domingo, 28 de julio de 2013

Guillermocracia: Tercer Aniversario.


En dos días más, el martes 30 de Julio de 2.013, la Guillermocracia cumple tres años de vida independiente. Es una cifra interesante. En un sentido parece una cantidad ridícula de tiempo comparada con otras, con algunos blogs y sitios de Internet que llevan hasta una década y más, y todavía siguen en activo; y ni hablemos de comparar tres años con tiempos históricos o geológicos. Por el otro lado, es un largo recorrido en el que hemos publicado algo más de 300 posteos, sobre una amplia variedad de tópicos y temas.

El año 2.013 es el primero de la Guillermocracia en que no hemos publicado material literario. Debido a la escasísima recepción de High Fantasy Manga, de Marbod el Bárbaro, de Corona de Amenofis o de la Academia Literaria de la Guillermocracia, todos esos proyectos duermen el sueño de los justos, y no hay planes para resucitarlos por el minuto. La Guillermocracia en el 2.013 ha sido de preferencia y por primera vez, un blog de artículos, y de momento así seguirá.

Y tenemos varios artículos de los cuales estar orgullosos. El primer gran hit de la Guillermocracia en 2.013 fue el artículo Renuncia de Benedicto XVI: El primer gran terremoto vaticano del siglo XXI. También podemos sentirnos orgullosos de Diez desastres navales que determinaron el curso de la Historia, de Cinco clásicos literarios bajo fuego de la censura, y de Maquiavelo rockstar: 500 años de "El Príncipe". De manera muy interesante, por primera vez un posteo sobre legislación y actualidad chilena se transformó en un éxito del blog, y en realidad dos de ellos: ¿Es realmente necesaria una nueva Constitución para Chile?, y El Fondo de Utilidades Tributables en la mira. Este último es un ejemplo realmente insólito, debido a que trata una materia bastante técnica. O quizás por eso, ya que los análisis desapasionados y medianamente claros sobre Derecho Tributario no abundan en la red.

Es de mencionar también el revuelo que han ocasionado los artículos referidos a Game of Thrones. Quién ganará el Juego de Tronos: Siete candidatos posibles y "Game of Thrones": Al diablo que yo me largo de aquí consiguieron mantenerse a flote sin problemas entre los posteos más leídos desde su publicación. También sigue siendo popular el artículo El verdadero Juego de Tronos, que publicamos en 2.011, hace dos años ya.

Muy exitosa resultó también la serie Superman 75 años, en honor al aniversario del superhéroe más conocido de todos. Cada uno de sus capítulos se ha mantenido también entre lo más leído del blog hasta la fecha.

Incluso hasta Zoocine, una sección habitualmente de segunda línea entre los lectores de la Guillermocracia, ha tenido un leve repunte en la cantidad de lectores. Interminablelogías, por su parte, ha roto todos los récords con la primera y segunda parte dedicada a Star Trek, así como la relativa a las películas de Superman.

Llevamos también un interesante experimento: dejamos a los lectores de la Guillermocracia votar por la temática en que querían una serie de artículos para Enero de 2.013. Triunfó la Ciencia Ficción, así es que publicamos ¿Cuál es la primera obra de Ciencia Ficción?, Esas alienígenas objetos del deseo, Un universo lleno de hablantes de Ciencia Ficción y Ciencia Ficción paranoica: ELLOS nos invaden A NOSOTROS. El especial fue en general bien recibido, así es que estamos evaluando la manera de repetir la iniciativa.

De manera que la Guillermocracia, cada vez más consolidada, se aventura hacia su cuarto año, en donde esperamos seguir sorprendiendo a nuestros lectores con artículos de interés y consulta. Además de las últimas entregas de Superman 75 años, estamos trabajando en varios artículos tales como nuestro comentario a DM of the Rings, la Interminablelogía de Los Expedientes Secretos X, los programas de televisión que eran buenos a pesar de ser pura fórmula...

Y en dos secciones nuevas. Una de ella será de cuestionarios y tests, el primero de los cuales será nuestro test para blogueros, en donde ellos podrán averiguar si su blog es posero o no. La segunda sección será El tiempo pasa, y que tendrá una entrada nueva cada año, rememorando con nostalgia los aniversarios que se cumplen en él. Aunque pretendemos publicarla al inicio de cada año, por razones obvias la primera entrega, la correspondiente a 2.013, será ahora en Agosto.

En forma adicional, entre Agosto y Noviembre realizaremos la más amplia encuesta de las hechas en la Guillermocracia, para que sus lectores elijan los diez mejores artículos de nuestros primeros tres años.

De manera que quedan cordialmente invitados a seguir visitando la Guillermocracia durante el resto de este 2.013, y los años que vengan después. Sed bienvenidos, y que la buena fortuna esté con vosotros así como lo esté con nosotros.

domingo, 21 de julio de 2013

El sistema binominal: Por qué no funciona y cómo modificarlo.


Además del Fondo de Utilidades Tributables, otro gran caballo de batalla que se avecina para la elección 2.013 en Chile es la modificación del sistema binominal. En muy resumidas cuentas, el sistema binominal es una modalidad de sistema proporcional de elecciones, por el cual cada distrito electoral es representado por dos escaños en total. Pero en Chile se ha implantado de una manera tal, que ha introducido fuertes distorsiones en el sistema, llevando incluso a una crisis de representatividad política.

La base del sistema está contenido en el artículo 109 bis de la Ley Orgánica Constitucional de Votaciones Populares y Escrutinios (Ley 18.700). Dicho artículo fue introducido por una reforma efectuada por la Ley 18.799, publicada el 26 de Mayo de 1.989. El sistema funciona más o menos así: cada partido político puede presentar una lista con dos candidatos por cada distrito (en Chile el Congreso Nacional es bicameral, así es que hay distritos para elegir diputados y distritos para elegir senadores). Si la lista más votada consigue duplicar en cantidad de votos a la segunda más votada, sus dos candidatos salen elegidos, sin que importe la cantidad de votos individuales de cada candidato. Pero si eso no sucede, la primera y segunda listas más votadas sacan adelante un candidato cada una, los más votados dentro de sus respectivas listas.

Examinemos tres escenarios posibles.

Escenario 1: La lista más votada obtiene un 66,7% de los votos. En ese caso a lo menos duplica a la totalidad de los otros votos reunidos, sin importar a qué lista fueron, por lo que resultan elegidos los dos candidatos de dicha lista.

Escenario 2: La segunda lista más votada obtiene un 33,4% de los votos. En ese caso se vuelve imposible que cualquiera otra lista consiga doblarla (para ello debería ser un 66,8% de los votos, lo que sumado en total daría 100,2%, una imposibilidad matemática).

Escenario 3: Ni la lista más votada obtiene un 66,7% de los votos, ni la segunda lista más votada obtiene un 33,4%. En ese caso habrá que estar a las votaciones relativas de las dos más votadas. Este escenario es posible si intervienen otros candidatos y listas. Sobra decir que este resultado es bastante habitual, debido a la eterna presencia de listas minoritarias y candidatos independientes.

¿Cuál es la filosofía del sistema binominal?

Teóricamente, el sistema binominal es un sistema proporcional. Para entender esto, hagamos una aclaración conceptual previa. Los sistemas electorales para organismos colegiados suelen clasificarse en mayoritarios y proporcionales. Los mayoritarios son aquellos en los cuales el ganador se lo lleva todo. El que obtiene el 50% de los votos más uno, se lleva el 100% de los cargos. La idea aquí es privilegiar la gobernabilidad, dotando al ganador de una base sólida con la cual hacer su trabajo. En un escenario del 51% versus el 49%, que la mayoría se lleve el 100% importa el poder trabajar sin mayores trabas. Un sistema en donde cada distrito elige sólo un candidato es por definición uno mayoritario, por supuesto, aunque puede suceder que se elija una pluralidad de cargos y el sistema determine que el ganador se los lleva todos. Un caso de esto lo podemos ver en las votaciones presidenciales en Estados Unidos, en donde los votantes no eligen directamente al Presidente, sino que eligen electores que formarán un Colegio Electoral, que a su vez votarán a un Presidente... y la mayor parte de los estados de la Unión sigue el sistema de que la lista ganadora se lleva todos los electores aunque haya obtenido sólo el 50 por ciento más uno de los votos. Este sistema tiene dos grandes debilidades, por supuesto: una, que no conduce de manera adecuada las preocupaciones políticas del 49% disidente por un lado, y dos, que una mayoría de un 51% puede ser obtenida de manera coyuntural mediante pactos electorales, que se deshagan una vez obtenido el gobierno, burlando así el propósito del sistema.

Para solucionar estos problemas surgieron los sistemas proporcionales. La idea es que cada fuerza política, o a lo menos las más importantes, tengan representación en el organismo colegiado. Existen numerosos métodos por los cuales se puede obtener un sistema proporcionado, pero todos ellos inciden en que cada distrito electoral elige una pluralidad de cargos, y éstos se repartirán de acuerdo a alguna fórmula matemática. La gran ventaja de los sistemas proporcionales es que conducen de manera adecuada a las fuerzas sociales dentro del sistema político, asegurándole voz dentro del mismo a cada una de ellas de acuerdo a su representatividad. Es decir, puede que las voces minoritarias no gobiernen por ser minoritarias, pero aún así tienen algún grado de voz, voto e injerencia en el gobierno. Pero a su vez poseen la desventaja de permitir la multiplicación de los partidos políticos, amenazando con atomizar el sistema político hasta convertir a la sociedad entera en ingobernable, ya que un partido político minoritario puede optar por correr en las elecciones no para ganarlas, sino para no perder tan feo, por decirlo en términos coloquiales, y transformarse en una oposición obstructiva después.

El sistema binominal chileno es por supuesto un sistema proporcional. Aunque uno muy mal diseñado. Y mal diseñado a propósito por los ingenieros del sistema, para permitir la perpetuación de un determinado modelo o sistema político y social chileno que desconfía profundamente de la democracia, la voluntad popular y la soberanía nacional.

¿Por qué el sistema binominal no funciona?

Además de las matemáticas involucradas para determinar la repartición de cargos, hay dos factores que tienden a mejorar la representatividad del sistema. El más relevante es el tamaño del distrito. El segundo más relevante es la cantidad de cargos a repartir por cada distrito. Ambos factores van ligados, por supuesto: mientras más grandes los distritos, menos de ellos habrá, y por lo tanto será posible introducir más cargos a repartir por cada uno de ellos.

