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domingo, 27 de enero de 2013

Ciencia Ficción paranoica: ELLOS nos invaden A NOSOTROS.


La Ciencia Ficción probablemente se trate menos sobre el mañana que sobre el hoy. Y el hoy, a su vez, es el hoy de cuando se escribió la novela; o sea el ayer, o en el caso de Julio Verne, el Triásico del género. El escritor de Ciencia Ficción toma la ciencia como tema, pero no lo hace de manera neutral, sino que la utiliza para canalizar algunas ideas y conceptos que responden a sus sueños, esperanzas, fobias y pesadillas. Y por supuesto, uno de los temas recurrentes en la Literatura y fuente de tales sueños, esperanzas, fobias y pesadillas, no sólo de Ciencia Ficción sino de cualquier género, es cómo nos relacionamos con el Otro.

En la Literatura general el otro suele ser nacional de otro país, o tener la piel de otra raza. La Ciencia Ficción proporciona un blanco incluso más aceptable: el extraterrestre. En la Ciencia Ficción abundan los extraterrestres con características muy terráqueas: o son seres humanos con otro color de piel y algún que otro rasgo morfológico distintivo, o bien son bestias al estilo de los insectos, las aves, etcétera. Es raro encontrarse con extraterrestres con una morfología o funcionamiento extraordinariamente distintos a la vida terrestre. Hay razones biológicas para pensar en eso, porque la construcción de un ser vivo responde a ciertas leyes físicas y químicas, como por ejemplo la famosa ley cuadrático-cúbica (aquella que entre otras consecuencias predice que un insecto no puede crecer a la estatura humana, o un humano alcanzar los veinte metros de altura sin romperse las canillas por su propio peso). Pero también hay razones psicológicas: es mucho más fácil plasmar en esos monstruos humanoides o bestiales nuestros propios miedos. No escribimos Ciencia Ficción para realmente explorar el universo, sino para plasmar en lenguaje científico lo que son pesadillas y terrores ancestrales de la raza humana. Cuando nos encontramos con una criatura realmente fuera de nuestros cánones nos desesperamos, igual que los científicos del futuro no son capaces de entender y conceptualizar al océano quizás vivo y quizás inteligente de la novela Solaris de Stanislav Lem.

No es raro entonces que una vertiente de la Ciencia Ficción se haya decantado por la paranoia: ellos nos invaden a nosotros. En la vida real, una civilización capaz de cruzar el espacio y tiempo que nos separan tendría tecnología tan avanzada que sin duda nos barrerían en la primera oleada, de manera incluso más brutal que los españoles cuando aniquilaron a los indígenas después de 1492. Incluso, se dice, Crónicas marcianas de Ray Bradbury es una especie de recreación de la conquista española de Latinoamérica, pero ambientada en Marte. Pero este final en lo literario suele ser insatisfactorio. No nos gustan las novelas en donde perdemos. Para ser perdedores ya está la vida. En las novelas del género, por lo general la invasión extraterrestre es repelida por un medio u otro, aunque suene tan improbable como los Ewoks dándole una paliza a las tropas imperiales en El regreso del Jedi. Pero lo interesante es cómo se ha decantado la paranoia.

LAS NOVELAS DE INVASIONES SE HACEN ESPACIALES.

La primera novela de invasiones alienígenas fue La guerra de los mundos, publicada por Herbert George Wells en 1897. La historia es simple: unos meteoritos caen a la Tierra, despertando la curiosidad de los bienpensantes británicos, que están en el apogeo de su imperialismo colonialista y piensan que el universo tiene pocos misterios aún por resolver. Pero los meteoritos son en realidad naves marcianas que han iniciado una imparable invasión a gran escala contra la Tierra. Al final, cuando ya no queda casi ninguna esperanza, la invasión es derrotada por un enemigo impensado: los microorganismos que se ceban en los extraterrestres sin sistemas inmunológicos adecuados para contenerlos. La historia escenifica un escenario de paranoia que se hará recurrente en el género: una tranquila comunidad que es nosotros es invadida por ellos. El horror alcanza su culminación cuando vemos que los marcianos dependen tanto de las maquinarias, que sus cuerpos están atrofiados, e ingieren sangre como verdaderos vampiros para subsistir. En efecto, Herbert George Wells aprovechó de inventar otro tópico del género bien vivo, cual es el alienígena biomecánico, en algo que parece casi una parodia siniestra del transhumanismo, cerca de un siglo antes de que dicho concepto fuera inventado.


Es sabido que Herbert George Wells era un simpatizante socialista, bastante moderado para el espectro político europeo general, pero casi un terrorista intelectual en la muy civilizada Inglaterra. Lo que pretendía Wells era que los británicos se sintieran un poco como los pobres nativos esquilmados por el Imperio. Wells parecía estar diciendo: Así como los británicos se sienten arrasados por los marcianos en mi novela, es como los bwanas se sienten masacrados por los fusiles británicos en la realidad. Pero menos recordado es que había antecedentes literarios, y que en materia de invasiones, Wells no se estaba inventando nada.

Cerca de un cuarto de siglo antes, en 1871, se había publicado un libro llamado La batalla de Dorking. En él se describía la invasión a gran escala de Alemania en contra de Inglaterra. La novela fue un éxito clamoroso, y engendró todo un subgénero literario en donde Inglaterra era atacada día sí y día también por enemigos que por lo general eran Alemania, aunque a veces también era Francia, según cómo soplara el viento político del día. Dicha literatura se acabó en 1914, cuando la guerra se hizo real. Irónicamente, la mejor de esas novelas no escenificaba una invasión alemana contra Inglaterra, sino marciana; y La guerra de los mundos es una perfecta novela del género de invasiones, pero nadie la recuerda como tal. Una vez más, la Ciencia Ficción estaba al servicio de ciertos instintos paranoicos de la Inglaterra de la época, la idea de que estaban en la cumbre de la civilización, pero podían caer de dicha cumbre con facilidad si es que los Menschmaschinen alemanes se aplicaban.

LOS AÑOS DE LOS EXTRATERRESTRES DESVERGONZADOS.

Al final la Primera Guerra Mundial fue librada, y no fue Inglaterra sino Alemania la que quedó en ruinas. Durante un tiempo el péndulo en la Ciencia Ficción se invirtió, y fueron los terrestres los que empezaron a visitar otros mundos, típicamente Marte y Venus. El exponente más claro es Una princesa de Marte de Edgar Rice Burroughs de 1912, y sus correspondientes secuelas, que enhebran la saga literaria de John Carter, llevada con injusta mala fortuna al cine en 2012. La única excepción fue el imaginario lovecraftiano, en donde los extraterrestres son tan poderosos que son dioses para efectos prácticos, y ay del pobre humano que se les cruce en su camino. Pero en la década de 1930, las cosas cambiarían un resto.


Dentro del género, la década vio el surgimiento de la industria de la revista pulp de Ciencia Ficción. Fuera del mismo, fue el tiempo del surgimiento de los totalitarismos europeos. Amazing Stories, la primera revista íntegramente de Ciencia Ficción, fue publicada inicialmente en 1926, pero fue la Gran Depresión lo que fomentó la expansión del mercado, debido a la necesidad de evasión de la época. La necesidad de vender aventuras, sumada a la reacción inconsciente de Estados Unidos contra el nazismo, hizo que el invasor extraterrestre volviera a saltar a la palestra. Sólo que la actitud ambivalente de Estados Unidos hacia el nazismo en la década, con personalidades como Charles Lindbergh o Henry Ford auspiciándolo, no permitió que se manifestara en forma de literatura de invasiones. En vez de ello, el extraterrestre desarrolló otra forma.

Este por lo general era el B.E.M., el Bug Eye Monster u Monstruo de Ojos de Bicho. El objetivo del mismo no era destruir el sueño americano, sino desatar sus instintos sobre las mujeres. Es la época de las portadas en donde el héroe espacial enarbolando su pistola rescata a una chica con traje de astronauta hecho jirones por la bestia lasciva que desea comercio carnal con la terrícola; recordemos que en la época ser femenina implicaba ser pasiva y sumisa, y por lo tanto, ella no iba a hacer esfuerzos por rescatarse a sí misma del peligro. La paranoia en este caso no estaba dirigida contra el nazismo, sino contra un enemigo más tradicional de Estados Unidos: el liberalismo sexual. El BEM pasó a ser emblema del instinto animal que busca satisfacer su lujuria con la ninfa humana de turno, mientras que el héroe enarbolaba los valores de la pureza y la castidad, a tono con la América cristiana de entonces y ahora. Incluso en los cómics, los extraterrestres antropomorfos Ming el Despiadado y su hija la Princesa Aura, los villanos de Flash Gordon, no sólo son señores tiranos del planeta Mongo, sino que amenazan sexualmente a los héroes, Ming a la novia de Flash, y Aura a Flash mismo. Andando el cómic, Aura al menos se hace respetable dejando en paz a Flash Gordon y aceptando su noviazgo con Arden, y contrayendo el sagrado y honorable vínculo del matrimonio con el príncipe Barin, pasándose así al bando de los buenos.

LA PARANOIA ANTICOMUNISTA.

La Segunda Guerra Mundial llegó y pasó, y vio un realzamiento del invasor extraterrestre en la Ciencia Ficción. John W. Campbell, el más importante editor de la época, exigía que todas las historias de conflicto con extraterrestres terminaran con la resonante victoria humana. Y la Humanidad, en estas historias, enarbolaba los valores del American Dream. Quizás el único que se rebeló fue Isaac Asimov, de una manera peculiar: se negó a escribir (muchos) relatos con extraterrestres en escena.



En la década de 1950, el tópico de la invasión extraterrestre se puso otra vez de moda. Ahora se trataba por supuesto de la paranoia anticomunista. El extraterrestre era la criatura que venía no sólo a invadir y destruir, sino también a asimilar, a destruir la individualidad del ser humano. El ejemplo más prístino de esto es la novela Amos de títeres de Robert Heinlein, en la cual unas babosas espaciales se adhieren a los seres humanos y los poseen transformándolos literalmente en zombis sin voluntad... aunque, horror de horrores, conscientes por completo de la posesión en sí. En el cine, el ejemplo máximo fue La invasión de los ladrones de cuerpos de 1956, en donde los extraterrestres cultivan duplicados humanos en vainas, para que cuando éstos maduran, suplantan a los originales humanos. El final resulta horroroso, si se piensa que el optimismo de la escena final fue un añadido obligado por los productores, quienes pensaron que el final lógico con un pobre ser humano gritando como enajenado en una carretera incapaz de impedir el desastre, era demasiado deprimente.

Y EL EXTRATERRESTRE ESTÁ DESAPARECIENDO.

Dos películas fueron fundamentales para barrer con la paranoia anticomunista en el paso de la década de 1970 a la de 1980. Me refiero a Encuentros cercanos del tercer tipo, y E.T. el Extraterrestre, ambas rodadas por Steven Spielberg. La primera presenta a unos extraterrestres bondadosos y paternales, mientras que en la segunda los extraterrestres son indiferentes, si bien uno de ellos al quedar varado en la Tierra, consigue hacerse amigo de un niño. En la década de 1980, la tensión sociopolítica y el terror ante el apocalipsis nuclear alcanzaron un paroxismo, y la mentalidad de la gente fue fluyendo lentamente hacia la idea de que era mejor alcanzar una componenda, incluso el desarme nuclear, antes que arriesgarse a la destrucción mutua asegurada.



Y después llegó la revolución informática. Y con ella, el Cyberpunk. Bruscamente, la Ciencia Ficción dejó de referirse a escenarios a cientos o miles de años en el futuro, y el espacio exterior fue quizás no abandonado, pero sí dejado substancialmente de lado. El horizonte del género se redujo en parte porque la aceleración tecnológica producto de la revolución informática tornó el negocio de predecir el futuro en algo demasiado difícil, en lo que Vernon Vinge llamaba la singularidad tecnológica. Además, los problemas en la Tierra se iban acumulando: el desastre ecológico, el terrorismo, el horror nuclear...

Pero el ocultamiento del extraterrestre como figura literaria responde a un patrón más profundo. En el mundo globalizado que fue fundado a través de la expansión de Internet en la década de 1990, de pronto ya no existen los otros. O mejor dicho, todos somos los otros de todos. Piense usted en su perfil de Facebook, si es que tiene. Sus amigos de Facebook son todos el otro, con sus propios gustos y aficiones, y su propia lista de clicks en los respectivos me gusta; ellos son sus amigos de Facebook, pero se han hecho mucho más patentes las diferencias que las semejanzas. La Ciencia Ficción paranoica en que nos van a invadir y dominar, sólo puede funcionar allí donde hay un relato común e incontestado para hacerle frente al enemigo común: una patria, una religión, etcétera. Desde la década de 1990, los relatos individuales se han ido fragmentando, las tribus se han ido jibarizando y disolviendo, y es poco probable que una persona se identifique de lleno con su país, su partido político o su religión. O al menos, no en un grado como antes. En la actualidad la paranoia máxima no es el invasor externo que va a destruir nuestra sociedad, quizás porque nuestra sociedad cada vez más atomizada y fragmentada ya está en cierto modo destruida, sino la presión omnipresente del grupo que puede llegar a soliviantar nuestra propia identidad, robárnosla, destruirnos como individuo. Es la pesadilla de Matrix en donde la invasión, de las computadoras contra la Humanidad en este caso, ya ha ocurrido, y los humanos ya son esclavos sin siquiera saberlo. O la pesadilla de la nueva versión de Battlestar Galactica, en donde el androide cylon ya no es el enemigo externo, sino que es capaz de mimetizarse con el ser humano e infiltrarse hasta el punto que ni los propios infiltrados cylon a veces saben lo que en verdad son; se consideran humanos. Es poco probable que la paranoia desaparezca de la Ciencia Ficción, pero es claro que por el momento, tomará derroteros muy distintos a la invasión extraterrestre clásica y tradicional de ejército contra ejército, de astroflota contra astroflota, de nosotros contra ellos.

domingo, 20 de enero de 2013

Un universo lleno de hablantes de Ciencia Ficción.


Por alguna razón, se me había quedado en el tintero un artículo publicado hace un par de años ya, en el Sitio de Ciencia Ficción. Gracias a la cordial invitación de don Francisco José Súñer Iglesias, fui invitado el 2010 a participar en el decimocuarto aniversario del Sitio, con un artículo acerca de si la Ciencia Ficción como género tiene visibilidad en la actualidad o no. Mi respuesta fue el siguiente artículo (pueden leerlo también pinchando aquí).

