domingo, 31 de marzo de 2013

Diez desastres navales que determinaron el curso de la Historia.


Quien controla los mares, controla el mundo. Quizás esto cambie en el futuro cercano por el control del aire o del espacio exterior, pero hasta el minuto sigue siendo una verdad geopolítica manifiesta. Después de todo, con drones puede matarse a una persona a distancia, pero la única manera de sofocar una revuelta desde el aire es soltando una bomba nuclear, recurso muy poco político y de escaso valor estratégico si se considera la destrucción de infraestructura adicional a las pérdidas humanas.

Por su parte, quien posee poder marítimo puede desembarcar y extraer tropas desde cualquier sitio y sin obstáculos. En un planeta en que dos terceras partes de la superficie son aguas que están interconectadas en una red oceánica mundial, esto es una ventaja manifiesta. Pero el mar es un elemento difícil. A veces el clima o las corrientes hacen difícil la navegación. O a veces, la decidida resistencia o una estrategia inteligente por parte del enemigo defendiendo la cabeza de playa consigue lo imposible. Las operaciones marítimas son en general caras, y un desastre en los mares es mucho más difícil de remontar que uno en tierra firme. A continuación, acá en la Guillermocracia haremos un brevísimo repaso a diez desastres navales cuyas consecuencias fueron tan desastrosas para el perdedor, que bien puede hablarse de que cambiaron el curso de la Historia. O que lo mantuvieron, si es que la operación hubiera marcado un nuevo rumbo de haber sido exitosa.

1. DELTA DE EGIPTO. HACIA 1190 ANTES DE CRISTO.

La historia de la invasión de los "Pueblos del Mar" a Egipto siempre se cuenta del siguiente modo: los invasores se abalanzaron sobre Egipto desde el mar, y los egipcios después de una heroica defensa, los rechazaron. Es obvio que lo veamos así, porque no quedaron testimonios del otro lado para contarnos la historia según los perdedores. Y sin embargo, hagamos un ejercicio mental y pongámonos en el lugar de los Pueblos del Mar. Resulta que ellos, probablemente aqueos, habían atacado y derribado al Imperio Cretense. Luego desembarcaron en Troya y la arrasaron. O sea, eran la mayor potencia marítima del Mar Mediterráneo en su tiempo. Incluso Egipto la pasó muy mal defendiéndose, y debió renunciar a sus dominios en Siria y Palestina, simplemente porque no le quedaron efectivos con los cuales defender las regiones periféricas de su imperio. ¿Qué hubiera pasado si los Pueblos del Mar hubieran triunfado? Los egipcios tuvieron una capacidad manifiesta para asimilar culturalmente a cuanto invasor se le puso a tiro, incluyendo mercenarios libios, monarcas nubios y generales griegos; a los que no lo logró, los ahuyentó como a los hicsos o a los asirios. ¿Pero y si las costas egipcias hubieran quedado comprendidas dentro de un imperio marítimo más grande que abarcara desde Micenas hasta el Delta del Nilo? Lo cierto es que el resultado fue otro: los Pueblos del Mar sufrieron una derrota tan aplastante, que desaparecieron de la Historia. Aunque se sospecha que los filisteos descienden de ellos. Los hebreos tendrían tiempo más adelante para maldecir por esto.



2. ISLA DE SALAMINA. 480 ANTES DE CRISTO.

El rey persa Jerjes tenía el plan de enviar un ejército por tierra, apoyado por una escuadra en el mar, para dominar Grecia. Las naves de su flota eran las pesadas galeras fenicias, capaces de machacar sin problemas a las más ligeras naves griegas. Además, las naves persas eran superiores en número. Gracias a este planteamiento habían conseguido arrasar Atenas, y se disponían a marchar sobre Esparta. Sólo que Temístocles, el almirante ateniense, fue más listo. Por medio de contraespionaje hizo creer a los persas que se retiraba, y los engañó para que pasaran por el estrecho que separa la isla de Salamina del continente europeo. Luego bloqueó ambas salidas del estrecho con sus propios barcos. La superioridad fenicia se volvió en su contra: con poco espacio para maniobrar, las naves empezaron a chocar entre sí y a naufragar. Jerjes no sólo perdió una enorme escuadra, sino que su ejército de tierra se quedó sin apoyo logístico, y fue derrotado en dos batallas (Platea y Micala) al año siguiente. Si no hubiera sido por este desastre, Jerjes hubiera conquistado Grecia, y la historia mundial posterior quizás hubiera sido muy diferente.




3. SIRACUSA. 413 ANTES DE CRISTO.

Atenas estaba metida hasta el cuello en una guerra a muerte contra Esparta. Y aprovechando un pretexto, los atenienses vieron con buenos ojos el intervenir en Sicilia, en el sur de Italia, o sea demasiado lejos de Grecia de acuerdo a los medios de locomoción de la época. La idea era tomarse Siracusa, una ciudad aliada de Esparta, y con ello eliminar la influencia espartana en la región. La recompensa sería mejorar el comercio ateniense, aislar a Esparta de sus recursos en el Mediterráneo Occidental, y decidir una guerra que ya se prolongaba casi dos décadas. En estricto rigor no hablamos de un desastre naval aquí, sino de un desastre anfibio: los generales atenienses a cargo, llamados Nicias y Demóstenes, hicieron cuanto pudieron por doblegar a las defensas siracusanas, pero sin éxito. La expedición no es que acabara en derrota, sino que ésta se convirtió en desastre. Casi todos los soldados atenienses fueron masacrados después de algunos meses de hostilidades, y los escasos supervivientes que quedaron, acabaron sus días en las crueles e inhumanas condiciones de las minas de sal. Atenas aún pudo aguantar otros ocho años de guerra, pero la expedición a Sicilia selló su suerte: ya no estaría capacitada para montar operaciones navales a tan grande escala, y con esto su imperio quedó sentenciado a muerte.



4. MAR DE JAPÓN. 1281.

Las operaciones de desembarco anfibio siempre son delicadas. No sólo deben enviarse tropas de ocupación suficientes a un territorio que puede presuponerse muy defendido, sino que además debe proporcionárseles naves suficientes para el transporte. Kublai Khan, el señor mongol que era amo supremo de China a finales del siglo XIII, decidió intentar una de estas operaciones en contra de Japón. La ocasión fue histórica. Era la primera vez que los mongoles, avezados jinetes de la estepa, probaban una operación militar marítima en gran escala. Aunque los mongoles debían remontar varios desafíos, tenían también varias ventajas en su favor. La principal era que los mongoles tenían a su haber toda la población de China para reclutar tropas y enviarlas a combatir de manera masiva, mientras que Japón no sólo tenía menos población, sino que además descansaba en los samurais, un puñado de guerreros cuyo mortífero entrenamiento no compensaba necesariamente su escasez. Además, Kublai Khan tenía dominios estabilizados, mientras que los japoneses vivían por aquellas fechas en un estado casi crónico de guerra civil. Kublai Khan hizo no un intento, sino dos, en 1274 y 1281. La primera vez se vio fastidiado por una tormenta que amenazó con echar a pique su flota, juzgando más prudente retirarse. La segunda, un tifón aún más grande, el llamado kamikaze o viento de los dioses en japonés, destruyó la flota mongola. Si Kublai Khan hubiera conquistado Japón, cabe preguntarse qué hubiera pasado con la cultura japonesa bajo dominio extranjero. Quizás China y Japón hubieran crecido mucho más hermanados, con consecuencias impensables para el equilibrio geopolítico mundial. Pero lejos de ello, este desastre ayudó a cimentar las bases del nacionalismo japonés. Japón tendría ocasión de devolverle la mano a China en 1937. Con consecuencias tan horribles que aquello terminó siendo llamado la violación de Nanking.


5. CANAL DE LA MANCHA. 1588.

Felipe II de España seguía en guerra no declarada con Inglaterra, y decidió cortar por lo sano, desembarcando un ejército desde Flandes hacia las cercanías de Londres, para derrocar a la Reina Isabel. Para este efecto, envió una escuadra al Canal de la Mancha que sirviera como transporte y puente. La Armada Invencible estaba en inferioridad numérica frente a las naves inglesas, pero a cambio tenía una mayor potencia de fuego, y además no necesitaba engarzarse en combate: le bastaba con llegar indemne a destino para cumplir su misión. Sólo que los ingleses fueron más astutos, y presentaron batalla, pero aprovechando la mayor maniobrabilidad de sus naves para cañonear a los españoles sin exponerse al fuego enemigo. En el puerto de Gravelines, en Flandes, actualmente en Francia, se libró el combate decisivo. Los españoles sufrieron pérdidas tan salvajes, que dieron por perdida la misión. Ni siquiera se atrevieron a regresar por el Canal de la Mancha, y prefirieron como opción más segura darse la vuelta a todas las Islas Británicas. Apenas la mitad de las naves españolas llegaron de vuelta a puertos españoles. El desastre fue tan absoluto, que España nunca más pudo tentar una operación a tan gran escala. Sería necesario el desastre inverso del Desembarco de Cádiz de 1625 para que los ingleses perdieran la iniciativa, y aún así, España ya no era la enorme potencia naval que alguna vez fue.



6. CARTAGENA DE INDIAS. 1741.

Era casi inevitable. El Imperio Español era rico en recursos, pero iba en declive, mientras que el Imperio Británico iba en pleno ascenso. Más tarde o más temprano, el retador iba a desafiar al campeón, lo que ocurrió en 1739 con el estallido de la Guerra de la Oreja de Jenkins. En 1741, los ingleses decidieron enviar una poderosa escuadra de casi doscientas naves a tomarse Cartagena de Indias, uno de los más importantes puertos del Imperio Español. Las fuerzas inglesas eran vastamente superiores, más de 25.000 hombres frente a apenas unos 4.000 defensores, por lo que los españoles sólo podían confiar en sus fortificaciones, y en ganar tiempo. Pero la inhabilidad enfermiza de los británicos para arreglárselas con la compleja logística de una expedición de esta envergadura, sumado a algunos importantes reveses, entre ellos la muerte del único ingeniero que podía construirles una batería en tierra, fueron alargando la operación. Finalmente, después de dos meses, llegó la temporada de lluvias, y los ingleses debieron retirarse. Además, durante toda la campaña pelearon contra la fiebre amarilla, un enemigo inesperado contra el cual a diferencia de los españoles acostumbrados al clima, carecían por completo de inmunidad. El resultado es que el dominio español no aflojaría sino hasta el siglo XIX. Si los ingleses hubieran ganado, no cabe duda que hubieran cortado al Imperio Español en dos, además de cercenarle todo el Caribe oriental. Con ello, hubiera sido cuestión de tiempo antes de que los ingleses hubieran enviado expediciones militares a Perú, y quizás hubieran terminado haciendo caer toda la costa occidental de Sudamérica en sus manos. Una batalla olvidada, sin duda, como todas aquellas que al final terminan por no alterar el status quo, pero un desastre marítimo que determinó el curso de la Historia.



