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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Cinco modelos negativos para mujeres (2 de 2).

Escribiendo la vida de sus amigas, redactando con hasrtas preguntas para que parezca que hay reflexión.
Hace algunas semanas atrás publicamos en la Guillermocracia, la primera parte de este épico posteo en el cual describíamos la perniciosa influencia que cinco modelos de mujeres han ejercido sobre la sociedad. Personajes de ficción que le han enseñado toda una escala de disvalores a las mujeres de una generación entera, saltando la barrera entre la diversión aceptable por un lado, y la adopción de los valores y principios enarbolados por esas supuestas heroínas femeninas. Ahora seguimos con otros tres ejemplos más recientes, para culminar esta épica entrega, aquí en la Guillermocracia.


3.- Bridget Jones.

La princesa lista para su glamoroso y romántico príncipe azul.
El aporte británico al listado. El personaje fue presentado por primera vez por la escrita Helen Fielding, que ha tenido la honestidad suficiente para confesar que en realidad su historia es Orgullo y prejuicio de Jane Austen, adaptado a la última década del siglo XX. Luego vino una película de éxito que lanzó al estrellato a René Zellweger, y después una secuela que fue un éxito comercial en parte por sus irrisorios costos de producción. La historia versa sobre Bridget Jones, una chica rondando la treintena que trabaja en una editorial. Siguiendo un patrón que empieza a tener una recurrencia preocupante en este artículo, ella es una nulidad como persona porque no tiene un hombre en su vida. En el Año Nuevo se hace su lista de propósitos, los cuales sólo incluyen cosas para bajar de peso y hacerse más atractiva a un hombre, tales como dejar de fumar y comer menos; nada de leer más libros o dedicarse a alguna actividad creativa aunque sea como pasatiempo. Andando la historia, debe elegir entre dos hombres, un jefe seductor pero tramposo por un lado, y un pretendiente opaco pero fiel. Quien haya leído Orgullo y prejuicio o haya visto sus millones de versiones para cine y televisión, sabe cómo termina: el hombre bueno se queda con Bridget Jones.

El problema con Bridget Jones como personaje, es que pretende ser rescatada por un príncipe azul aunque ella misma no tenga nada de princesa. Desde un punto de vista físico está pasada de peso y no sabe arreglarse, en lo intelectual es incapaz de mantener una conversación interesante, y en lo emocional es una mujer deprimida, y dependiente de la opinión de los demás. Y aún así, espera que con ese escaso bagaje llegue un hombre encantador, inteligente y refinado que la elija a ella en vez de a alguna mujer más interesante. Sería disculpable si Bridget Jones hiciera algo para mejorar su condición, pero tampoco es el caso. A Bridget Jones no la vemos inscribiéndose en un gimnasio, no la vemos practicar alguna afición que le permita abrir la mente, no la vemos instruirse o cultivarse leyendo libros, no la vemos yendo a terapia para resolver uno o dos problemas emocionales, ni tampoco la vemos emprendiendo alguna aventura económica que la saque de su trabajo mediocre. En definitiva, Bridget Jones espera que la salvación caiga del Cielo, en la forma de un marido, sin hacer nada por sí misma para merecérselo.

De esta manera, resulta previsible que Bridget Jones sea carne del seductor que la ve como otra conquista más, y una más o menos fácil para colmo, al tiempo que hace caso omiso del único hombre que parece quererla y valorarla de verdad, porque dicho hombre es un mastuerzo sin personalidad. El seductor presenta a Bridget Jones el brillo del oropel, la fantasía de ser una princesa, y engancha con ello. Quizás el otro hombre, el carente de personalidad, el soso, le causa repulsión porque le recuerda demasiado a como es ella misma. Podemos ver a Bridget Jones un poco como la versión femenina de la fantasía masculina de ser un perdedor que consigue enrollarse con su compañera de curso más popular y sexy, pero en esta clase de películas al menos el protagonista al menos debe demostrar su valor salvando al mundo primero (por lo general, a lo menos), mientras que Bridget Jones, a lo largo de toda su historia, no salva a nadie. Es más, a ella misma la tienen que salvar, cuando su hombre le da una épica paliza a... su otro hombre. Parece muy romántico, hasta que uno piensa en la situación a la inversa: una película en donde la chica buena le pegue a la chica mala para quedarse con el chico, que entretanto es un poquita cosa y además no ha hecho absolutamente nada por sí mismo, tendría para cualquiera el gusto de un final demasiado gratuito, como mínimo.


4.- Amélie.

Personaje muy artista, actriz muy artista, director muy artista, banda sonora artística... el público, no necesariamente.
Nadie hubiera esperado que el director francés Jean-Pierre Jeunet, cuyo primer trabajo (en colaboración con Marc Caro, eso sí) fue la negrísima comedia distópica Delicatessen en 1.991, y que es también el responsable de la cuarta parte de una saga como la de Alien, años después en 2.001 estrenara una película prístina y brillante como Amélie. La película resultó un exitazo y lanzó al estrellato a la actriz Audrey Tautou, que incluso consiguió pasearse por el mundo de los blockbusters de Hollywood como la chica de apoyo a Tom Hanks en El Código da Vinci.

La historia de Amélie es un tanto convulsionada. De niña es educada en casa debido a una supuesta condición cardíaca. Luego, cuando crece, es una chica solitaria y excéntrica que trabaja como camarera. Andando el tiempo, decide que las relaciones sentimentales no son lo suyo, y se dedica a tratar de hacer felices a los demás. Las conspiraciones que monta a continuación para mejorar la vida de otros son de lo más creativas, al tiempo que por supuesto debe buscarse a sí misma y encontrar su propia verdadera felicidad.

La inclusión de Amélie en el listado es quizás la más triste de todas, porque de todos los casos seleccionados para este artículo, esta película es la más original y la que más mérito artístico tiene. Sin embargo, su personaje protagónico ha terminado por transformarse en la encarnación de otro estereotipo femenino lleno de antivalores: la chica hipster. En este caso no se trata de que Amélie sea un personaje negativo en sí, sino de su adopción por parte de cierto grupo de chicas que la han convertido en una caricatura, vía tratar de parecerse a ella.

La razón por la que el hipster promedio es un personaje negativo al que el Ministerio del Interior de la Guillermocracia jamás le concederá visa de residencia permanente dentro de las fronteras nacionales, es por su actitud prepotente y arrogante, que no tiene otro apoyo detrás sino puro humo. El hipster es un posero pretencioso que se juega la carta de establecer un Telón de Acero entre lo comercial y lo indie, luego proclamar su adhesión a lo indie, y al último insultar a los demás con una actitud de tipo soy más indie que tú. Sería aceptable, de no ser porque el hipster promedio no busca crear arte de calidad ni tener ideas de calidad, ya que lo suyo no estriba en perseguir obras que tengan una estructura y complejidad que las hagan significativas, sino en ser lo más anticomercial posible... y moverse hacia la siguiente cosa anticomercial cuando eso anticomercial se transforma en comercial, justamente porque al ser anticomercial atrae a los hipsters hasta que forman una masa crítica que califica como popular, y por lo tanto comercial.

La pesadilla hipster: volverse popular.

Amélie es en muchos sentidos la encarnación de lo que a muchas chicas hipster les gustaría ser; aunque las hipsters más encarnizadas de seguro abominen de ella por ser popular, y por lo tanto comercial. Amélie es una chica excéntrica, que no sigue las modas, y además de buenos sentimientos, es decir, una chica que no intenta conformar a nada ni a nadie. Es decir, el espíritu de todo lo contrario a lo comercial.

