miércoles, 27 de febrero de 2013

Oscares 2013: El cine debe fluir.


Con la ceremonia de los Premios de la Academia del Domingo 24 de Febrero de 2.013 ha culminado la maratónica jornada de premiaciones del 2.012. Porque en la actualidad la industria cinematográfica de Estados Unidos ha descubierto el secreto del taylorismo, y ha alargado la temporada de premios hasta cubrir sus buenos seis meses, como una cadena de montaje en donde cada nueva pieza se va sumando, entre premiaciones, anuncios de candidaturas para nuevas premiaciones, notas de prensa con entrevistas y cábalas sobre los ganadores, etcétera. Lo que sea necesario para mantener la atención del público, y disparar la publicidad. Así, la temporada de premios del cine de Estados Unidos es casi una carrera de postas en donde cada premio lleva al siguiente, con el Oscar como el final boss del tinglado. De ahí que el Globo de Oro sea un predictor de los Oscares, de ahí que Argo haya acumulado premios como un acorazado de guerra acumula millaje, etcétera.

Pero estas carreras no están desprovistas de interés. Porque a través de ellas, sus candidaturas, sus victorias, sus derrotas, sus favoritismos y sus sorpresas, es posible percibir el pulso de la cultura popular de Estados Unidos. Popular porque vende entradas, no porque su extracción lo sea, ya que guiones y producción son de índole netamente cortesana, y serviles a ciertos ideales y principios que no se pueden transgredir sin ser condenados al ostracismo. Es lo que pasa con los Premios Razzie, que por su carácter iconoclasta no han conseguido encajarse dentro de la maratón. Las balas perdidas no son aceptables en un negocio tan multimillonario: no en balde las diez películas más taquilleras del 2.012 fueron todas blockbusters de Hollywood, y entre todas según Wikipedia sumaron CASI 9.200 MILLONES DE DÓLARES de recaudación.

Las diez películas en cuestión, por si a alguien le interesa, son The Avengers, Skyfall, The Dark Knight Rises, El Hobbit: Un viaje inesperado, La Era de Hielo 4, Amanecer Parte 2, The Amazing Spider-Man, Madagascar 3, Los Juegos del Hambre y Hombres de Negro 3.

Puede que se critique a Hollywood por vender el American Way of Life al resto del mundo, pero si 9.200 millones de dólares con patas deciden que quieren ver ese cine y no otro más intelectual o contestatario, es porque les gusta, porque algo les dice, porque conecta con ellos. Puede que Hollywood sea una industria, pero no lo sería si la gente quisiera otra cosa. Y para blanquearse, para probar que el cine no es sólo negocio sino también arte, tenemos los Premios de la Academia y la carrera de postas en general. Para darse la necesaria aura de respetabilidad más allá de la sordidez del negocio. Porque pase lo que pase, el negocio debe seguir, y eso significa que el cine debe fluir.



ARGO: SIN QUEMARSE DEMASIADO.

La gran ganadora de la jornada fue Argo. Se llevó siete nominaciones, aunque Ben Affleck fue ignorado como director, según dicen por su pasado de cámaras y camas con una estrella excesivamente comercial como Jennifer Lopez. No importa. En la maratón intermedia, Argo ganó el AFI Awards, el British Academy Films Awards, el Premio César, el Critics Choice Awards, el Globo de Oro, y el reconocimiento como Mejor Película del 2012 por parte de Roger Ebert, y eso sin mencionar los premios al propio Ben Affleck como director. En los Premios Oscares, se llevó tres estatuillas de siete nominaciones: ganó Mejor Película, Mejor Guión Adaptado y Mejor Edición, perdiendo Mejor Actor de Reparto, y los dos Oscares de sonido y partitura, premios éstos muy difíciles. Su victoria sobre Lincoln pareció una versión ligera de cuando The Hurt Locker obtuvo seis estatuillas y batió a la favorita del 2009-10 que era Avatar.

El secreto de su éxito: una película que no es ni mucho ni muy poco. Es un thriller de espías al estilo del cine político de la década de 1970, y por lo tanto clásico a medias, sin ser tan adrenalínico que la hiciera caer en la denostada categoría de película de acción. Tiene tintes de conciencia política, lo justo para aliviar la culposidad pero no tanto que ofenda a Estados Unidos. Y es cálida y terrenal, no está rodada en mármol como Lincoln. Es decir, una película capaz de satisfacer tanto al espectador casual como al crítico de paladar refinado, tanto por ideología como por historia. No quedará como un gran clásico para el cine, pero funciona. Como se ha dicho, los concursos de belleza no los gana la más bonita, sino la que más gusta al jurado. Con esa lógica, Argo era la opción.


LINCOLN VERSUS DJANGO SIN CADENAS: SPIELBERG VERSUS TARANTINO.

Las nominaciones de esta ceremonia estuvieron bastante cargadas a lo político: un musical basado en una parábola social (Los miserables), un thriller retro sobre una operación de la CIA en Medio Oriente (Argo), una deconstrucción del espía niño símbolo del capitalismo (Skyfall), otro thriller pero contra Osama bin Laden (La noche más oscura) y una película sobre un plebiscito en Chile postulando a Mejor Película Extranjera (No). Era obvio que La noche más oscura iba a estrellarse, pero el resto tenía posibilidades por uno u otro motivo. Y luego están los dos grandes discursos antiesclavistas de la jornada: Lincoln de Steven Spielberg y Django sin cadenas de Quentin Tarantino.

¿Por qué la esclavitud de nuevo? ¿Por qué justo ahora? Quizás por la crisis económica. Es sabido que el cine sirve de terapia y exorcismo contra los miedos sociales, y hoy en día el principal miedo es a perder el empleo, a no poder seguir costeando un cierto tren de vida, a terminar derrumbándose desde la clase media a transformarse en siervos de la gleba. Las dos películas transmiten esperanzas: la esclavitud no es inevitable, la esclavitud es remontable. Se necesita sólo un gran hombre mesiánico que se haga cargo del problema con su genio casi ultramundano (Lincoln), o un golpe de suerte y mucho de agallas y coraje para plantarle cara a la adversidad y doblarle la mano al sistema (Django sin cadenas). La esclavitud no es cosa tan temible, nos quieren susurrar ambas películas. Y la moderna esclavitud moderna hacia la tarjeta de crédito, hacia la apariencia de prosperidad económica, hacia la casa con piscina, tampoco. Es como la adicción: me digo a mi mismo que no soy un adicto porque abandono todas esas cosas cuando quiero. Y no: una vez que te acostumbras a tu tren de vida, ya no harás la gran renuncia. Nunca. Porque eres esclavo. Y para consolarte, tienes estas dos películas que te dicen que sí, que tienes razón, que puedes salirte del juego cuando sea el tiempo del adviento (Lincoln) o cuando quieras (Django sin cadenas).

El biopic de Spielberg sigue la tendencia al clasicismo propio de su cine posterior a La lista de Schindler. Spielberg partió como un chico rebelde que hacía buenos thrillers de aventuras como Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, E.T. o Indiana Jones, transformándose en el niño símbolo de la adrenalina de la década de 1980. Pero luego, buscando respetabilidad, se volvió hacia un estilo de cine más clásico, solemne, e hiperbólico. Esto le dio buenos réditos con La lista de Schindler, pero le significó un sonoro estrellón con Amistad. Con Lincoln, una película hecha casi ex profeso para los vejetes de la Academia, volvió a tratar de copar los Oscares. 11 nominaciones lo convertían en un favorito.

Y entonces llegó la paliza. Apenas dos Oscares. Uno para Daniel Day-Lewis, que fue a la ceremonia con el Oscar tatuado en la frente por su portentoso retrato de Abraham Lincoln. Y uno técnico, Mejor Diseño de Producción. Spielberg perdió Mejor Película frente a Argo, y Mejor Director frente a Ang Lee (La vida de Pi). No llegó a los extremos épicos de El color púrpura con sus ocho nominaciones y ninguna victoria, pero la trapeada de piso hecha con el director de 11 nominaciones y apenas dos preceas fue histórica.

