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domingo, 26 de mayo de 2013

El Fondo de Utilidades Tributables en la mira.

Acercándose la elección presidencial chilena de finales del 2.013, uno de los frentes de debate es la eternamente postergada reforma tributaria. El sistema tributario chileno es en realidad una ensalada de impuestos que se ha elaborado en el tiempo con el muy chileno sistema de ir parchando y arreglando la carga por el camino, por lo que el resultado final es un Frankenstein cuyo esoterismo no lo entiende nadie.

Y uno de los temas que se ha ido alzando respecto de la reforma tributaria, es lo que pasará con el llamado Fondo de Utilidades Tributables. Y como los chilenos no suelen tener mucha idea de qué se habla cuando se habla de asuntos de impuestos, la Guillermocracia les dará una mano y explicará de manera precisa y sucinta, tanto qué es el Fondo de Utilidades Tributables, como qué está en juego si llegara a reformarse.

QUÉ ES EL FONDO DE UTILIDADES TRIBUTABLES.

El gobierno militar de Augusto Pinochet cambió la institucionalidad chilena de suelo a techo: inventó las ISAPRES, las AFP, el nuevo Código del Trabajo, etcétera. Entre los damnificados por este terremoto jurídico está la Ley de Impuesto a la Renta, que fue reformateada por el Decreto Ley nº 824; hoy en día, la Ley de Impuesto a la Renta íntegra está metida en el artículo 1º de dicho decreto ley, en otra maravilla de redacción jurídica de la legislación chilena. A lo largo de varias reformas sucesivas, se creó un sistema tributario para las empresas en donde entra el FUT, la sigla con la que se conoce de cariño al Fondo de Utilidades Tributables.

En Chile, los impuestos gravados en primera categoría, el mal llamado impuesto a las empresas, están incluidos en el art. 20 de la Ley de Impuesto a la Renta. Entre ellos están las rentas de capitales mobiliarios, que incluyen bonos y dividendos entre otras cosas; también se incluyen las rentas de la industria, comercio, minería, etcétera. Puede notarse que lo gravado no son las empresas sino las rentas; dicho de otro modo, el impuesto de primera categoría no grava en atención a la persona del contribuyente, sino en atención al origen o procedencia económica de dicha renta. Y aquí es donde la pista comienza a hacerse más complicada.

Resulta que el impuesto de primera categoría genera un crédito a favor del empresario, para ser hecho valer en su impuesto global complementario. Es decir, lo que la empresa pague por concepto de impuesto de primera categoría sobre las rentas de su giro comercial, el empresario tiene derecho a descontárselo de su impuesto personal.

Y se pone mejor. Los empresarios que tributan un promedio anual de menos de 5000 unidades tributarias mensuales (cerca de 200 millones de pesos, aproximadamente 415.000 dólares), pueden acogerse al beneficio del artículo 14 bis de la Ley de Impuesto a la Renta, y pagar en primera categoría sólo por renta retirada. Es decir, no pagan por el total de las utilidades de la empresa, sino sólo por la parte retirada de la misma. Si la empresa ganó cien millones de pesos en el año y el empresario retiró sólo treinta millones para su bolsillo personal, paga el 20% de impuesto sólo sobre esos 30 millones, no sobre el total de 100. ¿Qué pasa con los otros 70 millones? En tanto se queden dentro de la empresa, no pagan un solo peso de impuesto.

Esto último se supone que es un beneficio para el pequeño empresario. Sin embargo, el techo de 5000 UTM es tan alto que muchas empresas no necesariamente pequeñas pueden acogerse a él. Tómese nota de que hablamos de utilidades, no de ingresos brutos. El ingreso bruto es todo lo que ingresa a la caja, mientras que las utilidades es todo lo que queda después de haber pagado los gastos para generar dicho ingreso. Por ejemplo, los ingresos brutos de una panadería son todo lo que consiga vender, mientras que las utilidades es todo lo que vende después de restarle el precio de la harina, el pago a la mano de obra, cubrir la cuenta de electricidad, etcétera. Repito: hablamos de 200 millones de pesos de utilidades, no 200 millones de pesos de ingresos brutos.

La idea de fondo, se supone, es potenciar la capacidad de ahorro de las empresas, porque para las empresas acogidas al beneficio del artículo 14 bis saldría más rentable, de cara a pagar impuestos, dejar el dinero en el interior y reinvertirlo, que sacarlo. ¿Estarían entonces las empresas evadiendo impuestos? En teoría no, porque a la larga se supone que todas las utilidades de la empresa terminan por ser retiradas más tarde o más temprano. El pago del impuesto se retrasa, pero se termina por pagar igual. En el ejemplo anterior, si el empresario sigue sacando 30 millones, eventualmente los 100 millones terminarán por pagar impuestos al cuarto año de haber ingresado a la caja. En el intertanto, ha llegado todavía más remesas de 100 millones por utilidades, que siguen quedándose adentro. La empresa entra entonces en un círculo virtuoso de crecimiento, y eventualmente llegará el minuto en que tribute más allá de las 5000 UTM y empiece a pagar impuestos sobre el total.

Hasta el minuto, el art. 14 bis pareciera una institución muy ventajosa para las empresas. Lo que viene ahora, lo hará todavía más interesante. En Chile existe una figura jurídica llamada las pérdidas de arrastre. Si usted obtiene utilidades en su empresa, debe pagar impuestos, ¿no? Pues bien, si usted ha tenido pérdidas en el ejercicio anual tributario, la ley chilena le permite arrastrar esas pérdidas y restarlas contra la utilidad de los años siguientes. Así, si su empresa ha perdido seis millones de pesos en un año, pero ha ganado diez al año siguiente, la ley le permite a usted tomar los diez millones y descontarle los seis millones de pérdidas del año anterior, para pagar impuestos por sólo cuatro millones.

En principio suena razonable que si el impuesto sea sobre las ganancias, entonces las pérdidas generen lo que en definitiva ha venido en llamarse un impuesto negativo. Pero surge un problema. Algún vivales puede decidir vender activos de la empresa (maquinaria, etcétera) y declararla con pérdidas, arrastrándola para ejercicios sucesivos... aunque la empresa misma haya percibido utilidades. Para evitar este malabarismo financiero, la ley establece que las pérdidas de arrastre deben ser imputadas en primer lugar a las ganancias, y luego a los activos, como una manera de evitar la sangría financiera de la empresa.

En definitiva, lo que tenemos es un escenario en donde algunas empresas pueden acogerse al art. 14 bis y pagar por renta retirada, versus otras empresas que pagan por todas sus rentas, todo lo cual se puede aprovechar a su vez para hacer varias artimañas contables y disfrazar utilidades de diverso tipo.

Es aquí en donde entra en escena el Fondo de Utilidades Tributables, conocido a lo amigo con la sigla FUT, como decíamos. En términos prácticos, el FUT se expresa como un registro contable llevado en un libro de contabilidad, otro más de los varios que debe llevar una empresa. En dicho registro debe llevarse la historia de todas las utilidades, tanto de las tributables como de las no tributables. Incluye también todas las participaciones en otras sociedades y los dividendos, tanto los que entran como los que salen (los que entran son ingresos que pueden ir a engrosar las utilidades y por lo tanto el FUT, y los que salen son retiros y por lo tanto quedan afectos a impuestos). Así, la función del FUT es centralizar toda esta información de una manera que sea más o menos legible. El más o menos es porque cualquiera que haya leído la Resolución 2154-91 del Ministerio de Hacienda de Chile, se dará cuenta de que hasta los propios contadores y auditores deben encomendarse al espíritu de Champollion para llevar y descifrar estos libros con corrección y disciplina.

De esta manera, se supone que el Servicio de Impuestos Internos tiene cercados a los contribuyentes. El dinero ingresa a la empresa beneficiada dentro del 14 bis, pero no tributa. Pero al ser retirado de la empresa, sí que paga impuestos. Por lo tanto, el incentivo es dejar el dinero dentro de la empresa, ahorrarlo y reinvertirlo. Las empresas crecen, el Fisco cobra todavía más impuestos... ¿qué podría salir mal?

Bueno, muchas cosas salieron mal. Por eso hay voces que quieren abolir el FUT, o a lo menos, reformarlo severamente.

QUÉ SALIÓ MAL CON EL FUT Y POR QUÉ DEBERÍA SER REFORMADO.

Lo que salió mal, es que la economía no funciona de una manera tan virtuosa. Esto, debido a una característica inherente de la economía: la tendencia de las utilidades a ir a cero. Una empresa que encuentra un filón inesperado que explotar (un nuevo negocio, un nuevo producto, una nueva localización geográfica para una filial, un nuevo medio de publicidad) de inmediato empieza a obtener utilidades, y por lo tanto llama la atención de la competencia. Si usted es aficionado al cine, quizás conozca el caso: si una película hace millones entre un determinado público, saldrán otras películas que la imiten hasta saturar el mercado y reducir el margen de utilidades de dicho tipo de películas a cero, momento en que éstas dejarán de rodarse, o volverán a su nivel normal. En áreas de la vida económica distintas al cine, funciona igual. En esas condiciones, llegar hasta los 200 millones de utilidad sin sufrir embates de la competencia se vuelve complicado, salvo que una misma empresa consiga copar todo el mercado, en cuyo caso tendremos un problema económico peor: un monopolio.


En forma adicional, muchas empresas en realidad no funcionan como un solo gran ente tributario, sino que son consorcios. Una empresa de retail por ejemplo podría haber nacido de la fusión de varios entes más pequeños, pero éstos, en vez de desaparecer, conservan su personalidad jurídica independiente, cambiando solamente el control de las empresas, que ahora están radicados en una sola empresa matriz. Pero cada una de las pequeñas empresas que ahora son filiales, al tener personalidades jurídicas distintas, tributan por separado. Todas ellas unidas en una sola gran empresa, podrían sobrepasar los 200 millones de utilidades mensuales, pero por separado, ninguna lo logra. Esas rentas que tributarían apenas ingresar a la empresa, al estar las empresas jurídicamente separada están tributando al momento del retiro según el art. 14 bis. No hay elusión de impuestos, como decíamos, sino que solamente se difiere el pago. Por años. Quizás por décadas, inclusive.

