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domingo, 14 de julio de 2013

"Death Note": El sangriento camino del dios del nuevo mundo.


Sin lugar a dudas, Death Note es uno de los grandes animes que se estrenaron en la primera década del siglo XXI. Se basa en el manga de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, y su versión para televisión se extendió a lo largo de 37 episodios en 2.006 y 2.007. La premisa de la historia es bastante oscura. Un shinigami, un espíritu o dios de la muerte, se aburre en su propio universo; para obtener algo de entretención, este shinigami llamado Ryuk deja caer por accidente una death note en el mundo de los humanos, cerca de un joven al que ha estado espiando, y que le parece interesante y con la personalidad necesaria para darle usos entretenidos al cuaderno. El joven es Light Yagami, un chico con ideales un tanto cercanos al fascismo, que descubre el cuaderno y sus increíbles poderes, que le proporcionarán el poder más grande del mundo, sin ninguna de las responsabilidades que por regla habitual conlleva el tener poder. Las cosas sólo empeorarán a partir de ahí.

El poder de la death note es bastante especial: es el cuaderno que utilizan los shinigamis para matar gente. Si se anota el nombre de una persona y se piensa en el rostro de dicha persona, para evitar ambigüedades con gentes compartiendo nombre y apellido, dicha persona morirá en un minuto y cuarenta segundos. Si se anotan las circunstancias de la muerte, como por ejemplo un atropello o suicidio, la persona fallecerá de éstas, pero si las circunstancias son imposibles o si no se anotan, la muerte será sólo por ataque cardíaco. El usuario de la death note por su parte puede programar la muerte anotando una hora diferente para el deceso, a continuación del nombre. Por supuesto, no hay manera alguna de rastrear la relación entre la anotación y el cuaderno, en principio al menos, salvo que alguien obtenga el cuaderno y haga un cotejo de los nombres anotados y sus muertes sospechosas. A lo largo de la serie se explica que los shinigamis utilizan estos cuadernos para alimentarse, ya que anotando nombres de personas destinadas a vivir una cantidad de años, matan a la persona y se apoderan de los años restantes que le correspondían al muerto y que no alcanzó a vivir. Conforme la serie progresa, se va descubriendo que las reglas para utilizar la death note son un poco más complicadas, a veces con consecuencias inesperadas. El colofón final es que está más o menos implícito que si un humano utiliza una death note, las cosas para él irán empeorando hasta que su existencia se transforme en un infierno en vida.

El grueso de la tensión a lo largo de la serie deviene a través del conflicto que estalla entre Light y un misterioso detective llamado simplemente L. Light decide que utilizará la death note para montar una gigantesca purga a nivel mundial, en donde todos los criminales serán exterminados sin piedad. El resultado final es que la justicia imperará sobre la Tierra, nadie se atreverá a cometer nuevos crímenes, y el mundo será una utopía, con Light como policía supremo a cargo de todo. Pero la significativa oleada de criminales muertos por ataques cardíacos hace sospechar a la policía de un asesino serial involucrado, un vigilante, al que llaman Kira como adaptación de la palabra inglesa Killer, y llaman a L para investigar. L es un misterioso recluso dotado de muchos recursos monetarios, de quien no se conoce ni el rostro ni el nombre, y es por lo tanto invulnerable a un ataque de Kira. El conflicto de la serie será llevado por la guerra sin cuartel entre Kira y L, cada uno tratando de utilizar de manera implacable a distintas personas atrapadas dentro de la batalla como peones en gambitos cada vez más complicados para jugar al gato y al ratón. A esta guerra se sumarán después más de un Kira por un lado, y más de un detective por el otro.


Por debajo del suspenso de la serie, laten algunos conflictos de bastante interés. El principal, por supuesto, es el viejo dilema de si vale la pena luchar contra el demonio con las armas del demonio. Después de todo, si uno empuña el arma del demonio, aunque venza de todas maneras le estará dando la victoria al enemigo. En este caso, las intenciones de Light tienen un punto de razonable: su cruzada tendría por objetivo conseguir un mundo mejor para las personas decentes que quieren vivir vidas plenas. Pero el medio para ello es el asesinato masivo. Conocemos muchas personas que en la realidad han llevado a cabo actos terroristas y genocidios en pos de un sueño utópico, y los paralelos son escalofriantes. De todas maneras, como observa a su ingenua manera el policía Matsuda, desde que Kira ha comenzado a actuar, el crimen ha descendido de manera brutal. Por otra parte, la idea de que la Humanidad necesite a un asesino serial como Kira entronizado como amo del mundo para salir adelante, es algo que debería poner nervioso a más de alguien.

