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miércoles, 17 de julio de 2013

Primera temporada de "Hannibal": Un comestible de digestión demasiado lenta.

La serie Hannibal: Yo me lo guiso, yo me lo como.
Hannibal Lecter, personaje al que uno de estos días deberíamos dedicarle una Interminablelogía, es una de las últimas grandes adiciones del siglo XX al panteón mitológico de la cultura popular. Fue creado por el novelista Thomas Harris como una especie de secundario de lujo en la novela Dragón rojo, publicada en 1.981; sucedió que el personaje quedó gravitando sobre el escritor y sus lectores, de manera que le dedicó una secuela, El silencio de los inocentes, con un planteamiento similar aunque reemplazando al veterano agente Will Graham por la novicia agente Clarice Sterling. En el intermedio se produjo una adaptación de Dragón rojo para el cine, titulada como Cazador de hombres (Manhunter en el original, Hunter en España), con la cual no pasó demasiado, y en donde Hannibal Lecter fue interpretado por Brian Cox. Un equipo diferente produjo la adaptación para el cine de El silencio de los inocentes, tan memorable que muy poca gente recuerda que en realidad no está basada en la primera novela de Hannibal Lecter sino en la segunda, y que existió otra película anterior. Años después, un poco bajo presión editorial, Harris escribió una tercera novela dedicada al personaje, que también recibió su adaptación al cine: Hannibal. Luego, para seguir explotando la franquicia, se hizo un remake de Cazador de hombres, ahora sí con el título Dragón rojo, y que al igual que El silencio de los inocentes y Hannibal, contó con Anthony Hopkins como Hannibal Lecter. Ulteriores presiones editoriales le llevaron a escribir, un poco a desgana, una precuela llamada Hannibal: El origen del mal, adaptada en una olvidable película de 2.007. Y ahora en 2.013 nos llega la primera serie televisiva del personaje, llamada con toda propiedad Hannibal.

El propósito declarado de la serie es seguir toda la historia de Hannibal Lecter desde sus primeros contactos con Will Graham, pasando por su encarcelamiento, luego sus días en la prisión, su posterior escape, y la subsiguiente batalla final. La primera temporada constó de trece episodios. La audiencia no respondió demasiado bien, en Estados Unidos por lo menos. Los dos primeros capítulos fueron vistos por cerca de cuatro y medio millones de telespectadores en dicho país, pero a la altura del quinto episodio el rating se había estabilizado en dos y medio millones, manteniéndose constante hasta que en el capítulo final, que debería haber incrementado la audiencia por la expectación de ver el final de temporada, en vez de eso descendió por primera vez de los dos millones de telespectadores. La crítica fue algo más entusiasta, eso sí. Contra la tendencia actual de las cadenas televisivas a cortar grasa a destajo y cancelar ante el más mínimo estornudo, Hannibal se ganó una segunda temporada. A saber qué pasará con ella.

Las razones por las cuales Hannibal no consiguió enganchar demasiado con la audiencia, más allá de una base de devotos fanáticos, se me antojan bastante obvias. De toda la reseña anterior, podría deducirse con acierto que la historia de Hannibal Lecter es bastante breve. El silencio de los inocentes (tanto la novela como la película) son en lo esencial un reciclaje de la trama de Dragón rojo, ya que ambas tienen argumentos similares: un violento asesino en serie ronda allá afuera, el agente Jack Crawford discurre enviar a uno de los suyos a hablar con Hannibal Lecter (Will Graham en un caso, Clarice Sterling en el otro), y Hannibal Lecter juega sus juegos mentales desde la prisión, a través de los cuales el agente del FBI consigue las pistas para atrapar al asesino en serie. Hannibal, la tercera novela, parte de un esquema diferente, con Hannibal Lecter prófugo, pero la batalla no es especialmente larga. Con un material de base tan espartano, es seguro decir que los guionistas debían inventarse mucho para extenderlo a varias temporadas de una serie televisiva.

Viendo Hannibal.