Desde este aspecto, el sistema proporcional puro más eficiente es aquel en el cual existe un solo distrito, coextensivo con la nación toda, con la máxima cantidad de cargos a repartir posible: la necesaria para llenar la totalidad de los cupos del organismo legislativo en cuestión. Supongamos por ejemplo que un Parlamento nacional tiene cien miembros; un sistema proporcional es más eficiente en su propósito de asegurar representatividad si es que el país es dividido en un solo distrito que elige cien escaños, asegurando un razonable cuoteo para todas las tendencias políticas, o a lo menos las más importantes, que si ese mismo país estuviera dividido en cincuenta distritos que eligieran cada uno sólo dos escaños, asegurando así que sólo un máximo de dos tendencias políticas fueran representadas en cada distrito.

Dicho sistema de un único distrito electoral coextensivo con la nación entera, existe actualmente en Holanda e Israel, en donde los representantes lo son de la nación, no de un distrito determinado. Dicha solución extrema es un poco difícil de aplicar en Chile, eso sí, por dos motivos. En primer lugar, Holanda e Israel son países de pequeñas dimensiones, en donde las preocupaciones y problemas de cada área son similares a las restantes, y por lo tanto se puede presumir que los votantes no tienen intereses contrapuestos en virtud del factor territorial. Chile en cambio es un país de una geografía alargada que hace muy disímiles las preocupaciones de los habitantes del desierto al norte con los de los canales congelados al sur, por ejemplo. Y en segundo término, Holanda e Israel son países con sistemas políticos parlamentarios en donde el gobierno se forma a partir de una mayoría parlamentaria, y por lo tanto se supone que en principio no habría ingobernabilidad debido a la obstrucción del Parlamento debido a que es el propio Parlamento el que elige un Poder Ejecutivo a su gusto (lo que se suele denominar el llamado para formar Gobierno que hace la mayoría parlamentaria). En cambio, Chile tiene un sistema político presidencial en el cual es perfectamente posible en teoría que salga un Gobierno de una tendencia y un Congreso Nacional de otra diferente, y por lo tanto darle representatividad hasta la más mínima de las tendencias políticas podría derivar en una oposición parlamentaria obstruccionista. Por ambas razones, es desaconsejable para Chile un sistema político cuyo Congreso Nacional esté integrado, en todo o en parte, por representantes de la nación entera en vez de porciones o distritos de un tamaño significativo de la misma.

Pero aún así, resulta llamativo a primera vista que Chile eligió la peor fórmula para un sistema representativo: uno con distritos pequeños y atomizados, en donde se elige el mínimo de cargos posibles para un sistema proporcional, que es dos por cada distrito. Con dos cupos por cada distrito, sólo hay espacio para que en ese distrito sean representadas las dos fuerzas políticas mayoritarias, excluyendo a la tercera y a todo el resto. Con los resultados nefastos que todos conocemos, ya que a dos décadas y contando de inaugurado el flamante sistema, las fuerzas políticas que obran como terceros respecto de las dos mayoritarias no están conduciendo sus energías a través del Congreso Nacional, sino en la calle, destrozando la iluminación pública, irrumpiendo en negocios e instituciones financieras, y enfrentándose a Carabineros de Chile. Los vándalos son delincuentes, y es posible que muchos de ellos sigan siéndolo aunque el sistema electoral se haga más representativo, eso es verdad, pero no es menos cierto que nunca tendrán la oportunidad de dejar de ser vándalos si el sistema insiste en darles la opción de ser representados.

En realidad, el diseño del sistema fue intencional. Fue creado durante el gobierno militar en medio de las reformas politicas de 1.989. Después de la victoria del No en el plebiscito de 1.988, que obligó al gobierno a llamar a elecciones libres para el año siguiente a fin de que asumiera un nuevo Gobierno a inicios de 1.990, el sistema afrontó un rediseño. Lo que los arquitectos del sistema político dijeron, era que el sistema binominal aseguraba que se formaran dos grandes mayorías y evitara el viejo fantasma de los tres tercios de la política chilena, por el cual podía salir un Presidente de la República como Salvador Allende con apenas un tercio de los votos populares y terminar con un país ingobernable. Lo que los arquitectos del sistema político no dijeron, y que la gente inteligente en su minuto pudo adivinar y ahora lo sabe con certeza, es que para formar las dos mayorías se crearía un sistema que sobrerrepresentara a la segunda mayoría, y que ellos, dichos arquitectos del sistema político, eran la segunda mayoría a ser sobrerrepresentada, porque después de los resultados del plebiscito de 1.988 era claro que la primera mayoría iba a ser la coalición de centroizquierda que iba a derivar en la Concertación (la actual Nueva Mayoría, con matices).

Hagamos algunas cuentas para aclarar esto más todavía. Decíamos que una fuerza política que sin ser mayoría logra obtener el 33,4% de los votos, consigue automáticamente un escaño en el Congreso. Como un escaño es la mitad de dos, entonces su representación está cubierta al 50%. Dicho de manera más breve: dentro del sistema binominal, si usted tiene el 33,4% de los votos obtiene el 50% del Congreso, y además excluye a terceras y cuartas fuerzas políticas. Es un negocio redondo si usted diseña el sistema previendo que la votación popular lo transformará a usted en segunda mayoría. De esta manera, la filosofía del sistema electoral proporcional de impedir la sobrerrepresentación de la primera mayoría por medio de una adecuada representación de los equilibrios sociales dentro del sistema político, resulta en su exacto inverso: la sobrerrepresentación de la segunda mayoría a costa de la disminución de la primera, y la eliminación de otras. Da igual de qué tendencia política sea el Presidente: si es de una tendencia política que no le gusta a la segunda mayoría sobrerrepresentada, tiene buenas posibilidades para practicar obstruccionismo desde el Congreso Nacional.

Volvemos ahora a la aplicación práctica del sistema. Dentro de los antiguos tres tercios, existía una derecha, un centro y una izquierda. La segunda mayoría en 1.989 era la tendencia política de los arquitectos del sistema, quienes estaban interesados en sobrerrepresentarse a sí mismos y jugar al juego obstruccionista. Ayudados en esa época por una institución adicional, la de los senadores designados, que en el primer Congreso Nacional después del gobierno militar fue designado por los arquitectos del sistema (los senadores designados fueron eliminados después, en parte debido a que pasando el tiempo, éstos empezarían a ser designados por el Gobierno que no era de dicha tendencia... de manera que el acuerdo para suprimirlos fluyó con una rapidez que desmintió de golpe lo difícil que había sido eliminarlos con anterioridad). Es decir, los tres tercios mutaron en una Concertación agrandada que se extendió por la centroizquierda (la Democracia Cristiana) y la izquierda (el Partido Socialista), una Alianza que es la heredera espiritual y electoral del viejo tercio derechista (Renovación Nacional y la UDI), y el viejo tercio de izquierda fue carcomido, jibarizado, y excluido del juego político, ya que en cada distrito electoral tenía muy pocas oportunidades de llegar a segunda mayoría. Ni qué decir, parte importante del inmovilismo del sistema socioeconómico desde 1.989 tiene mucho que ver con este esquema, que los defensores del sistema aplauden bajo las etiquetas de orden y estabilidad, y que los críticos lo condenan como un orden y estabilidad bajo reglas del juego creadas para retorcer la representatividad popular en el Congreso Nacional, y que no nace de la discusión y el diálogo democráticos sino desde el silenciamiento de los disidentes dentro del sistema político.

Todo lo anterior fue enormemente visible en la elección parlamentaria de 1.989, la primera desde el gobierno militar. En el Senado, la Concertación obtuvo un 54,7% de los votos populares, y consiguió 20 escaños (52%)... pero la lista Democracia y Progreso (la actual Alianza, representante de la derecha) obtuvo 34,1% de la votación popular, y consiguió 18 escaños (48%). Es decir, en la primera elección desde el regreso a la democracia, los candidatos de la facción política representante del gobierno militar obtuvo una sobrerrepresentación del 14%. Es lo mismo que traspasar un sexto de la votación total de la primera a la segunda mayoría, de regalo. Las otras listas no obtuvieron nada, a pesar de que en conjunto sumaban casi un 12% en total. A esto debemos sumarle los senadores designados, nueve miembros de derecha, pero eso es otra historia (además, ya fueron eliminados).

El mismo 1.989, dentro de la elección de diputados, la Concertación sacó un 51,3% de los votos, y logró 69 escaños (57,5%), y Democracia y Progreso con 34,2% de los votos consiguió instalar a 48 diputados (40%), sobrerrepresentándose con un 5,8%. Los damnificados fueron todo el resto, varias alianzas que entre todas representaban a un 15% de los votos, pero que apenas consiguieron instalar a 3 diputados (2,5% del total de escaños).

Veinte años después, para 2.009, la situación se había equilibrado un tanto. La Concertación había obtenido un 44,36% de los votos y un 47,5% de la Cámara de Diputados, versus la Coalición que  obtuvo un 43,44% de los votos y un 48,33% de los escaños. Terceras y cuartas fuerzas políticas sumaron un 12,17% de los votos, pero apenas consiguieron elegir 5 diputados (4,1% de la Cámara). En el Senado las cosas fueron similares: 43,32% para la Concertación y 50% de los senadores elegidos, con un 45,10% de los votos para la Alianza y otro 50% de los senadores elegidos (sólo se eligieron 18 senadores porque se renovaba una parte del Senado, no su totalidad). Terceras y cuartas fuerzas políticas sumaron en total 11,55% de los votos, pero ninguno de los 18 escaños los representó en el Senado. Dicha tendencia a la concentración de votos se produjo a partir de la elección de 2.001, no por casualidad la primera elección parlamentaria después de la primera elección presidencial bajo la Constitución de 1.980 en que ningún candidato consiguió una mayoría absoluta y debió efectuarse una segunda vuelta para elegir Presidente de la República (antes de 1.973, bajo la Constitución de 1.925, no existía la segunda vuelta: en caso de no haber mayoría absoluta, el ganador era elegido por el Congreso Nacional).

