¡¡¡Blogoserie a la carta en la Guillermocracia!!!

No lo olvides. Durante Abril y Mayo está abierta la votación para que ayudes a decidir sobre el argumento y características de la blogoserie a la carta que estamos planeando publicar acá en la Guillermocracia. Vota en la parte inferior de esta página, o bien, pincha el enlace para mayores detalles.
- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

domingo, 26 de mayo de 2013

El Fondo de Utilidades Tributables en la mira.

Acercándose la elección presidencial chilena de finales del 2.013, uno de los frentes de debate es la eternamente postergada reforma tributaria. El sistema tributario chileno es en realidad una ensalada de impuestos que se ha elaborado en el tiempo con el muy chileno sistema de ir parchando y arreglando la carga por el camino, por lo que el resultado final es un Frankenstein cuyo esoterismo no lo entiende nadie.

Y uno de los temas que se ha ido alzando respecto de la reforma tributaria, es lo que pasará con el llamado Fondo de Utilidades Tributables. Y como los chilenos no suelen tener mucha idea de qué se habla cuando se habla de asuntos de impuestos, la Guillermocracia les dará una mano y explicará de manera precisa y sucinta, tanto qué es el Fondo de Utilidades Tributables, como qué está en juego si llegara a reformarse.

QUÉ ES EL FONDO DE UTILIDADES TRIBUTABLES.

El gobierno militar de Augusto Pinochet cambió la institucionalidad chilena de suelo a techo: inventó las ISAPRES, las AFP, el nuevo Código del Trabajo, etcétera. Entre los damnificados por este terremoto jurídico está la Ley de Impuesto a la Renta, que fue reformateada por el Decreto Ley nº 824; hoy en día, la Ley de Impuesto a la Renta íntegra está metida en el artículo 1º de dicho decreto ley, en otra maravilla de redacción jurídica de la legislación chilena. A lo largo de varias reformas sucesivas, se creó un sistema tributario para las empresas en donde entra el FUT, la sigla con la que se conoce de cariño al Fondo de Utilidades Tributables.

En Chile, los impuestos gravados en primera categoría, el mal llamado impuesto a las empresas, están incluidos en el art. 20 de la Ley de Impuesto a la Renta. Entre ellos están las rentas de capitales mobiliarios, que incluyen bonos y dividendos entre otras cosas; también se incluyen las rentas de la industria, comercio, minería, etcétera. Puede notarse que lo gravado no son las empresas sino las rentas; dicho de otro modo, el impuesto de primera categoría no grava en atención a la persona del contribuyente, sino en atención al origen o procedencia económica de dicha renta. Y aquí es donde la pista comienza a hacerse más complicada.

Resulta que el impuesto de primera categoría genera un crédito a favor del empresario, para ser hecho valer en su impuesto global complementario. Es decir, lo que la empresa pague por concepto de impuesto de primera categoría sobre las rentas de su giro comercial, el empresario tiene derecho a descontárselo de su impuesto personal.

Y se pone mejor. Los empresarios que tributan un promedio anual de menos de 5000 unidades tributarias mensuales (cerca de 200 millones de pesos, aproximadamente 415.000 dólares), pueden acogerse al beneficio del artículo 14 bis de la Ley de Impuesto a la Renta, y pagar en primera categoría sólo por renta retirada. Es decir, no pagan por el total de las utilidades de la empresa, sino sólo por la parte retirada de la misma. Si la empresa ganó cien millones de pesos en el año y el empresario retiró sólo treinta millones para su bolsillo personal, paga el 20% de impuesto sólo sobre esos 30 millones, no sobre el total de 100. ¿Qué pasa con los otros 70 millones? En tanto se queden dentro de la empresa, no pagan un solo peso de impuesto.

Esto último se supone que es un beneficio para el pequeño empresario. Sin embargo, el techo de 5000 UTM es tan alto que muchas empresas no necesariamente pequeñas pueden acogerse a él. Tómese nota de que hablamos de utilidades, no de ingresos brutos. El ingreso bruto es todo lo que ingresa a la caja, mientras que las utilidades es todo lo que queda después de haber pagado los gastos para generar dicho ingreso. Por ejemplo, los ingresos brutos de una panadería son todo lo que consiga vender, mientras que las utilidades es todo lo que vende después de restarle el precio de la harina, el pago a la mano de obra, cubrir la cuenta de electricidad, etcétera. Repito: hablamos de 200 millones de pesos de utilidades, no 200 millones de pesos de ingresos brutos.