7. BAHÍA DE TSUSHIMA. 1905.

A inicios del siglo XX, en parte debido a la hostilidad personal del zar Nicolás II contra los japoneses, Rusia miraba en menos a éstos. Los japoneses, por su parte, se habían embarcado hacía años en una carrera por occidentalizarse y convertirse en un imperio industrial a la usanza de Francia o Inglaterra. Ambas naciones terminaron chocando por el tema de la hegemonía del Pacífico, océano al que los rusos habían accedido después de liquidar los últimos janatos mongoles centroasiáticos en el siglo XIX, y aquí empezó el desastre para los rusos. En 1869, ellos habían abierto el puerto de Vladivostok para tener acceso al Pacífico, pero no habían juzgado necesario defenderlo con una poderosa escuadra. Cuando estalló la guerra, los rusos se encontraron en la necesidad de enviar a la flota del Báltico a un viaje de 18.000 kilómetros alrededor del Cabo de la Buena Esperanza en Sudáfrica para alcanzar el mar del Japón. Tan lunático como suena, los rusos lo hicieron. Pero la ineficiencia, la incompetencia, y aún la llana corrupción de la soldadesca y de los altos mandos rusos, le hicieron muy difícil la tarea al Almirante Rozhedvensky, encargado de liderar una expedición de naves obsoletas y mal diseñadas. Apenas llegaron a los mares japoneses, y al primer choque, la escuadra rusa fue mandada a pique al fondo del océano. Los japoneses lograron importantísimas concesiones territoriales, y más aún, se posicionaron bruscamente como una de las superpotencias mundiales. Sólo el desastre de la Segunda Guerra Mundial consiguió enviar a Japón de regreso al segundo plano. Los rusos, por su parte, al conocerse la noticia de la derrota, estallaron en rebelión: la famosa Revolución de 1905, apenas sofocada, y que a la larga fue sólo el prólogo de la más famosa Revolución de 1917.



8. ESTRECHO DE LOS DARDANELOS. 1916.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, todos creían que iba a ser un conflicto de corta duración, con batallas con ejércitos flanqueándose unos a otros a la manera de la guerra napoleónica. Craso error: el desarrollo de la pala y el alambre de púas como herramientas de batalla provocó el brutal estancamiento de la guerra de trincheras. En paralelo, el Imperio Otomano se había inclinado hacia Alemania, lo que proporcionaba a Rusia una impecable ocasión para declarar la guerra, y conseguir de una vez por todas su ansiado paso hacia el Mar Mediterráneo. Para Inglaterra, atacar al Imperio Otomano significaba no sólo abrir un posible segundo frente contra Alemania por Europa Oriental, sino también pararle los pies a sus aliados rusos antes de que se aparecieran por el Mar Mediterráneo y se convirtieran en una potencial amenaza para los intereses estratégicos británicos en la región. Al inicio, la operación en los Dardanelos iba a ser puramente naval, destinada a asegurar la supremacía marítima en aguas otomanas, debido a que las fuerzas de tierra no dependían del Almirantazgo, pero pronto, cuando la operación empezó a marchar en serio, se abrió paso el concepto de un desembarco anfibio. El desembarco partió con éxito rotundo por parte de las bien entrenadas tropas británicas contra las pobres defensas otomanas, hasta que se toparon con un enemigo siniestro: minas. Los británicos terminaron convenciéndose de que la victoria era posible, pero a un precio demasiado prohibitivo, en particular si se considera que para los británicos era un segundo frente, además del frente francés, y decidieron abortar la operación. Si los británicos hubieran tenido éxito, habrían quizás conquistado el Imperio Otomano; después, Alemania y Rusia habrían afrontado mayores complicaciones en tratar de hacerse con el control de Europa Oriental. Más éxito tuvieron los británicos promoviendo el nacionalismo árabe en los dominios otomanos en el Medio Oriente, y creando sobre el cadáver del dominio otomano una serie de principados que fueron bastante proclives a sus intereses, hasta la creación de Israel por lo menos.



9. MAR DE FILIPINAS. 1944.

Si bien Japón sufrió varias contundentes derrotas marítimas a manos de Estados Unidos, quizás la más cercana a ser catalogada como desastre en toda regla es la Batalla del Mar de Filipinas. Los Aliados ya estaban consiguiendo forzar la entrada al territorio marítimo del Imperio Japonés, cortando las vitales líneas de suministros, pero aún necesitaban asegurar su posición tomando Filipinas y cortando en definitiva el acceso japonés a los recursos procedentes desde Indonesia, ocupada militarmente por Japón en 1942. Japón tenía una oportunidad única de contraatacar. Las fuerzas japonesas y estadounidenses todavía estaban más o menos parejas, aunque con ventaja para los Aliados. Los japoneses pensaban que si demostraban espíritu e infligían una cantidad prohibitiva de bajas a los Aliados, los obligarían a sentarse en la mesa de negociaciones, lo que no era tan descabellado si se piensa que Estados Unidos estaba lidiando también con el frente europeo. Pero los japoneses seguían privilegiando al acorazado como arma marítima suprema, después de que hubieran sido derrotados en varias batallas por portaaviones. La paliza que los Aliados le dieron a Japón fue suprema, ya que ambos iban con números más o menos parecidos de aeronaves, pero mientras que los Aliados perdieron 123, los japoneses pasaron del medio millar de pérdidas. Con tres portaaviones hundidos, el poder aeronáutico de Japón se acabó prácticamente para siempre. Filipinas vio después todavía una batalla adicional, la Batalla del Golfo de Leyte, pero los Aliados ya la podían dar por reconquistada. Sin Filipinas, Japón se quedaba sin su línea de suministros desde Indonesia, y con ello, era cuestión de tiempo antes del harakiri. Si siguieron adelante durante un año más no fue porque les quedara alguna ventaja estratégica en el bolsillo, sino por una determinación digna de mejor causa. Tanta determinación en efecto, que fue necesario detonarles dos bombas nucleares encima para que se rindieran.



10. CANAL DE SUEZ. 1956.

La política internacional bajo la Guerra Fría era asunto complicado. En 1952, la monarquía egipcia fue derribada, para inquietud de la OTAN, puesto que el rey Faruk era buen amigo de Occidente. Su reemplazo fue Gamal Abdel Nasser, quien irritó a Occidente debido a que no quiso adoptar una actitud servil. Y como Occidente tratara de hacerle imposible la vida a Nasser, éste decidió pasarse al bando soviético. Y además, nacionalizar el Canal de Suez, en manos británicas desde 1875. Inglaterra y Francia decidieron entonces intentar un desembarco anfibio para recobrar el control del Canal de Suez, y además derrocar a Nasser. No hace falta decir que ambos objetivos, en el contexto político, eran pretextos abiertamente ilegales para una intervención militar armada, pero no consideremos eso por ahora. Sólo digamos que ambos objetivos no podían ser calzados dentro de un plan estratégico global, ya que uno implicaba la toma del Canal, y otro avanzar a El Cairo, objetivos ambos difíciles de compatibilizar en lo que supuestamente era una operación de policía. Esto, sumado a los desconcertantes retrasos en la preparación, hizo que cuando el ataque fuera lanzado, marchara a paso de tortuga, y terminara en una bochornosa derrota para las fuerzas de intervención anglofrancesas. Si hubieran triunfado, el equilibrio político mundial se hubiera inclinado decisivamente a Occidente. Al fracasar, Egipto se transformó en una pieza vital de los intereses soviéticos en la región, siempre dispuestos a apoyar a los países árabes en contra de Israel. Habría que esperar hasta los acuerdos de Camp Davis, en 1979, para revertir los efectos desastrosos de dicha intervención militar. Por una vez, la pluma fue más fuerte que la espada...

miércoles, 27 de marzo de 2013

ZOOCINE - "El cine que será tu cine el 2013".


JORDAN: ¿Y, chicos? A ver, díganme, qué película están esperando para la temporada 2013.

LAURENCIO: Quieres decir, la temporada de blockbusters del 2013. Porque de eso se trata.

CHILEKENT69: Oye, Laurencio, déjate de tirar piedras contra Hollywood desde Cuba.

VÍCTOR: Bueeeeeno, yo estoy esperando, a ver, no sé...

CHILEKENT69: Apuesto a que estás esperando a que Jordan diga cuáles son las suyas, y tú decir que sí, ésas mismas...

VÍCTOR: ¡A ver, dispara tú! ¡Cuáles estás esperando!

CHILEKENT69: Bueno, primero que nada... Bikini sangriento 6: La venganza de Jennifer. Es que la Donna Marshall está más regüena... Lo único es que parece que no va a morir ná, y eso como que le quita suspenso. Pero bueno.

JORDAN: ¿Y por qué sabes que no va a morir, si no la estrenan todavía?

CHILEKENT69: Porque Donna Marshall se conoció con el director y productor en el set de Bikini sangriento 4: El Legado, y se casaron, y desde entonces la mina se tiene asegurado el cupo. Pero bueno, aparte de esa... Iron Man 3... la zorra, ahora que aparece el Mandarín... La de Superman, no sé, igual si se mandan un cagazo como la del 2006... ¡Ah! Y la de Star Trek.

VÍCTOR: Y pensar que hasta hace algunos años atrás, confesar que te gustaba Star Trek era ser ñoño mamón.

CHILEKENT69: A ver, las Star Trek antiguas sí son ñoñas. Pero el reboot del 2009, la zorra.

JORDAN: Y la de Iron Man 3 por los efectos especiales, supongo.

CHILEKENT69: Bueno, sí... Que Tony Stark en el cómic es un alcohólico, pero en la saga ésta no lo muestran muy borracho.

LAURENCIO: Y a años luz de Días sin huella con Ray Milland, claro.

CHILEKENT69: ¿De cuál?

JORDAN: Yo igual quiero ver... no sé cuál es... Es una en la que aparece Leonardo DiCaprio, es de época...

LAURENCIO: El gran Gatsby. Bueno, tiene su punto de interés, el director Baz Luhrmann tiene una interesante aproximación postmoderna a sus temas que... ustedes me entienden.

VÍCTOR: Igual se ve buena.

CHILEKENT69: Lo sabía. Jordan dijo que le gustaba la película mamona, y Víctor se subió al tiro al carro.

VÍCTOR: ¡Oye, yo no soy un mam...! Eh, espera, celular... Es mi madre, discúpenme. ¿Aló...?

CHILEKENT69: Con Víctor fuera de combate por la mano de hierro de su madre, ahora quedas tú, Laurencio. Dime, qué blockbuster del 2013 quieres ver. Porque no todo va a ser cine europeo, ¿no?

LAURENCIO: Es que en realidad no se me ocurre ninguna. Cada año los blockbusters están más y más malos. Puros efectos especiales, sonido que te revienta los tímpanos, explosiones bonitas, cero actuación, incluso cero guión...

CHILEKENT69: ¿Pero no era eso mismo lo que decían en los ochentas de Steven Spielberg y de Arnold Schwarzenegger y...? O sea, ¿por qué no se lo toman con humor?

LAURENCIO: Pero es que ver una película que son dos horas de explosiones y efectos especiales es una pérdida de tiempo, Chilekent. Para eso mejor ni voy al cine. Mejor me quedo en casita y lo veo en YouTube, ¿no? Además agarro un video de cinco o diez minutos con las mejores explosiones, y luego a otra cosa. O sea, si tengo un computador con un... ¿cómo se llaman esas cosas que te permiten sacar sonido estereofónico?

JORDAN: Subwoofer.

LAURENCIO: Eso. No tengo ni que pagar la entrada, ¿ves?

CHILEKENT69: Sí, pero por otra parte si tienes una película así como, no sé, artística, europea... Para qué vas al cine a verla. Mejor te la descargas por Internet y la ves igual. Total, si es por el argumento, te enteras lo mismo.

LAURENCIO: Sí, pero cada vez que descargas por Internet, el artista deja de recibir sus beneficios por copyright, y por lo tanto...

CHILEKENT69: Ya me estaba preguntando cuánto tiempo iba a pasar antes de que se te saliera el comunacho, Laurencio. ¿Tu creís que los artistas se llevan mucho de los beneficios? Bueno, con una película europea subvencionada por el estado quizás, pero en una americana de 200 millones de dólares... ¡Ni cagando, todo es para los estudios! Que le pagan a un pobre hueón que escriba el libreto, otro pobre hueón que haga como que lo dirija, y un equipo de hueones que diseñe la campaña de publicidad. Total, ni para los afiches se esfuerzan, ahora es cuestión de sacar un afiche por cada actor protagónico y una frasecita alusiva con harto fotoshop... ¡y listo!

JORDAN: ¿Estoy escuchando bien? ¿Chilekent criticando a Hollywood? ¿Laurencio y Chilekent poniéndose de acuerdo? ¡El mundo sí se acabó el 2012 entonces, y estamos en el Más Allá!

LAURENCIO: ¿Ponerme de acuerdo? ¿Con este lacayo del imperialismo? ¿Estás bromeando?

CHILEKENT69: ¿Con este comunacho resentido? ¡Ni de coña!

JORDAN: ¡Ah, bueno...! La vida sigue como siempre. En fin, habrá que esperar la temporada de cine 2013... A todo esto, ¿alguien sabe cuándo se anuncian los candidatos a los Oscares?

CHILEKENT69: Típico de mina, adelantarse en exceso.

LAURENCIO: Si es por eso, mi estimado Chilekent, entonces todo este modelo de obsolescencia programada capitalista aplicado al cine es... cosa de minas, ¿no es cierto...?

domingo, 24 de marzo de 2013

Laibach: Tanz Elektro Wagner mit uns (2 de 2).


Gehen Sie zu Teil 1.

En el paso a la década de 1990, muchas cosas cambiaron. Yugoslavia se desintegró, y las tensiones racionales se incrementaron hasta el punto en que Serbia se lanzó a una desquiciada aventura militarista para construir una Gran Serbia a costa de sus vecinos; esto llevó a intervenciones armadas por parte de las fuerzas de la OTAN. Lo que además dio material a gentes de buen fondo como Bono de U2 y Luciano Pavarotti para unir fuerzas y corazones. Pero, ¿y en Eslovenia? En Eslovenia estaba Laibach, que lanzó el disco NATO (OTAN, en inglés), el año 1994.

NATO es un ábum de nueve covers, sin temas originales. Todos los covers se relacionan de una manera o de otra con la guerra. En el disco, si bien conservaron por razones obvias un marcado acento marcial, los elementos de Noise desaparecieron, para ser reemplazados por bases electrónicas algo más bailables, con lo que el sonido de Laibach se acercó al EBM más estándar, aunque sin perder su ominoso filo wagneriano. Para no perder la costumbre de ponerle nombres conflictivos a sus giras, el tour con el que fue promocionado el disco en cuestión fue llamado Occupied Europe Nato Tour.

El disco se abre con el disco el tema NATO mismo, que es un cover industrial del primer movimiento de Los Planetas de Gustav Holst. El mismo está dedicado a Marte que es el planeta del dios romano de la guerra, por lo que realizar un cover sobre dicho tema era casi de recibo para Laibach.



La voluntad de Laibach queda aún más clara cuando toman el tema Indian Reservation, que en la década de 1960 se refería a cómo el malvado hombre blanco había encajonado a los nativos americanos, y lo convirtieron en National Reservation, un tema acerca de cómo las naciones balcánicas estaban siendo destrozadas por los comunistas primero y por la cultura occidental después.



En el intertanto, el propio mundo musical estaba cambiando. En la escena alemana, bandas como KMFDM, Die Krupps u Oomph! estaban tomando la antigua música industrial e hibridándola con el riff de guitarra para construir el moderno Metal Industrial. Este fenómeno se daba de manera independiente en Estados Unidos gracias a bandas como Ministry y Nine Inch Nails, pero con diferencias; fieles a sus respectivas tradiciones musicales, las dos últimas potenciaron al máximo los elementos metaleros, mientras que los alemanes siempre mantuvieron el riff de guitarra subordinado a la vistosidad de la base electrónica. Al último, la escuela alemana derivó en el Neue Deustsche Härte o Nueva Dureza Alemana, cuyos exponentes más claros y famosos son Rammstein; Herzeleid que es el primer disco de Rammstein, dicho sea de paso, data de 1995. Sucedió que varias de estas bandas se volvieron hacia Laibach, y más de alguien apuntó las semejanzas entre el sonido de Rammstein y el de Laibach. A su manera típicamente troll, Laibach se limitó a comentar que ellos mismos eran Rammstein para audiencias más maduras. Y razón no les falta.

Pero pese a su displiscencia, Laibach se encaminó su poquito hacia la Neue Deutsche Härte. En 1996 lanzaron su disco Jesus Christ Superstars, en el que incluyeron una dosis bastante más generosa de guitarras eléctricas dentro de la receta. Así como en NATO se habían ocupado de la guerra como tema, acá lo hacen con la religión. Con todo, ahora mezclan canciones propias con covers. Con los cambios y modificaciones que son de rigor. God is God de Juno Reactor es un tema más bien atmosférico y con toques indostánicos, que incluye sampleos de diálogos de Moisés interpretado por Charlton Heston en la película Los diez mandamientos de 1956. En el cover de Laibach, por su parte, la delicadeza arábiga cede paso a la rudeza tecnowagneriana, y los sampleos son transformados derechamente en letras de la canción. O en parte de ellas, a lo menos.



La canción final de Judas Iscariote en el musical Jesucristo Superestrella tiene también su lugar en este disco. Lo que no solamente marca otro cover de Laibach sobre un tema hippie o funky, sino que además trae a colación a Andrew Lloyd Weber. Quizás algún día, siguiendo por esa senda, Laibach termine por hacer algún cover de Rick Wakeman.



En años posteriores la actividad de Laibach decreció, aunque siguieron manteniéndose como una banda de interés. En 2003 lanzaron WAT, en donde terminan de abrazar por completo las bases electrónicas en su propio material original; la sigla pareciera significar We Are Time, considerando que una canción del disco se llama así. De este disco salió su videoclip más popular, el tema Tanz mit Laibach (Baila con Laibach), en donde la letra proclama en buen alemán que deberías bailar con Laibach porque Laibach baila con los comunistas, baila con los nazis, baila con las democracias occidentales, baila con el amigo americano y baila con el pueblo alemán. Este es probablemente el último disco suyo que mantiene a plenitud y sin fisuras lo que llamaríamos su sonido estándar industrial.



La (escasa) discografía posterior de Laibach ha tendido a dejar de lado el EBM clásico. En 2006, Laibach lanzó el disco Volk (Pueblo en alemán). El disco es una colección de covers de casi una quincena de himnos nacionales de todas partes del mundo, incluyendo Estados Unidos, Inglaterra, China, Rusia, Alemania, Francia, España, todos ellos rebautizados con el nombre propio del país en cuestión, y transformados en temas electrónicos. Y con las letras cambiadas, para reflejar la crítica que hace Laibach a la filosofía política de varios de esos países. Cuesta imaginar que Laibach no esté disfrutando cuando en el himno de Inglaterra incluyen un Ustedes todavía creen que dominan el mundo, que en el himno de Estados Unidos inyectan proclamas religiosas fundamentalistas cristianas, etcétera. Se incluye también, de manera quizás algo desusada, un cover extraordinariamente correcto del himno del Vaticano, lo que cuenta como su cover de rigor sobre una pieza de música clásica, ya que dicho himno es a su vez una adaptación de un cántico religioso compuesto por Charles Gounod en 1869. El disco se cierra con el tema NSK, que a su vez es un cover propio, ya que es una nueva versión, bastante mejorada en la calidad de sonido y la mezcla, del tema The Great Seal editado por primera vez en Opus Dei.



Luego, Laibach dirigió su atención hacia Johann Sebastian Bach. Razonaron, de manera bastante correcta, que la afición de Bach por introducir motivos matemáticos en sus composiciones lo hacían ideal para ser adaptado como programación de secuencias de música electrónica. De manera que tomaron el Arte de la Fuga de Bach (Die Kunst Der Fugue en alemán), y lo convirtieron en el disco LAIBACHKUNSTDERFUGUE (nótese: LAI-BACH-Kunst-Der-Fugue). El resultado es notoriamente diferente a todo lo producido por Laibach anteriormente, y es reminiscente de lo que habría hecho una banda como Kraftwerk con un material semejante.



Con posterioridad, Laibach decidió asumir su propio legado, y se lanzó hacia la referencia clásica más clara para ellos: Richard Wagner. El resultado es VolksWagner, está basada en la Obertura del Tannhäuser, y no ha sido editada en disco a la fecha de escribir esto.