Un análisis superficial de las tendencias electorales desde 1.989 a 2.009 debería celebrar como un triunfo de un sistema que consiguió crear dos grandes bloques mayoritarios y asegurar así orden y estabilidad al sistema político. Pero con un par de dedos de frente, es fácil adivinar que no es que los chilenos de pronto descubrieran las bondades de los dos grandes bloques mayoritarios y, salvo algunos refractarios e inútiles subversivos, empezaran a votarlos con entusiasmo. En realidad, en el intertanto de veinte años desde 1.989 el electorado se había contraído dramáticamente, debido al desinterés de la gente en inscribirse para votar, debido a la percepción generalizada de que el sistema político le hace trampa a la representatividad, sumado a la obligatoriedad de ir a votar para todos los inscritos. Por decirlo en el lenguaje economicista de los incentivos, tan de moda en algunos círculos, los potenciales votantes carecían de incentivos para inscribirse y votar, ya que todo son costos y no hay beneficios a la vista, por lo que quienes estaban inscritos en realidad eran los que venían como tales desde 1.989 y no se podían desafiliar, o bien se inscribían para postularse a cargos y hacer carrera política. No es que el sistema binominal alineara a los chilenos detrás del sistema político de 1.989: es que el sistema binominal, sumado a la obligatoriedad del voto, desincentivó a los críticos del sistema para volcar su descontento no a través de la elección de representantes que reformaran al sistema, sino a través de la protesta callejera y el vandalismo. La crisis de representatividad llegó a tal extremo, que los políticos debieron finalmente aceptar cambiar el sistema de votación, e implementar la inscripción automática y el voto voluntario, con resultados todavía por averiguarse, ya que la elección parlamentaria que está por venir al momento de escribir estas líneas, será la primera bajo el nuevo sistema.

(Puede usted consultar los datos electorales en general aquí,  la composición del Congreso Nacional de 1.990-1.994 aquí, y la de 2.010-2.014 aquí).

¿Cómo modificar el sistema binominal?

De todo lo anterior resulta claro que la raíz de todos los males del sistema electoral parlamentario chileno es la binominalidad, justamente. Cualquier solución que implique mantener distritos atomizados con dos cargos por cada uno, será apenas un parche que no resolverá la cuestión de fondo: conseguir que terceras y cuartas fuerzas políticas ingresen al sistema y elijan representantes que hagan oir su voz, permitiéndoles así participar del proceso político en vez de tener que hacerse oir por las redes sociales o por medio de la protesta callejera. Cualquier modificación al sistema electoral así pasa por crear distritos electorales más grandes, y aumentar la cantidad de cupos para permitir el ingreso de nuevas fuerzas políticas.

Y como criticar es fácil pero ser constructivo es lo valioso de verdad, me permitiré hacer una propuesta. No como una solución definitiva al problema, sino como una posible idea sobre la cual trabajar. Si al lector le gusta, puede adoptarla. Si no le parece inteligente, siéntase libre para criticarla. Pero acá va.

Primero que nada, eliminación de la bicameralidad en el Congreso Nacional. Un Congreso Nacional bicameral cumple dos propósitos: por un lado, una cámara representa el territorio y la otra la población, y por el otro, existe un doble seguro para las leyes, ya que éstas deben pasar por las dos cámaras para ser aprobadas. Sin embargo, por un lado con las modernas comunicaciones, el factor territorio ya no es lo que solía ser. Por el otro, el grueso del trabajo legislativo hoy por hoy se hace en las comisiones, y las votaciones sólo sirven para confirmar o rechazar una ley; a veces los honorables congresistas ni siquiera acuden a las sesiones en pleno en que se vota tal o cual ley. Además, siempre está la facultad de veto del Presidente de la República. Por lo tanto, Chile puede perfectamente tener un Congreso Nacional unicameral, en donde sus miembros ya no serían diputados o senadores, sino simplemente congresistas.

Segundo, se crearían distritos electorales grandes, muchos de ellos coextensivos con regiones enteras de las quince que existen actualmente. Cada uno de esos distritos elegiría cinco miembros para el Congreso Nacional. Las regiones más densamente pobladas podrían ser repartidas en varios distritos, pero resulta obvio que un Congreso de esas características rondaría los cien escaños, de lejos mucho menos que los actuales 120 diputados y 38 senadores en ejercicio, con el consiguiente ahorro de dietas y viáticos para el erario nacional. Aún así, las regiones menos pobladas estarían algo sobrerrepresentadas, pero esto no sería un problema considerando el excesivo centralismo del actual sistema político: una mayor representación de las regiones menos pobladas redundaría en leyes más favorables para las mismas, lo que a la larga ayudaría a otro gravísimo problema actual de Chile: el hecho de que su capital Santiago de Chile con sus cinco millones y medio estimados de almas concentra cerca del treinta por ciento de la población del país. Supuesto de que se hiciera efectiva de verdad la norma constitucional que obliga a los congresistas a ser moradores de su propio distrito, y que hoy en día es letra muerta, eso sí.

Tercero, votación por mayoría simple. En la actualidad con el sistema binominal, o sale elegida la primera mayoría individual y la segunda, o sale elegida la primera y la tercera mayoría individual. Con votación por mayoría simple saldrían las cinco primeras mayorías individuales y punto. Eso le imprimiría mayor dinamismo a la política, ya que los partidos políticos para asegurarse la votación, deberían estar más en contacto con las necesidades y reclamos de la ciudadanía, aunque sea para impedir el surgimiento de nuevos referentes políticos. En el sistema actual, para que un independiente salga elegido debe ser él mismo su propia lista y conseguir evitar que la lista mayoritaria lo doble, lo que lo obliga en la práctica a tratar de sacar un treinta por ciento de los votos luchando contra toda la maquinaria ya establecida de los partidos políticos de toda la vida; en el nuevo sistema un independiente debería obtener una votación de alrededor de un veinte por ciento para salir elegido, no tan baja que permita a cualquier pelagatos salir elegida, pero que sí les permite tener una mejor oportunidad si es que las alternativas de los partidos políticos tradicionales son poco atractivas. No hay por qué tener por la irrupción del populismo, ya que si bien los elementos antisistema existen, el común de los chilenos no pretende la modificación de raíz del modelo, sino sólo hacerlo más abierto e inclusivo. En definitiva no se trata de abolir el mercado, sino por el contrario, hacerlo más dinámico y competitivo.

Dejo lanzada la propuesta, para la inteligencia y discreción del lector. En cualquier caso, de modificarse el sistema binominal, lo peor que podría hacerse es mantener la actual división en distritos atomizados que eligen sólo dos representantes cada uno. O peor aún, dividir cada distrito en dos y elegir a sólo un candidato por cada uno.

miércoles, 17 de julio de 2013

Primera temporada de "Hannibal": Un comestible de digestión demasiado lenta.

La serie Hannibal: Yo me lo guiso, yo me lo como.
Hannibal Lecter, personaje al que uno de estos días deberíamos dedicarle una Interminablelogía, es una de las últimas grandes adiciones del siglo XX al panteón mitológico de la cultura popular. Fue creado por el novelista Thomas Harris como una especie de secundario de lujo en la novela Dragón rojo, publicada en 1.981; sucedió que el personaje quedó gravitando sobre el escritor y sus lectores, de manera que le dedicó una secuela, El silencio de los inocentes, con un planteamiento similar aunque reemplazando al veterano agente Will Graham por la novicia agente Clarice Sterling. En el intermedio se produjo una adaptación de Dragón rojo para el cine, titulada como Cazador de hombres (Manhunter en el original, Hunter en España), con la cual no pasó demasiado, y en donde Hannibal Lecter fue interpretado por Brian Cox. Un equipo diferente produjo la adaptación para el cine de El silencio de los inocentes, tan memorable que muy poca gente recuerda que en realidad no está basada en la primera novela de Hannibal Lecter sino en la segunda, y que existió otra película anterior. Años después, un poco bajo presión editorial, Harris escribió una tercera novela dedicada al personaje, que también recibió su adaptación al cine: Hannibal. Luego, para seguir explotando la franquicia, se hizo un remake de Cazador de hombres, ahora sí con el título Dragón rojo, y que al igual que El silencio de los inocentes y Hannibal, contó con Anthony Hopkins como Hannibal Lecter. Ulteriores presiones editoriales le llevaron a escribir, un poco a desgana, una precuela llamada Hannibal: El origen del mal, adaptada en una olvidable película de 2.007. Y ahora en 2.013 nos llega la primera serie televisiva del personaje, llamada con toda propiedad Hannibal.

El propósito declarado de la serie es seguir toda la historia de Hannibal Lecter desde sus primeros contactos con Will Graham, pasando por su encarcelamiento, luego sus días en la prisión, su posterior escape, y la subsiguiente batalla final. La primera temporada constó de trece episodios. La audiencia no respondió demasiado bien, en Estados Unidos por lo menos. Los dos primeros capítulos fueron vistos por cerca de cuatro y medio millones de telespectadores en dicho país, pero a la altura del quinto episodio el rating se había estabilizado en dos y medio millones, manteniéndose constante hasta que en el capítulo final, que debería haber incrementado la audiencia por la expectación de ver el final de temporada, en vez de eso descendió por primera vez de los dos millones de telespectadores. La crítica fue algo más entusiasta, eso sí. Contra la tendencia actual de las cadenas televisivas a cortar grasa a destajo y cancelar ante el más mínimo estornudo, Hannibal se ganó una segunda temporada. A saber qué pasará con ella.

Las razones por las cuales Hannibal no consiguió enganchar demasiado con la audiencia, más allá de una base de devotos fanáticos, se me antojan bastante obvias. De toda la reseña anterior, podría deducirse con acierto que la historia de Hannibal Lecter es bastante breve. El silencio de los inocentes (tanto la novela como la película) son en lo esencial un reciclaje de la trama de Dragón rojo, ya que ambas tienen argumentos similares: un violento asesino en serie ronda allá afuera, el agente Jack Crawford discurre enviar a uno de los suyos a hablar con Hannibal Lecter (Will Graham en un caso, Clarice Sterling en el otro), y Hannibal Lecter juega sus juegos mentales desde la prisión, a través de los cuales el agente del FBI consigue las pistas para atrapar al asesino en serie. Hannibal, la tercera novela, parte de un esquema diferente, con Hannibal Lecter prófugo, pero la batalla no es especialmente larga. Con un material de base tan espartano, es seguro decir que los guionistas debían inventarse mucho para extenderlo a varias temporadas de una serie televisiva.

Viendo Hannibal.

El problema aquí es que los guionistas se lo tomaron con una calma desesperante. La serie arranca en un punto clave, cuando Will Graham y Hannibal Lecter se conocen; por suerte, con esto nos ahorran el no muy estimable material de Hannibal: El origen del mal, el cual no se muestra ni siquiera en flashbacks, por lo que podemos considerar dicha precuela como fuera de la continuidad de la serie televisiva. El problema es que trece episodios después, no hemos llegado ni siquiera al inicio de Dragón rojo. Bryan Fuller, el creador de la serie, ha declarado sus intenciones de meter a Mason Verger (el millonario vengativo de la película Hannibal) en la segunda temporada, lo que nos llevaría a otro alargue adicional; de hecho, ha proclamado que Dragón rojo y El silencio de los inocentes serían la cuarta y quinta temporadas, Hannibal la sexta, y la séptima sería una creación original destinada a resolver el enorme continuará de la novela original (Hannibal la novela termina de manera diferente a su adaptación para el cine). En temporadas de trece episodios, serían cerca de 90 episodios en total. Ni Peter Jackson alargando El hobbit de Tolkien ha conseguido tanto decompressive storytelling. Para esto, los guionistas llegan hasta lo indecible inventándose tramas y subtramas. Cualquier referencia casual en las novelas al pasado de Hannibal Lecter sirve para escribir capítulos a destajo. Y una tonelada de personajes son creaciones originales para la serie televisiva, sin contraparte en las novelas o las películas. Y todos ellos, al servicio de una serie que busca alargarse todo lo que puede.

