domingo, 17 de febrero de 2013

Laibach: Tanz Elektro Wagner mit uns (1 de 2).


Una de las bandas más insólitas que andan dando vueltas allá afuera es Laibach. La mayor parte de las bandas se agotan en hacer música que esperamos sea buena; la parte estética es un accesorio, como en el caso del Post Punk, la New Wave o The Beatles. En algunos casos, la estética deja de ser una imagen y pasa a ser también una proclama ideológica de alguna clase, como en el caso del Punk. Y luego tenemos Laibach, banda cuya música es sólo una parte, y a veces ni siquiera la parte más interesante, de su producción. Por más señas, hablamos de una banda que ha sido nacional de dos países, ya que partió como yugoslava, y en la actualidad es eslovena, a consecuencias de ciertos bien conocidos sucesos en los Balcanes durante las últimas décadas.


La década de 1980 fue poco prometedora para Yugoslavia. Tito, el guerrillero antinazi de la Segunda Guerra Mundial devenido en el hombre fuerte de Yugoslavia, había fallecido en 1980. La Yugoslavia de Tito era una colección de etnias reunidas bajo una mano férrea; la personalidad de Tito era suficiente como para mantenerse desafiante incluso frente a Moscú, a pesar de que de manera nominal Yugoslavia pertenecía al Bloque Oriental. Pero fallecido Tito, no hubo una mano igual de dura capaz de aplacar a los distintos grupos étnicos y geográficos, y las tensiones dentro de Yugoslavia crecieron. Este fue el vivero en donde florecieron las tensiones que desembocarían en la destrucción de Yugoslavia primero, y con las sangrientas guerras étnicas y religiosas posteriores después. No en balde, la península en cuestión le dio nombre propio a la balcanización. Pero el año 1980 que algo importante le quitó a Yugoslavia, le dio también algo importante a cambio: ese año nació Laibach.



Por esos años la cultura yugoslava experimentó una especie de renacimiento, ahora con un creciente sentido político. En la época empezó a proliferar un estilo de música llamado Turbo-Folk, que es una curiosa mezcla de motivos musicales balcánicos (a su vez influidos por una multiculturalidad eslava, europea y post-otomana a la vez) con elementos pop y electrónicos, y cuyo máximo representante probablemente sea una figura de nombre artístico tan pintoresco como Rambo Amadeus. Laibach no es Turbo Folk, por supuesto, pero da una idea. O al menos, si consideráramos a Laibach emparentado con el Turbo Folk, diríamos que se trata de la oveja negra, negrísima, y con un muy sarcástico sentido del humor.

Laibach no nació exactamente como una banda en sí, sino como apoyo para un movimiento cultural underground llamado Neue Slowenische Kunst, o abreviadamente NSK en alemán. El énfasis de NSK podría resumirse en una palabra: troll. Lo suyo era una propuesta estética destinada a desafiar, a ofender y a herir cualquier sensibilidad política que se les pusiera a tiro. La idea final es reflejar o parodiar toda la hipocresía política que mezcla supuestas altas intenciones con mesiánicos cultos de la personalidad y sórdidas bajezas en la lucha por el poder. En una palabra, la gente de NSK son políticamente nihilistas. Más que definirse a favor de algo, la NSK se define por estar en contra de algo, de la política de siempre en general; en última instancia, hay un mensaje casi nietzscheano de invidualismo y afirmación por la vida, por encima de las decadentes estructuras políticas, no sólo las comunistas, sino también las democracias occidentales.



La NSK evolucionó desde ser un simple colectivo artístico; en la actualidad la NSK es un verdadero estado virtual, entre sus miembros cuenta a Laibach. Puede decirse que Laibach es la expresión musical de la doctrina política y filosófica de NSK. Ya su nombre es puro troll: Laibach es el nombre alemán con que fue rebautizada Liubliana, la capital de Eslovenia, durante la ocupación nazi de la Segunda Guerra Mundial. Recordemos: Tito había sido guerrillero contra la ocupación nazi, contra la ocupación alemana. Pero hablamos de una banda cuya primera gran gira en 1983 se llamó The Occupied Europe Tour...

La primera música de Laibach era más arte conceptual que música verdadera. Su primer material era más la expresión de un sentimiento artístico, bastante pesadillesco, que la construcción de melodías claras y distinguibles. De esta manera, los primeros discos de Laibach son una mezcla de noise electrónico con ruidos de ambientación oscura, sembrados por aquí y por allá por ominosos cánticos en esloveno o alemán. No son discos tanto para ser escuchados con un cómodo par de audífonos, sino para ser puestos como música de fondo en alguna clase de perfomance cercana a lo que sería un dungeon nazi. Quizás esta etapa musical de Laibach alcanzó su paroxismo y mayor perfección con el disco Kapital, de 1992, que es una especie de cierre de ciclo para la banda. Kapital es un disco duro de escuchar para un oído no entrenado, pero créase o no, es bastante más accesible que otro material más antiguo. Pero me estoy adelantando.


Aquí es necesario remarcar uno de los puntos cardinales de la música de Laibach, y de la banda en sí. A pesar de toda su apariencia totalitaria, ellos no son nazis. En realidad, todo es una gigantesca charada para demostrar un punto: que toda nuestra cultura es de hecho nazi, o al menos tiene componentes intelectuales y emocionales nazis. Por debajo de todo el discurso bienpensante, tanto el de las democracias individuales de respeto al individuo y sus derechos humanos, como el de los totalitarismos marxistas que buscan colectivizar la sociedad para salvarla de sí misma, lo que bulle es la idea de que los seres humanos son criaturas ambiciosas y ávidas de destruir a su semejante. Y como los individuos construyen las sociedades, resulta que si todas las personas tienen un pequeño Führer en su interior y ambicionan con dejarlo salir de manera impune, el resultado no puede ser otro sino el totalitarismo a ultranza enmascarado de discursos de corrección política.

De esta manera, que los miembros de Laibach aparezcan en todas partes, incluso en el supermercado, ataviados como si estuvieran preparándose para invadir Polonia, es una especie de gran chiste de mal gusto: parecieran querer decir que todos en el fondo somos nazis, o nos gustaría serlo, pero ellos son los únicos con la honestidad necesaria para admitirlo. Y si vamos a criticar el totalitarismo nazi o comunista, partamos por criticarnos a nosotros mismos primero, porque los nazis y comunistas son seres humanos iguales que nosotros, y por lo tanto nosotros también estamos expuestos a caer. Si es que no lo somos ya y luchamos porque nadie más se entere.


Salvando el disco Laibach, sus primeros trabajos tienen títulos tales como Neu Conservatiw o Nova Akropola. En 1987 lanzaron Opus Dei, en donde dejaron algo de lado su lado más agreste, y abrazaron su sonido más clásico. Opus Dei es una mezcla de bases electrónicas, ritmos marciales, sonido industrial, y una cierta atmósfera que a falta de una palabra mejor, sería bueno definirla como tecnowagneriana. Con Opus Dei iniciaron también una tradición muy identificada con Laibach: grabar cover pseudonazis de distintos temas rock y pop, a veces cambiando la letra. Geburt einer Nation, Nacimiento de una nación en alemán, es por ejemplo un cover del tema One Vision de Queen; sin embargo, mientras que la idea de tener una sola visión en un solo mundo con una sola raza en la versión original inglesa de Queen es una celebración o triunfo de la fraternidad humana muy en la línea de Martin Luther King, en la ominosa versión wagneriana de Laibach quedan destacados todos los elementos de filosofía nazi que subyacen a visiones integristas, incluído el integrismo demócrata.



El tema Opus Dei por su parte es un cover de Life is Life de Opus, pero mientras la versión original de Opus es una canción ligera acerca de aceptar la vida con espíritu alegre y disfrutar de la misma, el cover de Laibach con sus letras cambiadas es una siniestra sátira sobre la exaltación del militarismo patriotero, la filosofía del Blut und Lande, y sus devastadoras consecuencias bélicas. El disco incluye también The Great Seal, que fue grabado con la idea de proporcionarle un himno nacional a la NSK.



En 1988 lanzaron otro trolleo memorable: su disco Let it Be es un cover canción por canción del álbum del mismo título de The Beatles, exceptuado el tema Let it Be mismo, que quedó fuera por alguna razón. El disco quizás no es tan memorable desde un punto de vista musical, pero ése no es el punto: grabando uno de los más influyentes discos de la música pop transformándolo en un siniestro himno industrial pseudonazi es su manera de afirmar que la música pop, por muy intrascendente que parezca, en el fondo es la punta de lanza de la invasión totalitaria ideológica occidental sobre el resto del mundo. Por si el punto no quedara lo suficientemente claro, el último tema que es el cover de The Beatles sobre una canción tradicional inglesa, es reemplazada por un alegre himno bélico alemán.



El fin de esta etapa musical de Laibach puede datarse probablemente con el disco Kapital, de 1992. Aunque es un disco bastante áspero para los estándares de la música industrial habituales, puede decirse que es una transición entre el Laibach todavía más pesado de sus primeros años, y el sonido más electrónico y refinado de sus años posteriores, en que llegarán incluso a adaptar música clásica al formato electrónico. Aquí no nos encontramos con covers de canciones populares como en los discos ya mencionados, aunque la intención satírica sigue estando presente. Por ejemplo, el tema Hymn to the Black Sun por el título podría parecer un himno nazi, pero en vez de eso se nos presenta un rap al estilo que se terciaba a inicios de la década (y el rap es música de negros, recuérdese), con una letra en donde se describe al Sol en términos astronómicos como centro del Sistema Solar... muy poco material de nazismo esotérico aquí.



Aunque no se olvidan tampoco de la faceta más bombástica y pseudoclásica de su música, con The Hunter's Funeral Procession por ejemplo, de innegable regusto tecnowagneriano. No en balde, está (muy libremente) basado en Das Himmlische Leben, un pasaje del cuarto movimiento de la Cuarta Sinfonía de Gustav Mahler. Este es el cover que ustedes deben mostrarle a su profesor de música sinfónica, si es que quieren matarlo de un infarto coronario masivo:



BALD - Laibach: Tanz Elektro Wagner mit uns, Teil 2.

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