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domingo, 31 de marzo de 2013

Diez desastres navales que determinaron el curso de la Historia.


Quien controla los mares, controla el mundo. Quizás esto cambie en el futuro cercano por el control del aire o del espacio exterior, pero hasta el minuto sigue siendo una verdad geopolítica manifiesta. Después de todo, con drones puede matarse a una persona a distancia, pero la única manera de sofocar una revuelta desde el aire es soltando una bomba nuclear, recurso muy poco político y de escaso valor estratégico si se considera la destrucción de infraestructura adicional a las pérdidas humanas.

Por su parte, quien posee poder marítimo puede desembarcar y extraer tropas desde cualquier sitio y sin obstáculos. En un planeta en que dos terceras partes de la superficie son aguas que están interconectadas en una red oceánica mundial, esto es una ventaja manifiesta. Pero el mar es un elemento difícil. A veces el clima o las corrientes hacen difícil la navegación. O a veces, la decidida resistencia o una estrategia inteligente por parte del enemigo defendiendo la cabeza de playa consigue lo imposible. Las operaciones marítimas son en general caras, y un desastre en los mares es mucho más difícil de remontar que uno en tierra firme. A continuación, acá en la Guillermocracia haremos un brevísimo repaso a diez desastres navales cuyas consecuencias fueron tan desastrosas para el perdedor, que bien puede hablarse de que cambiaron el curso de la Historia. O que lo mantuvieron, si es que la operación hubiera marcado un nuevo rumbo de haber sido exitosa.

1. DELTA DE EGIPTO. HACIA 1190 ANTES DE CRISTO.

La historia de la invasión de los "Pueblos del Mar" a Egipto siempre se cuenta del siguiente modo: los invasores se abalanzaron sobre Egipto desde el mar, y los egipcios después de una heroica defensa, los rechazaron. Es obvio que lo veamos así, porque no quedaron testimonios del otro lado para contarnos la historia según los perdedores. Y sin embargo, hagamos un ejercicio mental y pongámonos en el lugar de los Pueblos del Mar. Resulta que ellos, probablemente aqueos, habían atacado y derribado al Imperio Cretense. Luego desembarcaron en Troya y la arrasaron. O sea, eran la mayor potencia marítima del Mar Mediterráneo en su tiempo. Incluso Egipto la pasó muy mal defendiéndose, y debió renunciar a sus dominios en Siria y Palestina, simplemente porque no le quedaron efectivos con los cuales defender las regiones periféricas de su imperio. ¿Qué hubiera pasado si los Pueblos del Mar hubieran triunfado? Los egipcios tuvieron una capacidad manifiesta para asimilar culturalmente a cuanto invasor se le puso a tiro, incluyendo mercenarios libios, monarcas nubios y generales griegos; a los que no lo logró, los ahuyentó como a los hicsos o a los asirios. ¿Pero y si las costas egipcias hubieran quedado comprendidas dentro de un imperio marítimo más grande que abarcara desde Micenas hasta el Delta del Nilo? Lo cierto es que el resultado fue otro: los Pueblos del Mar sufrieron una derrota tan aplastante, que desaparecieron de la Historia. Aunque se sospecha que los filisteos descienden de ellos. Los hebreos tendrían tiempo más adelante para maldecir por esto.



2. ISLA DE SALAMINA. 480 ANTES DE CRISTO.

El rey persa Jerjes tenía el plan de enviar un ejército por tierra, apoyado por una escuadra en el mar, para dominar Grecia. Las naves de su flota eran las pesadas galeras fenicias, capaces de machacar sin problemas a las más ligeras naves griegas. Además, las naves persas eran superiores en número. Gracias a este planteamiento habían conseguido arrasar Atenas, y se disponían a marchar sobre Esparta. Sólo que Temístocles, el almirante ateniense, fue más listo. Por medio de contraespionaje hizo creer a los persas que se retiraba, y los engañó para que pasaran por el estrecho que separa la isla de Salamina del continente europeo. Luego bloqueó ambas salidas del estrecho con sus propios barcos. La superioridad fenicia se volvió en su contra: con poco espacio para maniobrar, las naves empezaron a chocar entre sí y a naufragar. Jerjes no sólo perdió una enorme escuadra, sino que su ejército de tierra se quedó sin apoyo logístico, y fue derrotado en dos batallas (Platea y Micala) al año siguiente. Si no hubiera sido por este desastre, Jerjes hubiera conquistado Grecia, y la historia mundial posterior quizás hubiera sido muy diferente.




