domingo, 29 de diciembre de 2013

Guillermocracia: Informe 2.013 a la nación.


Damas, caballeros, conciudadanos, público presente... ¡GUILLERMÓCRATAS TODOS!:

Estamos culminando un nuevo año, el año 2.013, y se abren las anchas puertas hacia un 2.014 que luce cada vez más profundo. Esta heroica gesta emprendida en 2.010, de comienzos tan humildes como grandiosos fueron sus designios, se ha ido consolidando con fuerza creciente. La cantidad de lectores de la Guillermocracia ha ido elevándose de manera lenta y consistente, así como aquellos lectores que han dado un paso adicional, y al grito de ¡Guillermocracia ahora!, han empezado a participar de manera interactiva con esta cruzada.

2.013 ha sido un año en que la Guillermocracia ha sumado algunos nuevos triunfos. Iniciamos la nueva sección etiquetada


No todo han sido triunfos, empero. La idea de abrir una cuenta en Twitter para la Guillermocracia terminó semiabandonada, probándose que es muy posible que dicha herramienta no sea la más idónea para las necesidades y requerimientos de esta Patria que no por ser virtual es menos Patria. También la cuenta de correo electrónico abierta para los lectores, ha tenido relativo poco movimiento. La siguiente tarea ya no corresponde por cierto al Padre de la Guillermocracia quien esto suscribe, sino a sus lectores; existe allá afuera todo un mundo de gente que se queja de la falta de espacios, de la falta de cultura, de la falta de canales de expresión, mas cuando dichas cosas les son proporcionadas, no reaccionan con un grito entusiasta que salga desde lo más hondo de sus pechos y corazones, sino con apatía e indiferencia. En verdad se ha dicho que cada pueblo tiene los gobiernos que se merecen, y si los ciudadanos no se muestran activos y altivos, entonces se merecen seguir viviendo en sus medios ambientes cotidianos en vez de ser ciudadanos de la Guillermocracia.

Respecto de lo que se viene para 2.014, ya estamos trabajando en varios proyectos magnos. Entre ellos está una serie de épicos seis posteos, Batman 75 años, dedicados a los 75 años del hombre murciélago. Y aprovechando el regreso de Jack Bauer a la pantalla chica, haremos un detallado repaso en varios posteos de 24, una de las más importantes series televisivas de la década de 2.000, y quizás de todos los tiempos. Y por si eso fuera poco, nos dedicaremos también a una serie de posteos que ha sido retrasada por un motivo u otro, dedicada a la invasión de sintetizadores que fue la música de la década de 1.980. Además de los consabidos posteos individuales, de los cuales ya hay una cierta cantidad en archivo.

Por eso, yo os digo: no desfallezcáis, no desesperéis. Si vosotros amáis la cultura, si vosotros amáis el arte, y si vosotros amáis los valores tradicionales de la dignidad y la decencia, entonces no estáis solos: la Guillermocracia está sobre ustedes y al lado de ustedes, y los invita a hacerse ciudadanos. Esa ha sido la eterna promesa de la Guillermocracia desde su primer posteo en 2.010, y en nombre y en la senda de los más sagrados valores de la tradición humanista universal, lo seguirá siendo durante el 2.014. De manera que las puertas de la Guillermocracia siguen abiertas: sois bienvenidos para transitarlas durante el año venidero, así como siempre.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

El circuito a mitad de capacidad.


Ahora que se acerca el aniversario del Sitio de Ciencia Ficción, y su editor don Francisco José Súñer Iglesias ha tenido la amabilidad de invitarme a participar, rescatamos del desván la colaboración que enviamos (también previa invitación, por supuesto) para el aniversario inmediatamente anterior, el de enero de 2.013, la cual republicamos para nuestros lectores de la Guillermocracia:

"El circuito a mitad de capacidad"

Una célebre metáfora, traducida al lenguaje de la ciencia-ficción, dice que puedes ver el circuito a mitad de capacidad como un circuito ya medio cargado, o como un circuito todavía por medio cargar. La vida tiene sus sostenidos y sus bemoles, sus superhombres maravillosos y sus jorobados de laboratorio, y el arte no puede escapar de retratar el catálogo entero de la misma.

¿Es entonces la Ciencia Ficción la literatura de la maravilla científica? ¿O es la literatura del Apocalipsis tecnológico? La respuesta es: ambas. En sus páginas o fotogramas hemos visto utopías futuristas en donde todos nuestros males han sido abolidos por la ciencia, así como planetas arruinados llenos de punks montados en vehículos herrumbrosos; y entre esos dos extremos, un montón de posibilidades adicionales.

La Ciencia Fficción es así la plasmación de nuestros sueños y esperanzas, pero también de nuestros terrores y pesadillas, todo eso en entornos futuristas, o de un presente alternativo hipertecnológico. Pero no de los sueños, esperanzas, terrores y pesadillas del mañana, sino del hoy. En la Ciencia Ficción, el futuro o una galaxia muy, muy lejana, no son sino pretextos o escenarios de utilería para hablar del presente. De ahí que cuando revisitamos obras del género escritas hace cincuenta o cien años, algo se nos escapa de las mismas. Podemos entenderlas, podemos apreciarlas, podemos empatizar con sus personajes, pero tienen ese algo ajeno que es propio de las novelas de Jane Austen o las peripecias del Quijote original de Cervantes. Puede que para algunos ese olor a naftalina sea repelente, mientras que para otros tenga el encanto de la nostalgia. Pero lo que sí está claro, es que dichas obras no hablan de nuestro presente, sino del suyo propio. Si tienen algo que decirnos, es porque más allá de sus preocupaciones inmediatas, dichas obras tocaron fibras del ser humano que son atemporales; las obras que fallan en esto último son ésas que cuando nos sentamos a leerlas, las describimos con desprecio como demasiado de su tiempo.

¿Ha predicho alguna novela de Ciencia Ficción nuestro mundo actual, envuelto por completo en una red de comunicaciones computacional, movido por grandes corporaciones, en donde la democracia está en peligro si es que no lisa y llanamente muerta, con crisis económicas quien sabe si manejadas por vaya uno a saber qué intereses inconfesos? Sí, y no. En realidad, la predicción del desastre es negocio viejo dentro del género. El mundo en el que vivimos, fue preludiado a lo menos en sus fundamentos desde fecha tan antigua como Un mundo feliz de Aldous Huxley, hace ya la barbaridad de ochenta años atrás, y eso si no antes. En 1.932 después de Cristo, Henry Ford ensamblaba automóviles en serie; en el año 660 de la Era de Ford, es el propio ser humano quien es fabricado según las reglas del taylorismo. En la actualidad todavía no ensamblamos a nuestros bebés ni los criamos en probeta de manera masiva, pero sí que hacemos eso con sus mentes, inyectándolos en un sistema educativo y alimentándolos con medios de comunicación de masas que los convierta en seres homogéneos y estúpidos, estandarizados en una palabra. El proceso ha llegado hasta el punto que si alguien habla o escribe el idioma de una manera correcta, es un bicho raro, un snob, o un arcaísmo viviente. Lo que mola es hablar guay, compa´re, mola mazo..., como lo hace todo el mundo: taylorismo puro y duro.

Pero por otra parte está la Ciencia Ficción optimista, la que decía que el año 2.000 iba a ser el paraíso sobre la Tierra. Pensemos en Star Trek. Es cierto que hay guerras y peligro, y la Tierra tiende a ser blanco de ataques alienígenas. Pero si a usted le dieran a elegir entre vivir en el ahora y en la sociedad de Star Trek, seguro que elegiría la segunda: no hay problemas económicos, las instituciones funcionan, la salud y la vivienda parecen asegurados para todo el mundo, y si todo eso no le gusta, siempre puede irse a colonizar más allá, bajo la égida protectora de la Flota Estelar. En el universo de Star Trek hay un montón de problemas, por descontado, pero comparado con nuestro mundo, el que es infeliz con su vida allí es porque quiere.

A la hora de decidir si el futuro será brillante u oscuro, el escritor de Ciencia Ficción debe devanarse sus sesos, no sólo tratando de proyectar las tendencias del presente sino también tratando el imposible de prever lo imprevisible. Y después de todo eso, mezclarlo en una pintura coherente del futuro, para evitar desastres de incongruencia como presentar universos futuristas con naves espaciales de alta tecnología, en donde todavía los soldados pelean con rifles Mauser o con sables. Es más difícil de lo que parece. Leer la Ciencia Ficción del pasado nos entrega perlas de relatos en donde hay personajes que trazan las trayectorias de las naves espaciales impulsadas por motores hiperlumínicos dibujándolas sobre papel con una regla de cálculo. Si detalles como éstos son difíciles de profetizar, ¿qué no ocurrirá con un cuadro completo, detallista y costumbrista de una sociedad de, digamos, cincuenta a cien años más? ¿Leyó o vio usted en alguna obra del género de hace cincuenta años atrás, sobre los iPods, Gmail, Facebook, telefonía celular, GPS, etcétera? Algunos de ellos por separado, bajo otro nombre pero reconocibles en la descripción, eso seguro que sí, pero ¿todos a la vez en un único fresco del futuro dentro de una única obra...?