La idea de fondo, se supone, es potenciar la capacidad de ahorro de las empresas, porque para las empresas acogidas al beneficio del artículo 14 bis saldría más rentable, de cara a pagar impuestos, dejar el dinero en el interior y reinvertirlo, que sacarlo. ¿Estarían entonces las empresas evadiendo impuestos? En teoría no, porque a la larga se supone que todas las utilidades de la empresa terminan por ser retiradas más tarde o más temprano. El pago del impuesto se retrasa, pero se termina por pagar igual. En el ejemplo anterior, si el empresario sigue sacando 30 millones, eventualmente los 100 millones terminarán por pagar impuestos al cuarto año de haber ingresado a la caja. En el intertanto, ha llegado todavía más remesas de 100 millones por utilidades, que siguen quedándose adentro. La empresa entra entonces en un círculo virtuoso de crecimiento, y eventualmente llegará el minuto en que tribute más allá de las 5000 UTM y empiece a pagar impuestos sobre el total.

Hasta el minuto, el art. 14 bis pareciera una institución muy ventajosa para las empresas. Lo que viene ahora, lo hará todavía más interesante. En Chile existe una figura jurídica llamada las pérdidas de arrastre. Si usted obtiene utilidades en su empresa, debe pagar impuestos, ¿no? Pues bien, si usted ha tenido pérdidas en el ejercicio anual tributario, la ley chilena le permite arrastrar esas pérdidas y restarlas contra la utilidad de los años siguientes. Así, si su empresa ha perdido seis millones de pesos en un año, pero ha ganado diez al año siguiente, la ley le permite a usted tomar los diez millones y descontarle los seis millones de pérdidas del año anterior, para pagar impuestos por sólo cuatro millones.

En principio suena razonable que si el impuesto sea sobre las ganancias, entonces las pérdidas generen lo que en definitiva ha venido en llamarse un impuesto negativo. Pero surge un problema. Algún vivales puede decidir vender activos de la empresa (maquinaria, etcétera) y declararla con pérdidas, arrastrándola para ejercicios sucesivos... aunque la empresa misma haya percibido utilidades. Para evitar este malabarismo financiero, la ley establece que las pérdidas de arrastre deben ser imputadas en primer lugar a las ganancias, y luego a los activos, como una manera de evitar la sangría financiera de la empresa.

En definitiva, lo que tenemos es un escenario en donde algunas empresas pueden acogerse al art. 14 bis y pagar por renta retirada, versus otras empresas que pagan por todas sus rentas, todo lo cual se puede aprovechar a su vez para hacer varias artimañas contables y disfrazar utilidades de diverso tipo.

Es aquí en donde entra en escena el Fondo de Utilidades Tributables, conocido a lo amigo con la sigla FUT, como decíamos. En términos prácticos, el FUT se expresa como un registro contable llevado en un libro de contabilidad, otro más de los varios que debe llevar una empresa. En dicho registro debe llevarse la historia de todas las utilidades, tanto de las tributables como de las no tributables. Incluye también todas las participaciones en otras sociedades y los dividendos, tanto los que entran como los que salen (los que entran son ingresos que pueden ir a engrosar las utilidades y por lo tanto el FUT, y los que salen son retiros y por lo tanto quedan afectos a impuestos). Así, la función del FUT es centralizar toda esta información de una manera que sea más o menos legible. El más o menos es porque cualquiera que haya leído la Resolución 2154-91 del Ministerio de Hacienda de Chile, se dará cuenta de que hasta los propios contadores y auditores deben encomendarse al espíritu de Champollion para llevar y descifrar estos libros con corrección y disciplina.

De esta manera, se supone que el Servicio de Impuestos Internos tiene cercados a los contribuyentes. El dinero ingresa a la empresa beneficiada dentro del 14 bis, pero no tributa. Pero al ser retirado de la empresa, sí que paga impuestos. Por lo tanto, el incentivo es dejar el dinero dentro de la empresa, ahorrarlo y reinvertirlo. Las empresas crecen, el Fisco cobra todavía más impuestos... ¿qué podría salir mal?