Además, debemos preguntarnos qué entendemos por inversión. Se supone que el dinero queda dentro de la empresa para ser reinvertido, ¿cierto? Pues bien, sucede que por tales o cuales argucias legales, comprar acciones o bonos también es reinversión. La lógica es que dichos títulos generarán intereses, y la empresa se hará más rica. El problema es que esto ayuda a inflar una burbuja financiera, sobrecalentando el mercado financiero y fomentando la especulación, distrayendo ese mismo dinero de donde debería estar invertido en primer lugar: en activos destinados a producir más bienes y servicios físicos.

Por si todo esto no sonara a trampa, hay todavía otro efecto colateral, referido al ahorro. A la empresa acogida al art. 14 bis no le conviene dejar el dinero ahorrado en un banco, porque le cobrarán intereses. Lo que le conviene es reinvertir tan rápido como se pueda, para generar aún más dinero. El punto es que los trabajadores, que son el grueso de los chilenos, deben depositar sus ahorros en el banco porque no tienen el capital, los medios, o incluso la motivación, para hacerse empresarios. Lo invertido en activos es beneficioso para la economía porque está produciendo, pero es también un ahorro para el empresario: si el día de mañana se ve en apuros económicos, vende la empresa. Pero mientras tanto, no paga un solo centavo por su ahorro, mientras que quien tiene su dinero en el banco recibe intereses, es cierto, pero también sufre cobros de comisiones.

Por otra parte, el sistema de pagar contra retiro introduce una fuerte distorsión de cara al chileno promedio. En realidad, los chilenos que pagan impuestos personales tienden a ser los menos porque la mayoría gana sólo lo suficiente para estar en el tramo exento. Pero pagan otro impuesto: el Impuesto al Valor Agregado o IVA, sobre todo el consumo que hagan. Dicho impuesto es intermediado por las empresas, que a su vez lo pagan al Fisco cada mes. Pero por su parte, el consumo de los chilenos se queda retenido en las empresas, en donde no sale ni como impuestos ni como dividendos (el IVA sí sale, y lo hace cada mes, pero no la renta). De esta manera, el sistema, tal y como está estructurado, promueve una masiva transferencia de fondos desde los ciudadanos corrientes a las empresas. He ahí explicada a lo menos en parte la paradoja de por qué por un lado el país exhibe índices de crecimiento espectaculares, mientras que el grueso de los chilenos se ha enriquecido sólo marginalmente y ha aumentado la desigualdad económica. La economía crece porque las empresas crecen, y las empresas crecen porque si pueden acogerse al art. 14 bis, pueden capitalizarse con rapidez, pero lo hacen con un beneficio tributario sobre el cual no pagan impuestos, con ganancias obtenidas a partir de los consumidores.

Y por si eso fuera poco, resulta que el chileno promedio no puede hacer valer pérdidas de arrastre. Los de menores ingresos se pueden acomodar en el tramo exento, pero si por una u otra razón terminan con pérdidas, eso no genera el impuesto negativo que tienen las empresas. El chileno promedio debe pagar impuestos sobre lo que gana, pero no recibe nada del Fisco si es que pierde, mientras que las empresas pagan impuestos sobre sus ganancias, pero reciben el beneficio de descontarse las pérdidas de arrastre contra sus futuras utilidades si es que pierden.

¿CÓMO MODIFICARLO?

La cuestión del FUT es que éste fue establecido para impedir que los contadores se pusieran a jugar a la cuerda floja con las pérdidas de arrastre y descapitalizaran las empresas; la idea es que si los contadores generaran pérdidas de arrastre de manera fraudulenta para así mantenerse dentro de los márgenes de las 5.000 UTM, a través del FUT sería posible atraparlos. En realidad, lo podrido no es el FUT mismo, que ha tenido el infortunio de transformarse en el niño símbolo del problema cuando en realidad es lo más cercano a una solución, manteniendo dicho problema. La verdadera enfermedad crónica del paciente no es el FUT sino el beneficio del art. 14 bis, y el FUT, lejos de perjudicarlo, es la cura parcial que permite mantenerlo en estado crónico, pero estable.

La única solución posible frente a todo esto, es eliminar el beneficio del art. 14 bis para que todas las empresas paguen impuestos sobre renta devengada sin excepción. O al menos, rebajarlo lo suficiente como para que no le haga daño a nadie. En los hechos no parecen haber recibido el mensaje, ya que en 2.009 el margen para acogerse al beneficio fue subido de 3.000 a la actuales 5.000 UTM. En realidad, para evitar toda esta situación, el margen debería hacer exactamente lo inverso, o sea disminuir, ojalá hasta desaparecer. Si lo hiciera, la totalidad de las empresas en Chile pagarían primera categoría por renta ingresada, y se acabaría el problema.

Eso sí, hay algo que la supresión del FUT, o más técnicamente del beneficio del art. 14 bis, no puede solucionar. Se trata de los impuestos que ya ingresaron. Una ley que altere el sistema en la dirección que hemos señalado, sólo podría tener efectos para lo futuro. Las utilidades pasadas que ya están dentro de las empresas pasan a ser propiedad, a lo menos cuando son capitalizadas de acuerdo a las normas legales vigentes, y por lo tanto serían intocables porque de lo contrario el Estado estaría incurriendo en expropiación. Pero aún así, introducir esta modificación para lo futuro solamente sigue siendo preferible a no modificar en lo absoluto el desastroso sistema actual.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Quién ganará el Juego de Tronos: Siete candidatos posibles.


A estas alturas, la saga de novelas de Canción de Hielo y Fuego escrita por George R.R. Martin, y su correspondiente adaptación televisiva Game of Thrones son la punta de lanza de la Fantasía Epica. Que de épica tiene más bien poco, porque no hay personajes más grandes que la vida luchando en empresas nobles e imposibles para imponer el bien y la justicia. Si acaso es épica, es por la cantidad de personajes y escenarios a la vista, eso sí. De todas maneras, esto no es El Señor de los Anillos. Como todos saben, la saga gira en torno a los conflictos en torno al Trono de Hierro, a quién lo ocupará, quién será el más malvado, manipulador y maquiavélico para quedárselo y aplastar con mano de hierro a todos sus enemigos. Con muchas mujeres desnudas de por medio. El sueño de todo friki promedio.

Y aquí en la Guillermocracia nos apartaremos brevemente del carácter más serio de las publicaciones de nuestra Oficina Editorial del Ministerio de la Cultura, y haremos un poco de especulación. Un poco en serio y mucho en broma, eso sí. Y con algún spoiler suelto, también. Lo que haremos será una cábala. O un intento de cábala. Porque faltando supuestamente dos novelas para el final, y una interminable cantidad de temporadas en la televisión, podemos preguntarnos quién será el ganador. Nosotros no nos atrevemos a señalar a alguien con el dedo, en parte porque los candidatos son muchos y en parte porque señalar con el dedo es feo y si el apuntado resulta ser el futuro rey, podría mandarlo a cortar. Y los dedos no crecen en los árboles. Por eso, nos limitaremos a ofrecer siete candidatos posibles a triunfar en el torneo llamado el Juego de Tronos, y cuyas reglas son o ganas o mueres. Ustedes podrán elegir el que les parezca el más razonable, o sugerir el suyo propio.

Mi lista de los siete candidatos mejor aspectados para ganar el Juego de Tronos:

1.- TYRION LANNISTER. Obvio. De cajón. Es el personaje más carismático de la saga, y además es el único enano. Considerando la afición que tiene George R.R. Martin para subvertir cuanta idea preconcebida tengan sus lectores sobre los tópicos del género, poner a un enano de andares graciosos sentado en el Trono de Hierro mandando siete reinos, todo el continente desde el Muro hasta las planicies del este, en vez de un guerrero de aspecto cuidadamente salvaje que vuelva locas a las mujeres como un modelo Aragorn, eso tiene un punto de ironía muy difícil de ignorar. Además, Tyrion Lannister cumple un requisito esencial para perfilarse como candidato casi seguro a la victoria: al final del quinto tomo, el último publicado hasta el momento de escribir esto, sigue vivo. O eso me han dicho, a lo menos. No pienso sentarme a leerlo para confirmar este aserto. De todas maneras, en manos de un autor como George R.R. Martin, tan dado a despachar, matar, asesinar, mutilar, desmembrar, envenenar, decapitar y convertir personajes en carne de caminante blanco, esto es un mérito.

2.- LA BANCA INTERNACIONAL. A diferencia de El Señor de los Anillos, en donde los humildes son bien provistos cultivando una tierra abundante y feraz, y los poderosos se dan la buena vida gracias a la magia, en Westeros lo que vale es el dinero. Algunos lo tienen, algunos lo tienen en cantidad, y los más apenas se mantienen a flote en el nivel de supervivencia. En apariencia, Westeros es una economía productiva con algunas incipientes redes comerciales, aunque sin negocios transnacionales a gran escala. Los que operan como banqueros y tesoreros son las casas reales, que de todas maneras hacen su agosto prestando el dinero y cobrándolo después con intereses o en favores políticos. Dentro de este panorama, da un poco lo mismo quién gane el Juego de Tronos: si el rey no se doblega ante los caprichos de los banqueros, éstos pueden contratar ejércitos mercenarios y levantar casas enteras para crear una guerra civil y cobrarse. De hecho, éste es el modus operandi de los Lannister, que en el campo de batalla dan asco, pero que pueden darse el lujo de perder batalla tras batalla tras batalla porque tienen una cantidad de dinero obscena para invertir en nuevas tropas y refuerzos, y seguir resistiendo hasta dejar exhausto a cualquier enemigo. Salvo algún otro enemigo con dinero. El nombre del monigote sentado en el Trono de Hierro importa tan poco como el del Presidente de la República, de cualquier república: lo que importa es que haga como que gobierna, dicte leyes de parche que no cambien nada que favorezca a los de siempre, financie algunos programas sociales para que la economía no se vaya a la quiebra, y deje las manos libres a los banqueros para seguir profitando a sus anchas, en vez de cobrarles impuestos o ponerles regulaciones. Además de rescatarlos cuando a los banqueros se les vaya la pinza. Dicho más crudo: la política es espectáculo de marionetas, el verdadero poder está en la economía.