El escritor de Ciencia Ficción, a la hora de presentar un futuro utópico o distópico, termina casi como el pobre apostador compulsivo que frente a la ruleta no sabe si poner sus fichas en el rojo o en el negro. Es muy posible que la decisión final no se apoye en argumentos racionales, debido a la falta de información, sino en ideologías, tendencias e incluso simpatías y antipatías personales. Isaac Asimov era hombre de carácter alegre y sus futuros presentados tenían mucho de optimismo; Philip K. Dick era un hombre enfermo y arruinado por las drogas, y escribió sobre futuros de pesadilla. ¿Alguno de los dos tenía el gen de la profecía? No. Uno apostó al rojo, otro al negro, ambos por cuestiones de temperamentos, y uno de los dos ganó. Dejo a criterio del lector decidir cuál.

Pobre y abrumado escritor de Ciencia Ficción: tratan de hacerle profeta del futuro, incluso él mismo trata de venderse como tal porque alguna reputación hay que construir para llevar pan a la mesa. Y en última instancia no es más profeta que cualquier otro ser humano con algo de perspicacia y mucho de ignorancia. Por cada novela de Ciencia Ficción que predijo el desastre financiero actual, la mercantilización de la guerra (¡y de las compañías privadas que la libran!), la amenaza del terrorismo, la ubicuidad de las redes computacionales, el predominio de las grandes corporaciones y el triunfo de la cultura de la masificación ramplona, hay otra novela que no lo hizo. Porque en definitiva ésa es una de las maldiciones del género: ser considerado como la literatura del futuro cuando, al igual que cualquier otra forma literaria y artística, no es más que la literatura del presente. Un presente que puede ser visto como un circuito ya medio cargado o por medio cargar, según el punto de vista. Como probablemente lo ha sido, con énfasis en uno u otro lado, cada época histórica desde que la Historia es Historia.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Tercera temporada de "Homeland": Manteniéndose a flote.


Hemos subtitulado la tercera temporada de Homeland como manteniéndose a flote por dos razones. A nivel de historia, porque vemos a sus protagonistas haciendo lo imposible por salir adelante y conseguir zafarse de los problemas y líos en que se han metido a lo largo de las dos temporadas anteriores. Y también porque la propia serie hace lo posible por mantenerse en la primera línea, ahora que ha dejado de ser la nueva gran favorita de la crítica y ha pasado a ser otra serie más en el mapa. Trataré de comentar sin mandarme spoilers de la tercera temporada, pero por supuesto me es imposible referirme a la misma sin comentar la trama de las dos anteriores, incluyendo el fulminante final de la segunda.

La tercera temporada de Homeland toma la serie en la situación dejada al final de la segunda. La CIA acaba de sufrir el peor revés de su historia, cuando sus mismísimos cuarteles han sido objeto de un ataque explosivo a gran escala. Una comisión del Senado está investigando qué es lo que ocurrió, y cómo es que la burocracia de la CIA degeneró tanto como para que los terroristas le hayan hecho un pase de toreador tan espectacular. En medio del fuego cruzado está Carrie Mathison, la agente protagonista, que pronto se transforma en chivo expiatorio primero, y en carne de manicomio después. Como de costumbre, nada es lo que parece, y las cosas se están enrielando para un objetivo geopolítico mucho mayor, dentro del mundo de moralidad gris y gris que es Homeland.

La serie tenía varios desafíos mayúsculos por delante. Después de una excelente primera temporada, y una segunda temporada que respondió incluso con creces a pesar de amenazar con descarrilarse en varios puntos, superarse a sí misma era difícil. Máxime si se considera que el gran supervillano de las dos temporadas anteriores había sido eliminado. El dilema era difícil: o apostaban por la fórmula y empezaban a repetirse, o se apartaban de la misma y corrían el riesgo de fusilarse aquello por lo cual la serie había sido tan bienamada. Decidieron por la segunda opción, y tanto las virtudes como los defectos de esta tercera temporada derivan de esta opción.

En la tercera temporada, la gente de Homeland optó por tratar de contarnos una historia distinta a la de las dos temporadas anteriores. Más convencional, si se quiere. La primera temporada giraba entera en torno al problema de si Nicholas Brody es un héroe o un terrorista; la segunda temporada parecía que no iba a poder seguir adelante con el juego de la ambigüedad al revelar sus cartas, pero consiguieron seguir manteniéndonos en vilo respecto de la verdadera intencionalidad de este personaje. En la tercera temporada, ya todo ha sido arrojado por la borda. Nicholas Brody ha sido revelado ante todo el mundo como un terrorista y un traidor a Estados Unidos, mientras que el terrorista al mando ha sido muerto; por lo tanto ya no caben más ambigüedades. Lo que vendrá adelante es una historia de redención, una en donde Nicholas Brody deberá ajustar cuentas con su pasado y encontrar un camino propio hacia el futuro. El problema es que del Brody gallardo y orgulloso de la primera temporada ya poco queda: ahora Brody es una cáscara vacía a la que lo han despojado de todo lo que es importante para él, incluyendo a una familia que hace lo imposible por alejarse del tenebroso legado que les ha dejado su pater familias.

Carrie Mathison a punto de hacer algo fuera de tiesto... otra vez.


Un gran acierto de esta temporada es haber jugado con el estatus de Nicholas Brody como el terrorista más buscado del mundo. Esto es por supuesto el infierno en que está hundido, pero de manera paradójica es también el mejor recurso que posee para salir adelante. Ser el terrorista más buscado lo hace una persona muy valiosa, tanto como chivo expiatorio como herramienta publicitaria, y ésa es una carta que puede ser jugada de muchas maneras.

Al frente tenemos a una agente Carrie Mathison más lunática que nunca. Ella es la única que aún cree en la inocencia de Brody, a lo menos en lo que al bombazo de la CIA se refiere, y eso parece tenerla aún más desequilibrada. Por supuesto, su situación personal contiene una sorpresa que arrojará nueva e inesperada luz acerca de por qué se está comportando de la manera en que se está comportando.

La gran revelación de la temporada es Saul Berenson, el eterno jefe y mentor de Carrie, además de ser prácticamente la única persona fuera de su familia que la apoya. Hasta el momento un secundario de lujo, en esta temporada Saul está a cargo de la CIA, saliendo a la luz todo su Maquiavelo interior. Afronta guerra por varios frentes, incluyendo a una Carrie Mathison tratando de hacer declaraciones ante la prensa, la comisión del Senado que está investigándolo en conjunto con el resto de la Agencia (y con un jefe de comisión que tiene su propia agenda), su esposa que ha regresado con él pero con la cual mantiene una relación fría y distante, y además de todo eso, un ambicioso proyecto de inteligencia que podría darle a Estados Unidos un significativo triunfo diplomático en Medio Oriente. Hasta el momento un personaje opaco y mortecino, Saul Berenson crece esta temporada hasta demostrarnos de qué madera está hecho.

Algo que ha desconcertado a los espectadores, e imagino es el origen de las malas críticas de esta temporada, es el cambio del juego dentro de la serie. En vez de seguir con la fórmula, la ha trastocado, a veces para bien y a veces para mal. En primer lugar, Nicholas Brody ya no aparece en todos los episodios, y de hecho es una presencia relevante sólo desde la segunda mitad en adelante. En consecuencia, la familia de Brody aparece bastante menos, y su vida cotidiana ya no es un tema que incida dentro del desarrollo de la trama principal de la serie. También cambia que el foco se desplace desde el misterio del estatus de Brody, hacia su eventual camino a la redención. El villano también es de una naturaleza fundamentalmente distinta, y si en las dos primeras temporadas Abu Nazir era lo que llamaríamos un terrorista bienintencionado, lo que tenemos acá es una red de espionaje enemiga, en concreto la de Irán, con todo el cinismo y el pragmatismo añadidos de manear inevitable. Además vemos una CIA distinta, una que ya no organiza en las sombras sino que está debilitada políticamente, y cuyo estatus mismo permanece en suspenso.

El terrorismo no paga.

Todos estos cambios hacen que el espectador demasiado acostumbrado a las dos primeras temporadas de la serie sienta que la tercera es un Homeland no demasiado Homeland. Pero en conjunto, con estos cambios la serie ha crecido. Se ha permitido expandirse, respirar, en definitiva no quedarse estancada en un esquema que termine conduciéndola de cabeza a la mediocridad.

Esto no quiere decir que estemos ante la mejor temporada de la serie ni mucho menos. De hecho, estamos ante un retroceso respecto de la segunda temporada, aunque superar a la misma era bastante difícil. La culpa principal la tienen los cuatro primeros capítulos, sin lugar a dudas los peores de toda la serie, y con mucha diferencia. Por un lado tenemos la subtrama de Carrie Mathison metida en un manicomio, que se soluciona de un solo plumazo con un giro de guión que, bien ejecutado, hubiera sido un momento asombroso dentro de la serie, pero que por desgracia los guionistas no supieron manejar; de esta manera, el giro de guión que nos ocupa es a despecho de toda la construcción argumental previa, por lo que varios eventos de esos primeros cuatro capítulos, a la luz del giro en cuestión, carecen de sentido.

Por otro lado, dentro de esos capítulos, tenemos la subtrama de la familia de Brody. Por descontado que la misma era importante, pero lo era en función de sus relaciones familiares con Brody, para mostrarnos su faceta humana como personaje y clavarnos aún más en la ambigüedad del personaje. Sin Brody cerca, las peripecias de la señora y la hija de éste simplemente no importan. A nadie le molesta ver más de Morena Baccarin rondando por ahí, pero lo cierto es que la subtrama de la hijita que trató de suicidarse y se mete en un noviazgo rebelde, y la madre preocupada corriendo detrás, como que distrae de las cuestiones verdaderamente importantes: ¿ha terminado Carrie de perder el juicio?, ¿en qué pasos anda Brody?, ¿qué se trae entre manos Saul? Al final, toda la trama de la hija de Brody lleva hasta una consecuencia colateral dentro de la trama principal, pero ésta termina deviniendo en un incidente menor que se resuelve en un par de episodios, por lo que todo el tiempo invertido en mostrarnos la familia de Brody en realidad fue un desperdicio.

Afortunadamente, las cosas mejoran desde la mitad de la temporada. No diré cómo porque significaría mandarme spoilers, pero quedando de lado la obtusa historia de la familia de Brody, cercando el cerco sobre el espía iraní, y sobretodo trayendo de regreso a Brody mismo a la primera línea de la serie, todo empieza a confluir con facilidad hasta un final espectacular. El mismo tiene un sentido de clausura, de cierre, porque a diferencia de las otras dos temporadas, no ha quedado en un continuará sino que ha quemado todas sus naves y cerrado todas sus tramas. Incluso podría decirse que podrían contratar a toda una planta nueva de actores y rotar a todos los personajes, y no habría un detrimento para la trama actual, la cual ha quedado cerrada y bien cerrada. Homeland quizás ya no sea la serie revelación del momento, pero sigue manteniendo un nivel digno, más allá del bochornoso bajón de los cuatro primeros episodios de la tercera temporada, y se muestra bien aspectada de cara a una cuarta temporada que, según se sabe, viene sin contratos para los actores de la familia de Brody.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

True Brit: Superman es un estirado.


Entre las toneladas de material que debí despachar para el maratónico espacial Superman 75 años, uno de los cómics más simpáticos resultó ser Superman: True Brit. Es un Elseworlds, o sea, uno de esos cómics publicados por DC Comics en donde toman a uno o varios personajes canónicos de la casa, y cuentan una aventura fuera de la continuidad. O como describía Moe de Los Simpsons el Postmodernismo: "¡Puras locuras!". En el caso de Superman: True Brit, lo que tenemos es justamente una locura. Una simpática locura.

Como el título permite adivinarlo, Superman: True Brit describe qué pasaría si la consabida cápsula espacial que traía a Kal-El desde Krypton hubiera caído en Inglaterra en vez de Estados Unidos. Como fue publicado en 2.004, un año después de Hijo rojo, que parte de una premisa similar pero con la Unión Soviética como lugar del estrellón, sospecho que la editorial quiso estirar un poco la ubre para sacarle algo más de leche al tema. Pero ahí se acaban las comparaciones. Hijo rojo es un cómic serio y con densas ramificaciones filosóficas y conceptuales, mientras que Superman: True Brit es todo lo contrario, un divertimento alocado y sin complejos. Razón por la que a buena parte del público parece haberle disgustado el resultado. Después de todo, se supone que hoy en día los cómics son algo serio, son una forma de arte, y por lo tanto no cabe lugar para las aproximaciones más relajadas y deportivas a los personajes de toda la vida. Si esa gente carece de sentido del humor, problema de ellos. El dibujo es de John Byrne, lo que asegura calidad toda vez que Byrne es por supuesto el hombre que reinventó a Superman en 1.986, después del masivo reboot que significó Crisis en las Tierras infinitas; los guionistas, eso sí, son John Cleese y Kim Howard Johnson, ambos por supuesto vinculados a los Monty Python. Lo dicho, Superman: True Brit es qué pasaría si Superman fuera británico... escrito por gente de los Monty Python, literalmente. Se diga lo que se diga, los Monty Python son tan británicos como The Beatles, William Shakespeare o Robin Hood.

Los chistes parten desde el estrellón mismo, en un pueblo inglés calcado de las películas de proletariado británico del siglo XX con que de tanto en tanto nos bombardean las salas de cine arte, y más modernamente los canales de cable alternativos. Los Kent recogen al chico y confunden Kal-El con Colin, de manera que pasa a llamarse Colin Clark. Al igual que Clark Kent recibe los más profundos y sagrados valores de la América Profunda, Colin Clark recibe los más profundos y sagrados valores de la Inglaterra Profunda; mientras que Clark desarrolla entonces una profunda y conmovedora fe en la Humanidad, Colin desarrolla un agudo sentido del ¿qué pensarán nuestros vecinos? Lo que no impide que Colin, como buen palurdo de pueblo británico, se ponga en situaciones bochornosas porque no termina de entender del todo ni sus poderes, ni el mundo que lo rodea... ni nada, en realidad. La carne y la savia con la que libró sus batallas y expandió sus fronteras el Imperio Británico, en definitiva.

Andando el tiempo, Colin Clark decide que lo suyo es el periodismo, de manera que va a la universidad. Lejos de ser el adorable perdedor que conocemos en la versión canónica, Colin Clark no puede evitar meter la pata tanto como puede. Se encuentra con una compañera de estudios llamada Lois Lane, que por supuesto lo desprecia y ningunea con todo el clasismo que uno espera encontrar en una historia verdaderamente británica. Pero Lois Lane no es exactamente una señorita aristócrata, y de hecho en alguna parte termina siendo modelo de esa institución tan británica que es la Página Tres; por desgracia el cómic no nos regala con imágenes de alguna sesión de fotos o las fotos en sí, aunque como premio de consuelo dibujan a Lois Lane con un cuerpo que no tiene nada que envidiarle a Lacey Banghard o Lucy Collett, y desde luego mucho más sexy que su contraparte americana en el cómic canónico.

Un detalle que es de agradecer en Superman: True Brit es que no abusan de los inevitables guiños al resto del Universo DC por el mero afán de satisfacer la curiosidad del lector aguijón que se plantee un ¿y qué pasó con Supergirl o con Batman en ese universo alternativo? En realidad, ni siquiera utilizan su galería de supervillanos, lo que se agradece porque a veces resulta saturante ver a Lex Luthor aparecerse como una mala pesadilla en cuanto Elseworld sale por ahí. El gran villano de Superman: True Brit es por supuesto una calamidad mucho peor que un científico loco devenido en empresario de gran corporación: es el editor en jefe de un pasquín de la categoría que los ingleses tienen el valor de llamar prensa libre. Lo que interesa es vender, y el editor en jefe trata de hacerlo primero ensalzando a Superman hasta las nubes porque eso vende, y después tratando de arrastrarlo por el fango porque eso también vende, montándose una campaña propagandística contra Superman con una eficacia que deja a J. Jonah Jameson como un vulgar quiero y no puedo de ese lugar de la Tierra que los británicos llaman las colonias. Por supuesto que sin supervillanos, las acciones heroicas de Superman aquí son más parecidas a las aventuras sanitizadas de la Edad de Plata, con Superman salvando gatitos o mejorando la vida cotidiana de las personas, pero en clave paródica por supuesto.

Este cómic no es uno para fanáticos del personaje, o por lo menos no uno para fanáticos sin sentido del humor. Tampoco es un cómic para gente que le resbale por completo el personaje. Ni se preocupa tampoco por explorar en demasía aspectos o filones sicológicos o sociológicos nunca antes descubiertos del personaje. Es tan solo una historia simple y con toda la fina aunque no siempre sutil mala baba británica, acerca del superhéroe más famoso de todos. Y funciona por eso mismo, por su simplicidad y su falta de complejos. Aunque, pensándolo bien, esto puede contar como un ejercicio metalingüístico, toda vez que la socarronería es también una cualidad muy true brit.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Moonspell: La oscuridad gótica que llegó desde Portugal (2 de 2).


En la primera parte de este artículo, repasábamos la trayectoria de Moonspell durante su primera década de existencia, en donde se consolidaron primero como una banda de referencia dentro de la escena gótica, para después botar por la borda su prestigio bien ganado con discos cada vez más discutidos, hasta encontrar un nuevo punto de consenso: The Butterfly Effect no le gusta a nadie. De todos modos, ese no fue el final, porque después vinieron...

Darkness and Hope (2.001):

Estilo: Metal Gótico, Rock Gótico.



Cuando los dos o tres mejores temas de un disco no están en el disco oficial mismo sino en sus bonus track, y éstos son no son temas originales sino covers de Madredeus (Os Senhores da Guerra), Ozzy Osbourne (Mr. Crowley) y Joy Division (Love Will Tear Us Apart), es que el disco tiene problemas. Darkness and Hope es un disco en general algo más apreciado que The Butterfly Effect, pero cuánto más apreciado es materia de discusiones; respecto de esto, el dial está entre no tan horripilante por un lado, y más o menos rescatable por el otro, y es casi imposible encontrar comentarios mejores que éstos. Moonspell trató de girar hacia un sonido más gótico otra vez, suavizándose por el camino. Técnicamente el disco está bien, pero la falta de creatividad en las canciones y el material es más que evidente. Puede gustarle a los fanáticos del Rock Gótico, pero nadie se pierde demasiado saltándoselo.

The Antidote (2.003):

Estilo: Metal Gótico, Death Metal.



Después de dos discos consecutivos que hacían pensar que Moonspell había caído en una mediocridad irremontable, fue fácil mirar por encima del hombro a The Antidote, a pesar de que en dicho disco es en donde la banda empieza a reconstruir el buen nombre que se había ganado en primer lugar. Tristemente, en su concierto de 2.012 en Chile el material de The Antidote quedó solamente para los bises. Moonspell empezó aquí a retomar su herencia del metal extremo, oscilando otra vez desde un sonido más rockero a uno más metalero, con algunas adiciones electrónicas muy sutiles, para efectos de atmósfera. El tema que salió como single es Everything Invaded, que aunque bueno, no es de los mejores cortes del disco. Puntos altos son In and Above Men, Capricorn at Her Feet, Lunar Still y A Walk on the Darkside. No es el mejor ni el más clásico Moonspell, pero sí es un disco que merece más reconocimiento del que tiene.

