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domingo, 5 de mayo de 2013

Maquiavelo rockstar: 500 años de "El Príncipe".


Hace 500 años, en 1513, Nicolás Maquiavelo escribió uno de los tratados políticos más famosos de todos los tiempos: El príncipe. La obra ha sido celebrada, enaltecida, y también atacada y vilipendiada con apasionamiento y virulencia muy inusuales. El término maquiavelismo se ha vuelto incluso sinónimo de astucia, doblez y perfidia, tal y como lo dice la Real Academia Española. Idea que ha sido vulgarizada con la frase el fin justifica los medios, que por supuesto nunca fue dicha por Maquiavelo en el sentido que usualmente se le asigna.

En la realidad, Nicolás Maquiavelo no fue una eminencia gris ni un opaco poder detrás del trono. El Maquiavelo histórico fue un oscuro funcionario florentino, con un grado de cultura y erudición que le permitían moverse por los altos círculos de la ciudad de Florencia para la que trabajaba. Escribió varias obras bastante doctas, como por ejemplo una historia de Florencia y unos comentarios acerca del sistema político republicano, so pretexto de comentar al historiador romano Tito Livio. Son obras interesantes, pero que no podríamos considerar la obra de un genio literario o histórico. Su propio nivel cultural era muy bueno para la época, pero a diferencia de otros intelectuales de su tiempo no dominaba el griego, y por lo tanto, casi todos sus referentes vienen de obras escritas en latín. Maquiavelo entró al servicio público de forma casi contemporánea al golpe de estado que sufrió Florencia en 1.494; en dicho año los florentinos se rebelaron contra el gobierno de la familia Médicis y la expulsaron de la ciudad. Los Médicis habían mantenido las formas tradicionales de la República, pero habían amasado tanto poder que aunque se mantenía el sistema constitucional, en la práctica era una dictadura. La expulsión de los Médicis creó así un régimen un poco más republicano, y más fiel a la institucionalidad florentina. Es para dicho nuevo régimen que Maquiavelo entró a trabajar.

En 1.512, como resultado de varias circunstancias, los Médicis consiguieron volver a entronizarse en Florencia. Su líder era Lorenzo el Joven, nieto del famoso Lorenzo el Magnífico, quien no abolió la República de manera formal, pero instaló a sus partidarios en todos los cargos, lo que equivalía en efecto a un golpe de estado. Todo el personal relacionado con el antiguo régimen terminó en la calle en el mejor de los casos, o en el exilio en el peor. Maquiavelo por su parte debió sufrir la cárcel, y también la tortura, pero como no se le probó ninguna actividad conspirativa contra los Médicis, el gobierno se conformó con desterrarlo a su finca campestre en los alrededores de Florencia, con prohibición de pisar la ciudad.

Para congraciarse con el nuevo gobierno, Maquiavelo intentó escribir un tratado que al mismo tiempo fuera útil al nuevo gobernante, y además sirviera para exhibir su capacidad intelectual. Esto explica las peculiares características de El príncipe. El tratado fue escrito en italiano, no en el latín habitual de los eruditos de su época, y además con un lenguaje y razonamientos muy sencillos, desprovistos de florituras y exceso de citas a los autores cultos. De ahí que el contenido puede resultar algo decepcionante, ya que son en realidad sentencias y máximas de sentido común, en vez de un tratado de razonamientos gruesos o complicados. Aunque si todos los gobernantes tuvieran sentido común, el mundo sería muy diferente. Lorenzo el Joven mismo no parecía tenerlo, y la restauración de los Médicis fue conflictiva en el mejor de los casos; en los hechos serían expulsados una vez más de Florencia en 1.527, ya muerto Lorenzo el Joven, pero sólo para regresar algunos años después, y esta vez para gobernar la ciudad hasta el siglo XVIII.

Fue la misma sencillez de El príncipe lo que le garantizó una popularidad de la que no gozaron otros tratados similares. Cualquier persona puede leerlo y entenderlo sin demasiada dificultad ni conocimientos teóricos. Pero a esto se suma que Maquiavelo hace un análisis descarnado de la política. De manera expresa dice que no se referirá a lo que es ético o no en política, sino a aquello que funciona para mantener a un príncipe en el poder. Es por lo tanto un verdadero manual de consejos para adquirir poder, conservarlo y acrecentarlo. Se ha dicho que El príncipe no se refiere a lo que los gobernantes deberían hacer, sino a lo que en efecto han hecho desde que los gobiernos existen como tales. De ahí que el libro haya resultado tan polémico, ya que se infiere de su lectura la enorme hipocresía de los gobernantes con miras a obtener el poder a toda costa.