Bueno, muchas cosas salieron mal. Por eso hay voces que quieren abolir el FUT, o a lo menos, reformarlo severamente.

QUÉ SALIÓ MAL CON EL FUT Y POR QUÉ DEBERÍA SER REFORMADO.

Lo que salió mal, es que la economía no funciona de una manera tan virtuosa. Esto, debido a una característica inherente de la economía: la tendencia de las utilidades a ir a cero. Una empresa que encuentra un filón inesperado que explotar (un nuevo negocio, un nuevo producto, una nueva localización geográfica para una filial, un nuevo medio de publicidad) de inmediato empieza a obtener utilidades, y por lo tanto llama la atención de la competencia. Si usted es aficionado al cine, quizás conozca el caso: si una película hace millones entre un determinado público, saldrán otras películas que la imiten hasta saturar el mercado y reducir el margen de utilidades de dicho tipo de películas a cero, momento en que éstas dejarán de rodarse, o volverán a su nivel normal. En áreas de la vida económica distintas al cine, funciona igual. En esas condiciones, llegar hasta los 200 millones de utilidad sin sufrir embates de la competencia se vuelve complicado, salvo que una misma empresa consiga copar todo el mercado, en cuyo caso tendremos un problema económico peor: un monopolio.


En forma adicional, muchas empresas en realidad no funcionan como un solo gran ente tributario, sino que son consorcios. Una empresa de retail por ejemplo podría haber nacido de la fusión de varios entes más pequeños, pero éstos, en vez de desaparecer, conservan su personalidad jurídica independiente, cambiando solamente el control de las empresas, que ahora están radicados en una sola empresa matriz. Pero cada una de las pequeñas empresas que ahora son filiales, al tener personalidades jurídicas distintas, tributan por separado. Todas ellas unidas en una sola gran empresa, podrían sobrepasar los 200 millones de utilidades mensuales, pero por separado, ninguna lo logra. Esas rentas que tributarían apenas ingresar a la empresa, al estar las empresas jurídicamente separada están tributando al momento del retiro según el art. 14 bis. No hay elusión de impuestos, como decíamos, sino que solamente se difiere el pago. Por años. Quizás por décadas, inclusive.

Además, debemos preguntarnos qué entendemos por inversión. Se supone que el dinero queda dentro de la empresa para ser reinvertido, ¿cierto? Pues bien, sucede que por tales o cuales argucias legales, comprar acciones o bonos también es reinversión. La lógica es que dichos títulos generarán intereses, y la empresa se hará más rica. El problema es que esto ayuda a inflar una burbuja financiera, sobrecalentando el mercado financiero y fomentando la especulación, distrayendo ese mismo dinero de donde debería estar invertido en primer lugar: en activos destinados a producir más bienes y servicios físicos.

Por si todo esto no sonara a trampa, hay todavía otro efecto colateral, referido al ahorro. A la empresa acogida al art. 14 bis no le conviene dejar el dinero ahorrado en un banco, porque le cobrarán intereses. Lo que le conviene es reinvertir tan rápido como se pueda, para generar aún más dinero. El punto es que los trabajadores, que son el grueso de los chilenos, deben depositar sus ahorros en el banco porque no tienen el capital, los medios, o incluso la motivación, para hacerse empresarios. Lo invertido en activos es beneficioso para la economía porque está produciendo, pero es también un ahorro para el empresario: si el día de mañana se ve en apuros económicos, vende la empresa. Pero mientras tanto, no paga un solo centavo por su ahorro, mientras que quien tiene su dinero en el banco recibe intereses, es cierto, pero también sufre cobros de comisiones.

Por otra parte, el sistema de pagar contra retiro introduce una fuerte distorsión de cara al chileno promedio. En realidad, los chilenos que pagan impuestos personales tienden a ser los menos porque la mayoría gana sólo lo suficiente para estar en el tramo exento. Pero pagan otro impuesto: el Impuesto al Valor Agregado o IVA, sobre todo el consumo que hagan. Dicho impuesto es intermediado por las empresas, que a su vez lo pagan al Fisco cada mes. Pero por su parte, el consumo de los chilenos se queda retenido en las empresas, en donde no sale ni como impuestos ni como dividendos (el IVA sí sale, y lo hace cada mes, pero no la renta). De esta manera, el sistema, tal y como está estructurado, promueve una masiva transferencia de fondos desde los ciudadanos corrientes a las empresas. He ahí explicada a lo menos en parte la paradoja de por qué por un lado el país exhibe índices de crecimiento espectaculares, mientras que el grueso de los chilenos se ha enriquecido sólo marginalmente y ha aumentado la desigualdad económica. La economía crece porque las empresas crecen, y las empresas crecen porque si pueden acogerse al art. 14 bis, pueden capitalizarse con rapidez, pero lo hacen con un beneficio tributario sobre el cual no pagan impuestos, con ganancias obtenidas a partir de los consumidores.

