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miércoles, 22 de mayo de 2013

Quién ganará el Juego de Tronos: Siete candidatos posibles.


A estas alturas, la saga de novelas de Canción de Hielo y Fuego escrita por George R.R. Martin, y su correspondiente adaptación televisiva Game of Thrones son la punta de lanza de la Fantasía Epica. Que de épica tiene más bien poco, porque no hay personajes más grandes que la vida luchando en empresas nobles e imposibles para imponer el bien y la justicia. Si acaso es épica, es por la cantidad de personajes y escenarios a la vista, eso sí. De todas maneras, esto no es El Señor de los Anillos. Como todos saben, la saga gira en torno a los conflictos en torno al Trono de Hierro, a quién lo ocupará, quién será el más malvado, manipulador y maquiavélico para quedárselo y aplastar con mano de hierro a todos sus enemigos. Con muchas mujeres desnudas de por medio. El sueño de todo friki promedio.

Y aquí en la Guillermocracia nos apartaremos brevemente del carácter más serio de las publicaciones de nuestra Oficina Editorial del Ministerio de la Cultura, y haremos un poco de especulación. Un poco en serio y mucho en broma, eso sí. Y con algún spoiler suelto, también. Lo que haremos será una cábala. O un intento de cábala. Porque faltando supuestamente dos novelas para el final, y una interminable cantidad de temporadas en la televisión, podemos preguntarnos quién será el ganador. Nosotros no nos atrevemos a señalar a alguien con el dedo, en parte porque los candidatos son muchos y en parte porque señalar con el dedo es feo y si el apuntado resulta ser el futuro rey, podría mandarlo a cortar. Y los dedos no crecen en los árboles. Por eso, nos limitaremos a ofrecer siete candidatos posibles a triunfar en el torneo llamado el Juego de Tronos, y cuyas reglas son o ganas o mueres. Ustedes podrán elegir el que les parezca el más razonable, o sugerir el suyo propio.

Mi lista de los siete candidatos mejor aspectados para ganar el Juego de Tronos:

1.- TYRION LANNISTER. Obvio. De cajón. Es el personaje más carismático de la saga, y además es el único enano. Considerando la afición que tiene George R.R. Martin para subvertir cuanta idea preconcebida tengan sus lectores sobre los tópicos del género, poner a un enano de andares graciosos sentado en el Trono de Hierro mandando siete reinos, todo el continente desde el Muro hasta las planicies del este, en vez de un guerrero de aspecto cuidadamente salvaje que vuelva locas a las mujeres como un modelo Aragorn, eso tiene un punto de ironía muy difícil de ignorar. Además, Tyrion Lannister cumple un requisito esencial para perfilarse como candidato casi seguro a la victoria: al final del quinto tomo, el último publicado hasta el momento de escribir esto, sigue vivo. O eso me han dicho, a lo menos. No pienso sentarme a leerlo para confirmar este aserto. De todas maneras, en manos de un autor como George R.R. Martin, tan dado a despachar, matar, asesinar, mutilar, desmembrar, envenenar, decapitar y convertir personajes en carne de caminante blanco, esto es un mérito.