Al frente está el niño malo postmoderno de Hollywood, Quentin Tarantino. El hombre que hizo un estilo del reciclaje consciente y abusivo de códigos de género. Su apuesta era Django sin cadenas, que obtuvo cinco nominaciones, las justitas. Se llevó dos premios, los mismos que Spielberg con el doble de nominaciones.



Como decíamos, las dos películas versaban sobre la esclavitud, pero eran antiesclavistas sin mojarse demasiado. Lincoln se centraba sobre todo en los laberintos de la política para abolir la esclavitud, no en el esclavismo o antiesclavismo en sí. Y Django sin cadenas usaba el esclavismo como atmósfera y trasfondo, pero también es una película carente de discurso ideológico. Es decir, películas que parecen discursivas, pero que no lo son. Películas sobre temas ofensivos, sobre la incómoda memoria histórica de Estados Unidos, pero que en definitiva o no hacen memoria como Lincoln, o la hacen sin juzgarla como Django sin cadenas; en definitiva, películas con aguijón, pero con el aguijón limado. Películas hechas para gente que habla mucho sobre cambiar el mundo y hacerlo más justo, con una copita de champaña en la mano; películas hechas para gente como las conciencias liberales de Hollywood.

El resultado dice hacia dónde se está moviendo Hollywood. Lincoln está rodada de manera explícita no imitando, pero sí inspirándose en los clásicos de la década de 1930 y 1940. Hace veinte años, con La lista de Schindler, la maniobra funcionó de maravillas para Spielberg. Pero ahora, los votantes que estuvieron vivos para ese tiempo o están muy viejos o están gagás. Hollywood se ha modernizado, y esos repuntes de clasicismo no tienen sentido, salvo que se trate de un homenaje consciente y deliberadamente artificioso como el homenaje al cine mudo de El artista, que ganó el Oscar a la Mejor Película en la versión anterior extremando el homenaje. Pero Hollywood tampoco está listo para el radicalismo discursivo de un Tarantino, que por el minuto sigue siendo demasiado desmadrado para tener más reconocimiento. A uno le pesó el exceso de domesticación, al otro la falta de ella.



LA VIDA DE PI: LA ALTERNATIVA ANTIPOLÍTICA.

Dentro de un año densamente político, resulta interesante que la película más antipolítica de todas, La vida de Pi, se llevara once nominaciones, una menos que Lincoln. Al último obtuvo la mayor cantidad de premios, el doble que la mencionada: cuatro. Incluyendo Mejor Director para Ang Lee, y un par de técnicos visuales. La película en sí misma es una densa fantasía de ribetes teológicos, y sus premios pueden explicarse como el alivio natural frente al grisáceo mapa de nominaciones tan cargadas en la trinchera política. Por cierto, merecidísimo el premio de Michael Dyanna para la banda sonora, enormemente superior a los trabajos de Alexandre Desplat para Argo, de Thomas Newman para Skyfall, y de un John Williams en horas muy bajas para Lincoln.



VICTORIA DE AMOUR Y DERROTA DE NO.

En materia de cine extranjero, las esperanzas de Chile estaban cifradas en la primera nominación de una cinta suya a Mejor Película Extranjera. Al final, No fue batida en toda regla por Amour de Michael Haneke. La opción es casi lógica, privilegiar a una película hecha por un cineasta autoral francés para la intelligentsia intelectual europea, por encima de un thriller tercermundista sobre un fenómeno histórico interesante en la cátedra de ciencias políticas, pero que no le dice nada a nadie a nivel de calle en Estados Unidos. Amour es más entendible y más universal. No es demasiado folclórica, demasiado localista. Fuera mejor o peor No que Amour, la primera estaba destinada a perder de antemano frente a la segunda.

La derrota de No opacó el hecho de que un chileno al final sí consiguió un trofeo: Claudio Miranda, por la fotografía de La vida de Pi. Por alguna razón, a nadie en Chile parece haberle importado eso, algo raro considerando que hablamos del país que festeja cada triunfo de la Roja de todos los chilenos como si ellos mismos hubieran sudado corriendo detrás del balón. Quizás porque el apellido Larraín destila más prosapia en Chile que el apellido Miranda.