3. SIRACUSA. 413 ANTES DE CRISTO.

Atenas estaba metida hasta el cuello en una guerra a muerte contra Esparta. Y aprovechando un pretexto, los atenienses vieron con buenos ojos el intervenir en Sicilia, en el sur de Italia, o sea demasiado lejos de Grecia de acuerdo a los medios de locomoción de la época. La idea era tomarse Siracusa, una ciudad aliada de Esparta, y con ello eliminar la influencia espartana en la región. La recompensa sería mejorar el comercio ateniense, aislar a Esparta de sus recursos en el Mediterráneo Occidental, y decidir una guerra que ya se prolongaba casi dos décadas. En estricto rigor no hablamos de un desastre naval aquí, sino de un desastre anfibio: los generales atenienses a cargo, llamados Nicias y Demóstenes, hicieron cuanto pudieron por doblegar a las defensas siracusanas, pero sin éxito. La expedición no es que acabara en derrota, sino que ésta se convirtió en desastre. Casi todos los soldados atenienses fueron masacrados después de algunos meses de hostilidades, y los escasos supervivientes que quedaron, acabaron sus días en las crueles e inhumanas condiciones de las minas de sal. Atenas aún pudo aguantar otros ocho años de guerra, pero la expedición a Sicilia selló su suerte: ya no estaría capacitada para montar operaciones navales a tan grande escala, y con esto su imperio quedó sentenciado a muerte.



4. MAR DE JAPÓN. 1281.

Las operaciones de desembarco anfibio siempre son delicadas. No sólo deben enviarse tropas de ocupación suficientes a un territorio que puede presuponerse muy defendido, sino que además debe proporcionárseles naves suficientes para el transporte. Kublai Khan, el señor mongol que era amo supremo de China a finales del siglo XIII, decidió intentar una de estas operaciones en contra de Japón. La ocasión fue histórica. Era la primera vez que los mongoles, avezados jinetes de la estepa, probaban una operación militar marítima en gran escala. Aunque los mongoles debían remontar varios desafíos, tenían también varias ventajas en su favor. La principal era que los mongoles tenían a su haber toda la población de China para reclutar tropas y enviarlas a combatir de manera masiva, mientras que Japón no sólo tenía menos población, sino que además descansaba en los samurais, un puñado de guerreros cuyo mortífero entrenamiento no compensaba necesariamente su escasez. Además, Kublai Khan tenía dominios estabilizados, mientras que los japoneses vivían por aquellas fechas en un estado casi crónico de guerra civil. Kublai Khan hizo no un intento, sino dos, en 1274 y 1281. La primera vez se vio fastidiado por una tormenta que amenazó con echar a pique su flota, juzgando más prudente retirarse. La segunda, un tifón aún más grande, el llamado kamikaze o viento de los dioses en japonés, destruyó la flota mongola. Si Kublai Khan hubiera conquistado Japón, cabe preguntarse qué hubiera pasado con la cultura japonesa bajo dominio extranjero. Quizás China y Japón hubieran crecido mucho más hermanados, con consecuencias impensables para el equilibrio geopolítico mundial. Pero lejos de ello, este desastre ayudó a cimentar las bases del nacionalismo japonés. Japón tendría ocasión de devolverle la mano a China en 1937. Con consecuencias tan horribles que aquello terminó siendo llamado la violación de Nanking.


