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domingo, 30 de diciembre de 2012

Crónicas Antrópicas 52 - "La civilización en la encrucijada".


Los inicios del siglo XXI presentan desafíos supremos para la raza humana en su conjunto. Hace cientos o miles de años atrás, la tragedia que azotara a una civilización podía dejar relativamente intacta a otra. En la actualidad existen amenazas a nivel planetario, que podrían significar la destrucción de la civilización humana en su conjunto, e incluso de la Humanidad misma como especie biológica. Un ataque terrorista con armas bacteriológicas, una guerra nuclear, una catástrofe ecológica a escala masiva, una pandemia, todos esos son escenarios con los cuales la Humanidad podría regresar a la Edad de Piedra, o simplemente desaparecer. Y parte importante de dicha encrucijada lo constituyen las creencias personales de la gente. Cuando muchos estadounidenses que votan a un Presidente con acceso al botón nuclear creen que una guerra atómica total no sería problema porque ellos serían raptados antes del final, basados en un libro como el Apocalipsis escrito cuando la Medicina todavía confiaba en las sanguijuelas, eso es una catástrofe. Cuando un grupo de fundamentalistas piensa que desatar una pandemia que aniquile a la Humanidad es algo bueno porque ellos morirán en la Guerra Santa e irán a un Paraíso con 72 huríes por cabeza mientras que todo el resto serán sepultados en el infierno, eso es una catástrofe. Cuando un líder religioso predica la abstinencia sexual como único remedio contra una sobrepoblación planetaria que amenaza con acabar con los recursos disponibles, o acaso con provocar una extinción masiva de especies si ciertos ecosistemas claves colapsan, eso es una catástrofe. Cuando un grupo de empresarios de grandes corporaciones depredan el medio ambiente porque están convencidos de que su riqueza es un signo de que Dios está a su favor, y no se detendrán en lo absoluto porque cada nuevo incremento en sus cuentas bancarias lo ven como un signo de beneplácito divino, eso es una catástrofe. La guerra por la supervivencia de la Humanidad no es sólo un tema de instituciones políticas o de activismo; es también una batalla por las mentalidades contra la superstición fanática que amenaza con hacernos saltar a todos en pedazos.


En la actualidad, la ciencia está más al alcance que nunca en la Historia. Pero el grueso de la gente no puede aprovecharla porque los sistemas educativos en todas las democracias del mundo están colapsando. Una cultura democrática mal entendida en donde todas las ideas tienen igual respetabilidad sin haber pasado siquiera un test de plausibilidad, sumado al reemplazo de la capacidad de pensar por la acumulación de conocimiento bruto, ha estado inhabilitando a la gente para pensar durante ya más de una generación; la conversión de las escuelas en factorías de alumnos en donde no se les enseña a pensar por sí mismos, sino a seguir ciegamente las directrices del sistema, tienen mucho que ver con ello. De esta manera, los actuales niños, hombres y mujeres del mañana, aprenden que la información está en Wikipedia, pero no aprenden a procesarla, a compararla, a interpretarla de una manera racional. La información, así como cualquiera otra herramienta, es inútil si es que no se sabe cómo utilizarla.


A ello se suman los medios de masas. En los mismos es más fácil encontrar espacio para la religión o para la superchería que para la ciencia. En la actualidad, una película de Hollywood puede violar cuantas leyes de la ciencia se le ocurra con completa impunidad, pero no puede presentar una imagen religiosa fuera de contexto sin que los furiosos grupos bíblicos se lancen a boicotearla; la moraleja es clara, las ideas religiosas son más importantes y tienen más peso que las verdades científicas. Incluso canales de cable supuestamente científicos se han lanzado a difundir programas de televisión sobre alienígenas ancestrales o sobre la posible catástrofe del 2012, en vez de crear programas educativos de verdad. Y cuando alguien levanta la voz para protestar, se lo silencia en nombre de la libertad de expresión, o con la acusación de ser un tonto grave; parece que la libertad de expresión no conllevara consigo la responsabilidad intelectual de informar con objetividad y basándose en los datos demostrables y corroborables. Por alguna razón, los que son acusados de intolerantes, de soberbios, de arrogantes, de no aceptar puntos de vista ajenos, son los científicos o los que piden explicaciones racionales para las cosas, mientras que los adeptos de la New Age o de la religión tienen pase libre para decir lo que se les antoje; desde luego que ellos pueden darse el lujo de no atacar directamente a la ciencia porque ignorándola con su aplastante superioridad entre las masas, pueden ganar el campo de batalla sin necesidad siquiera de librar combate. En el mundo de los medios de masas, la ciencia es el retador, pero el grueso del público está con el campeón. El rey puede estar desnudo, y algunos pueden gritar de viva voz que el rey está desnudo, y además tener la razón, pero si las masas siguen convenciéndose de que están viendo al rey con un traje invisible, nada realmente cambiará.