3.- NADIE. La otra muy posible opción. Veamos. Desde la primera página y desde la primera escena se nos viene advirtiendo que el invierno viene. En Westeros, el invierno acarrea consigo a los caminantes blancos, que con o sin el nombre, en el fondo son una versión de los zombis de toda la vida. Y a lo largo de cinco tomos y varias temporadas televisivas, a pesar de que todos saben que el invierno se aproxima, nadie está tomando medidas para asegurar los siete reinos de cara a una posible invasión zombi. Está la Guardia Nocturna al norte, pero ellos no lucen como espartanos o gurkas precisamente. Si es por llevar la contra a El Señor de los Anillos y su final en donde los buenos vencen, el mal es destruído y los reinos se salvan... ¿qué mejor final podría inventarse George R.R. Martin que, por la imprevisión de los aristócratas de los siete reinos, llega un invierno particularmente crudo, seguido de una avalancha de zombis, y todos los personajes terminan muertos? Quizás al final, el que se siente arriba del Trono de Hierro sea un zombi sin nombre ni identidad. Comiéndose los sesos de Cersei Lannister como canapé, porque de ese cráneo no sale para un almuerzo completo.

4.- UNA ABOMINABLE ENTIDAD CÓSMICA. No lo llamamos Cthulhu por razones obvias, pero en el fondo, es Cthulhu. O Azathoth. O Nyarlathotep. El monstruo lovecraftiano que prefieran. Después de todo, si hay gente haciendo campaña para Cthulhu 2.013 porque por qué votar por el menor de los males, entonces bien Cthulhu puede sentarse en el Trono de Hierro. O engullirlo. Por un tema de originalidad, George R.R. Martin lo llamaría con otro nombre, pero sería grande, espantoso, lleno de tentáculos y con conexiones con dioses ancestrales del abismo del tiempo y espacio. Esta abominable entidad cósmica mora más allá del Muro, y los zombis son sus acólitos, así como los profundos de R'lyeh son los seguidores de los Primordiales. También sería un final irónico y antiseñoraníllico: los Mitos de Cthulhu con su materialismo rampante y su confesada incapacidad para trazar una mitología porque son horrores excecrables para la mente humana, está justo en las antípodas de la delicada y bien detallada mitología paracristiana de Tolkien.

5.- JESUCRISTO. George R.R. Martin se ha dedicado a subvertir cuanta expectativa se le ha puesto a tiro, de cara a los lectores, matando personajes queribles y queridos a destajo, eliminando la magia y reintroduciéndola después, creando algunas de las muertes menos heroicas de la Fantasía Epica, cambiando las grandes batallas por la intriga de salón, y en general destruyendo a machetazo limpio cuanto rastro de idealismo pueda haber en el género, reemplazándolo con materialismo, cinismo y maquiavelismo. A estas alturas, eso es lo que esperan los lectores de George R.R. Martin: más cinismo. ¿Qué podría entonces ser más subversivo, que tener al final la gran revelación de que todas las novelas están describiendo una especie de Apocalipsis en Narnia, y que todo lo que estamos leyendo o viendo son dolores de parto antes de la Segunda Venida de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo? Y hablamos de Jesucristo en persona aquí, no un sucedáneo escapado del zoológico como Aslan, para refregarse aún más en la cara de los lectores. El escritor ya está viejo, y lo que mejor saben hacer los viejos es saltarse a la pata coja cualquier cosa de las que se esperan de ellos; después de todo, si después se lo critican, no les quedan toda la expectativa de vida de Jaime Lannister para vivir cubiertos de oprobio y ataques.

6.- GEORGE R.R. MARTIN. Admitámoslo. Da lo mismo quién termine sentado en el Trono de Hierro. Podría ser un Lannister, podría ser un Stark, podría ser un Borbón. Las cosas en Westeros no van a cambiar porque una dinastía u otra se ponga a gobernar. Es como el Imperio Bizantino, que durante mil años tuvo cerca de quince dinastías, pero la vida en Constantinopla no evolucionó la gran cosa desde los tiempos de Constantino hasta la conquista otomana. Entonces, ¿quién terminaría siendo el ganador? George R.R. Martin. O mejor dicho, su talonario de cheques. Porque después del éxito insano que ha tenido con sus tochos, es poco probable que muera pobre de solemnidad. Mencionemos de paso también a sus herederos. Después de todo, si los herederos de Frank Herbert se han sacado once libros adicionales y contando a partir de unas notitas aparecidas supuestamente entre los papeles del viejo cadáver, y Christopher Tolkien se ha hecho la vida matando más árboles que su padre al publicar los papeles de la Tierra Media, por qué los herederos de George R.R. Martin iban a ser menos...

7.- TÚ. Esta es la respuesta para todos los partidarios de lo que importa no es el destino, sino el viaje. En realidad, si han leído cerca de cinco mil páginas repartidas en cinco novelas, o seguido una cantidad de episodios televisivos, y han seguido adelante de manera heroica a pesar de que la trama se alargaba y el elenco de personajes se abría como abanico, entonces es porque estaban de verdad enganchados a la gran pregunta. Si George R.R. Martin consigue ponerle término a su saga sin que su corazón proteste y se bote a huelga primero, matándolo, entonces tendrás la gran recompensa de que todo el tiempo invertido, todas las horas de lectura, todas las veladas frente al televisor o al computador, llegaron hasta un punto final. El ganador del Juego de Tronos, sea quien sea, lo habrá logrado gracias a la paciencia y constancia en intrigar y sortear intrigas enemigas durante años del universo narrativo, y vivirá esa recompensa como un triunfo supremo, y algo de esa experiencia vicaria llegará hasta ti, por la paciencia homóloga en seguir y aguantar, seguir y aguantar, seguir y aguantar. Ya puedes sentirte un triunfador.

domingo, 19 de mayo de 2013

INTERMINABLELOGÍAS: El Universo de Star Trek (1 de 2).

La tripulación del Enterprise en la serie original.
En el mundo audiovisual, sin lugar a dudas que Star Trek es la más masiva franquicia de Ciencia Ficción de todos los tiempos. En el año 2.013, ya en su cuarta década de existencia, ha acumulado un total de cinco series televisivas, una serie adicional animada, y doce películas en total. De hecho, la cantidad de material audiovisual trekkie es tan grande, que entre 1.986 y 2.005 no hubo ningún año sin alguna serie de televisión o película de Star Trek, ambos inclusive. Y eso, sin contar el universo expandido. Es natural que una continuidad tan vasta confunda al profano, de manera que intentaremos trazar un mapa de lo principal del Universo Trek en esta Interminablelogía en dos partes, acá en la Guillermocracia.

Por motivos de brevedad, dejaremos afuera todo el material procedente de novelas, videojuegos, y otros elementos del universo expandido. Sobre la influencia de Star Trek en el devenir de la Ciencia Ficción en particular, ya hemos publicado Los viajes dela nave espacial Enterprise, el episodio 40 de las Crónicas CienciaFiccionísticas, así es que tampoco insistiremos sobre el particular.

La mitología trekkie fue erigida un poco a los tropiezos, e improvisando. En realidad la serie televisiva original Viaje a las estrellas, estrenada en 1.966 y conocida en retrospectiva como Viaje a las estrellas: La serie original para distinguirla de las restantes, no tenía pretensiones mitológicas de ningún tipo. Su premisa en general se trataba de una nave espacial visitando el planeta de la semana, y era poco probable que los elementos presentados en un capítulo reaparecieran en otro. Los episodios pueden incluso verse de manera saltada, ya que la continuidad es escasa en ellos.

Viaje a las Estrellas: La serie original fue creada por Gene Roddenberry, quien la vendió a la televisión con la idea de hacer una especie de Western del espacio. Para su capote, Roddenberry en realidad no pensaba en una historia clásica de buenos y villanos, como lo podría hacer pensar esta presentación, sino una en donde cada capítulo examinara cuestiones contingentes, presentando conflictos en donde a menudo cada uno de los bandos en disputa tiene su cuota de razón.

La nave espacial Enterprise.

La serie original presentó las andanzas de la nave espacial Enterprise, embarcada en una misión de cinco años para explorar el espacio, en pleno siglo XXIII. Esta era comandada por el Capitán James T. Kirk, secundado de su oficial científico el Señor Spock, y el médico a bordo el Doctor McCoy, y acompañados a su vez de un elenco de secundarios; ellos a su vez eran representantes de la Federación, una especie de alianza estelar integrada por la Tierra, los vulcanos y otras razas espaciales humanoides. Cada capítulo es autoconclusivo, presentando uno de dos posibles argumentos estándar. Uno de ellos es el encuentro con un planeta desconocido con una cultura autóctona en la cual hay alguna clase de mal moral o social que atenta contra los principios humanos más básicos, haciendo que la tripulación o luche para sobrevivir a través de dicho mal moral, o bien simplemente intente el triunfo de los valores humanistas por sobre la intolerancia y la ignorancia. El otro argumento estándar es el contacto de la tripulación en vuelo con algún agente externo, sea un extraterrestre, sea una anomalía cosmológica, sea una plaga o epidemia desconocidas, que ponen en riesgo a la tripulación, y su lucha por llegar a un acuerdo con el adversario o derrotarlo, o bien solucionar el problema de la semana. Una diferencia substancial entre los dos tipos de episodios, es que los primeros transcurren mayoritariamente en el planeta de la semana, mientras que los segundos tienden a transcurrir más a bordo de la Enterprise.