Formulada en términos clásicos, la respuesta a la pregunta ¿cómo ven los medios a la ciencia-ficción? es breve y sumaria: no la ven en lo absoluto. Soy uno de los pájaros raros que aún prosigue la mala costumbre de hacer que talen árboles para imprimir prensa, y compro religiosamente todos los domingos el diario La Tercera y La Nación (el primero neoliberal y de derecha, y el segundo estatista y de centroizquierda, para que no acusen sesgo político) ambos editados e impresos en Santiago de Chile, para informarme acerca de cómo va el mundo en la última semana, y puedo dar fe de que rara vez, por no decir nunca, en ellos se leen los nombres de Isaac Asimov, Brian Aldiss, William Gibson, etcétera, y sólo un poco más sobre cine de ciencia-ficción, siempre y cuando se traten del último blockbuster de Hollywood, lo que me hace pensar que son noticia más por la taquilla que por el género fílmico. Y en la televisión, donde ya es mucho pedir que le resten espacio al fútbol y a la farándula para que den noticias de otro tipo, que aparezca alguna noticia sobre ciencia-ficción es, como algunos habitualmente dicen, algo de ciencia-ficción.

Y sin embargo...

…la ecuación de la pregunta se compone de dos partes: los medios y la ciencia-ficción. Y por ambos lados hay detalles que apuntar.

En primer lugar, los medios ya no son lo que eran. Antaño, los medios eran la prensa escrita, la radio y la televisión. Hoy en día, la radio se usa sólo para escuchar música cuando no hay posibilidad de echar mano a una computadora para cargar una lista de reproducción en Winamp, las noticias en televisión se han siliconizado a mansalva, y la prensa escrita hace tiempo que está en crisis. La razón: Internet. Servidor quien esto escribe aprovecha de devolver flores, afirmando que su mejor lugar de referencia para lo que pasa afuera en materia de ciencia-ficción no es la radio, ni la televisión, ni los periódicos, sino el Sitio de Ciencia-Ficción que con sus trece años a cuestas, no tiene nada que desmerecerle a los periódicos de toda la vida. De hecho, con su periodicidad semanal, es para todos los efectos un periódico en el sentido más literal del término, una publicación cuyas nuevas ediciones están disponibles con una periodicidad fija, sólo que se distribuye por Internet en vez de a través de una red de kioscos o por suscripción. También está la explosión de los blogs. Primero nacieron como diarios de vida en línea, pero una segunda generación de ellos evolucionaron como blogs temáticos sobre los temas más dispares... incluyendo la ciencia-ficción. Es cierto que un blog no tiene tanto alcance como un diario, y llega sólo a decenas en vez de a decenas de miles de lectores, pero la cantidad de éstos hace que exista prácticamente un blog a la medida de cada persona, y si no existe, siempre puedes inventarlo tú mismo a la tuya propia. Esto introduce un cambio importante: las noticias ya no son unidireccionales, de la agencia noticiosa al lector, sino que ahora cada lector puede ser su propio departamento de prensa, retransmitiendo noticias, e incluso generando las suyas propias. Puede que los medios tradicionales no le den casi nada de espacio a la ciencia-ficción, pero la blogósfera suple con creces dicha carencia. Mientras que en los ‘90s, investigar y mantenerse actualizado sobre la ciencia-ficción era una tarea ímproba, hoy en día basta una simple consulta a Google Blogsearch para darle un vistazo a la materia, sin ulteriores complicaciones, gracias a la densa maraña de blogs que se refieren a los más raros temas imaginables... y también a la ciencia-ficción.

En segundo término, la propia ciencia-ficción ya no es lo que era. Parte importante de por qué los medios de actualidad no cubren la ciencia-ficción, es porque ésta se ha hecho casi invisible. En efecto, los futuros de la ciencia-ficción clásica (el retrofuturismo de los ‘40s, la Nueva Ola de los ‘60s, el cyberpunk de los ‘80s) ya no son eso, el futuro, sino que son nuestro presente. Vivimos AHORA en el mundo de las naves espaciales, las supercomputadoras, los robots, etcétera, y por lo tanto, alcanzamos ya a la ciencia-ficción clásica y la sobrepasamos. Prueben ustedes a leer la lista de las diez películas más taquilleras del 2009 en el artículo 2009 in film de la Wikipedia en inglés. Al menos tres de ellas, que son Avatar, Transformers: La venganza de los caídos y 2012 son netamente de Ciencia Ficción (buena, mediocre o mala, pero ciencia-ficción) Y antes de la arremetida de Avatar debíamos contar a Star Trek. Siendo un poco más laxos tenemos también La era del hielo 3 y Up (el tema de los mundos perdidos es un tópico emparentado con la ciencia-ficción) y Angeles y demonios (por la inclusión de la antimateria). La única película realista de las diez en el listado (o sea, sin elementos mágicos, fantásticos o cienciaficcionísticos) sería The Hangover (Resacón en Las Vegas en España, ¿Qué pasó ayer? en Latinoamérica) ¿Por qué? Simplemente porque la ciencia-ficción, y de manera más extendida lo fantástico en general, está tan presente en nuestra vida, que ya ni siquiera la reconocemos como tal, como una corriente literaria, artística o fílmica separada de las demás. Era una gran cosa si en el costumbrismo decimonónico aparecían locomotoras o barcos a paletas, pero cualquier novela o película costumbrista de inicios del XXI debería incluir términos tales como Google, blog, MP3, I-Pod, GPS, celular, chat, y un largo etcétera que para gente de hace medio siglo atrás hubiera sonado a novela de robots. Antaño, los fanáticos de la ciencia-ficción eran un ghetto, eran los raritos, los que les gustaban esas cosas de platillos voladores, mientras que ahora son los que les gusta la literatura realista los verdaderos frikis encerrados en su ghetto, a la par que autores mainstream como Cormac McCarthy (La carretera) o Philip Roth (La conjura contra América) escriben novelas sobre mundos postapocalípticos o ucrónicos como si con eso estuvieran inventando una rueda que nadie hubiera concebido antes que ellos (¡¡¡JA!!!).