La ciencia está todavía a mitad de camino de resolver los misterios del mundo, y no sabemos si conseguirá algún día dar una respuesta definitiva para todas las cosas. Postular que sí o que no es prematuro, ya que eso implicaría saber una cosa acerca de lo que en realidad no sabemos. Lo que la ciencia no sabe, no lo sabe: especular sobre si algún día lo sabremos todo o no, es inútil. Pero sí sabemos algo muy importante: que el mundo es muy distinto al que esperaríamos encontrarnos si las religiones estuvieran en lo correcto. Con variaciones, todas ellas presentan una imagen idéntica del mundo: uno o varios dioses que bendicen a sus fieles o los ponen a prueba según su temperamento, y que son capaces de saltarse las leyes físicas a voluntad. Sin embargo, la tendencia es descubrir cada vez nuevas leyes científicas, no menos. La tendencia es a explicar los milagros en términos naturales, no a descubrir hechos que antiguamente estaban explicados de pronto se tornan en inexplicables. Una confusión corriente viene de la propia expresión ley científica: la idea de ley pareciera presuponer la idea de un Legislador. Pero una ley científica no es un código legal como el de Hamurabi o el de Napoleón, que puede ser obedecido o desobedecido. Una ley científica en realidad es la descripción de una regularidad en la naturaleza, y que no puede ser desobedecida en el mismo sentido que es posible desobedecer las leyes del tránsito. Si esa regularidad no se cumple, hay que buscar una nueva explicación que se ajuste mejor y que describa mejor la regularidad, a través del método científico. Una regularidad en la naturaleza no necesariamente requiere un creador. Las religiones predican lo contrario simplemente como mecanismo de compensación moral, como una manera de decirle al creyente que es buena gente y para validarlo como ser humano. La religión funciona como un contrato: le debes obediencia a un supuesto Dios y a sus supuestas leyes, y a cambio te confieren una patente de superioridad moral. Para las religiones, no hay diferencia entre lo moral y lo natural, e incluso hablan de la ley natural no como ley científica, sino como una ley moral objetiva. Cualquier persona razonable sabe que eso no existe, que sólo existen pareceres relativos, y que en el fondo, cada persona sigue el código moral que mejor le conviene.


La Humanidad ha recorrido un largo camino desde el descubrimiento del fuego y desde las primeras explicaciones animistas sobre el mundo, a nuestra imagen actual repleta de materia compuesta de átomos, intercambiabilidad entre materia y energía, un inicio de universo llamado Big Bang, y un largo etcétera. A lo largo de dicho camino, cuando esos conocimientos se han aplicado a la técnica, han ayudado a mejorar la condición de la especie humana. También se han hecho inventos nefastos, pero en general, el nivel de vida de una persona viviendo en el Occidente de inicios del siglo XXI es vastamente superior incluso al de un Faraón o de un César de la Antigüedad. Dichas personas, con todo su poder, no eran capaces ni siquiera de proporcionarse una Medicina comparable a la actual. La ciencia también nos ha descubierto que el universo quizás no fue hecho para el ser humano, y eso es un rudo golpe a la arrogancia humana. El ser humano vive en un punto azul pálido perdido en el cielo de la noche, y si desapareciera, no sería mucho lo que le faltaría al universo. La enseñanza sistemática del conocimiento acumulado de la Humanidad es que no somos el centro del universo, sino que el ser humano es una especie más que evolucionó en un mundo en donde podría o no podría haber surgido la inteligencia. Y si metemos la pata hasta el fondo, quizás no venga ningún Dios a rescatarnos. Somos nosotros mirándonos las caras los unos a los otros, los llamados a resolver las crisis actuales y construir una sociedad mejor. Y ésa es la verdadera encrucijada de la civilización, dentro de una historia a la que por fuerza debemos ponerle punto final no con un cierre épico, sino con un continuará, uno que será construido por ustedes y por nosotros, entre todos, únicos responsables de la especie humana como un todo, sobre un único planeta Tierra.

