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domingo, 17 de noviembre de 2013

Cinco modelos negativos para mujeres (1 de 2).

Black Widow en la película de The Avengers: la única mujer del grupo es una humanita sin poderes que dispara pistolitas y tiene buen escote.
Parte de la educación de una persona consiste en asumir roles y modelos. Y la vida está llena de ellos. Hay gente que quiere ser como Mahatma Gandhi, otros que quieren ser como Charles Manson, y otros que se ubican en diversos puntos intermedios. Pero la presión de los medios de comunicación de masas, sumado a la necesidad de pertenencia que tienen todas las personas, llevan a que los modelos más prominentes hoy por hoy sean aquellos que venden en el cine o la televisión. Mucha gente quizás ni siquiera sabría que existe una novela de tal o cual personaje si no se adapta como película o serie de televisión, y después de la adaptación, mucha gente continúa ignorando el material de base. Y cuando se piensa en modelos, muchas veces se alude a lo que llamaríamos modelos heroicos, que encarnan nuestros valores más preciados como sociedad, o al menos los que decimos que son los más preciados. Pero en principio, cualquier persona puede ser un modelo. En el peor de los casos, justificando el dicho de alguien (no recuerdo quien): "Nadie es un fracaso absoluto, siempre puede servir de mal ejemplo para los demás".

Sin embargo, la gente es como es. Por lo tanto un modelo evidentemente negativo, lleno de disvalores, puede volverse popular e introducir un cambio en la dirección incorrecta. El resultado irónico del caso puede ser una esquizofrenia bastante profunda. Por un lado, las personas dicen que sostienen un determinado sistema de valores. Luego sale su verdadero yo, afirmando que su héroe es un personaje cuyo ideario va profundamente en contra de esos valores. Y luego, para bajarle el perfil al tema, dicen que admiran al personaje por sus cualidades positivas, o bien que no lo admiran en lo absoluto, sino que les hace gracia. En algunos casos se trata de reirse del pobre tonto, pero en otros, no es sino franca hipocresía. Un ejemplo de esto es Gregory House, el recordado médico protagonista de House. Primero toda la gente dice que deberíamos preocuparnos más por nuestros semejantes, pero luego hacen de un médico sociópata, egoísta, manipulador y atropellador, su modelo a admirar. Y a continuación, dicen que o lo admiran por su inteligencia, o siguen sus peripecias por razones ajenas al personaje. Conste para el registro que yo no detesto a House, y me lo tomo como lo que es, un personaje de ficción; de hecho me he divertido mucho con algunos de sus capítulos, aunque ver temporadas completas de la serie se me hace pesado. Por cierto, también para el registro, el gran personaje televisivo de la década del 2000 para mí es Jack Bauer, a pesar de ser bastante cuestionable en muchos respectos: sobre el tema, dejé mis razones escritas en el posteo ¿Por qué Jack Bauer es un héroe? Sin condonar ciertas cosas, eso sí; aprovechando que la serie resucitará en 2.014, hablaremos latamente sobre el particular durante el próximo año.

Toda la introducción es para entrar en materia acerca de cinco modelos que en las últimas dos décadas les han enseñado a las mujeres cómo ser mujeres. Son personajes que han trascendido la pantalla y se han transformado en ídolas de millones, hasta el punto que muchas de ellas les gustaría ser un poco como dichos modelos. Recuerdo haber conocido a una chica cuyo correo electrónico era el nombre de uno de los personajes que aparecerá en la lista inferior, no diré cual, y que tenía un carácter atrabiliario y prepotente; por supuesto que me fugué de ella tan pronto como pude y más rápido aún. Eso, por no hablar de las miles de veces en que tales personajes han sido destacados en la prensa o programas de farándula como grandes íconos contemporáneos, a veces de manera absolutamente acrítica. Nadie con dos dedos de frente espera que la farándula sea una contribución positiva para la sociedad y por lo tanto lo que escribí no debería ser una sorpresa para el amable lector; pero algunas verdades deben ser remachadas una y otra vez, porque hay gente que no termina de entender.

