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miércoles, 6 de noviembre de 2013

INTERMINABLELOGÍAS: Los Gremlins.


Durante la década de 1.970, con películas como El exorcista, Tiburón, La noche de los muertos vivientes, Carrie, Halloween o Alien, el género del horror había experimentado una profunda renovación y expansión, creando las versiones modernas de subgéneros como el Slasher o la Zombie Movie, mezclándolo con Ciencia Ficción, etcétera. Pero luego vino la década siguiente, la de 1.980, y el cine volvió a cambiar de paradigma. Los nuevos adolescentes podían haber visto las películas clásicas más antiguas, pero ya no les causaban necesariamente miedo. El maníaco asesino en serie se transformó de amenaza siniestra en el héroe de la franquicia, el drama de los humanos enfrentados a los zombies fue reemplazado por la carnaza descerebrada, etcétera. En muchos sentidos, el cine de horror de la década de 1.980 fue el agotamiento de un largo ciclo en el cine de terror, que había iniciado su carrera con la reinvención de los antiguos monstruos una generación antes, con las películas de Roger Corman sobre Edgar Allan Poe, o las de Drácula o Frankenstein de la Hammer. Y al final de un ciclo mítico lo que se encuentra es siempre algo a mitad de camino entre el homenaje y la parodia. Las dos películas rodadas sobre la franquicia de Gremlins apuntan en esta dirección.
La película Gremlins de 1.984 partió como un proyecto de Chris Columbus, quien sólo quería vender un guión para probar que podía hacerlo, sin pensar que se transformaría en película. Steven Spielberg le echó un ojo y lo encontró lo suficientemente bueno como para rodarlo, y oficiando de productor, contrató a Joe Dante para dirigir. El encargado de la banda sonora sería Jerry Goldsmith. Todos estos nombres confluirían después en Gremlins 2, lo que le daría un cierto sentido de unidad a la saga. Irónicamente para quienes conozcan a Chris Columbus por dirigir Mi pobre angelito o las dos primeras entregas de Harry Potter, su guión original era tremendamente oscuro y con muy poco humor; fue en revisiones posteriores que los elementos más sangrientos fueron descartados, y se introdujeron generosas dosis de risas, hasta convertir la película en la comedia de horror que conocemos hoy en día.

La película se abre con una escena en que un vendedor viajero trata de convencer a un venerable anciano chino de comprar algunos de sus cachivaches. Las tornas se invierten cuando descubre a una hermosa criaturita llamada Gizmo, y que es un mogwai. El anciano chino se niega a venderla porque se requiere de una gran responsabilidad para cuidarla, pero un chico que aparentemente es su nieto, termina vendiéndolo a escondidas, junto con informarle de tres reglas: el mogwai no soporta la luz intensa ni menos la del sol, el mogwai no debe mojarse ni ser bañado nunca, y por último, jamás de los jamases el mogwai debe ser alimentado después de la medianoche.

La acción salta entonces a un pueblo pequeño de Estados Unidos, en lo que llamaríamos la América Profunda, un suburbio en donde todos se conocen entre sí y tienen vidas pequeñas y pacíficas. Allí el vendedor viajero se encuentra con su familia, entregándole Gizmo como regalo a su hijo. Inicialmente las cosas van bien, porque Gizmo se porta bien, es inteligente, es cariñoso y además sabe cantar. Pero por accidente, Gizmo se moja y termina reproduciéndose. Pronto, los mogwai nacidos de Gizmo revelan tener una personalidad mucho más agresiva, potenciada en parte por su exposición a la violencia de la televisión. En una de sus travesuras, cuelgan al perro de la casa. Más aún, consiguen engañar al joven que es dueño de Gizmo, para recibir alimentos después de medianoche. Entonces entran en fase de pupa, de la que emergen reconvertidos en monstruos sangrientos que lo arrasan todo a su paso. El resto de la película se referirá a la batalla del joven por impedir un apocalipsis a manos de estos bichos capaces de reproducirse sólo con agua, y muy dispuestos a destrozar la civilización completa a su paso únicamente por divertirse.

Gremlins resulta un claro homenaje a las películas de serie B de la década de 1.950. La idea de que los gremlins salgan desde capullos ya crecidos y listos para destrozarlo todo, pareciera ser una clara referencia a la película La invasión de los ladrones de cuerpos de 1.956, que es citada de manera explícita (es la película que el joven está viendo en cine de trasnoche, justo cuando los mogwai lo engañan para ser alimentados después de medianoche). Es un homenaje afectuoso, y por lo tanto, no se supone que asuste demasiado.


Pero por debajo, la película palpita con el horror al cambio del modo de vida que se estaba viviendo en la década de 1.980. El pueblo representa la América más tradicional, la que surgió en las décadas de 1.940 y 1.950 cuando la expansión del automóvil y de la red de carreteras hizo que cada vez más y más estadounidenses abandonaran los sobresaturados centros urbanos para desplazarse a los suburbios. Es una América familiar, de buenos valores y sin grandes conflictos. Los gremlins en el cine por su parte irrumpen de la misma manera en que la nueva cultura de la generación MTV estaba rompiéndolo todo a su paso. Frente a la cultura tradicional, los gremlins son aficionados a los ritmos modernos, a la música rock, y a la contracultura en general. Curiosamente no les gusta el cine moderno, y prefieren ver Blancanieves y los siete enanitos. Este es un guiño a partir del cual se pueden hacer múltiples interpretaciones.

En apariencia, y siguiendo el patrón de las monster movies de la década de 1.950, el American Way of Life es presentado como el bien y el orden, mientras que los gremlins son presentados como los villanos de la función; sin embargo, en un análisis más profundo encontramos que esto es una subversión. No hay verdadera maldad en los gremlins, ya que aparentemente carecen de conciencia moral. Ellos no buscan destruir la civilización o alimentarse de los seres humanos; son sólo pequeños sociópatas que hacen cosas sin distinguir entre el bien y el mal, con total inconsciencia. En última instancia, los responsables del desastre es la propia buena familia protagonista, que no han puesto el cuidado suficiente en impedir que se rompan las reglas primero, y luego en darles una dieta de cultura chatarra a punta de televisión violenta de calidad.

La tendencia de Gremlins a hacer comentario social sobre el choque cultural de generaciones, así como a demostrar el agotamiento de un ciclo de cine de horror, llega a su paroxismo con Gremlins 2. De manera significativa, el director Joe Dante no quiso involucrarse en una secuela, en parte porque sentía que había dicho todo lo importante al respecto; los estudios Warner intentaron sacarla adelante sin él, pero después de varios tanteos, se resolvieron a contratarle dándole control creativo total. El resultado es una película que es al mismo tiempo una secuela, una deconstrucción de las secuelas, una parodia ahora abierta del cine de terror, y una parábola sobre los más horribles aspectos de la cultura de la década.

Al final de Gremlins, los bichos habían sido destruidos; Gizmo sin embargo había sobrevivido, sólo para ser llevado por el anciano chino de regreso consigo. Pero pasado el tiempo el anciano muere, y Gizmo queda por su cuenta. Es capturado por el asistente de un científico, y termina en el laboratorio genético de un gigantesco edificio corporativo. En dicho edificio, por coincidencias del guión, la pareja protagónica de la primera entrega está trabajando. Nuevamente ocurre el consabido accidente por el que Gizmo recibirá un baño de agua, surgirán nuevos gremlins, éstos comerán después de medianoche, y tomarán el edificio por asalto. Para colmo los gremlins se toman el laboratorio genético y se transforman en toda una variedad de nuevos bichos.


Si la primera película podía verse como un homenaje a medias paródico del cine de monstruos de la década de 1.950, sumado a una crítica subrepticia de la inconsciencia de los habitantes de los suburbios, la segunda se refiere claramente al modelo exitista de la década de 1.980. El edificio corporativo es una maravilla tecnológica, es el futuro, y sin embargo es frío, aséptico y deshumanizado. Está construido para comodidad de las personas, y sin embargo las estandariza y obliga a ser felices suprimiendo toda individualidad. Una de las grandes ironías de la película es que la invasión de los gremlins será la viruta en el engranaje que hará colapsar el edificio entero, pero este caos y desorden resultan ser fuente de toda esa diversión y vitalidad que el edificio corporativo les ha estado drenando a sus adocenados habitantes.