Mientras tanto, faltaba una última cumbre por conquistar: las bandas sonoras. Créase o no, el tema Panorama salió en el soundtrack de la película Spider-Man del 2002, pero esto es un caso más bien aislado. Al otro lado del charco, en Finlandia, se empezó a barajar la idea de rodar una película mediante crowfunding, sobre supervivientes nazis escondidos en la Luna desde la Segunda Guerra Mundial, y que atacan a la Tierra en el presente (o el cercano futuro, más bien). La película fue estrenada en 2012 bajo el título de Iron Sky. La banda sonora de Iron Sky le fue encargada, de manera no demasiado sorprendente, a Laibach. El soundtrack es puro Laibach, partiendo con un remake de su propio tema B-Mashina, y adoptando a partir de ahí un sonido que alterna entre la parodia del neoclasicismo de las bandas sonoras orquestales al estilo de John Williams por un lado, y por el otro la pomposidad propia de un himno wagneriano, con inclusión de la melodía de La cabalgata de las valkirias incluída. No se dejan en el camino un breve guiño a sus coqueteos con la música rap urbana de comienzos de la década de 1990, a propósito del personaje de un astronauta negro, ni tampoco otro remake, esta vez del himno de Estados Unidos según su propia versión del disco Volk.



Aunque siempre underground, es innegable que la influencia de Laibach ha sido bastante fuerte. Laibach no sólo es el abuelito de la Neue Deutsche Härte y del sonido industrial europeo en general, sino que también tuvo un impacto decisivo en la música marcial. Aunque es necesario argüir que podríamos estar frente a un caso de la Ley de Poe aquí, ya que muchos seguidores de Laibach parecen haber olvidado que su tratamiento bombástico del género se supone que es una parodia, mientras que algunos de sus seguidores, particularmente las bandas post-industriales que se han rebajado al máximo los elementos de EBM para privilegiar la electrónica atmosférica en mezcla con un sonido folk europeo, o bien son nazis declarados, o bien ideológicamente se inscriben dentro de una línea cercana al totalitarismo de derechas. Y es que no solamente cuando miras al abismo éste te devuelve la mirada: el abismo también se resiste con todas sus fuerzas a dejarse parodiar.

miércoles, 20 de marzo de 2013

CivWorld: La fallida versión de Civilization para Facebook.

No lo llamaron CivVille porque dos letras "v" juntas enredan a cualquiera.

El 28 de Febrero pasado se anunció que Civilization World, mejor conocido como CivWorld, pasará a mejor vida el próximo 29 de Mayo de 2.013. Y como este reportaje estaba como borrador entre los documentos de la Guillermocracia desde finales del año pasado, ha llegado la hora de apurarlo antes de que deje de ser actualidad. Aunque siempre puede ser la crónica de un hecho histórico en los anales de los juegos en línea. O anécdota histórica, considerando su brevísima carrera y éxito discreto. En breves líneas, Civilization World es la versión de la saga Civilization de Sid Meier para Facebook, que ha durado en total cerca de un par de años en línea. ¿Valía la pena que durara más?

Aunque estuvo en línea desde mediados de 2011, fue más o menos a mediados de 2012 que por fin me decidí a probarlo. En general soy reacio a los juegos de Facebook, más que nada por la leyenda urbana nunca bien confirmada o desmentida de que la conspiración atlante reptiliana está sacando información de los usuarios cada vez que uno hace click. Algo que parece factible, porque el cartel de Facebook a la hora de aceptar la más inocente de las utilidades, generalmente dice que el programa tendrá acceso a información personal que puede tener un uso cuando menos dudoso en relación al programa mismo. Es decir, bastando sólo el nombre y la fecha de cumpleaños, no veo por qué mi proveedor de juegos en línea querría tener a su disposición información sobre mis fotos, mi correo electrónico, mi grupo sanguíneo incluyendo factor Rh, y lo más importante, el movimiento de saldos de mis cuentas bancarias. Pero en fin, en el caso particular se trata de Civilization de la empresa Firaxis, el mejor juego de estrategia jamás creado para computador, de manera que valía la pena echarle un vistazo.

Varios meses después conseguí sacar la cabeza del vicio para escribir este reporte.

Describir CivWorld es complejo porque no es un juego sencillo. Al comienzo es difícil de manejar. La interfaz tampoco es demasiado amigable, y por mucho que uno lleve jugando, sigue resultando algo liosa a ratos. Luego uno se familiariza con los conceptos, y viene la segunda parte, que es aprender como los distintos factores del juego interactúan unos con otros para generar estrategias. A mí me ha gustado porque tengo amor por los juegos de estrategia, pero desde luego que no es el mejor que haya jugado.

El juego se parece un poco a una especie de SimCity o de las granjas de Facebook, pero con esteroides. La pantalla principal muestra un terreno con la mayor parte del espacio en negro, salvo alrededor del palacio. Para explorar, uno debe construir torres de vigilancia; aquí no existen unidades que se muevan como en el Civilization clásico. Cuando uno construye torres de vigilancia más allá de cierta distancia del palacio central, se encuentra con murallas infranqueables: nuestro mundo es una caja de arena. Por cierto, no existe riesgo de invasión por parte de unidades enemigas que invadan nuestro patio; no existen unidades, de hecho, y los monigotes que corren entre las casas cumplen la misma función que los ciudadanos de SimCity, que es servir de adorno.

El jugador tiene a su disposición cinco recursos distintos: Alimentos, Producción, Oro, Ciencia y Arte. Para obtener de ellos, debe poner casas a explotar dichos recursos. Casas de construcciones, no casas de familias nobles, lo que habría sido mucho más épico por supuesto. Cada jugador comienza con cinco casas, y para construir más, debe aumentar la provisión de alimentos primero, en un mecanismo que para el jugador tradicional de Civilization es más o menos familiar. Cada casa produce alimentos por defecto, aunque el jugador puede, y debería, cambiar algunas a que produzcan otras cosas.

Los Alimentos sirven para el crecimiento vegetativo de la población: pasada cierta cuota, cada vez más alta, los alimentos se resetean a cero y una nueva casa puede ser construída. La Producción es vital porque se utiliza para fabricar edificios y lo más importante: tropas. El Oro, de manera un poco contraintuitiva, es bastante poco importante, ya que sirve para comprar cosas en el mercado; suena bien, pero el problema es que si el jugador compra a los brutos los precios se van a las nubes, tanto que por ejemplo sale más barato invertir Producción en tropas que comprar esas mismas tropas en el mercado. La Ciencia también se acumula por crecimiento vegetativo: el jugador elige el siguiente desarrollo tecnológico que desea, y la Ciencia comienza a acumularse como en una cuenta corriente hasta completar la cantidad necesaria para obtener dicho desarrollo. Y el Arte funciona también de la misma manera, reuniendo una cantidad del mismo para obtener un Gran Personaje que, a su vez, podrá ser invertido en la construcción de una Maravilla; los Grandes Personajes pueden ser obtenidos también en el mercado, pero a unos precios obscenos que hacen mucho más recomendable seguir el camino de conseguir Arte que obtenerlo por la vía capitalista. Una pequeña concesión escapista al humanismo en un juego, que luego tenemos en el mundo real a los artistas muriéndose de hambre por las calles.

La mano invisible, el frío y deshumanizado mercado, cumple con el requisito de rotulado de precios.

Todo lo anterior se complementa con unos simpáticos minijuegos que le dan colorido al asunto. Uno de ellos es resolver una serie de laberintos del cual sólo vemos la parte que rodea a nuestra ratita de laberinto, y que al llegar al centro del mismo aporta Ciencia. Otro es crear rutas de caravana cambiando piezas en un mapa para conectar varias ciudades; dicho juego aporta Oro. Otro juego adicional es el puzzle artístico, en que se ofrece alguna famosa pintura de la Historia en forma de cuadrados desordenados, que deben ser cambiados de posición para reconstruir la pintura; huelga decirlo, este puzzle aporta Arte. Por último hay una especie de tower defense que se puede jugar en cada batalla, y que aporta un porcentaje de bonus para las tropas que el jugador despliegue en el campo de batalla; por ejemplo matar 60 bárbaros con las torres otorga un 30% de mejora a las tropas propias en una batalla.

El jugador en solitario tiene pocas opciones de progresar, de manera que debe aliarse en civilizaciones. Dentro de cada civilización, los jugadores más poderosos obtienen rankings de reyes o príncipes, lo que es importante para cuando la civilización debe votar, porque los reyes y príncipes tienen más votos que los jugadores plebeyos. Puede votarse la imposición de una política cívica, que determina un cambio de orientación en la generación de recursos para la civilización, o algún otro bonus o ventaja particular, o puede votarse la invasión contra una civilización rival; las batallas acá no son entre jugadores, sino entre civilizaciones.

Al aliarse en civilizaciones, los jugadores comparten el campo de batalla contra civilizaciones rivales. También pueden unir esfuerzos para desarrollar una misma tecnología, o bien desarrollar varias tecnologías diferentes al mismo tiempo. Y resulta esencial para las Maravillas, ya que cada jugador puede aportar sólo un Gran Personaje para las mismas (salvo el jugador que sea Ministro de Cultura, que puede aportar más de una... eso es otra historia).

Con las civilizaciones se cumple que no hay peor infierno que los conocidos. Puede parecer que una civilización con muchos jugadores, diez o doce, es más fuerte que una con pocos, pero no siempre es así, ya que depende del grado de motivación de los jugadores. Además cuesta mucho más poner de acuerdo a una civilización con varios jugadores, en particular si toca la mala suerte de que un palurdo reme contra la corriente. Resultan sangrantes en particular las votaciones, ya que éstas terminan cuando una de las dos opciones se lleva el 51%, y si hay demasiados jugadores perezosos, entonces las votaciones no se cierran nunca. Eso sí existe una política cívica llamada meritocracia, que permite expulsar a esos remolones si no se integran al juego en 36 horas... suponiendo que llegue a aprobarse. Se supone que los jugadores pueden ponerse de acuerdo vía un chat interno, pero el chat interno de CivWorld es lento, pesado y poco versátil. En otras palabras, apesta.

Las batallas se libran en escenarios que no representan terreno a la manera de los wargames, sino capacidad para las tropas. Hay casilleros en donde los jugadores pueden poner tropas; cada casillero puede ser ocupado por un solo jugador, y con un solo tipo de tropas. Es decir, si un jugador quiere poner cuatro tipos de tropas, debe ocupar cuatro casilleros diferentes, y si tres jugadores quieren poner un mismo tipo de tropas, deben ocupar tres casilleros diferentes. Eso sí, pueden poner cualquier cantidad de tropas dentro de su propio casillero. Esto privilegia la coordinación en que un jugador fabrica jinetes a destajo, y otro fabrica rifleros también a destajo, y así pueden obtener un razonable poder de fuego ocupando sólo dos casilleros, y dejando el resto disponible para otros jugadores o tropas. Este es el punto en donde no falta el palurdo que ocupa un casillero entero para un solo nativo o lancero que se queda ahí estorbando (salvo que el Ministro de Defensa lo retire... eso es otra historia).

El campo de batalla: el lugar en donde finalmente lamentas haberte unido a una bola de inútiles.