5. CANAL DE LA MANCHA. 1588.

Felipe II de España seguía en guerra no declarada con Inglaterra, y decidió cortar por lo sano, desembarcando un ejército desde Flandes hacia las cercanías de Londres, para derrocar a la Reina Isabel. Para este efecto, envió una escuadra al Canal de la Mancha que sirviera como transporte y puente. La Armada Invencible estaba en inferioridad numérica frente a las naves inglesas, pero a cambio tenía una mayor potencia de fuego, y además no necesitaba engarzarse en combate: le bastaba con llegar indemne a destino para cumplir su misión. Sólo que los ingleses fueron más astutos, y presentaron batalla, pero aprovechando la mayor maniobrabilidad de sus naves para cañonear a los españoles sin exponerse al fuego enemigo. En el puerto de Gravelines, en Flandes, actualmente en Francia, se libró el combate decisivo. Los españoles sufrieron pérdidas tan salvajes, que dieron por perdida la misión. Ni siquiera se atrevieron a regresar por el Canal de la Mancha, y prefirieron como opción más segura darse la vuelta a todas las Islas Británicas. Apenas la mitad de las naves españolas llegaron de vuelta a puertos españoles. El desastre fue tan absoluto, que España nunca más pudo tentar una operación a tan gran escala. Sería necesario el desastre inverso del Desembarco de Cádiz de 1625 para que los ingleses perdieran la iniciativa, y aún así, España ya no era la enorme potencia naval que alguna vez fue.



6. CARTAGENA DE INDIAS. 1741.

Era casi inevitable. El Imperio Español era rico en recursos, pero iba en declive, mientras que el Imperio Británico iba en pleno ascenso. Más tarde o más temprano, el retador iba a desafiar al campeón, lo que ocurrió en 1739 con el estallido de la Guerra de la Oreja de Jenkins. En 1741, los ingleses decidieron enviar una poderosa escuadra de casi doscientas naves a tomarse Cartagena de Indias, uno de los más importantes puertos del Imperio Español. Las fuerzas inglesas eran vastamente superiores, más de 25.000 hombres frente a apenas unos 4.000 defensores, por lo que los españoles sólo podían confiar en sus fortificaciones, y en ganar tiempo. Pero la inhabilidad enfermiza de los británicos para arreglárselas con la compleja logística de una expedición de esta envergadura, sumado a algunos importantes reveses, entre ellos la muerte del único ingeniero que podía construirles una batería en tierra, fueron alargando la operación. Finalmente, después de dos meses, llegó la temporada de lluvias, y los ingleses debieron retirarse. Además, durante toda la campaña pelearon contra la fiebre amarilla, un enemigo inesperado contra el cual a diferencia de los españoles acostumbrados al clima, carecían por completo de inmunidad. El resultado es que el dominio español no aflojaría sino hasta el siglo XIX. Si los ingleses hubieran ganado, no cabe duda que hubieran cortado al Imperio Español en dos, además de cercenarle todo el Caribe oriental. Con ello, hubiera sido cuestión de tiempo antes de que los ingleses hubieran enviado expediciones militares a Perú, y quizás hubieran terminado haciendo caer toda la costa occidental de Sudamérica en sus manos. Una batalla olvidada, sin duda, como todas aquellas que al final terminan por no alterar el status quo, pero un desastre marítimo que determinó el curso de la Historia.



