miércoles, 16 de octubre de 2013

¿Se está muriendo la blogósfera?


Desde hace algunos años ha venido generalizándose una cierta impresión de que la blogósfera estaría muriéndose. Hay varios síntomas de esto. Por un lado, los blogs más antiguos y tradicionales que nacieron en los inicios o el apogeo de la blogósfera, han cerrado sus puertas o han sido abandonados por sus dueños; las razones para ello van desde las necesidades y presiones de la vida cotidiana, hasta un narcisismo insatisfecho por parte de esos blogueros que nunca llegaron a transformarse en superestrellas. Por el otro, pareciera haber una cierta falta de renovación en el ámbito de los blogs más tradicionales. Es casi como el problema del envejecimiento de la población en los países avanzados: la gente vive más y se muere más tarde, y al mismo tiempo nacen menos niños. La población envejece, la tasa de reemplazo desciende, y en general pareciera estar servido el escenario para un colapso demográfico. Con los blogs, algo similar: más defunciones, menos nacimientos. Resultado: encogimiento de la blogósfera.

Soy de una opinión diferente. No creo que la blogósfera tradicional se esté muriendo, sino que simplemente ha ido mutando. En realidad, mucho de la actividad que antiguamente se expresaba en los blogs se ha desplazado a las redes sociales: Facebook, Twitter... Sintomáticamente, esto ocurre al mismo tiempo que WordPress y Blogspot han ido estancándose e incluso retrocediendo. Tumblr por otra parte ha ido en ascenso. Y el arma más poderosa de Tumblr en contra de los veteranos de WordPress y Blogspot es plantearse como una plataforma para el microblogging, como un híbrido entre el antiguo blog y la moderna red social.

Hagamos un poco de historia. Aunque los blogs nacieron en la década de 1.990, no fue sino hasta más o menos la primera mitad de la década de 2.000 que nació una blogósfera en forma. Por un lado nació WordPress en 2.003, que se convirtió en la plataforma de blogs favorita de los blogueros más profesionales. Por el otro nació Blogspot, más accesible pero también más limitado, y que experimentó un profundo desarrollo después de que Blogspot fue adquirido e integrado después en Google.

Irónicamente, si uno mira hacia lo que era la blogósfera en sus inicios, se corresponde casi de manera exacta a lo que hoy en día pensamos que es una red social, aunque con menos herramientas, eso sí. Pero en esencia es lo mismo: un espacio para encontrarse con amigos, conocer gente, y en definitiva hacer algo de vida social. O conventilleo, como lo llamarían nuestras abuelas. Los blogs nacieron cuando alguien tuvo la genial idea de que las personas en realidad muchas veces ingresan a sus páginas web favoritas sólo para ver las últimas actualizaciones, así es que... ¿por qué no diseñar una página web de manera tal que las últimas actualizaciones saltaran a la vista? De ahí a la primera aplicación de dicha fórmula había solo un paso: el diario de vida en línea.

Lo que actualmente llamamos la blogósfera en realidad es una evolución de esa primitiva red social en donde las personas podían publicar un diario de vida en línea, y recibir o hacer comentarios. La blogósfera más clásica, la que nació por allá por 2.004 o 2.005, surgió cuando algunos blogueros descubrieron que existían otros temas potenciales sobre los cuales escribir, más allá de la vida personal. Surgieron así los blogs sobre temas que le importan a los blogueros respectivos. O los blogs temáticos, que comentan sobre un solo aspecto de la vida. Por ejemplo: blogs de literatura, blogs de cine, blogs de moda, blogs de gastronomía, etcétera. Muchos de los blogs más longevos son justamente de esta clase, mientras que los blogs de tipo diario de vida en línea tendieron a desvanecerse en el aire... en una primera mirada a lo menos.

En realidad, el blog de tipo diario de vida en línea no desapareció, sino que se fue transformando en el tiempo. El blog en sí mismo es una herramienta limitada si lo que se quiere es exponer la propia vida. Cuando la vida del bloguero es la de un periodista dando un golpe noticioso importante, o la de un soldado en la línea de batalla, leer ese diario de vida en línea es apasionante. Pero el común de las personas en realidad tienen vidas mínimas y poco interesantes, y si creen que a alguien les va a importar, es más bien por un tema de narcisismo. Esos narcisistas, al no encontrar retroalimentación por parte de otras personas hacia sus blogs, los abandonaron. Y decidieron mudarse a otro fenómeno que estaba cobrando auge por ese tiempo: las redes sociales.