Las tropas se dividen en cuatro tipos: infantería, caballería, bombardeo y navales. Cada una tiene distintos valores según si ataca a otra civilización o si defiende la propia; además, con el progreso tecnológico se hacen disponibles unidades cada vez mejores. La infantería sigue la típica sucesión de falange, legión, rifleros, etcétera. La caballería va desde el jinete hasta el tanque. Los de bombardeo van desde los nativos con cerbatana, pasan por los arqueros, siguen con la artillería, y terminan con cazabombarderos y misiles teledirigidos. Y las navales, el nombre habla por sí mismas. La distinción es importante porque cada campo de batalla presenta un número limitado de casilleros de cada tipo; además, cuando todas las tropas de un tipo son arrasadas, las enemigas de ese mismo tipo duplican su valor en combate, lo que puede desequilibrar y decidir la suerte de una batalla pareja. Por ejemplo, si toda la infantería es arrasada, la infantería enemiga duplica automáticamente su valor, hasta que en el campo contrario alguien pone más infantería.

Por desgracia, el computador es quien se divierte de lindo calculando la batalla. Toda la participación del jugador en la batalla se limita a tratar de coordinarse con los otros jugadores, poner tropas, jugar el minijuego estilo tower defence para darles bonificación, o bien darles la orden de fortificarse o ponerse en modalidad heroica (estas órdenes no sirven de mucho porque incrementan o disminuyen el ataque y la defensa al mismo tiempo), y sentarse a esperar que el computador invierta media hora de tu vida resolviendo él solito la batalla. El jugador que esté pensando en dar órdenes tales como atacar de manera frontal, flanquear al enemigo, o en definitiva jugar algo más parecido a un wargame, va a salir por completo decepcionado; para ellos es mejor pasar de CivWorld y ponerse a jugar ajedrez en línea.

El juego tiene una muy buena estructura básica, y posibilita una buena cantidad de estrategias posibles para los amantes del desarrollo al estilo SimCity. Por desgracia, el grado de control que un jugador puede ejercer sobre sus propias estrategias es bastante bajo, y eso se refleja en el resultado final. Para progresar en el juego, un jugador debe unirse a otros en una civilización, pero una vez dentro de ella, el grado de control que puede llegar a ejercer es también limitado; existen pesos y contrapesos al grado de autoridad que un jugador cualquiera puede tener, lo que es positivo, pero el grado de opciones es limitado porque el juego no integra factores de interés como el geográfico por ejemplo. Todo el aspecto de wargame que tenía el Civilization de Sid Meier original se pierde por completo aquí, en beneficio de una versión más sofisticadas de los juegos de hacer crecer granjas de Facebook. El juego habría quedado mucho más redondo si tuviera más elementos de los juegos de tablero estilo Risk, o por qué no, de ajedrez. Nadie está pidiendo un tablero de diez mil casillas por supuesto, ya que la capacidad de los servidores revienta, pero sí que sería interesante que no tantos elementos quedaran entregados a la aleatoridad, o a relaciones de factores que están más allá del control de los jugadores.

Además, la evaluación de desempeño al final es liosa. El juego se estructura en 21 eras, desde la Era del Cavernícola hasta la Era Star Wars o similares. El caso es que cuando una civilización obtiene una de las condiciones de victoria para ganar una era, la gana y comienza la siguiente. En general, varias acciones dan puntos de fama y medallas. El problema es que dichos puntos de fama y medallas no pueden ser reinvertidos directamente en el juego, no entregan bonus adicionales, etcétera. Son condecoraciones para lucirlas, no sirven para nada más que eso. Lo que resulta algo frustrante, por supuesto, salvo que uno sea demasiado narcisista como para... pero es mejor dejar eso de lado.

La ciencia no sería lo mismo sin laberintos para ratas de laboratorio.

Para colmo, la rapidez de la partida depende de la cantidad de jugadores. Habiendo un centenar dentro de una partida, ésta corre como avión, porque se desarrollan tecnologías rápido, éstas se roban en las batallas, varias civilizaciones compiten, etcétera. Es en definitiva un escenario tipo Mesopotamia, en donde la guerra constante entre babilonios, hititas, casitas, asirios, amorreos, hurritas, etcétera, ayudó a promover el desarrollo tecnológico. Pero si hay sólo una decena, la espera entre tecnología y tecnología puede hacerse eterna, y una partida puede prolongarse por meses; no estoy exagerando en esto último. Es un escenario tipo Isla de Pascua, en donde casi no hay desarrollo tecnológico por centenares de años. E incluso un escenario con muchos jugadores puede ser frustrante si una civilización obtiene tanto poder que los otros jugadores entran en inactividad, y por lo tanto se queda desarrollando tecnología en solitario, para obtener mejores unidades de guerra también en solitario, preparándose para la guerra contra nadie en particular. Para colmo, una vez que el jugador ingresa a una partida, ya no puede abandonarla, solo sufrirla hasta el inexorable final. Un sistema para nivelar la velocidad de desarrollo entre distintas cantidades de jugadores hubiera sido de agradecer.

Además, y este es el peor defecto de todos... incurre en el viejo problema que asaetea muchas iniciativas para jugar en línea, que es la posibilidad de comprar créditos. Con créditos se puede comprar de todo: cosechas, Alimentos, Oro, Comercio, tropas... Y eso depende por supuesto del tamaño de la tarjeta de crédito. Con eso se va al demonio cualquier posibilidad de jugar CivWorld de manera deportiva, porque al final quienes se llevarán el gato al agua son los jugadores con mayor poder adquisitivo. El modelo de negocios parecía perfecto para Facebook y para Firaxis, suponemos, pero redunda en una experiencia negativa para el jugador que no puede permitirse pagar dinero físico para mejorar su juego, o que toma la opción sensata de considerar que, al final siendo un juego, quizás valga la pena ahorrar el dinero para mejores causas. A la larga, considerando que después de un par de años en línea se anunció el cierre de CivWorld, parece que este modelo de negocios no funcionó del todo bien.

Supongamos que en un rapto de lucidez, Firaxis me llama para hacerme algunas preguntas sobre qué mejorar del juego, con miras a un relanzamiento. Lo primero que les diría es cambiar su modelo de negocio e incluir algo de publicidad no invasiva dentro del mismo, como inevitable costo a pagar por un juego gratuito en línea; es una molestia, pero al menos iguala a los jugadores dispuestos a invertir créditos con los que no. Luego deberían mantener la estructura básica pero aumentar el margen de maniobra de los jugadores, el grado de control que éstos tengan sobre los resultados de sus acciones. La gente que juega un juego de estrategia lo hace porque espera que sus estrategias tengan un reflejo en el juego, algo que no es siempre es obvio o fácil en CivWorld. Piénsese en Carcassone y su eterno baile de estrategias que a su vez dependen de las estrategias de otros jugadores, por ejemplo. Cosas tan simples como mejorar la posición de los jugadores independientes en vez de esclavizarlos a la pertenencia a una civilización, disminuir el margen de aleatoriedad en el resultado del choque de dos tipos de unidades sobre el campo de batalla, o transformar las batallas en pequeños wargames, con tropas evolucionando por el frente o por los flancos, harían maravillas por mejorar la experiencia de juego. Además, debería haber reconocimientos más cabales a los objetivos logrados. Lo dejo como ideas lanzadas, por si alguien en Firaxis tiene la suerte de descubrir este artículo, traducirlo al inglés, y después de todo eso, hacerle caso.

Resuelve diez puzzles como éste sin perder el juicio, y te premiaremos con un Gran Personaje.

domingo, 17 de marzo de 2013

Los casi ocho años de Benedicto XVI: El Papa "casi".


El pasado Jueves 28 de Febrero de 2.010 terminó el pontificado del Papa Benedicto XVI, quien ha pasado a la condición de Papa emeritus. La renuncia de Benedicto XVI lo convierte en el primer pontífice que deja de ser Papa por una causa diferente al fallecimiento del titular, desde la renuncia de Gregorio XII en 1.415, 598 años antes. Terminaron también casi ocho años controversiales a cargo de la Iglesia Católica, la cual ha estado envuelto en una espiral creciente de escándalos que la han desprestigiado hasta un punto tan bajo que no parecía alcanzarlo sino desde los tiempos del Renacimiento, época en donde la Iglesia Católica era muy poderosa en política y riqueza, pero en la cual el descontento con la molicie, el lujo y las prácticas sexuales del clero alcanzaron un punto tan álgido, que media Europa se secesionó en la Reforma Protestante.

Para entender un poco el pontificado de Benedicto XVI, es importante ver el contexto de choque entre tradición y modernidad que ha invadido a la Iglesia Católica con fuerza creciente a lo largo del siglo XX, y se ha agravado a inicios del XXI. A mediados del siglo XIX, el Papa Pío IX intentó tibiamente adaptar la Iglesia Católica a las ideas más liberales de su tiempo, pero luego de la Revolución de 1848 que sacudió a toda Europa, y que de manera incidental casi lo derrocó, abrazó con entusiasmo el conservadurismo; salvo excepciones como por ejemplo León XIII el iniciador de la Doctrina Social de la Iglesia, esta tendencia se agudizó con sus sucesores. Los Pontífices se embarcaron en la tarea de resistir contra viento y marea a la Modernidad, enclaustrándose en un conservadurismo obtuso que fue alienando a la Iglesia Católica cada vez más del Zeitgeist del siglo XX.

Las cosas parecieron dar un vuelco radical bajo el pontificado de Juan XXIII (1958-1963). El llamado Papa Bueno inauguró en 1.962 el Concilio Vaticano II, con la intención de que la Iglesia Católica pasara por un aggiornamiento, una adaptación del mensaje católico a las necesidades y códigos de comunicación propios del siglo XX. El Concilio Vaticano II tomó medidas tan simples y a la vez tan emblemáticas como modernizar la misa, haciendo que ésta se dictara en lenguas seculares en vez de un latín cada vez más incomprensible para los fieles.

