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miércoles, 21 de agosto de 2013

CIVIMPERIOS - Venecia: La república de la intriga.


La Edad Media fue el período de esplendor de las ciudades italianas, y Venecia jugó un papel muy relevante entre ellas. Frente a Florencia y Roma, Venecia fue un gran centro del Renacimiento, a la par de que la habilidad de su diplomacia alcanzó niveles de leyenda. Su historia, acá en Civimperios.

El territorio que actualmente es Venecia era considerado un montón de pantanos insalubres, y de ahí que nadie residiera en ellos. Hacia el año 180 a.C. los romanos fundaron un campamento militar llamado Aquileia, para defenderse de los bárbaros procedentes de Iliria o Germania. Aquileia fue destruída por los bárbaros en el siglo V, y sus habitantes buscaron protección en los pantanos, fundando en ellos una nueva ciudad: la moderna Venecia.

Los venecianos reconocían la autoridad bizantina, pero el principal poder político en Italia era el de los lombardos. Los venecianos de manera independiente invistieron en el siglo VII a Orso Ipato con el título de dux. Se inició así el dogado, el gobierno de los dogos de Venecia (dogo es la castellanización de dux). El título fue después confirmado por los bizantinos, en cuyo nombre supuestamente gobernaban. En los siglos siguientes, el Imperio Bizantino estuvo ocupado en varios frentes, y sin la atención bizantina sobre ellos, los venecianos comenzaron a consolidarse. En medio de las guerras del Imperio Carolingio, que invadió Italia y sometió a los lombardos, Venecia defendida por sus pantanos consiguió mantenerse en pie, hasta el punto que en el año 803 logró tanta autonomía, que su sujección al Imperio Bizantino se hizo puramente nominal.

Hacia el año 1.000, el dogo Pietro II Orseolo inició la expansión geográfica de Venecia. A diferencia de otras ciudades italianas, los venecianos renunciaron a guerrear en la península, y se enfocaron en el control de los mares. Atacaron primero las costas de Dalmacia, en los Balcanes, y consiguieron imponer su hegemonía en el Mar Adriático. En este tiempo comenzó un curioso rito veneciano, en que los dogos contraían matrimonio simbólicamente con el mar, como muestra y prueba de su dominio. Dicha ceremonia seguiría en vigencia hasta el siglo XVIII. También con miras a dar una muestra de poderío, los venecianos se embarcaron en la construcción de la Catedral de San Marcos, dedicada al santo patrono de su ciudad; dicha Catedral, huelga decirlo, se transformaría en símbolo de la ciudad.

En 1.204, los venecianos dieron su golpe más fulminante cuando aprovechando lo indispensable que resultaba el servicio de su flota, consiguieron desviar la Cuarta Cruzada desde su objetivo inicial de atacar Tierra Santa y saquearon Constantinopla. Los venecianos no sólo se llenaron con los riquísimos tesoros constantinopolitanos, sino que además instalaron un gobierno títere para sustituir al Imperio Bizantino que duró hasta 1.261, además de llevarse la parte del león en el reparto del mismo. De esta manera los venecianos se construyeron un verdadero imperio marítimo en el Mar Egeo. Para el siglo XV, los venecianos habían alcanzado la cúspide de su poderío marítimo, comercial y militar.



Pero en la segunda mitad del siglo XV surgieron los problemas. El Imperio Otomano había conseguido unificar los antiguos dominios bizantinos conquistando Constantinopla en 1.453, y empezó a presionar los dominios venecianos con insistencia. A lo largo del siglo XVI, éstos irían cayendo uno tras otro como fichas de dominó. Además, a comienzos del siglo XVI, Italia se transformó en un campo de batalla entre españoles y franceses, y esta vez los venecianos no pudieron desasirse. Además, el comercio mediterráneo disminuyó luego de que el peso de la vida mercantil europea se trasladara al Atlántico, debido a la construcción del Imperio Español y del Imperio Portugués. Toda esta serie de circunstancias provocaron el inicio del lento declive de la ciudad.

Con todo, el siglo XVI vio el apogeo cultural de Venecia. En la ciudad que impuso el baile de máscaras como manifestación artística, floreció una potente escuela pictórica. El Renacimiento veneciano proporcionó a grandes pintores como Tintoretto y Tiziano. Los pintores venecianos formaron una escuela alternativa a la más famosa florentina; mientras que éstos se preocupaban ante todo de las formas, volúmenes y perspectivas, los venecianos se esforzaron más por captar la atmósfera y la luz. El sello distintivo de la escuela veneciana cristalizó en el Canaletto, un pintor del siglo XVIII cuya obra resultaría tremendamente influyente en los artistas del siglo XIX, en particular sobre los pioneros del Impresionismo.



El Imperio Otomano pareció dejar de ser una amenaza luego de su fracaso en el asedio de Viena de 1.683, y los venecianos se lanzaron a la reconquista del Mar Egeo. Pero esta vez el contragolpe otomano resultó decisivo: en el primer cuarto del siglo XVIII, los últimos restos del Imperio Veneciano en aguas griegas había desaparecido prácticamente por completo. Venecia se había convertido en una sombra de sí misma, sobreviviendo sólo gracias a una política de férrea neutralidad en los asuntos europeos. A pesar de todo, los venecianos seguían manteniendo un lujoso y famoso tren de vida. En 1.797 Napoleón Bonaparte invadió Italia, y esta vez no hubo remisión posible. La República de Venecia llegó a un callado final, anexada a Austria. En medio del caos generalizado de las revoluciones de 1848, los venecianos intentaron una última rebelión, pero en vano; después vendría la unificación de Italia, y Venecia pasaría a formar parte del naciente reino.

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