Memorial (2.006).

Estilo: Death Metal, Metal Gótico.



Si en The Antidote teníamos un disco equilibrado entre lo gótico y el Death, en Memorial la balanza se carga definitivamente hacia el Death. Fernando Ribeiro deja de lado el canto y se dedica a vociferar como un enajenado todo el disco, lo que puede ser considerado como algo positivo o negativo a gusto de la audiencia. El resultado es el disco más bestial de Moonspell desde Wolfheart. Algo cansador debido al estilo de canto, pero que si se tiene afición por el metal más extremo, incluye joyitas como Finisterra, Upon the Blood of Men, Sanguine o Luna. En general, puede verse a Memorial como el disco que inaugura la edad más reciente de Moonspell.

The Great Silver Eye (2.007):

Estilo: Todos los mencionados.



Mucha gente no concuerda con lo que voy a decir, pero soy de la idea de que un fanático de la música de verdad no pierde el tiempo con los greatest hits, y si se entusiasma con una banda, va directamente y sin anestesia a los discos con mejor reputación. O a todos, si la bravura alcanza para tanto. Pero si el interés es más bien casual, el estilo de música no es el favorito, el tiempo no alcanza, o simplemente porque se creen tan machos o hembras que pueden hacerse con un grandes éxitos y seguir siendo machos o hembras, mencionemos The Great Silver Eye como puerta de entrada a Moonspell. Este disco que cae puntual a los quince años de trayectoria, es lo que es, o al menos debería ser, un grandes éxitos: una colección de las canciones más representativas de la banda. El disco tiene el buen gusto de presentar los temas por orden cronológico, de manera que se puede apreciar la evolución de la banda a lo largo del tiempo sin estar familiarizado con su discografía de manera previa. La primera mitad está dedicada a Wolfheart, Irreligious y Sin/Pecado, mientras que la segunda mitad para la edad más opaca de la banda. En la primera mitad la selección de temas es muy certera, mientras que en la segunda es más discutible. El disco no trae material adicional, de manera que quien ya tenga la discografía de Moonspell o al menos sus discos más relevantes, no lo necesita, pero para el transeúnte casual que nunca haya escuchado a Moonspell y tenga curiosidad por saber de qué va, a partir de este disco podrá hacerse una idea bastante correcta.

Under Satanae (2.007):

Estilo: Lo que tocaba Moonspell en sus inicios.



Si The Great Silver Eye es un compilado de grandes éxitos, Under Satanae es un compilado de los primeros tiempos de Moonspell, antes de su primer larga duración. O sea, es la reedición de los demos Serpent Angel y Anno Satanae, más el EP Under the Moonspell. El material de los demos no es muy interesante, y la remasterización del EP le da un tono más fino al precio de perder algo del encanto vintage que tenía el sonido del original. Siendo Under the Moonspell un buen EP, es mejor agenciárselo por sí en vez de tener este compilado. Under Satanae es en realidad material para completistas, más que un indispensable en la discoteca particular.

Lusitanian Metal (2.008).

Estilo: Todos los mencionados.



Si no conoces a Moonspell y te interesa la banda, pero no tanto como para ir de tacada a sus larga duración, es posible que te tiente el grandes éxitos The Great Silver Eye. Pero desde este respecto, un mejor punto de partida podría ser Lusitanian Metal, el único larga duración en vivo que Moonspell ha editado a la fecha. Incluye material de toda la trayectoria de Moonspell, en excelentes presentaciones en vivo que muestran toda la potencia de un concierto de la banda. Y lo mejor es que, debido a la escasez de material oficial en vivo de Moonspell, es también un aporte para un fanático de viejo cuño de la banda.

Night Eternal (2.008).

Estilo: Metal Gótico, Death Metal.



Así como al pesado Wolfheart siguió el algo más liviano Irreligious, al más pesado Memorial siguió el más liviano Night Eternal. En realidad un poquito más liviano, no mucho de todas maneras. En general, puede decirse que Night Eternal sigue la línea de metal extremo de Memorial, pero con un sonido un poquito más refinado. Tiene algún tema de relleno, pero la generalidad de las canciones son sólidas como una casa. Pero quizás la palma se la llevan Scorpion Flower, una power balada con la adición de Anneke van Giersbergen la antigua cantante de The Gathering, como vocalista invitada, y otra balada más, Dreamless (Lucifer and Lilith). Entre los temas más pesados, Night Eternal y Shadow Sun son los cortes realmente buenos aquí.

Alpha Noir / Omega White (2.012).

Estilo: Death Metal, Black Metal, Metal Gótico (Alpha Noir), y Metal Gótico y Rock Gótico (Omega White).



En la primera parte de este posteo acá en la Guillermocracia, comentábamos que Hermeticum (Daemonarch) y Sin/Pecado (Moonspell) reflejaban un poco las dos almas de la banda corriendo en paralelo: su tendencia hacia el metal extremo por un lado, y su afición por la música más introspectiva y atmosférica por el otro. Alpha Noir / Omega White es más o menos lo mismo, pero condensado en un solo disco doble, y mucho más desmelenado. En el disco 1, Alpha Noir, Moonspell le da salida a su vertiente más deathmetalera y blackmetalera, con una generosa adición de Thrash clásico ochentero, al servicio de canciones con su vibra gótica de toda la vida. En el disco 2, Omega White, Moonspell nos regala canciones muy reminiscentes de Type O Negative, lo que tiene sentido si se piensa que Fernando Ribeiro tiene un estilo vocal bastante parecido al de Peter Steele, el fallecido vocalista de la banda neoyorkina. Lo realmente interesante del caso es que en ambas facetas tenemos un ganador, ya que Alpha Noir es todo lo demoledor que se espera de un disco brutal de música metalera, mientras que Omega White es... también todo lo demoledor que se espera, pero en el otro sentido posible, el de tocar la fibra sensible del corazón. Probablemente el mejor material de Moonspell desde la década de 1.990, y la mejor muestra de que la banda, a pesar de algunos baches y años malos, se las ha arreglado con bien para seguir viva como una fuerza creativa dentro de la escena gótica y extrema.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Vocales de mesa: La solución de mercado.





La prédica oficial en Chile es que el mercado es positivo y lo arregla todo. Hasta tal punto, que ante cualquier mínima crítica al mercado, el crítico respectivo es insultado con el feo mote de comunista, se le recuerda que el Muro de Berlín se derrumbó, o como algún columnista de diario comentó alguna vez, hay que elegir entre un Chile cada vez mejor, o un Zimbabwe en donde todos son iguales pero también son todos pobres. Porque Noruega no es una opción, parece ser.


En la elección municipal de 2.012, uno de los grandes problemas fue que la abstención alcanzó no solamente a los votantes, sino incluso a los vocales de mesa. Una mesa puede funcionar teóricamente sin votantes, pero no sin vocales. Muchas mesas se integraron con los votantes que tuvieron la desgracia de comparecer primero a cumplir con su deber cívico, y descubrieron que este último se prolongó durante todo el resto de la jornada. Otras, con vocales sacados de otras mesas. Al final todas las mesas de Chile abrieron, pero a qué precio. Este fenómeno pareció revertirse un poco para la elección presidencial de 2.013, pero esto sucedió quizás sólo por la curiosidad de estar sentados allí donde se decidían los destinos de la Patria. Cuando lo que esté en juego sea el destino de las municipalidades otra vez, es posible que la abstención se repita.

La solución tradicional para tener vocales de mesa en Chile pasaba por el recurso clásico del capataz: el palo y el látigo. Es decir, se llamaba a vocales de mesa elegidos al azar, que debían cumplir con su deber de manera obligatoria. Como el voto era obligatorio para los que estaban inscritos, entonces en realidad implicaba sumar una obligación más. Con la instauración del voto voluntario, resultó que debió mantenerse la obligatoriedad para los vocales. Pero como se entendió que la actividad de vocal de mesa es una cercana al trabajo de los siervos de la gleba, se les comenzó a dar una retribución monetaria, que es más o menos equivalente a 15.000 pesos por el desempeño de su función. Puede parecer una miseria de dinero, pero en realidad es una cantidad incluso algo superior a la que gana por día una persona empleada por el sueldo mínimo.

El problema es que, aún así, mucha gente en Chile encuentra que no es atractivo trabajar por el sueldo mínimo. En realidad, nadie que trabaje por ese salario lo haría si es que pudiera acceder a una remuneración superior.

Ningún político neoliberal partidario del libre mercado podría entonces dejar de considerar una solución puramente de mercado para el problema. En vez de obligar a los vocales de mesa a concurrir a sus funciones por un salario de hambre, una solución de mercado pura y simple, y por lo tanto óptima y eficiente de acuerdo a los criterios de Pareto, sería tratar esta labor como un trabajo a honorarios más, y dejar fluir el libre juego de la oferta y la demanda.

De esta manera, al aproximarse el período de las elecciones, el Servicio Electoral haría un llamado en la sección de clasificados económicos de la prensa, con un tenor similar al siguiente: "Se buscan vocales de mesa. Enviar currículum y pretensiones de sueldo". La cantidad a pagar para los vocales de mesa aumentaría substancialmente, es cierto, pero por otra parte, enviaría currículum para su postulación la gente más motivada, y por lo tanto, aquella con menos probabilidades de desertar. Si esa gente es aceptada por la pretensión de sueldo que ha expresado, no tiene motivos para dejar de concurrir a sus funciones como vocal de mesa.

