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domingo, 5 de enero de 2014

Tributo al doctor McCoy.


Cuando se habla del trío protagónico de Star Trek, de la vieja generación de Star Trek por lo menos, las simpatías tienden a inclinarse o por el capitán James T. Kirk, o por el señor Spock. Usualmente la gente que no ahonda un poco más en la franquicia, tiende a olvidar que el trío protagónico era completado por el Doctor Leonard "Bones" McCoy, hasta el punto que Kirk y Spock son concebidos en la mentalidad popular como una especie de Dúo Dinámico sin otro añadido. Aunque con justicia, el doctor McCoy no partió integrando un trío con Kirk y Spock desde el primer día. En la primera temporada de Viaje a las Estrellas, la serie televisiva original, los acreditados eran William Shatner como el capitán Kirk y Leonard Nimoy como el señor Spock. Todo el resto de los personajes (McCoy el médico, pero también Scottie el ingeniero, Uhura la oficial de comunicaciones, etcétera) eran los personajes que podían aparecer un capítulo sí y otro capítulo no, a según el capricho de los guionistas. Fue recién en la segunda temporada que vimos un ascenso, la incorporación a los créditos de un "y con DeForest Kelley como el Doctor McCoy". En las películas, ya que estamos en esto, la acreditación principal corrió para el elenco original completo en primer lugar (salvo Grace Lee Whitney como Janice Rand y Majel Barrett como Christine Chapel, quienes tuvieron apariciones limitadísimas en las películas), y sólo después para los actores invitados a la película propiamente tal. Es decir, Shatner, Nimoy y Kelley fueron acreditados antes que Ricardo Montalban en La ira de Khan, antes que Christopher Lloyd en La búsqueda de Spock, y antes que Christopher Plummer y Kim Cattrall en Aquel país desconocido.

Pero volviendo al gruñón Dr. McCoy. Se argumenta usualmente que son un trío freudiano en donde Spock representa el superyó, McCoy el ego, y Kirk el yo. O sea, Kirk es el punto de equilibrio entre el frío, lógico y cerebral Spock por un lado, y el emocional, irritable y compasivo McCoy por el otro. Por eso Kirk es el héroe de la franquicia, porque combina por un lado la sensatez de la lógica de Spock con la explosividad y el humanismo de McCoy. He expuesto esta teoría por dos razones. Una, porque es más o menos oficial dentro del fandom. Otra, porque no estoy de acuerdo con ella.

En mi propia visión de la serie, en realidad es McCoy el verdadero punto de equilibrio entre Spock y Kirk. Spock es por supuesto el lógico, frío y cerebral, pero de los tres, Kirk es el más emocional de todos. En realidad, entre Kirk y McCoy es el segundo quien resulta ser el más sensato. Y probablemente es también McCoy quien resulta ser la mejor encarnación de los valores y principios de la Federación. La Federación tiene reglas y principios, pero estos apuntan a un alto estándar moral: explorar el espacio, hacer descubrimientos científicos, contactar nuevas civilizaciones, y en general crear una especie de commonwealth galáctica basada en el respeto a los derechos ya no humanos, sino de las especies sentientes en general. De los tres, quien está por lo general más dispuesto a valorar a dichas especies es justamente McCoy.



Esto no debería resultar una sorpresa. Spock es un científico, Kirk es un oficial de combate, y McCoy es el médico. Spock debe lidiar con los aspectos técnicos de las decisiones y funciona muy bien porque es el más aplomado de los tres, mientras que Kirk es quien debe arreglárselas para que la tripulación salga con bien de todos los embrollos en que se mete, de manera comprensible, en su exploración de lo desconocido. Pero es McCoy quien se lleva la carga humana de atender a los heridos y de hacer todo lo posible por salvarlos; en última instancia la responsabilidad final por cada paciente que se abra camino hasta la enfermería y acabe muerto, termina siendo suya. Esto es particularmente visible en Aquel país desconocido, la sexta película y final de la franquicia con su elenco original, en donde a pesar de no saber casi nada de la anatomía de los klingon (y de que la raza klingon es enemiga de la humana), hace todo lo que está a su alcance para salvarle la vida al canciller Gorkon. La muerte de Gorkon es el detonante de un incidente diplomático que podría poner a los klingon y a los humanos al borde de la guerra, pero para el doctor McCoy es otra cosa además: un fracaso personal suyo como médico e incluso como ser humano compasivo e interesado en la suerte de los demás.

Respecto de lo mismo, la caricatura habitual de McCoy lo representa diciendo su frase típica: "Está muerto, Jim". Porque llega a niveles de ridículo la cantidad de veces en la que el trío protagónico desciende a un planeta escoltado por algunos chaquetas rojas, los chaquetas rojas son rápidamente despachados por la amenaza de la semana, y a McCoy lo único que le cabe decir es "está muerto, Jim". En La ira de Khan, a sabiendas de que el momento más emocional de la película era la muerte de Spock, los guionistas deliberadamente pusieron a McCoy fuera de combate para que cuando Spock falleciera, McCoy no arruinara la escena con un "Spock está muerto, Jim" que hubiera hecho reir a los fanáticos. Pero aunque sea una frase típica, lo cierto es que es su trabajo como médico no sólo diagnosticar y curar, sino también declarar la muerte de la gente sobre cuya salud debe trabajar.

Un momento realmente estelar de McCoy se produce en la mismísima La ira de Khan. El trío protagónico descubre la existencia de Génesis, un proyecto destinado a terraformar planetas completos en un parpadeo. Kirk se queda pensativo, pero Spock se fascina y maravilla con las posibilidades casi milagrosas del proyecto, ya que terraformar planetas con la onda génesis podría solucionar los problemas de hambruna para siempre. La reacción de McCoy suele ser tratada como alarmista y deprimente, pero de manera desapasionada hay que considerar que el buen doctor tiene un punto: "¡Es el armagedón universal!". McCoy pone el énfasis en que los seres humanos son lo que son, criaturas capaces de mucha nobleza y bondad, pero también bien dispuestos a solucionar sus problemas por el expediente de ver quién tiene más grande el mazo cavernícola, y si dicho mazo es del tamaño de Génesis, entonces los miedos de McCoy son más que justificados. Frente a Spock, el tecnócrata para quien Génesis es un problema académico y las cuestiones demográficas (¡y genocidas!) son un tema de números y cantidades, McCoy ve claramente las cosas desde la óptica humanista. Quizás McCoy se pase un poco con el complejo de Frankenstein, incluso aludiendo a los conocimientos que la Humanidad no debería poseer, pero no deja de tener su punto de razón. Al final la sangre no llega al río porque Génesis es inestable, y por lo tanto no tiene usos prácticos como tecnología, pero no deja de ser siniestro que algún día Génesis sí podría ser viable, y entonces...



Por otra parte, McCoy es probablemente el más valiente del trío protagónico. No es que los otros dos sean cobardes, pero hay que estudiar sus circunstancias. Spock tiene un enorme entrenamiento mental como vulcano, destinado a reprimir las pasiones de su lado humano (Spock, recordemos, es mestizo, vulcano por parte de padre y humano por parte de madre), y nadie duda de que es un valiente, pero su valor tiene mucho de deliberado; Spock es valiente a la manera Zen de los samurai, por decirlo claro. Kirk por otra parte es joven y un tanto arrogante, y a ratos francamente irresponsable, y su valor es más bien el valor del apostador, del que frente a una situación determinada confía en que el atrevimiento lo sacará del embrollo. McCoy en cambio es un ser humano consciente de ser apenas un ser humano, pero eso no impide que tenga sus momentos de valor. Cuando en La búsqueda de Spock descubre que en su cabeza está portando también la mente de Spock (contra su voluntad), su reacción es todo lo pirotécnica que puede esperarse, pero eso no impide que haga todos los esfuerzos y sacrificios personales posibles, incluyendo su carrera e incluso su propia libertad (en un minuto lo mandan al manicomio) para traer a Spock de regreso a la vida. En un minuto del ritual vulcano respectivo, la suprema sacerdotisa le pregunta a McCoy si está dispuesto a dar un paso que podría tener efectos devastadores en su mente, y McCoy responde con un irónico "A la hora en que se le ocurre preguntar". Sin embargo, de la escena se colige claramente que no es una bravuconería de McCoy; por el contrario, vemos cómo el pobre médico está muerto de miedo ante lo que va a suceder (en esencia, que se van a meter en su cabeza y hurgar dentro de ella para extraerle los recuerdos y el alma de Spock), y en realidad está tratando de reunir todo el valor que puede, porque debe ser leal con su amigo en la hora de la necesidad.

A estas alturas cabe preguntarse cómo es que McCoy, si es el personaje más centrado del trío protagónico, queda siempre un tanto fuera de foco respecto de Spock y Kirk, que tienden a llevarse casi todos los honores y laureles. La respuesta estriba probablemente en la manera que tienen los guiones de la serie para estar cargados. Viaje a las Estrellas, a lo menos en sus primeros años, respondía a una lógica ciertamente idealista: la ciencia y el progreso nos llevarán a una utopía futura en donde las guerras fraticidas humanas desaparecerán, y en donde viviremos una edad de oro gracias a la ciencia que encarna Spock, y al atrevimiento aventurero que encarna Kirk. Por lo general, trabajando en dupleta, Spock aporta el enfoque científico, y Kirk lo utiliza para realizar algún atrevido gambito con el cual sobrepasa a un enemigo tomado por sorpresa ante una jugada que no se esperaba.