2.- LA BANCA INTERNACIONAL. A diferencia de El Señor de los Anillos, en donde los humildes son bien provistos cultivando una tierra abundante y feraz, y los poderosos se dan la buena vida gracias a la magia, en Westeros lo que vale es el dinero. Algunos lo tienen, algunos lo tienen en cantidad, y los más apenas se mantienen a flote en el nivel de supervivencia. En apariencia, Westeros es una economía productiva con algunas incipientes redes comerciales, aunque sin negocios transnacionales a gran escala. Los que operan como banqueros y tesoreros son las casas reales, que de todas maneras hacen su agosto prestando el dinero y cobrándolo después con intereses o en favores políticos. Dentro de este panorama, da un poco lo mismo quién gane el Juego de Tronos: si el rey no se doblega ante los caprichos de los banqueros, éstos pueden contratar ejércitos mercenarios y levantar casas enteras para crear una guerra civil y cobrarse. De hecho, éste es el modus operandi de los Lannister, que en el campo de batalla dan asco, pero que pueden darse el lujo de perder batalla tras batalla tras batalla porque tienen una cantidad de dinero obscena para invertir en nuevas tropas y refuerzos, y seguir resistiendo hasta dejar exhausto a cualquier enemigo. Salvo algún otro enemigo con dinero. El nombre del monigote sentado en el Trono de Hierro importa tan poco como el del Presidente de la República, de cualquier república: lo que importa es que haga como que gobierna, dicte leyes de parche que no cambien nada que favorezca a los de siempre, financie algunos programas sociales para que la economía no se vaya a la quiebra, y deje las manos libres a los banqueros para seguir profitando a sus anchas, en vez de cobrarles impuestos o ponerles regulaciones. Además de rescatarlos cuando a los banqueros se les vaya la pinza. Dicho más crudo: la política es espectáculo de marionetas, el verdadero poder está en la economía.

3.- NADIE. La otra muy posible opción. Veamos. Desde la primera página y desde la primera escena se nos viene advirtiendo que el invierno viene. En Westeros, el invierno acarrea consigo a los caminantes blancos, que con o sin el nombre, en el fondo son una versión de los zombis de toda la vida. Y a lo largo de cinco tomos y varias temporadas televisivas, a pesar de que todos saben que el invierno se aproxima, nadie está tomando medidas para asegurar los siete reinos de cara a una posible invasión zombi. Está la Guardia Nocturna al norte, pero ellos no lucen como espartanos o gurkas precisamente. Si es por llevar la contra a El Señor de los Anillos y su final en donde los buenos vencen, el mal es destruído y los reinos se salvan... ¿qué mejor final podría inventarse George R.R. Martin que, por la imprevisión de los aristócratas de los siete reinos, llega un invierno particularmente crudo, seguido de una avalancha de zombis, y todos los personajes terminan muertos? Quizás al final, el que se siente arriba del Trono de Hierro sea un zombi sin nombre ni identidad. Comiéndose los sesos de Cersei Lannister como canapé, porque de ese cráneo no sale para un almuerzo completo.

4.- UNA ABOMINABLE ENTIDAD CÓSMICA. No lo llamamos Cthulhu por razones obvias, pero en el fondo, es Cthulhu. O Azathoth. O Nyarlathotep. El monstruo lovecraftiano que prefieran. Después de todo, si hay gente haciendo campaña para Cthulhu 2.013 porque por qué votar por el menor de los males, entonces bien Cthulhu puede sentarse en el Trono de Hierro. O engullirlo. Por un tema de originalidad, George R.R. Martin lo llamaría con otro nombre, pero sería grande, espantoso, lleno de tentáculos y con conexiones con dioses ancestrales del abismo del tiempo y espacio. Esta abominable entidad cósmica mora más allá del Muro, y los zombis son sus acólitos, así como los profundos de R'lyeh son los seguidores de los Primordiales. También sería un final irónico y antiseñoraníllico: los Mitos de Cthulhu con su materialismo rampante y su confesada incapacidad para trazar una mitología porque son horrores excecrables para la mente humana, está justo en las antípodas de la delicada y bien detallada mitología paracristiana de Tolkien.

5.- JESUCRISTO. George R.R. Martin se ha dedicado a subvertir cuanta expectativa se le ha puesto a tiro, de cara a los lectores, matando personajes queribles y queridos a destajo, eliminando la magia y reintroduciéndola después, creando algunas de las muertes menos heroicas de la Fantasía Epica, cambiando las grandes batallas por la intriga de salón, y en general destruyendo a machetazo limpio cuanto rastro de idealismo pueda haber en el género, reemplazándolo con materialismo, cinismo y maquiavelismo. A estas alturas, eso es lo que esperan los lectores de George R.R. Martin: más cinismo. ¿Qué podría entonces ser más subversivo, que tener al final la gran revelación de que todas las novelas están describiendo una especie de Apocalipsis en Narnia, y que todo lo que estamos leyendo o viendo son dolores de parto antes de la Segunda Venida de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo? Y hablamos de Jesucristo en persona aquí, no un sucedáneo escapado del zoológico como Aslan, para refregarse aún más en la cara de los lectores. El escritor ya está viejo, y lo que mejor saben hacer los viejos es saltarse a la pata coja cualquier cosa de las que se esperan de ellos; después de todo, si después se lo critican, no les quedan toda la expectativa de vida de Jaime Lannister para vivir cubiertos de oprobio y ataques.

