaje, y después la deja abandonada en la isla de Naxos, como un trasto inútil. Flor de héroe. Suerte que Dionisio, el dios del vino, iba pasando por allí y encontró a Ariadna de muy buen ver, de manera que se la llevó consigo en su triunfal expedición hacia la India. Pero volviendo a Teseo. Este había acordado un código con su padre: si triunfaba, iba a regresar con velas blancas, y si no regresaba de Creta, la nave lo haría con velas negras. Feliz con su triunfo, y demasiado entretenido con Ariadna, Teseo olvida cambiar las velas, y así cuando el barco aparece en la bahía de Atenas y Egeo ve las velas negras, piensa que Teseo ha muerto. Destrozado su amor paternal, enloquecido de dolor, Egeo se tira al mar y se ahoga. Siguiendo la costumbre de que quien se cae en un lugar lo compra, el mar en donde se ahogó el pobre viejo fue llamado en adelante el Mar Egeo. Cuando Teseo regresa a Atenas, descubre que es huérfano y además rey de la ciudad. La muerte de Egeo, por pura estupidez de su hijo, es uno de los grandes momentos de tragedia de la mitología griega. Porque no solamente el amor romántico apesta, el amor de padre también.

10.- Heracles y Deyanira.

Heracles, el Hércules romano, se la pasó toda su juventud recorriendo el mundo en sus famosas doce pruebas, masacrando toda clase de monstruos e indeseables para convertir este mundo en un lugar mejor, por lo que seguramente en nuestro tiempo hubiera sido un derechista fanático de controles policiales estrictos, y pasando los días libres encerrado en casa viendo maratones de Harry el Sucio. El caso es que le quedó gustando una chica llamada Deyanira. Un día en que Heracles y Deyanira estaban complicados para cruzar un río, un centauro llamado Neso ofreció su ayuda, se llevó a Deyanira en su grupa, y luego intentó raptarla para enseñarle lo que vale un centauro como semental. Heracles, comprensiblemente fuera de sí, acribilló a Neso con flechas envenenadas en la sangre de la hidra de Lerna, el equivalente de una buena Magnum .44 de la época. Neso, enrabiado porque morirse es un problema cuando uno quiere darle gusto a las gónadas, empapa una túnica con su propia sangre envenenada y se la pasa a Deyanira, diciendo que si algún día Heracles la deja, entonces que se la regale, que la sangre de centauro tiene propiedades cuánticas New Age que la farmacología tradicional no posee, etcétera. Al tiempo, como era de esperarse, a Heracles se le entra en el ojo una chica llamada Iole, y Deyanira, muy tonta ella por confiar en un centauro que estuvo a punto de convertirla en su yegua, saca la túnica del armario y se la regala a Heracles. Sucede lo predecible, a saber, que el veneno se le mete a Heracles por los poros, y lo enloquece; de cómo Deyanira consiguió llevarse y guardar la túnica de Neso sin que le pasara nada, el mito nada nos dice. A sabiendas de que le quedaba poco tiempo, Heracles le pide a su amigo Filoctetes que le prepare una pira, en donde se quema. Muy bueno debió ser el veneno, que Heracles prefirió morirse rápido y rosquisado antes de esperar que el veneno llegara hasta el último; veneno que, recordemos, él mismo se lo había clavado a Neso a flechazo limpio. ¿Y Deyanira? Se suicidó por amor. Al final de todo esto, Zeus se compadeció de Heracles y lo divinizó después de su muerte, mientras que la pobre Deyanira, que había sido bastante tonta pero a fin de cuentas era la parte engañada en el asunto, suponemos que siguió el destino de todos los mortales en la Mitología Griega, que es acabar de cabeza en el Hades.

11.- Zeus y Sémele.

A propósito de Ariadna mencionamos al dios Dionisio. Pues bien, éste es hijo de una ninfa llamada Sémele. El giro de la historia es que Zeus, una vez más, emprende sus correrías entre las ninfas, y preña a Sémele. Celosa, la diosa Hera se disfraza de vieja, engaña a Sémele ganándose su confianza, y empieza con el viejo truco de amiga celópata de que ese hombre no te conviene, quédate mejor conmigo que somos amiguitas para siempre, ¿y cómo sabes si no es un impostor haciéndose pasar por Zeus? Y Sémele, como buena chica mangoneada por amiga celópata, le ruega a Zeus que acceda a cumplir con un caprichito suyo. Zeus, confiado, jura por la Estigia, lo que es un juramento inquebrantable. Sémele le pide entonces a Zeus que se aparezca en toda su gloria. Zeus se pone muy triste porque sabe lo que va a pasar, pero como las amantes de Zeus son desechables, cumple el pedido de Sémele, que en consecuencia queda tan carbonizada como si le hubiera reventado una bomba atómica en la cara. De todas maneras, Zeus se las arregla aún así para salvar a Dionisio y se lo mete dentro de su propio muslo, en donde culmina la gestación y, de alguna manera que prefiero no imaginarme, acaba dándolo a luz. De cómo alimentó al feto sin tejido placentario, ni idea. Como sea, Dionisio es uno de los pocos dioses, quizás el único, con el récord de ser huérfano de madre. Aunque en sentido estricto, deberíamos considerarlo un semidiós. Pero se lo cuenta entre los dioses, voluntad de Zeus, así es que no discutamos sobre el particular; después de todo, cualquiera es un dios si tiene buenas conexiones.

12.- Hades y Perséfone.

La más épica historia de rapto, violación y matrimonio forzado de la mitología griega. Cuando se produjo la repartija del mundo, Zeus se quedó con el Olimpo y los cielos y la tierra, le entregó a Poseidón los mares, y a Hades le dejó el inframundo; dicho sea de paso, Hades no era el dios maligno sucedáneo de Satán con que Hollywood nos regala de tarde en tarde, sino un tipo muy solitario y melancólico, porque no tiene mucho chiste ser rey cuando se es rey de un territorio tan triste como la morada de los muertos en la ultratumba. Y con la piel muy blanca nos suponemos, aunque siendo un dios no parece haber sufrido de carencia de vitamina D ni raquitismo. El caso es que aunque un rey es lo que se llama un buen partido, ninguna ninfa se convencía de irse literalmente al infierno a ser su reina. Y si hay algo que nos enseña la mitología griega, es que si ninguna chica quiere ser tu chica, entonces rapta una. Hades encontró que la adecuada era Perséfone, quien jugueteaba con sus amigas y por lo tanto a según la cantidad de ejemplos similares que hemos reseñado, ella estaba provocando que le pasaran cosas. Hades la secuestra, se la lleva y la desposa. Si hubiera sido una cualquiera no hubiera pasado nada, pero Perséfone era hija de la diosa Ceres, y claro está, las cosas marchan cuando el secuestrado tiene conexiones poderosas. Ceres era la diosa del clima y la agricultura, y por lo tanto, aunque buena como el pan, no era alguien con quien incluso el mismísimo dios Zeus quisiera hacerle pasar una rabieta. De manera que Zeus propone una solución de compromiso: si Perséfone no ha comido nada desde que entró al inframundo, entonces es libre. Por desgracia, en el intertanto Perséfone se ha comido una granada. Ceres entonces recurre a todas sus armas femeninas, en concreto las relativas a insistir de manera histérica "¡sin mi hija no!", hasta que le arranca un tratado de paz a Hades: Perséfone se la pasará seis meses al año en el inframundo, y seis meses al año en tierra firme. Desde entonces que existen las estaciones, porque el clima es bueno y la tierra es fértil cuando Ceres está contenta porque tiene a Perséfone a su lado, y el clima es seco y la tierra es estéril cuando Perséfone está con su marido y Ceres se queda llorando. En la versión moderna del mito, la temporada mala es el invierno y la temporada buena es el verano, aunque entre los antiguos griegos parece que era al revés, porque el clima mediterráneo es de inviernos moderados y dulces, versus un verano seco y sofocante. Y considerando que cuando es invierno en un hemisferio es verano en el otro, entonces no queda más remedio que concluir que Ceres es una esquizoide. Como sea, ustedes ya lo saben: las estaciones existen porque una doncella fue secuestrada por un dios que no conseguía encamarse con una chica.

Así es que cuando el próximo 14 de Febrero se encuentren con los perfiles de sus amigos en Facebook plagados de autofotos besándose, las multitiendas con corazones de cartulina en todos los escaparates, y la televisión con maratones de películas ñoñas sobre que el amor todo lo vence, he aquí el antídoto. Porque para quien se le da el romance el Día de los Enamorados, bien por él, y para el que no... siempre le queda la Mitología Griega para consolarse.

10 comentarios:

Cidroq dijo...

Vaya con las deidades, unas joyitas jeje.

Guillermo Ríos dijo...

Siendo un poco cínicos, podríamos decir que es uno de los privilegios de ser una de las civilizaciones más grandes de la Historia.

Lore dijo...

Buen post. Nada mejor que los mitos griegos para recordar que el amor puede ser horrendo.

Guillermo Ríos dijo...

Lo mejor de todo es que se han antologado, recreado, estudiado y enseñado durante siglos, a pesar de su enorme carga de incorrección política. Aunque viendo el gusto que ponen los pintores en despacharse doncella y efebo desnudos tras doncella y efebo desnudos, sospecho que no es que estas historias hayan sido populares a pesar de su incorrección sexual, sino precisamente gracias a ellas...

Lore dijo...

Es que al publico le encanta el morbo y los griegos si que sabían de morbo y fetichismo.

Guillermo Ríos dijo...

Que me lo digan a mí. El posteo de las diez historias románticas que terminan mal se ha posicionado como un eterno Top Ten en el listado de posteos más visitados, y este artículo sobre las salvajadas sexuales de la Mitología Griega parece ir por el mismo camino.

ApocalypseWolf dijo...

Excelente post. Me encantó la forma en la que contas todas las historias.
Me maté de la risa.

Guillermo Ríos dijo...

Me alegra que el posteo haya quedado bien, y que lo hayas disfrutado. Saludos.

Fanny dijo...

Qué risa con los comentarios extras, el mejor análisis de mitología griega que he leído. xD

Guillermo Ríos dijo...

Bueno, gracias por las felicitaciones, y ya veremos si seguimos con el tema en un futuro. Saludos.

Related Posts with Thumbnails

¿Cuál miniblogoserie debería recibir primero una continuación en la Guillermocracia?