miércoles, 9 de enero de 2013

Diabolus in Musica: El Diablo metió la cola en el pentagrama (2 de 2).


"Encantado de conocerte, espero que adivines mi nombre" - The Rolling Stones, "Sympathy for the Devil".

EN LA PRIMERA PARTE DE ESTE ARTÍCULO: EL DIABLO HA TRATADO DE SOCAVAR LA OBRA DE DIOS EN LA MÚSICA, HACIENDO PACTOS SATÁNICOS EN EL MUNDO DE LA MÚSICA SELECTA Y EN EL BLUES. Y CUANDO APARECE EL ROCK AND ROLL, ENCUENTRA UN GRANDIOSO NUEVO MUNDO QUE SEDUCIR...

Resulta curioso observar que una manera en que el Diablo se ha mantenido vivo en el mundo musical, es a través de las bandas sonoras. La música más asociada con el Diablo a este respecto, es por supuesto el subgénero conocido como "ominoso canto gregoriano". Con premio adicional si las letras de dicho ominoso canto gregoriano vienen además interpretadas en latín. No toda la música pseudogregoriana en latín es satánica, claro está, o si no deberíamos considerar como tal al inofensivo poema "O Fortuna" del Carmina Burana.

La razón por la que una música tradicionalmente tan cristiana como los coros gregorianos se convirtieron en estándar del satanismo, es por apropiación. Se considera de manera habitual que el Diablo toma elementos del cristianismo y los invierte. La misa negra es así una misa católica invertida, etcétera. Y si se puede alabar a Dios con coros gregorianos, ¿por qué no se puede hacer lo mismo con Satán? Un ejemplo egregio de esto es el famoso "Ave Satani" compuesto por Jerry Goldsmith para la banda sonora de "La profecía" de 1976.



Mientras tanto, por conductos distintos, el Diablo poco a poco iba infestando el universo del rock. De manera inicial, el rock tenía mucho de blues; de hecho, Elvis Presley ha sido considerado muchas veces como "blues de un blanco para blancos". Y aunque Elvis no desarrolló un aura satánica, quizás demasiado ocupado haciendo chillar a las chicas con sus movimientos de pelvis, algunos de sus sucesores espirituales sí que lo hicieron. Después de todo, es el género en donde unos blasfemos The Beatles dijeron que eran más grandes que Jesucristo...

Pero ya en paralelo a The Beatles, estaban surgiendo unos músicos aún más radicales: The Rolling Stones. Los mismos que satirizaron el título de "Let It Be" de The Beatles con su "Let It Bleed". The Rolling Stones crea el primer gran himno satánico del rock: "Sympathy for the Devil". Acorde a los nuevos tiempos, el Diablo en la canción no se presenta oliendo a azufre ni presentando pactos sellados con sangre, sino que se muestra como el maestro ajedrecista que mueve las piezas detrás de la cortina.



En la década siguiente, nos encontramos con Jimmy Page. Puede sorprender a muchos, pero guitarrista de Led Zeppelin, banda conocida por sus canciones acerca de agarrarse chicas en medio de ríos de cerveza, tenía un fuerte interés por el ocultismo. Incluso se pensó en Jimmy Page como el hombre que iba a componer la banda sonora de una película relacionada con Aleister Crowley; Crowley era un ocultista, sí, pero satánico no, como no consideremos que tomó el satanismo como elemento estético y provocador. En definitiva, Aleister Crowley fue un rockero antes del rock.

En paralelo a Led Zeppelin, otra banda británica contemporánea más extrema abrió el filón a la imaginería satánica. Aunque Black Sabbath no fueron exactamente los primeros en explotarlo porque antes vino Arthur Brown con su tema "Fire". La influencia de la imaginería de Arthur Brown llega tan lejos como el mismísimo Marilyn Manson del "Antichrist Superstar", que le robó más de algún concepto estético a Brown.



Pero lo que en Arthur Brown todavía eran juegos con teclados, Black Sabbath se lo tomó muy en serio. Ozzy Osbourne fue el primer rockero que jugó a tiempo completo a ser el Anticristo, y le resultó muy bien. Todo el Heavy Metal y toda la música gótica arranca de allí, lo que no es poco. Pocas canciones metaleras son tan crispantes como "Black Sabbath"; valga la aclaración de que se llama igual que el nombre de la banda. Irónicamente, "Black Sabbath" es una canción enormemente criticada por los satanistas, y por no pocos metaleros, como cobarde. La letra habla de Satán, sí, pero llegada la hora de la verdad, el vocalista exclama "¡Oh, Dios, ayúdame!". En verdad, los fundadores del metal satánico no eran satánicos, y la primera canción de su primer disco es en realidad un himno antisatánico.



Lo que no quita que los sucesores de Black Sabbath olvidaran que esta banda era como las chicas, que coquetean con el malo pero al final se quedan con el bueno. Otras bandas incursionaron un poco más dentro del satanismo, en parte para impactar de lleno a la audiencia. Quizás el ejemplo más destacado sea "The Number of the Beast", el exitazo de Iron Maiden de 1982. Los grupos conservadores en Estados Unidos llevaron los vinilos respectivos hasta las piras y se tomaron muy en serio el satanismo de Iron Maiden, lo que por supuesto ayudó a darles aún más tribuna. A veces, los hijos de Dios simplemente no pueden quedarse callados.



En los ochentas, el metal se hizo más militante. El Thrash se plagó de letras de protesta contra la corrupción política y corporativa, y la inminente guerra nuclear. Pero otros músicos thrash encontraron una interesante manera de hacer protesta social: se volvieron satánicos. El camino fue marcado por una banda canadiense llamada Venom, quien practicaba un Thrash algo más extremo para el estándar de la época. Su disco "Black Metal" de 1981 marcó un hito al darle nombre a todo un género musical nuevo. Aunque el Black Metal después devendría en desarrollos que no tenían nada que ver con Venom.



En los ochentas, el Black Metal fue patrimonio de Europa Central, con bandas como Báthory o Celtic Frost. Todas las cuales usaban la imaginería satánica, por cierto. Pero en los noventas, el Black Metal movió su base principal de operaciones a Escandinavia. Bandas como Mayhem, Burzum, Immortal o Emperor marcaron en cierta medida el camino. ¡Y cómo! Sus letras devinieron en un satanismo cosmológico, invocando la visión esotérica de Satán como verdadera luz del mundo, y asociándose a una filosofía gnóstica que sería el orgullo de tipos como Plotino o Paracelso. Pero no se contentaron con eso, y cruzaron la línea entre el discurso musical y el manifiesto político. En lo esencial, se dedicaron a quemar viejas iglesias medievales de madera. O a apuñalar a algún infortunado gay que pasaba por ahí. Parte importante de la desarticulación de la escena blackmetalera escandinava derivó de que algunos miembros fundacionales terminaron una temporada en la cárcel, por tomarse el negocio demasiado en serio.



Pero si el Diablo es el MAL con mayúsculas, ¿por qué iba alguien a entregarse a él? ¿O al menos, dedicarle su música? El concepto clave aquí es "rebelión". La ecuación es simple. Toda sociedad necesita de instituciones para manejarse pasado cierto grado de complejidad en las redes sociales; sin embargo, quienes las manejan tienen la malsana tendencia a apropiarse de ellas y utilizarlas como mecanismos para acrecentar su propio poder. Eso es así en cualquier régimen, sea democrático o autoritario. A esto, los economistas lo llaman problemas de agencia: el agente, en este caso el político, tiene la tendencia a velar más por su propio beneficio que por el bien común. Cuando lo hacen grupos de interés, esto se llama captura del Estado; el mecanismo para conseguir esto es el lobby. Pero la gente común no aceptaría esto de buenas a primeras, sea por un sentido de la injusticia vivida, sea porque ellos mismos lo harían con gusto si la cuchara para servirse estuviera con el mango hacia ellos en vez de al revés. Entonces, hay que convencer a la gente común de que se deje dominar por un Estado capturado para intereses privados.

Aquí es donde entra la religión. Dios es una poderosa arma propagandística para santificar a los opresores, sean los dioses egipcios sobre el Faraón o el Dios Cristiano santificando las Cruzadas o el Antiguo Régimen en vísperas de 1789. Los sacerdotes católicos tienen historial de haber defendido a los realistas contra los independentistas, a los monárquicos contra los revolucionarios de 1789, y así sucesivamente. En un mundo en donde Dios está con los villanos, entonces es claro que todo lo que se dice contra el Diablo es propaganda institucional. Los románticos como Paganini renegaban de la sociedad establecida por sentirla un corset asfixiante; los primeros bluseros eran negros luchando contra la discriminación racial; los rockeros trataron de expresar la rebelión de los jóvenes contra un sistema que los ahogaba. Muchas bandas de Black Metal marcan el punto alabando a la oscuridad como rechazo a un conjunto de verdades establecidas que la religión oficial no permite cuestionar. Y el punto entero de la canción "Sympathy for the Devil" de The Rolling Stones no era por supuesto alabar al Diablo, sino poner de manifiesto que nuestra sociedad entera ha sido y será siempre guiada por hombres dispuestos a intrigar por ambición, causando guerras y desastres en su camino. Un tradicionalista diría que alabar al Diablo es insano porque conduce a la autodestrucción, pero un cínico diría que son las eternas injusticias sociales las que le proporcionan al Diablo nuevas hordas de reclutas en cada generación. Y algunos de esos reclutas, en vez de matar a doncellas vírgenes y verter su sangre en algún pentagrama, prefieren el más inofensivo deporte de tomar una guitarra y ponerse a rockear...

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails