domingo, 2 de junio de 2013

"1000 maneras de morir": Alguna puede ser la tuya.


Entre los programas televisivos más insólitos de los primeros años del siglo XXI, está 1000 maneras de morir. El programa es la joya de la corona del canal Infinito, que alguna vez justificó su nombre por dedicarse a los OVNIs y lo paranormal, y que hoy por hoy se defiende con reality shows como Cheaters en donde se burlan con sal y limón sobre la herida de los adúlteros, Operación rescate en donde se burlan con sal y limón sobre la herida de los embargados que trataron de vivir por encima de sus posibilidades... Y 1000 maneras de morir en donde se burlan con sal y limón sobre la herida de los muertos. Al menos estos últimos no sufren.

El programa fue emitido entre 2008 y 2012. Su estructura básica es sencilla. Se abre con el adelanto de algunas escenas de lo que veremos en el capítulo, acompañadas con la correspondiente narración sarcástica en off. Luego viene un mensaje de advertencia que gentilmente nos recuerda que veremos escenas muy gráficas, y que no deberíamos intentar hacer las cosas del programa en casa porque moriremos. Obvio, pero necesario en un mundo cuya televisión es capaz de parir y tener éxito con cosas como Jackass. A continuación vienen seis o siete segmentos que siguen todos una estructura básica. Primero se nos informa del lugar y la fecha del incidente. Se nos presenta al fulano que está en sus últimos minutos sobre esta Tierra, y se nos remarca con la inevitable narración sarcástica que el sujeto es un mala clase de cuidado, para que no nos sintamos mal cuando muera. Se intercala un rapidísimo inserto en el cual un sujeto nos explica algo relacionado con la conducta o el trabajo de la futura víctima, a veces informativo y a veces relleno necesario. Luego hay dos escenarios posibles. El primero es que el sujeto hace algo increíblemente estúpido, algunas veces por estar bajo la influencia de las drogas y a veces sólo por ser un tarado. El segundo es que hace algo malvado para perjudicar a otros o simplemente por salirse de la línea de la decencia y la moral. En ambos casos, la actividad de turno se les vuelve en contra de la manera espectacular que es obvia para cualquiera que haya prestado atención al título de la serie: el sujeto muere. Viene un segundo segmento en que se hace una recreación computacional del interior del cuerpo humano siendo basureado por la causa de muerte respectiva, acompañado con una descripción médica de cómo los huesos quebrados o astillados rasgan los órganos y ocasionan hemorragias internas, o de cómo el cerebro rebota dentro del cráneo y genera una hemorragia intracraneana, o de cómo el sistema nervioso a la altura de la base del cuello se desconecta por el traumatismo. Luego vemos al sujeto muerto con la narración en off recordándonos que el tipo era un mala clase y se merece lo suyo. A continuación de lo cual viene un Muerte número... seguido de un número, y un chiste malo para terminar, que por lo general es un juego de palabras en inglés imposible de traducir al castellano.

La gracia del programa estriba por supuesto en ver a un alegre desfile de pobres diablos y gente despreciable, muriendo en medio de las aclamaciones del narrador y del público porque recibieron lo que se merecen. Como de costumbre, los alemanes tienen una bella palabra para esto: lo llaman Schadenfreude, literalmente regocijarse con el dolor ajeno. Todos sabemos que está mal disfrutar con la desgracia del otro, pero eso no impide que nuestra cultura popular esté permeada y asaeteada por todas partes con dicho sentimiento. Hay un poco de esto por ejemplo en toda historia de acción en donde esperamos que el villano tenga una muerte cruel y dolorosa al final; cualquier castigo inferior se nos antoja poco, en particular si el villano ha cometido grandes tropelías antes. Después de todo lo seguimos sintiendo, y tener una ficción de esa naturaleza es un escapismo inocente. El mecanismo es simple: puede que uno esté mal, pero siempre hay uno que está peor. Y que se lo merece, además. En la Edad Media había teólogos que sostenían que el placer de los salvados en el Cielo sería ver las torturas y el castigo eterno de los condenados en el Infierno; este programa sería un poco como la versión secular del mismo tema.