Al frente, L se caracteriza por métodos bastante expeditos para detener a Kira. Su objetivo último es que la justicia esté en manos del sistema, en particular de la policía y de los jueces, no de un vigilante que en última instancia no responde ante nada ni ante nadie. Pero L, por su parte, se escamotea él mismo de manera significativa de la policía, manteniendo su identidad en reserva, y además está dispuesto a utilizar a otras personas, arriesgando e incluso permitiendo que maten a otros, para detener a Kira. Puede que Light sea un villano megalómano, pero hay un punto de nobleza en la meta de su cruzada; asimismo puede que L trate de preservar todo aquello por lo cual la vida en una sociedad democrática vale la pena de ser vivida, pero sus métodos a veces pueden ser casi villanescos. Light y L en realidad son más parecidos de lo que ambos estarían dispuestos a admitir en primera instancia.

La situación empeora con la aparición de otros personajes que, por uno u otro motivo, toman el rol de Kira. De esta manera, profundizamos un poco en las aristas del poder por el poder. Mientras Light es Kira, hay al menos un espejismo de restricción ética al poder absoluto, al menos porque Light no mata a policías o inocentes a no ser que sea absolutamente necesario para su autopreservación. Otros Kira, por su parte, no tienen tantos miramentos, e incluso Misa Amane, cuando tiene la oportunidad de transformarse en una Kira, utiliza este poder para un propósito absolutamente egoísta, que es conocer al Kira original, sin que le preocupe su causa militante o sus motivaciones. La serie hace una gran verdad sobre la frase de Lord Acton, según la cual el poder absoluto corrompe absolutamente.


Otro punto interesante de discutir acerca de la serie, es su enfoque de lo que es el mal. En ese sentido, la serie peca quizás de un maniqueísmo digno de un cartoon al estilo de los Superamigos. El malvado en esta serie es el criminal que roba o mata, sin más. Kira en ningún minuto se detiene a preguntarse por las causas o razones sociales de fondo que llevan a la gente a delinquir. Es cierto que no podemos llegar tan lejos como hacen algunas almas progresistas y bienpensantes, que compadecen al delincuente porque el sistema lo ha hecho así, y están a milímetros de culpar a la víctima por el solo hecho de estar en una mejor posición social o económica. Pero por otra parte, es innegable que la delincuencia nunca podrá ser extirpada de la sociedad humana, ya que siempre habrán quienes traten de aprovecharse del prójimo por maña o por fuerza; además, determinadas estructuras sociales promueven la delincuencia más que otras, y eso la serie no lo establece ni lo explota. En un minuto, Kira tiene tanto poder que es capaz de extorsionar al mismísimo Presidente de los Estados Unidos, pero lo hace para impedir ser capturado por la policía, no para impulsarle a luchar por un mundo más justo o más humano. Es cierto que la serie no está en la obligación de profesar una ideología en esa línea, ni podemos considerar que sea mejor o peor por ello, pero de todas maneras nadie podría acusar a Death Note de ser un profundo análisis sociológico sobre las raíces y ramificaciones sociales de la delincuencia.

La serie también podría resultar premonitoria de un fenómeno social que, hoy por hoy, pareciera ir en desarrollo en nuestra civilización occidental. Me refiero a lo que Arnold J. Toynbee llamaba el triunfo de la igualdad y el despotismo en su obra Estudio de la Historia. La tesis toynbeana es que en una sociedad con profundas desigualdades sociales acumuladas, el resultado debería ser una guerra civil en donde los desposeídos se volverán en contra de los privilegiados y arrasarán con ellos. Pero este estado crónico y casi hobbesiano de guerra civil de todos contra todos sólo puede resolverse con la instauración de un nuevo poder fuerte: la preservación de las condiciones de igualdad social ganadas por la guerra civil sólo son posibles mediante una pacificación a través de un despotismo brutal. El ejemplo clásico que cita Toynbee es la guerra civil que sacudió al Imperio Romano entre 235 y 284, que arrasó con los privilegios e incluso la mismísima existencia de la clase senatorial romana, y que remató en la abolición del sistema político basado en el Principado, para instaurar el despotismo del Dominado, bajo el Emperador Diocleciano. Es sintomático que Diocleciano transformó el ritual de los Emperadores romanos hasta convertirse en una figura casi inaccesible y semidivina para sus súbditos, algo que tenía muy pocos precedentes en los Emperadores de los dos siglos anteriores.

