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domingo, 18 de agosto de 2013

Siete programas clásicos de televisión que son pura fórmula.


Aplicado a la literatura, el cine o la televisión, una de las mejores maneras de descalificar a una obra, es tacharla de pura fórmula. El razonamiento es simple: leemos o vemos cosas porque deseamos que nos cuenten una historia que nos entretenga, y se supone que los narradores y guionistas se han quebrado la cabeza y hurgado en sus dolidos sesos para ofrecernos algo nuevo, original, que nos deslumbre y nos haga salirnos de nosotros mismos. De ahí que las palabras es lo de siempre, referidas a una obra de éstas, son veneno puro. Es lo mismo que decir acerca de la obra que no es creativa, y por lo tanto que no vale la pena interesarse en ella. Tratándose de la televisión, es lo mismo que decir: visto un capítulo, vistos todos.

Y sin embargo, esto no tiene por qué ser algo necesariamente negativo. La creatividad puede estar ahí, pero haberse desplazado hacia otro foco. En este caso, la fórmula se transforma en un esquema o plantilla, una propuesta que el programa hace al televidente. La creatividad pasa desde la estructura general, hacia los detalles. La sorpresa ante cada capítulo se radica no en un planteamiento nuevo u original, sino en el modo en el cual se aplicará la fórmula esta vez. En el caso de los programas de televisión, éstos son por definición medios de masas, y no suele esperarse de la gran masa de televidentes que piense o razone demasiado; un planteamiento por fórmula los hace sentir cómodos y seguros, al mismo tiempo de tener una ilusión de cambio ante cada aplicación diferente de la misma. Así, un programa de televisión se transforma casi en una invitación a una reunión de amigos en un pub: son siempre los mismos amigos que cuentan más o menos las mismas historias, pero si dichos amigos son creativos, encontrarán la manera de impresionarnos una y otra vez.

Aquí en la Guillermocracia hemos elegido siete programas clásicos de televisión que son pura fórmula, y que aún así se las arreglaron para transformarse en clásicos. La elección de los mismos es subjetiva: son programas que me gustaron, en un minuto u otro de mi vida, sin perjuicio de que mi gusto personal haya evolucionado en algunos casos (no en todos). He descartado algunos que pueden considerarse de fórmula, pero que aplican más de una. Por ejemplo, Los Simpsons manejan a lo menos cuatro básicas: un Simpson afrontando una crisis personal que lo saca de su esfera de comodidad, un Simpson arruinando la vida de alguien y tratando de repararla, una crisis matrimonial por algo egoísta que ha hecho Homero, o un viaje a alguna parte del mundo, por no hablar de algunos capítulos verdaderamente creativos que consiguen no aplicar fórmulas. También por razones obvias he descartado los programas que hacen un uso pesado de los arcos argumentales y los episodios serializados, lo que es justo lo contrario a un programa de fórmula estricta (léase Twin Peaks, 24, Lost o Game of Thrones, por ejemplo). Pero aunque el lector decida que no le gusta alguno de la lista, no podrá dejarle de reconocer el estatus de clásicos que tienen. Además, es seguro que podrán aportar sus propios ejemplos. Y sin más preámbulos...

1.- Misión Imposible: En realidad eran misiones sólo improbables porque las cumplieron todas.

En la televisión antigua, los programas formulaicos solían abundar más: fue tímidamente con Twin Peaks y Los expedientes secretos X, y luego con Buffy la Cazavampiros, 24 y Lost, que las series de arco argumental se hicieron más recurrentes. Pero mientras más se retroceda en el tiempo, más fácil es encontrarse con programas de fórmula. Uno de los decanos de las series de espías fue Misión Imposible. Se emitió entre 1.966 y 1.973, además de un remake que duró una temporada en 1.988; respecto de las películas de Tom Cruise no hablaremos aquí porque esto es sobre televisión y no cine.

La fórmula clásica del programa comenzaba con Jim Phelps, interpretado por el inolvidable Peter Graves, acudiendo a algún lugar cualquiera y sacando una cinta magnetofónica que al reproducirse, le señalaba la misión, además de una carpeta con papeles; la escena terminaba por supuesto con el clásico "esta cinta se autodestruirá en cinco segundos", después de lo cual la misma comenzaba a echar humo (elemento éste parodiado con mucho dolor físico en Inspector Gadget, dicho sea de paso). La siguiente escena era siempre Jim Phelps con el grupo de agentes, todos del mismo rango e importancia (a diferencia de las películas, en donde es claro que Tom Cruise es el importante), preparando un elaborado plan para engañar al villano de turno, que como en las películas de James Bond, siempre era conocido desde el comienzo. Al empezar a ejecutarse el plan nos encontrábamos con el villano y su principal secuaz. El plan solía ir de maravillas hasta que algún elemento salía mal, y obligaba al grupo a improvisar una solución sobre la marcha. Al final, todo encajaba en su lugar, y los malvados por lo general eran apresados por las autoridades competentes, o en el caso de dictadores extranjeros, derrocados.

La magia del programa estribaba por supuesto en la variopinta galería de villanos por un lado, y en lo zafado de los planes a los que el equipo de Misión Imposible recurría para salvar el día.

2.- Scooby Doo: ¡Y me hubiera salido con la mía de no ser por ustedes, mocosos entrometidos!

Los dibujos animados hasta la década de 1.980 eran todos absolutamente de fórmula, hasta el punto que los episodios eran mutuamente intercambiables entre sí. Eso era a propósito, para que las cadenas de televisión pudieran emitirlos en cualquier orden. El escenario cambió después con la llegada de dibujos animados japoneses densamente serializados, como por ejemplo Robotech, pero antes, al telespectador le tocaba sufrir con repeticiones al azar. Quizás el ejemplo más canónico de esto sea Scooby Doo.

En la serie, un grupo de cuatro adolescentes y el mentado perro gran danés que habla, iban por el mundo resolviendo misterios. Por alguna razón, los misterios siempre involucraban una amenaza sobrenatural al estilo El sabueso de los Baskerville de Sherlock Holmes, o más técnicamente, de Arthur Conan Doyle y protagonizado por Sherlock Holmes. El grupo llegaba a un lugar por lo general abandonado por el terror a la presencia del fantasma, espectro o monstruo de turno, lo que a la larga resultaba hilarante por el elevadísimo nivel de superstición que presentaba la población en general, así como la poca devoción de las autoridades locales para investigar y pararle los pies a eventuales estafadores. El grupo husmeaba un poco por aquí y por allá, siempre separado en dos, con Shaggy y Scooby Doo por un lado, y los otros tres por el otro. El trío se encargaba de la investigación seria, recopilando las pistas, aunque de manera tramposa, ya que los guionistas siempre se dejaban la pista decisiva en el bolsillo y la revelaban sólo al final. Shaggy y Scooby Doo por su parte iban gafándolo todo a su paso, se topaban con el supuesto monstruo, y corrían en la consabida escena de escape. Al final el grupo se reunía y planeaba una trampa, la que siempre era malograda por Shaggy, Scooby o ambos; de todas maneras el grupo vencía, atrapaban al monstruo, lo desemascaraban, y ofrecían una explicación del misterio. Seguido por el cliché de rigor: "¡Me hubiera salido con la mía de no ser por ustedes, mocosos entrometidos!", que todos los villanos decían de manera repetitiva aunque no se conocieran entre sí. Aunque después del estreno de The Following, uno puede empezar a dudar de que en verdad los villanos no se conocían entre sí...

Tengo entendido, eso sí, que en episodios más recientes Scooby Doo y los suyos sí que les ha tocado lidiar con lo sobrenatural, pero no he tenido la santa paciencia de sentarme para verificar este último aserto.

3.- Los magníficos: La genial idea de encerrar a un grupo de mercenarios siempre en un armario con toda clase de útiles herramientas.

El clásico de la acción ochentera en televisión fue por supuesto Los magníficos, conocido con la más fiel traducción de El equipo A en otros países (The A-Team en inglés). Durante su etapa clásica, la serie seguía las aventuras de cuatro mercenarios fugitivos de la justicia militar, acusados y condenados por un crimen que no cometieron; para mantenerse libres, se financiaban con toda clase de trabajos en los cuales destrozaban tantas cosas, que aunque fueran inocentes del primer crimen, su buena pena deberían purgar por los siguientes destrozos a la propiedad en que incurrían.

El guión estándar era más o menos siempre el mismo: en el pueblo o ciudad de turno, alguien inocente que por lo general tenía una bonita hija o sobrina o secretaria, era extorsionado por los matones de turno. Conseguían contactar a los magníficos, los cuales primero sacaban a Murdock del hospital psiquiátrico con algún pretexto, luego drogaban de una manera u otra a Mario Baracus para hacerlo viajar en avión a donde fuera menester viajar, y luego se dedicaban a estudiar el terreno, ocasión en la que Fast aprovechaba para meterse con la hija, sobrina o secretaria de turno. Luego de una primera confrontación con los villanos en que los magníficos triunfaban, los matones volvían con una venganza; sólo que en vez de dispararles de una vez, los encerraban en una bodega o habitación llena de herramientas, en donde ellos se dedicaban a repasar sus conocimientos de IKEA y ensamblaban armamento hechizo con el cual terminaban de darle a los villanos su merecida paliza. Aparte de los fuegos pirotécnicos de rigor, la entretención estaba en ver a Murdock dentro de su locura genial escenificar un rol distinto cada vez (algo que heredó el Roger de American Dad!, llevado hasta el extremo), a Mario Baracus siempre de tonto dejándose drogar a lo bestia, o fastidiándose con Murdock, o después apaleando matones, a Fast en plan conquistador, y a Hannibal Smith haciendo planes primero y soltando después, con su infaltable puro habano en la boca, la frase típica de rigor: "Me encanta cuando un plan se realiza".

Con eso rellenaron cuatro temporadas de veintitantos capítulos cada una, antes de cometer el error fatal de meter un quinto magnífico con el cual trataron de modificar la fórmula, la echaron a perder, destruyeron el equilibrio entre los personajes, y se cargaron el programa.

4.- Sailor Moon: Te aplicaré la fórmula... en el nombre de la Luna.

A diferencia de Estados Unidos, los japoneses tuvieron desde el comienzo cierta tendencia a los arcos argumentales, como lo sabe cualquiera que haya sufrido y llorado con Candy Candy o Marco; esto es por supuesto algo que no ha hecho sino acentuarse con el paso del tiempo. Con todo, los japoneses no han esquivado el buen y viejo formato de monstruo de la semana. Entre los muchos ejemplos que podríamos mencionar, quedémonos con Sailor Moon. Cada temporada presentaba a una partida diferente de villanos, integrados por un gran villano que tenía varios secuaces que a su vez, duraban una cantidad de episodios antes de ser derrotados y ser reemplazados a su vez por otro secuaz. Pero más allá de eso, y de que en los últimos episodios de cada temporada había algo más de continuidad en preparación de los ánimos para la batalla final, Sailor Moon seguía siempre el formato de monstruo de la semana.

El grueso de los episodios se abría con Serena, u ocasionalmente alguna otra de las sailor scouts, afrontando alguna clase de crisis personal, relacionada con ella misma o con algún amigo cercano. Y por alguna razón, el secuaz de turno siempre, lo que se dice siempre, ejecutaba su plan de la semana sobre dicho amigo, siempre en los alrededores de Tokio a pesar de que sus planes de dominación suelen ser de carácter mundial e incluso cósmico, y tratando de convertirlo o destruirlo o mutarlo o extraerle la energía o lo que fuera el objetivo de turno. Las sailor scouts se transforman, pero el monstruo de la semana las hace morder el polvo en el primer round. Cuando parece que las sailors no van a podérsela esta vez, aparece Tuxedo Mask, cuya gran aparición espectacular se limita a lanzar una rosa, que ni siquiera le acierta al villano pero que debía ser de diamante porque termina bien clavada en el suelo, y decir a continuación de manera épica a Sailor Moon que lance su ataque final que hasta el momento por una razón u otra no ha empleado. Sailor Moon parece acordarse bruscamente de que tiene un tiro final, lo lanza, el monstruo de la semana es derrotado, el amigo es salvado, y el secuaz se marcha a rumiar su siguiente plan maligno, que por regla general no involucra nunca plantarse dos minutos a pensar cómo anular el arma final de Sailor Moon que servirá la próxima semana para hacer morder el polvo otra vez al monstruo de dicha próxima semana. El amigo entonces se transforma en una persona cercana a la sailor scout de turno, se hacen muy amigos... y nunca más vuelve a saberse de él, por lo general.

Por suerte, las personalidades y humor de las sailor scouts mantenían las cosas interesantes. Hasta que apareció Sailor Chibi Moon, por lo menos. Después... es opinable, dejémoslo así.

5.- Reportera del crimen: Carroñeando entre las amistades.

En el penúltimo episodio de la quinta temporada del programa, y después de un año aguantando que la reportera meta sus narices en cuanto muerto se cayera asesinado en la localidad, y de que aparezca un neoyorkino muerto en la localidad, el nuevo sheriff de Cabot Cove lanza contra Jessica Fletcher un rapapolvo memorable, que va más o menos en la siguiente línea (cito de memoria, valga la precisión): "Me retiré de Nueva York y me vine a una localidad tranquila para no tener que lidiar con asesinatos, y resulta que no sólo llevo cinco asesinatos en apenas un año, ¡sino que además viene gente de afuera a morirse aquí!". En otro programa, una dama le espeta a Jessica Fletcher algo así: "Si el homicidio fuera una enfermedad, usted sería contagiosa". Y una de las teorías favoritas acerca de la serie, es que Jessica Fletcher es poseedora de una Death Note en la que inscribe el nombre de la víctima de la semana, como pasatiempo porque ella es viuda.

Como sea, la clásica imitación de Agatha Christie seguía siempre un esquema similar, siempre, estructuradito en cuatro actos separados por tres comerciales. En el acto 1 se nos introducía al elenco de personajes del capítulo, así como el escenario, y el amigo o pariente de turno que era tan poco sabio como para llamar a la escritora gafe a la fiesta, celebración o evento que correspondiera, cerrándose con una revelación o giro que ponía en marcha la trama. En el acto 2 los gatos se engrifaban y lanzaban sus mejores golpes, hasta que uno de ellos resultaba mortal, cerrándose el acto con el descubrimiento del fiambre. En el acto 3, Jessica Fletcher metía sus narices saltándose todas las barreras policiales, con colaboración del detective de turno por grado o con renuencia, e investigaba en particular cuando la evidencia incriminaba al amigo o sobrino, cerrándose con la exoneración del susodicho y, o el espesamiento del misterio, o una revelación fortuita que pone en marcha el acto 4, en donde Jessica Fletcher llegaba a pescar la identidad del asesino, pero ante la falta de evidencias procedía a cocinarlo, creando con la ayuda del detective una situación que obligara al asesino a ponerse en evidencia y confesar. Por supuesto, el grueso de los sospechosos eran buenos deportistas, y ante las fauces de la cárcel y todo, largaban todos los pasos del sarao en vez de acogerse al derecho constitucional de guardar silencio y llamar a su abogado, por ejemplo.

Doce temporadas de más de veinte episodios cada una, y cuatro telefilmes en total, todos con la misma fórmula; incluso la siguen los capítulos en que Jessica Fletcher no es la protagonista, sino que presenta a un detective invitado. Lo que no quita la diversión de ver a Jessica Fletcher hinchándole... la vida al resto del personal capítulo tras capítulo, logrando las pistas y la aprehensión por el expediente de irritar y exasperar a homicida y testigos por igual. Nada de raro que, ya desde la mitad de la serie en adelante, los homicidas fueran cada vez más hostiles y Jessica Fletcher pasara más de algún susto. Por suerte para ella, los homicidas no suelen crear hermandades del crimen, o de lo contrario habrían enviado a sicarios a deshacerse de ella, con lo que la serie hubiera tenido un final más bien lamentable.

6.- Inspector Gadget: La próxima vez te atraparé, Gadget, la próxima vez...