Es probable que los pasos dados por el Concilio Vaticano II fueran necesarios para evitar que la Iglesia Católica perdiera tanto poder, influencia y fieles que terminara transformada en un fósil histórico, pero a la vez desató en su interior la violenta tensión entre dos bandos claramente diferenciados, que podríamos llamar los conservadores y los reformistas. Los conservadores preferían una Iglesia Católica intocada, aunque eso significara perder a casi todos los fieles, en pos de mantener formas tradicionales que, según ellos, son las únicas que expresan una supuesta pureza del mensaje evangélico. Los reformistas por su parte buscaban ahondar todavía más las reformas, en la idea de que las formas tradicionales no expresaban de manera adecuada el mensaje evangélico para las necesidades espirituales del siglo XX. Al Papado de Juan XXIII siguió el de Pablo VI, que fue menos revolucionario y más bien tibio; este Papa clausuró el Concilio Vaticano II sin grandes fanfarrias. Y luego el de Juan Pablo II, un sacerdote de procedencia polaca de tendencias claramente conservadoras bajo cuyo pontificado la mayor parte de los impulsos reformistas fueron acallados o eliminados. Teólogos disidentes como Hans Küng o movimientos revolucionarios como la Teoría de la Liberación fueron reducidos al silencio, y si bien la Iglesia Católica no volvió a los tiempos preconciliares, si hay acuerdo de que el reformismo fue detenido e incluso involucionó en algunos respectos. Con todo, Juan Pablo II fue un Papa exitoso en promover la Iglesia Católica, adoptando otros signos de modernidad: los viajes papales alrededor del mundo, el acercamiento mediático, la promoción del Papa como un superstar moderno en vez de un venerable recluido en su Vaticano.


Es imposible entender a Benedicto XVI sin tener en cuenta estos antecedentes. Nacido como Joseph Ratzinger en Alemania en 1927, durante su infancia y juventud vivió el Tercer Reich. Se le ha acusado repetidas veces de ser un nazi, pero las vinculaciones de Benedicto XVI con el nazismo son tenues en el mejor de los casos, más allá de una breve militancia en las Juventudes Hitlerianas que, de todas maneras, no fue voluntaria sino por el cumplimiento de una exigencia legal. En su juventud fue un teólogo liberal, y se alineó con los reformistas en los tiempos del Concilio Vaticano II, curiosamente enfrentado al conservador Karol Wojtila, el futuro Juan Pablo II. Debe recordarse que Juan Pablo II venía de la Polonia comunista en donde la Iglesia Católica era perseguida, y por ende, un hombre de iglesia polaco no podía simpatizar con la izquierda representada por dichos comunistas. Pero volviendo a Benedicto XVI, el estallido estudiantil y popular de Mayo de 1968 le asustó. Al igual que 120 años antes el Papa Pío IX, Benedicto XVI tuvo miedo de que el camino de las reformas llevara a la destrucción del aparataje establecido, el caos y la anarquía. En respuesta, Benedicto XVI se hizo un conservador.

Como conservador y además como teólogo brillante, Joseph Ratzinger fue nombrado por Juan Pablo II como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, organismo que es el sucesor de la Santa Inquisición. Ratzinger fue apodado el Rottweiler de Dios por su interminable campaña en contra de la Teología de la Liberación y otros disidentes de la doctrina oficial dentro de la Iglesia Católica; es este cargo el que lo hizo conocido en la escena más allá de la misma.

En el año 2005, Ratzinger fue elegido como Papa. La elección de su nombre da pistas sobre su ideario, y sobre cómo Ratzinger se veía a sí mismo y a su ministerio apostólico. Benedicto XVI, al elegir ser el nuevo Benedicto después de Benedicto XV, honraba al Papa que hizo denodados esfuerzos por pacificar a Europa durante la Primera Guerra Mundial, y también a Benito de Nursia, el monje fundador de los benedictinos que en el siglo V d.C. escribió la Regla, la más influyente ordenación para la vida monástica de todas. Esto puede ser considerado como una señal: Benedicto XVI estaba dispuesto a hacerse cargo tanto de reordenar en parte la Iglesia Católica, como de proyectarla nuevamente en el mundo, tarea esta última en la que había retrocedido en los últimos años de Juan Pablo II, debido a la vejez y enfermedad de dicho Pontífice.

Quizás la desgracia personal de Benedicto XVI haya sido su incapacidad para transmutar la intensidad de su visión teológica en el claustro académico, en la energía necesaria para moverse en el mundo exterior. El medio ambiente natural de Benedicto XVI era la disputa doctrinal, en donde sus más importantes armas son su portentosa erudición y nivel cultural. Este es un buen arsenal para la especulación académica, pero no para proyectar un mensaje en el mundo real. El siglo XXI es la época de los 140 caracteres de Twitter y de la frase supuestamente ingeniosa repetida como meme de Internet, no el de la disquisición profunda, razonada y espiritual. Benedicto XVI nunca pudo o supo entender esto, y por lo tanto nunca fue capaz de romper una imagen de lejanía entre él mismo y su aura un tanto pedante de superioridad moral e intelectual por un lado, y las necesidades de los católicos fieles o potenciales de acogerse a una entidad que sirva como salvaguarda espiritual frente a los caóticos tiempos de Internet. Su antecesor Juan Pablo II, criado como obrero y actor de teatro en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, había desarrollado y manifestado un muy útil y valioso don de gentes, que si Benedicto XVI como Papa acaso intentó emular, nunca consiguió manejar.


Esto se hace evidente leyendo el material doctrina de Benedicto XVI. Sus encíclicas papales, supuestamente destinadas a todo público, son densos tratados doctrinales en donde hace una serie de disquisiciones muy eruditas sobre el dogma católico. Con independencia de si usted está a favor o en contra del Catolicismo, es poco imaginable que un mensaje tan sofisticado pueda alcanzar a gentes con un refinamiento mínimo, y menos aún a las almas más sencillas; después de todo, éstos son los tiempos de la consigna, de la propaganda goebbelsiana, de la frase hecha repetida en un spot publicitario de manera machacona hasta la saciedad. Su primera Encíclica, Deus caritas est, dedica toda su primera parte a hacer espesas elucubraciones doctrinales sobre el sentido del amor, y luego en su segunda parte salta a las aplicaciones prácticas, siempre con una enorme carga dogmática. Esto es un mundo de diferencia por ejemplo con las encíclicas de Juan XXIII o Pablo VI, mucho más sencillas y directas, y escritas también con un lenguaje más fresco y simple, y con razonamientos más fáciles de seguir.

Esta desgraciada circunstancia encontró su culminación en el célebre malentendido producido con el discurso que pronunció ante la Universidad de Ratisbona el año 2006. Dicho discurso se refiere a los conflictos entre la razón y la fe, y la manera de armonizarlos. Sin embargo, eligió abrirlo con la cita y detalle de un debate doctrinal entre un monarca bizantino y un teólogo musulmán del siglo XIV. Es cierto que estaba en un ambiente académico, y es cierto que Benedicto XVI utilizó dicha referencia como una manera de pavimentar el camino a explicar ideas posteriores. Pero el grueso de las personas se quedó con lo más superficial: con la idea de que Benedicto XVI estaba insultando al Islam. En realidad, cualquiera que lea el discurso sin apasionamientos se da cuenta de que dicho debate del siglo XIV no es el centro del discurso sino apenas su introducción, es mencionado dentro de su contexto histórico, y además el Islam no es un tema verdaderamente central del discurso. Pero como la gente no lee el texto original a pesar de estar disponible en la página web del Vaticano, sino que se entera por el noticiario central, quedó la imagen general de que Benedicto XVI estaba atacando al Islam. Meses después tuvo que desagraviarlos.

Dicho discurso es también muy iluminador respecto de las visiones que mostró Benedicto XVI frente a la llamada modernidad. La bestia negra a la que ataca es lo que él llama la dictadura del relativismo. Dicho concepto es más inteligente de lo que parece: la ideología de una dictadura, cualquier dictadura, no puede ser el relativismo, que implica el respeto y la aceptación por ideas ajenas. Las dictaduras buscan y son dictaduras en primer lugar por lo que la palabra dice: la gente debe seguir un dictado, lo que se dicta, no pensar por sí mismos. Y no deja de ser cierto que muchos utilizan el relativismo a ultranza para defender cualquier mamarracho como algo aceptable; muchos confunden relativismo con permisivismo y con lisa y llana desvergüenza. Dicha manera de entender el relativismo es, en efecto, otra forma de absolutismo, una que se reviste de manera hipócrita de respeto por la libertad de las personas para imponerles ciertos dogmas de manera autoritaria, en particular el dogma de que ser liberal, humanista o secular, es pensar igual que yo que soy liberal, humanista y secular, y respetar las mismas cosas que yo encuentro respetables: ahí nace la intolerancia del defensor de los derechos de las minorías, la del artista conceptual, la de la feminazi. El concepto de dictadura del relativismo es una inteligente manera de poner en evidencia el uso abusivo que algunos hacen del relativismo para crear un imperio del todo vale, y quedar como santos humanistas seculares en el camino.

Pero luego, Benedicto XVI lleva aguas para su propio molino, al proponer que la Iglesia Católica y la revelación también católica son la única defensa contra la dictadura del relativismo. ¿Por qué? Porque, tal y como lo explica en el discurso mencionado, el universo debe ser concebido como una obra de Dios, y Dios al crear el universo lo hace de manera racional porque la mente misma de Dios es racional. Y como según los católicos Dios envió a Jesucristo como su mensajero, entonces lo racional es tener fe. De esta manera, dicho discurso llega a la increíble conclusión de que lo racional es tener fe. Es, en efecto, otra manera elegante de presentar el argumento ontológico de que Dios existe porque dentro de la definición de Dios entra el existir; este argumento es circular porque prueba la conclusión por la premisa y la premisa por la conclusión, pero además es falaz porque si definimos a Dios de otra manera, la prueba se desvanece. Lo mismo ocurre con el argumento benedictino, ya que define a Dios como racional para probar que lo racional es tener fe en el Dios racional: es igual de circular.


En el fondo, el problema de la doctrina de Benedicto XVI es el mismo que entrampa a la Iglesia Católica, y a las religiones en general: la eterna renuencia de los hechos a adaptarse al dogma religioso. En el mundo real, las pruebas de que exista lo dicho por las revelaciones, o de que exista una moral o ley natural que sean objetivas para todos, son inconclusivas en el mejor de los casos. De ahí que la racionalidad sea esa eterna rebelde incapaz de entrar en el redil del dogma religioso, cualquiera sea la religión. Hubo una época en la cual ponerse bajo el imperio de los dioses era necesario porque no habían otras alternativas de conocimiento, pero hoy en día entendemos el universo y nos manejamos en él de maneras muy diversas a las que predica el dogma. Hoy en día, la insistencia cansina de la Iglesia Católica y de las religiones en general por tener las respuestas para todo lo que existe bajo el sol, suena a muchos como superstición en una era de conocimiento científico; las religiones organizadas no han sido capaces de reorganizarse y de abdicar de algunos esquemas mentales a cambio de reforzar otros un poco más humildes, menos triunfalistas, con las cuales construir plataformas morales más modestas quizás, pero también más constructivas.