7. BAHÍA DE TSUSHIMA. 1905.

A inicios del siglo XX, en parte debido a la hostilidad personal del zar Nicolás II contra los japoneses, Rusia miraba en menos a éstos. Los japoneses, por su parte, se habían embarcado hacía años en una carrera por occidentalizarse y convertirse en un imperio industrial a la usanza de Francia o Inglaterra. Ambas naciones terminaron chocando por el tema de la hegemonía del Pacífico, océano al que los rusos habían accedido después de liquidar los últimos janatos mongoles centroasiáticos en el siglo XIX, y aquí empezó el desastre para los rusos. En 1869, ellos habían abierto el puerto de Vladivostok para tener acceso al Pacífico, pero no habían juzgado necesario defenderlo con una poderosa escuadra. Cuando estalló la guerra, los rusos se encontraron en la necesidad de enviar a la flota del Báltico a un viaje de 18.000 kilómetros alrededor del Cabo de la Buena Esperanza en Sudáfrica para alcanzar el mar del Japón. Tan lunático como suena, los rusos lo hicieron. Pero la ineficiencia, la incompetencia, y aún la llana corrupción de la soldadesca y de los altos mandos rusos, le hicieron muy difícil la tarea al Almirante Rozhedvensky, encargado de liderar una expedición de naves obsoletas y mal diseñadas. Apenas llegaron a los mares japoneses, y al primer choque, la escuadra rusa fue mandada a pique al fondo del océano. Los japoneses lograron importantísimas concesiones territoriales, y más aún, se posicionaron bruscamente como una de las superpotencias mundiales. Sólo el desastre de la Segunda Guerra Mundial consiguió enviar a Japón de regreso al segundo plano. Los rusos, por su parte, al conocerse la noticia de la derrota, estallaron en rebelión: la famosa Revolución de 1905, apenas sofocada, y que a la larga fue sólo el prólogo de la más famosa Revolución de 1917.



8. ESTRECHO DE LOS DARDANELOS. 1916.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, todos creían que iba a ser un conflicto de corta duración, con batallas con ejércitos flanqueándose unos a otros a la manera de la guerra napoleónica. Craso error: el desarrollo de la pala y el alambre de púas como herramientas de batalla provocó el brutal estancamiento de la guerra de trincheras. En paralelo, el Imperio Otomano se había inclinado hacia Alemania, lo que proporcionaba a Rusia una impecable ocasión para declarar la guerra, y conseguir de una vez por todas su ansiado paso hacia el Mar Mediterráneo. Para Inglaterra, atacar al Imperio Otomano significaba no sólo abrir un posible segundo frente contra Alemania por Europa Oriental, sino también pararle los pies a sus aliados rusos antes de que se aparecieran por el Mar Mediterráneo y se convirtieran en una potencial amenaza para los intereses estratégicos británicos en la región. Al inicio, la operación en los Dardanelos iba a ser puramente naval, destinada a asegurar la supremacía marítima en aguas otomanas, debido a que las fuerzas de tierra no dependían del Almirantazgo, pero pronto, cuando la operación empezó a marchar en serio, se abrió paso el concepto de un desembarco anfibio. El desembarco partió con éxito rotundo por parte de las bien entrenadas tropas británicas contra las pobres defensas otomanas, hasta que se toparon con un enemigo siniestro: minas. Los británicos terminaron convenciéndose de que la victoria era posible, pero a un precio demasiado prohibitivo, en particular si se considera que para los británicos era un segundo frente, además del frente francés, y decidieron abortar la operación. Si los británicos hubieran tenido éxito, habrían quizás conquistado el Imperio Otomano; después, Alemania y Rusia habrían afrontado mayores complicaciones en tratar de hacerse con el control de Europa Oriental. Más éxito tuvieron los británicos promoviendo el nacionalismo árabe en los dominios otomanos en el Medio Oriente, y creando sobre el cadáver del dominio otomano una serie de principados que fueron bastante proclives a sus intereses, hasta la creación de Israel por lo menos.