Otro clásico de la animación ochentera. Con capítulos en dos variedades: el viaje a un país del mundo en donde no se dejaban ningún estereotipo de dicho país sin repasar, o bien el ataque del Doctor Claw contra la ciudad.

En cualquier caso, la historia principiaba siempre por el llamamiento al deber que hace el sacrificado jefe Quimby a Gadget, el cual le entrega un papel explosivo que siempre, siempre, infaliblemente, terminará reventando allí donde el jefe esté escondido. Su sobrina Penny y su perro Sabihondo, conocedores de que Gadget en el fondo no es material de Premio Nobel, van discretamente detrás, cuidándolo. Gadget se mete de lleno en el escenario en donde el Doctor Claw está ejecutando sus fechorías, y confía plenamente en el secuaz de la semana, cuyos esbirros realizan sus actos terroristas con unas vistosas camisetas con el logotipo corporativo de MAD, porque nada fortalece tanto la moral de un grupo terrorista como usar un uniforme que los identifique a la legua como trabajadores de la organización del mal. Sabihondo se disfraza y sigue a Gadget, y Gadget, aparte de nunca reconocer a su sufrido quiltro, sospecha siempre de él. Penny por su parte investiga y llega hasta la guarida del villano, en donde es apresada y puesta en una trampa mortal, de la que conseguirá zafarse, llamando después a Sabihondo con siempre la misma orden: "Trae al tío Gadget para acá". Aprovechándose de que Gadget sospecha de él, Sabihondo se hace perseguir, y Gadget termina por estar en el escenario de los hechos, a tiempo para que la guarida secreta del villano se derrumbe o explote o ambas, el secuaz de la semana sea arrestado, y el Doctor Claw emerja en su vehículo volador jurando que se vengará en el próximo capítulo, descargándole un mamporro a Gato Loco de paso por ser una mascota tan poco eficiente en asesorar a su amo.

Ese era el noventa y ocho por ciento entretenido del capítulo: después venía la coletilla final en donde le enseñaban alguna lección útil a los chicos, momento propicio para cambiar de canal o ir al baño hasta el siguiente programa.

7.- Los expedientes secretos X: Dos contra el crimen... sobrenatural.

En la década de 1.990, Los expedientes secretos X pusieron de moda el concepto de serie sobrenatural con arco mitológico de fondo. Pero no nos llamemos a engaño, los capítulos mitológicos eran apenas los dos primeros y dos últimos de cada temporada, además de dos capítulos a mitad de la misma. El resto eran historias autoconclusivas con el monstruo de la semana.

Cada capítulo se abría con el monstruo de la semana cargándose a una víctima, a veces con tranquila música retro o alternativa de fondo. Luego de la secuencia de créditos venía Mulder exponiéndole el caso a Scully, y formulando su bizarra teoría conspiranoica de turno, con Scully ofreciendo la alternativa científica. Posteriormente empezaba el fusilamiento del presupuesto del FBI, yendo a la escena del crimen e investigando, por lo general con linternas en el bosque de noche o dentro de habitaciones oscuras, porque esta serie transcurría en un universo paralelo al nuestro en donde los interruptores de luz no se habían inventado. La investigación arrojaba una nueva pista, por regla general otro fiambre, sobre el cual Scully practicaba la autopsia o exámenes de rigor, sólo para no llegar a ninguna conclusión. Mientras tanto Mulder, investigando por su cuenta, terminaba por encontrar la clave que lo iba a llevar al asesino y lo perseguía, ayudado por Scully salida del laboratorio si es que a Mulder no le tocaba rescatarla. El asesino por lo general era detenido, aunque con dos consecuencias: por un lado, a veces quedaba la duda flotando de si el gran mal había sido detenido o si volvería a atacar (esta amenaza raramente se concretó  una segunda vez en la serie, quizás por el susto dispéptico que Mulder y Scully le metieron a lo sobrenatural en la primera tacada), y en segundo lugar todas las piezas de evidencia eran destruidas o confiscadas por la Conspiración, y por lo tanto los dos agentes del FBI no se llevaban ninguna prueba de lo sobrenatural con la cual justificar sus partidas presupuestarias o siquiera la existencia misma de los archivos X como oficina independiente dentro del FBI.

Aunque de todos modos, y pese a todo lo anterior, la oficina seguía abierta, quién sabe si como parte de la conspiración, que como sabemos era tan amplia y nebulosa, que jamás sabremos si tener agentes contra la misma era parte del plan.

Epílogo.

¿Notaron ustedes que los siete comentarios anteriores también eran todos de fórmula? Párrafo 1, breve descripción de la serie. Párrafo 2, la fórmula. Párrafo 3, comentario irónico final...

8 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Qué genial tu listado y le encuentro toda la razón, si bien "Sailor Moon" y "X-Files" están entre mis favoritas; pero es cierto lo que dices sobre ellas. El resto apenas las vi su momento, salvo con "Scooby Doo" que cuando niño me encantaba. Me gusta mucho tu humor irónico.

Guillermo Ríos dijo...

Quizás el sello de calidad de una serie de televisión de fórmula bien hecha sea que el espectador promedio quede tan transportado dentro de lo que se le narra, que no se dé cuenta de que está viendo el mismo guión con variantes una y otra vez. En mi caso personal, Los expedientes secretos X me gustaba al inicio porque aunque la historia era siempre más o menos la misma, los casos solían ser bastante variados. Creo que el bajón de calidad serio vino después de la película, y se notaba demasiado que no sabían cómo continuarla hacia adelante. Soy uno de los pocos que piensa que haber centrado la segunda película en un caso de la semana en vez de la conspiración alienígena era una buena idea de cara a la esencia de la serie, aunque la segunda película hubiera sido mucho mejor si es que el caso en cuestión hubiera sido más paranormal, creo yo.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Bueno, hace poco le di una oportunidad, después de años de verla en el cine. Te dejo el link a lo que escribí hace poco (disculpa la autopublicidad, je).

http://www.elcubildelciclope.blogspot.com/2013/12/regreso-los-expedientes-x-o-mi-vision.html

Guillermo Ríos dijo...

Vi la segunda película en el cine, y después no he vuelto a repetírmela. La encontré irregular, hecha con más mimo y presupuesto que un episodio estándar de televisión, pero muy de serie B todavía. Creo que el principal problema de la segunda película es que al guión le faltaron dos hervores, mucha mano mora para arreglar las cosas, mucho personaje presentado como importante y que después sale sobrando. No quiero decir que sea un mal concepto o una mala historia, sólo que si hubieran pulido el guión un par de semanas más y lo hubieran dejado amarrado y bien amarrado, sería un gran cierre para la franquicia aunque no hubieran resuelto el tema de la invasión alienígena.

Y el autobombo se disculpa, porque si no es uno quien se hace publicidad, entonces quién...

Ludwing dijo...

Lo del Inspector Gadget fue infumable para mí. Ver que por despistado jamás supiese quien era el verdadero enemigo, y que todo lo resolviese otros no era para nada interesante. De pequeño solo aguanté tres episodios pensando que repente algo podría variar respecto a Gadget, pero nada.

Guillermo Ríos dijo...

Es uno de los problemas que tiene la televisión de fórmula, que o la fórmula gusta y uno se engancha, o la fórmula desagrada y es imposible pasarla. En lo personal, los llamados procedimentales tienden a provocarme un aburrimiento supremo, por ejemplo. Siendo además el Inspector Gadget una comedia, y considerando que las comedias o tienen gracia o no la tienen para uno (¿alguien ha oído hablar de una comedia graciosa a medias?), pues, bueno...

George Llerena Torrico dijo...

¿Has tenido oportunidad de sentarte a ver Scooby-Doo! Misterios S.A.?

http://es.wikipedia.org/wiki/Scooby-Doo!_Mystery_Incorporated

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=651194205002614&id=100003361223172&refid=12

Desde 1969 hasta la actualidad han existido casi una docena de versiones de Scooby-Doo, pero nunca alguna que les haya dado una esencia, personalidad, trasfondo, relación con otros personajes, una sensación verdadera de misterio y un lugar establecido, aquí es donde entra Misterios S.A.