Y de ahí también que suenen un poco a extraños sus esfuerzos por apoderarse de banderas de lucha que nunca han sido católicas. La doctrina de los derechos humanos, por ejemplo. La misma fue desarrollada en el siglo XVIII precisamente para luchar contra los privilegiados de 1789, entre quienes se encontraba el clero, y perfeccionada en los siglos XIX y XX como baluarte del progresismo social. En la actualidad, Benedicto XVI pretende que los derechos humanos no cubren los derechos de los homosexuales, que no cubren el derecho a disenso respecto de lo que él llama las raíces cristianas de Europa, e ignora a las víctimas a nivel planetario de la pederastia de buena parte del clero, lo que contradice el principio básico de igualdad de derechos que son la base de los derechos humanos en sí. Es cierto que Benedicto XVI ha dado pasos tales como pedir disculpas por los crímenes de los sacerdotes católicos en Irlanda, pero hacerlo era casi de recibo considerando que dicho país es el gran bastión católico europeo más allá de los países latinos, bastión amenazado con las constantes revelaciones sobre los abusos que la Iglesia Católica cometió en Irlanda.

Luego están los sucesivos escándalos que han sacudido a la Iglesia Católica, y muy en particular los relativos a la pedofilia de los sacerdotes, podredumbre ésta que nadie está en condiciones reales de cuantificar su extensión y profundidad. Esto ha llevado en última instancia a acusar a la Iglesia Católica de ser una asociación ilícita, una red empeñada en proteger con secretismo a criminales que desarrollan sus fechorías con impunidad; incluso se ha instado para acusar a Benedicto XVI por crímenes contra la humanidad.

Por otra parte, no puede desmentirse que Benedicto XVI ha dado pasos positivos para combatir este flagelo. El más destacado probablemente sea el desmantelamiento de la red en torno a Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo. Aquí es donde la polémica se enciende. Los partidarios de Benedicto XVI recalcan lo heroico de haber dado pasos que ningún Pontífice antes siquiera intentó. Los detractores argumentan que no ha hecho lo suficiente, y que lo poco que hizo, lo hizo apremiado por las circunstancias. Y ambos tienen su cuota de razón.


En realidad, el problema siempre ha estado allí desde épocas incluso anteriores al diálogo del siglo XIV citado en el discurso de Ratisbona. La denuncia de las tropelías sexuales del clero es tan antigua a lo menos como el Decamerón de Boccaccio, escrito en dicha centuria, libro condenado por sucesivas generaciones de eclesiásticos entre otras cosas por la mofa descarada que hace de la sexualidad del clero. Es sabido que una práctica continua, sea moral o inmoral, genera en el practicante una sensación de normalidad, de no estar haciendo nada contra las reglas, en particular si por una razón u otra, sea secretismo, sea acallar a la disidencia, no hay nadie allí para censurar dicha práctica. Estos casos de sexualidad inmoral parecieran responder a la idea de que no hay nada de malo en ello porque siempre se ha hecho así; de ahí el desconcierto probablemente sincero, pero no por ello menos erróneo, de buena parte del clero al verse descubiertos, denunciados, y socialmente condenados. Pero con el siglo XXI, Internet y las redes sociales, el problema ha alcanzado una visibilidad extrema, a niveles de escándalo. Frente a ello era imposible no reaccionar. La misma Iglesia Católica que con Juan Pablo II comenzó a hacer explotación masiva de las nuevas formas de comunicación, y que con Benedicto XVI abrió una cuenta de Twitter, empezó a naufragar bajo el embiste de las mismas.

Todos estos desafíos obligan a que la Iglesia Católica esté manejada por un hombre que por un lado sea carismático para salvar la cara de la institución, y por la otra que esté decidido para llegar hasta donde fuera necesario con tal de corregir todo lo que esté mal en su interior. Por desgracia, Benedicto XVI no es ninguna de las dos cosas. Pese a sus discursos sobre los derechos humanos, Benedicto XVI no fue un demócrata partidario de la tolerancia sino un déspota ilustrado que intenta mantener con desesperación cada bastión de la Iglesia ante una artillería enemiga abrumadoramente superior. Benedicto XVI no pareció darse cuenta de lo irritante que resultaba para los demás tener estos problemas internos y al mismo tiempo dar muestras de arrogancia moral al decir que los protestantes no son una iglesia en el sentido estricto, deslizar que la religión musulmana no es racional, o reinsertar en ciertas plegarias la petición a Dios de que los judíos se conviertan al Cristianismo; esto es equivalente a predicar las bondades de una casa bien alhajada cuando todo el mundo ve lo indisciplinada y casquivana que es la servidumbre en su interior. Pero no podía hacerlo de otra manera: su temor a un nuevo 1968, a que ir un paso de más podría llevar a que se derrumbara el castillo de naipes, parece haberlo paralizado.

Algunas desafortunadas circunstancias tampoco ayudaron, como por ejemplo que su apellido le diera el apodo burlesco de Ratzinger Z, su trasfondo teutónico alemán, o su innegable parecido físico con el malvado Emperador Palpatine de Star Wars, todos elementos que han generado incontables memes de Internet, y que terminaron por devorar la imagen pública de Benedicto XVI a nivel de suelo, de calle, por mucho que el departamento de relaciones públicas del Vaticano se esforzara en lo contrario.

La tragedia de Benedicto XVI es por tanto haber sido el Papa casi. Casi fue carismático como para ser un superstar al estilo de Juan Pablo II, casi era capaz de hacer entender de manera simple sus conceptos teológicos, casi fue capaz de limpiar la Iglesia Católica de los malos elementos o al menos iniciar en condiciones una purga a gran escala, casi pudo hacerse escuchar... Benedicto XVI no fue tan humano como Juan XXIII, tan práctico como Pablo VI, o tan mediático como Juan Pablo II, y eso le pasó la cuenta. El problema de Benedicto XVI es el mismo de los déspotas ilustrados del siglo XVIII, que veían e incluso se condolían de los males sociales presentes en su tiempo y estaban dispuestos a escuchar los vientos de cambio, pero que pensaban a veces con completa sinceridad que introduciendo maquillajes cosméticos sin reformar el sistema de raíz ayudaría a tener gentes agradecidas que se quedarían contentas con las dádivas llegadas desde arriba. Pero llegó 1789, y de manera brutal el despotismo ilustrado dejó de ser una alternativa, por ser demasiado poco, por no satisfacer a la gente, por no hacer sino el mínimo indispensable, por haber querido la cuadratura del círculo de solucionar los problemas profundamente enraizados en la naturaleza misma de una institución por un lado y tratar de mantener dicha institución lo más intocada posible. Cuando dichos problemas alcanzan casi a la raíz de esa institución, hay que elegir una cosa o la otra, pero no se pueden ambas porque se transforman en antagónicas.

Lo que nos lleva a su renuncia. Los verdaderos motivos que haya tenido Benedicto XVI para dar semejante paso, es algo entre él y su conciencia, un secreto que se llevará a la tumba y sobre el cual sólo podemos especular. En lo personal, no creo que haya sido una escapada cobarde, ya que Benedicto XVI es demasiado disciplinado, demasiado alemán como para ello. Creo que fue un acto valiente, y quizás también un reconocimiento humilde de su incapacidad para manejar las cosas. Si hubo motivos de salud, fue más prudente y manso que Juan Pablo II, que llegó hasta el final, pero en condiciones terribles que hicieron a la Iglesia casi ingobernable en sus últimos años. Juan Pablo II entendió que el mensaje cristiano implica llevar la cruz del martirio hasta el final y dar testimonio de fe hasta las últimas y amargas consecuencias; Benedicto XVI, que el mensaje cristiano implica enarbolar la bandera de la humildad y aceptar que a veces hacerse a un lado con humildad puede ser más valioso que porfiar en una posición indefendible. Su renuncia es el gesto más inesperado que podía ofrecer, el reconocimiento de que muchas cosas deben cambiar al interior de la Iglesia Católica. El puso en el candelero una muy importante: la idea de que el papa es absoluto hasta que se muera. Porque en los tiempos modernos un monarca absoluto no lo puede todo, y no debemos olvidar que el Vaticano es una monarquía absoluta de derecho divino. Habrá que ver cómo sus sucesores rescatan su legado, adoptando lo bueno en cuanto bueno y rechazando lo malo en cuanto malo.


miércoles, 13 de marzo de 2013

ZOOCINE - "Mira las películas del Oscar o matamos a este perrito".


CHILEKENT69: ¡Listo, terminamos la maratón de películas de los Oscares! ¿Ya me puedo parar para ver si todavía me queda culo?

JORDAN: Con lo gordo que estás, Chilekent, lo dudo.

CHILEKENT69: ¿Y bosnia, Jordan? Agradece que todavía queda para el verano, aún puedes bajar esos rollitos para el bikini.

VÍCTOR: Ya, ya, córtenla. ¿Hablamos de las películas, mejor?

JORDAN: OKIS, hablemos de... ¡Laurencio, te quedaste dormido!

LAURENCIO: ¿Ah, qué cosa...? ¿Qué...? ¡Dios, ustedes se ven en colores!

JORDAN: Laurencio... Lincoln terminó.

LAURENCIO: Dios, cómo me pude quedar dormido con una película tan buena... Es sobre la liberación de los esclavos, Steven Spielberg... y me quedé dormido. Vaya...

CHILEKENT69: Supongo que tienes que decir que es buena porque o si no te echan a patadas de la escuela de cine en donde haces clases. Porque tiene bonita fotografía y todo el rollo.

VÍCTOR: Pero a ver. ¿Era para tanto Argo como para que le dieran el Oscar?

LAURENCIO: Y... Hmmmm... Psí... Igual, otra americanada, la CIA son los buenos...

JORDAN: A mí me gustó... Igual el Ben Affleck actúa bien.

CHILEKENT69: Lo que pasa es que el Ben Affleck igual te pone, Jordan. Lo que es a mí... Na. Cero gracia, cero chiste. Mejor estaba la otra, la de la mina ésa... Zero Dark no sé cuánto...

JORDAN: Pero la que era boniiiita era la del chico y el tigre en el maaaaar...

CHILEKENT69: Ah, no, qué lata ésa.

LAURENCIO: Bueno, me parece que La vida de Pi tiene un montón de subtexto, toda esa peripecia existencial, ese intento por encontrar a Dios a través de los avatares de la vida, esa manera de retratar nuestra vida en el silencio de Dios...

CHILEKENT69: Laaaaa... taaaaa... Si lo único bueno era el tigre ahí. ¿Y tú, Víctor? ¡Dí algo!

VÍCTOR: Bueno, estaba... buena, sí...

CHILEKENT69: Ya va el mamón detrasito de la mina porque la mina la encontró buena. ¿A nadie acá le gustó la de Tarantino?

VÍCTOR: ¿Django sin cadenas? Igual la encontré un poco larga. O sea, ya la cosa estaba casi arreglada, y de pronto se ponen a disparar porque... bueno, no sé por qué.