VICTORIA DE VALIENTE: EL CONTRAATAQUE DEL CLASICISMO CINEMATOGRÁFICO.

Un chiste sobre las películas animadas del 2012 versa sobre cómo se cruzaron los memos en un escritorio de Disney, y mientras que Valiente (Brave) debería haber ido a dar a Disney y acabó en Pixar, Ralph el Demoledor (Wreck-It-Ralph) debería haber ido a dar a Pixar y acabó en Disney. El resultado es que Disney ha hecho su película más rompedora en años, mientras que Pixar por su parte ha hecho la película más conservadora de su currículum. Esto debería haber roto la racha de triunfos de Pixar, que ha basado en empujar los límites de la animación su principal baza. Pero Ralph el demoledor fue premiada sobre Valiente, y la Academia dio muestras de que en tiempos de extremarse un poco en lo político, la animación debe volver a ser un poco más pacata y conservadora. Lo abracadabrante es que Valiente barrió el piso no solo con Ralph el demoledor, sino también con Piratas y con Frankenweenie, cualquiera de las cuales es mucho más meritoria, pero también mucho más personalistas y arriesgadas. Una vez más, los premios no los gana la mejor película, sino la que más gusta al jurado...



LOS CINCUENTA AÑOS DE JAMES BOND.

A diferencia de los cuarenta años de James Bond, que en 2002 marcó el hito con la casi universalmente despreciada Otro día para morir, despedida de Pierce Brosnan incluida, para los cincuenta años la productora echó toda la carne a la parrilla, incluyendo cooptar a la propia ceremonia, con miras a crear la base publicitaria necesaria para una inminente Bond 24. Después de todo Skyfall ha resultado ser la película Bond más exitosa de todos los tiempos. Además de ser muy alabada por la crítica, fue la segunda más taquillera de 2012 sólo por detrás de Los Vengadores y por encima de The Dark Knight Rises, la primera de 007 que cruzó la barrera de los mil millones de dólares de recaudación, y la séptima película más taquillera de todos los tiempos, sin ajustes por inflación. La franquicia está más viva que nunca.

Skyfall se llevó cinco candidaturas, aunque como corresponde a una película encasillada en la acción dura, el grueso fueron Oscares técnicos. Al final ganó dos. Uno de ellos estaba literal y metafóricamente cantada: en Mejor Canción Original corría Skyfall de Adele, la mejor canción Bond desde quizás la década de 1980. La única que podía hacerle sombra era Pi's Lullaby, de la magnífica banda sonora para La vida de Pi, pero al final todo quedó en una salida salomónica: Adele se llevó su Oscar, y Thomas Newman a cambio debió capitular ante Michael Dyanna. Es la primera canción Bond que gana un Premio Oscar, logro que ni siquiera Shirley Bassey cantando la icónica Goldfinger logró, y eso que Shirley Bassey es la única que ha cantado tres canciones Bond (y pudo haber cantado una cuarta, si se hubiera seleccionado su Mr. Kiss Kiss Bang Bang en vez de Thunderball de Tom Jones para Operación Trueno). Detalle éste que le dio un toque de amargura a la interpretación de Shirley Bassey de Goldfinger, dentro de la ceremonia de premiación, el mismo toque de medio desagravio que tienen los Oscares honoríficos cuando alguien demasiado importante dentro del cine ha sido demasiado ignorado y ya no hay cómo premiarlo de otra manera.


LA PALIZA CONTRA CREPÚSCULO.

Y terminando con una nota corrosiva, el día antes a los Premios Oscar se entregaron los Premios Razzie, que galardonan lo peor de Hollywood. La gran ganadora de la jornada fue Amanecer: Parte 2, la última entrega de la saga Crepúsculo. De once nominaciones, se llevó siete galardones, incluyendo a Kristen Stewart como Peor Actriz. Al día siguiente, Kristen Stewart apareció en la alfombra roja de los Oscares. Con dos muletas. Los chistes de mal gusto están servidos.


Y terminamos con lo que todos estaban esperando: los mentados pezones de Anne Hathaway. No tan espectaculares si se piensa que la chica ha rodado varios topless, alguno de bastante mala calaña, pero al público hay que darle lo que pide:


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