domingo, 22 de diciembre de 2013

Tercera temporada de "Homeland": Manteniéndose a flote.


Hemos subtitulado la tercera temporada de Homeland como manteniéndose a flote por dos razones. A nivel de historia, porque vemos a sus protagonistas haciendo lo imposible por salir adelante y conseguir zafarse de los problemas y líos en que se han metido a lo largo de las dos temporadas anteriores. Y también porque la propia serie hace lo posible por mantenerse en la primera línea, ahora que ha dejado de ser la nueva gran favorita de la crítica y ha pasado a ser otra serie más en el mapa. Trataré de comentar sin mandarme spoilers de la tercera temporada, pero por supuesto me es imposible referirme a la misma sin comentar la trama de las dos anteriores, incluyendo el fulminante final de la segunda.

La tercera temporada de Homeland toma la serie en la situación dejada al final de la segunda. La CIA acaba de sufrir el peor revés de su historia, cuando sus mismísimos cuarteles han sido objeto de un ataque explosivo a gran escala. Una comisión del Senado está investigando qué es lo que ocurrió, y cómo es que la burocracia de la CIA degeneró tanto como para que los terroristas le hayan hecho un pase de toreador tan espectacular. En medio del fuego cruzado está Carrie Mathison, la agente protagonista, que pronto se transforma en chivo expiatorio primero, y en carne de manicomio después. Como de costumbre, nada es lo que parece, y las cosas se están enrielando para un objetivo geopolítico mucho mayor, dentro del mundo de moralidad gris y gris que es Homeland.

La serie tenía varios desafíos mayúsculos por delante. Después de una excelente primera temporada, y una segunda temporada que respondió incluso con creces a pesar de amenazar con descarrilarse en varios puntos, superarse a sí misma era difícil. Máxime si se considera que el gran supervillano de las dos temporadas anteriores había sido eliminado. El dilema era difícil: o apostaban por la fórmula y empezaban a repetirse, o se apartaban de la misma y corrían el riesgo de fusilarse aquello por lo cual la serie había sido tan bienamada. Decidieron por la segunda opción, y tanto las virtudes como los defectos de esta tercera temporada derivan de esta opción.

En la tercera temporada, la gente de Homeland optó por tratar de contarnos una historia distinta a la de las dos temporadas anteriores. Más convencional, si se quiere. La primera temporada giraba entera en torno al problema de si Nicholas Brody es un héroe o un terrorista; la segunda temporada parecía que no iba a poder seguir adelante con el juego de la ambigüedad al revelar sus cartas, pero consiguieron seguir manteniéndonos en vilo respecto de la verdadera intencionalidad de este personaje. En la tercera temporada, ya todo ha sido arrojado por la borda. Nicholas Brody ha sido revelado ante todo el mundo como un terrorista y un traidor a Estados Unidos, mientras que el terrorista al mando ha sido muerto; por lo tanto ya no caben más ambigüedades. Lo que vendrá adelante es una historia de redención, una en donde Nicholas Brody deberá ajustar cuentas con su pasado y encontrar un camino propio hacia el futuro. El problema es que del Brody gallardo y orgulloso de la primera temporada ya poco queda: ahora Brody es una cáscara vacía a la que lo han despojado de todo lo que es importante para él, incluyendo a una familia que hace lo imposible por alejarse del tenebroso legado que les ha dejado su pater familias.

Carrie Mathison a punto de hacer algo fuera de tiesto... otra vez.


Un gran acierto de esta temporada es haber jugado con el estatus de Nicholas Brody como el terrorista más buscado del mundo. Esto es por supuesto el infierno en que está hundido, pero de manera paradójica es también el mejor recurso que posee para salir adelante. Ser el terrorista más buscado lo hace una persona muy valiosa, tanto como chivo expiatorio como herramienta publicitaria, y ésa es una carta que puede ser jugada de muchas maneras.

Al frente tenemos a una agente Carrie Mathison más lunática que nunca. Ella es la única que aún cree en la inocencia de Brody, a lo menos en lo que al bombazo de la CIA se refiere, y eso parece tenerla aún más desequilibrada. Por supuesto, su situación personal contiene una sorpresa que arrojará nueva e inesperada luz acerca de por qué se está comportando de la manera en que se está comportando.

La gran revelación de la temporada es Saul Berenson, el eterno jefe y mentor de Carrie, además de ser prácticamente la única persona fuera de su familia que la apoya. Hasta el momento un secundario de lujo, en esta temporada Saul está a cargo de la CIA, saliendo a la luz todo su Maquiavelo interior. Afronta guerra por varios frentes, incluyendo a una Carrie Mathison tratando de hacer declaraciones ante la prensa, la comisión del Senado que está investigándolo en conjunto con el resto de la Agencia (y con un jefe de comisión que tiene su propia agenda), su esposa que ha regresado con él pero con la cual mantiene una relación fría y distante, y además de todo eso, un ambicioso proyecto de inteligencia que podría darle a Estados Unidos un significativo triunfo diplomático en Medio Oriente. Hasta el momento un personaje opaco y mortecino, Saul Berenson crece esta temporada hasta demostrarnos de qué madera está hecho.