CHILEKENT69: ¡Porque es una de Tarantino, por eso! ¡Por favor...!

JORDAN: Bueno, no sé, verle la cosita al negro ése...

CHILEKENT69: Jordan... no tienes arreglo.

LAURENCIO: A mí me parece que la película es un buen ejercicio diegético acerca de la multiplicidad de discursos de la metamodernidad, integrada de manera más cómplice y menos artificiosa que las películas anteriores de Tarantino, en donde a través de los antihéroes tenemos una crítica de las contradicciones internas del sistema esclavista, de cómo los dos protagonistas en el fondo son duros y violentos como una metáfora de la dureza y violencia del sistema...

CHILEKENT69: ¿Qué dijo?

VÍCTOR: Que Tarantino hace crítica social, y no mueve tanto la cámara como antes.

JORDAN: Ah... ¿Y qué opinan del Oscar para la de Pixar?

CHILEKENT69: Ah, no, los de Pixar fueron, son y siempre serán unos mamones. ¡La que tenía que ganar era la de los videojuegos, la de Ralph el Destructor! [Sic, nota del editor].

LAURENCIO: Discrepo, mi dilecto amigo. Creo que tenía que ganar la de Tim Burton.

VÍCTOR: Creo que tendría que haber ganado la de los piratas.

CHILEKENT69: Quién lo diría, Víctor el pasivo dice que la peli con piratas es...

JORDAN: Córtala, Chilekent, no te pongái hueón. ¿Saben una cosa? ¿Saben qué me molesta de todo esto? Que los medios de comunicación nos tienen convencidos de que tenemos que ver todas esas películas. O sea, empiezan a huevear con el Oscar como medio año antes, viene que el premio de esto, que el premio de esto otro, que los Huevos de Oro...

VÍCTOR: Globos de Oro.

JORDAN: Globos de Oro, eso, y nos tienen haciendo cábalas, apostando, y lo que es peor, viendo todas esas películas ni siquiera porque las queramos ver, sino porque o si no, de qué vamos a conversar después. ¿Vieron lo que pasó con Argo? A nadie le convenció. ¿Con Lincoln? Laurencio se quedó dormido viéndola. ¿Alguna la encontraron así como buena, buena, buena? De verdad, así, manito en el corazón... ¿Nos vamos a acordar el próximo año de todas estas películas?

LAURENCIO: No, porque el sistema capitalista de producción de películas estará preparando la siguiente cadena de montaje para la temporada 2013-14. Y sí, Jordan, te encuentro la razón, ¿alguien puede mencionar aquí quién ganó el Oscar el año anterior?

VÍCTOR: Ni idea. No me acuerdo.

CHILEKENT69: ¿No fue... no fue... no fue... una aburrida? ¡Ah, sí! ¡La del rey tartamudo!

LAURENCIO: No, El discurso del rey fue el año más anterior, y de ésa me acuerdo porque la discutimos en clases. La del año pasado fue El artista, que era muy buena como homenaje al cine mudo... ¡Pero un año después nadie se acuerda de ella! Y la rueda sigue girando...

domingo, 10 de marzo de 2013

Cuenta de Twitter para la Guillermocracia.


GUILLERMOCRACIA, 10 DE MARZO DE 2013:

Yo, el PADRE FUNDADOR DE LA GUILLERMOCRACIA

VISTOS Y CONSIDERADOS:

Que la Guillermocracia puede beneficiarse grandemente de su difusión a través de las llamadas modernas redes sociales, que muchos lectores o potenciales lectores accederían con mayor facilidad a sus contenidos a través de Twitter, que mediante su sistema de tuiteos en 140 caracteres es posible adelantar noticias sobre desarrollos y futuras publicaciones en la Guillermocracia, y que la Constitución Política de la Guillermocracia me faculta para tomar todas aquellas medidas necesarias para la publicidad de la misma,

DECRETO:

1. Téngase la cuenta dirección "twitter.com/Guillermocracia" como la cuenta oficial de la Guillermocracia en la red social comúnmente denominada como Twitter, para todos los efectos que correspondan.

2. Actualícese con regularidad el estado de Twitter, para reflejar tanto las nuevas publicaciones que se hagan en la Guillermocracia, como aquellos trabajos proyectados a futuro y que estén en desarrollo.

3. Inclúyase un banner en lugar prominente y notorio del blog oficial de la Guillermocracia para mayor facilidad de los visitantes en acceder al Twitter de la Guillermocracia, y hacerse seguidores si es que así lo desean.

4. Publíquese en el blog de la Guillermocracia el presente decreto para deleitar a los leguleyos y aburrir a muerte a los demás.

Comuníquese, distribúyase, publíquese, archívese, cántese a ritmo de conga.

GUILLERMO RÍOS, PADRE FUNDADOR DE LA GUILLERMOCRACIA.

miércoles, 6 de marzo de 2013

ZOOCINE - "Skyfalling".



JORDAN: ...y... ¿Y?

CHILEKENT69: Y qué... ¿Qué nos pareció Skyfall, eso?

VÍCTOR: Bueno, la parte en que no te dormiste, Chilekent.

CHILEKENT69: ¡Eso, qué película más mala!

LAURENCIO: Sobrevalorada, ahora que la vi y recordando las críticas.

VÍCTOR: Lenta. ¿Como tres horas, dura...?

JORDAN: ¡Pero James Bond era tan lindo...! ¡Y tan frágil...! O sea que es como es porque es un huerfanito... ¡¡¡Ouuuuu...!!!

CHILEKENT69: Tomen nota, amigos, la única que defiende Skyfall es la única del grupo que le gustan las comedias románticas. ¡Si hasta Víctor vino en modo macho, y no le gustó esa cosa!

JORDAN: Pero a ver, qué tiene de malo, ¿ah?

CHILEKENT69: La escena de precréditos más aburrida ever. O sea, si al final igual sabíamos que al compadre se lo iban a tirotear, por el trailer, y mira que cae de no sé qué altura y sobrevive...

JORDAN: ¡Pero es una de James Bond!

CHILEKENT69: ¡Pero se supone que es una de James Bond realista! Y después, la cantidad de lata acerca de cómo se la hacen a M... Y oye, ese hacker, pucha... Ni de los de Anonymous, oye...

JORDAN: Ya, OK, y vas a criticar la escena en donde vuelve porque salía en el trailer. ¿Y tú, Víctor, te vas a sumar a las críticas?

VÍCTOR: Lo siento, Jordan, pero la primera hora de película es paja. Tardan no sé cuánto en que 007 vuelva, luego enviarlo a Shanghai, luego pasa no sé qué cosa en un edificio de Shanghai que, bueno, podía ser Shanghai o cualquier otra ciudad del mundo. O sea, por escenas en edificios altos, la de Misión Imposible 4 era mucho mejor. Y después algo con unos reptiles, no sé...

CHILEKENT69: ¿Lo ves? Hasta el mamón de Víctor encontró cojones para llevarte la contra, así de aburrida era.

JORDAN: Tú también te aburriste, Laurencio.

LAURENCIO: No sé, esa era la mejor parte de la película, la fotografía...

CHILEKENT69: Déjense de mamar, que nosotros vamos a ver una de James Bond porque hay acción. Porque muere gente. Ni una persecución de autos, ni una. Bueno, la del comienzo, pero...

JORDAN: Tampoco te gustó el villano.

CHILEKENT69: El tipo de No Country for Old Men con un peluquín horrible... Y además gay el maricón.

LAURENCIO: Estás siendo un poco intolerante, Chilekent.

CHILEKENT69: Ya salió el progreta... Le ponen un villano maricón y se hace.

LAURENCIO: Para tu información, no es el primer villano Bond que es homosexual. Lo que trae consigo implicaciones desafortunadas, ciertamente, pero...

CHILEKENT69: Y después, la cosa no termina nunca. Capturan al malo, se terminó. Pero, ¡esperen! Lo están interrogando, se fuga... Ya, lo persiguen, va a por M, viene la escena de acción final, hay tiroteo... James Bond rescata a M, pero el malo escapa. ¡Esperen! James Bond se lo lleva a... ¿a dónde era? A Escocia. Como si no me hubiera aburrido a cagar con la de Pixar del año.

JORDAN: Pero los paisajes son tan lindos...

LAURENCIO: Muy bien grabados, es cierto.

VÍCTOR: Yo desde Leyendas de pasión que no me aburría tanto.

CHILEKENT69: ¡Mira, Jordan, mira! ¡Víctor se aburrió tanto que está hablando acerca de lo aburrido que estaba!

JORDAN: Pero pobrecito James... Solito en esa cabaña en Escocia... Pucha, ¿no te dio pena?

CHILEKENT69: Jordan... Una vez más... Nadie va a ver una de James Bond para sentir pena por él. La gente va a ver a James Bond para que mate a los tipos y les diga una línea cool antes de morirse. “Time to face destiny!”, “Time to face gravity”, “¡¡¡UAAAÁ!!!”, SPLUATCH... ¿Lo ves?

JORDAN: Lo que pasa es que ustedes son unos insensibles. ¡Por una vez en la vida que les dan un James Bond sensible, de carne y hueso, que, no sé... tiene un pasado, que sufre...! ¡Y ustedes prefieren al bruto cerdo machista de mierda que se caga en todos los hueones y se agarra a todas las minas, sin ningún sentimiento, sin ninguna sensibilidad, nada...! No puedo creerlo...

CHILEKENT69: ¡Pero precisamente de eso se trata! ¡Nos gusta ese cerdo machista! ¡Tal y como es! Pa' hueones mamones y emos están los saco'e hue'as de todos los días. Por lo menos las películas antiguas de James Bond entendían eso. Entendían que debía quedar una aldea que resista de manera irreductible al invasor, que no ceda ante los mamones, ante los sometíos, ante los macabeos que se dejan huevear por las minas. Y después, mira lo que pasó. Resulta que los muy mamones empezaron a dejar que ellas decidieran que películas había que ir a ver al cine. Y se acabó James Bond. Le cortaron los que te dije. Porque las minas quieren a un hueón mamón y acomplejao, que... ¡Esté en contacto con su lado femenino! ¿Cómo mierda se puede ser macho y tener un lado femenino? Y porque a los mamones les gusta un macho capa'o. Resulta que si ahora queremos tener un héroe de acción que sea un macho, dispare, sea duro, y trate como se merece a la escoria de la sociedad, ya no podemos ver una de James Bond... ¡Tenemos que ver la de la agente Salt! ¡Que ahora el modelo de agente con cojones es Angelina Jolie! ¿Y, Jordan...? ¿Entendiste ahora por qué a los machos de verdad no nos gustó Skyfall?

JORDAN: Oh, James...
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¿Cuál miniblogoserie debería recibir primero una continuación en la Guillermocracia?