9. MAR DE FILIPINAS. 1944.

Si bien Japón sufrió varias contundentes derrotas marítimas a manos de Estados Unidos, quizás la más cercana a ser catalogada como desastre en toda regla es la Batalla del Mar de Filipinas. Los Aliados ya estaban consiguiendo forzar la entrada al territorio marítimo del Imperio Japonés, cortando las vitales líneas de suministros, pero aún necesitaban asegurar su posición tomando Filipinas y cortando en definitiva el acceso japonés a los recursos procedentes desde Indonesia, ocupada militarmente por Japón en 1942. Japón tenía una oportunidad única de contraatacar. Las fuerzas japonesas y estadounidenses todavía estaban más o menos parejas, aunque con ventaja para los Aliados. Los japoneses pensaban que si demostraban espíritu e infligían una cantidad prohibitiva de bajas a los Aliados, los obligarían a sentarse en la mesa de negociaciones, lo que no era tan descabellado si se piensa que Estados Unidos estaba lidiando también con el frente europeo. Pero los japoneses seguían privilegiando al acorazado como arma marítima suprema, después de que hubieran sido derrotados en varias batallas por portaaviones. La paliza que los Aliados le dieron a Japón fue suprema, ya que ambos iban con números más o menos parecidos de aeronaves, pero mientras que los Aliados perdieron 123, los japoneses pasaron del medio millar de pérdidas. Con tres portaaviones hundidos, el poder aeronáutico de Japón se acabó prácticamente para siempre. Filipinas vio después todavía una batalla adicional, la Batalla del Golfo de Leyte, pero los Aliados ya la podían dar por reconquistada. Sin Filipinas, Japón se quedaba sin su línea de suministros desde Indonesia, y con ello, era cuestión de tiempo antes del harakiri. Si siguieron adelante durante un año más no fue porque les quedara alguna ventaja estratégica en el bolsillo, sino por una determinación digna de mejor causa. Tanta determinación en efecto, que fue necesario detonarles dos bombas nucleares encima para que se rindieran.



10. CANAL DE SUEZ. 1956.

La política internacional bajo la Guerra Fría era asunto complicado. En 1952, la monarquía egipcia fue derribada, para inquietud de la OTAN, puesto que el rey Faruk era buen amigo de Occidente. Su reemplazo fue Gamal Abdel Nasser, quien irritó a Occidente debido a que no quiso adoptar una actitud servil. Y como Occidente tratara de hacerle imposible la vida a Nasser, éste decidió pasarse al bando soviético. Y además, nacionalizar el Canal de Suez, en manos británicas desde 1875. Inglaterra y Francia decidieron entonces intentar un desembarco anfibio para recobrar el control del Canal de Suez, y además derrocar a Nasser. No hace falta decir que ambos objetivos, en el contexto político, eran pretextos abiertamente ilegales para una intervención militar armada, pero no consideremos eso por ahora. Sólo digamos que ambos objetivos no podían ser calzados dentro de un plan estratégico global, ya que uno implicaba la toma del Canal, y otro avanzar a El Cairo, objetivos ambos difíciles de compatibilizar en lo que supuestamente era una operación de policía. Esto, sumado a los desconcertantes retrasos en la preparación, hizo que cuando el ataque fuera lanzado, marchara a paso de tortuga, y terminara en una bochornosa derrota para las fuerzas de intervención anglofrancesas. Si hubieran triunfado, el equilibrio político mundial se hubiera inclinado decisivamente a Occidente. Al fracasar, Egipto se transformó en una pieza vital de los intereses soviéticos en la región, siempre dispuestos a apoyar a los países árabes en contra de Israel. Habría que esperar hasta los acuerdos de Camp Davis, en 1979, para revertir los efectos desastrosos de dicha intervención militar. Por una vez, la pluma fue más fuerte que la espada...

8 comentarios:

Roman dijo...

Yo añadiría "El Desastre Naval de las Islas Sorlingas de 1707"

http://www.navegar-es-preciso.com/news/el-desastre-naval-de-las-islas-sorlingas-de-1707/

saludos cordiales. Román

Guillermo Ríos dijo...

Técnicamente no califica, ya que los diez desastres compendiados aquí son batallas naves, o bien operaciones bélicas anfibias a gran escala, que salieron horrorosamente mal para los atacantes, mientras que lo de las islas Sorlingas no fue una batalla sino un naufragio masivo. Aunque de todas maneras podemos preguntarnos qué tanto hubiera mejorado el desempeño de Inglaterra en la Guerra de Sucesión Española si su escuadra hubiera sido más fuerte desde 1.707 en adelante; con una mejor vía marítima de comunicaciones que hubiera podido llevar tropas, armas y pertrechos a la península, quizás España sería gobernada hoy en día por un Estuardo como Ana o un Hannover como Jorge I, en vez del Borbón Felipe VI.