Lo interesante es que Amélie no es una hipster, sino la negación de todo lo que un hipster representa. Amélie es como es debido a una historia personal que le impide encajar en la sociedad de una manera que los demás consideren correcta; Amélie no puede ser de otra manera, salvo que madure e interactúe con seres humanos, y por lo tanto no es una posera. La hipster, por el contrario, parte del extremo opuesto, del hecho de que es una chica común y corriente sin ningún rasgo destacable, y por lo tanto debe forzarse a sí misma hacia la excentricidad para hacerse notar. La relación de causa a efecto en Amélie es que ella tiene un pasado doloroso y solitario, y por eso en la actualidad no encaja, mientras que en el caso de la hipster es exactamente al revés, ya que la hipster busca no encajar, y luego de ese no encajar busca que los demás deduzcan la existencia de un pasado doloroso y solitario. Amélie no convierte su no encajar en una bandera de lucha, mientras que la hipster sí, y la condición de Amélie, deducimos, es algo de lo que ella quisiera escapar y que encontrará cura con el tiempo, mientras que la hipster por definición no quiere encontrar cura porque con ello perdería su identidad.

En definitiva, a diferencia de los casos mencionados en el artículo, no estamos frente a un personaje negativo presentado y adoptado de manera positiva, sino a un personaje positivo que por el camino ha sido adoptado de manera negativa. Algo triste, si se piensa.


5.- Bella Swan.

El momento del triunfo decisivo en la historia de una mujer: Conseguir cazar al chico y llevárselo al altar.
Estoy seguro de que ustedes sabían que iba a terminar con ella. Muchos de ustedes habrán visto una famosa fotocomposición en donde se presenta a la princesa Leia a un lado y a Bella Swan, la protagonista de Crepúsculo, por el otro, ambas encomiando sus respectivos méritos. Los de Leia: ser una política, encabezar un movimiento de resistencia, ser una guerrera y estar en la línea de fuego, y además una jedi en potencia. Los de Bella Swan: haber conseguido llevar a su novio al altar.

La historia de Bella Swan se prolonga por cuatro novelas bastante gruesas, adaptadas en cinco películas bastante exitosas. Tanto, que la última consiguió instalarse en el listado de las 50 películas más taquilleras de todos los tiempos, sin ajustes por inflación. La historia versa sobre el triángulo amoroso entre Bella Swan, Edward el vampiro, y Jacob el hombre lobo.

El problema con Bella Swan es análogo al de Bridget Jones, pero en versión fantástica y llevado hasta su último y lógico extremo. Al igual que Bridget Jones, Bella Swan es una chica carente de cualquier rasgo que la haga extraordinaria: en lo físico no tiene una belleza particular, en lo intelectual no tiene ni la más mínima conversación interesante, y en lo emocional está hundida hasta el fondo en su propio núcleo de sentimientos y por lo tanto carece de toda empatía por otros seres humanos. Pero si Bridget Jones representaba a la treinteañera del 2.000 todavía adaptándose al discurso de empoderamiento femenino y por lo tanto con un mínimo de cuestionamiento que la lleva a hacer su lista de buenas intenciones para el Año Nuevo, Bella Swan representa a la adolescente que ya vive dentro de él como algo que se da por sentado, y que en ningún minuto se cuestiona a sí misma. De hecho, cuando su padre trata de hacer valer sus legítimos derechos como progenitor responsable y le expresa sus preocupaciones acerca del misterioso extraño Edward del que no sabe nada, Bella Swan lo despide sin más miramentos. Y a lo largo de toda la historia, de manera no demasiado sorprendente a estas alturas, la vida de Bella Swan no se define por sus ambiciones personales o alguna cruzada, sino por sus relaciones con Edward y Jacob. Por supuesto, que Bella Swan juegue con los sentimientos de ambos es presentado como algo que debe ser comprendido y aceptado, ya que es juego limpio si una mujer lo hace. Si un hombre hiciera lo mismo, seguro que lo tildarían de machista; de hecho es una de las acusaciones más frecuentes (y justificadas, eso sí) contra James Bond, aunque él al menos tiene un trabajo que implica salvar al mundo de supervillanos.


Epílogo: Buscando modelos femeninos positivos.

A estas alturas debería parecer que este es un artículo sexista o algo así. En particular porque el rasgo característico que hace tan atractivas a las mujeres de este artículo, es un discurso de empoderamiento. Todas éstas son historias en donde las chicas tienen la razón, deben ser comprendidas sin condiciones, y tienen licencia para portarse tan mal con los hombres o con otras mujeres como quieran porque ellas tienen causas psicológicas o circunstancias que las justifican. Es decir, el discurso de que las chicas tienen sólo libertades, sin ninguna responsabilidad personal o social. Un hombre que se comporte de esa manera, libertad sin ninguna responsabilidad, suele antojarse como detestable, ¿por qué tratándose de una mujer iba a ser distinto? E incluso vale la pena preguntarse... ¿Es posible hacerlo mejor?