Pero en la vida real, es muy probable que el Enterprise hace mucho rato que fuera debris cósmica. Toda la ciencia que utiliza Spock es tecnojerga inventada para la serie, sin base científica real, y las maniobras de Kirk no pasan de ser un bluff. Si un bluff de Kirk no funcionara, las consecuencias serían desastrosas. De hecho, en La búsqueda de Spock el capitán klingon Kruge se da perfecta cuenta de que Kirk esconde algo tras su bluff, y el resultado es la muerte más o menos a sangre fría del hijo de Kirk. Hay una razón por la que en el mundo real, casi todas las burocracias tienen gente más adocenada como McCoy, que hacen lo que pueden con lo que tienen (supuesto de que sean burócratas eficientes y no sanguijuelas parásitas que es el otro especimen clásico), en vez de jovenzuelos proclives a la insurrección como Kirk.


De hecho, tenemos un ejemplo paródico y deconstructivo de cómo sería Star Trek sin McCoy. En Futurama, el rol de Kirk es desempeñado por Zapp Branigan, y el rol de Spock es desempeñado por Kif. Lejos de ser una dupleta preocupada de expandir la civilización humana y llegar hasta donde nadie ha llegado antes, Zapp Branigan es un pobre imbécil, fatuo y arrogante, que abusa todo lo que es posible abusar de Kif. McCoy, la conciencia del trío de Star Trek, no se lo ve por ninguna parte. Por otra parte hablamos de Futurama, una serie cuyo entorno narrativo no es una noble utopía científica y social como la de Star Trek, sino un universo poblado de aprovechadores, patanes y gente mala clase de todos los tipos posibles. En un universo así puede existir un Kirk y puede existir un Spock, pero no hay ninguna posibilidad de que pueda existir un McCoy; el grado de desarrollo social y ético necesario para producir un McCoy, es muy superior al necesario para producir un Kirk o un Spock.

Irónicamente, la nueva encarnación de Star Trek marcada por el reboot de J.J. Abrams, parece confirmar en parte mi teoría sobre McCoy. En el Star Trek abramsiano, el protagonismo una vez más recae en Kirk y Spock, con McCoy un poco desplazado hacia segundo plano. Pero el rol de cabeza caliente es desempeñado primordialmente por un Kirk todavía en proceso de aprendizaje, mientras que McCoy es mucho más sibilino y aplomado. Y por lo mismo, McCoy aparece menos. Porque poner demasiados reflectores sobre McCoy implicaría detener la inyección de adrenalina a los espectadores, hormona de la que el Star Trek abramsiano está quizás demasiado sobrada.


6 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Hola, Guillermo. Otra vez he disfrutado mucho uno de tus escritos, encontrándome en este caso en total de acuerdo contigo respecto a "Bones" y su rol equilibrador (¿existe esa palabra?) dentro de la serie. Por cierto, creo te faltó mencionar sus típicas frases de "Soy un doctor, no un..." que hasta en el reboot las usan. Por último, pensé que ibas a mencionar su emotiva aparición en el piloto de La Nueva Generación (ya que usaste una foto de ese episodio para este texto).

Guillermo Ríos dijo...

Son cosas que no mencioné porque el texto fue escrito con espíritu de ensayo, no de erudito estudio monográfico. De todas maneras, de todos los personajes de ficción que alguna vez han dicho "soy tal cosa y no tal otra", McCoy es la estrella. Y sí, la aparición de McCoy en Encuentro en Fairpoint es uno de los grandes momentos de Star Trek.

Cidroq dijo...

Muy buen análisis de un personaje que esta algo olvidado injustamente. Aunque en lo personal no me llama la atención Star Trek (espero no ser lapidado), el artículo se me hizo muy interesante, saludos.

Guillermo Ríos dijo...

Bueno, premio al valor por comentar que no llama mucho la atención Star Trek en un blog que le dedicó un capítulo en las Crónicas CienciaFiccionísticas... y una Interminablelogía en dos partes... y ahora un posteo especial sobre el doctor McCoy. El que se está lapidando soy yo... pero de la risa.

De todas maneras, que el artículo sea interesante a pesar de lo anterior, quiere decir que me quedó bien escrito, así es que se agradece el cumplido. Saludos igualmente.

Ambrosio Spinola dijo...

A mí me recordaba un poco a Ben Casey.

Guillermo Ríos dijo...

La verdad es que no llegué a ver Ben Casey, ni siquiera en reposiciones. Aunque por lo que he escuchado, es el padre de los dramas médicos, así es que alguna vez debería...

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