Algunos podrían objetar que esta manera de contratar vocales podría introducir una fuerte distorsión, debido a que concurrirían muchos interesados en que gane uno u otro candidato, y por lo tanto la elección misma podría terminar viciada. Sin embargo, este argumento se cae por su propio peso, si se considera que la idea de tener votaciones es que los candidatos tengan la capacidad de motivar a los votantes. Y no hay mejor muestra de la capacidad de movilización de un candidato, que conseguir instalar a sus propios vocales de mesa en cada mesa, para cometer fraude electoral en su favor. Si existe una fuerte masa de votantes con espíritu cívico con exigencias de elecciones libres, honestas y serias, que ellos se postulen para el trabajo y supervigilen el proceso electoral mesa por mesa y de primera mano. De lo contrario, que no se quejen del resultado después. Se obtiene aquello en lo que se invierte, y si nadie está interesado en invertir en una democracia fuerte, la solución de mercado óptima y que hace más felices a las personas es una democracia intervenida y fraudulenta.

Ahora bien, si aún así hay almas pías y escrupulosas que para su propio fuero interno mantienen preocupaciones por la integridad de los vocales de mesa y su desempeño laboral, otra posibilidad es abrir una licitación por cada comuna o distrito electoral. El Servicio Electoral fijaría las condiciones en las cuales se adjudicaría las respectivas licitaciones, y dejaría a las personas naturales o jurídicas en libertad para concurrir a las mismas. Si las condiciones son demasiado miserables, entonces no habría interesados que concurrieran, y por lo tanto la licitación debería declararse desierta, y llamar a una nueva en condiciones más favorables para los postores. En las condiciones de la licitación pueden adjudicarse ciertas exigencias que harían presumir la buena fe de los vocales, como por ejemplo darle prioridad a gentes de honestidad probada como policías, jueces, sacerdotes, economistas, etcétera. En particular debería dársele prioridad a la gente rica, porque ellos son tan ricos que se puede presuponer que no tienen interés en postularse como vocales para cometer fraude electoral y así seguir ganando más dinero, que en estricto rigor ya no necesitan con tanta desesperación.

Estos dos mecanismos, y en particular este último, tendría el beneficioso efecto de permitir la formación de empresas encargadas de gestionar a los vocales de mesa. Una empresa dedicada a este rubro estaría interesada en tener a sus trabajadores capacitados y eficientes, de manera que como parte de la postulación, o incluso como condiciones de la licitación, podría pagar la capacitación de su propio bolsillo, descargando al Estado de esa función. Se crearía todo un nuevo mercado alrededor de las elecciones, con el consiguiente beneficio para la sociedad como un todo. Incluso dicha empresa podría subcontratar los servicios de profesores de Historia y analistas políticos para dictar tales cursos y charlas de formación, incentivando aún más la circulación de bienes y servicios dentro de la sociedad.

Por supuesto que hay muy serias objeciones a esta solución de mercado para el problema de los vocales de mesa, relativos a que la mercantilización de esta labor llevaría a un debilitamiento de la democracia. Pero lo que he propuesto es una solución que sea mejor de acuerdo a los parámetros de mercado, o sea, que sea óptima desde el punto de vista de generar la mayor cantidad de beneficios con la menor inversión posible; no una solución que fortalezca la democracia. Además, la democracia es un valor abstracto que no tiene valor de mercado, y por lo tanto no tiene por qué entrar dentro de las consideraciones de un economista con el corazón bien puesto. De esta manera es de considerar la idea de privatizar a los vocales de mesa, para después privatizar a los políticos, los jueces, los militares, y en definitiva terminar disolviendo al Estado, que a estas alturas del partido es una burocracia onerosa y senil. Algunos podrían decir que esto es la ley de la jungla, pero las junglas han existido por cientos de millones de años más que el ser humano, así es que bien puede decirse que la ley de la jungla es un éxito evolutivo completo, del cual debemos respetuosamente aprender.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Primeros tres años de la Guillermocracia: Top Ten de posteos.


Acá en la Guillermocracia hemos estado en activo desde 2.010 en adelante, y en 2.013 le propusimos un desafío a sus lectores: votar por aquellos posteos que sean los mejores en sus tres primeros años de existencia. Para ello elaboramos un listado épico de cuarenta posteos, que consideramos lo mejor de lo que ha publicado la Guillermocracia, y lo pusimos en una encuesta al pie de la página para que los lectores voten. Las reglas eran simples: quedan como los diez mejores, los diez más votados. En caso de empate, el artículo más reciente califica, en razón de haber tenido menos tiempo para posicionarse como entre los mejores.

La encuesta se prolongó desde Agosto hasta Noviembre, y arrojó finalmente los siguientes resultados:

1.- El sistema binominal: Por qué no funciona y cómo modificarlo (3 votos).
2.- Las cinco claves para tener éxito en Chile (3 votos).
3.- "Game of Thrones": Al diablo que yo me largo de aquí (3 votos).
4.- Tributo a Frank Grimes (3 votos).
5.- 10 razones por las que "Los Simpsons" ya no tienen gracia (3 votos).
6.- Celtas: Los bárbaros que salvaron a Europa (3 votos).
7.- El verdadero Juego de Tronos (3 votos).
8.- ¿Internet el club de la wenaonda? (3 votos).
9.- El arte es complejo (3 votos).
10.- El Fondo de Utilidades Tributables en la mira (2 votos).

Y qué decir. Resulta interesante que se hayan colado dos artículos de temas jurídicos de Chile en una votación de carácter internacional (el sistema binominal, y el Fondo de Utilidades Tributables). O que otros dos posteos sean sobre Game of Thrones. O que otros dos posteos sean sobre Los Simpsons. Elecciones curiosas, quizás impensadas. Pero siempre interesantes.

Y ahora tienen la palabra los lectores. ¿Están conformes con la encuesta y sus resultados? ¿Hay posteos sobrevalorados en el listado? ¿Debieron haber ganado otros posteos? No voy a decir que "¡EL PODER ES TUYO!" porque esto es la Guillermocracia, y la Guillermocracia es un despotismo ilustrado, no una democracia. Pero de todas maneras considera lo siguiente: puede que en la Guillermocracia tu opinión cuente sólo a medias, pero en tu nación de origen en donde te llaman a votar cada X años por candidatos que no elegiste, sobre programas políticos en lo que no tuviste injerencia ni tampoco van a cumplir, tu opinión vale muchísimo menos, casi nada, o directamente nada. Así es que, mejor ser súbdito a medias de la Guillermocracia que siervo de la gleba en tu propia nación de origen.

Y así seguimos, esperando que manteniendo la calidad de la Guillermocracia a través de éste, su cuarto año de existencia.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Cinco modelos negativos para mujeres (2 de 2).

Escribiendo la vida de sus amigas, redactando con hasrtas preguntas para que parezca que hay reflexión.
Hace algunas semanas atrás publicamos en la Guillermocracia, la primera parte de este épico posteo en el cual describíamos la perniciosa influencia que cinco modelos de mujeres han ejercido sobre la sociedad. Personajes de ficción que le han enseñado toda una escala de disvalores a las mujeres de una generación entera, saltando la barrera entre la diversión aceptable por un lado, y la adopción de los valores y principios enarbolados por esas supuestas heroínas femeninas. Ahora seguimos con otros tres ejemplos más recientes, para culminar esta épica entrega, aquí en la Guillermocracia.


3.- Bridget Jones.

La princesa lista para su glamoroso y romántico príncipe azul.
El aporte británico al listado. El personaje fue presentado por primera vez por la escrita Helen Fielding, que ha tenido la honestidad suficiente para confesar que en realidad su historia es Orgullo y prejuicio de Jane Austen, adaptado a la última década del siglo XX. Luego vino una película de éxito que lanzó al estrellato a René Zellweger, y después una secuela que fue un éxito comercial en parte por sus irrisorios costos de producción. La historia versa sobre Bridget Jones, una chica rondando la treintena que trabaja en una editorial. Siguiendo un patrón que empieza a tener una recurrencia preocupante en este artículo, ella es una nulidad como persona porque no tiene un hombre en su vida. En el Año Nuevo se hace su lista de propósitos, los cuales sólo incluyen cosas para bajar de peso y hacerse más atractiva a un hombre, tales como dejar de fumar y comer menos; nada de leer más libros o dedicarse a alguna actividad creativa aunque sea como pasatiempo. Andando la historia, debe elegir entre dos hombres, un jefe seductor pero tramposo por un lado, y un pretendiente opaco pero fiel. Quien haya leído Orgullo y prejuicio o haya visto sus millones de versiones para cine y televisión, sabe cómo termina: el hombre bueno se queda con Bridget Jones.

El problema con Bridget Jones como personaje, es que pretende ser rescatada por un príncipe azul aunque ella misma no tenga nada de princesa. Desde un punto de vista físico está pasada de peso y no sabe arreglarse, en lo intelectual es incapaz de mantener una conversación interesante, y en lo emocional es una mujer deprimida, y dependiente de la opinión de los demás. Y aún así, espera que con ese escaso bagaje llegue un hombre encantador, inteligente y refinado que la elija a ella en vez de a alguna mujer más interesante. Sería disculpable si Bridget Jones hiciera algo para mejorar su condición, pero tampoco es el caso. A Bridget Jones no la vemos inscribiéndose en un gimnasio, no la vemos practicar alguna afición que le permita abrir la mente, no la vemos instruirse o cultivarse leyendo libros, no la vemos yendo a terapia para resolver uno o dos problemas emocionales, ni tampoco la vemos emprendiendo alguna aventura económica que la saque de su trabajo mediocre. En definitiva, Bridget Jones espera que la salvación caiga del Cielo, en la forma de un marido, sin hacer nada por sí misma para merecérselo.