Hacia el año 2.007 o 2.008, la blogósfera sufrió entonces una gran división. Por un lado, siguieron adelante los blogs temáticos, o sea, la blogósfera entendida más bien como una atmósfera intelectual para el intercambio de ideas. Por el otro, los blogueros narcisistas cuyo principal tema era exponer sus propias vidas, se marcharon a las redes sociales. La razón es obvia: en las redes sociales, un bloguero narcisista puede encontrarse con personas a las cuales ya conoce o son afines. En Facebook, por ejemplo, el grupo de amigos son una parroquia cautiva de potenciales lectores. Por su propia naturaleza más abierta y para público indeterminado, esta definición de los potenciales lectores en los blogs tradicionales es más dificultosa. Se supone que los amigos de Facebook o seguidores de Twitter son gentes predeterminadas como afines, y por lo tanto, hay más posibilidades de que funcionen como público cautivo.

Quienes hacen un distingo tajante entre blogs y redes sociales, tienden a soslayar el hecho de que ambos tienen muchos aspectos en común. En ambos casos se trata de espacios que se ofrecen al usuario para crear y compartir contenidos. Se trata en realidad de una diferencia de énfasis: en la blogósfera se pone un mayor énfasis a la creación, y algo menos a las funciones automáticas de compartir, mientras que en las redes sociales se pone más énfasis a dichas funciones con mecanismos para compartir, en detrimento del contenido. En las redes sociales, un contenido demasiado desarrollado conspira contra el compartir, ya que debido a la enorme cantidad de material disponible, los usuarios tienden a leer, mirar, revisar y compartir el que sea más fácil de digerir. En un blog es más fácil escribir un artículo largo y trufarlo de fotos y videos, mientras que una red social privilegia la frase ingeniosa, el video corto con un chascarrillo, o la foto individual. Pero en ambos casos los contenidos son semejantes en su naturaleza; es su grado de desarrollo o complejidad el que varía.

Y justo cuando parecía que surgía un Muro de Berlín entre la blogósfera y las redes sociales, surgió como alternativa híbrida el microblogging. El primer gran ejemplo exitoso es por supuesto Twitter. Ante todo, Twitter es una red social, pero una abierta en principio a todo público y no sólo a los contactos, como es el caso de Facebook. Y para quienes encontraron que los 140 caracteres de Twitter eran demasiado limitantes, surgió una alternativa un poco más parecida a los blogs: Tumblr. Si Twitter es una red social con una fuerte inyección de blogósfera, Tumblr es una blogósfera con una fuerte inyección de red social. Así, la gestión de contenidos ha sido simplificada, pero a cambio ha sido potenciado el factor de compartir.

Irónicamente, hubo intentos por parte tanto de la blogósfera como de las redes sociales a aproximarse. Así, apareció en Blogger los botones de compartir, que hasta el momento sólo podían ser incluidos como código HTML externo o como un add-on. Y el muro de Facebook por su parte terminó evolucionando para asemejarse cada vez más a Twitter, hasta el punto que puede verse como una especie de sistema de tuiteo no limitado por 140 caracteres, y en principio para los amigos de Facebook (salvo los posteos para público abierto).

Frente a todo este panorama, ¿es efectivo que los blogs tradicionales estén muriendo como herramienta de expresión? No. En realidad lo que la blogósfera está experimentando, es el ajuste propio después de la explosión de una gigantesca burbuja. En la edad de oro de la blogósfera, entre 2.004 y 2.007, mucha gente creó sus propios blogs porque era la novedad, porque las redes sociales estaban en embrión, o porque era cool tener un blog. Pero tener un blog tradicional no es para todo el mundo. Tener un blog implica la responsabilidad de actualizarlo, trabajar sus posteos, y sobre todo, esa delicada combinación que es tener ideas y saber expresarlas. Es decir, tener un blog es una actividad exigente, y no toda la gente está dispuesta a darse el trabajo. Es posible que dichas personas que no encajan en el perfil del bloguero tradicional, lo sean porque no tienen tiempo o energías. O porque prefieren la interacción más dinámica de las redes sociales. O simplemente, por decirlo de manera cruda, porque no tienen la capacidad intelectual necesaria para dicha tarea; tiene muy mala reputación porque suena antidemocrático el afirmar que ciertas actividades sólo pueden desarrollarlas ciertas personas con determinado nivel intelectual, pero no por ello deja de ser verdad, le pese a quien le pese.

Estadísticamente, el grueso del público es lo que se suele llamar el mínimo común denominador. Es decir, el grueso del público es justo la clase de personas que no son capaces de mantener un blog decente, ni les interesa accesar a uno. Esto no es sino una proyección de una tendencia humana mucho más antigua: la concentración del arte y la ciencia en pequeñas élites intelectuales, más allá de las cuales está la chusma iletrada que no se cultiva, ni le interesa cultivarse tampoco. Empleando la expresión chusma iletrada sin sesgo de clase o condición, porque si bien en épocas históricas la cultura era privilegio de las clases altas, hoy en día se ha democratizado lo suficiente como para que cualquiera, con un poco de voluntad, se cultive siquiera un poquito. Lo que no quita que haya gente con muchos recursos económicos que son prácticamente analfabetos funcionales, y que además de eso, obtienen mayoría de votos y son elegidos para cargos políticos.

Es decir, la blogósfera se ha encogido porque el blog como herramienta es sólo para una élite, el pequeño grupito de seres humanos a quienes les motiva el intercambio de ideas y la reflexión sobre las mismas. Un artículo como éste, usted lo está leyendo en el blog de la Guillermocracia: es muy poco probable que alguien para quien su concepto de intercambiar ideas sea Facebook, Twitter o Tumblr, se tome la molestia de leer o reflexionar sobre un texto tan largo. Y en tanto ese grupito de gentes sigan existiendo, seguirá habiendo una blogósfera. Pero, más allá de lo que algunos catedráticos pomposos puedan opinar, este perfil de gente nunca ha sido mayoritario, y no hay señales de que vaya a serlo en el futuro cercano. Y mientras no lo sea, la blogósfera no saldrá de ser otro rincón más de Internet. Un rincón rico en contenido, pero escaso en cultores y visitantes.

6 comentarios:

Cidroq dijo...

Muy buen artículo. Coincido contigo, la blogosfera se esta reajustando a lo que deben ser sus dimensiones reales ahora que ya hay filtros para la gente que no encaja con los blogs.

Guillermo Ríos dijo...

Me llama mucho la atención el parecido que ha tenido el fenómeno del boom y declive de la blogósfera, con la formación y estallido de las burbujas financieras (la burbuja punto com, la burbuja hipotecaria...). La idea de la especulación desatada, de que "todos debemos estar ahí", de que "esto sólo puede subir", seguido del pinchazo en que el grueso de la gente subida al carro en el ascenso, se baja de manera repentina, los parecidos son abracadabrantes. En ambos casos lo que se percibe como pérdida es simplemente un reajuste posterior sobre un activo que estaba demasiado sobrevalorado y que está regresando a su valor real. Pero bueno, en internet cada fenómeno nuevo parece el fin de la historia, y luego viene un capítulo nuevo que le pasa el borrador a todo lo anterior.

Mournohl dijo...

Buen articulo!, en lo personal coincido mucho contigo, los blogs abandonados en si son resultado de un interés que buscaba otros fines mas narcisistas. La cuestión es, si vendría bien una evolución para la blogósfera?, hacer mas simple su mecanismo y ampliar su funcionalidad. De vez en cuando veo mucho potencial de personas en Facebook o Tumblr, pero ante el poco interés o la "compartiera compulsiva" de las demas personas, terminan perdiendo el entusiasmo hasta que sucumben ante la necesidad de publicar fotos de su comida. Y todo porque como bien dices, se requiere aun de cierto intelecto y dedicación mantener un blog.

Guillermo Ríos dijo...

Yo veo la blogósfera tradicional y las redes sociales como una bipartición desde el tronco de los primitivos blogs diario de vida en línea, y el microblogging como un híbrido entre ambos. Una persona con la que trabajé hace muchos años atrás en blogging, al final el blogueo mismo no era lo suyo, y derivó hacia las redes sociales. Ahora sus medios de expresión están en Facebook y Twitter, y no va a regresar a Blogspot porque Blogspot mismo cambie hacia ser más red social.

Aunque tratándose de Blogspot, tengo la firme sospecha de que Google lo tenga medio dormido porque esté planeando eliminarlo como un servicio separado, y acabar integrándolo sí o sí en Google+, migrando todas las cuentas de Blogspot a Google+ a golpe de decreto y transformando a los blogs en una página adicional, una especie de supermuro de Facebook dentro del perfil personal de Google+. En mi fuero interno, espero que no sea así, porque significaría matar la posibilidad de la riqueza de contenidos que permite un posteo de Blogspot. Si fuera por un botón share adicional, hace rato que muchos ya habríamos migrado a Tumblr, creo yo.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

¡Excelente artículo, Guillermo! He aprendido harto contigo y a su vez me haces ver que no soy el único que piensa que hasta cierto punto el blog posee un aire elitista por razones obvias (como bien dices, no cualquiera es capaz de mantener un blog y mucho menos de leerlo, pues el común de la gente busca la inmediatez de face u otras redes sociales).

Guillermo Ríos dijo...

Creo que mucha gente lo piensa para sus adentros, pero no lo dice porque no es políticamente correcto. Vivimos en una cultura en donde se toma el todos somos iguales y el todos tenemos los mismos derechos como pretexto para achatar a toda la gente, imponer la ramplonería, y favorecer una cultura del no esfuerzo; dentro de ese contexto, cualquier actividad elitista es automáticamente mal vista, y por lo tanto si se practica, hay que negar su carácter de élite. La inmediatez de las redes sociales no tienen nada de malo en sí, y de hecho ahí están esas redes como la palanca democratizadora que impulsó la primavera árabe por ejemplo. Lo malo es cuando el mínimo común denominador no es capaz de ir más allá de esa inmediatez, cuando esa inmediatez se traduce en superficialidad.

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