Incluso, para seguir haciendo evolucionar la Ciencia Ficción, los propios escritores que se abocan a la misma deben emprender experimentos aparatosamente raros si quieren abrir nuevos caminos que no pasen por el retrofuturismo, por la vanguardia nuevaolera, o por el cyberpunk. Déjenme darle tres ejemplos que comparten en común el ser chilenos y posteriores al año 2000 (seguro que ustedes conocen más en sus respectivas patrias). Sergio Meier y La segunda Enciclopedia de Tlön mezcla ciencia-ficción con filosofía ilustrada y esoterología masónica a destajo, en una mezcla que personalmente llamo culturepunk a falta de una palabra mejor (culturepunk definida como un género literario que mezcla referencias eruditas y librescas profundas con un entorno fantástico o de Ciencia Ficción). Jorge Baradit e Ygdrasil, por su parte, mezclan Ciencia Ficción y tradiciones mitológicas y chamánicas propias de Latinoamérica, en otra mezcla aparentemente contra natura, porque Ciencia Ficción y realismo mágico tradicionalmente no se juntaban ni armonizaban entre sí. Y en una dirección diferente, y sin fingir falsa modestia, mi propia blogoserie Corona de Amenofis, mezcla ciencia-ficción con soap opera al estilo Melrose Place, mezcla que más de algún fanático también podría definir como abominable ante los ojos de Dios... y que sin embargo se ha sostenido durante 72 capítulos sin que su universo narrativo se caiga a trizas. Estas tres obras que, repito, menciono a mero título ejemplar porque ustedes seguro que conocen otras, representan la necesidad de la Ciencia Ficción actual por reinventarse. El resultado final será (o probablemente ya es) la muerte de la Ciencia Ficción tal y como la conocemos. Lo que no matará a la Ciencia Ficción propiamente tal, así como la revolución campbelliana no la asesinó en 1937, ni la emergencia de la Nueva Ola a través de New Worlds a partir de 1961 lo hizo. En este contexto, los medios que hablen sobre Ciencia Ficción (blogs o medios oficiales) la tendrán muy difícil durante algunos años, estos tumultuosos años en que la propia Ciencia Ficción estará redefiniéndose a sí misma, pero a la larga, cuando se haya asentado una nueva Ciencia Ficción, acorde a las necesidades culturales de los habitantes del siglo XXI, los medios sabrán de que hablar, y si los tradicionales no lo hacen, serán los medios virtuales y la Internet quienes se encargarán de hacerlo.

[ACTUALIZACIÓN 1: Desde la fecha en que escribí el artículo hasta la actualidad, mi consumo periodístico cambió. Dejé de comprar La Nación, en parte porque al ser el periódico medio oficial del Gobierno y asumir un gobierno de derecha, no tenía sentido comprarlo con La Tercera. Después el Gobierno de derecha decidió algo similar al califa Otmán frente a la Biblioteca de Alejandría, que si La Nación estaba a favor de la derecha era superflua, y si estaba en contra de la derecha era herética, así es que lo mandó suprimir. En la actualidad ya no se publica].

[ACTUALIZACIÓN 2: En 2012, la tendencia se mantuvo. Entre las diez películas más taquilleras, pueden contarse más como de Ciencia Ficción: Los Vengadores, El sorprendente Hombre Araña, Los juegos del hambre, y Hombres de negro 3. Las únicas películas del listado que no cuentan con elementos fantásticos o de Ciencia Ficción son Skyfall, y quizás The Dark Knight Rises].

[ACTUALIZACIÓN 3: Corona de Amenofis alcanzó 123 capítulos, y al momento de publicar esto se encuentra en hiato].

Por si se lo están preguntando, también recibí una invitación el presente año 2013. Mi artículo fue "El circuito a mitad de capacidad", y lo pueden leer pinchando en el enlace sobre el título. El próximo domingo publicaré un artículo nuevo y original para completar el miniciclo de artículos de Ciencia Ficción, a pedido de los lectores, durante este Enero (es decir, no publicaré "El circuito a mitad de capacidad" aquí, al menos no todavía).

domingo, 13 de enero de 2013

Esas alienígenas objetos del deseo.


Usualmente se ha dicho que la Ciencia Ficción es negocio de hombres. Los hombres la escriben, los hombres las filman, y los hombres las protagonizan. Existen excepciones por supuesto, tales y como Ursula K. LeGuin o Joanna Russ entre otras escritoras, si hablamos de Literatura. Medio perdido en el mapa de los escritores de la Edad de Oro está también C.L. Moore, que utilizaba dichas iniciales para que no se supiera que era una mujer llamada Catherine Lucille Moore. O también la editora Judy-Lynn del Rey, una presencia capital del género en la década de 1960. Pero por cada mujer metida en el género hay legiones de hombres, eso cualquier fanático lo sabe. Por algo, la caricatura clásica del fanático trekkie es la de un chico que nunca perderá la virginidad.


En consecuencia, la imagen de la mujer en la Ciencia Ficción ha sido una creada casi exclusivamente por hombres y para hombres. Esto que fue verdad en la Ciencia Ficción escrita, después pasó al cine y la televisión. Por lo tanto, el rol de la mujer en estas obras de género tiende a ser el apoyo, en un sentido u otro, para la figura protagónica principal, que es un hombre. Las historias de Ciencia Ficción en general no se diseñan para pasar el test de Bechdel, el famoso examen por el cual una obra aprueba si cumple con tres condiciones: 1.- Que haya más de un personaje femenino (descontando las extras sin diálogo, por supuesto), 2.- Que dos personajes femeninos conversen entre sí, y 3.- Que esa conversación verse sobre un tópico o tema que no sean los hombres. Fácil de pasar, ¿no? Pues bien, en el año 2012 dentro de la Ciencia Ficción, no aprobaron el test Los vengadores, Terror en Chernobyl, (de horror, pero con el tópico de Ciencia Ficción de la mutación por la radiación), Looper, Hombres de negro III y El vengador del futuro. Irónicamente Argo, una película basado en un incidente real sobre una operación de la CIA en que rescataron unos rehenes de Irán en 1979 utilizando como tapadera el rodaje de una película de Ciencia Ficción... sí aprueba el test. Y en la Ciencia Ficción clásica fallan Metrópolis, el Frankenstein de 1931, El planeta prohibido, La mosca, Viaje fantástico, 2001: Odisea del espacio, La guerra de las galaxias de 1977, Stalker, Blade Runner, Terminator, Robocop  y El vengador del futuro en su versión original, espigando ejemplos aquí y allá. Sorprendentemente, dos películas que uno quizás tildaría de hechas para hombres por ser de terror espacial, como Alien y su precuela Prometeo de Ridley Scott, pasan la prueba. Fallar el test no es algo malo si la película está en un contexto de sólo hombres como una cárcel segregada por sexos por ejemplo, y aprobarla tampoco es garantía de película respetuosa con las mujeres, pero si tantas películas de Ciencia Ficción consideradas clásicas fallan el test, podemos considerarlo como una tendencia.


Pero no quiere decir que el rol de la mujer como personaje de Ciencia Ficción haya sido estático e inmutable. Mientras escribo esto la sociedad sigue marchando, y es inevitable que las ficciones también lo hagan. Una película tan machista como Viaje fantástico de 1966, hoy en día sería infilmable con las mismas líneas de diálogo, pero en su época era un entretenimiento plenamente aceptable, y el común de la gente no hubiera considerado misógino que la científica interpretada por Rachel Welch estuviera más para lucir anatomía con un traje apretado de buceo, que para realizar verdaderas labores de ciencia. A continuación, hagamos un breve repaso del rol femenino en la historia de la Ciencia Ficción.



LA ERA DE LA CIENCIA FICCIÓN CLÁSICA.

Cuando la Ciencia Ficción se consolidó como género en la primera mitad del siglo XX, lo hizo principalmente por vía de las revistas pulp. El negocio de las mismas estaba altamente segmentado por públicos, de manera que se especializaban en Western, historias de detectives, fantasía, terror... y Ciencia Ficción. En cuanto a las mujeres, se suponía que leyeran revistas de mujeres. Los pulps eran asunto de hombres.