Como todos los cinco modelos presentados son de más o menos dos décadas hasta la fecha, busquemos algunos recientes. El siguiente listado, lo confeccionaré de memoria y por inspiración. Erin Brockovich. Quizás sea sexista que utilice armas de mujer para salirse con la suya, pero al menos salirse con la suya en este caso implica llevar a juicio y derribar a una empresa que ha destrozado la vida de 600 familias por su crasa negligencia en materia ambiental, y eso por un cierto espíritu de corrección, no por cazar un marido. O Lara Croft, que por supuesto responde al modelo sexista de chica voluptuosa y buena para patear traseros, pero que al menos lo compensa beneficiando al mundo salvándolo del villano de turno. O Katniss Everdeen, la protagonista de Los juegos del hambre, que aunque metida en un triángulo amoroso, no es una princesita esperando ser rescatada sino una proletaria buscando sobrevivir en un futuro distópico. Y si quieren chicas un poco menos de pasarela, tienen el caso de Chloe O'Brien, la compañera de trabajo de Jack Bauer en 24 que desde su computador hace lo imposible por ayudarle en su incansable guerra contra el terrorismo, y que después de incontables hazañas, en el último capítulo de la serie y no sólo sin Jack Bauer sino incluso en contra de él, consigue ella solita evitar un incidente cuyas consecuencias casi de seguro hubieran sido la Tercera Guerra Mundial. Estos ejemplos deberían dejar en claro que es posible crear personajes femeninos que sean roles positivos acerca de cómo ser y comportarse como una mujer, sin que sea obligatorio ponerlas por encima de todo cuestionamiento y más allá del bien y del mal, o definirlas en torno a sus relaciones con los hombres, o reducirlas a un fetiche sexual unidimensional.

Y si suena demasiado extraterrestre, pensemos en que no es imposible para un personaje femenino transformarse en un rol positivo para la sociedad. El ejemplo que se me viene a la mente es Uhura, interpretada por Nichelle Nichols en la serie Viaje a las estrellas original. Había un cierto fetichismo en presentar a Uhura con minifaldas, por supuesto, pero también Uhura era una técnica de comunicaciones; entre las muchas personas inspiradas por ella está por ejemplo Mae Jemison, la primera mujer astronauta negra de Estados Unidos. El de Uhura es un caso más o menos aislado, pero prueba que no es un imposible crear a un personaje mujer con un rol positivo.

Lo triste es que dichos modelos femeninos, quizás no del todo perfectos pero sí mucho más positivos, no son ni de lejos tan populares como los que han integrado el listado. Seguro que Zoë Zaldana, la intérprete de Uhura después del reboot de Star Trek de 2.009, no ha sido ni de lejos tan entrevistada como Sarah Jessica Parker o Kristen Stewart, ni tiene su mismo estatus de superestrella. Cabe preguntarse por qué, y la respuesta de seguro es bastante preocupante.

9 comentarios:

Cidroq dijo...

Vaya es preocupante este tema, y doblemente para mí porque tengo una hija pequeña a la que tendré que supervisar muy bien.

Muy buenos artículos.

Guillermo Ríos dijo...

La crianza de niños hoy en día es de terror: padres obligados a trabajar fuera de casa durante una tonelada de horas al día, niños sin supervisión frente al televisor, medios de masas que promueven modelos sociales disvalóricos, presión de los pares para tener el mejor juguete y promover el consumismo... Me da pena decir lo que voy a decir, pero hoy en día parecen casi bichos raros los buenos padres que crían chicos serios, responsables y centrados, y esos chicos mismos, cuando debería ser al revés. Luego la gente se queja de que el mundo marcha como va, sin darse cuenta de que el mundo no es ni mejor ni peor que el conjunto de las personas que lo habitan.

En realidad había pensado el artículo de cara a las mujeres adolescentes o adultas, pero no había pensado en las chicas de las futuras generaciones que también están expuestas a la influencia. Me alegra de que este artículo en dos partes pueda ser considerado un aporte al tema.

Lore dijo...


Me gusto el post, pero creo que Amelie no cuenta, ya que el "movimiento hipster" no es exclusivo de las mujeres. Y las actitudes expuestas como valores negativos para las mujeres, tampoco son exclusivas de estas. Creo que el mal de volverse excéntrico para destacar es un modelo replicable tanto para mujeres, hombres, gays, asexuales, etc.

Guillermo Ríos dijo...

Cuenta en la medida de que Amelie se transformó en un referente para la chica hipster. Aunque como lo comento en el posteo, no tanto por el personaje mismo sino por una interpretación acomodaticia de éste. Por otra parte es cierto que el hipsterismo no es exclusivo de las mujeres, pero como explicaba en la primera parte de este posteo, el tema de los modelos negativos para hombres es algo que dejamos fuera de manera intencional, en parte porque la condición masculina de los personajes en los medios de masa es algo que viene por defecto. Por ejemplo, es más fácil etiquetar por su género a Lara Croft (mujer) que a Indiana Jones (hombre), y a la inversa, es más fácil etiquetar por su ocupación (arqueólogos ambos) a Indiana Jones que a Lara Croft. Así, cualquier expresión hipster en los medios de masa tenderá a ser adjudicada a un hombre, y por lo tanto, que Amelie sea una mujer hipster es algo que luce más. Lo considero injusto, pero así es como funciona el mundo. Hasta que a alguien le caiga la teja y trate de hacer algo por cambiarlo, por supuesto.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Hola, Guillermo...¡Por fin tengo el gusto de leer la conclusión de este ensayo tuyo tan original y que me ha encantado! (si bien reconozco es bastante "polémico"). Con respecto a tus personajes positivos para las mujeres, creo lejos te falta la teniente Ripley de la saga de "Alien" (incluyendo su clon híbrido). Por cierto, quisiera saber si la idea tuya a la hora de escribir este texto estriba en un verdadero interés moralizante o igual hay algo de ironía y/o deseo de jugar intelectualemte con los personajes femeninos mediáticos de las últimas décadas. Por último, si de grandes personajes femeninos se tratase, te recomiendo mucho leer "La Antorcha" y "Las Nieblas de Avalon" de Marion Zimmer Bradley (de este último título, hay una excelente miniserie que la adapta).

Guillermo Ríos dijo...

Hay un poco de esto y de aquello. Existe una tendencia profunda, amparada por una corrección política mal entendida, hacia lo que podemos llamar una "neutralidad valórica", que si uno escribe, dice o postula algo, debe ser amable y condescendiente con todas las opiniones porque según este punto de vista, todas las opiniones son válidas, tienen algo de razón, etcétera. No se trata tampoco de irse al extremo opuesto y volverse un totalitario, pero sí debe tenerse presente que la "neutralidad valórica" en sí misma no es neutra, ya que es una opción valórica por ciertos valores, a saber, el derecho que tendrían todas las personas a defender cualquier estupidez y quedar a salvo de cualquier crítica porque se toma como un ataque personal, un atropello a la libertad de expresión, etcétera. La entronización de estos personajes como modelos femeninos, así como muchos otros conceptos erróneos en economía, política, sociedad, etcétera, no deriva sólo de quienes los crearon, quienes los interpretan o sus fanáticos, sino también del permisivismo e incluso la condescendencia de quienes pretenden extirpar la crítica racionalista en el nombre del derecho de las personas a decir lo que quieren.

Creo que el punto de equilibrio está en entender que la libertad de expresión y el derecho de autoexpresión implica la obligación correlativa de hacerse cargo de los errores y aceptar el derecho de los demás a criticar, en tanto esa crítica sea constructiva, positiva y hecha con argumentos racionales en vez de, por ejemplo, ataques ad hominem. Eso es un debate serio, legítimo y en última instancia saludable para la sociedad como un todo.