Para alargar las cosas tanto como se pueda, la serie recurre a enfatizar las interacciones de los personajes a través de interminables escenas de diálogo supuestamente significativo. El problema es que los personajes mismos están muy mal dibujados, y el grueso de sus trasfondos y motivaciones quedan en el misterio. El resultado son un montón de conversaciones vacías, que en apariencia dan a entender que los personajes tienen mucho fondo, pero que en realidad son muy poco informativas. Sobre Game of Thrones comentábamos que la manera de alargar el porno de personajes era haciendo que los personajes se la pasaran todo el capítulo amenazándose; aquí se hace algo similar, sólo que en vez de amenazarse, los personajes se manipulan entre sí. Salvo Hannibal Lecter, ninguno tiene realmente un plan maestro, pero las manipulaciones de todo el elenco hacia todo el resto del elenco terminan por ser fatigosas, ya que por supuesto tienden a cancelarse mutuamente.

Uno de los peores errores de la serie es la manera de manejar a Hannibal Lecter. Salvo que uno haya vivido debajo de una piedra en el último cuarto de siglo, es imposible ignorar que Hannibal Lecter es un asesino en serie caníbal, y que terminará siendo arrestado por Will Graham. Y aún así, la serie se dedica todo lo posible a crear misterio alrededor de Hannibal Lecter, jugando a la insinuación y dejando detalles en la ambigüedad. Sería una interesante manera de crear suspenso en una serie común y corriente, pero en ésta sabemos por qué derroteros tomará. Y si no lo hace, si Will Graham no arresta a Hannibal Lecter tras una cantidad de capítulos, el fastidio de los telespectadores será masivo.

Puede parecerles increíble viendo la amable y amistosa pasividad de Will Graham y Hannibal Lecter charlando, pero esto es parte de una serie con un asesino en serie manipulador y caníbal.

Salvando el episodio en donde aparece el personaje de Miriam Lass, una especie de Clarice Sterling antes de Clarice, que es uno de los puntos álgidos de la serie, debemos esperar recién hasta la altura del capítulo diez u once para que las cosas se pongan realmente interesantes. Ciertas situaciones empiezan a revelarse, ciertas cosas empiezan a encajar, y por primera vez la serie presenta personajes que dan la apariencia de saber lo que están haciendo. Pero a esas alturas, el daño está hecho. El final de temporada levanta bastante el nivel, pero aún así, la cantidad de episodios dedicados a llegar hasta ahí no deja de ser fastidiosa.

La serie se redime algo en su puesta en escena. La misma es tan estilizada como corresponde a la historia de un hombre erudito y elegante como Hannibal Lecter. La música es sutil pero acompaña bien. Las escenas de gore, y hay unas cuantas, son presentadas de manera naturalista, sin enfatizar en exceso los aspectos más morbosos, sin dejar de lado que estamos ante una serie de asesinos seriales, y por lo tanto uno debería esperar cierto nivel de escenas chocantes. Por desgracia, los crímenes mismos de Hannibal Lecter son dejados en la oscuridad, lo cual es algo tramposo. Quizás sería de demasiado mal gusto de mostrar a Hannibal Lecter troceando alegremente a un pobre infeliz en plan Dexter, pero alguna escena aunque sea fugaz se agradecería, considerando que Hannibal Lecter en esencia es eso. Estamos así en las antípodas de Buffy la Cazavampiros, ejemplo clásico de serie en la cual sus valores de producción eran pobrísimos, pero que se mantenía sólida como una casa a punta de guión excelente tras guión excelente.

Otro plus de la serie es la gran caracterización de Mads Mikkelsen como Hannibal Lecter; no debemos olvidar que es el cuarto actor en interpretar al personaje, después de Brian Cox (Cazador de hombres), Anthony Hopkins (El silencio de los inocentes, Hannibal, Dragón rojo) y Gaspard Ulliel (Hannibal: El origen del mal). El Hannibal Lecter de Mikkelsen no es el hombre abiertamente sicópata, sarcástico y lleno de manierismos de Anthony Hopkins. Por el contrario, es un ser humano de comportamiento normal, apariencia algo pedante, y si bien algo extraño de maneras, no es alguien a quien uno señalaría con el dedo gritándole asesino en la calle. Es seguro decir que el de Mikkelsen es sin lugar a dudas el Hannibal Lecter definitivo, uno que no juega a ser el villano ni arrollar a otros con su superioridad, sino uno que vive tranquilamente el día a día, uno con el cual puede simpatizar... y uno que esconde sus turbios secretos caníbales bien guardaditos de la vista de los demás.

El resto de los actores oscila entre varios extremos. Will Graham resulta a veces demasiado sobreactuado, en un rol demasiado reminiscente del interpretado por William Petersen en Cazador de hombres, y lejos de la versión más sutil de Edward Norton en Dragón rojo. Laurence Fishburne interpreta a Jack Crawford con más oficio que inspiración, y aunque impone presencia, a ratos pareciera estar a bordo más por la remunación que por amor a la camiseta. Entre los puntos altos de las actuaciones están Lara Jean Chorostecki como una bloguera especializada en meterse en problemas, y que consigue hacer tan detestable al personaje como debería ser, y Gillian Anderson como la terapeuta de Hannibal Lecter, consiguiendo zafarse de la sombra de la agente Scully para crear un personaje inquietante y sinuoso, y que pareciera tener más de algún misterio barrido bajo la cama.

En definitiva, Hannibal era una serie de televisión que prometía, y se nota el cuidado que los creadores han depositado en ella. Pero sin guiones más interesantes y personajes más robustos, la serie se está condenando a sí misma a la cancelación, mucho antes de completados los siete años proyectados para la misma.


De acuerdo, tengamos una amena y amistosa cena, pero... yo me ofrezco a ir al supermercado a comprar ingredientes. Todos. Incluso el agua. Cualquier cosa, pero NO LO DEJEN CONSEGUIRSE LOS INGREDIENTES A ÉL.

domingo, 14 de julio de 2013

"Death Note": El sangriento camino del dios del nuevo mundo.


Sin lugar a dudas, Death Note es uno de los grandes animes que se estrenaron en la primera década del siglo XXI. Se basa en el manga de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, y su versión para televisión se extendió a lo largo de 37 episodios en 2.006 y 2.007. La premisa de la historia es bastante oscura. Un shinigami, un espíritu o dios de la muerte, se aburre en su propio universo; para obtener algo de entretención, este shinigami llamado Ryuk deja caer por accidente una death note en el mundo de los humanos, cerca de un joven al que ha estado espiando, y que le parece interesante y con la personalidad necesaria para darle usos entretenidos al cuaderno. El joven es Light Yagami, un chico con ideales un tanto cercanos al fascismo, que descubre el cuaderno y sus increíbles poderes, que le proporcionarán el poder más grande del mundo, sin ninguna de las responsabilidades que por regla habitual conlleva el tener poder. Las cosas sólo empeorarán a partir de ahí.

El poder de la death note es bastante especial: es el cuaderno que utilizan los shinigamis para matar gente. Si se anota el nombre de una persona y se piensa en el rostro de dicha persona, para evitar ambigüedades con gentes compartiendo nombre y apellido, dicha persona morirá en un minuto y cuarenta segundos. Si se anotan las circunstancias de la muerte, como por ejemplo un atropello o suicidio, la persona fallecerá de éstas, pero si las circunstancias son imposibles o si no se anotan, la muerte será sólo por ataque cardíaco. El usuario de la death note por su parte puede programar la muerte anotando una hora diferente para el deceso, a continuación del nombre. Por supuesto, no hay manera alguna de rastrear la relación entre la anotación y el cuaderno, en principio al menos, salvo que alguien obtenga el cuaderno y haga un cotejo de los nombres anotados y sus muertes sospechosas. A lo largo de la serie se explica que los shinigamis utilizan estos cuadernos para alimentarse, ya que anotando nombres de personas destinadas a vivir una cantidad de años, matan a la persona y se apoderan de los años restantes que le correspondían al muerto y que no alcanzó a vivir. Conforme la serie progresa, se va descubriendo que las reglas para utilizar la death note son un poco más complicadas, a veces con consecuencias inesperadas. El colofón final es que está más o menos implícito que si un humano utiliza una death note, las cosas para él irán empeorando hasta que su existencia se transforme en un infierno en vida.

El grueso de la tensión a lo largo de la serie deviene a través del conflicto que estalla entre Light y un misterioso detective llamado simplemente L. Light decide que utilizará la death note para montar una gigantesca purga a nivel mundial, en donde todos los criminales serán exterminados sin piedad. El resultado final es que la justicia imperará sobre la Tierra, nadie se atreverá a cometer nuevos crímenes, y el mundo será una utopía, con Light como policía supremo a cargo de todo. Pero la significativa oleada de criminales muertos por ataques cardíacos hace sospechar a la policía de un asesino serial involucrado, un vigilante, al que llaman Kira como adaptación de la palabra inglesa Killer, y llaman a L para investigar. L es un misterioso recluso dotado de muchos recursos monetarios, de quien no se conoce ni el rostro ni el nombre, y es por lo tanto invulnerable a un ataque de Kira. El conflicto de la serie será llevado por la guerra sin cuartel entre Kira y L, cada uno tratando de utilizar de manera implacable a distintas personas atrapadas dentro de la batalla como peones en gambitos cada vez más complicados para jugar al gato y al ratón. A esta guerra se sumarán después más de un Kira por un lado, y más de un detective por el otro.


Por debajo del suspenso de la serie, laten algunos conflictos de bastante interés. El principal, por supuesto, es el viejo dilema de si vale la pena luchar contra el demonio con las armas del demonio. Después de todo, si uno empuña el arma del demonio, aunque venza de todas maneras le estará dando la victoria al enemigo. En este caso, las intenciones de Light tienen un punto de razonable: su cruzada tendría por objetivo conseguir un mundo mejor para las personas decentes que quieren vivir vidas plenas. Pero el medio para ello es el asesinato masivo. Conocemos muchas personas que en la realidad han llevado a cabo actos terroristas y genocidios en pos de un sueño utópico, y los paralelos son escalofriantes. De todas maneras, como observa a su ingenua manera el policía Matsuda, desde que Kira ha comenzado a actuar, el crimen ha descendido de manera brutal. Por otra parte, la idea de que la Humanidad necesite a un asesino serial como Kira entronizado como amo del mundo para salir adelante, es algo que debería poner nervioso a más de alguien.

Al frente, L se caracteriza por métodos bastante expeditos para detener a Kira. Su objetivo último es que la justicia esté en manos del sistema, en particular de la policía y de los jueces, no de un vigilante que en última instancia no responde ante nada ni ante nadie. Pero L, por su parte, se escamotea él mismo de manera significativa de la policía, manteniendo su identidad en reserva, y además está dispuesto a utilizar a otras personas, arriesgando e incluso permitiendo que maten a otros, para detener a Kira. Puede que Light sea un villano megalómano, pero hay un punto de nobleza en la meta de su cruzada; asimismo puede que L trate de preservar todo aquello por lo cual la vida en una sociedad democrática vale la pena de ser vivida, pero sus métodos a veces pueden ser casi villanescos. Light y L en realidad son más parecidos de lo que ambos estarían dispuestos a admitir en primera instancia.

La situación empeora con la aparición de otros personajes que, por uno u otro motivo, toman el rol de Kira. De esta manera, profundizamos un poco en las aristas del poder por el poder. Mientras Light es Kira, hay al menos un espejismo de restricción ética al poder absoluto, al menos porque Light no mata a policías o inocentes a no ser que sea absolutamente necesario para su autopreservación. Otros Kira, por su parte, no tienen tantos miramentos, e incluso Misa Amane, cuando tiene la oportunidad de transformarse en una Kira, utiliza este poder para un propósito absolutamente egoísta, que es conocer al Kira original, sin que le preocupe su causa militante o sus motivaciones. La serie hace una gran verdad sobre la frase de Lord Acton, según la cual el poder absoluto corrompe absolutamente.


Otro punto interesante de discutir acerca de la serie, es su enfoque de lo que es el mal. En ese sentido, la serie peca quizás de un maniqueísmo digno de un cartoon al estilo de los Superamigos. El malvado en esta serie es el criminal que roba o mata, sin más. Kira en ningún minuto se detiene a preguntarse por las causas o razones sociales de fondo que llevan a la gente a delinquir. Es cierto que no podemos llegar tan lejos como hacen algunas almas progresistas y bienpensantes, que compadecen al delincuente porque el sistema lo ha hecho así, y están a milímetros de culpar a la víctima por el solo hecho de estar en una mejor posición social o económica. Pero por otra parte, es innegable que la delincuencia nunca podrá ser extirpada de la sociedad humana, ya que siempre habrán quienes traten de aprovecharse del prójimo por maña o por fuerza; además, determinadas estructuras sociales promueven la delincuencia más que otras, y eso la serie no lo establece ni lo explota. En un minuto, Kira tiene tanto poder que es capaz de extorsionar al mismísimo Presidente de los Estados Unidos, pero lo hace para impedir ser capturado por la policía, no para impulsarle a luchar por un mundo más justo o más humano. Es cierto que la serie no está en la obligación de profesar una ideología en esa línea, ni podemos considerar que sea mejor o peor por ello, pero de todas maneras nadie podría acusar a Death Note de ser un profundo análisis sociológico sobre las raíces y ramificaciones sociales de la delincuencia.

La serie también podría resultar premonitoria de un fenómeno social que, hoy por hoy, pareciera ir en desarrollo en nuestra civilización occidental. Me refiero a lo que Arnold J. Toynbee llamaba el triunfo de la igualdad y el despotismo en su obra Estudio de la Historia. La tesis toynbeana es que en una sociedad con profundas desigualdades sociales acumuladas, el resultado debería ser una guerra civil en donde los desposeídos se volverán en contra de los privilegiados y arrasarán con ellos. Pero este estado crónico y casi hobbesiano de guerra civil de todos contra todos sólo puede resolverse con la instauración de un nuevo poder fuerte: la preservación de las condiciones de igualdad social ganadas por la guerra civil sólo son posibles mediante una pacificación a través de un despotismo brutal. El ejemplo clásico que cita Toynbee es la guerra civil que sacudió al Imperio Romano entre 235 y 284, que arrasó con los privilegios e incluso la mismísima existencia de la clase senatorial romana, y que remató en la abolición del sistema político basado en el Principado, para instaurar el despotismo del Dominado, bajo el Emperador Diocleciano. Es sintomático que Diocleciano transformó el ritual de los Emperadores romanos hasta convertirse en una figura casi inaccesible y semidivina para sus súbditos, algo que tenía muy pocos precedentes en los Emperadores de los dos siglos anteriores.

Resulta particularmente sugerente, a la luz de lo anterior, observar que los planes de Light Yagami se parecen mucho a los de un Diocleciano. La meta de Kira es eliminar el crimen, venga de donde venga, y en una de las vueltas de la serie, esto significa exterminar al directorio entero de una gran corporación, el Grupo Yotsuba; sabemos que hoy en día, la imagen de privilegio responde al poder amasado por las grandes corporaciones. El objetivo de Kira es, implícitamente, igualar a todas las personas ante la ley, y más en particular, ante el respeto a la ley. Pero esto es a través de la imposición de un despotismo, en el que Kira será de manera explícita el nuevo dios del nuevo mundo. El objetivo de Kira y sus métodos son un reflejo en la ficción de lo que hizo Diocleciano en el mundo real, y si uno piensa que la historia se repite, las últimas reflexiones no pueden ser sino escalofriantes.


Death Note no es una serie perfecta. A veces, en su afán de mantener siempre sobre ascuas al espectador, se pasa de roscas retorciendo el argumento con algún nuevo giro imposible. En algunas ocasiones, los elaboradísimos planes de Light por un lado, y de L por el otro, se basan en predecir el comportamiento o reacción de su contrincante, a veces con meses de anticipación, incluyendo las deducciones que éste hará; en ocasiones llega al ridículo del yo sé que tú sabes que yo sé, lo que no le hace bien a la trama en su conjunto. La banda sonora, por su parte, oscila entre lo grandioso en algunos pasajes, y lo ramplón en otras.

Pero quizás lo peor, es que se nota de manera significativa como la historia debería haber llegado a su punto culminante a la altura de los capítulos 17 a 20, aproximadamente, y que el resto es en realidad un alargue innecesario que no aporta gran cosa a la trama. Salvo un par de capítulos puntuales a la altura del 26 o 27, la segunda mitad de la serie es claramente inferior a la primera. De todas maneras, vale la pena seguirla hasta el último por su final, que redime en parte esta debilidad de la serie en su conjunto.

Pareciera ser que Death Note tuvo un peak de popularidad en sus primeros tres o cuatro años allá afuera, pero luego haya sido más o menos olvidada en beneficio de otras series que hayan llegado después. O quizás el hecho de haber sido tan popular en su minuto le jugó en contra, ya que primero era de recibo haberla visto, y después era tan popular que nadie quería ser asociado con ella. Aún así, con sus virtudes y sus defectos, Death Note destaca por el enorme atrevimiento de su propuesta, por una trama con bastante suspenso de principio a fin, y por algunas temáticas que, si bien no están tratadas en profundidad, están ahí para cualquiera que desee analizarlas.

domingo, 7 de julio de 2013

Las cinco claves para tener éxito en Chile.


Desde finales del siglo XX que Chile es la sociedad de la eterna promesa. A los chilenos se les prometió que serían un país desarrollado para el 2000. Luego, para el Bicentenario en 2010. Ahora, la vara está puesta en 2020, y cuando llegue ese año... Pero la verdad es que Chile es un país con una pésima distribución del ingreso, en donde el veinte por ciento de la población se lleva más de la mitad del ingreso del país, con un bonito coeficiente Gini de 52 que nos sitúa entre las naciones más regresivas del globo. Un buen y ortodoxo marxista diría entonces que Chile debería ser un volcán social a punto de estallar y caer en las manos de un malvado populista como Hugo Chávez o similar. Pero por el contrario, los chilenos en general están muy felices con el sistema, tal y como está. No se deje usted engañar por el hecho de que mucha gente sale a la calle a protestar: lo que no se ve en las noticias es la cantidad de gente que no sólo no protesta, sino que además denigra y denosta a los manifestantes como causantes de desórdenes sociales, vandalismo, etcétera, porque esas gentes están confortablemente en sus casas. Es de suponer que las personas no sólo tienen el gobierno que se merecen, sino que además viven en la sociedad que se merecen.

Y la razón de todo esto, es posible que estribe en la actitud del chileno, en la estructura de su sociedad, etcétera. Y como la sociedad es construida por las personas, todo lleva hacia la cuestión más básica de todas: ¿cómo es el chileno? ¿Cómo consigue el éxito? ¿Qué clase de perfil tiene el chileno exitoso? Y como no hay mejor perspectiva para describir al nacional de un país que un extranjero, será acá en la Guillermocracia desde donde describiremos al chileno promedio. De manera que, sin más preámbulo, acá va nuestro sesudo análisis de cómo el chileno promedio puede llegar a ser exitoso en Chile. O si usted es extranjero, le avisamos de cómo debe comportarse si es que quiere prosperar y medrar en el medio nacional chileno.

1.- SER MEDIOCRE.

El chileno promedio no es un maniático perfeccionista. Chile es el país en donde las cosas se hacen a la virulí, los problemas se parchan, y las soluciones definitivas se dilatan. En Chile lo único definitivo son los puentes provisorios, afirmaba el Presidente Ramón Barros Luco, santo patrono de la inercia institucional chilena. El alambrito como mecanismo para resolverlo todo es una institución nacional; vaya usted a cualquier parte por un problema y escuchará el consabido se lo arreglamos con un alambrito, jefe... En Chile nadie intenta siquiera leer el manual.

Pero eso no sería un problema si al menos esos marcianos raros interesados en hacer las cosas bien, pudieran actuar sin interferencias. Por desgracia no es así. En Chile hay una oposición soterrada y activa hacia quienes tratan de hacer las cosas bien. El que hace las cosas bien, deja mal parado a todo el resto que hace las cosas de mala gana y con resultados mediocres. Por lo tanto, el esfuerzo nacional se dirige no hacia mejorar como seres humanos o tratar de hacer las cosas como buenos ciudadanos, sino a evitar que otros mejoren o sean buenos ciudadanos, respectivamente. Existen dos mecanismos primarios para hundir a la gente competente en Chile: uno de ellos es la crítica y el otro el ninguneo.

La crítica es un deporte nacional chileno porque es una manera de dar la idea de estar por encima de la mediocridad, sin dejar en verdad de ser mediocre. Y como todos son mediocres, todo el mundo se va a unir al discurso crítico. Esta actitud se la llama el chaqueteo, el tirar de la chaqueta a la persona competente que está sobresaliendo para arrastrarla de regreso al mismo lugar en donde está el resto.

Pero el problema de la crítica es que debe haber algo que criticar primero. Si la persona es de verdad competente, puede que haya poco que criticar, o que la crítica suene destemplada. Es aquí en donde entra en escena el ninguneo. Quien ve a su vecino trabajar y esforzarse por algo, lo deja librado a su suerte. Siendo la sociedad chilena como es, el chileno sabe que no va a llegar a ninguna parte porque todos los demás lo van a dejar abandonado. Por tanto, ayudarlo significa asociarse con una causa perdida. Además, parte de la mediocridad chilena es que el chileno promedio es ingrato, así es que si tiene éxito, no se va a volver hacia quien lo ayudó para ayudarle a su vez. Lo que hará esa persona es darle una palmadita en la espalda y decirle lo muy buen amigo que es, para dejar testimonio de que él sí que sabe como agradecer, y luego lo dejará allí donde esté. Por lo mismo, en Chile es una muy mala política ayudar a otra persona. En Estados Unidos, creando una cadena de favores, Vito Corleone llegó a Don; en Chile con suerte hubiera llegado a la esquina.

Ahora bien, eso debería significar que en Chile nadie ayudaría a nadie. De manera sorprendente, eso no es así. Pero las ayudas no son por competencia ni por respeto por el trabajo ajeno, sino por compadrazgos y con espíritu mafioso. Volveremos sobre esto más adelante.

2.- TRABAJAR LO JUSTITO.

En Chile, el que trabaja lo que tiene que trabajar se convierte en indispensable dentro de su trabajo, y por lo tanto nunca lo dejarán surgir ni ascender, porque la plaza que queda vacante podría ser rellenada por un incompetente. El jefe de cada chileno es un incompetente, y depende de los escasos subordinados competentes para que se vea que su oficina hace realmente algo. Además, el jefe sabe que el común de los chilenos es holgazán, así es que nunca despedirá a los empleados incompetentes que le rodean, porque no obtendrá trabajadores mejores de reemplazo, y además tendrá que correr con los costos del despido. Pero como alguien tiene que hacer el trabajo... se lo encargará al competente. O sea, al que hace bien su pega, como se dice en chileno, lo premian echándole encima el doble de trabajo.

Por eso, en Chile la idea es trabajar lo justito. Ni poco que se convierta en un lastre y le despidan, ni mucho que le obliguen a hacer el resto del trabajo.

O mejor aún, no trabajar nada pero proyectar la imagen de que sí está trabajando. Profesiones ideales para ello son la de político, la de economista, la de catedrático universario en universidad estatal y la de conferencista profesional.

Para esto último es necesario cumplir horas de trabajo. Incluso horas extraordinarias. Chile es el país misterioso en donde todo el mundo es trabajólico, pero en realidad no se produce más que en otras naciones en vías de desarrollo, e incluso francamente menos. Esta paradoja se debe a que la gente marca una buena cantidad de horas extraordinarias de trabajo, pero una vez a solas en la oficina, se dedica a postear en Facebook o Twitter. Si usted tiene un amigo chileno en las redes sociales, descubrirá de tarde en tarde alegres posteos como lo siguiente: Tomándome un cafecito en la oficina con buena conversa. Si estuvieran trabajando de verdad, las actualizaciones de estado aparecerían a las siete de la mañana o después de las siete de la tarde, no en otro horario. Debe tomarse nota de que da buen tono hacer muchas horas de trabajo, ya que proyecta la idea de ser muy productivo, ahorra la pena de tener que soportar a la familia, que por lo general es también mediocre porque es tan chilena como el chileno de marras, y además con el dinero adicional se pueden adquirir signos visibles y tangibles de la preocupación y compromiso con la misma, comprando objetos materiales caros como juguetes, aparatos de alta tecnología o vacaciones en el extranjero. El soborno con un gran juguete de Navidad al hijo abandonado o maltratado el resto del año es también otra institución nacional.

Esto último se potencia aún más, si se considera que Chile es el país en donde un beso, un abrazo, una caricia o unas palabras amables no valen de nada, porque no se transan en el mercado, ni se pueden exhibir tampoco para la envidia de los vecinos.

3.- DÁRSELAS DE INGENIOSO PARA SALTARSE LAS REGLAS.

Siendo Chile una gigantesca tribu mapuche con unos muy poquitos caciques y montones de yanaconas, y en donde la opción de llegar para cacique es remota para colmo, no es raro que el chileno promedio no le vea la ventaja a seguir las reglas. En Chile, las reglas son sospechosas: la opinión común es que se han hecho para beneficio de unos pocos y para estrujar a la mayoría, no para mantener un mínimo de orden y seriedad en el manejo de los negocios y asuntos del día a día.

El chileno promedio no considera que el grueso de las reglas en realidad son de convivencia social básica. Por ejemplo, el chileno promedio antedicho no entiende que la regla social que prohibe echarle a otra persona el carrito de supermercado encima no es algo creado por el poder establecido para perpetuar su dominio sobre la sociedad chilena, sino una norma básica de convivencia para que no terminen todos los chilenos arrollados por esos carritos. El chileno promedio es demasiado bruto para entenderlo así, y demasiado mediocre para asimilar el concepto de responsabilidad en la cabeza. Por ende, quien vaya a un supermercado chileno debe defenderse de los carritos. En particular de los que van más llenos, porque quienes los manejan creen estar haciendo demostración de poder adquisitivo, y por lo tanto con derecho a pisotear a los demás. No importa que después el carrito quede abandonado con la mitad de la mercadería en la caja: lo que importa es la apariencia de poder adquisitivo dentro del supermercado.

Curiosamente, esta propia actitud del chileno hace que el chileno deba encauzarse en general a respetar las reglas. Lo que sucede es que el chileno sabe que su vecino hará todo lo posible para saltárselas, y por lo tanto vive atento y vigilante para defender su derecho. He ahí que no basta por lo tanto para sobrevivir en la jungla chilena, el saltarse las reglas. También hay que saber cómo hacerlo sin que las miradas ajenas se posen en uno. O si se es lo suficientemente carerraja (desvergonzado en el argot chileno), saltárselas en condiciones tales, que el vecino sólo pueda contemplar la situación con impotencia y frustración. Esta última situación es mucho más común de lo que se cree, porque el chileno promedio es especialista en el arte de reforzarse a sí mismo amargándole la vida a los demás.

El chileno que sabe cómo saltarse las reglas es el vivo, el ingenioso e inteligente, y es admirado por ello. Puede incluso que reciba un muy afectuoso pero puta que es carerraja este hueón, dicho con mucho afecto y aprecio sincero, y ni una gota de ironía. No se confunda: esa frase no se dice como el insulto despectivo que debería inspirar un delincuente, sino con una franca admiración por el hombre que es capaz de vulnerar al sistema en su propio beneficio, aunque dicha vulneración en última instancia perjudique a la persona que hace la declaración de admiración. Sabemos de gente que en virtud de este principio ha llegado muy lejos en el sistema político chileno, sobreviviendo con un blindaje casi mágico a cuantas denuncias, imputaciones, investigaciones y querellas se les haya sometido.

Por supuesto que existe un círculo vicioso entre esta actitud y el hecho de que la sociedad chilena sea clasista y el ochenta por ciento de la misma no vaya a llegar a ninguna parte en la vida. Esta actitud es provocada por la sospecha que despiertan las reglas, pero esta actitud a la vez provoca una competencia darwiniana por saltarse las reglas: quienes tienen éxito en Chile lo hacen no porque sigan las reglas, sino porque las tuercen a su conveniencia. El resto, los fracasados, seguirán mirando las reglas con sospecha. Perpetuando así el círculo vicioso de la anomia social en Chile.

4.- HACER RELACIONES PÚBLICAS.

En Chile existe un club dorado de privilegiados, y todo el resto de la masa. Por lógica, alguien tiene que pertenecer al club dorado. Pero por otra parte, características que hacen más fuerte a un país como un todo, tales como la competencia, la laboriosidad o el respeto por las leyes, no solamente no hacen progresar a nadie, sino que por el contrario, son obstáculos positivos para que una persona surja en Chile. Cabe preguntarse entonces quiénes son los integrantes del club dorado, y cómo se accede a él si no es por las cualidades meritocráticas antedichas.

La respuesta es: quienes hacen mejores relaciones públicas. En Chile es muy importante saber venderse. Y aquí es donde entra en juego una característica muy importante de la cultura chilena: el empeño por aparentar lo que no se es.

Decíamos rato atrás que Chile era el país en que hay gente que va con ropas elegantes a llenar el carrito en el supermercado, sólo para dejarlo botado después sin pasar la mercadería por caja, y sin llevársela. Lo importante es proyectar la imagen de prosperidad asociada con un carrito de supermercado lleno hasta el tope con las supuestas compras mensuales. Chile es también el país en donde, en la década de 1.990, hubo un próspero comercio de celulares de palo. Si usted no está familiarizado con la realidad chilena, quizás no lo sepa: en la época en donde el teléfono celular era todavía un artefacto de élite, se vendían celulares hechos de madera y pintados, para que la gente pudiera utilizarlos allí donde eran vistos en la calle, para fingir que estaban hablando. Tal es el nivel de delirio de la sociedad chilena.

Las relaciones públicas se manejan con un delicadísimo equilibrio entre la condescendencia y la zalamería. Así, cuando a usted le interesa que otra persona lo tenga en consideración, debe acercársele exhibiendo de manera sutil que usted es superior al resto de los chilenos. Luego, debe tratar a la otra persona como si esa otra persona fuera igualmente superior. Si la otra persona cae en la trampa, esto crea un lazo entre las dos, ya que ésta se siente legitimada y reconocida no por un chileno promedio, sino por uno mejor que el resto.

En Chile, esta receta funciona muy bien debido a esa otra característica social que reseñábamos más arriba, que es el ninguneo. Todos los chilenos sufren el ninguneo de manera masiva en carne propia todos los días. Por ello, el chileno es particularmente vulnerable a este tipo de relaciones públicas. El resultado es que cuando se juntan dos de estas personas, se crea una asociación simbiótica muy similar a la existente dentro de los grupos mafiosos.