Con todo, muchos elementos del Universo Trekkie fueron sentados aquí. En Viaje a las Estrellas: La serie original aparecen así por primera vez los klingon y los romulanos como villanos recurrentes, así como la Primera Directiva que prohibe interferir con civilizaciones de nivel tecnológico y social inferior. También se menciona por primera vez que a finales del siglo XX, un humano genéticamente mejorado llamado Khan intentó crear una dictadura planetaria, lo que llevó a las Guerras Eugenésicas; en la época eso era el futuro, pero cuando la fecha llegó, las Guerras Eugenésicas fueron sometidos a varios intentos de retrocontinuidad, tanto en la serie oficial como en el universo expandido.

La serie televisiva original fue cancelada después de tres temporadas, debido a lo que la cadena televisiva percibió como bajas audiencias. Sin embargo, en sucesivas reposiciones, la serie cobró popularidad suficiente como para empezar a barajar planes de una secuela.

En 1.973 las aventuras de la Enterprise continuaron en Viaje a las Estrellas: La serie animada. En general, la misma sigue el esquema de Viaje a las Estrellas: La serie original, aunque con variaciones. Por un lado, los argumentos fueron simplificados un poco, adaptados para el público infantil. Por el otro, aprovechando que no debía invertirse en efectos especiales más que dibujarlos, crearon razas mucho más alienígenas que las presentes en la serie con actores de carne y hueso. Los fanáticos tienden a considerar esta serie como parte del canon, aunque por una razón u otra, Gene Roddenberry nunca la reconoció como tal.

Rondaron así intenciones de rodar una nueva serie televisiva de Star Trek. La proyectada Star Trek: Phase 2 nunca pasó de algunos guiones, hasta que llegó el éxito de La guerra de las galaxias en 1.977. Bruscamente, los estudios de cine le dieron salida a cuanto material espacial tuvieran en sus escritorios, y en el caso de los Estudios Paramount, esto significaba Star Trek. Como resultado, un guión de Star Trek: Phase 2 fue expandido y reescrito para ser estrenado en los cines.

Así, en 1.979 se estrenó Viaje a las Estrellas: La película. En ella asistimos a un Enterprise remodelado en órbita terrestre, y a un ahora Almirante Kirk. La Federación es atacada por una misteriosa nube, V-Ger, que se dirige a la Tierra con propósitos desconocidos. Por una serie de circunstancias, la Enterprise es la única que está a tiro para interceptar a la nube, además de que Kirk debe ponerse una vez más al mando de la misma. Esta película enfatiza mucho un elemento clave del Universo Trekkie, que es la exploración y contacto con una nueva forma de vida. Sin embargo, siendo una suntuosa película trekkie y una buena película de Ciencia Ficción en general, el resultado estaba más en la vena de la reflexión filosófica al estilo 2001: Odisea del espacio que de la acción aventurera de La guerra de las galaxias. El público respondió bien, y fue de hecho una de las películas más rentables de la franquicia, pero debido al costo prohibitivo de los efectos especiales, la utilidad neta fue discreta, y la película misma fue recibida con frialdad más allá del círculo de los fanáticos.

Después del relativo fracaso de Viaje a las Estrellas: La película, no se esperaba que la franquicia tomara un nuevo aire. Pero Gene Roddenberry no deseaba despedirse de manera tan decepcionante. Los estudios Paramount resolvieron rodar otra película más, para despedir la franquicia con algo más de dignidad, aunque con un presupuesto significativamente menor. Viaje a las Estrellas II: La ira de Khan de 1.982 trata sobre la fuga del villano Khan desde el planeta en donde ha quedado varado al final del episodio de Viaje a las Estrellas: La serie original en que el personaje apareció por primera vez, y su gran golpe al apoderarse de Génesis, un dispositivo capaz de crear vida a escala planetaria, a partir de la materia inorgánica.

La idea de que esta película iba a ser la última de la saga incidió directamente en varios aspectos del argumento: en la aventura llevada hasta su máximo, en traer de regreso al villano Khan, en el vastísimo poder del dispositivo Génesis presentado, en presentar a un capitán Kirk más maduro y enfrentado a responsabilidades de su pasado, y finalmente a darle muerte al personaje del Señor Spock. Todos estos elementos, unidos en un excelente guión y una realización al grano, la convirtieron en una de las mejores películas de la saga, si no la mejor, así como una de las más populares más allá del Universo Trekkie. De hecho cambió el foco de lo que una película trekkie debe ser: mientras que las series televisivas siguieron enfatizando la exploración del espacio y las relaciones con alienígenas, las siguientes películas prefirieron centrarse más bien en conflictos contra supervillanos y grandes amenazas cósmicas.

La muerte de Spock, en Viaje a las Estrellas II: La ira de Khan.

Las dos secuelas integran con Viaje a las Estrellas II: La ira de Khan una especie de trilogía dentro de la saga. En Viaje a las Estrellas III: En busca de Spock, se refieren a las aventuras del Enterprise para traer de regreso de entre los muertos a Spock. La siguiente, Viaje a las Estrellas IV: El regreso a casa, presenta a un Spock resucitado, pero aún no dueño de sí mismo, y a la tripulación del Enterprise afrontando las consecuencias diplomáticas y marciales de sus acciones en las dos entregas anteriores; la vía para salir del atolladero es lanzarse a una misión de emergencia que les llevará a regresar en el tiempo hasta el siglo XX para encontrar ballenas jorobadas que sean capaces de comunicarse con una especie extraterrestre que amenaza con hervir todos los mares de la Tierra, porque en el siglo XXIII las ballenas jorobadas se han extinguido. Esta última película es una de las más populares más allá de los fanáticos, al presentar un filo de comedia, ambientarse en 1.986 y no en el futuro, y además tener algunos elementos de parodia afectuosa hacia los personajes y situaciones de la saga.

El éxito continuado de la franquicia de Star Trek a partir de Viaje a las Estrellas II: La ira de Khan, impulsaron los planes para ampliar el Universo Trekkie con una nueva serie spin-off de la primera. De esta manera, en 1.987 se estrenó Viaje a las Estrellas: La nueva generación. En paralelo, en 1.989 se estrenó Viaje a las Estrellas V: La frontera final, película en la que el Enterprise se dedica a la búsqueda de una criatura que quizás sea Dios (al final no lo es). El escaso presupuesto y algunas soluciones narrativas muy penosas, la convirtieron en una de las peores de la franquicia.

Una vez más se le concedió a Star Trek una película adicional, para no despedirla de manera tan bochornosa. Aprovechando el tirón del aniversario número 25 de la franquicia, en 1.991 se estrenó Viaje a las Estrellas VI: La tierra desconocida. En Viaje a las Estrellas: La nueva generación se había presentado el estado de beligerancia perpetuo entre los klingon y la Federación como algo superado: esta película refiere cómo ocurrió, y por lo tanto es una de las más importantes de la franquicia, desde el punto de vista mitológico. La película se abre con la explosión de Praxis, un satélite klingon que provoca tanta devastación, que el Imperio Klingon no podrá mantenerse en pie en los próximos años sin asistencia externa. Diplomáticos klingon y de la Federación negocian entonces una tregua que lleve a una paz definitiva, pero ésta se verá frustrada por una conspiración cuyo objetivo final es perpetuar el estado de guerra; la tripulación del Enterprise deberá descubrir la identidad del asesino del embajador klingon, así como desmontar la conspiración y atrapar a los conspiradores. Esta película es un bello cierre para la mitad cronológicamente primera de la franquicia, mostrándonos en verdadero espíritu trekkie como la Federación y los klingon consiguen deponer sus diferencias y superar sus respectivos miedos a un futuro desconocido en que ya no serán enemigos sino aliados y colaboradores en una empresa mutua de exploración espacial. Todo lo cual llevará de cabeza al convolucionado siglo XXIV del Universo Trekkie, el que describiremos en la siguiente entrega de las Interminablelogías.

Próximamente en Interminablelogías: El Universo de Star Trek (2 de 2).

miércoles, 15 de mayo de 2013

ZOOCINE - "Adios a Ray Harryhausen".


CHILEKENT69: Y además se nos fue cortao Ray Harryhausen. Estaba viejito el pobre.

VÍCTOR: ¿Quién?

CHILEKENT69: Ray Harryhausen, el que... ya sabes, hacía películas con monitos... monitos de plasticina con dinosaurios y monstruos, y... ¿Viste Furia de titanes?

VÍCTOR: Sí, que película más mala. Además le hicieron secuela.

CHILEKENT69: No hueón, ésa es la de ahora, el remake. Me refiero a la original del año '81.

JORDAN: ¿Había una del año '81?

LAURENCIO: Me parece recordar que sí. Una con un búho mecánico, ¿no?

CHILEKENT69: ¡Esa! ¡Esa misma! Esa la hizo Ray Harryhausen.

LAURENCIO: Pero Ray Harryhausen nunca dirigió una película, creo.

CHILEKENT69: Pero Laurencio, por favor, si lo bacán de las películas de Harryhausen eran los monstruos, y esos, ¿quién los hacía? ¿Quién los hacía? ¿Ah?

JORDAN: Harry Harryhau... Harry... El, ¿no?

CHILEKENT69: Ray Harryhausen, sí, él. Puta, el hueón era de culto puh.

VÍCTOR: Eso explica por qué Chilekent conoce películas tan antiguas. ¿Qué hizo después?

CHILEKENT69: ¿De Furia de Titanes? No hizo nada. Se retiró. Vinieron los animatrónicos, y los efectos por computadora, y... eso. Parque Jurásico la hicieron con ordenadores, ya saben. Ya no iban a estar hueveando con los muñequitos y todo.

JORDAN: Me acuerdo de haber visto películas de ésas, con monstruos con muñequitos, pero no puedo acordarme de ningún título.

CHILEKENT69: ¿Los esqueletos? Porque los esqueletos las usó en dos películas. En la de Simbad, no me acuerdo cómo se llamaba... es que hizo como tres o cuatro de Simbad. Y después en Jasón y los argonautas.