FIN DE LAS CRÓNICAS ANTRÓPICAS.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La Guillermocracia durante el 2012: Discurso a la nación.


¡Conciudadanos de la Guillermocracia! Está llegando a su fin un nuevo convulsionado año dentro de nuestra sociedad a nivel mundial. El furor que se vivió durante el 2011 parece haberse apaciguado un tanto, pero aún así, la crisis económica y sus consecuencias políticas siguen adelante. Es por eso que desde el estado mayor de la Guillermocracia hemos tratado de aportar nuestro granito de arena para que este mundo sea un lugar mejor y más radiante.

El esfuerzo supremo ha sido puesto este año a través de las 52 entregas de las Crónicas Antrópicas, que culminarán en el próximo domingo, el último del año 2012. A través de las mismas hemos repasado la historia de la autoconciencia humana, de cómo ha evolucionado su visión sobre su rol y posición en el universo, desde las primeras religiones hasta la moderna ciencia. No nos hemos limitado a un simple repaso de las ideas intelectuales, sino que también hemos ilustrado como se ha ido gestando la aguda brecha existente hoy en día entre la ciencia, la razón y el empirismo por un lado, y la religión, la ignorancia y la superstición por el otro. Las Crónicas Antrópicas fueron planeadas un poco como sucesoras espirituales de las Crónicas CienciaFiccionísticas, pero han tenido un éxito más bien relativo. Aún así, nos sentimos orgullosos del trabajo desplegado en ellas, por ser una obra absolutamente única en sus características.

Hemos seguido también con las secciones habituales, incluyendo Civimperios, Zoocine y las Interminablelogías. Dentro de las Interminablelogías podemos sentir mucho orgullo de la relacionada con la saga de los Vengadores, la primera y segunda entregas del repaso a la saga de James Bond en el cine, así como al gran artículo sobre la Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan.

Iniciamos también una nueva blogoserie, High Fantasy Manga, la cual por desgracia no ha tenido el éxito que se merecía.

Aún así, muchos buenos artículos se han incorporado al archivo de la Guillermocracia. En materia económica podemos destacar ¿Se hace más productiva la sociedad si disminuyen los impuestos?, y ¿De qué hablan los economistas cuando hablan de economía? No permanecimos tampoco ajenos a la realidad política, y así dimos luz al artículo sobre la inscripción automática y voto voluntario, que predijo la alta abstención en las elecciones municipales chilenas de 2012. En televisión reseñamos la primera temporada de Game of Thrones y la segunda temporada; también hablamos sobre la primera temporada de Homeland, y sobre Los pilares de la Tierra. Por el lado del cómic, infortunadamente este año fue el de la despedida de Themo Lobos, a quien homenajeamos con Los personajes de Themo Lobos. En materia histórica sentimos mucho orgullo del artículo Los privilegiados de 1789. En lo que se refiere a manga y anime, el punto alto ha sido el artículo sobre Gankutsuou. Y dentro del campo musical ha tenido buena recepción el artículo sobre el Post Punk.