¿Es éste un posteo sexista, sólo porque todos los modelos son femeninos, y para féminas? ¿Haré alguna vez lo mismo con un posteo sobre modelos horribles para hombres? Probablemente no. La condición de hombre en películas y series de televisión viene por default, y por lo tanto no se supone que los personajes masculinos enseñen a los hombres a ser hombres, o a lo menos, no con la misma intensidad con que los personajes femeninos enseñen a las mujeres a ser mujeres. Muchas series femeninas giran en torno a la condición femenina en el mundo, pero el grueso de las series prototípicamente masculinas pasan de largo respecto a reflexionar sobre la masculinidad. Piensen ustedes en que existen revistas y páginas web para mujeres sobre temas de mujeres, pero no existe lo mismo para hombres. Salvo que incluyamos las revistas con fotos de automóviles y mujeres, ámbitos considerados tradicionalmente para hombres; de todos modos, el lector habitual de la Guillermocracia notará que hablamos de mujeres un poco, y de automovilismo nada, a pesar de que el déspota ilustrado a cargo es un hombre.

Tampoco este posteo es una condena de las películas y programas de televisión respectivos, en tanto se tomen como lo que son, o sea ficciones para evadirse un rato de la realidad. El verdadero mal estriba en tomárselos en serio, en considerar que la glorificación de dichos modelos en la ficción es de alguna manera una justificación para comportarse y pensar igual en la realidad. Es la misma diferencia entre disfrutar una película de Arnold Schwarzennegger, Charles Bronson o Sylvester Stallone como un divertido festival de tiros en donde la gente mala recibe su merecido, por un lado, y creérselo hasta el punto que salgamos a la calle a hacer justicia a los delincuentes por nuestra propia mano a sangre y fuego, por el otro. Nadie en su sano juicio haría lo segundo, pero eso no impide disfrutar de lo primero. El error, insisto, no está en la glorificación de los antivalores en la ficción, sino en la adopción de dichos antivalores por parte de la gente. De las mujeres, en el caso del posteo que nos ocupa.

Y aquí termina la larguísima introducción. A continuación van los cinco modelos femeninos negativos para mujeres, la razón por la que son negativos, y cómo las mujeres deberían abordarlos.


1.- Ally McBeal.

Ally McBeal, definiendo la femineidad por el largo (o la falta de largo) de la minifalda.

El personaje más veterano del listado. Para los lectores más jóvenes que tengan un nebuloso recuerdo de ella, el personaje interpretado por la actriz Calista Flockhart protagonizó la serie televisiva del mismo nombre, que fue emitida entre 1.997 y 2.002. La historia partía con la llegada de Ally McBeal a un bufete de abogados en donde trabajaba un antiguo novio, ahora casado con una colega. Y como entre abogados anda el juego, se instauraba un triángulo amoroso que cuando lo muestran en teleseries venezolanas es lo peor de lo peor, pero que cuando lo muestran en una historia estadounidense como ésta, pues está bien. En la tercera temporada, el hombre de turno que era Billy terminaba muerto, en un capítulo muy disfrutable por lo odioso que era el personaje. Para ese entonces la serie iba por otros derroteros, con Ally McBeal teniendo pareja tras pareja tras pareja, incluyendo a Bon Jovi, y apareciendo una irreconociblemente joven Hayden Panettiere como la hija de Ally McBeal vía inseminación artificial, en lo que ya era la caída libre de la serie a los infiernos de la irrelevancia. El personaje en su época dio mucho de que hablar, ganándose una portada de la revista Time Magazine con la pregunta ¿está muerto el feminismo? El personaje puso de moda también las minifaldas en su tiempo, y además fue satirizado en el ficticio programa de televisión Abogada soltera dentro de Futurama, que es probablemente la razón por la que el grueso del público más joven reconoce al personaje.

Ally McBeal: El sueño húmedo de los machos misóginos y retrógrados.