LAURENCIO: ¡Ah, claro, Jasón y los argonautas! Sí, la recuerdo... Harry Harrih... er... perdón, Ray Harryhausen era el de los muñequitos, sí. Es una de las buenas películas del ciclo peplum de los sesentas.

CHILEKENT69: Y eso que no son películas europeas y Laurencio las conoce. Para que vean.

LAURENCIO: En realidad creo que era inglés, y trabajaba en Inglaterra.

CHILEKENT69: Listo, ya salió el eurotop oye. Quién me manda hablar.

VÍCTOR: Oye, ¿y por qué no nos organizamos una maratón de películas de Harryhausen? Seguro que Chilekent tiene varias en su computador, si son de culto...

CHILEKENT69: Bueno, es que yo... ehm... tendría que revisar. A ver si tengo alguna. Es que, el tema de los códecs, ya saben...

JORDAN: ¡No tienes ninguna, Chilekent! ¡Te pillamos en la mentira!

CHILEKENT69: ¡Si tengo! O sea, sí, debo tener, tengo que revisar...

JORDAN: Apuesto a que ni tienes porque estás preocupado descargando películas de ésas con mujeres con poca ropa. O con ninguna ropa, ¿no, Chilekent?

CHILEKENT69: ¡Oye, que Dead Or Alive la descargué porque es la adaptación del videojuego! No porque aparezcan Holly Valance o Jaime Pressly o la mina oriental ésa de Sin City, o la comadre de Bloodrayne que no es Kristanna Loken...

JORDAN: Mish, y se las conoce a todas el fresco. Apuesto a que si aparecieran en plasticina como los muñequitos ésos de Harry Harr... Harr... de ese tipo, entonces ni las vería.

CHILEKENT69: Oye, igual, si total me gustaba Celebrity Deathmatch... Claro que Celebrity Deathmatch no era de Ray Harryhausen, eso sí. Y se nota.

LAURENCIO: Ya, si Chilekent no tiene las películas, entonces puedo tratar de buscarlas en la videoteca de la Escuela de Cine, ahí seguro que deben estar.

CHILEKENT69: En cinta magnetofónica, apuesto.

VÍCTOR: Pero a todo esto, ¿qué más se supone que hizo el tipo ése?

CHILEKENT69: Bueno, hizo los dinosaurios de Un millón antes de Cristo.

VÍCTOR: Me suena.

CHILEKENT69: Esa en donde aparece Raquel Welch con un bikini de mamífero prehistórico.

VÍCTOR: ¡Ah, sí, ésa!

JORDAN: Pero la mamífera prehistórica en bikini, nada que era muñequito, y de ella sí que se acuerdan, ¿no? Memoria que se gastan ustedes los hombres... Al final va a ser como El Padrino, que todos dicen que la vieron y todos dicen que la encontraron la raja, cuando la mitad no la ha visto, y la otra mitad se quedó dormido viéndola...

LAURENCIO: Bueno, El padrino es un gran clásico del cine y la obra maestra de Francis Ford Coppola...

JORDAN: Sin las figuritas ni monitos de plasticina de Harryrrausen, ¿no?

CHILEKENT69: Bueno, se recuerda que El Padrino la dirigió Francis Ford Coppola porque era con actores de carne y hueso. Pero si los Corleone hubieran sido de plasticina... nadie se acordaría de Ford Coppola y todos la estarían recordando como una de Ray Harryhausen. Digo yo, ¿no?

domingo, 12 de mayo de 2013

Fallece Ray Harryhausen: Un pequeño tributo.


No es la costumbre de la Guillermocracia el escribir notas necrológicas, porque prácticamente todas las semanas muere alguien en este mundo cuya presencia echaremos en falta, y en 2.013 además se murió Margaret Tatcher. Y si escribiéramos necrológicas por cada uno, la Guillermocracia dejaría de ser una república y se transformaría en un cementerio. Pero cuando se trata de figuras realmente de excepción, es casi un deber ineludible. Hubo que escribir algo respecto de Themo Lobos en su minuto por ser el gran referente de los cómics que fue, y ahora lo haremos con Ray Harryhausen, uno de los más grandes realizadores de cine de aventuras de todos los tiempos, y que falleció el 7 de Mayo de 2.013. Sus películas lucen hoy en día muy envejecidas, ya que los efectos especiales han avanzado una barbaridad, pero no es menos cierto que ni Steven Spielberg ni James Cameron ni Peter Jackson ni ninguno de ellos podrían haber construido sus carreras sin el legado que dejó el señor Harryhausen.

En realidad, Ray Harryhausen no dirigió ninguna de sus películas; sólo dirigió algunos cortos, y un documental. Pero aquellas en las que intervino como productor y como creador de efectos especiales, sus criaturas se volvieron tan suyas, que la Historia ha olvidado quien las dirigió, las escribió, e incluso en los más casos, quién las protagonizó. Las estrellas absolutas de las películas de Harryhausen eran sus entrañables muñequitos animados. Puede que la técnica de Harryhausen esté superada, pero su inventiva no; hoy en día la animación por computadora permite efectos especiales vastamente superiores, pero esto no siempre se traduce en un mejor acabado visual de cara a la creatividad. La técnica puede comprarse a punta de dólares, la imaginación no.

Harryhausen nació el 29 de Junio de 1.920. La película que marcó su rumbo fue King Kong de 1.933. Recordemos que para la época, los efectos especiales de King Kong eran la punta de lanza de la técnica. Harryhausen se entusiasmó tanto, que incluso llegó a encontrarse con Willis O'Brien, el creador del gorila. Aunque en su veintena comenzó a trabajar para Hollywood, su primer gran trabajo en materia de animación vino en 1.949, a las órdenes de O'Brien precisamente; en la película El gran gorila (Mighty Joe Young) debía ejercer funciones de asistente, pero O'Brien terminó encasquillado en otra clase de problemas técnicos, y terminó delegando en Harryhausen el trabajo con la criatura. Para él fue un sueño dorado, casi su examen de grado, metafóricamente hablando, y se graduó con honores.


Durante cerca de tres décadas, Harryhausen fue prácticamente el gurú de los efectos especiales. Su trabajo con modelos animados introdujo nuevos estándares, dotando a las criaturas de mayor gestualidad y expresividad. Esto, combinado con una desbordante imaginación, convirtió cada una de sus películas en todo un espectáculo de fantasía.

Lo que nos lleva a un punto importantísimo de Harryhausen: su innegable humanismo. El cariño que sentía por sus monstruitos prácticamente se transparenta en su obra. Las películas de aventuras de Harryhausen giraban por lo general en torno al héroe que arrostra mil riesgos y consigue doblarle la mano a la naturaleza, por lo que los monstruos no tenían exactamente un desarrollo sicológico. Y aún así, la animación de Harryhausen conseguía darle un hálito trágico a los mismos. No eran tanto bestias sedientas de sangre como seres que formaban parte de un orden en la creación, y cuyo sacrificio es el precio inevitable a pagar por la marcha del progreso. Harryhausen no era un hippie ambientalista ni mucho menos, pero es claro que no se alegraba con la muerte de sus criaturas. En las películas de Harryhausen las simpatías tienden a dividirse, ya que la victoria del jovencito de turno termina por ser al precio de que un bonito y por lo general inocente monstruo debía sacrificar la vida. La única gran excepción a esta regla que se me ocurre, son los esqueletos espadachines que estrenó en El séptimo viaje de Simbad (The 7th Voyage of Sinbad, también conocida como Simbad y la princesa), y que le quedaron tan resultones que reutilizó sin despeinarse en Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts); dichos esqueletos son indudablemente malévolos, algo que transmite incluso su expresión facial, o craneal mejor dicho, aunque el espectáculo es tan artístico que uno tiende a olvidarse de la incongruencia de un cráneo mostrando emociones faciales.

Quizás la película en donde Harryhausen llevó al máximo esta tendencia de humanizar al monstruo, es La bestia de otro planeta (20 Million Miles to Earth). La película versa acerca de una expedición a Venus que acaba en tragedia, cuando sufre un aterrizaje forzoso en el mar, que malogra a toda la tripulación. En paralelo, cerca del lugar del accidente, un niño encuentra un simpático monstruito. Lo que el niño ignora, es el que el monstruito en realidad es un habitante de Venus que se ha venido de polizón en la nave espacial, y ha sido causante directo del accidente. La película sigue el derrotero habitual del cine de monstruos en que éste agrede a los humanos y ellos en represalia lo liquidan, pero a lo largo de la misma se hace claro de manera patente que no es una bestia depredadora sino un bicho asustado (de hecho es vegetariano, y sólo ataca a los humanos en legítima defensa), sacado de su mundo nativo a la fuerza, que lo desconoce todo sobre la Tierra, y que es acorralado por la fuerza inmensamente superior del ser humano, hasta un inmerecido y trágico final. Es en efecto casi un remake de King Kong, pero con un reptil extraterrestre en vez de un simio prehistórico, y con las tintas aún más cargadas al monstruo inocente de su situación, versus la crueldad y la prepotencia humanas. Y parte importante de por qué las simpatías del espectador tienden a inclinarse hacia el monstruo, radica en el extraordinario trabajo de Harryhausen caracterizando su ternura e inocencia, pese a su apariencia reptiliana.



Por supuesto que con estos antecedentes, el fantástico de base peplumita o arábiga fueron territorio fértil para Harryhausen. Mencionamos Jasón y los argonautas, un gran éxito suyo de 1.963 en la que presentó a Talos, el gigante de bronce; la escena de los esqueletos por su parte, que en la película se lleva unos tres minutos de metraje, exigió cuatro meses de preparativos y rodaje. Debemos mencionar también los dinosaurios de Un millón de años A.C. de 1.966, aunque la película sea más recordada por los pícaros bikinis angoras de Raquel Welch.