Pero no tiene sentido repasar lo ya hecho, si no es para proyectarlo en el futuro. Y podemos hacer una serie de anuncios respecto del 2013, año en que la Guillermocracia verá algunos cambios de formato. El más relevante es el ritmo de actualizaciones. Ya que no habrán nuevas crónicas a la manera de las Crónicas CienciaFiccionísticas o las Crónicas Antrópicas, los días domingo pasarán a estar ocupados por toda clase de artículos, mientras que la actualización del día miércoles se transformará en opcional, a según la cantidad y calidad del material disponible para publicación. Esto significará en general una baja en la cantidad de actualizaciones, aunque esperamos seguir manteniendo los estándares de calidad de los cuales nos sentimos orgullosos en la Guillermocracia.

Además, debido a la escasa recepción del material literario, es que haremos entrar en receso a la Academia Literaria de la Guillermocracia. Eso significa que no habrá más cuentos ni poemas publicados en la Guillermocracia, aunque mantendremos en línea lo ya publicado hacia atrás. High Fantasy Manga por su parte será cancelada. La única excepción sería Marbod el Bárbaro, cuya republicación quedó interrumpida a la altura del episodio 9, y que es nuestra esperanza llegar a republicar entero dicho material en la Guillermocracia; de todas maneras, siendo una republicación, no hay programadas nuevas historias inéditas de Marbod el Bárbaro ni dentro de su propio blog ni acá en la Guillermocracia, de momento a lo menos.

Dentro de las secciones, renovaremos Zoocine para un año más, aunque en calidad de condicional. Si no remonta y si no llama la atención, escribiremos lo que sería su último capítulo para fines de 2013. Civimperios también sigue adelante por el minuto, debido a la cantidad de visitas que genera, aunque en calidad de condicional. En cuanto a las Interminablelogías, siendo una de las secciones más exitosas de la Guillermocracia, seguirá adelante con normalidad.

Además, recibiremos el año 2013 con un especial de cuatro artículos de Ciencia Ficción, a razón de uno nuevo cada domingo de Enero. El tema fue elegido en una encuesta abierta al público lector durante el mes de Diciembre, en una nueva iniciativa que busca integrar de manera más amistosa a los lectores de la Guillermocracia con su blog favorito. Recibimos nueve votos, y es posible que repitamos esta iniciativa en el futuro.

Y ésas son las noticias para los guillermócratas. La Guillermocracia les desea a todos sus súbditos un feliz 2013, en que la cultura, la historia, la literatura y el cine sean partes felices de sus vidas. Nos reencontraremos en el 2013.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Crónicas Antrópicas 51 - "El último campo de batalla".


La historia de cómo el ser humano se visualiza a sí mismo dentro del universo tiene que ver no sólo con la información que conseguimos recabar sobre nuestro entorno, sino también con nuestra manera de intercambiarla. La invención del papiro, del papel, del libro, de la imprenta de tipos móviles, cada una de esas innovaciones ayudó a difundir el conocimiento, y a incrementar el nivel cultural de las personas y el libre debate de ideas. A veces, las personas que trataron de erigir un monopolio del conocimiento en nombre de la religión fueron más fuertes, y consiguieron apagar la investigación científica; fue lo que ocurrió en el Califato con los mutazilíes, o con los mandarines de China. Pero en la Europa del Renacimiento, habiéndose liberado Holanda e Inglaterra de la tutela de la Iglesia, en dichos países el poder de la ciencia consiguió imponerse, y durante el siguiente medio milenio se transformó en la fuerza intelectual más revolucionaria del mundo. En esta carrera por investigar misterios cada vez mayores en el mundo, la revolución informática significó un cambio completo de paradigma. La mente humana, amplificada por la tecnología del libro, ahora tenía dispositivos de almacenamiento de información a una escala nunca antes soñada. La Enciclopedia tardó décadas en compendiar el conocimiento en el siglo XVIII; la misma cantidad de información y aún más fue recopilada por la Wikipedia en apenas dos o tres años, y desde ese entonces ha seguido creciendo.


