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domingo, 12 de mayo de 2013

Fallece Ray Harryhausen: Un pequeño tributo.


No es la costumbre de la Guillermocracia el escribir notas necrológicas, porque prácticamente todas las semanas muere alguien en este mundo cuya presencia echaremos en falta, y en 2.013 además se murió Margaret Tatcher. Y si escribiéramos necrológicas por cada uno, la Guillermocracia dejaría de ser una república y se transformaría en un cementerio. Pero cuando se trata de figuras realmente de excepción, es casi un deber ineludible. Hubo que escribir algo respecto de Themo Lobos en su minuto por ser el gran referente de los cómics que fue, y ahora lo haremos con Ray Harryhausen, uno de los más grandes realizadores de cine de aventuras de todos los tiempos, y que falleció el 7 de Mayo de 2.013. Sus películas lucen hoy en día muy envejecidas, ya que los efectos especiales han avanzado una barbaridad, pero no es menos cierto que ni Steven Spielberg ni James Cameron ni Peter Jackson ni ninguno de ellos podrían haber construido sus carreras sin el legado que dejó el señor Harryhausen.

En realidad, Ray Harryhausen no dirigió ninguna de sus películas; sólo dirigió algunos cortos, y un documental. Pero aquellas en las que intervino como productor y como creador de efectos especiales, sus criaturas se volvieron tan suyas, que la Historia ha olvidado quien las dirigió, las escribió, e incluso en los más casos, quién las protagonizó. Las estrellas absolutas de las películas de Harryhausen eran sus entrañables muñequitos animados. Puede que la técnica de Harryhausen esté superada, pero su inventiva no; hoy en día la animación por computadora permite efectos especiales vastamente superiores, pero esto no siempre se traduce en un mejor acabado visual de cara a la creatividad. La técnica puede comprarse a punta de dólares, la imaginación no.

Harryhausen nació el 29 de Junio de 1.920. La película que marcó su rumbo fue King Kong de 1.933. Recordemos que para la época, los efectos especiales de King Kong eran la punta de lanza de la técnica. Harryhausen se entusiasmó tanto, que incluso llegó a encontrarse con Willis O'Brien, el creador del gorila. Aunque en su veintena comenzó a trabajar para Hollywood, su primer gran trabajo en materia de animación vino en 1.949, a las órdenes de O'Brien precisamente; en la película El gran gorila (Mighty Joe Young) debía ejercer funciones de asistente, pero O'Brien terminó encasquillado en otra clase de problemas técnicos, y terminó delegando en Harryhausen el trabajo con la criatura. Para él fue un sueño dorado, casi su examen de grado, metafóricamente hablando, y se graduó con honores.


Durante cerca de tres décadas, Harryhausen fue prácticamente el gurú de los efectos especiales. Su trabajo con modelos animados introdujo nuevos estándares, dotando a las criaturas de mayor gestualidad y expresividad. Esto, combinado con una desbordante imaginación, convirtió cada una de sus películas en todo un espectáculo de fantasía.

Lo que nos lleva a un punto importantísimo de Harryhausen: su innegable humanismo. El cariño que sentía por sus monstruitos prácticamente se transparenta en su obra. Las películas de aventuras de Harryhausen giraban por lo general en torno al héroe que arrostra mil riesgos y consigue doblarle la mano a la naturaleza, por lo que los monstruos no tenían exactamente un desarrollo sicológico. Y aún así, la animación de Harryhausen conseguía darle un hálito trágico a los mismos. No eran tanto bestias sedientas de sangre como seres que formaban parte de un orden en la creación, y cuyo sacrificio es el precio inevitable a pagar por la marcha del progreso. Harryhausen no era un hippie ambientalista ni mucho menos, pero es claro que no se alegraba con la muerte de sus criaturas. En las películas de Harryhausen las simpatías tienden a dividirse, ya que la victoria del jovencito de turno termina por ser al precio de que un bonito y por lo general inocente monstruo debía sacrificar la vida. La única gran excepción a esta regla que se me ocurre, son los esqueletos espadachines que estrenó en El séptimo viaje de Simbad (The 7th Voyage of Sinbad, también conocida como Simbad y la princesa), y que le quedaron tan resultones que reutilizó sin despeinarse en Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts); dichos esqueletos son indudablemente malévolos, algo que transmite incluso su expresión facial, o craneal mejor dicho, aunque el espectáculo es tan artístico que uno tiende a olvidarse de la incongruencia de un cráneo mostrando emociones faciales.

Quizás la película en donde Harryhausen llevó al máximo esta tendencia de humanizar al monstruo, es La bestia de otro planeta (20 Million Miles to Earth). La película versa acerca de una expedición a Venus que acaba en tragedia, cuando sufre un aterrizaje forzoso en el mar, que malogra a toda la tripulación. En paralelo, cerca del lugar del accidente, un niño encuentra un simpático monstruito. Lo que el niño ignora, es el que el monstruito en realidad es un habitante de Venus que se ha venido de polizón en la nave espacial, y ha sido causante directo del accidente. La película sigue el derrotero habitual del cine de monstruos en que éste agrede a los humanos y ellos en represalia lo liquidan, pero a lo largo de la misma se hace claro de manera patente que no es una bestia depredadora sino un bicho asustado (de hecho es vegetariano, y sólo ataca a los humanos en legítima defensa), sacado de su mundo nativo a la fuerza, que lo desconoce todo sobre la Tierra, y que es acorralado por la fuerza inmensamente superior del ser humano, hasta un inmerecido y trágico final. Es en efecto casi un remake de King Kong, pero con un reptil extraterrestre en vez de un simio prehistórico, y con las tintas aún más cargadas al monstruo inocente de su situación, versus la crueldad y la prepotencia humanas. Y parte importante de por qué las simpatías del espectador tienden a inclinarse hacia el monstruo, radica en el extraordinario trabajo de Harryhausen caracterizando su ternura e inocencia, pese a su apariencia reptiliana.