En materia de fantasía arábiga son ineludibles la ya mencionada El séptimo viaje de Simbad de 1.958, que fue la primera película con animación stop-motion rodada en color, El viaje fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Sinbad) de 1.974, y Simbad y el Ojo del Tigre (Sinbad and the Eye of the Tiger) de 1.977, en donde dicho sea de paso, actuó una jovencita Jane Seymour; los efectos de esta última película tomaron año y medio en ser realizados, en el taller casero de Harryhausen. Como dato de trivia, Ray Harryhausen como productor utilizó en la mayoría de ellas a Bernard Herrmann, el compositor habitual de Alfred Hitchcock, aunque la primera vez quería a Miklós Rozsa, que en 1.959 musicalizó Ben Hur.

Menos conocido es el hecho de que Ray Harryhausen también incursionó en la Ciencia Ficción. Lo hizo con la película Los primeros en la Luna (First Men in the Moon, también conocida como La gran sorpresa), una adaptación estrenada en 1.964 de Los primeros hombres en la Luna de H.G. Wells. La película refiere las peripecias de unos astronautas victorianos que llegan a la Luna a finales del siglo XIX.

Pero la década de 1.970 marcó también el declive de Harryhausen, no porque perdiera el fuelle o la creatividad, sino porque sus técnicas empezaban a verse superadas. Algo que Harryhausen no pudo superar, fue el constante track-track que mostraban sus modelos animados al moverse, ya que al ser fotografiados cuadro a cuadro, y movidos levemente de un cuadro al siguiente, el movimiento no resultaba fluido. En 1.980, Industrial Light and Magic dio con una solución al problema, creando un mecanismo de sincronización electrónica entre el modelo ahora movido por medios electrónicos, y la cámara fotográfica destinada a captar al modelo; ahora no era una sucesión de cuadros estáticos lo que se imprimiría en la película final, sino una serie de cuadros que captaban cada uno el movimiento mismo. El estreno de este nuevo efecto se vio con los modelos mecánicos utilizados para la famosa escena de la carga de las bestias mecánicas AT-AT contra la base rebelde en el planeta congelado, al inicio de El Imperio contraataca, y desde entonces el destino de las animaciones de Harryhausen quedó sellado.

En 1.981 estrenó su última película de alto presupuesto, que fue Furia de titanes (Clash of the Titans). La película hizo una estimable recaudación de 41 millones de dólares, una buena suma para la época, recobrando de largo su costo de 15 millones, y se llegó a evaluar una secuela llamada tentativamente Force of the Trojans; sin embargo, Harryhausen era considerado ya de la vieja escuela, y el proyecto fue abandonado. El remake de 2.010 de Furia de Titanes, hecho ahora con animación por computadora, sí conoció una secuela estrenada en 2.012. Harryhausen no tuvo nada que ver con estas tumefacciones incubadas a partir de su obra, quizás la prueba definitiva de que las mejores tecnologías no son nada sin una verdadera creatividad o genio que las utilice o respalde.



También el cambio de ethos en la década de 1.980 lo convenció de apartarse del cine. Al respecto dijo: "Vi que la naturaleza del héroe estaba cambiando. Cuando crecí teníamos héroes como Cary Grant, Ronald Colman y David Niven, verdaderos caballeros de la pantalla. Ahora todo lo que tienes es Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y toda esa gente que resuelve problemas con sus puños. [...] estábamos en el negocio del final feliz, del escapismo. Ahora, te tienes que sentar a través de dos horas de gente muriendo, sabes. Hoy en día es todo tan gráfico que es bastante perturbador". Y esto dicho por un hombre cuyas películas, aunque mucho más inocentes que las actuales, no se ahorraban una cierta cuota de violencia ni algún chaqueta roja muerto por el camino.

Harryhausen vivió sus últimos años en el retiro, haciendo algunos trabajos menores, escribiendo libros, recibiendo reconocimientos, etcétera. Permaneció casado durante medio siglo, desde 1.963 hasta su muerte, con Diana Livingstone. La ingrata Academia no lo premió con ningún Oscar hasta 1.992, fecha en la que a pedido de la insistente camada de revoltosos cineastas fantásticos y de Ciencia Ficción que había ayudado a parir con su arte, recibió su Oscar honorífico; en su discurso de agradecimiento expresó su dicha de que por esas fechas, al fin la animación fuera reconocida como un campo honorable de trabajo cinematográfico. Respecto de sus películas, dijo que "eran consideradas serie B porque estaban hechas con presupuesto ajustado. Pero han sobrevivido más que muchas películas de alto presupuesto hechas al mismo tiempo". Y de su legado afirmó que "Estoy muy feliz de que tantos admiradores jóvenes me han dicho que mis películas han cambiado sus vidas. Ese es un gran cumplido. Significa que hice mucho más que filmes entretenidos. Yo realmente toqué las vidas de las personas -- y espero haberlas cambiado para mejor".


domingo, 5 de mayo de 2013

Maquiavelo rockstar: 500 años de "El Príncipe".


Hace 500 años, en 1513, Nicolás Maquiavelo escribió uno de los tratados políticos más famosos de todos los tiempos: El príncipe. La obra ha sido celebrada, enaltecida, y también atacada y vilipendiada con apasionamiento y virulencia muy inusuales. El término maquiavelismo se ha vuelto incluso sinónimo de astucia, doblez y perfidia, tal y como lo dice la Real Academia Española. Idea que ha sido vulgarizada con la frase el fin justifica los medios, que por supuesto nunca fue dicha por Maquiavelo en el sentido que usualmente se le asigna.

En la realidad, Nicolás Maquiavelo no fue una eminencia gris ni un opaco poder detrás del trono. El Maquiavelo histórico fue un oscuro funcionario florentino, con un grado de cultura y erudición que le permitían moverse por los altos círculos de la ciudad de Florencia para la que trabajaba. Escribió varias obras bastante doctas, como por ejemplo una historia de Florencia y unos comentarios acerca del sistema político republicano, so pretexto de comentar al historiador romano Tito Livio. Son obras interesantes, pero que no podríamos considerar la obra de un genio literario o histórico. Su propio nivel cultural era muy bueno para la época, pero a diferencia de otros intelectuales de su tiempo no dominaba el griego, y por lo tanto, casi todos sus referentes vienen de obras escritas en latín. Maquiavelo entró al servicio público de forma casi contemporánea al golpe de estado que sufrió Florencia en 1.494; en dicho año los florentinos se rebelaron contra el gobierno de la familia Médicis y la expulsaron de la ciudad. Los Médicis habían mantenido las formas tradicionales de la República, pero habían amasado tanto poder que aunque se mantenía el sistema constitucional, en la práctica era una dictadura. La expulsión de los Médicis creó así un régimen un poco más republicano, y más fiel a la institucionalidad florentina. Es para dicho nuevo régimen que Maquiavelo entró a trabajar.

En 1.512, como resultado de varias circunstancias, los Médicis consiguieron volver a entronizarse en Florencia. Su líder era Lorenzo el Joven, nieto del famoso Lorenzo el Magnífico, quien no abolió la República de manera formal, pero instaló a sus partidarios en todos los cargos, lo que equivalía en efecto a un golpe de estado. Todo el personal relacionado con el antiguo régimen terminó en la calle en el mejor de los casos, o en el exilio en el peor. Maquiavelo por su parte debió sufrir la cárcel, y también la tortura, pero como no se le probó ninguna actividad conspirativa contra los Médicis, el gobierno se conformó con desterrarlo a su finca campestre en los alrededores de Florencia, con prohibición de pisar la ciudad.

Para congraciarse con el nuevo gobierno, Maquiavelo intentó escribir un tratado que al mismo tiempo fuera útil al nuevo gobernante, y además sirviera para exhibir su capacidad intelectual. Esto explica las peculiares características de El príncipe. El tratado fue escrito en italiano, no en el latín habitual de los eruditos de su época, y además con un lenguaje y razonamientos muy sencillos, desprovistos de florituras y exceso de citas a los autores cultos. De ahí que el contenido puede resultar algo decepcionante, ya que son en realidad sentencias y máximas de sentido común, en vez de un tratado de razonamientos gruesos o complicados. Aunque si todos los gobernantes tuvieran sentido común, el mundo sería muy diferente. Lorenzo el Joven mismo no parecía tenerlo, y la restauración de los Médicis fue conflictiva en el mejor de los casos; en los hechos serían expulsados una vez más de Florencia en 1.527, ya muerto Lorenzo el Joven, pero sólo para regresar algunos años después, y esta vez para gobernar la ciudad hasta el siglo XVIII.

Fue la misma sencillez de El príncipe lo que le garantizó una popularidad de la que no gozaron otros tratados similares. Cualquier persona puede leerlo y entenderlo sin demasiada dificultad ni conocimientos teóricos. Pero a esto se suma que Maquiavelo hace un análisis descarnado de la política. De manera expresa dice que no se referirá a lo que es ético o no en política, sino a aquello que funciona para mantener a un príncipe en el poder. Es por lo tanto un verdadero manual de consejos para adquirir poder, conservarlo y acrecentarlo. Se ha dicho que El príncipe no se refiere a lo que los gobernantes deberían hacer, sino a lo que en efecto han hecho desde que los gobiernos existen como tales. De ahí que el libro haya resultado tan polémico, ya que se infiere de su lectura la enorme hipocresía de los gobernantes con miras a obtener el poder a toda costa.

Es interesante mencionar al respecto que Maquiavelo nunca planteó que el fin justifica los medios en el sentido moral o ético que lo planteamos. En realidad el tema ético importa bien poco en El príncipe, y por lo tanto, ni justifica ni deja de justificar el uso de determinadas maniobras arteras y traicioneras. Quizás la mejor manera de entender la posición de Maquiavelo al respecto, es tener presente que a veces para conseguir determinados fines, no cabe elección en los medios, lo que en definitiva se traduce en que un príncipe debe ensuciarse las manos. De ahí la célebre expresión maquiavélica de que los profetas armados obtienen el éxito y los profetas desarmados son derrotados. Maquiavelo incluso insta a los príncipes a hacer el bien, sólo que les advierte que a veces hacer el bien es contraproducente porque la naturaleza humana misma es malvada, y por lo tanto el camino a escoger implica a veces prescindir de remilgos morales. Maquiavelo no defiende que el bien supremo es conseguir el poder: sólo defiende que a veces se debe elegir entre el poder o el bien supremo, y que la mayor parte de las veces no se pueden tener ambos al mismo tiempo.

Esto no quita que muchos autores posteriores hayan desarrollado una significativa aversión hacia Maquiavelo. El personaje se hizo un blanco fácil para todos quienes quieren obtener patente de santo: una manera segura de darse ínfulas de superioridad moral es atacar a Maquiavelo por defender principios carentes de ética. Y de manera superficial, una lectura interesada de El príncipe podría dar esa impresión. No es casualidad que durante su primer medio siglo de vida, El príncipe pasara absolutamente desapercibido. Los primeros ataques que recibió el tratado surgieron recién en la segunda mitad del siglo XVI, cuando a consecuencias de los dramas de la Reforma y el escándalo de la Iglesia renacentista, una oleada de moralidad invadió a Europa. Maquiavelo recibió ataques de los escolásticos españoles desde el campo católico, y por lo teóricos hugonotes franceses por el protestante. En el siglo XVIII, Federico el Grande de Prusia publicó un tratado llamado expresamente El Antimaquiavelo, destinado a probar cómo el florentino estaba equivocado en todo; por supuesto que lo escribió antes de ascender al trono, o mejor dicho, se sospecha que el filósofo francés Voltaire obró como escritor fantasma del delfín prusiano, ya que después de heredar la corona de su nación, Federico el Grande fue tan maquiavélico como todos los otros gobernantes contemporáneos, si no más.

En definitiva, alrededor de El príncipe hay mucha mitología, hay un fuerte malentendido sobre sus alcances, y también hay una leyenda negra alimentada por el hecho de que, a pesar de ser una lectura relativamente simple en comparación a otros tratados renacentistas, nadie se toma la molestia de leerlo. El libro debe ser tomado en su contexto y dentro de sus alcances más o menos modestos. No revela cosas que el lector desconozca sabiendo de Historia. Es útil como recordatorio de cómo funciona el mundo. Y desde luego que no es un tratado de ética o moral. Teniendo todas estas cosas en consideración, es posible disfrutar y valorar en su justa medida una obra que, siendo interesante de por sí, ha resultado más influyente por el odio que ha generado, que por la misma obra en sí.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Superman 75 años (1 de 6): Sus raíces.

El número 1 de la revista Superman, publicado en 1.939.
1. Superman es el más icónico y representativo de los superhéroes. Si bien antecedentes del mismo ya existían en la cultura popular, fue Superman el que cristalizó todas las tendencias que conducían hacia el superhéroe moderno, configurándolo de la manera en que podemos reconocerlo hoy en día. Incluso su nombre denota un carácter genérico y fundador: superman en inglés es el superhombre, palabra que define por excelencia al superhéroe. Esto se debe a que en Superman confluyen por primera vez de manera coherente y perfecta la tríada mágica que definen a la inmensa mayoría de los superhéroes: los superpoderes más allá de la capacidad humana, el compromiso incuestionable con el bien y la justicia (o con su definición particular de ellos, a lo menos), y el ocultarse bajo una identidad secreta que le permite llevar una doble vida en el mundo civil.

2. Pero Superman no nació del aire. En realidad, Superman es la plasmación de una constante mitológica, la del salvador milagroso que utiliza sus superpoderes para rescatar al oprimido y defender al indefenso, luchando contra las amenazas que se están moviendo contra ellos o contra la sociedad en su conjunto. Este prototipo es tan viejo como las antiguas mitologías. En la Biblia encontramos por ejemplo la figura de Sansón, que investido de superfuerza por el favor de Dios, defiende a los israelitas contra la superioridad militar de los filisteos. En el mundo griego tenemos la figura de Heracles, el Hércules romano, que siendo un semidiós, emprende una incansable batalla en contra de toda clase de monstruos mitológicos que amenazan a los seres humanos. En la Edad Media de Europa, el concepto de héroe premunido de superpoderes adquirió un matiz cristiano, siendo ahora los santos y los paladines bendecidos por Dios quienes emprendieron la lucha contra el mal. A lo largo de todas estas encarnaciones gravita la idea de que el héroe es superior al ser humano, pero dicha superioridad se expresa al máximo no cuando es puesta al servicio de sus propias ambiciones egoístas, sino al de una causa desinteresada y más grande que ellos mismos, que se corresponde con el orden y la armonía del universo.

3. La figura del héroe experimentó un cierto eclipse durante la Modernidad, debido a la retirada del Cristianismo del primer plano. En muchos casos, el héroe fue sustituido por el pícaro, individuo desfavorecido por la sociedad que utilizando su ingenio, se las arregla para sacarle partido a los demás con evidente despreocupación por la moral. Luego vino la Revolución Francesa, y dentro de su ideario de libertad, igualdad y fraternidad no parecía haber espacio para los superhombres. Uno que intentó ocupar dicho lugar en la vida real, Napoleón Bonaparte, terminó en Waterloo y el exilio.

4. Pero a mediados del siglo XIX volvió a surgir la idea del tipo humano superior. El Romanticismo con su exaltación de la subjetividad, tendió a cultivar la figura del héroe superior a la masa. Los historiadores intentaron explicar la Historia a través del movimiento de los grandes personajes, lo que se refleja en el cesarismo como concepción historiográfica. Algo después, Charles Darwin publicó su libro El origen de las especies; aunque existían teorías evolutivas anteriores a Darwin, la suya fue la primera convincente. Su libro de 1.859 fue seguido en 1.871 por La descendencia del hombre, en donde explicaba que el hombre y el simio tenían ancestros comunes. Esto llevó a la instauración de un mito evolutivo alimentado por el Positivismo europeo, de que los seres estaban en una cadena de la vida, desde el más antiguo y menos evolucionado hasta el más reciente y más evolucionado. Por supuesto, el más evolucionado era el superior. Hoy en día sabemos que las cosas no son así, pero no es la primera vez que la ciencia llega de manera distorsionada o errónea al grueso público.

5. En paralelo, un filósofo alemán llamado Friedrich Nietzsche descubrió la manera de darle cuerpo en términos filosóficos a una doctrina del superhombre. Nietzsche parece haber estado bastante influido por las teorías evolucionarias a su alrededor, aunque no se preocupara demasiado de Darwin mismo o de su obra. Nietzsche acuñó el concepto del Ubermensch. Este suele traducirse como el superhombre, aunque en realidad el término no es fácil de traducir al castellano porque el prefijo über, equivalente al inglés over, tiene una cierta connotación de trascendencia, de algo que no está simplemente por encima sino que traspasa al resto y va más allá; quizás transhumano sea una traducción más ajustada a la intención nietzscheana. Nietzsche dijo una frase destinada a hacerse famosa: "El hombre es una cuerda tendida entre el mono y el superhombre". En realidad, el superhombre de Nietzsche tiene una dimensión moral: es el paso de la evolución biológica a la evolución ética. El superhombre es la criatura que es capaz de trascender el bien y el mal (o el bien y el mal como imposiciones éticas procedentes de otras personas, a lo menos) para vivir de acuerdo a un código de conducta propio que responda a una afirmación conjunta de sí mismo y de la vida. Resulta asombroso lo mal que después se ha leído a Nietzsche, para hacerle un defensor de la superioridad biológica de ciertos humanos sobre otros, cuando en realidad preocuparse por la evolución biológica es una característica del hombre, no del superhombre, en términos nietzscheanos. Pero esta lectura errónea de Nietzsche tiene mucho que ver con la lectura de Superman como un personaje nietzscheano.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche caricaturizado como el Ubermensch, el Superhombre.

6. Mientras tanto, la cultura popular experimentará un poderoso empujón a finales del siglo XIX. La expansión de la Educación Primaria Obligatoria permitirá que la lectura deje de ser privilegio de los adinerados y se convierta en una habilidad común. Con ella surgió la industria de la entretención literaria popular. Su máxima encarnación es el pulp, la revista de periodicidad por lo general mensual, impresos en papel confeccionado en pulpa de mala calidad, y que servía como vehículo para la publicación de historias sin otro norte que la entretención. Esta prensa popular fue el caldo de cultivo en donde se creó la moderna Ciencia Ficción anglosajona, así como el propulsor para otro tipo de historias: de la jungla, policiales, del oeste, etcétera. Pronto, la revista de cuentos se vio incorporada por un nuevo tipo de arte que estaba naciendo en paralelo: el cómic.

7. Pronto, los escritores descubrieron que si un personaje se hacía favorito de los lectores, era buen negocio escribir o dibujar más historias sobre él. Este fue el medio en que se incubaron numerosos héroes de la actual cultura popular. En dichas revistas vieron la luz por primera vez personajes como Tarzán, John Carter de Marte, Doc Savage, el Zorro, la Sombra, el Fantasma, Mandrake el Mago... Todos ellos son presentados como héroes idealistas y de capacidades humanas aumentadas al máximo, o directamente sobrehumanas. Dichos personajes también encarnan de manera inconsciente la visión distorsionada del ideal nietzscheano, de un superhombre biológicamente superior, que sin embargo tiene la nobleza de utilizar esta nobleza al servicio de la Humanidad. Desde este punto de vista, es difícil no ver cuánto le debe Superman a estos personajes. Con Tarzán comparte el ser un dios entre salvajes; con John Carter de Marte comparte en llegar a un planeta en donde sus habilidades humanas pasan por superpoderes (Superman es así una especie de inversión de John Carter de Marte, ya que no es un terráqueo viajando a otro mundo, sino un extraterrestre viniendo al nuestro); con el Zorro comparte el ser un justiciero escondido detrás de la máscara de un hombrecillo en apariencia insignificante; con Doc Savage... el sobrenombre de Superman (el Hombre de Acero) es casi un calco del de Doc Savage el Hombre de Bronce. El concepto mismo de Superman había sido tocado incluso en forma de una novela publicada en 1.930 y llamada Gladiador, hasta el punto de que cuando apareció Superman en los cómics, el autor Philip Wylie estuvo a punto de demandar por plagio, y renunció sólo al enterarse de que los autores del cómic eran un par de chiquillos malpagados y exprimidos por su editorial.

8. Irónicamente, la primera encarnación de lo que sería Superman, es un supervillano. Fue la creación de Joe Shuster y Jerry Siegel, dos estadounidenses nacidos en el seno de sendas familias judías inmigrantes; Jerry Siegel además en su niñez había sido víctima conspicua de lo que ahora llamamos bullying, lo que sumado a la muerte de su padre tendero a manos de un atracador de locales comerciales le hizo soñar despierto con alguna clase de campeón que protegiera a los desvalidos y le diera a los abusones y malhechores su merecido. En la época, los hijos de inmigrantes solían ser pobres, pero si tenían talento literario o para el dibujo, podían abrirse paso hacia el mercado de los pulps o los cómics. Pronto, Shuster y Siegel editaron su propio fanzine mimeografiado, la versión de la época de lo que sería un blog de hoy. En dicho fanzine editaron The Reign of the Super-Man, la historia de un hombre que desarrolla habilidades telepáticas, y las utiliza para dominar el mundo. Hay ironía en el hecho de que el telépata en cuestión era calvo... igual a como lo será Lex Luthor en el cómic posterior. Corría el año 1.934.

The Reign of the Super-Man, primera encarnación de Superman antes de la versión definitiva que conocemos hoy en día.


9. Shuster y Siegel tenían una fe conmovedora en su personaje superpoderoso, y trataron por todos los medios de venderlo, ahora retrabajado para que no fuera un villano sino un héroe, consciente de que viviendo en medio de la Gran Depresión, era más fácil que el público sintonizara con un héroe idealista que con un cínico archicriminal tratando de conquistar el mundo. Vender el personaje fue dificultoso, ya que los editores lo consideraban ridículo, o bien uno cuya explotación no iba a ir más allá de los números que durara la novedad, y no se interesaron por él. Pero una editorial llamada National Allied Publications había iniciado una nueva idea, la de crear revistas de cómics con material original, lo que era inédito en ese tiempo, ya que las revistas de cómics en Estados Unidos eran reimpresiones de las tiras cómicas ya publicadas en los diarios. Era una maniobra comercial centavera, porque adquirir los derechos para las reimpresiones era caro, mientras que el material original era barato porque todavía no había sido probado; por supuesto que el reverso de la medalla era que tenían a disposición todo lo que eran rechazos de las tiras cómicas de los diarios, o sea, material de segunda línea. Pero estaban necesitados de material, y estaban dispuestos a comprar lo que fuera. Entre las cosas que compraron, estaba Superman. A la larga, National Allied Publications se transformaría en la actual DC Comics, y Superman en su franquicia más importante. Los editores fueron lo suficientemente tiburones para ofrecer a los dos creadores un trato leonino, pagando diez dólares por página de un cómic de trece páginas... no por el cómic en sí sino por el personaje. Es decir, Shuster y Siegel vendieron un cómic de trece páginas sin darle mayor importancia a que no estaban franquiciando el personaje sino directamente vendiéndolo, y que por lo tanto después no lo podrían recobrar. Huelga decir, en los años venideros Shuster y Siegel siguieron a soldada de DC Comics, pero cuando la editorial los despidió, ellos se quedaron sin un cinco por las regalías; sólo cuarenta años después su situación obtuvo publicidad gracias al estreno de la película Superman de 1.978, y DC Comics les concedió a ambos creadores una pensión de gracia, más presionados por la opinión pública que por haber encontrado la conciencia en algún recoveco de sus billeteras.

10. Superman fue utilizado para lanzar el número 1 de la revista Action Comics, en 1.938. Dicha revista era lo que se llama una antología, es decir, la publicación de varios cómics sin relación unos con otros, dentro de un mismo ejemplar. Se esperaba que Superman fuera apenas un personaje más dentro de los varios que Action Comics intentaba vender al público; fue incluido en la portada del número 1, y ya no fue utilizado como portada sino hasta varios ejemplares más adelante. Cuando se hizo evidente que Superman era el personaje más rompedor de los editados en Action Comics, los otros fueron suprimidos gradualmente y eliminados, hasta que dicha revista, que se publicó por décadas, se transformó en otra de las varias que DC Comics dedicó al personaje de manera simultánea.

El número 1 de la revista Action Comics, en donde se publicó la primera historia de Superman.

11. Había muchas cosas especiales en Superman, pero un importante factor en su éxito fue su estilo de dibujo. En la época, el cómic tendía mucho hacia una composición estática, casi hierática; se entendía cada ilustración casi como la estampa de un álbum. Superman en cambio era dibujado de manera cinemática, nunca posando sino siempre en movimiento, utilizando ángulos desusados para la época. Visto desde la actualidad, el dibujo del Superman de 1.938 parece algo tosco y primitivo, pero para la época era la expresión misma de la acción demoledora estallando en la cara del lector. La portada misma de Action Comics número 1 es un reflejo de esto: la viñeta está planificada casi como simulando una fotografía disparada con el obturador a alta velocidad, en el instante preciso en que Superman está estrellando un automóvil, ni antes ni después, al tiempo que los matones perseguidos por Superman corren por todas direcciones. En esta portada Superman no es un pin-up ni está posando: es un hombre trabajando en hacer justicia de manera espectacular, captado en un momento supremo de exhibición de fuerza. Y eso fue lo que galvanizó a los lectores de 1.938.

12. El primer capítulo de las aventuras de Superman era puro dinamismo, con el superhéroe enfrentando bandoleros, persiguiendo el rastro de un político corrupto, y además deteniendo una ejecución criminal injusta. Pero el Superman de 1.938 no era sólo pura imagen y nada de substancia. Como dijimos al comienzo, Superman integraba de manera perfecta la idea de superpoderes, su compromiso con el bien, y su identidad secreta. La explicación de los superpoderes pretendía ser científica: Superman era superpoderoso por ser un alienígena. De esta manera, Superman era un cómic de superhéroes y también de Ciencia Ficción. Así, Superman era un personaje fresco y moderno, encarnación de las maravillas de la ciencia moderna, a diferencia de los lejanos modelos mitológicos que basaban su poder en la magia, en el favor divino, o incluso en ser medio hijos de algún dios errante por ahí. Superman no era una sombra del pasado encarnándose en la contemporaneidad: era un vislumbre del futuro irrumpiendo en nuestro presente.

13. En cuanto a su compromiso con el bien, éste se identificaba con los desposeídos, con los asalariados. Superman era así el superhéroe del proletariado. En la época, como ya hemos mencionado, Estados Unidos luchaba todavía con los coletazos de la Gran Depresión de 1.929, y la economía se había reactivado en parte debido a la aplicación del New Deal por parte del Presidente Franklin Delano Roosevelt. Superman operaba casi como una encarnación del sueño del New Deal, de socorrer a los desfavorecidos para que puedan llevar una existencia digna como hombres de bien. No en balde, los primeros villanos a los que se enfrentó Superman, fueron no sólo ladrones de bancos y gángsters, sino también políticos corruptos. La era de la galería de villanos integrada por científicos locos y villanos alienígenas pertenecía aún al porvenir. De esta manera, Superman encarnaba el ideal del sueño americano, de Estados Unidos como el crisol de razas, de la integración del inmigrante. Es difícil no hacer conexiones entre este ideal de Superman, y la condición de descendientes de inmigrantes de sus creadores.

Christopher Reeves como Clark Kent en la película Superman de 1.978.

14. Otro factor importante del éxito de Superman fue la tensión dinámica establecida por su identidad secreta. Esto no fue inventado por Superman; la dualidad entre un héroe intachable y un alter ego torpe y permanentemente fuera de foco puede ser rastreada a lo menos algunas décadas hasta el Zorro o la Pimpinela Escarlata. Pero en ambos casos la identidad secreta era la de un afectado hijo de aristócrata, un petulante e idiota hijito de papá; Clark Kent por el contrario era un periodista, un hombre de trabajo, que vive de su salario, o sea un proletario. Superman podía encarnar así la idea de las masas de que debajo del traje de oficina del hombre común y corriente, puede haber un héroe capaz de encumbrarse por sobre la condición humana y cambiar el mundo. La identidad secreta permitió también crear un interesante juego en el triángulo sentimental entre Lois Lane, Clark Kent y Superman, ignorante la primera de que los otros dos galanes eran la misma persona. Esto también es posible rastrearlo en la novela La marca del Zorro, que data de 1.919, y que presenta un triángulo similar entre el Zorro, Diego de la Vega y Lolita, en donde Lolita es cortejada de manera muy sosa por Diego de la Vega, al tiempo que es inflamada por el halo romántico del Zorro, sin percatarse de que el aristócrata de buen pasar y el bandido enmascarado son en realidad una misma persona. Sin embargo, no cabe duda de que Superman es el ejemplo definitivo de este tipo de triángulo.

15. El personaje tuvo un impacto incalculable en la cultura popular. Por un lado, inventó el superhéroe moderno tal y como lo conocemos. Por otro, inauguró la llamada Edad de Oro del cómic de superhéroes. Además, fue el primer personaje de cómic en obtener su propia revista, ya que el número 1 de Superman fue publicado en 1.939; fue también el primero que dio el salto a la radio. Y cuarenta años después, aunque en puridad no fue su primera película, sí fue el primero de su clase que protagonizó un blockbuster de Hollywood.

Próxima entrega de Superman 75 años: SU IDENTIDAD. ¿Quién es Superman? ¿Es un alienígena caído a la Tierra? ¿Es un inmigrante? ¿Es la encarnación del sueño americano? ¿Es el nuevo mesías? Nos referiremos a todos estos temas en la próxima entrega de SUPERMAN 75 AÑOS, el Miércoles 5 de Junio, aquí en la Guillermocracia.

George Reeves y Phyllis Coates en la película Superman and the Mole Men, de 1951.
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