Durante la Guerra Fría, gracias a la invención del ICBM, el misil balístico intercontinental, un nuevo peligro se cernió a la hora de ir a una guerra: la idea de que la capital de un país podía ser bombardeada y el país mismo descabezado en el primerísimo ataque de una conflagración nuclear. Era un peligro nuevo, que ni César ni Napoleón nunca debieron afrontar de manera tan crasa. En respuesta, los militares desarrollaron la idea de descentralizar la red computacional, de manera que si un ataque nuclear borraba Washington, el resto de la red pudiera seguir funcionando, y Estados Unidos pudiera seguir teniendo alguna posibilidad de defensa. Nació así ARPANET, la primera gran red de computadoras descentralizadas. Los científicos tomaron la idea de ARPANET, y le dieron uso en el mundo científico: ahora, cada instituto de investigación podía ser un centro o nodo dentro de la red computacional. El intercambio de información, que históricamente había seguido un criterio vertical, de autoridad, se democratizó: ahora más que nunca, el intercambio de información era algo que se hacía entre pares. Cuando Internet salió del mundo militar y científico, y comenzó la construcción masiva de la autopista de la información a comienzos de la década de 1990, el proceso se aceleró a la enésima potencia dentro del mundo de las grandes corporaciones, de los gobiernos, y del público en general. Un nuevo concepto, el de democracia digital, había nacido.


Este fenómeno colisionó de lleno con una característica sociológica del siglo XX: la cultura de las masas. Gracias a la democratización política, y a la Educación Primaria Obligatoria, surgió una poderosa clase media que fue mucho más próspera que cualquier grupo profesional en cualquier minuto de la Historia Universal. De pronto, por el puro peso de las cifras de población, por debajo de la cultura de las élites surgió también una cultura de las masas, más banal y superficial. Al final del proceso, ya en el mundo de Internet, las propias élites comenzaron a disolverse en una imparable carrera por asimilar ideas y conceptos de la cultura de masas. Ideas de la cultura popular tales como la Ciencia Ficción, como la Fantasía Epica, como el Jazz, como el Rock, se abrieron paso hacia la cultura de las élites, y se refinaron a una escala nunca antes vista dentro de dichas manifestaciones artísticas. A inicios del siglo XXI, la idea generalizada acerca del rol del ser humano en el mundo no eran las cogitaciones de una élite cada vez más asediada en sus castillos intelectuales, sino las de masas que estaban recibiendo divulgación científica... y también ideas religiosas anticientíficas.


Nadie duda de que Internet es una gran herramienta para elevar el nivel cultural de la gente, si se la usa de manera adecuada. A inicios del siglo XXI, la búsqueda de un dato ya no implica hojear aparatosos volúmenes sino ingresar una expresión en un motor de búsqueda como Google. La idea de consular una enciclopedia ya no es abrir un mamotreto, sino examinar la Wikipedia. Esto ha llevado a una banalización del conocimiento. Irónicamente, la disponibilidad del conocimiento ha hecho bajar su valor, y por lo tanto, la gente valora incluso menos que antes el ser culto. La generación con más acceso al conocimiento en la Historia es, en términos relativos, también la más bruta e inculta de todas. Al final del camino están los estudiantes para quienes la idea de hacer un trabajo de investigación es copiar y pegar, sin ninguna clase de razonamiento, a veces sin siquiera editar la fuente. La ciencia está más disponible que nunca, pero en un caso similar a los árboles que no dejan ver el bosque, el común de las mentes está menos preparada que nunca para separar el grano de la paja, para discriminar la información útil de la inútil, para en definitiva construirse una imagen de mundo acorde a la evidencia empírica.