Resulta particularmente sugerente, a la luz de lo anterior, observar que los planes de Light Yagami se parecen mucho a los de un Diocleciano. La meta de Kira es eliminar el crimen, venga de donde venga, y en una de las vueltas de la serie, esto significa exterminar al directorio entero de una gran corporación, el Grupo Yotsuba; sabemos que hoy en día, la imagen de privilegio responde al poder amasado por las grandes corporaciones. El objetivo de Kira es, implícitamente, igualar a todas las personas ante la ley, y más en particular, ante el respeto a la ley. Pero esto es a través de la imposición de un despotismo, en el que Kira será de manera explícita el nuevo dios del nuevo mundo. El objetivo de Kira y sus métodos son un reflejo en la ficción de lo que hizo Diocleciano en el mundo real, y si uno piensa que la historia se repite, las últimas reflexiones no pueden ser sino escalofriantes.


Death Note no es una serie perfecta. A veces, en su afán de mantener siempre sobre ascuas al espectador, se pasa de roscas retorciendo el argumento con algún nuevo giro imposible. En algunas ocasiones, los elaboradísimos planes de Light por un lado, y de L por el otro, se basan en predecir el comportamiento o reacción de su contrincante, a veces con meses de anticipación, incluyendo las deducciones que éste hará; en ocasiones llega al ridículo del yo sé que tú sabes que yo sé, lo que no le hace bien a la trama en su conjunto. La banda sonora, por su parte, oscila entre lo grandioso en algunos pasajes, y lo ramplón en otras.

Pero quizás lo peor, es que se nota de manera significativa como la historia debería haber llegado a su punto culminante a la altura de los capítulos 17 a 20, aproximadamente, y que el resto es en realidad un alargue innecesario que no aporta gran cosa a la trama. Salvo un par de capítulos puntuales a la altura del 26 o 27, la segunda mitad de la serie es claramente inferior a la primera. De todas maneras, vale la pena seguirla hasta el último por su final, que redime en parte esta debilidad de la serie en su conjunto.

Pareciera ser que Death Note tuvo un peak de popularidad en sus primeros tres o cuatro años allá afuera, pero luego haya sido más o menos olvidada en beneficio de otras series que hayan llegado después. O quizás el hecho de haber sido tan popular en su minuto le jugó en contra, ya que primero era de recibo haberla visto, y después era tan popular que nadie quería ser asociado con ella. Aún así, con sus virtudes y sus defectos, Death Note destaca por el enorme atrevimiento de su propuesta, por una trama con bastante suspenso de principio a fin, y por algunas temáticas que, si bien no están tratadas en profundidad, están ahí para cualquiera que desee analizarlas.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

A mi con Death note me pasó como a ti con futurama, es de 7 por ponerlo en términos escolares, aceptable, pero nunca me terminó de convencer de que es buena realmente.

Guillermo Ríos dijo...

Es cierto, a veces la serie resulta un poco pasada de roscas. Es como si el guionista fuera al baño pensando algo en la línea de: "Tengo seis personajes que han jugado 15 gambitos al mismo tiempo, ¿qué puedo ensayar para meter un gambito 16...?". Es de esos elementos que son constitutivos de la serie, que si no estuviera no sería Death Note, así es que se trata de un tema de tomarlo o dejarlo.

Oliverio Graelent dijo...

La mejor crítica que he leído sobre este anime. Y me he leído muchas. Felicitaciones, Guillermo.

Guillermo Ríos dijo...

Gracias por las felicitaciones. Y valen tanto más porque, en mi consideración, el comentario no quedó del todo redondo, así es que esto significa que quedó mejor de lo que pensaba.

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