Por lo tanto, la mujer en el pulp de Ciencia Ficción ocupaba más o menos el mismo rol que las chicas en todos los pulps: eran el objeto en discordia entre el héroe y el villano. En algún minuto de la historia, el villano raptaba a la chica y la mantenía en cautiverio. La censura de la época no permitía por supuesto explicitar el subtexto de violación inherente a todas las historias de rapto y rescate, aunque a veces se asomara por la vía del intento del villano por forzar el matrimonio con la chica, dejando a la inteligencia del lector lo que sucedería después en la noche de bodas. Irónicamente, en la Ciencia Ficción este subtexto de violencia sexual era quizás más pronunciado que en otros pulps, justamente por ser historias ambientadas en otros planetas, y por lo tanto menos reales. El villano muchas veces tomaba la forma de B.E.M., un Monstruo de Ojos Saltones (Big-Eyed Monster en inglés), que sentía alguna clase de apetito o lujuria por la chica. Ese sentimiento tan poco puritano era aceptable porque el villano no era un ser humano sino un monstruo, y además sería destruído por el héroe al final.

Dentro de este panorama, las chicas no tenían mucho por hacer. Eran dóciles cervatillos esperando a ver qué león daba cuenta del otro para zampársela. No eran personajes en lo absoluto, si entendemos por personaje a una construcción narrativa dotada de una sicología y motivaciones propias y particulares, con independencia del resto del elenco de caracteres.


No es raro tampoco que la mujer en la época adoptara el rol dual de santa y meretriz. El ejemplo más destacado quizás sea Flash Gordon, en donde el héroe es disputado por la pura y virginal Dale Arden por un lado, y por la lasciva y lujuriosa princesa Aura por el otro. Cuando Aura se redime y se pasa al bando de los buenos, lo hace de la manera en que debe hacerlo una señorita de buena fama: contrae matrimonio con el príncipe Barin y le proporciona los necesarios hijos para legitimarla como mujer de bien.


Isaac Asimov se rebeló contra esta convención, y decidió que si los personajes femeninos iban a ser para eso, entonces no iba a incluir a ninguna en sus relatos. Y no lo hizo. Hasta que un editor pensando en las ventas entre el público masculino, le dijo que una novela suya por entregas sólo la publicaría si la reescribía con un personaje femenino metido de por medio. Asimov cumplió, pero dicho personaje femenino fue uno repelente y gruñón; el editor, arrinconado por su propia palabra, debió ceder y publicar. De tarde en tarde alguna feminazi critica a Isaac Asimov porque no incluye personajes femeninos, a lo menos en su obra más temprana, ante lo cual él responde con la inocente explicación de su falta de experiencia en dichos temas.

LA REVOLUCIÓN SEXUAL.

Vino después la década de 1960, y la revolución cultural en todas las áreas y ámbitos de Occidente. Esta no fue instantánea por supuesto. Una película como Viaje fantástico todavía se permite hacer chistes acerca de que las mujeres deberían estar en la cocina en vez de ser científicas, por ejemplo. Pero algo estaba cambiando en el aire, y la Ciencia Ficción no se iba a quedar atrás. Más o menos en la misma época, Jane Fonda se coronó como una de las reinas de la desinhibición sexual en el cine por el clásico de culto Barbarella, que a su vez venía de un cómic de Ciencia Ficción bastante subido de tono.



En ese tiempo, la Edad de Oro fue reemplazada por la Nueva Ola. Lentamente, el género se vio invadido también por escritoras mujeres, que trajeron consigo todos los temas referentes a resignificar a la mujer dentro del género. Quizás quien llegó más lejos en esta línea y por esa época sea Joanna Russ, una militante feminista que defendió sus puntos de vista dentro de varias novelas de Ciencia Ficción. Los mismos son, por decirlo con suavidad, bastante heterodoxos para lo habitual en el género.

En la televisión, quién recogió el guante fue Gene Roddenberry. El creador de Viaje a las Estrellas quería que el segundo a bordo por debajo del capitán fuera una mujer. Aparentemente, esto fue demasiado para el hígado de los ejecutivos de la cadena. Roddenberry debió contemporizar, y el segundo de a bordo terminó siendo varón. Aunque alienígena: el Señor Spock. Aún así, incluyó a un personaje femenino en el puente de mando y en un rol hasta la fecha típicamente masculino, la oficial de comunicaciones Uhura.


A pesar de que ataviada con su minifalda y su traje ceñido era obvio que el personaje era visto por la cadena como fanservice, el rol de Uhura fue decisivo en muchos aspectos. Sin ir más lejos, el primer beso entre un hombre blanco y una mujer negra en la pantalla televisiva de Estados Unidos, fue protagonizado por ella y el capitán Kirk. Pero lo más importante es que la oficial Uhura era presentada como una técnica competente, no como una belleza para ser rescatada. En un minuto, la actriz Nichelle Nichols que la encarnaba decidió renunciar, asqueada de que su personaje no evolucionara más allá en los guiones. Fue convencida para quedarse nada menos que por Martin Luther King, quien remarcó la importancia de que una mujer negra fuera mostrada con tonos positivos en la televisión. A la larga, para una generación entera de mujeres en Estados Unidos, incluyendo a la comediante Whoopi Goldberg o a la astronauta Mae Jemison, Uhura se transformó en símbolo del empoderamiento femenino en sus infancias.


Por otra parte, Viaje a las estrellas no pudo escapar de su tiempo, y esto significó vender la serie al público como una en donde aparecía un interés romántico femenino distinto para el capitán Kirk cada semana. Todas ellas hermosas y de escasos atuendos, por supuesto. Muchas de ellas, alienígenas puestas ahí o para tenderle una trampa al capitán Kirk, su nave y su tripulación, o para ser acogidas y salvadas dentro de su desamparo. Las revoluciones no se hacen en un solo día.

APARECE LA HEROÍNA DE ACCIÓN DE CIENCIA FICCIÓN.

La trilogía original de Star Wars fue terrible desde el punto de vista de mostrar personajes femeninos, hasta el punto que en una parodia de Padre de familia , cuando Luke pregunta por la identidad de su hermana perdida, le responden con un severo: ¿Y quién es la única mujer en toda la galaxia? ¿Ah? Como decíamos, la trilogía original tampoco pasa el test de Bechdel.


Pero esa mujer era la princesa Leia, que marcó un punto de inflexión dentro de la Ciencia Ficción. Hoy en día no parece la gran cosa, pero en 1977 no se suponía que una princesa puesta ahí para ser rescatada, tomara ella misma un arma de asalto y se pusiera a dispararle a un pelotón de soldados enemigos como un comando. Leia fue la primera gran heroína de acción de la Ciencia Ficción, y debe ser acreditada por ello. Aunque George Lucas haya terminado por ceder a los viejos instintos, y la haya fetichizado obligándola a presentarse encadenada en un bikini dorado en El regreso del jedi. Algunas viejas costumbres nunca mueren.



Y la riada siguió con la aparición de Ellen Ripley. En la película Alien, el bicho que invadía la nave espacial Nostromo se iba cargando sucesivamente a todos los astronautas, incluyendo a la plana mayor de varones, quedando Ripley sola al final. Sobrevivir al alien de manera tan heroica hizo de Ellen Ripley, interpretada por Sigourney Weaver, la quintaesencia de la heroína de acción dentro de la Ciencia Ficción. Incluso su escena final en el Alien original, en donde se dispone a ingresar en hibernación sólo en ropa interior, es una subversión de su función de fanservice: es el momento en que se ve de manera más femenina en toda la película, el momento en que está más encerrada y más necesitada de un rescate... y el momento en que se las arregla para echar al bicho al espacio por sí misma, sin recurrir al apoyo de un hombre que haga el trabajo de supervivencia por ella.


El problema con las heroínas de acción se suscitó cuando sus personajes fueron trabajados como si fueran hombres con escote. Quizás un ejemplo egregio de esto sea la esposa del protagonista de El vengador del futuro, interpretada por Sharon Stone; mientras ella es la esposa típica, se presenta como modelo de femeneidad vaporosa, pero cuando se transforma en una action girl y una villana, lo único que conserva realmente de mujer es su apretado atuendo de gimnasia. Por otra parte, la película hace mofa de los tópicos del cine de acción llevándolos hasta el extremo, de manera que perpetuar la división clásica entre la santa y la pecadora incorporándolas dentro de un mismo personaje femenino, puede ser otra elaborada broma con mala leche de la película.

JUGANDO CON LOS ESTEREOTIPOS.

Hoy en día, se puede afirmar que en la Ciencia Ficción coexisten todos los posibles estereotipos. Un ejemplo de película reciente con un personaje femenino de importancia que no responde a cánones ni estereotipos machistas, es la madre de la película Looper del año 2012, interpretada por Emily Blunt, que no trata de presentarse como una reina de belleza ni es tampoco la estereotípica heroína de acción masculinizada. Frente a ella tenemos un contraejemplo, el personaje encarnado por Megan Fox en la saga de Transformers, que si bien trata de ser presentada como heroína de acción, en realidad es un fetiche puesto ahí para disfrute del personal masculino.



El remake del 2003 de Battlestar Galactica fue bastante significativo. En la versión de 1979, el piloto espacial Starbuck era un varón, mientras que en el remake es una mujer. Starbuck es presentada más o menos dentro de las coordenadas de la típica guerrera de acción algo masculinizada, aunque no hasta el punto de eliminar su lado femenino. Su presencia hace contrapunto con la Presidenta interpretada por Mary McDonnell, presentada como un personaje femenino diferente, en donde se conjugan tópicos femeninos con un fuerte liderazgo político que en las ficciones televisivas suelen asociarse con personajes masculinos.


En general, la Ciencia Ficción de la segunda década del siglo XXI está entrampada un poco dentro de las tensiones propias de nuestra época, en donde por un lado hay mayores ansias de liberalización y democratización, y por la otra está golpeando fuerte un conservadurismo de nuevo cuño. Como cualquier otro género literario, la Ciencia Ficción siempre ha seguido la tendencia de la época porque de esa manera satisface a los lectores que buscan identificarse con roles y modelos. Quizás este mayor abanico de posibilidades no refleje tanto una mayor libertad narrativa, sino la confusión imperante respecto al tema en la sociedad en general. A medida que nuevos códigos de género avancen en la sociedad, lo mismo ocurrirá de manera inevitable en la Ciencia Ficción.

miércoles, 9 de enero de 2013

Diabolus in Musica: El Diablo metió la cola en el pentagrama (2 de 2).


"Encantado de conocerte, espero que adivines mi nombre" - The Rolling Stones, "Sympathy for the Devil".

EN LA PRIMERA PARTE DE ESTE ARTÍCULO: EL DIABLO HA TRATADO DE SOCAVAR LA OBRA DE DIOS EN LA MÚSICA, HACIENDO PACTOS SATÁNICOS EN EL MUNDO DE LA MÚSICA SELECTA Y EN EL BLUES. Y CUANDO APARECE EL ROCK AND ROLL, ENCUENTRA UN GRANDIOSO NUEVO MUNDO QUE SEDUCIR...

Resulta curioso observar que una manera en que el Diablo se ha mantenido vivo en el mundo musical, es a través de las bandas sonoras. La música más asociada con el Diablo a este respecto, es por supuesto el subgénero conocido como "ominoso canto gregoriano". Con premio adicional si las letras de dicho ominoso canto gregoriano vienen además interpretadas en latín. No toda la música pseudogregoriana en latín es satánica, claro está, o si no deberíamos considerar como tal al inofensivo poema "O Fortuna" del Carmina Burana.

La razón por la que una música tradicionalmente tan cristiana como los coros gregorianos se convirtieron en estándar del satanismo, es por apropiación. Se considera de manera habitual que el Diablo toma elementos del cristianismo y los invierte. La misa negra es así una misa católica invertida, etcétera. Y si se puede alabar a Dios con coros gregorianos, ¿por qué no se puede hacer lo mismo con Satán? Un ejemplo egregio de esto es el famoso "Ave Satani" compuesto por Jerry Goldsmith para la banda sonora de "La profecía" de 1976.



Mientras tanto, por conductos distintos, el Diablo poco a poco iba infestando el universo del rock. De manera inicial, el rock tenía mucho de blues; de hecho, Elvis Presley ha sido considerado muchas veces como "blues de un blanco para blancos". Y aunque Elvis no desarrolló un aura satánica, quizás demasiado ocupado haciendo chillar a las chicas con sus movimientos de pelvis, algunos de sus sucesores espirituales sí que lo hicieron. Después de todo, es el género en donde unos blasfemos The Beatles dijeron que eran más grandes que Jesucristo...

Pero ya en paralelo a The Beatles, estaban surgiendo unos músicos aún más radicales: The Rolling Stones. Los mismos que satirizaron el título de "Let It Be" de The Beatles con su "Let It Bleed". The Rolling Stones crea el primer gran himno satánico del rock: "Sympathy for the Devil". Acorde a los nuevos tiempos, el Diablo en la canción no se presenta oliendo a azufre ni presentando pactos sellados con sangre, sino que se muestra como el maestro ajedrecista que mueve las piezas detrás de la cortina.



En la década siguiente, nos encontramos con Jimmy Page. Puede sorprender a muchos, pero guitarrista de Led Zeppelin, banda conocida por sus canciones acerca de agarrarse chicas en medio de ríos de cerveza, tenía un fuerte interés por el ocultismo. Incluso se pensó en Jimmy Page como el hombre que iba a componer la banda sonora de una película relacionada con Aleister Crowley; Crowley era un ocultista, sí, pero satánico no, como no consideremos que tomó el satanismo como elemento estético y provocador. En definitiva, Aleister Crowley fue un rockero antes del rock.

En paralelo a Led Zeppelin, otra banda británica contemporánea más extrema abrió el filón a la imaginería satánica. Aunque Black Sabbath no fueron exactamente los primeros en explotarlo porque antes vino Arthur Brown con su tema "Fire". La influencia de la imaginería de Arthur Brown llega tan lejos como el mismísimo Marilyn Manson del "Antichrist Superstar", que le robó más de algún concepto estético a Brown.



Pero lo que en Arthur Brown todavía eran juegos con teclados, Black Sabbath se lo tomó muy en serio. Ozzy Osbourne fue el primer rockero que jugó a tiempo completo a ser el Anticristo, y le resultó muy bien. Todo el Heavy Metal y toda la música gótica arranca de allí, lo que no es poco. Pocas canciones metaleras son tan crispantes como "Black Sabbath"; valga la aclaración de que se llama igual que el nombre de la banda. Irónicamente, "Black Sabbath" es una canción enormemente criticada por los satanistas, y por no pocos metaleros, como cobarde. La letra habla de Satán, sí, pero llegada la hora de la verdad, el vocalista exclama "¡Oh, Dios, ayúdame!". En verdad, los fundadores del metal satánico no eran satánicos, y la primera canción de su primer disco es en realidad un himno antisatánico.



Lo que no quita que los sucesores de Black Sabbath olvidaran que esta banda era como las chicas, que coquetean con el malo pero al final se quedan con el bueno. Otras bandas incursionaron un poco más dentro del satanismo, en parte para impactar de lleno a la audiencia. Quizás el ejemplo más destacado sea "The Number of the Beast", el exitazo de Iron Maiden de 1982. Los grupos conservadores en Estados Unidos llevaron los vinilos respectivos hasta las piras y se tomaron muy en serio el satanismo de Iron Maiden, lo que por supuesto ayudó a darles aún más tribuna. A veces, los hijos de Dios simplemente no pueden quedarse callados.



En los ochentas, el metal se hizo más militante. El Thrash se plagó de letras de protesta contra la corrupción política y corporativa, y la inminente guerra nuclear. Pero otros músicos thrash encontraron una interesante manera de hacer protesta social: se volvieron satánicos. El camino fue marcado por una banda canadiense llamada Venom, quien practicaba un Thrash algo más extremo para el estándar de la época. Su disco "Black Metal" de 1981 marcó un hito al darle nombre a todo un género musical nuevo. Aunque el Black Metal después devendría en desarrollos que no tenían nada que ver con Venom.



En los ochentas, el Black Metal fue patrimonio de Europa Central, con bandas como Báthory o Celtic Frost. Todas las cuales usaban la imaginería satánica, por cierto. Pero en los noventas, el Black Metal movió su base principal de operaciones a Escandinavia. Bandas como Mayhem, Burzum, Immortal o Emperor marcaron en cierta medida el camino. ¡Y cómo! Sus letras devinieron en un satanismo cosmológico, invocando la visión esotérica de Satán como verdadera luz del mundo, y asociándose a una filosofía gnóstica que sería el orgullo de tipos como Plotino o Paracelso. Pero no se contentaron con eso, y cruzaron la línea entre el discurso musical y el manifiesto político. En lo esencial, se dedicaron a quemar viejas iglesias medievales de madera. O a apuñalar a algún infortunado gay que pasaba por ahí. Parte importante de la desarticulación de la escena blackmetalera escandinava derivó de que algunos miembros fundacionales terminaron una temporada en la cárcel, por tomarse el negocio demasiado en serio.



Pero si el Diablo es el MAL con mayúsculas, ¿por qué iba alguien a entregarse a él? ¿O al menos, dedicarle su música? El concepto clave aquí es "rebelión". La ecuación es simple. Toda sociedad necesita de instituciones para manejarse pasado cierto grado de complejidad en las redes sociales; sin embargo, quienes las manejan tienen la malsana tendencia a apropiarse de ellas y utilizarlas como mecanismos para acrecentar su propio poder. Eso es así en cualquier régimen, sea democrático o autoritario. A esto, los economistas lo llaman problemas de agencia: el agente, en este caso el político, tiene la tendencia a velar más por su propio beneficio que por el bien común. Cuando lo hacen grupos de interés, esto se llama captura del Estado; el mecanismo para conseguir esto es el lobby. Pero la gente común no aceptaría esto de buenas a primeras, sea por un sentido de la injusticia vivida, sea porque ellos mismos lo harían con gusto si la cuchara para servirse estuviera con el mango hacia ellos en vez de al revés. Entonces, hay que convencer a la gente común de que se deje dominar por un Estado capturado para intereses privados.

Aquí es donde entra la religión. Dios es una poderosa arma propagandística para santificar a los opresores, sean los dioses egipcios sobre el Faraón o el Dios Cristiano santificando las Cruzadas o el Antiguo Régimen en vísperas de 1789. Los sacerdotes católicos tienen historial de haber defendido a los realistas contra los independentistas, a los monárquicos contra los revolucionarios de 1789, y así sucesivamente. En un mundo en donde Dios está con los villanos, entonces es claro que todo lo que se dice contra el Diablo es propaganda institucional. Los románticos como Paganini renegaban de la sociedad establecida por sentirla un corset asfixiante; los primeros bluseros eran negros luchando contra la discriminación racial; los rockeros trataron de expresar la rebelión de los jóvenes contra un sistema que los ahogaba. Muchas bandas de Black Metal marcan el punto alabando a la oscuridad como rechazo a un conjunto de verdades establecidas que la religión oficial no permite cuestionar. Y el punto entero de la canción "Sympathy for the Devil" de The Rolling Stones no era por supuesto alabar al Diablo, sino poner de manifiesto que nuestra sociedad entera ha sido y será siempre guiada por hombres dispuestos a intrigar por ambición, causando guerras y desastres en su camino. Un tradicionalista diría que alabar al Diablo es insano porque conduce a la autodestrucción, pero un cínico diría que son las eternas injusticias sociales las que le proporcionan al Diablo nuevas hordas de reclutas en cada generación. Y algunos de esos reclutas, en vez de matar a doncellas vírgenes y verter su sangre en algún pentagrama, prefieren el más inofensivo deporte de tomar una guitarra y ponerse a rockear...

domingo, 6 de enero de 2013

¿Cuál es la primera obra de Ciencia Ficción?


Uno de los debates más calenturientos dentro del círculo de fanáticos de la Ciencia Ficción, es seguramente cuál es el puntapié inicial del género. O quién fue su primer escritor. El tema ha hecho correr ríos de tinta y ha hecho saltar en trizas más de algún teclado. Ha generado elegantes reflexiones, y ha alimentado a los trolls. Este artículo no pretende resolver la cuestión, sino sólo hacer un repaso por aquellos hitos que han sido considerados de manera tradicional como el punto de partida del género. En parte, porque el tema de los orígenes de la Ciencia Ficción lo abordé latamente en las Crónicas CienciaFiccionísticas, y no es mi idea repetirme (demasiado) aquí. Pero a manera de compendio, no sobra repasar cuáles son los hitos que podríamos considerar como la hora cero de la Ciencia Ficción.

Debemos explicar por necesidad que parte importante de la dificultad de conceptualizar el inicio del género, tiene que ver con su largo desarrollo en el tiempo. La Ciencia Ficción, como Roma, no se construyó en un solo día. Fue un largo recorrido de siglos, incluso de milenios si estiramos el elástico, en que fueron montándose hitos sucesivos. No ayuda tampoco que el mismo concepto de Ciencia Ficción sea discutido. Nadie duda de que la saga de las Fundaciones de Isaac Asimov sea Ciencia Ficción, pero otras obras como Dune de Frank Herbert o La guerra de las galaxias, han generado intenso debate. ¿Basta con que una obra esté ambientada en el espacio o presente máquinas y artilugios, para considerarla Ciencia Ficción? Sería pedante de mi parte aventurar un sí o un no: probablemente nadie pueda dar una respuesta que deje satisfecho a todos los entusiastas y eruditos del género. Y claro, si se hace un listado de tópicos o de elementos que caracterizan al género, y ese listado difiere de otros posibles listados similares, entonces el momento en que aparecen las características del género como algo construido y definido también variará. Por eso estos hitos son todos opinables: de la definición del género depende el catálogo de obras que lo integre, de lo que a su vez depende acerca de cuál es la más antigua y por lo tanto la fundacional del mismo.

¿Estamos listos entonces? Comencemos.

Vera Historia.
Luciano de Samosata, siglo II después de Cristo.

Este es con toda probabilidad el hito más discutido de todos. Y con razón. Luciano fue un escritor satírico que era de cultura grecorromana, y vivió en Siria durante el apogeo del Imperio Romano. Los blancos preferidos de sus pullas eran los filósofos griegos por un lado, y la devaluada religión oficial por el otro. Pero entre medio se dio tiempo para burlarse de los escritores de viajes que existían en su tiempo. Y de chanfle, inventó un tópico literario completamente nuevo: el viaje a la Luna. Por esta razón, algunos consideran la Historia verdadera de Luciano de Samosata como una obra de Ciencia Ficción. Otros ponen énfasis en que el viaje de Luciano es naturalista y no impulsado por la magia o los dioses (en concreto, un remolino secuestra el barco en que navega, depositándolo en la Luna). Respecto al carácter científico de la obra, este es quizás el punto más discutido. Para algunos, el no tener ninguna pretensión científica lo invalida, mientras que para otros sería el primer ejemplo de Ciencia Ficción satírica, género que por supuesto no tiene por qué ceñirse de manera tan estricta a los estándares de la ciencia como la vertiente más seria.

Frankenstein o el moderno Prometeo.
Mary Shelley, 1818.

Mary Shelley fue una mujer desafortunada. Criada de manera demasiado estricta por su padre, se fugó con el poeta Percy Shelley, con quien engendró familia antes de que el hombre de su vida pereciera ahogado. Como premio de consuelo, tuvo el genio para escribir una de las mejores novelas de todos los tiempos: Frankenstein o el moderno Prometeo. Brian Aldiss, que además de escribir Ciencia Ficción es uno de los más destacados historiadores del género, incide en lo que ahora se nos antoja obvio: esta novela es la primera que presenta la figura del científico como personaje. Obras sobre crear vida, incluso crear vida humana, existían con anterioridad. Pero obras en donde se utilicen métodos científicos para ello, ninguna. La ciencia de Frankenstein, huelga decirlo, está hoy en día por completo obsoleta. Pero eso no importa: era conocimiento estándar para la época, incluso de avanzada, y fue aplicado de manera impecable y sin recurrir a lo mágico o sobrenatural. Aunque con una salvedad: el procedimiento mismo de creación, la escritora nos lo escamotea.

De la Tierra a la Luna.
Julio Verne, 1865.

Esta no fue la primera novela de Julio Verne. Ni siquiera la primera considerada usualmente como de Ciencia Ficción, ya que le antecede Viaje al centro de la Tierra. Pero es la primera en donde presenta una tecnología que si bien era plausible para la época, todavía estaba dentro del reino de lo altamente improbable o demasiado costoso para sus días. Además, dicha tecnología está puesta al servicio de un tópico del género, cual es una vez más el consabido viaje a la Luna. Verne no es el primer escritor que introdujo máquinas en sus relatos, por supuesto, pero sí el primero que las convirtió en objetos literarios por sí mismas en vez de utilizarlas simplemente como algo funcional para la narrativa. Además intentó hacer un poco de prospectiva acerca de su futura evolución. Dicho esto sin embargo de que hoy en día su método de propulsar una cápsula al espacio mediante un cañonazo gigantesco nos cause algo de risa; la imaginación de Verne no lo llevó hasta el extremo de visualizar el cohete de tres fases que es usado hoy en día de manera rutinaria para los lanzamientos espaciales.

La máquina del tiempo.
Herbert George Wells, 1895.

Si Julio Verne es probablemente el primer autor moderno que utiliza la Ciencia Ficción en su vertiente de mayor énfasis en la maquinaria y la tecnología, Herbert George Wells es el primero que utiliza dicho género de manera franca y directa, estudiando las proyecciones sociológicas e incluso filosóficas de la tecnología del futuro. Como de costumbre, no es que no se haya hecho antes, sino que Wells pone como recurso literario la parte filosófica al servicio de la tecnología, y no al revés como los escritores utópicos contemporáneos. El argumento de la novela es simple: un inventor diseña una máquina del tiempo con la cual visitará el futuro. Los detalles de la máquina nos son desconocidos, aunque de manera brillante, Wells explica que funciona moviendo al viajero a través de una cuarta dimensión, el tiempo, que es relativa a las otras tres; esto, adelantándose a la Teoría de la Relatividad. Pero lo que a Wells de verdad le interesa no es la ciencia de la máquina, sino el efecto que ésta tiene sobre el viajero. Este arriba a un futuro en donde la Humanidad no sólo ha decaído, sino que además se ha dividido en dos razas. Los eloi son bellos y puros, y viven en la superficie, pero han dejado morir la civilización, mientras que los morlocks viven en las profundidades, controlan la maquinaria, y utilizan a los eloi como ganado. El viajero teoriza que los eloi desciende de los aristócratas satisfechos que no tienen incentivos para evolucionar, mientras que los morlocks evolucionaron de los obreros de las fábricas privados de la luz del sol. Que los segundos literalmente canibalicen a los primeros, es un espanto no sólo médico sino también social, y es un golpe maestro de horror sociológico que Wells pega de manera certera.

Ralph 124 C41+.
Hugo Gernsback, 1911.

Llegamos hasta el usualmente llamado Padre de la Ciencia Ficción, aunque en estricto rigor, como hemos podido apreciar, los eslabones de la cadena estaban forjándose desde hacía mucho tiempo. Gernsback escribió esta novela por entregas para acompañar la revista de divulgación tecnológica que editaba, sin sospechar que el material literario terminaría por hacerse más popular que el divulgativo. La novela sigue las aventuras del científico cuyo nombre da título a la novela, y sus constantes aventuras en el futuro junto a su amada escapando de un villano de opereta con la ayuda de sus portentosos inventos científicos. Leída hoy en día, Ralph 124 C41+ resulta pesada y ramplona, debido al interés de Gernsback ante todo por describir las maravillas técnicas del futuro, que en escribir un texto medianamente pasable en lo literario. La gente de su tiempo se asombró con la inventiva de la tecnología futurista presentada por Gernsback, pero hoy en día, ésta luce cotidiana, incluso pasada de moda. Sea como sea, Gernsback parece haber sido el primero en tomar conciencia de que la especulación científica constituía un género literario por sí mismo, y no un apéndice de la literatura en general. Incluso fue quien bautizó a la criatura. La que resultó algo casquivana y terminó derivando por otros cauces muy distintos a cómo la concebía Gernsback: eso fue algo que este pobre profeta del futuro no fue capaz de visualizar.

EN CONCLUSIÓN...

Esos son los sospechosos habituales de haber creado el género, o por lo menos, de haberlo configurado tal y como lo conocemos hoy en día. Por supuesto que después vendrían muchas otras revoluciones: la campbelliana, la Nueva Ola, el Cyberpunk... Hoy en día el género es algo que ninguno de estos ilustres predecesores o creadores lo reconocería, eso por seguro. Incluso para los escritores de Ciencia Ficción, el negocio de predecir el futuro es algo complicado.
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