Por supuesto que con estos antecedentes, el fantástico de base peplumita o arábiga fueron territorio fértil para Harryhausen. Mencionamos Jasón y los argonautas, un gran éxito suyo de 1.963 en la que presentó a Talos, el gigante de bronce; la escena de los esqueletos por su parte, que en la película se lleva unos tres minutos de metraje, exigió cuatro meses de preparativos y rodaje. Debemos mencionar también los dinosaurios de Un millón de años A.C. de 1.966, aunque la película sea más recordada por los pícaros bikinis angoras de Raquel Welch.



En materia de fantasía arábiga son ineludibles la ya mencionada El séptimo viaje de Simbad de 1.958, que fue la primera película con animación stop-motion rodada en color, El viaje fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Sinbad) de 1.974, y Simbad y el Ojo del Tigre (Sinbad and the Eye of the Tiger) de 1.977, en donde dicho sea de paso, actuó una jovencita Jane Seymour; los efectos de esta última película tomaron año y medio en ser realizados, en el taller casero de Harryhausen. Como dato de trivia, Ray Harryhausen como productor utilizó en la mayoría de ellas a Bernard Herrmann, el compositor habitual de Alfred Hitchcock, aunque la primera vez quería a Miklós Rozsa, que en 1.959 musicalizó Ben Hur.

Menos conocido es el hecho de que Ray Harryhausen también incursionó en la Ciencia Ficción. Lo hizo con la película Los primeros en la Luna (First Men in the Moon, también conocida como La gran sorpresa), una adaptación estrenada en 1.964 de Los primeros hombres en la Luna de H.G. Wells. La película refiere las peripecias de unos astronautas victorianos que llegan a la Luna a finales del siglo XIX.

Pero la década de 1.970 marcó también el declive de Harryhausen, no porque perdiera el fuelle o la creatividad, sino porque sus técnicas empezaban a verse superadas. Algo que Harryhausen no pudo superar, fue el constante track-track que mostraban sus modelos animados al moverse, ya que al ser fotografiados cuadro a cuadro, y movidos levemente de un cuadro al siguiente, el movimiento no resultaba fluido. En 1.980, Industrial Light and Magic dio con una solución al problema, creando un mecanismo de sincronización electrónica entre el modelo ahora movido por medios electrónicos, y la cámara fotográfica destinada a captar al modelo; ahora no era una sucesión de cuadros estáticos lo que se imprimiría en la película final, sino una serie de cuadros que captaban cada uno el movimiento mismo. El estreno de este nuevo efecto se vio con los modelos mecánicos utilizados para la famosa escena de la carga de las bestias mecánicas AT-AT contra la base rebelde en el planeta congelado, al inicio de El Imperio contraataca, y desde entonces el destino de las animaciones de Harryhausen quedó sellado.

En 1.981 estrenó su última película de alto presupuesto, que fue Furia de titanes (Clash of the Titans). La película hizo una estimable recaudación de 41 millones de dólares, una buena suma para la época, recobrando de largo su costo de 15 millones, y se llegó a evaluar una secuela llamada tentativamente Force of the Trojans; sin embargo, Harryhausen era considerado ya de la vieja escuela, y el proyecto fue abandonado. El remake de 2.010 de Furia de Titanes, hecho ahora con animación por computadora, sí conoció una secuela estrenada en 2.012. Harryhausen no tuvo nada que ver con estas tumefacciones incubadas a partir de su obra, quizás la prueba definitiva de que las mejores tecnologías no son nada sin una verdadera creatividad o genio que las utilice o respalde.



También el cambio de ethos en la década de 1.980 lo convenció de apartarse del cine. Al respecto dijo: "Vi que la naturaleza del héroe estaba cambiando. Cuando crecí teníamos héroes como Cary Grant, Ronald Colman y David Niven, verdaderos caballeros de la pantalla. Ahora todo lo que tienes es Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y toda esa gente que resuelve problemas con sus puños. [...] estábamos en el negocio del final feliz, del escapismo. Ahora, te tienes que sentar a través de dos horas de gente muriendo, sabes. Hoy en día es todo tan gráfico que es bastante perturbador". Y esto dicho por un hombre cuyas películas, aunque mucho más inocentes que las actuales, no se ahorraban una cierta cuota de violencia ni algún chaqueta roja muerto por el camino.

Harryhausen vivió sus últimos años en el retiro, haciendo algunos trabajos menores, escribiendo libros, recibiendo reconocimientos, etcétera. Permaneció casado durante medio siglo, desde 1.963 hasta su muerte, con Diana Livingstone. La ingrata Academia no lo premió con ningún Oscar hasta 1.992, fecha en la que a pedido de la insistente camada de revoltosos cineastas fantásticos y de Ciencia Ficción que había ayudado a parir con su arte, recibió su Oscar honorífico; en su discurso de agradecimiento expresó su dicha de que por esas fechas, al fin la animación fuera reconocida como un campo honorable de trabajo cinematográfico. Respecto de sus películas, dijo que "eran consideradas serie B porque estaban hechas con presupuesto ajustado. Pero han sobrevivido más que muchas películas de alto presupuesto hechas al mismo tiempo". Y de su legado afirmó que "Estoy muy feliz de que tantos admiradores jóvenes me han dicho que mis películas han cambiado sus vidas. Ese es un gran cumplido. Significa que hice mucho más que filmes entretenidos. Yo realmente toqué las vidas de las personas -- y espero haberlas cambiado para mejor".


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