Excelente el artículo del enlace, en todo caso, y muy interesante la referencia al tema de lo que significaba en la época la imprecisión en medir la longitud, durante la navegación. Tengo entendido que un error de apenas un grado en medir la longitud en alta mar significa pifiar la ruta de navegación por algo más de cien kilómetros, de manera que me imagino los ceños fruncidos de preocupación, de los capitanes en alta mar, a la hora de trazar el derrotero sobre un mapa.

Saludos cordiales igualmente.

Roman dijo...

Muy cierto, no es un combate contra el enemigo sino contra los elementos y la incertidumbre de la posición.

Muy cierto también el comentario sobre el error de un grado. 1 grado = 60 millas o 111 kilómetros.

saludos

Guillermo Ríos dijo...

Me referí al tema de la longitud de manera incidental, a propósito de la primera aproximación matemática al valor de la velocidad de la luz, que fue producto precisamente de un esfuerzo por encontrar un método a través del cual calcular la longitud de manera exacta. Ya en esa época, valiosos descubrimientos científicos teóricos tuvieron su base en investigaciones prácticas...

Saludos.

Martín dijo...

Buena recopilación, aunque yo agregaría la Invencible Inglesa de 1589 (sí, al año de la Grande y Felicísima Armada) que fue peor para los ingleses, tanto que significó para Francis Drake caer en desgracia al no alcanzar ningún objetivo (de hecho, casi mete a Inglaterra en otro lío al atacar naves de la Hansa que no estaban en guerra franca con ese país, ante la imposibilidad de conseguir algún logro contra los españoles).
Y también agregaría Midway. Fue un desastre para los japoneses en toda regla, cuyas pérdidas mayores fueron su confianza y los duros y curtidos pilotos que murieron en las cubiertas de los portaaviones (y ellos sí que no pudieron ser reemplazados). Además, debería figurar sólo por la extraordinaria diferencia de suerte entre ambos bandos: la loca buena suerte de los yanquis (el escuadrón de bombardeo que atacó de refilón y al límite de su autonomía, más la inconcebible resistencia del Yorktown, que se llevó todo el peso del esfuerzo japonés) y la increíble mala suerte de los japoneses (los aviones de observación que encontraron a la flota estaounidense: el primero que salió tarde, y que fue el origen de la desastrosa orden del cambio de torpedos a bombas y viceversa; y el segundo que averió su radio y que no pudo informar hasta que aterrizó en el Hiryu - a las horas de haber despegado -, aparte que además informó mal: señaló que en vez de tres portaaviones yanquis, había cinco)

Guillermo Ríos dijo...

Lo de la Invencible Inglesa es un caso complicado. Y algo triste, si se lo mira bien. Los ingleses tenían todos los ases en la mano después de la paliza que se habían llevado los españoles, y terminaron fusilándoselo todo. Aunque el fracaso parece en parte merecido, porque ni los propios ingleses tenían claro qué querían conseguir, si apoderarse del Tesoro de Indias o sublevar a Portugal. De haberse concentrado en uno de los dos, quizás hubieran tenido éxito.

Bien mirado, es cierto, probablemente Midway fue más decisivo para el curso de la guerra que el Mar de las Filipinas. Aunque hay dos factores de fondo que casi permitían anticipar una victoria aliada. Por un lado, el plan de Yamamoto era demasiado complejo, tratando de cubrir demasiado terreno y separando mucho sus buques. Y segundo, Yamamoto ignoraba por supuesto que Estados Unidos había descifrado sus códigos de combate, por lo que Nimitz jugaba con bastante ventaja.

Por lo que pueda valer la información, el novelista Robert Conroy escribió una novela llamada Rising Sun, que describe precisamente una victoria japonesa en Midway, y el subsiguiente ataque japonés contra Alaska y la costa pacífica de Estados Unidos. No la he leído ni sé si hay traducción al castellano, pero dejo la información de todas maneras por el interés que pueda tener.

Martín dijo...

Me picó el bichito. Veré si la puedo leer con la ayuda del google translator XD

Guillermo Ríos dijo...

Si vale la pena, entonces de ahí me cuentan.

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