Estaría bien, si no fuera porque Ally McBeal es la encarnación de todo lo que está mal con las jóvenes profesionales liberadas; no de ellas en sí (no debería hacer falta la aclaración, pero lo reafirmamos por si acaso), sino de lo que podríamos llamar su lado oscuro. Muchas de ellas no parecen haberse dado cuenta de que mayores derechos implican también mayores deberes de manera correlativa, que una mujer se merece respeto pero también debe respetar. Ally McBeal es descrita como una abogada competente, pero rara vez en la serie se la ve trabajar de verdad, pareciendo más la secretaria de los abogados hombres que una abogada en serio; en algunos capítulos se la ve actuando por sí misma en juicio, pero no son tantos como cabría pensar tratándose de la protagonista. Ayudando así a perpetuar un modelo en donde una mujer liberada en el fondo sigue teniendo que estar bajo el paraguas de un hombre. El guión no define a la protagonista por su rol profesional, sino por sus relaciones con los hombres, lo que hace a este personaje de avanzada en la enésima reencarnación de las sufridas protagonistas de telenovela clásica. De hecho, en la primera temporada no tiene empacho en entrar en una relación de seducción con su antiguo novio, a pesar de que éste se encuentra casado. En el primer capítulo, la esposa le dice a la cara que la odia, y ella en respuesta le replica que el odio es mutuo. A continuación de lo cual, ambas mujeres se ríen. Resulta curioso que la esposa engañada al último termina perdonándola e incluso siendo su gran amiga. ¿La moraleja? Si lo que siente una mujer es amor verdadero e inmortal, tiene todo el derecho del mundo a romper el matrimonio del hombre de su vida aunque éste sea feliz o no, y pisotear de paso a la esposa cuyo amor podría también ser verdadero e inmortal.

Además, la personalidad de Ally McBeal es cualquier cosa menos equilibrada. Ally McBeal es una neurótica de cuidado que se siente con todo el derecho del mundo a tener berrinches y pataletas. Además ve alucinaciones, lo que es un caso de psiquiátrico.

Ally McBeal no es un desperdicio completo como modelo. A lo menos es una mujer trabajadora independiente y de éxito, lo que es positivo. Pero por otra parte, si alguna chica va a tomar a Ally McBeal como modelo, que sea por ese lado. No por el lado de privilegiar las necesidades propias atropellando las del resto, o ignorar los sentimientos de toda la gente salvo los suyos propios. El dar para recibir es un caso pendiente en el cual Ally McBeal nunca pudo obtener una sentencia favorable.


2.- El cuarteto protagónico de Sex and the City.

Lo rarito de que sus mejores relaciones sean con sus amigas en vez de con los hombres.

Sex and the City, estrenada en España como Sexo en la ciudad y en Latinoamérica con su título inglés original, es de seguro la franquicia más exitosa de HBO. Su serie televisiva estrenada en 1.998 tuvo 94 capítulos en seis temporadas hasta 2.004, se han estrenado dos películas para el cine, y ahora en 2.013 se estrenó The Carrie Diaries, precuela en donde AnnaSophia Robb encarna a la versión juvenil del personaje interpretado en la serie original por Sarah Jessica Parker, en lo que no puede ser calificado sino como una mejora en todo sentido. La serie ha tenido defensores tan entusiastas como Michael Moore, quién la llamó ingeniosa y sexy.

La premisa de Sex and the City gira en torno a las peripecias de cuatro chicas que en la primera temporada eran profesionales solteras rondando la treintena. Cada una representa un estereotipo diferente de chica. Carrie Bradshaw es la chica liberada por un lado pero romántica por el otro, que además tiene un toque intelectual porque es columnista de un periódico. Samantha es la chica sexy y desinhibida que se acuesta con cuanto hombre se le pone a tiro, y con Sonia Braga en un episodio también; aunque esta característica se hace algo más siniestra pasando los años y envejeciendo tanto la actriz como el personaje. Charlotte es la idealista y romántica perdida, que se dedica a su galería de arte. Y Miranda es la abogada seria y sarcástica del grupo. La serie y las películas tienen el gusto de desarrollar a los personajes, que andando el tiempo dejan de saltar de cama en cama, sientan cabeza y se casan, tienen hijos, maduran algo emocionalmente, y en el caso de Samantha, deben afrontar un cáncer. Hasta ahí, nada que objetar.