Y eso no es todo. Los viejos enemigos de la ciencia, las religiones que desearían verla sometida y aplastada, han adoptado las armas de la ciencia en contra de ella. De esta manera, todos los grandes grupos religiosos tienen su página o portal de Internet, para predicar supuestas verdades reveladas que, de ser adoptadas por toda la gente, significarían la destrucción de la ciencia que posibilitó la invención de Internet en primer lugar. La ciencia que inventó Internet está así bajo ataque de toda clase de grupos que predican la pseudociencia de los cristales, de las profecías mayas, o del Diseño Inteligente. La democracia digital ha cambiado la faz de la Humanidad, pero el ser humano se encuentra más huérfano de verdades que nunca, y en su búsqueda por alguna certeza sólida están cayendo víctimas de todos aquellos quienes predican, sin ninguna razón pero con mucha convicción, que ellos son la Verdad, el Camino, la Luz y la Vida. De esta manera, a inicios del siglo XXI, Internet se ha transformado en el último campo de batalla entre la razón empírica y científica que tanto ha hecho por mejorar la vida de la Humanidad por un lado, y las siniestras regresiones a las eras de las tinieblas cuya última meta es amarrar a la gente de regreso en el oscurantismo para utilizarlas como rebaños en sus ambiciones de poder.

Próxima entrega (y última de las Crónicas Antrópicas): "La civilización en la encrucijada".

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Moonspell toca en Chile antes del fin del mundo.


A medida que uno se va haciendo viejo, el gusto por los recitales se va desvaneciendo. Comprar la entrada es más fácil gracias a Internet, pero después viene el viaje mismo, las horas de espera, el hambre y la sed versus la extorsión en los precios por parte de los proveedores de comida y bebida, etcétera. Además los viajes empiezan a hacerse más solitarios porque la gente alrededor se casa, cría hijos, trabaja el triple por el mismo salario, y en general ya no tiene el tiempo ni las energías para formar un piquete de fieles. En la actualidad cuesta mucho moverme para ir a un recital, pero Moonspell era una de mis deudas pendientes. Vinieron por primera vez a Chile en 1998, cuando estaban en el máximo de su popularidad dentro del circuito gótico, trayendo su álbum Sin / Pecado bajo el brazo. Volvieron a Chile después. Y en cada una de esas ocasiones, por una u otra razón, no pude verlos en vivo. Cuando supe que venían a Chile en 2012, ese viejo corazón musical mío dio un vuelco. No sólo porque venían antes del supuesto fin del mundo que supuestamente profetizaron los mayas, sino porque además lo hacían con el disco doble Alpha Noir / Omega White consigo, el mejor que han sacado desde sus días de gloria en la década de 1990. Además cumplen veinte años de trayectoria, y por alguna razón, las bandas suelen estar más inspiradas cuando están de aniversario.

Por si el nombre de Moonspell no les suena, una breve introducción. Moonspell es una banda portuguesa de metal nacida en 1992, quizás la más exitosa de su rubro en su país. Usualmente se los clasifica dentro del Death Metal, del Gothic Metal o del Doom Metal, pero la verdad es que la música de Moonspell mezcla muchas cosas; no ayuda a la clasificación el hecho de que la banda ha evolucionado bastante en sus años. Si usted tomara todo el repertorio de Moonspell, hiciera una lista de música y la reprodujera al azar, encontraría elementos de Black, Death, Goth, Doom, Folk, Rock, Viking, Ambient, Electrónica... suficientemente variado como para no aburrir a nadie, y también para que yo no conozca a ninguna persona que le guste toda la discografía de Moonspell de punta a cabo. Es posible que ni a ellos mismos como banda les guste toda ella, como lo prueba que en el concierto no tocaran nada del disco The Butterfly Effect; y no es que yo lo haya echado de menos (bueno, quizás salvo el tema de apertura, Soulsick). En general, puede decirse que partieron como una banda Death o Black (Under the Moonspell, Wolfheart), evolucionaron hacia el gótico primero y la electrónica después (Irreligious, Sin / Pecado, The Butterfly Effect), regresaron al Goth y al Doom (Darkness and Hope, The Antidote), se lanzaron de vuelta al Death (Memorial, Night Eternal), y remataron con un disco doble en que su CD 1 (Alpha Noir) es una mezcla de Death, Thrash y Black, y su CD 2 (Omega White) es una mezcla de Goth Rock y Metal. Piensen en el CD 1 como algo más parecido al primer Metallica, pero con elementos góticos incrustados y con un vocalista mucho mejor que James Hetfield, y en el CD 2 como algo más parecido a Sisters Of Mercy, para estar más claros.