Esto lleva a otra característica muy acentuada en los chilenos: el espíritu de mafia, el tribalismo. Eso se evidencia desde la gente del club dorado hasta las barras bravas del fútbol, pasando por los subgrupos de oficina o las tribus urbanas juveniles. En Chile cada grupo y subgrupo defiende su afiliación con uñas y dientes, haciendo causa común con su propia tribu en contra de cualquier extraño, el cual será chaqueteado y ninguneado sin piedad por el único pecado de ser un extraño. Los únicos exceptuados de esta persecusión son los visitantes anglosajones, debido a que el chileno promedio considera que la estatura bien delineada, la tez clara, el pelo rubio y los ojos azules son estándares de belleza, a pesar de que por raza el chileno promedio es más bien achaparrado, de tez morena, pelo negro y ojos pardos.

Pero usted, perplejo, podrá preguntarse cómo es posible entonces que Chile entero se abanderice con distintas causas, tales como la Roja de todos los chilenos (la Selección Nacional de Fútbol, llamada así por la camiseta oficial, valga la explicación si ud. es extranjero) o la Teletón. En realidad, estas dos causas nacionales se ven potenciadas por el tribalismo, no frenadas. En primer lugar, ambas implican la transferencia y reemplazo de la tribu propia por la tribu nacional, durante los días que dura el evento. En segundo término, en Chile el tribalismo y el espíritu mafioso son poco correctos políticamente porque van en contra del espíritu democrático que el chileno promedio trata siempre de predicar para quedar bien, aunque no lo haga efectivo en la práctica. Entonces, aplaudir a la Roja o contribuir con la Teleton sirve para obtener chapa de demócrata y nacionalista, y por lo tanto, permite negar el espíritu tribal en que vive el chileno promedio.

5.- JAMÁS TENER UN PENSAMIENTO U OPINIÓN PROPIOS.

En realidad, esta última clave para triunfar en Chile es casi un corolario de las cuatro anteriores. Si usted es mediocre, no necesita pensar por sí mismo, ya que es más fácil aceptar el pensamiento que viene elaborado de manera previa por los medios de comunicación, o por la gente a su alrededor. Si usted no debe mostrar excesiva competencia cuando trabaja, entonces no debe tener ideas geniales o revolucionarias en su oficina. Si usted se las ingenia para saltarse las reglas, además de seguir la tendencia nacional al respecto usted no puede incurrir en el error del mago que revela sus trucos. Y si usted hace relaciones públicas, por descontado que usted debe ajustar sus opiniones a las de su interlocutor, para que éste se sienta validado.

Por lo tanto, pensar por usted mismo en Chile no solamente es inútil, sino también contraproducente. Para sobrevivir en Chile, usted no debe exponerse ni a la cultura, ni a las artes ni a la filosofía. Usted no debe leer libros, no debe escuchar sino la música comercial de las radios, no debe acudir a exposiciones, no debe ver cine de calidad, y no debe saber una palabra de Historia. Lo que entre otras cosas significa que usted no debe ser un ciudadano de la Guillermocracia bajo ningún respecto. Si usted se expone a dichas influencias, entonces de manera inconsciente se le adherirán a su cerebro ideas o frases que hagan pensar. Y la gente en Chile no quiere pensar porque eso les significaría abandonar el área segura y confortable de la mediocridad. Peor aún, al pensar usted puede volverse peligrosamente competente, y por lo tanto se expondrá a la crítica, el chaqueteo y el ninguneo. O descubrir maneras más eficientes de hacer el trabajo, y con ello poner en peligro la escasa laboriosidad del resto de los chilenos.

Pero resulta que el analfabetismo funcional es muy mal visto en Chile, mientras que se ensalza el pensamiento creativo y el potenciar el desarrollo personal de la gente. La clave aquí una vez más es aparentar. En Chile toda la gente tiene una Biblia en la casa, y se ha leído el Quijote, sin riesgo de verse descubiertos cuando les pregunten si María de Magdala o María de Betania son la misma persona, o porque les pregunten por las penurias de Sancho en la ínsula Barataria, porque nadie está en condiciones de preguntar tales cosas: nadie ha leído esos libros. Chile está lleno de marxistas que no han leído a Marx, de neoliberales que no han leído a Friedman, y de cristianos que no han leído los Evangelios. Se limitan a repetir algunas ideas y conceptos pasados de segunda y tercera mano, sacados de los periódicos o de algún documental perdido en la televisión, y los repiten como si fueran verdades sacrosantas. Y se asombrarían lo suyo si es que tomaran los textos y descubrieran que mucho de lo que predican, sería criticado por las mismas gentes que ellos citan. No se ha investigado cuántos marxistas en Chile considerarían sostenible una dictadura del proletariado, o cuantos neoliberales están dispuestos a llegar con Friedman hasta las últimas consecuencias de despenalizar el consumo de drogas, o cuántos cristianos estarían dispuestos a seguir la ley judía tal y como Cristo declaró que debía hacerse en el nunca bien leído Sermón de la Montaña.

De ello deriva que el mundo cultural chileno en general sea vacío y triste. Chile está lleno de escritores a quienes nadie lee, en parte porque nadie lee nada para empezar, y en parte porque debido a esto, ellos mismos tienen la vara de la exigencia muy baja para saltarla. Lo importante en Chile no es tener ideas originales, sino copiar a la pata de la letra, pero a la chilena. Si se llevan las películas de artes marciales, hay que hacer una de artes marciales con todos los tics y señas de identidad del cine de Hong Kong, pero a la chilena. Si en el mundo fantástico extranjero está triunfando el Steampunk o la Fantasía Epica a lo Game of Thrones, hay que escribir Steampunk o Juego de Tronos, pero a la chilena. Si en la música triunfa el metal o la electrónica, hay que hacer lo mismo, pero a la chilena. Lo importante es incorporar el elemento chileno, aunque sea de manera postiza, para que la gente lo aplauda como algo original. No debe olvidarse que esas mismas gentes tampoco piensan porque son chilenos, y por lo tanto, no tienen idea de qué están aplaudiendo. Ni la tendrán, porque ésa será una obra que no leerán, una música que no escucharán, o una pintura que no verán. Lo importante es el aplauso para aparentar reconocimiento por el arte, no el consumo del mismo.

EPÍLOGO.

Espero que el hipotético extranjero que lea estas líneas, las esté abandonando con mucha mayor instrucción acerca de cómo debe guiar sus pasos en Chile para triunfar en ese país. Ahora bien, yo me pregunto muy en serio por qué un extranjero querría instalarse en un país de bárbaros tercermundistas con ínfulas de Primer Mundo para empezar. No sé si otros países desarrollados o en vías de desarrollo estén mejor, pero mucho peor no pueden andar, para tomarse la molestia de emigrar a Chile. En los hechos, los extranjeros que se instalan en Chile son bolivianos y peruanos, no europeos ni estadounidenses. Es significativo que a Chile no llegan a instalarse ni los colombianos, y eso que su país ha vivido en una guerra civil crónica desde hace una eternidad; es decir, los colombianos prefieren quedarse en medio del fuego cruzado de las FARC y el gobierno, que tomar el riesgo de hacerse vecinos en un país tan desastroso como Chile. La única importación masiva de extranjeros de otra nacionalidad son las modelos argentinas que, debido a la sobresaturación de siliconas en su país nativo, por rebalse terminan en los medios chilenos, mientras que casi no hay registrados casos a la inversa, de modelos chilenas que triunfen en Argentina, porque ni siquiera casándose con ex Presidentes han conseguido hacerse populares allá. En cuanto a quien estas líneas suscribe, no es un caso. Lo que diga el pasaporte es provisional, a la espera de que alguna potencia extranjera misericordiosa reconozca a la Guillermocracia como un país independiente; yo en mi corazón soy un guillermócrata, y por lo tanto, estoy exento de las presunciones que caen sobre los chilenos por el solo hecho de ser chilenos.

miércoles, 3 de julio de 2013

Superman 75 años (3 de 6): Su franquicia.

Superman en los cortos de Max Fleischer fue la primera adaptación animada del personaje.
 31. Superman fue el primer superhéroe en obtener su propia revista. La misma fue lanzada el año 1.939. En la actualidad no parece la gran cosa, pero en dicho tiempo, hacer eso significaba tenerle una confianza suprema a las posibilidades comerciales del personaje; esto habla bien a las claras de cuán popular fue Superman en ese tiempo. Con el paso del tiempo, el personaje de Superman terminó canibalizando Action Comics, que de ser una revista de antología, acabó transformándose en otra más sobre el mismo; de esta manera el personaje apareció en dos revistas paralelas llamadas Action Comics y Superman (Aventuras de Superman, en determinadas fases). Eso, por no hablar de su participación como invitado en numerosas otras revistas, u otros intentos de crear terceras o cuartas series simultáneas (por ejemplo, Man of Steel).

32. A medida que el personaje de Superman se hacía popular, surgieron también los intentos de capitalizarlo creando publicaciones para los personajes a su alrededor. En la Edad de Plata surgieron así Superman's Girlfriend Lois Lane, y Superman's Pal Jimmy Olsen, centrados en la relación de Superman con el personaje de cabecera. Esto se extendió también a las aventuras de Superman siendo todavía niño o adolescente, que dio origen a la revista Superboy, así como a la contraparte femenina de Superman, cuyas historias formaron parte de Supergirl.

33. Por otra parte, DC Comics tenía también los derechos sobre otro personaje icónico del cómic del siglo XX, en concreto de Batman, de manera que parearlos a ambos era cuestión de tiempo. Dicha colección fue World's Finest, que narraba aventuras conjuntas de Superman, Batman y Robin. Aunque en la actualidad World's Finest en sí está discontinuada, su lugar fue tomado con posterioridad por Superman/Batman. También debe considerarse que Superman es uno de los miembros fundadores y quizás el más importante de la Liga de la Justicia, la que también obtuvo su propia publicación, por lo que también tiene participación en las aventuras de dicha revista.

Portada de la revista World's Finest Comics número 20, invierno de 1.946.

34. En 1.940, Superman dio el salto a la radio. Inicialmente eran capítulos de 15 minutos, emitidos unas tres veces a la semana, con algunas variaciones, y fueron emitidos hasta 1.951. Técnicamente, por motivos de producción, son cinco series al hilo, pero se las suele considerar como una sola debido a la presencia constante del productor Robert J. Maxwell. La radioserie fue lo suficientemente exitosa como para durar 2.068 episodios en el aire, en una época en donde la radio era la reina de los hogares. Esta radioserie fue la que originó el famoso "¡Es un pájaro! ¡Es un avión! ¡Es Superman!" tantas veces citado y parodiado respecto del personaje.

35. Menos conocido es el hecho de que varios elementos canónicos del mito de Superman no nacieron en el cómic sino que en la radio. El más importante probablemente es la kriptonita. La idea de que un ser tan superpoderoso como Superman tuviera un talón de Aquiles que creara situaciones de peligro que infundieran emoción a la audiencia, era algo con lo que el propio Jerry Siegel coqueteaba, aunque no llegó a darle forma canónica. Dicho talón de Aquiles, la kriptonita, apareció por primera vez en la radioserie en 1.945; los dibujantes del cómic incorporaron la misma a la continuidad oficial en 1.949, y además empezaron a crear variedades de cuanto color se les puso a tiro, con efectos diferentes sobre Superman, para mantener la amenidad y frescura del cómic.

36. La radioserie también le dio su forma más o menos definitiva a un importante y algo minusvalorado personaje del mito de Superman: Jimmy Olsen. Su más remota encarnación fue un mandadero de unos diez años de edad llamado simplemente Jimmy, que hacía mandados para el Daily Planet. Pero su rol fue ampliado en la radioserie, incluyendo el darle su apellido Olsen, principalmente para que Superman tuviera alguien con quien conversar y crear lo que toda radioserie necesita con desesperación: diálogos. Jimmy Olsen como tal apareció en los cómics por primera vez en la edición de Noviembre y Diciembre de 1.941 de Superman, todavía como mandadero, y su estatus subió a aspirante a reportero recién en 1.954, además de que su edad fue cambiada desde un chicuelo travieso hasta un adolescente cercano a la veintena, que es como lo conocemos hoy en día.

37. Al poco tiempo, Superman dio el salto al cine. Lo hizo en una serie de cortos hoy en día míticos debido a su excelente calidad de producción; además, es la versión animada más fiel al personaje original, tal y como lo concibieron sus creadores. Dichos cortos fueron producto de los Estudios Fleischer, que ya habían tenido sendos éxitos llevando a Popeye y Betty Boop al cine. Marcaron también la primera vez que un superhéroe fue presentado en el cine; en la época todas las caricaturas eran comedias, y realizar una caricatura de acción era algo que rompía todos los estándares. Parte importante de la asombrosa calidad de animación de dichos cortos radica en que fueron elaborados por rotoscopía, esto es, rodaron a modelos de verdad moviéndose y gesticulando, para luego dibujar las animaciones sobre los fotogramas obtenidos; este procedimiento es por supuesto bastante caro, y por lo tanto, no demasiado utilizado en la animación comercial. Un aspecto significativo en que esta serie contribuyó al mito de Superman, fue que los animadores consideraron que ver al superhéroe dando supersaltos lo haría parecido a un canguro ridículo, de manera que cambiaron esto y le confirieron la capacidad de volar, que no estaba en su stock original de superpoderes. De esta manera quedó configurado el listado de superpoderes (superfuerza, invulnerabilidad, vuelo) que toda imitación o parodia de Superman debe tener como paquete básico. Huelga decirlo, el superpoder de volar añadió suficiente espectáculo como para pasar al mundo del cómic.

Superman en los cortos de Max Fleischer.

38. Hubo que esperar hasta 1.948 para tener al primer Superman de carne y hueso. Fue en una serie dominical por episodios. Kirk Alyn pasó a ser así el primer actor en encarnar físicamente (más allá de la voz) al llamado Hombre de Acero, aunque como humillación suprema, le acreditaron sólo como Clark Kent debido a que pensaban que nadie debería saber quién interpretaba al superhéroe mismo. Aunque en otros respectos es una serie bastante convencional, tiene el mérito de haber escenificado por primera vez el origen de Superman, destrucción de Krypton incluida. Por otra parte, la industria de efectos especiales todavía no tenía medios suficientes como para hacer creíble al personaje, y para las escenas de vuelo recurrieron a técnicas de animación más o menos inspiradas en los cortos de Fleischer, lo que por supuesto genera resultados bastante bizarros. Cosa curiosa, el villano más recurrente de Superman que es Lex Luthor no es presentado en lo absoluto. Nada de esto impidió que esta serial se transformara en la más rentable de todos los tiempos. Lo que originó una secuela llamada Atom Man vs. Superman, de 1.950, en la que sí Lex Luthor es el villano. Se habló aún de una tercera serial, pero el género estaba agonizando por la creciente competencia de la televisión, y dicha idea pronto fue abortada.

39. En 1.951 se estrenó la primera película de Superman propiamente tal, estrenada en México como Superman contra los hombres ratones. En realidad, la intención era probar la posibilidad de invadir un nuevo medio: la televisión. La jugada salió redonda y George Reeves, el actor que había interpretado a Superman para la ocasión, dio el salto a la primera serie televisiva basada en el personaje. La misma duró entre 1.952 y 1.958, y debido a tomar material de manera prácticamente directa desde los cómics, es considerada como la adaptación más canónica del Superman de la Edad de Plata. Incidentalmente, la serie televisiva hizo tan popular al personaje Jimmy Olsen, que llevó de manera directa a la creación de un cómic spin-off llamado Superman's Pal Jimmy Olsen, que ya hemos mencionado más arriba. Desgraciadamente comenzó a formarse el mito de la maldición de Superman, y George Reeves terminó afrontando una muerte misteriosa que nunca ha terminado de esclarecerse como suicidio y asesinato; el director Ben Affleck rodó en 2.007 una película llamada Hollywoodland, que dramatiza dichos eventos.

George Reeves encarnando a Superman en la primera adaptación televisiva del personaje.

40. Créase o no, Superman hizo también su salto al musical. En 1.966 se estrenó It's a Bird, It's a Plane, It's Superman, obra de Charles Strouse, mejor conocido probablemente por Annie. El musical incluso fue filmado y exhibido en televisión. No fue la última incursión de Superman en el mundo de la música, canciones dedicadas o alusivas al personaje aparte. Ya en la década de 1.990 se compuso una sinfonía en cinco movimientos llamada Metropolis Symphony, obra de Michael Dougherty. Con independencia del gusto por la música moderna o lo heterodoxo de la temática para una pieza de música clásica, los nombres de los movimientos no tienen desperdicio: Lex, Krypton, MXYZPTLK, Oh Lois! y Red Cape Tango...

41. Las décadas de 1.960 y 1.970 vieron también un renacer de Superman en la animación, ahora para televisión, lo que no es raro si se considera el tema de los efectos especiales. Los estudios Filmation, temibles y temidos por su implacable política de recortes presupuestarios, nos entregaron Las nuevas aventuras de Superman, que consistían en media hora con tres cortos; el primero y tercero referían aventuras de Superman, mientras que el segundo intercalaba historias referidas a Superboy. La década siguiente lo vio como parte permanente de la siempre cambiante alineación de superhéroes presentados en Los Superamigos, que con distintos títulos en inglés se extendió entre 1.973 y 1.987.

42. Aparte de la serie dominical sobre Superman, el salto al cine demoró hasta los 40 años del personaje. Llegó finalmente con la película Superman, producida por Alexander e Ilya Salkind. Protagonizada por Christopher Reeves, fue un éxito absoluto de taquilla, y creó el esquema moderno de lo que debe ser una película de superhéroes: una historia de los orígenes del personaje, presentación del elenco principal de personajes así como del villano, y finalmente ejecución del plan diabólico del villano que llevará a la inevitable batalla entre el bien y el mal. Como ya he publicado una Interminablelogía con las películas de Superman, no me extenderé más.

Christopher Reeves encarnando a Superman en la película de 1.978.

43. El 12 de Septiembre de 1.993 debutó un interesante nuevo enfoque para el personaje. La serie Lois & Clark: Las nuevas aventuras de Superman cambió el foco desde lo superheroico hacia lo cotidiano. En efecto, más que una serie de aventuras era una comedia romántica, en la que sucedía que los dos integrantes masculinos del triángulo amoroso eran en realidad una sola persona, y un superhéroe por añadidura. La serie ayudó algo a limpiar la imagen de Lois Lane como novia eterna de Superman, ya que en el curso de la misma Lois termina descubriendo el secreto de la doble identidad de Clark Kent; esto ya había ocurrido en los cómics, pero por lo mismo no era un hecho conocido más allá de los lectores frikis. Más adelante Lois y Clark incluso contraen matrimonio, evento que también ocurrió en los cómics, pero mucho después; se dice que DC Comics estaba justamente planificando la boda de ambos cuando llegó la noticia de que eso era un inconveniente para los productores de Lois & Clark, que estaban trabajando en lo mismo, por lo que DC Comics cambió de rumbo y programó otro evento distinto para el personaje... La muerte de Superman.

44. El año 2.001, primero del siglo XXI, vio aún otro giro en la televisión para Superman: la serie televisiva Smallville revisitó los orígenes del personaje, y su trayectoria vital desde que comienza a descubrir su herencia kryptoniana y superpoderes, hasta que termina abrazando de manera plena su identidad superheroica como Superman. La serie partió en un minuto en donde las cadenas televisivas buscaban clones de Buffy la Cazavampiros, y su primera temporada de hecho sigue un esquema muy parecido, con un joven con superpoderes que debe luchar contra el monstruo de la semana. Pronto, con la creación de arcos argumentales propios y la incorporación creciente de elementos míticos del personaje, tales como Lois Lane, Supergirl o archivillanos del cómic, Smallville terminó adquiriendo personalidad propia, durando la increíble cantidad de diez temporadas en el aire. No todas bien recibidas, eso sí.

45. Pero de las apariciones de Superman en otros medios, quizás la más interesante sea la presentada en el Universo Animado DC. En 1.998, para el aniversario número 60 del personaje, fue lanzada Superman: La serie animada, que en muchos aspectos puede verse como una versión definitiva del personaje en dibujos animados. La serie televisiva presenta no sólo una convincente galería de villanos y un espectacular Lex Luthor como villano principal, sino que también explora varios temas relacionados con la identidad de Superman y su rol en el mundo. Después de cancelada la serie, dicha versión del personaje siguió dando vueltas en la serie animada La Liga de la Justicia. En ella se sigue el paso lógico en la personalidad de un salvador mesiánico, haciéndolo cada vez más autoritario e intransigente, hasta el punto que en una memorable escena, Green Arrow le recuerda que quizás haya un punto en temerle, porque cualquier día Superman puede intentar imponer su visión de lo que es la justicia por la fuerza, y ése sería el día final de la Humanidad. Como también he escrito y publicado una Interminablelogía sobre el Universo Animado DC, no seguiré adelante.

Próxima entrega de Superman 75 años: SUS LÍMITES. ¿Qué tan superpoderoso es Superman? ¿Qué límites tiene Superman a sus superpoderes? ¿Por qué si Superman es tan superpoderoso, no ha cambiado el mundo? Nos referiremos a todos esos temas en la próxima entrega de SUPERMAN 75 AÑOS, el próximo Miércoles 7 de Agosto, aquí en la Guillermocracia.

Superman y Lois Lane, tal y como fueron presentados en Superman: La serie animada de 1.998.
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