El principal problema con Sex and the City no es la premisa ni las historias, ni tampoco las actuaciones, sino el tratamiento. Los guiones dejan bien en claro que las protagonistas invariablemente están en lo correcto. Las motivaciones de ellas para mentir y engañar a sus respectivas parejas siempre están bien expuestas y justificadas, de manera sibilina porque los cuestionamientos ocurren siempre en las mesas redondas de las cuatro; el espectador inadvertido no se da cuenta de que esto produce un efecto de refuerzo de grupo, en donde los argumentos suenan correctos no porque lo sean, sino porque todas en el fondo están de acuerdo y se refuerzan unas a otras. En efecto, la serie presenta de manera simpática lo que en el fondo es un aquelarre de brujas en donde cada una comprende, justifica e incita a las otras brujas a seguir siendo iguales y peores brujas. Incitando también al público de paso a ponerse de acuerdo con ellas.

Las amigas que consumen unidas, permanecen unidas.

Además, la serie cae en el mismo problema de Ally McBeal, en hacer girar la vida de las mujeres y definirlas como personajes en función de sus relaciones con los hombres. A pesar de tener una periodista, una dueña de galería de arte, una mujer de negocios y una abogada en el grupo, su vida profesional es muy secundaria; además ninguna de ellas es verdaderamente creativa, como una artista o una científica, y la que escribe, lo hace copiando de manera descarada las vidas de sus amigas y poniéndolas en letras de molde. Lo que define a las cuatro mujeres es, una vez más, sus relaciones. No es raro entonces que para empoderarlas, los guiones tengan que hacerlas entrar en relaciones abusivas en donde los hombres son presentados como seductores infieles, niños inmaduros, o peleles buenos para ser usados como alfombras. El ejemplo más claro es Mr. Big, con el cual la protagonista mantiene una relación de ir y venir, en donde él es presentado con rasgos positivos cuando la mima y comprende sin importar lo que ella haya hecho, aunque sea una infidelidad, y a su vez es presentado con rasgos negativos cada vez que decide apartarse aunque, por otra parte, Mr. Big pueda tener un punto si se considera que la protagonista es egoísta y piensa únicamente en ella y sus sentimientos.

Además, las cuatro protagonistas son el colmo del consumismo. No en balde, la serie se hizo famosa por sus vestidos y sus zapatos, y la protagonista no va a ninguna parte sin sus manolos. Ninguna de ellas tiene conciencia ecológica, ninguna tiene una opinión política sobre algo, ninguna sabe de otra cosa que el último trend de la moda. Para los fanáticos de estas cosas, la serie puede ser vista como un placer culpable, y no hay nada de malo en eso; pero de ahí a saltar a mujeres que se dicen a sí mismas, o a veces proclaman en voz alta, que soy un poco como Carrie, soy un poco como Samantha, soy un poco como Charlotte, soy un poco como Miranda...

Pronto, la segunda parte y final (por ahora) de este posteo, aquí en la Guillermocracia.

6 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Estimado Guillermo...Hace tiempo que no me daba el gusto de leerte y me acabo de encontrar con esta joyita que en verdad está muy buena, creativa, bien escrita y con ese humor negro que considero parte fundamental de tus escritos; por otro lado, tus argumentos son bastante convincentes. Por cierto, te confieso que mi serie de artículos que comencé este mes acerca de mis 10 superhéroes favoritos fue en parte inspirada leyendo tus propios listados. Que estés bien.

Guillermo Ríos dijo...

Gracias por llamar "joyita" al artículo, será mi consuelo el día en que alguna chica se sienta ofendida por el artículo y deje algún insultante comentario sexista en represalia.