De esta manera, resulta previsible que Bridget Jones sea carne del seductor que la ve como otra conquista más, y una más o menos fácil para colmo, al tiempo que hace caso omiso del único hombre que parece quererla y valorarla de verdad, porque dicho hombre es un mastuerzo sin personalidad. El seductor presenta a Bridget Jones el brillo del oropel, la fantasía de ser una princesa, y engancha con ello. Quizás el otro hombre, el carente de personalidad, el soso, le causa repulsión porque le recuerda demasiado a como es ella misma. Podemos ver a Bridget Jones un poco como la versión femenina de la fantasía masculina de ser un perdedor que consigue enrollarse con su compañera de curso más popular y sexy, pero en esta clase de películas al menos el protagonista al menos debe demostrar su valor salvando al mundo primero (por lo general, a lo menos), mientras que Bridget Jones, a lo largo de toda su historia, no salva a nadie. Es más, a ella misma la tienen que salvar, cuando su hombre le da una épica paliza a... su otro hombre. Parece muy romántico, hasta que uno piensa en la situación a la inversa: una película en donde la chica buena le pegue a la chica mala para quedarse con el chico, que entretanto es un poquita cosa y además no ha hecho absolutamente nada por sí mismo, tendría para cualquiera el gusto de un final demasiado gratuito, como mínimo.


4.- Amélie.

Personaje muy artista, actriz muy artista, director muy artista, banda sonora artística... el público, no necesariamente.
Nadie hubiera esperado que el director francés Jean-Pierre Jeunet, cuyo primer trabajo (en colaboración con Marc Caro, eso sí) fue la negrísima comedia distópica Delicatessen en 1.991, y que es también el responsable de la cuarta parte de una saga como la de Alien, años después en 2.001 estrenara una película prístina y brillante como Amélie. La película resultó un exitazo y lanzó al estrellato a la actriz Audrey Tautou, que incluso consiguió pasearse por el mundo de los blockbusters de Hollywood como la chica de apoyo a Tom Hanks en El Código da Vinci.

La historia de Amélie es un tanto convulsionada. De niña es educada en casa debido a una supuesta condición cardíaca. Luego, cuando crece, es una chica solitaria y excéntrica que trabaja como camarera. Andando el tiempo, decide que las relaciones sentimentales no son lo suyo, y se dedica a tratar de hacer felices a los demás. Las conspiraciones que monta a continuación para mejorar la vida de otros son de lo más creativas, al tiempo que por supuesto debe buscarse a sí misma y encontrar su propia verdadera felicidad.

La inclusión de Amélie en el listado es quizás la más triste de todas, porque de todos los casos seleccionados para este artículo, esta película es la más original y la que más mérito artístico tiene. Sin embargo, su personaje protagónico ha terminado por transformarse en la encarnación de otro estereotipo femenino lleno de antivalores: la chica hipster. En este caso no se trata de que Amélie sea un personaje negativo en sí, sino de su adopción por parte de cierto grupo de chicas que la han convertido en una caricatura, vía tratar de parecerse a ella.

La razón por la que el hipster promedio es un personaje negativo al que el Ministerio del Interior de la Guillermocracia jamás le concederá visa de residencia permanente dentro de las fronteras nacionales, es por su actitud prepotente y arrogante, que no tiene otro apoyo detrás sino puro humo. El hipster es un posero pretencioso que se juega la carta de establecer un Telón de Acero entre lo comercial y lo indie, luego proclamar su adhesión a lo indie, y al último insultar a los demás con una actitud de tipo soy más indie que tú. Sería aceptable, de no ser porque el hipster promedio no busca crear arte de calidad ni tener ideas de calidad, ya que lo suyo no estriba en perseguir obras que tengan una estructura y complejidad que las hagan significativas, sino en ser lo más anticomercial posible... y moverse hacia la siguiente cosa anticomercial cuando eso anticomercial se transforma en comercial, justamente porque al ser anticomercial atrae a los hipsters hasta que forman una masa crítica que califica como popular, y por lo tanto comercial.

La pesadilla hipster: volverse popular.

Amélie es en muchos sentidos la encarnación de lo que a muchas chicas hipster les gustaría ser; aunque las hipsters más encarnizadas de seguro abominen de ella por ser popular, y por lo tanto comercial. Amélie es una chica excéntrica, que no sigue las modas, y además de buenos sentimientos, es decir, una chica que no intenta conformar a nada ni a nadie. Es decir, el espíritu de todo lo contrario a lo comercial.

Lo interesante es que Amélie no es una hipster, sino la negación de todo lo que un hipster representa. Amélie es como es debido a una historia personal que le impide encajar en la sociedad de una manera que los demás consideren correcta; Amélie no puede ser de otra manera, salvo que madure e interactúe con seres humanos, y por lo tanto no es una posera. La hipster, por el contrario, parte del extremo opuesto, del hecho de que es una chica común y corriente sin ningún rasgo destacable, y por lo tanto debe forzarse a sí misma hacia la excentricidad para hacerse notar. La relación de causa a efecto en Amélie es que ella tiene un pasado doloroso y solitario, y por eso en la actualidad no encaja, mientras que en el caso de la hipster es exactamente al revés, ya que la hipster busca no encajar, y luego de ese no encajar busca que los demás deduzcan la existencia de un pasado doloroso y solitario. Amélie no convierte su no encajar en una bandera de lucha, mientras que la hipster sí, y la condición de Amélie, deducimos, es algo de lo que ella quisiera escapar y que encontrará cura con el tiempo, mientras que la hipster por definición no quiere encontrar cura porque con ello perdería su identidad.

En definitiva, a diferencia de los casos mencionados en el artículo, no estamos frente a un personaje negativo presentado y adoptado de manera positiva, sino a un personaje positivo que por el camino ha sido adoptado de manera negativa. Algo triste, si se piensa.


5.- Bella Swan.

El momento del triunfo decisivo en la historia de una mujer: Conseguir cazar al chico y llevárselo al altar.
Estoy seguro de que ustedes sabían que iba a terminar con ella. Muchos de ustedes habrán visto una famosa fotocomposición en donde se presenta a la princesa Leia a un lado y a Bella Swan, la protagonista de Crepúsculo, por el otro, ambas encomiando sus respectivos méritos. Los de Leia: ser una política, encabezar un movimiento de resistencia, ser una guerrera y estar en la línea de fuego, y además una jedi en potencia. Los de Bella Swan: haber conseguido llevar a su novio al altar.

La historia de Bella Swan se prolonga por cuatro novelas bastante gruesas, adaptadas en cinco películas bastante exitosas. Tanto, que la última consiguió instalarse en el listado de las 50 películas más taquilleras de todos los tiempos, sin ajustes por inflación. La historia versa sobre el triángulo amoroso entre Bella Swan, Edward el vampiro, y Jacob el hombre lobo.

El problema con Bella Swan es análogo al de Bridget Jones, pero en versión fantástica y llevado hasta su último y lógico extremo. Al igual que Bridget Jones, Bella Swan es una chica carente de cualquier rasgo que la haga extraordinaria: en lo físico no tiene una belleza particular, en lo intelectual no tiene ni la más mínima conversación interesante, y en lo emocional está hundida hasta el fondo en su propio núcleo de sentimientos y por lo tanto carece de toda empatía por otros seres humanos. Pero si Bridget Jones representaba a la treinteañera del 2.000 todavía adaptándose al discurso de empoderamiento femenino y por lo tanto con un mínimo de cuestionamiento que la lleva a hacer su lista de buenas intenciones para el Año Nuevo, Bella Swan representa a la adolescente que ya vive dentro de él como algo que se da por sentado, y que en ningún minuto se cuestiona a sí misma. De hecho, cuando su padre trata de hacer valer sus legítimos derechos como progenitor responsable y le expresa sus preocupaciones acerca del misterioso extraño Edward del que no sabe nada, Bella Swan lo despide sin más miramentos. Y a lo largo de toda la historia, de manera no demasiado sorprendente a estas alturas, la vida de Bella Swan no se define por sus ambiciones personales o alguna cruzada, sino por sus relaciones con Edward y Jacob. Por supuesto, que Bella Swan juegue con los sentimientos de ambos es presentado como algo que debe ser comprendido y aceptado, ya que es juego limpio si una mujer lo hace. Si un hombre hiciera lo mismo, seguro que lo tildarían de machista; de hecho es una de las acusaciones más frecuentes (y justificadas, eso sí) contra James Bond, aunque él al menos tiene un trabajo que implica salvar al mundo de supervillanos.


Epílogo: Buscando modelos femeninos positivos.

A estas alturas debería parecer que este es un artículo sexista o algo así. En particular porque el rasgo característico que hace tan atractivas a las mujeres de este artículo, es un discurso de empoderamiento. Todas éstas son historias en donde las chicas tienen la razón, deben ser comprendidas sin condiciones, y tienen licencia para portarse tan mal con los hombres o con otras mujeres como quieran porque ellas tienen causas psicológicas o circunstancias que las justifican. Es decir, el discurso de que las chicas tienen sólo libertades, sin ninguna responsabilidad personal o social. Un hombre que se comporte de esa manera, libertad sin ninguna responsabilidad, suele antojarse como detestable, ¿por qué tratándose de una mujer iba a ser distinto? E incluso vale la pena preguntarse... ¿Es posible hacerlo mejor?