Es interesante mencionar al respecto que Maquiavelo nunca planteó que el fin justifica los medios en el sentido moral o ético que lo planteamos. En realidad el tema ético importa bien poco en El príncipe, y por lo tanto, ni justifica ni deja de justificar el uso de determinadas maniobras arteras y traicioneras. Quizás la mejor manera de entender la posición de Maquiavelo al respecto, es tener presente que a veces para conseguir determinados fines, no cabe elección en los medios, lo que en definitiva se traduce en que un príncipe debe ensuciarse las manos. De ahí la célebre expresión maquiavélica de que los profetas armados obtienen el éxito y los profetas desarmados son derrotados. Maquiavelo incluso insta a los príncipes a hacer el bien, sólo que les advierte que a veces hacer el bien es contraproducente porque la naturaleza humana misma es malvada, y por lo tanto el camino a escoger implica a veces prescindir de remilgos morales. Maquiavelo no defiende que el bien supremo es conseguir el poder: sólo defiende que a veces se debe elegir entre el poder o el bien supremo, y que la mayor parte de las veces no se pueden tener ambos al mismo tiempo.

Esto no quita que muchos autores posteriores hayan desarrollado una significativa aversión hacia Maquiavelo. El personaje se hizo un blanco fácil para todos quienes quieren obtener patente de santo: una manera segura de darse ínfulas de superioridad moral es atacar a Maquiavelo por defender principios carentes de ética. Y de manera superficial, una lectura interesada de El príncipe podría dar esa impresión. No es casualidad que durante su primer medio siglo de vida, El príncipe pasara absolutamente desapercibido. Los primeros ataques que recibió el tratado surgieron recién en la segunda mitad del siglo XVI, cuando a consecuencias de los dramas de la Reforma y el escándalo de la Iglesia renacentista, una oleada de moralidad invadió a Europa. Maquiavelo recibió ataques de los escolásticos españoles desde el campo católico, y por lo teóricos hugonotes franceses por el protestante. En el siglo XVIII, Federico el Grande de Prusia publicó un tratado llamado expresamente El Antimaquiavelo, destinado a probar cómo el florentino estaba equivocado en todo; por supuesto que lo escribió antes de ascender al trono, o mejor dicho, se sospecha que el filósofo francés Voltaire obró como escritor fantasma del delfín prusiano, ya que después de heredar la corona de su nación, Federico el Grande fue tan maquiavélico como todos los otros gobernantes contemporáneos, si no más.

En definitiva, alrededor de El príncipe hay mucha mitología, hay un fuerte malentendido sobre sus alcances, y también hay una leyenda negra alimentada por el hecho de que, a pesar de ser una lectura relativamente simple en comparación a otros tratados renacentistas, nadie se toma la molestia de leerlo. El libro debe ser tomado en su contexto y dentro de sus alcances más o menos modestos. No revela cosas que el lector desconozca sabiendo de Historia. Es útil como recordatorio de cómo funciona el mundo. Y desde luego que no es un tratado de ética o moral. Teniendo todas estas cosas en consideración, es posible disfrutar y valorar en su justa medida una obra que, siendo interesante de por sí, ha resultado más influyente por el odio que ha generado, que por la misma obra en sí.

2 comentarios:

George Llerena Torrico dijo...

Excelentísimo y bien detallado artículo, Guillermo. Me topé con tu blog ayer y estoy disfrutando como loco tus entradas.

...Y es también curioso que Maquiavelo se haya basado para escribir su obra magna, no en uno de los gobernantes italianos de su tiempo, ni en una reunión de características en un príncipe salido de su imaginación...sino en su amigo personal, César Borgia, el hijo de Alejandro VI. Uno de los hombres más cuestionados, implacables, temidos, pragmáticos, misteriosos pero criminalmente perfectos que la historia recuerda. Y es que aunque las intenciones del verdadero príncipe eran primordialmente buenas (la familia es primero, el poder importa mientras existan los medios para alcanzarlo), César era un hombre e acción, destinado a la batalla, al poder y la gloria, y supo obtenerlos aunque después los perdió. Todo un príncipe, en efecto.

Un post sobre los Borgia no caería mal ¿no crees Guillermo? ahora que están de moda por la excelenttísima serie de Showtime (en mi humilde opinión el mejor retrato audiovisual de la primera familia del crimen jamás producido, superior a las demás series y películas antes hechas en historia, caracterización y calidad en general).

Saludos desde el hermano país de Perú, vecino

Guillermo Ríos dijo...

Me alegra que el blog esté siendo de agrado.

Para mí no resulta tan curioso. Maquiavelo era un tipo práctico, y sabía que a lo mejor, si escribía su tratado de una manera engolada y diciendo lo que todos los otros manuales, no iba a pasar nada con el suyo. Su intención era, después de todo, congraciarse con el gobierno de Florencia de la época. Salió mal el tiro, eso sí... pero al menos lo intentó, y fue original en eso.

No había pensado en escribir algo sobre los Borgias. Lo tendré en consideración, pero esta supeditado a si consigo documentación, por supuesto. Eso y el tiempo, el eterno enemigo, además. En cuanto a la serie, en realidad no la he visto.

Saludos igualmente.

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