Estaré atento al listado de los 10 superhéroes. La verdad es que yo no podría hacer algo así porque tienden a gustarme más historias específicas que personajes determinados, en lo que a los cómics se refiere. Tres cuartos de siglo de cómics Marvel y DC, más un montón de personajes más allá de los dos grandes, son demasiados como para profundizar hasta ese nivel, en lo que a mí se refiere por lo menos. Ni siquiera sé cómo lo hice con la serie de Superman, aunque lo hice. De alguna manera.

Saludos igualmente.

Cidroq dijo...

Muy buena entrada Guillermo.

Guillermo Ríos dijo...

Gracias. La segunda parte viene más jugosa porque son las tres restantes.

Oliverio Graelent dijo...

Interesante, pero no es algo que pase sólo en la tele; los griegos decían que se podía predecir (no con exactitud, pero sí de una manera razonable) que clase de hombre sería un chico según su personaje de la Ilíada; Ulises atraía a los listillos, Ayax a los fortachones, Diomedes a los valentónes, Aquiles a los soberbios..etc.

Por cierto que dado que los griegos literalmente educaban a sus hijos con los poemas de Homero, no hay duda de que eran modelos a imitar; y ciertamente un tipo que masacra hombres hasta teñir de rojo un río entero (Aquiles) presentado como héroe, pues...hoy día sería muy discutible.

Goethe escribió una novela titulada las desventuras del joven Werner, para desahogarse de una decepción amorosa, lo cuiroso es que el personaje gozó de tanto éxito que muchos se suicidaron tal como hacía el protagonista en la novela. ¿Modelo a imitar? Supongo que algo andaría mal en la sociedad alemana de la época....

De hecho, Cervantes consideraba realmente que las novelas de caballería eran peligrosas para la salud mental de sus lectores (lo que pasa es que luego el personaje le fué pidiendo más y más, y, bueno, pasó lo que pasó) pero sería válida la pregunta de hasta que punto un tío majareta que va por el mundo en busca de palizas sea un modelo nacional. (Y Don Quijote lo es, de hecho).

Las novelas picarescas como Lazarillo de Tormes también han sido vistas por muchos como malos modelos a imitar, hasta el punto que la inquisición española quiso prohibirlas, pero no se pudo. Según algunos la literatura ganó mucho con eso, según otros, habría que explicar si eran buenos modelos a imitar para una sociedad tan corrompida ya como la España Imperial...

¿Hamlet? Un tipio que mata o quiere matar a su propia familia y deja que su pobre novia se vuelba loca...¿Modelo a imitar?

Y así podríamos seguir. Quizá la moraleja es que muchos personajes de contenido bastante negativo gustan a pesar de todo, precisamente porque SON DIFERENTES de los cuasi-perfectos héroes de la ficción convencional, y gustan porque son más humanos...demasiado humanos. Qizá Ally guistaba precisamente porque no quería respetar sino ser respetada sin respetar, y quizá eso pasaría con muchos personajes femeninos o no que ya eran inmortales desde antes de que se inventara la televisión.

Guillermo Ríos dijo...

Cuando hablamos de libros que tienen cientos, y en algunos casos miles, de años de antigüedad, el tema de admirar o no a sus personajes se hace más complejo, por los inevitables cambios sociales y valóricos que suceden en el intertanto. Las cuestiones valóricas respecto de Homero, fueron un punto explícito en el posteo El nacimiento de la épica occidental, que publicamos hace más o menos un año atrás acá en la Guillermocracia. Las series televisivas del posteo, en cambio, la más antigua tiene unos veinte años. Algunas cosas han cambiado, pero son esencialmente productos de nuestra misma civilización, y nuestra misma generación.

Yo creo que hay una cierta oscilación entre ficciones con héroes, y ficciones con antihéroes: los valores cambian, y el concepto de heroísmo también. Hoy en día, por ejemplo, el cine parece plagado de antihéroes, pero eso, a saber si es una tendencia que llegó para quedarse, o va a cambiar en un futuro cercano.

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