Como todos los cinco modelos presentados son de más o menos dos décadas hasta la fecha, busquemos algunos recientes. El siguiente listado, lo confeccionaré de memoria y por inspiración. Erin Brockovich. Quizás sea sexista que utilice armas de mujer para salirse con la suya, pero al menos salirse con la suya en este caso implica llevar a juicio y derribar a una empresa que ha destrozado la vida de 600 familias por su crasa negligencia en materia ambiental, y eso por un cierto espíritu de corrección, no por cazar un marido. O Lara Croft, que por supuesto responde al modelo sexista de chica voluptuosa y buena para patear traseros, pero que al menos lo compensa beneficiando al mundo salvándolo del villano de turno. O Katniss Everdeen, la protagonista de Los juegos del hambre, que aunque metida en un triángulo amoroso, no es una princesita esperando ser rescatada sino una proletaria buscando sobrevivir en un futuro distópico. Y si quieren chicas un poco menos de pasarela, tienen el caso de Chloe O'Brien, la compañera de trabajo de Jack Bauer en 24 que desde su computador hace lo imposible por ayudarle en su incansable guerra contra el terrorismo, y que después de incontables hazañas, en el último capítulo de la serie y no sólo sin Jack Bauer sino incluso en contra de él, consigue ella solita evitar un incidente cuyas consecuencias casi de seguro hubieran sido la Tercera Guerra Mundial. Estos ejemplos deberían dejar en claro que es posible crear personajes femeninos que sean roles positivos acerca de cómo ser y comportarse como una mujer, sin que sea obligatorio ponerlas por encima de todo cuestionamiento y más allá del bien y del mal, o definirlas en torno a sus relaciones con los hombres, o reducirlas a un fetiche sexual unidimensional.

Y si suena demasiado extraterrestre, pensemos en que no es imposible para un personaje femenino transformarse en un rol positivo para la sociedad. El ejemplo que se me viene a la mente es Uhura, interpretada por Nichelle Nichols en la serie Viaje a las estrellas original. Había un cierto fetichismo en presentar a Uhura con minifaldas, por supuesto, pero también Uhura era una técnica de comunicaciones; entre las muchas personas inspiradas por ella está por ejemplo Mae Jemison, la primera mujer astronauta negra de Estados Unidos. El de Uhura es un caso más o menos aislado, pero prueba que no es un imposible crear a un personaje mujer con un rol positivo.

Lo triste es que dichos modelos femeninos, quizás no del todo perfectos pero sí mucho más positivos, no son ni de lejos tan populares como los que han integrado el listado. Seguro que Zoë Zaldana, la intérprete de Uhura después del reboot de Star Trek de 2.009, no ha sido ni de lejos tan entrevistada como Sarah Jessica Parker o Kristen Stewart, ni tiene su mismo estatus de superestrella. Cabe preguntarse por qué, y la respuesta de seguro es bastante preocupante.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Chile 2013: El año en que elegimos en peligro.


La Guillermocracia lo supo primero. En 2.012, cuando hablamos acerca del cambio de régimen electoral a uno de inscripción automática y voto voluntario, predijimos que no iba a producirse un cambio substancial en la correlación de fuerzas en la elección presidencial de Chile en 2.013. La gran novedad, que no lo fue tanto tampoco, fue la brusca reducción de la cantidad de votantes, que cayó más o menos a la mitad del universo electoral. Pero, ¿qué tanto cambió el mapa político chileno? La verdad es que no demasiado. Un simple vistazo a las cifras ayudará a entender por qué las cosas cambiaron, sólo para seguir igual.

La mantención de la fórmula 2+1.

Entre la Constitución de 1.925 y el golpe militar de 1.973, la política chilena estuvo regida por el conflicto permanente entre los llamados tres tercios: izquierda, centro y derecha. Con miras al plebiscito de 1.988 y la elección presidencial de 1.989, se produjo una reordenación del mapa político en donde el centro y la izquierda se aliaron contra la derecha, en lo que se llamó la Concertación, excluyendo a los grupos más ultras de izquierda. Es decir, una fórmula 2+1 en donde la Concertación se lleva el grueso de los antiguos tercios de centro e izquierda, y la derecha se queda como el tercio restante.

De los programas políticos, los más derechistas fueron los de Evelyn Matthei y Franco Parisi, la primera por la derecha más conservadora y la segunda por la derecha más liberal. Entre ambos sumaron algo más del 35% de los votos, es decir, dentro de los márgenes tradicionales del tercio de derecha. El resto de los votos fueron para los candidatos de centro e izquierda, es decir, los otros dos tercios. La proporción de votos en blanco y nulos fue mínima, no alcanzó siquiera al 2%. En definitiva, la elección de 2.013 no significó que los votantes se izquierdizaran, como en su minuto muchos calenturientos temieron, sino que por el contrario, los votantes siguieron encasillándose dentro del esquema 2+1 clásico desde 1.989.

La contundente victoria de Bachelet.

Como se preveía, Michelle Bachelet sacó la primera mayoría, aunque no alcanzó a triunfar en primera vuelta. De todas maneras, llevarse más de un 46% de los votos en la elección presidencial con más candidatos en la historia de Chile no deja de ser un mérito, superando incluso el 44% que Sebastián Piñera obtuvo en 2.009 con apenas cuatro candidatos en liza. Con su 25%, Evelyn Matthei quedó incluso peor que Eduardo Frei Ruiz-Tagle en 2.009, que obtuvo un 29% en dicha ocasión. La diferencia para Matthei es prácticamente irremontable, y la banda presidencial chilena tiene casi bordado el nombre de Michelle Bachelet en ella.

Aún así, considerando el amplio margen de abstención que hubo en estas elecciones, en donde uno de cada dos potenciales votantes decidió no concurrir a las urnas, puede decirse que Michelle Bachelet representa apenas al 23% del universo electoral. Es decir, la cantidad de gente que no concurrió a votar estando habilitada para hacerlo, es el doble de la cantidad de gente que votó por Michelle Bachelet. De cara a un futuro gobierno, eso no es un buen augurio.

Dos tercios de los votantes prefieren el continuismo.

La candidata más continuista de todas es Evelyn Matthei, cuyo programa de gobierno en esencia dice que los chilenos no deben cambiar nada de su régimen social o político. Un 25% de los votantes le dio la razón. Pero Michelle Bachelet también es una candidata continuista, si se considera que fue Presidenta de la República bajo la misma Constitución de 1.980, y llegó aupada al poder por un pacto político, la Concertación (actual Nueva Mayoría) que gobernó los veinte años desde 1.990 a 2.010. En su programa electoral, Michelle Bachelet prometió reformas y en general un régimen de gobierno más inclinado hacia ideas de izquierda. Cuánta voluntad política habrá para introducir cambios de fondo al sistema, es algo que estará por verse; por una u otra razón, las modificaciones prometidas en la campaña de 2.006 quedaron a medio fuelle, cuando no en arreglos cosméticos.

De todas maneras, ambas candidatas sumaron más del 71% de los votos. Es decir, dos tercios de los votantes chilenos prefirieron que la institucionalidad chilena siga más o menos por los rumbos que ha seguido desde 1.990, con pocos o ningún cambio. Eso deja menos de un 30% de votantes para proyectos políticos alternativos. De todas maneras, estas no son cifras concluyentes. Existe la gran posibilidad de que muchos potenciales votantes no hayan creído en el sistema desde un comienzo, y prefirieron abstenerse de concurrir a las urnas. Los que votaron por Bachelet y Matthei son también los que creen que el sistema es adecuado para gestionar lo que venga hacia adelante. Es muy posible que en los próximos cuatro años, muchos de los críticos del sistema prefieran salir a la calle, lo que no es un escenario demasiado tranquilizador.

La derrota del individualismo.

Dos candidatos ofrecieron proyectos políticos basados en una concepción de la sociedad como suma de individuos. Marco Enríquez-Ominami lo hizo desde un aura progresista, mientras que Franco Parisi lo hizo desde una perspectiva más clásicamente liberal. Enríquez-Ominami fue la sombra de los proyectos más colectivistas de Marcel Claude y Michelle Bachelet, mientras que Franco Parisi fue la sombra de Evelyn Matthei. Y entre ambos obtuvieron apenas un 21% de los votos. La caída de Enríquez-Ominami fue significativa si se piensa que en la elección anterior obtuvo un 20% de los votos. ¿A dónde se fueron esos votos? Es poco probable que lo hayan hecho hacia la candidatura de Franco Parisi porque ésta parece haberle robado votos a Evelyn Matthei dentro de la votación tradicional del tercio de derecha. Es más probable que esos votos se hayan repartido entre Bachelet, algunos, y las candidaturas alternativas de Claude, Sfeir y Miranda los restantes.

El caso de Franco Parisi fue sintomático. Parisi intentó hacer una campaña 2.0, muy de internet y redes sociales, con un programa basado en las ideas proporcionadas por la propia ciudadanía. Es decir, un proyecto derechista alejado de las prácticas cupulares de la derecha postpinochetista tradicional encarnada por Evelyn Matthei. Parecía una muy buena opción para el votante dentro del perfil de joven profesional aspiracional de derecha que no quiere cambios en el sistema, sino él mismo profitar un poco más y en mejores condiciones de él. En cualquier análisis basado en el atractivo de las ideas, Parisi debería haber pasado a segunda vuelta, no Matthei, pero eso no fue lo que sucedió.

Es posible que el fracaso del proyecto político de Parisi estribe justamente en apelar a la generación de internautas cosmopolitas, liberales y conectados al mundo... y fatalmente individualistas. La clase de gente para quienes conceptos como Patria, derechos humanos o responsabilidad ciudadana importan más bien poco. Es decir, la clase de votante que apoyaría con entusiasmo un proyecto liberal e individualista, pero que es demasiado liberal e individualista para tomarse la molestia de levantarse temprano un día domingo e ir al local de votación. El votante que vota por la derecha tradicional, en cambio, lo hace apoyando un proyecto colectivista desde el punto de vista valórico, aunque sea por sentirse que son gente decentes frente a la delincuencia, los vándalos o los inútiles subversivos. Es decir, un tipo de votante mucho más animado a hacer el sacrificio de ir a votar. El fracaso de Parisi es así otro síntoma del escaso futuro que tiene la derecha liberal, en un país en donde los derechistas liberales cuya prioridad por su casa, su automóvil y su familia es tan absorbente, que no les deja espacio para preocuparse por algo que pueda llamarse un gran proyecto de país.

La derrota de los iluminados.

Sumando todas las candidaturas políticas que ofrecen proyectos alternativos al actual sistema político y económico, o al menos al margen de las maquinarias políticas más o menos tradicionales  (Marcel Claude, Alfredo Sfeir, Roxana Miranda, Ricardo Israel, Tomás Jocelyn-Holt), entre todas ellas no llegan a sumar ni el 7% de los votos. Considerando cuánta gente se considera insatisfecha con el régimen político y social chileno, uno podría haber esperado una votación mucho más elevada de estas candidaturas en su conjunto.

No es que a las candidaturas críticas del sistema les falte razón, pero en política no basta con tener razón: además hay que entregar argumentos en un envoltorio atractivo para el votante. Todas estas candidaturas se posicionaron en un discurso ferozmente crítico, apelando a la furia del votante con el sistema, en vez de a la construcción de algo nuevo. Si algo entendieron bien los artífices de la campaña del NO en 1.988, es que para pelear con la opción SI debían montar una campaña alegre y colorida, que invitara a la confianza en vez de suscitar el miedo. El sentido de urgencia, el frenesí, la impaciencia, les pasaron la cuenta. Además de dividirse entre tantas candidaturas alternativas en vez de enfocarse y redoblar sus esfuerzos en una sola que pueda sacar más fuerza que varias de ellas trabajando de manera aislada. Todos quisieron ser caciques, y para serlo trataron de atacar a los yanaconas que se vendieron al huinca invasor, sin considerar que los yanaconas eran más de los que creían... y de que iban a votar más yanaconas que inútiles subversivos. Para la elección del 2.017, no les va a quedar más remedio que organizarse en una sola candidatura alternativa de peso, o volver a recibir una nueva paliza por separado.

La política de golpes bajos llegó para quedarse.

Michelle Bachelet cuestionada por el 27-F, por su silencio en Nueva York, por su retraso en entregar su programa político, por hablar... Marcel Claude criticado por su vida familiar... Evelyn Matthei cuestionada por pagos previsionales atrasados... Franco Parisi atacado por sus vinculaciones a ciertos colegios privados acusados de lucrar... Eso por no hablar de la gran degollina que significó la bajada de Laurence Golborne de su candidatura. A Chile ha llegado el modelo de campaña política de Estados Unidos, basado en el golpe bajo, el ataque personal, el desenterrar trapos sucios del pasado. Es una tendencia y no ha llegado a los extremos de Estados Unidos, pero ése es el camino. Chile está en la transición desde la política de ideas a la política del espectáculo, y en esa dirección queda todavía mucho trecho por recorrer.

¿En qué están los que no votaron?

Mucha gente quiere adjudicarse de una manera u otra la llamada mayoría silenciosa. Evelyn Matthei dijo que iba a revertir las encuestas porque los que no se pronunciaban, iban a votar por ella en las urnas. La cuestión es que, en materia electoral, el que calla no otorga. Tampoco niega. El que calla simplemente ha tenido un día de silencio. Pero puede llegar a ser muy vocal después.

¿Por qué la gente no votó? Probablemente por una multiplicidad de razones. Por un lado están los bacheletistas tibios que la veían como el mal menor frente a candidaturas de derecha no convincentes, o candidaturas de izquierda instaladas con un discurso demasiado revolucionario o iluminado para su gusto, pero como había una sensación de carrera ganada, no acudió a votar por Bachelet. Por otro lado está el joven profesional de clase media aspiracional que creció de espaldas a la política, y le da lo mismo si Chile es una democracia o una dictadura en tanto pueda tener con tranquilidad su casa, su automóvil, su familia, sus chiches tecnológicos y su conexión a internet; la clase de individualista carente de espíritu cívico que sólo le pide al sistema que no lo moleste mientras está ganando dinero en sus actividades profesionales y ascendiendo en la escala social hacia un estándar de vida del Primer Mundo. Por un tercer lado están los desafectos del sistema que se encogen de hombros porque votar no sirve para nada, y prefieren manifestarse en la calle o por Facebook. En qué proporción se mezclen todos ellos, es un misterio. Se pueden hacer conjeturas, cábalas, adivinanzas. Pero el termómetro para medirlo eran justamente las urnas y sus preferencias electorales, y ellos decidieron pasar a ser la cifra negra de la política chilena. Y lo malo de las cifras negras es que por definición son la gran incógnita.

El arresto de Rodrigo Salinas.

Si no saben, no lo han visto y les da flojera ver el video en YouTube: el humorista chileno Rodrigo Salinas fue arrestado en un local de votación, por orden del director de dicho local, acusado de ocasionar desórdenes. Los desórdenes en cuestión fueron que en el interior del local de votación, Rodrigo Salinas empezó a distribuir sandwiches con aspavientos y buscando provocar la jocosidad del público; el director del local ordenó el arresto del humorista, así como el corte de la transmisión del canal de televisión que estaba patrocinando la humorada.

El incidente y las reacciones posteriores son casi una radiografía del prestigio que tiene la democracia chilena, o mejor dicho, la falta de éste. El director del local recibió una avalancha de críticas por ser un tonto grave incapaz de aceptar una humorada, pero el grueso de las personas no parece haber pensado que el local de votación no es el sitio para hacer una perfomance o un happening. Hay ciertas cosas que se merecen respeto, y la democracia y los procesos eleccionarios inherentes a ella están dentro de esas cosas. Además, si se permite un acto de esta naturaleza, ¿por qué no permitir otros actos todavía más degradantes para el ejercicio del deber cívico? ¿Y si un incidente como éste de verdad cataliza reacciones populares más agudas, y el asunto termina en una batalla campal? Además, si usted ve atentamente el video, se dará cuenta de que al ser amonestado, el humorista prefirió adoptar una actitud desafiante, e incluso retó al director del local a que lo arrestaran; puede pensarse lo que se quiera del director del local, pero siendo éste la autoridad a cargo, no se le puede faltar el respeto ni desautorizar de esa manera. Que la gente se haya puesto de parte del humorista de manera acrítica e inconsciente es una clara muestra de que algo anda mal con una ciudadanía que por un lado reclama por la falta de libertades y las estrecheces del sistema, y por el otro acepta e incluso celebra que se le falte el respeto a un elemento del sistema que sí funciona más o menos bien, cual es el proceso electoral. En donde sí el director del local de votación se extralimitó, y es algo que va más allá de sus facultades, es dar la orden de cortar las transmisiones, lo que por supuesto atenta contra la transparencia del proceso electoral.

¿Y qué pasará en 2.017?

En la Guillermocracia afirmábamos, nos repetimos aquí, que la elección de 2.013 no iba a reportar grandes sorpresas, debido a la inercia de las máquinas electorales que han estado funcionando cerca de un cuarto de siglo, pero la de 2.017 puede significar una reordenación significativa del mapa. Es muy posible que las candidaturas alternativas comprendan la locura de correr por separado y prefieran unificarse detrás de un solo proyecto que les sirva de cobertura a todos ellos. También depende del desempeño del gobierno de Michelle Bachelet, enquistado entre dos aguas: si es demasiado continuista va a generar sólo más tensión social, pero si es demasiado reformista puede terminar modificando la correlación de fuerzas políticas de una manera todavía no vista. Es poco probable que la derecha, después de la supervivencia de su proyecto político tradicional a través del 25% de Evelyn Matthei, vaya a cambiar demasiado en lo sucesivo, porque una derecha liberal alternativa a la derecha tradicional tiende a autoderrotarse por su énfasis excesivo en el individualismo. De todas maneras, se puede afirmar que la elección del 2.017 va a estar marcada por grandes proyectos políticos de índole colectivista, de tratar de reconducir el empoderamiento de la ciudadanía a través de cauces institucionales. ¿Una nueva Constitución? Muy dudoso. Puede incluso que llegue a redactarse una, pero no va a introducir cambios substanciales de fondo, no más de lo que hizo Ricardo Lagos en 2.005 cuando intentó que la Constitución de 1.980 dejara de ser conocida como la "Constitución de Pinochet" y pasara a ser conocida como la "Constitución de Lagos", y estampó una firma que, hoy en día, nadie recuerda que está ahí. Sea como sea, se vienen cuatro años muy movidos para Chile, incluso más polarizados que los cuatro anteriores; las elecciones de 2.017 serán mucho más interesantes en todo sentido.
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