En ese sentido, 1000 maneras de morir puede ser visto como el programa Schadenfreude definitivo. ¿Qué Schadenfreude más extremo puede existir, que atestiguar una galería de muertes al mismo tiempo crueles y merecidas? Todos hemos tenido que sufrir un jefe irritante, un bruto machista, una bruja histérica, un marido o esposa infiel, un ladrón, un vendedor de drogas, un timador, etcétera, y probablemente varios de ellos en combinación. Todos, quién más y quién menos, nos gustaría ver a esos infelices castigados. Y 1000 maneras de morir castiga a su gente de manera extrema. Como el ladrón cuya cabeza termina clavada en un inyector de agua a presión que le revienta el cráneo desde adentro por ejemplo. Es cruel regocijarse con eso, pero luego usted se acuerda de ese otro ladrón que hace uno o dos años atrás lo asaltó en plena calle, se figura que el ladrón muerto de la televisión es el mismo... efecto conseguido.

Por otra parte, este no es un programa recomendable para paranoicos. Algunas maneras de morir son bastante raras y rebuscadas, como por ejemplo la chica que se excitaba sexualmente cuando le vomitaban encima. Pero otras son bastante cotidianas: puñaladas, balazos, atropellos, caídas... Maneras de morir que podrían ser la suya o la mía. Mientras más y más capítulos desfilan por los ojos del espectador, más posible es que éste se ponga un poco más precavido a la hora de sacar el llavero, no sea cosa que una de las llaves salte porque el llavero estaba oxidado o el tunante nunca lo cambió por uno nuevo, y que la llave se inserte en el ojo y llegue hasta el lóbulo frontal del cerebro, matándolo de una infección tetánica en el centro de esto o aquello del encéfalo. Al final, usted terminará rogando porque la historia de su muerte no aparezca en el programa, con un técnico explicando como esa llave de la puerta de su casa le causó a usted una hemorragia intracraneana, y con el narrador sarcástico informando a la audiencia que usted era una mala persona por una razón y otra, y riéndose de su cadáver más encima.

Porque ese es otro aspecto interesante del programa: su concepto de mala gente es bastante estadounidense, por decirlo así. En un capítulo, un amish muere por intoxicación alcohólica. Una persona de mentalidad liberal podría preguntarse qué de malo hay en eso. Es una muerte con moraleja: si usted practicasuna confesión religiosa, no beba. O mejor no beba y punto. La cantidad de muertos por sexo es también bastante alarmante, y por lo general es sexo adúltero o con prostitutas, o ambos, no casto sexo dentro de las santas murallas del matrimonio. Por cierto, si a usted le excitan sexualmente las gordas, deberías abstenerte, por lo que ocurre en cierto otro capítulo... Por su parte, al menos el programa tiene el buen gusto de presentarnos a varios rednecks entre sus filas de ataúdes, lo que compensa el exceso de moralina presente en otras historias. Porque todas las culturas deben ser respetadas, claro, pero que los rednecks sean cultura es algo como mínimo debatible.

El aspecto de realismo del programa es bastante cuestionable. El mismo reclama que todas las muertes están basadas en hechos reales. Aunque siempre queda en el aire la idea de que si hubieran tantas y tan gráficas muertes allá afuera, más de alguna la conoceríamos por otros conductos regulares, lo que no parece ser el caso. Al menos la parte médica parece estar bien, dentro de mi ignorancia sobre el asunto. Lo que sí no es realista, es que cada muerte en donde hay involucrada una chica, aparece una actriz con proporciones de escándalo y con lencería bastante reveladora, en vez de una ciudadana promedio con una bata de levantarse percudida después de diez años de uso; de todas maneras, éste no es un aspecto del programa por el que yo me sienta insatisfecho.

Pero en definitiva, el programa es exigente. La gente asquienta a la sangre y al desparramo de vísceras debería abstenerse de verlo. O la gente infectada de pensamiento correcto, que piensa que está mal reirse de la desgracia ajena. 1000 maneras de morir es televisión de calidad, porque ¿acaso no le aplicamos el epíteto a los programas que exigen lo suyo de los espectadores?

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails