domingo, 13 de enero de 2013

Esas alienígenas objetos del deseo.


Usualmente se ha dicho que la Ciencia Ficción es negocio de hombres. Los hombres la escriben, los hombres las filman, y los hombres las protagonizan. Existen excepciones por supuesto, tales y como Ursula K. LeGuin o Joanna Russ entre otras escritoras, si hablamos de Literatura. Medio perdido en el mapa de los escritores de la Edad de Oro está también C.L. Moore, que utilizaba dichas iniciales para que no se supiera que era una mujer llamada Catherine Lucille Moore. O también la editora Judy-Lynn del Rey, una presencia capital del género en la década de 1960. Pero por cada mujer metida en el género hay legiones de hombres, eso cualquier fanático lo sabe. Por algo, la caricatura clásica del fanático trekkie es la de un chico que nunca perderá la virginidad.


En consecuencia, la imagen de la mujer en la Ciencia Ficción ha sido una creada casi exclusivamente por hombres y para hombres. Esto que fue verdad en la Ciencia Ficción escrita, después pasó al cine y la televisión. Por lo tanto, el rol de la mujer en estas obras de género tiende a ser el apoyo, en un sentido u otro, para la figura protagónica principal, que es un hombre. Las historias de Ciencia Ficción en general no se diseñan para pasar el test de Bechdel, el famoso examen por el cual una obra aprueba si cumple con tres condiciones: 1.- Que haya más de un personaje femenino (descontando las extras sin diálogo, por supuesto), 2.- Que dos personajes femeninos conversen entre sí, y 3.- Que esa conversación verse sobre un tópico o tema que no sean los hombres. Fácil de pasar, ¿no? Pues bien, en el año 2012 dentro de la Ciencia Ficción, no aprobaron el test Los vengadores, Terror en Chernobyl, (de horror, pero con el tópico de Ciencia Ficción de la mutación por la radiación), Looper, Hombres de negro III y El vengador del futuro. Irónicamente Argo, una película basado en un incidente real sobre una operación de la CIA en que rescataron unos rehenes de Irán en 1979 utilizando como tapadera el rodaje de una película de Ciencia Ficción... sí aprueba el test. Y en la Ciencia Ficción clásica fallan Metrópolis, el Frankenstein de 1931, El planeta prohibido, La mosca, Viaje fantástico, 2001: Odisea del espacio, La guerra de las galaxias de 1977, Stalker, Blade Runner, Terminator, Robocop  y El vengador del futuro en su versión original, espigando ejemplos aquí y allá. Sorprendentemente, dos películas que uno quizás tildaría de hechas para hombres por ser de terror espacial, como Alien y su precuela Prometeo de Ridley Scott, pasan la prueba. Fallar el test no es algo malo si la película está en un contexto de sólo hombres como una cárcel segregada por sexos por ejemplo, y aprobarla tampoco es garantía de película respetuosa con las mujeres, pero si tantas películas de Ciencia Ficción consideradas clásicas fallan el test, podemos considerarlo como una tendencia.


Pero no quiere decir que el rol de la mujer como personaje de Ciencia Ficción haya sido estático e inmutable. Mientras escribo esto la sociedad sigue marchando, y es inevitable que las ficciones también lo hagan. Una película tan machista como Viaje fantástico de 1966, hoy en día sería infilmable con las mismas líneas de diálogo, pero en su época era un entretenimiento plenamente aceptable, y el común de la gente no hubiera considerado misógino que la científica interpretada por Rachel Welch estuviera más para lucir anatomía con un traje apretado de buceo, que para realizar verdaderas labores de ciencia. A continuación, hagamos un breve repaso del rol femenino en la historia de la Ciencia Ficción.



LA ERA DE LA CIENCIA FICCIÓN CLÁSICA.

Cuando la Ciencia Ficción se consolidó como género en la primera mitad del siglo XX, lo hizo principalmente por vía de las revistas pulp. El negocio de las mismas estaba altamente segmentado por públicos, de manera que se especializaban en Western, historias de detectives, fantasía, terror... y Ciencia Ficción. En cuanto a las mujeres, se suponía que leyeran revistas de mujeres. Los pulps eran asunto de hombres.

Por lo tanto, la mujer en el pulp de Ciencia Ficción ocupaba más o menos el mismo rol que las chicas en todos los pulps: eran el objeto en discordia entre el héroe y el villano. En algún minuto de la historia, el villano raptaba a la chica y la mantenía en cautiverio. La censura de la época no permitía por supuesto explicitar el subtexto de violación inherente a todas las historias de rapto y rescate, aunque a veces se asomara por la vía del intento del villano por forzar el matrimonio con la chica, dejando a la inteligencia del lector lo que sucedería después en la noche de bodas. Irónicamente, en la Ciencia Ficción este subtexto de violencia sexual era quizás más pronunciado que en otros pulps, justamente por ser historias ambientadas en otros planetas, y por lo tanto menos reales. El villano muchas veces tomaba la forma de B.E.M., un Monstruo de Ojos Saltones (Big-Eyed Monster en inglés), que sentía alguna clase de apetito o lujuria por la chica. Ese sentimiento tan poco puritano era aceptable porque el villano no era un ser humano sino un monstruo, y además sería destruído por el héroe al final.

Dentro de este panorama, las chicas no tenían mucho por hacer. Eran dóciles cervatillos esperando a ver qué león daba cuenta del otro para zampársela. No eran personajes en lo absoluto, si entendemos por personaje a una construcción narrativa dotada de una sicología y motivaciones propias y particulares, con independencia del resto del elenco de caracteres.


No es raro tampoco que la mujer en la época adoptara el rol dual de santa y meretriz. El ejemplo más destacado quizás sea Flash Gordon, en donde el héroe es disputado por la pura y virginal Dale Arden por un lado, y por la lasciva y lujuriosa princesa Aura por el otro. Cuando Aura se redime y se pasa al bando de los buenos, lo hace de la manera en que debe hacerlo una señorita de buena fama: contrae matrimonio con el príncipe Barin y le proporciona los necesarios hijos para legitimarla como mujer de bien.


Isaac Asimov se rebeló contra esta convención, y decidió que si los personajes femeninos iban a ser para eso, entonces no iba a incluir a ninguna en sus relatos. Y no lo hizo. Hasta que un editor pensando en las ventas entre el público masculino, le dijo que una novela suya por entregas sólo la publicaría si la reescribía con un personaje femenino metido de por medio. Asimov cumplió, pero dicho personaje femenino fue uno repelente y gruñón; el editor, arrinconado por su propia palabra, debió ceder y publicar. De tarde en tarde alguna feminazi critica a Isaac Asimov porque no incluye personajes femeninos, a lo menos en su obra más temprana, ante lo cual él responde con la inocente explicación de su falta de experiencia en dichos temas.

LA REVOLUCIÓN SEXUAL.

Vino después la década de 1960, y la revolución cultural en todas las áreas y ámbitos de Occidente. Esta no fue instantánea por supuesto. Una película como Viaje fantástico todavía se permite hacer chistes acerca de que las mujeres deberían estar en la cocina en vez de ser científicas, por ejemplo. Pero algo estaba cambiando en el aire, y la Ciencia Ficción no se iba a quedar atrás. Más o menos en la misma época, Jane Fonda se coronó como una de las reinas de la desinhibición sexual en el cine por el clásico de culto Barbarella, que a su vez venía de un cómic de Ciencia Ficción bastante subido de tono.



En ese tiempo, la Edad de Oro fue reemplazada por la Nueva Ola. Lentamente, el género se vio invadido también por escritoras mujeres, que trajeron consigo todos los temas referentes a resignificar a la mujer dentro del género. Quizás quien llegó más lejos en esta línea y por esa época sea Joanna Russ, una militante feminista que defendió sus puntos de vista dentro de varias novelas de Ciencia Ficción. Los mismos son, por decirlo con suavidad, bastante heterodoxos para lo habitual en el género.

En la televisión, quién recogió el guante fue Gene Roddenberry. El creador de Viaje a las Estrellas quería que el segundo a bordo por debajo del capitán fuera una mujer. Aparentemente, esto fue demasiado para el hígado de los ejecutivos de la cadena. Roddenberry debió contemporizar, y el segundo de a bordo terminó siendo varón. Aunque alienígena: el Señor Spock. Aún así, incluyó a un personaje femenino en el puente de mando y en un rol hasta la fecha típicamente masculino, la oficial de comunicaciones Uhura.


A pesar de que ataviada con su minifalda y su traje ceñido era obvio que el personaje era visto por la cadena como fanservice, el rol de Uhura fue decisivo en muchos aspectos. Sin ir más lejos, el primer beso entre un hombre blanco y una mujer negra en la pantalla televisiva de Estados Unidos, fue protagonizado por ella y el capitán Kirk. Pero lo más importante es que la oficial Uhura era presentada como una técnica competente, no como una belleza para ser rescatada. En un minuto, la actriz Nichelle Nichols que la encarnaba decidió renunciar, asqueada de que su personaje no evolucionara más allá en los guiones. Fue convencida para quedarse nada menos que por Martin Luther King, quien remarcó la importancia de que una mujer negra fuera mostrada con tonos positivos en la televisión. A la larga, para una generación entera de mujeres en Estados Unidos, incluyendo a la comediante Whoopi Goldberg o a la astronauta Mae Jemison, Uhura se transformó en símbolo del empoderamiento femenino en sus infancias.


Por otra parte, Viaje a las estrellas no pudo escapar de su tiempo, y esto significó vender la serie al público como una en donde aparecía un interés romántico femenino distinto para el capitán Kirk cada semana. Todas ellas hermosas y de escasos atuendos, por supuesto. Muchas de ellas, alienígenas puestas ahí o para tenderle una trampa al capitán Kirk, su nave y su tripulación, o para ser acogidas y salvadas dentro de su desamparo. Las revoluciones no se hacen en un solo día.

APARECE LA HEROÍNA DE ACCIÓN DE CIENCIA FICCIÓN.

La trilogía original de Star Wars fue terrible desde el punto de vista de mostrar personajes femeninos, hasta el punto que en una parodia de Padre de familia , cuando Luke pregunta por la identidad de su hermana perdida, le responden con un severo: ¿Y quién es la única mujer en toda la galaxia? ¿Ah? Como decíamos, la trilogía original tampoco pasa el test de Bechdel.


Pero esa mujer era la princesa Leia, que marcó un punto de inflexión dentro de la Ciencia Ficción. Hoy en día no parece la gran cosa, pero en 1977 no se suponía que una princesa puesta ahí para ser rescatada, tomara ella misma un arma de asalto y se pusiera a dispararle a un pelotón de soldados enemigos como un comando. Leia fue la primera gran heroína de acción de la Ciencia Ficción, y debe ser acreditada por ello. Aunque George Lucas haya terminado por ceder a los viejos instintos, y la haya fetichizado obligándola a presentarse encadenada en un bikini dorado en El regreso del jedi. Algunas viejas costumbres nunca mueren.



Y la riada siguió con la aparición de Ellen Ripley. En la película Alien, el bicho que invadía la nave espacial Nostromo se iba cargando sucesivamente a todos los astronautas, incluyendo a la plana mayor de varones, quedando Ripley sola al final. Sobrevivir al alien de manera tan heroica hizo de Ellen Ripley, interpretada por Sigourney Weaver, la quintaesencia de la heroína de acción dentro de la Ciencia Ficción. Incluso su escena final en el Alien original, en donde se dispone a ingresar en hibernación sólo en ropa interior, es una subversión de su función de fanservice: es el momento en que se ve de manera más femenina en toda la película, el momento en que está más encerrada y más necesitada de un rescate... y el momento en que se las arregla para echar al bicho al espacio por sí misma, sin recurrir al apoyo de un hombre que haga el trabajo de supervivencia por ella.


El problema con las heroínas de acción se suscitó cuando sus personajes fueron trabajados como si fueran hombres con escote. Quizás un ejemplo egregio de esto sea la esposa del protagonista de El vengador del futuro, interpretada por Sharon Stone; mientras ella es la esposa típica, se presenta como modelo de femeneidad vaporosa, pero cuando se transforma en una action girl y una villana, lo único que conserva realmente de mujer es su apretado atuendo de gimnasia. Por otra parte, la película hace mofa de los tópicos del cine de acción llevándolos hasta el extremo, de manera que perpetuar la división clásica entre la santa y la pecadora incorporándolas dentro de un mismo personaje femenino, puede ser otra elaborada broma con mala leche de la película.

JUGANDO CON LOS ESTEREOTIPOS.

Hoy en día, se puede afirmar que en la Ciencia Ficción coexisten todos los posibles estereotipos. Un ejemplo de película reciente con un personaje femenino de importancia que no responde a cánones ni estereotipos machistas, es la madre de la película Looper del año 2012, interpretada por Emily Blunt, que no trata de presentarse como una reina de belleza ni es tampoco la estereotípica heroína de acción masculinizada. Frente a ella tenemos un contraejemplo, el personaje encarnado por Megan Fox en la saga de Transformers, que si bien trata de ser presentada como heroína de acción, en realidad es un fetiche puesto ahí para disfrute del personal masculino.



El remake del 2003 de Battlestar Galactica fue bastante significativo. En la versión de 1979, el piloto espacial Starbuck era un varón, mientras que en el remake es una mujer. Starbuck es presentada más o menos dentro de las coordenadas de la típica guerrera de acción algo masculinizada, aunque no hasta el punto de eliminar su lado femenino. Su presencia hace contrapunto con la Presidenta interpretada por Mary McDonnell, presentada como un personaje femenino diferente, en donde se conjugan tópicos femeninos con un fuerte liderazgo político que en las ficciones televisivas suelen asociarse con personajes masculinos.


En general, la Ciencia Ficción de la segunda década del siglo XXI está entrampada un poco dentro de las tensiones propias de nuestra época, en donde por un lado hay mayores ansias de liberalización y democratización, y por la otra está golpeando fuerte un conservadurismo de nuevo cuño. Como cualquier otro género literario, la Ciencia Ficción siempre ha seguido la tendencia de la época porque de esa manera satisface a los lectores que buscan identificarse con roles y modelos. Quizás este mayor abanico de posibilidades no refleje tanto una mayor libertad narrativa, sino la confusión imperante respecto al tema en la sociedad en general. A medida que nuevos códigos de género avancen en la sociedad, lo mismo ocurrirá de manera inevitable en la Ciencia Ficción.

5 comentarios:

Martín dijo...

Emily Blunt se ha mandado tres personajes de ciencia ficción bastante disímiles entre sí: aparte de Sara, la madre en "Looper", está la bailarina Elyse de "The Adjustment Bureau", que está ahí sólo para que el protagonista "cumpla con su misión"; y la aguerrida - en todo el sentido de la palabra - soldado Rita Vrataski en "Edge of Tomorrow". Pero Sara es, lejos, el mejor personaje de los tres.

Guillermo Ríos dijo...

A estas alturas del partido, Emily Blunt viene siendo casi la santa patrona de las películas de Ciencia Ficción, si ella aparece en la película hay muchas probabilidades de que sea buena, o al menos mejor que el promedio. Y de acuerdo con Elyse, la película me gustó mucho pero el personaje de ella me pareció detestable (no ella como actriz, sino su personaje). Los otros dos roles son excelentes en todo sentido.

Felipe B dijo...

Me ha gustado mucho el artículo, es un repaso increible de este aspecto de la ciencia ficción, enhorabuena. Solo tengo una pega que creo afea el artículo, y es el término "feminazi" cuando hablas respecto a las críticas dirigidas a Assimov por la falta de personajes femeninos. Sea por ignorancia de quien critica o no, creo que sobra ese vocablo.

saludos :)

Guillermo Ríos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Guillermo Ríos dijo...

Me alegra que el artículo haya resultado de provecho.

Respecto del tópico del feminazismo, a mí sí me parece que criticar a un narrador (escritor, cineasta, guionista de cómics, etcétera) por no incluir personajes femeninos es un acto de feminazismo, tomando el término en su acepción restringida de fundamentalismo feminista, eso sí (leer al respecto mi posteo De feministas y feminazis en donde detallo cual es, a mi parecer, la distinción entre feminismo y feminazismo, que son dos cosas diferentes en mi opinión). El narrador tiene todo el derecho del mundo a incluir los personajes y caracterizarlos como estime conveniente para su narración, y no me parece que una narración mejore únicamente por incluir personajes de cuota por corrección política. Así, el narrador no está obligado a incluir personajes mujeres si no quiere, así como tampoco está obligado a incluir negros, hispanos, asiáticos, judíos, homosexuales, ateos, agnósticos, veteranos de Vietnam, o cualesquiera otra minoría al respecto. A Isaac Asimov se lo puede criticar y de hecho se lo ha criticado por varios aspectos de su obra (su estilo narrativo más o menos plano, su débil caracterización de personajes, una ideología a veces quizás demasiado idealista), pero la inclusión de tales o cuales colectivos sociales vía personajes en sus obras, no me parece una crítica válida.

Ahora bien... otro cuento distinto es que nadie me obliga a leer sus obras o las cualquier otro autor, de manera que si después de leer algunas obras de Asimov descubro que él nunca incluye personajes femeninos, y a mí eso me parece de importancia suprema porque la obra pierde enteros si no los incluye en roles relativamente destacados, pues dejo de leer a Asimov, y además de eso no lo recomiendo, y eso es tan legítimo como el derecho de los autores a incluir personajes de tal o cual género, etnia, religión, etcétera. De hecho, es lo que pasa con muchos autores antiguos que han dejado de ser leídos, en parte porque su escala de valores sociales es la propia de siglos pretéritos, y por lo tanto, se hace un poco más inaguantable el sexismo y racismo que, en la época de haber sido escritas y publicadas, pasaron desapercibidos porque la sociedad los consideraba como valores correctos en ese tiempo.

Saludos igualmente.

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