El problema aquí es que los guionistas se lo tomaron con una calma desesperante. La serie arranca en un punto clave, cuando Will Graham y Hannibal Lecter se conocen; por suerte, con esto nos ahorran el no muy estimable material de Hannibal: El origen del mal, el cual no se muestra ni siquiera en flashbacks, por lo que podemos considerar dicha precuela como fuera de la continuidad de la serie televisiva. El problema es que trece episodios después, no hemos llegado ni siquiera al inicio de Dragón rojo. Bryan Fuller, el creador de la serie, ha declarado sus intenciones de meter a Mason Verger (el millonario vengativo de la película Hannibal) en la segunda temporada, lo que nos llevaría a otro alargue adicional; de hecho, ha proclamado que Dragón rojo y El silencio de los inocentes serían la cuarta y quinta temporadas, Hannibal la sexta, y la séptima sería una creación original destinada a resolver el enorme continuará de la novela original (Hannibal la novela termina de manera diferente a su adaptación para el cine). En temporadas de trece episodios, serían cerca de 90 episodios en total. Ni Peter Jackson alargando El hobbit de Tolkien ha conseguido tanto decompressive storytelling. Para esto, los guionistas llegan hasta lo indecible inventándose tramas y subtramas. Cualquier referencia casual en las novelas al pasado de Hannibal Lecter sirve para escribir capítulos a destajo. Y una tonelada de personajes son creaciones originales para la serie televisiva, sin contraparte en las novelas o las películas. Y todos ellos, al servicio de una serie que busca alargarse todo lo que puede.

Para alargar las cosas tanto como se pueda, la serie recurre a enfatizar las interacciones de los personajes a través de interminables escenas de diálogo supuestamente significativo. El problema es que los personajes mismos están muy mal dibujados, y el grueso de sus trasfondos y motivaciones quedan en el misterio. El resultado son un montón de conversaciones vacías, que en apariencia dan a entender que los personajes tienen mucho fondo, pero que en realidad son muy poco informativas. Sobre Game of Thrones comentábamos que la manera de alargar el porno de personajes era haciendo que los personajes se la pasaran todo el capítulo amenazándose; aquí se hace algo similar, sólo que en vez de amenazarse, los personajes se manipulan entre sí. Salvo Hannibal Lecter, ninguno tiene realmente un plan maestro, pero las manipulaciones de todo el elenco hacia todo el resto del elenco terminan por ser fatigosas, ya que por supuesto tienden a cancelarse mutuamente.

Uno de los peores errores de la serie es la manera de manejar a Hannibal Lecter. Salvo que uno haya vivido debajo de una piedra en el último cuarto de siglo, es imposible ignorar que Hannibal Lecter es un asesino en serie caníbal, y que terminará siendo arrestado por Will Graham. Y aún así, la serie se dedica todo lo posible a crear misterio alrededor de Hannibal Lecter, jugando a la insinuación y dejando detalles en la ambigüedad. Sería una interesante manera de crear suspenso en una serie común y corriente, pero en ésta sabemos por qué derroteros tomará. Y si no lo hace, si Will Graham no arresta a Hannibal Lecter tras una cantidad de capítulos, el fastidio de los telespectadores será masivo.

Puede parecerles increíble viendo la amable y amistosa pasividad de Will Graham y Hannibal Lecter charlando, pero esto es parte de una serie con un asesino en serie manipulador y caníbal.

Salvando el episodio en donde aparece el personaje de Miriam Lass, una especie de Clarice Sterling antes de Clarice, que es uno de los puntos álgidos de la serie, debemos esperar recién hasta la altura del capítulo diez u once para que las cosas se pongan realmente interesantes. Ciertas situaciones empiezan a revelarse, ciertas cosas empiezan a encajar, y por primera vez la serie presenta personajes que dan la apariencia de saber lo que están haciendo. Pero a esas alturas, el daño está hecho. El final de temporada levanta bastante el nivel, pero aún así, la cantidad de episodios dedicados a llegar hasta ahí no deja de ser fastidiosa.

La serie se redime algo en su puesta en escena. La misma es tan estilizada como corresponde a la historia de un hombre erudito y elegante como Hannibal Lecter. La música es sutil pero acompaña bien. Las escenas de gore, y hay unas cuantas, son presentadas de manera naturalista, sin enfatizar en exceso los aspectos más morbosos, sin dejar de lado que estamos ante una serie de asesinos seriales, y por lo tanto uno debería esperar cierto nivel de escenas chocantes. Por desgracia, los crímenes mismos de Hannibal Lecter son dejados en la oscuridad, lo cual es algo tramposo. Quizás sería de demasiado mal gusto de mostrar a Hannibal Lecter troceando alegremente a un pobre infeliz en plan Dexter, pero alguna escena aunque sea fugaz se agradecería, considerando que Hannibal Lecter en esencia es eso. Estamos así en las antípodas de Buffy la Cazavampiros, ejemplo clásico de serie en la cual sus valores de producción eran pobrísimos, pero que se mantenía sólida como una casa a punta de guión excelente tras guión excelente.

Otro plus de la serie es la gran caracterización de Mads Mikkelsen como Hannibal Lecter; no debemos olvidar que es el cuarto actor en interpretar al personaje, después de Brian Cox (Cazador de hombres), Anthony Hopkins (El silencio de los inocentes, Hannibal, Dragón rojo) y Gaspard Ulliel (Hannibal: El origen del mal). El Hannibal Lecter de Mikkelsen no es el hombre abiertamente sicópata, sarcástico y lleno de manierismos de Anthony Hopkins. Por el contrario, es un ser humano de comportamiento normal, apariencia algo pedante, y si bien algo extraño de maneras, no es alguien a quien uno señalaría con el dedo gritándole asesino en la calle. Es seguro decir que el de Mikkelsen es sin lugar a dudas el Hannibal Lecter definitivo, uno que no juega a ser el villano ni arrollar a otros con su superioridad, sino uno que vive tranquilamente el día a día, uno con el cual puede simpatizar... y uno que esconde sus turbios secretos caníbales bien guardaditos de la vista de los demás.

El resto de los actores oscila entre varios extremos. Will Graham resulta a veces demasiado sobreactuado, en un rol demasiado reminiscente del interpretado por William Petersen en Cazador de hombres, y lejos de la versión más sutil de Edward Norton en Dragón rojo. Laurence Fishburne interpreta a Jack Crawford con más oficio que inspiración, y aunque impone presencia, a ratos pareciera estar a bordo más por la remunación que por amor a la camiseta. Entre los puntos altos de las actuaciones están Lara Jean Chorostecki como una bloguera especializada en meterse en problemas, y que consigue hacer tan detestable al personaje como debería ser, y Gillian Anderson como la terapeuta de Hannibal Lecter, consiguiendo zafarse de la sombra de la agente Scully para crear un personaje inquietante y sinuoso, y que pareciera tener más de algún misterio barrido bajo la cama.

En definitiva, Hannibal era una serie de televisión que prometía, y se nota el cuidado que los creadores han depositado en ella. Pero sin guiones más interesantes y personajes más robustos, la serie se está condenando a sí misma a la cancelación, mucho antes de completados los siete años proyectados para la misma.


De acuerdo, tengamos una amena y amistosa cena, pero... yo me ofrezco a ir al supermercado a comprar ingredientes. Todos. Incluso el agua. Cualquier cosa, pero NO LO DEJEN CONSEGUIRSE LOS INGREDIENTES A ÉL.

2 comentarios:

Series Anatomy dijo...

Hoy por fin comienza su segunda temporada. Aquí os dejo mi opinión sobre la primera ;)

http://seriesanatomy.blogspot.com.es/2014/02/hannibal-begins.html

Un saludo!

Guillermo Ríos dijo...

Veo que coincidimos en algunas cosas valorando la serie (la producción, la actuación de Mikkelsen), pero en la solidez de la trama discrepamos. En fin, espero que durante la segunda temporada mejoren un poco los puntos débiles. No creo que me quede a verla, pero si la historia adquiere algo de vuelo, podría ser que sí. Comentarios después para actualizarme al respecto, se agradecerán.

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