Es una secuela directa de la serie original de 1969 hecha en tiempos modernos y ubicada en Cueva Cristal, California. Básicamente, es lo que sucede cuando Guillermo del Toro, David Lynch y Chris Carter toman el universo Hanna-Barbera y juegan un ratito con él. Es la misma fórmula de siempre, pero esta vez con un complejo arco mitológico de fondo, tono realista y oscuro, cuenta la vida de los personajes basada en la primera serie pero con un argumento dramático, sus episodios tienen continuidad (cuentan una historia de principio a fin), hay emociones, desarrollo de personajes, trata temas como la decepción, la soledad, las relaciones entre los protagonistas y el hecho de que busquen la verdad, revela un montón de tropes de la franquicia nunca explicados y está repleta de cliffhangers.

Básicamente es "los expedientes secretos X" pero animada y con un final, la única serie de Scooby en que no puedes contar mucho para no dar spoilers, una carta de amor al Scooby original de Hanna-Barbera (con múltiples crossovers) y un horror lovecraftiano delicioso. Muchos críticos la consideran la mejor serie de Scooby-Doo y tienen razón: los productores corrigieron todos los errores que tenía la original, los capítulos son más variados, la fórmula tiene giros inesperados, o sea es el Scooby-Doo de siempre pero esta vez no te aburre.

Ah...me olvidaba...Misterios S.A. fue hecha específicamente para un público adulto así que hay mucho metahumor, horror psicológico, comentario social y referencias a todo, desde videojuegos, películas de culto (Rambo, el resplandor, Saw) hasta cameos de celebridades que ningún niño entendería (basta con decirte que David Bowie fue el villano en un capítulo). La primera temporada empieza normal como para acostumbrarte y tiene uno de los finales mas deprimentes y oscuros jamás hechos. Un mindfuck total. Pero cuando llegues a la segunda temporada la serie agarra todo lo que conocías y lo multiplica por 100: traiciones, alianzas inesperadas, tortura, alucinaciones, la logia negra de Twin Peaks (sí, escuchaste bien, David Lynch jajaja) y mejor no sigo porque te espoileo todo y no quiero. Y el final de la serie...oh Dios, sólo mírala. Está en Netflix, en DVD y subida a internet (no la veas en youtube, porque está recortada y con mal audio, mírala en Netflix o bájatela de Identi. Y por tu vida, no la mires en desorden o por partes porque no vas a entender).

Pero una serie de Scooby mas compleja e interesante exige personajes ahora complejos, interesantes, con historia y emociones. No los volvieron antihéroes como los reboots modernos; mas bien los expandieron, aumentando características que se insinuaban en la serie original, y todo con un humor irónico y una arquitrama bien elaborada. Y funcionó: en su momento Misterios S.A. levantó polémica por su oscuridad, violencia y temas fuertes, pero luego caló en el público y ahora ve a leer las críticas que tiene, los expertos en animación y los fans la consideran lo mejor que ha parido la franquicia en años.

Scooby-Doo! Misterios S.A. duró desde 2010 a 2013 y cerró su historia con 52 episodios, fue creada por Joe Ruby y Ken Spears (los creadores originales de la franquicia), producida en Warner Bros. Animation y transmitida por Cartoon Network. Sinceramente es una serie que hay que ver para creer; es un Scooby-Doo realmente bueno y épico, tan bueno y tan épico que lamentablemente no hay posibilidad de que alguna serie de Scooby en el futuro llegue a sobrepasarla, menos igualarla. En serio Guillermo, te la recomiendo infinitamente.

Guillermo Ríos dijo...

Si es tan así, habrá que tenerla en cuenta. En lo personal, la serie original no la miro a huevo porque era un producto de su época, y fue lo suficientemente innovadora como para crear escuela, lo que no es menor. Pero todo en la vida tiene que renovarse, así es que si hicieron una serie que sea un upgrade de la antigua, y además bien hecha, pues ya pueden ir contando conmigo. Gracias por la recomendación, y veré cómo me la agencio.

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