Algo que ha desconcertado a los espectadores, e imagino es el origen de las malas críticas de esta temporada, es el cambio del juego dentro de la serie. En vez de seguir con la fórmula, la ha trastocado, a veces para bien y a veces para mal. En primer lugar, Nicholas Brody ya no aparece en todos los episodios, y de hecho es una presencia relevante sólo desde la segunda mitad en adelante. En consecuencia, la familia de Brody aparece bastante menos, y su vida cotidiana ya no es un tema que incida dentro del desarrollo de la trama principal de la serie. También cambia que el foco se desplace desde el misterio del estatus de Brody, hacia su eventual camino a la redención. El villano también es de una naturaleza fundamentalmente distinta, y si en las dos primeras temporadas Abu Nazir era lo que llamaríamos un terrorista bienintencionado, lo que tenemos acá es una red de espionaje enemiga, en concreto la de Irán, con todo el cinismo y el pragmatismo añadidos de manear inevitable. Además vemos una CIA distinta, una que ya no organiza en las sombras sino que está debilitada políticamente, y cuyo estatus mismo permanece en suspenso.

El terrorismo no paga.

Todos estos cambios hacen que el espectador demasiado acostumbrado a las dos primeras temporadas de la serie sienta que la tercera es un Homeland no demasiado Homeland. Pero en conjunto, con estos cambios la serie ha crecido. Se ha permitido expandirse, respirar, en definitiva no quedarse estancada en un esquema que termine conduciéndola de cabeza a la mediocridad.

Esto no quiere decir que estemos ante la mejor temporada de la serie ni mucho menos. De hecho, estamos ante un retroceso respecto de la segunda temporada, aunque superar a la misma era bastante difícil. La culpa principal la tienen los cuatro primeros capítulos, sin lugar a dudas los peores de toda la serie, y con mucha diferencia. Por un lado tenemos la subtrama de Carrie Mathison metida en un manicomio, que se soluciona de un solo plumazo con un giro de guión que, bien ejecutado, hubiera sido un momento asombroso dentro de la serie, pero que por desgracia los guionistas no supieron manejar; de esta manera, el giro de guión que nos ocupa es a despecho de toda la construcción argumental previa, por lo que varios eventos de esos primeros cuatro capítulos, a la luz del giro en cuestión, carecen de sentido.

Por otro lado, dentro de esos capítulos, tenemos la subtrama de la familia de Brody. Por descontado que la misma era importante, pero lo era en función de sus relaciones familiares con Brody, para mostrarnos su faceta humana como personaje y clavarnos aún más en la ambigüedad del personaje. Sin Brody cerca, las peripecias de la señora y la hija de éste simplemente no importan. A nadie le molesta ver más de Morena Baccarin rondando por ahí, pero lo cierto es que la subtrama de la hijita que trató de suicidarse y se mete en un noviazgo rebelde, y la madre preocupada corriendo detrás, como que distrae de las cuestiones verdaderamente importantes: ¿ha terminado Carrie de perder el juicio?, ¿en qué pasos anda Brody?, ¿qué se trae entre manos Saul? Al final, toda la trama de la hija de Brody lleva hasta una consecuencia colateral dentro de la trama principal, pero ésta termina deviniendo en un incidente menor que se resuelve en un par de episodios, por lo que todo el tiempo invertido en mostrarnos la familia de Brody en realidad fue un desperdicio.

Afortunadamente, las cosas mejoran desde la mitad de la temporada. No diré cómo porque significaría mandarme spoilers, pero quedando de lado la obtusa historia de la familia de Brody, cercando el cerco sobre el espía iraní, y sobretodo trayendo de regreso a Brody mismo a la primera línea de la serie, todo empieza a confluir con facilidad hasta un final espectacular. El mismo tiene un sentido de clausura, de cierre, porque a diferencia de las otras dos temporadas, no ha quedado en un continuará sino que ha quemado todas sus naves y cerrado todas sus tramas. Incluso podría decirse que podrían contratar a toda una planta nueva de actores y rotar a todos los personajes, y no habría un detrimento para la trama actual, la cual ha quedado cerrada y bien cerrada. Homeland quizás ya no sea la serie revelación del momento, pero sigue manteniendo un nivel digno, más allá del bochornoso bajón de los cuatro primeros episodios de la tercera temporada, y se muestra bien aspectada de cara a una cuarta temporada que, según se sabe, viene sin contratos para los actores de la familia de Brody.

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