Leí La antorcha hace muchos años atrás, y me encantó la manera en que la autora reescribe la mitología griega en términos más naturalistas. Creo que La antorcha es una muestra de obra feminista bien entendida, en el sentido de darle una vuelta a los tópicos de la mitología griega y deconstruirlos desde una óptica crítica feminista, pero sin pasarse ni volverse un panfleto misándrico en el camino.

Erika Dellafrancesca dijo...

Interesante de verdad...

Erika Dellafrancesca dijo...

"Creo que el punto de equilibrio está en entender que la libertad de expresión y el derecho de autoexpresión implica la obligación correlativa de hacerse cargo de los errores y aceptar el derecho de los demás a criticar, en tanto esa crítica sea constructiva, positiva y hecha con argumentos racionales en vez de, por ejemplo, ataques ad hominem. Eso es un debate serio, legítimo y en última instancia saludable para la sociedad como un todo."

Curiosamente, mientras mas inteligente es un autor, menos tolerancia tiene cuando se le demuestra con buenos modos que esta equivocado en algo. (No importa mucho en qué) Una bloggera muy brillante decía justo lo mismo que tú...hasta que en una entrada le hicieron (con muy buenas maneras) unas preguntas que simplemente no podía responder sin admitir que estaba equivocada.

En vez de admitirlo, se negó a seguir escribiendo en esa entrada; los participantes de la misma se quedaron esperando. Simplemente, se retiró del debate como una niñita enfurruñada que se va a hacer pucheros por la pura terquedad de no dar su brazo a torcer. Y es una lástima, porque la entrada había despertado mucho interés. Al ver que la dueña del blog simplemente se negaba a seguir el debate (desertando, vamos) la gente se decepcionó y el blog salió perdiendo.

Curiosamente, este tipo de error le suele ocurrir precisamente a los autores más inteligentes; parece que mientras más brillantes son, más trabajo les cuesta admitir que en un punto concreto no tienen razón. Claro, es algo que a nadie le gusta, pero aunque exija mucha firmeza, también enriquece mucho tanto al autor como a la página. Tal vez el error esta en no darse cuenta de que admitir un error demuestra más firmeza que defenderlo a ultranza.

Es una paradoja muy curiosa.

Guillermo Ríos dijo...

No es curioso, todo lo contrario. A poco que uno entienda como funcionan las personas, que los inteligentes sean también menos tolerantes es casi lo esperable.

Parafraseando un poco el circunstacialismo de Ortega y Gasset, podríamos decir que los seres humanos somos nosotros y nuestras autojustificaciones. Para poder funcionar en el mundo, todos necesitamos sentirnos legitimados, y así tendemos a aceptar los argumentos que nos justifican, y a rechazar los que nos descalifican. Es un sesgo mental que deriva de la necesidad evolutiva de que nuestros cerebros procesen datos de la manera más rápida posible, y eso es más fácil cuando se dispone de un punto de vista pétreo que no admite cuestionamientos. Ese es el rol de las autojustificaciones: ofrecer argumentos que permitan seguir manteniéndose en un punto de vista sin cambiar.

Ahora bien, y ésta es la trampa... una persona inteligente y culta tiene muchas más herramientas lógicas y culturales disponibles para crear sus propias autojustificaciones. Es cierto que las personas más inteligentes tienen más herramientas con las cuales ganar un debate racional, pero también, tienen más herramientas para autoengañarse a sí mismos y convencerse de que tengan la razón, aunque no la tengan.

La Historia está plagada de escritos literarios, filosóficos, de erudición, etcétera, redactados por gente cuya inteligencia y poder de penetración y análisis son notorios. Pero que también ponen toda esa capacidad, al servicio de ideas que, un poco bien miradas, son cuestionables. He ahí la razón.

Por desgracia, ninguno de nosotros está exento. Algunos son más tolerantes que otros. Por suerte, ser tolerante también presenta ventajas evolutivas, y por eso existe también la tolerancia como actitud cultural. De lo contrario, todos seríamos peligrosos fanáticos fundamentalistas, lo que por supuesto, y por suerte, no es el caso.

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