Si la primera Gremlins era ambigua respecto de su moral, Gremlins 2 toma partido decididamente por los bichos. Ellos son por completo el alma de la función; resulta claro que los héroes tratando de matar a los gremlins están abocados a una tarea ingrata, porque los residentes del edificio corporativo son tan plomizos que ni siquiera se merecen ser salvados. Los bichos expresan por el contrario una rabiosa individualidad, aunque no sin consecuencias, ya que parte de la misma implica no sólo matar a los seres humanos por diversión, sino también matarse entre ellos por el mismo motivo.

Esto se traslada incluso a la propia película. En un momento de la misma, los gremlins toman por asalto el cine en donde se está exhibiendo Gremlins 2, y reemplazan la cinta por otra distinta. Ya no se trata de demoler solamente el edificio corporativo que es un tiempo retrato y sátira del Estados Unidos neoliberal que predominaba entonces y sigue predominando ahora, sino que la película se rebela incluso contra su propia naturaleza de película, de su urgencia de transmitir un discurso. El común del cine de Hollywood tiende a ser firme en sus realidades y doctoral en el discurso, todas señas de una mentalidad dogmática y conservadora; en este caso por el contrario, ni siquiera lo que estamos viendo podemos darlo por seguro, porque la película se ha transformado en autorreferente y autoconsciente. Que aparezca un luchador como Hulk Hogan a hacer callar a los gremlins y obligar a que la película siga adelante, no sólo es un cameo entrañable sino también un mensaje subversivo: la película sigue adelante no porque sí, no porque debamos aceptarla del mismo modo en que se supone aceptemos sin cuestionamientos un discurso religioso, sino porque alguien en la platea está dispuesto a hacerla seguir. Y no por la razón sino por medios de fuerza. Es imposible ir más lejos, dentro de las coordenadas del cine comercial, en la crítica contra los medios de comunicación y su pretensión de transformar sus visiones subjetivas e interesadas del mundo, en una verdad oficial imponiendo unilateralmente su propia concepción de la realidad.

Al adquirir naturaleza autoconsciente, Gremlins 2 hizo también posible fusilarse la franquicia en toda forma. No importa cuánta deconstrucción se aplique a una franquicia, llega un minuto en que para seguir adelante con ésta, debe articularse una mitología en particular. Es decir, hacer justo lo contrario, construir una historia y un trasfondo. Al hacer notar de manera agresiva que Gremlins 2 es sólo una película, y que todo lo que ocurre no son más que un montón de gags graciosos sin mayor sentido narrativo, automáticamente se fusilaron la posibilidad de rodar una Gremlins 3. Lo que quizás sea una decisión para aplaudir. Los estudios Warner tenían la idea e intención de construir una interminablelogía a partir de la franquicia de los gremlins, pero con la decisión de crear una secuela que fuera un enorme toma esto contra la película original y contra la siempre latente amenaza de engendrar secuelas sin otro sentido que la cacería corsaria de recaudación, la interminablelogía quedó bruscamente reducida a duología. Y una en que además se puede dudar de que la segunda parte sea una secuela en regla de la primera.


2 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Hace unas semanas atrás no más, me compré la doble edición en blu-ray de estas cintas tan queridas para mí. Recuerdo con mucha nostalgia cuando la entonces polola de un primo me contó en la micro la primera cinta, siendo yo aún un niño y luego un par de años después por fin puede verla en el fenecido VJS; respecto a la segunda cinta, que lejos encuentro superior, tuve el gusto de verla en el cine dos veces. Me habría encantado una tercera cinta y con esto de la fiebre de los remakes, seguro que hacen una nueva versión pronto. Por cierto, si tuvieras un banner de tu blog, me encantaría afiliarte (como bien verás, he hecho unas cuantas mejoras al Cubil).

Guillermo Ríos dijo...

A mí solamente me dio para verlas en VHS. Aunque después, entre tanda de cable y tanda de cable, he podido repetírmelas varias veces. La verdad es que prefiero que no haya una tercera cinta, a la que sólo le quedaría empezar a repetirse de la primera o la segunda. Aunque con la fiebre de los remakes y reboots actuales, quizás una nueva Gremlins sea sólo cuestión de tiempo.

La Guillermocracia por el minuto no tiene banner, ni Bruce ni ningún otro. Es una de las tareas pendientes por acá, ya que también es posible que le haga un lavado de cara a la Guillermocracia en los próximos días. O semanas. O meses. Cuando se pueda.

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