Y por si eso fuera poco, resulta que el chileno promedio no puede hacer valer pérdidas de arrastre. Los de menores ingresos se pueden acomodar en el tramo exento, pero si por una u otra razón terminan con pérdidas, eso no genera el impuesto negativo que tienen las empresas. El chileno promedio debe pagar impuestos sobre lo que gana, pero no recibe nada del Fisco si es que pierde, mientras que las empresas pagan impuestos sobre sus ganancias, pero reciben el beneficio de descontarse las pérdidas de arrastre contra sus futuras utilidades si es que pierden.

¿CÓMO MODIFICARLO?

La cuestión del FUT es que éste fue establecido para impedir que los contadores se pusieran a jugar a la cuerda floja con las pérdidas de arrastre y descapitalizaran las empresas; la idea es que si los contadores generaran pérdidas de arrastre de manera fraudulenta para así mantenerse dentro de los márgenes de las 5.000 UTM, a través del FUT sería posible atraparlos. En realidad, lo podrido no es el FUT mismo, que ha tenido el infortunio de transformarse en el niño símbolo del problema cuando en realidad es lo más cercano a una solución, manteniendo dicho problema. La verdadera enfermedad crónica del paciente no es el FUT sino el beneficio del art. 14 bis, y el FUT, lejos de perjudicarlo, es la cura parcial que permite mantenerlo en estado crónico, pero estable.

La única solución posible frente a todo esto, es eliminar el beneficio del art. 14 bis para que todas las empresas paguen impuestos sobre renta devengada sin excepción. O al menos, rebajarlo lo suficiente como para que no le haga daño a nadie. En los hechos no parecen haber recibido el mensaje, ya que en 2.009 el margen para acogerse al beneficio fue subido de 3.000 a la actuales 5.000 UTM. En realidad, para evitar toda esta situación, el margen debería hacer exactamente lo inverso, o sea disminuir, ojalá hasta desaparecer. Si lo hiciera, la totalidad de las empresas en Chile pagarían primera categoría por renta ingresada, y se acabaría el problema.

Eso sí, hay algo que la supresión del FUT, o más técnicamente del beneficio del art. 14 bis, no puede solucionar. Se trata de los impuestos que ya ingresaron. Una ley que altere el sistema en la dirección que hemos señalado, sólo podría tener efectos para lo futuro. Las utilidades pasadas que ya están dentro de las empresas pasan a ser propiedad, a lo menos cuando son capitalizadas de acuerdo a las normas legales vigentes, y por lo tanto serían intocables porque de lo contrario el Estado estaría incurriendo en expropiación. Pero aún así, introducir esta modificación para lo futuro solamente sigue siendo preferible a no modificar en lo absoluto el desastroso sistema actual.

2 comentarios:

Sociedad Profesional dijo...

Increíble .... pero cierto.
Y la mayoria de los chilenos no teneos posibilidad alguna de crecer, reinvertir, y este beneficio tampoco es traspasao a sus trabajadores . Valor ¡¡¡¡¡¡
Sonia

Guillermo Ríos dijo...

El primer paso para cambiar algo es conocer el "algo" que hay que cambiar. El FUT es un tema lateral dentro del debate político chileno porque no mucha gente fuera de los círculos especializados entiende más o menos de qué se trata o cómo funciona. Espero que el presente artículo haya contribuido con su pequeña cuota para que estos debates salgan de los círculos esotéricos en donde suelen moverse, y para hacer algo más comprensible un tema de por sí bastante complicado. Saludos.

Related Posts with Thumbnails

¡Blogoserie a la carta!: ¿De qué género quieres que sea el o la protagonista?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuántos protagonistas quieres que sean?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál será la ambientación?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Contra quién se enfrentan el o los héroes?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál es la motivación del protagonista?