6.- GEORGE R.R. MARTIN. Admitámoslo. Da lo mismo quién termine sentado en el Trono de Hierro. Podría ser un Lannister, podría ser un Stark, podría ser un Borbón. Las cosas en Westeros no van a cambiar porque una dinastía u otra se ponga a gobernar. Es como el Imperio Bizantino, que durante mil años tuvo cerca de quince dinastías, pero la vida en Constantinopla no evolucionó la gran cosa desde los tiempos de Constantino hasta la conquista otomana. Entonces, ¿quién terminaría siendo el ganador? George R.R. Martin. O mejor dicho, su talonario de cheques. Porque después del éxito insano que ha tenido con sus tochos, es poco probable que muera pobre de solemnidad. Mencionemos de paso también a sus herederos. Después de todo, si los herederos de Frank Herbert se han sacado once libros adicionales y contando a partir de unas notitas aparecidas supuestamente entre los papeles del viejo cadáver, y Christopher Tolkien se ha hecho la vida matando más árboles que su padre al publicar los papeles de la Tierra Media, por qué los herederos de George R.R. Martin iban a ser menos...

7.- TÚ. Esta es la respuesta para todos los partidarios de lo que importa no es el destino, sino el viaje. En realidad, si han leído cerca de cinco mil páginas repartidas en cinco novelas, o seguido una cantidad de episodios televisivos, y han seguido adelante de manera heroica a pesar de que la trama se alargaba y el elenco de personajes se abría como abanico, entonces es porque estaban de verdad enganchados a la gran pregunta. Si George R.R. Martin consigue ponerle término a su saga sin que su corazón proteste y se bote a huelga primero, matándolo, entonces tendrás la gran recompensa de que todo el tiempo invertido, todas las horas de lectura, todas las veladas frente al televisor o al computador, llegaron hasta un punto final. El ganador del Juego de Tronos, sea quien sea, lo habrá logrado gracias a la paciencia y constancia en intrigar y sortear intrigas enemigas durante años del universo narrativo, y vivirá esa recompensa como un triunfo supremo, y algo de esa experiencia vicaria llegará hasta ti, por la paciencia homóloga en seguir y aguantar, seguir y aguantar, seguir y aguantar. Ya puedes sentirte un triunfador.

4 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Justo cuando yo creía que ibas en serio con tu listado al comenzarlo con Tyrion, me encuentro con una tomadura de pelo de tu parte que me ha hecho sonreír harto. La verdad es que mis favoritos están entre el mismísimo Tyrion, Daenerys o Gendry junto a Arya (una vez que ambos se casen, je).

Guillermo Ríos dijo...

Lo que más me preocupa es que al final la realidad termine imitando al arte, y lo que partió siendo escrito como un artículo semiparódico al final termine haciéndose realidad. Yo no me quejo porque si eso llega a suceder, puedo ponerme una camiseta que diga "yo siempre lo supe" con grandes caracteres góticos, pero por supuesto sería algo deprimente que yo con este artículo le hubiera acertado al final de pura casualidad.

Daniel Isaac dijo...

Daenerys quedara en el trono y Tyrion será la mano...

Guillermo Ríos dijo...

Supuesto de que sobrevivan hasta la última página. Porque con la cantidad de muertos que Mr. Martin ha ido dejando en el camino, las últimas páginas van a ser más parecidas a Náufrago con Tom Hanks que a la coronación de Aragorn, si me preguntan...

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