El concierto mismo estuvo a punto de no realizarse. Cuando Moonspell anunció fechas para Latinoamérica, señaló fecha y lugar para todos los eventos, excepto Santiago de Chile, que sólo anunciaron la fecha: 13 de Diciembre. Casi a última hora se supo que era el local Kmasú, a las 21:00 horas. Por mucho que Moonspell es una de las bandas góticas más respetadas en la escena, el mismo estilo que tocan los condena a ser una banda incapaz de llenar estadios, y eso hace sus conciertos algo inseguro, siempre con el riesgo de cancelación por baja venta de entradas. Aunque para el mismo día tocaba Cristian Castro, y el mexicano, seguramente asustado por la avalancha de buena música que tenía al lado, decidió postergarlo para el próximo 14 de Febrero de 2013; en todo caso, no me cabe duda de qué concierto se vende mejor. Y de qué fanáticos quedarán chasqueados si la profecía maya se hace realidad el próximo viernes.

La escenografía fue espartana, apenas un telón impreso con imágenes relativas a Alpha Noir al fondo, y los instrumentos respectivos. No es que hiciera falta más, por otra parte. El local fue abierto cerca de las 19:45, con bastante poca gente en la fila. Sin embargo, a la hora del concierto el local ya se había llenado prácticamente por completo.

El concierto partió cerca de las 21:10 a 21:15, parece ser que por ajustes de última hora por parte de los jalacables. Y partió con la elección obvia para entrar: Axis Mundi, el tema que abre el disco Alpha Noir, acompañado por un público enfervorizando gritando "IPSO... FACTO... AXIS... MUNDI...", junto a Fernando Ribeiro, el vocalista, ataviado con un yelmo reminiscente de los soldados de las falanges de Esparta, yelmo que se sacó al terminar la canción. Luego vino el tema Alpha Noir, que le da nombre al disco por supuesto. A continuación abandonaron su disco estreno y viajaron levemente hacia atrás, hacia la dupleta de discos Death anteriores, con Finisterra del Memorial y luego con Night Eternal del disco del mismo nombre. Con cuatro potentes temas, Moonspell ya tenía al público en el bolsillo, de manera que se volcaron hacia el material clásico con tres temas del Irreligious al hilo: Opium, Awake y Mephisto. Porque hay dos grupos de fanáticos de Moonspell: los que opinan que su mejor disco es Wolfheart, y los que opinan que su mejor disco es Irreligious. A partir de este punto, el concierto zigzagueó entre material más antiguo y material más reciente.

Durante la duración del concierto, Moonspell privilegió ante todo su repertorio más brutal. No puedo dar un orden preciso más allá de los siete primeros temas, y ésos a base de la siempre traicionera memoria, pero el Moonspell más tranquilo, melancólico o introspectivo fue dejado lisa y llanamente de lado. Lo más cercano a un tema tranquilo que tocaron en la noche fue su segunda pasada sobre el disco Night Eternal, con el tema Scorpion Flower, con Anneke van Giersbergen presentada sólo en playback, obviamente ("ignite the skyyyy wiiith your eeeeyes..."). Ese tema y Nocturna, el inevitable cameo a Darkness and Hope del que yo personalmente hubiera prescindido; tengo tan poca valoración de ese disco, que ni siquiera estoy ciento por ciento seguro de que fuera ese tema u otro del mismo disco el que salió al ruedo. Del Omega White no recuerdo que hayan tocado algo, y eso que es el disco que traen para promocionar... y que el primer single (White Skies) salió de ahí, no del Alpha Noir. De su etapa electrónica Moonspell no tocó nada: del Sin / Pecado sólo tocaron Abysmo, que es quizás el más rockero y menos electrónico de dicho disco, y dejaron de lado material conocido como 2econd Skin o Magdalene, y del The Butterfly Effect pasaron como si nunca hubiera existido.

Pero si los fanáticos del Moonspell más rockero, electrónico o melancólico pueden haber quedado un poco con gusto a poco, los fanáticos del Moonspell más pesado no tienen nada de que quejarse. Aparte de los dos temas con que abrieron el concierto, Moonspell incluyó Lickanthrope, y por supuesto que uno de los poquísimos temas que han grabado en portugués, el magnífico Em nome do medo. Pero en donde brillaron con creces fue tocando material del Wolfheart. Desde el punto de vista compositivo Wolfheart es un gran álbum, pero sus estándares de producción son inferiores a Irreligious y la discografía subsiguiente, por lo que se siente algo pobre en sucesivas pasadas; así, escuchar los temas del Wolfheart en vivo es escucharlos como siempre debieron haber sonado en primer lugar, con el sonido de los teclados mucho más pulido y con las guitarras mucho más nítidas. De dicho disco tocaron bastante material, incluyendo Wolfshade (A Werewolf Masquerade), Vampiria, y An Erotic Alchemy, tema este último ajustado sobre su versión original y no sobre la revisión más suave y electrónica que la banda hizo en el EP 2econd Skin.



Promediando el final, por alguna razón Moonspell incluyó Ataegina en el repertorio, lo que no deja de ser una curiosidad si se piensa que dicho corte había quedado fuera del Wolfheart original, y sólo apareció cerrando dicho disco como bonus track en ediciones posteriores. Lo comento sólo por la rareza, porque tengo aprecio por el tema y encajó muy bien dentro del resto del repertorio, aunque sea porque es algo más alegre y vibrante y por lo tanto tiende a ser un pequeño descanso de tanto metal pesado. Y luego de Ataegina remataron por supuesto con su caballito de batalla para retirarse, que fue Alma Mater.

Sólo que no acabó ahí. Ningún artista que pase por Chile puede irse del escenario sin un bis, por lo que Moonspell debió regresar una vez más al escenario. A saldar una deuda: no habían tocado nada del disco The Antidote en la noche. De manera que se pusieron al día con In All Above Men y From Lowering Skies, antes de dar una señal inequívoca de que ahora sí es la retirada: Full Moon Madness, el melancólico tema con el que cierra el disco Irreligious, y con cuya porción instrumental final los guitarristas se dieron un festín desplegando arpegios.

La banda en sí, es un gusto verla arriba del escenario. Fernando Ribeiro se notaba claramente complacido de estar tocando en Chile, y se mantiene muy bien como vocalista. Para alguien vociferando arriba del escenario durante cerca de veinte años, lo cierto es que se conserva como el primer día, y mantuvo el nivel sin problemas durante las casi dos horas sin pausa que duró el concierto. Cada canción la acompañaba con una breve introducción, la que a veces era un poco difícil de entender a través de su castellano pronunciado con acento portugués, pero que cumplió con motivar a la gente. Quizás el momento cumbre en ese respecto fue cuando pidió a la gente hacer el saludo satánico antes de comenzar a tocar Mephisto. En todo momento se mostró como alguien cordial y entusiasmado por dar lo mejor de sí, porque el concierto fuera más que cinco músicos tocando, porque fuera una experiencia musical. Del resto de la banda puede decirse lo mismo; aunque dejaron todo el trabajo de showman a Ribeiro, ya saliendo con Full Moon Madness aprovecharon de desmelenarse un poco. Eso, y enarbolar la bandera chilena, porque cada banda que pasa por Chile debe en algún minuto u otro congraciarse con la bandera chilena casi como rito de pasaje.

Puesto a buscar un pero dentro del concierto, el único que se me ocurre es la poco atinada idea de dirigir a ratos todas las luces sobre el público. Esto se hizo especialmente agresivo en Vampiria, una canción que se potencia mucho de la atmósfera oscura, gótica y siniestra, justo lo contrario que se consigue si en mitad de la canción se encienden todas las luces sobre el público. Pero no es la gran cosa, si se piensa que sucedió en dos o tres canciones a lo sumo.

En definitiva, un concierto grande y memorable, que trajo a Moonspell en uno de sus mejores momentos creativos, y como toda una fuerza arriba del escenario. El repertorio fue impecable, y si hay alguna queja por mi parte, es porque me hubiera gustado que incluyeran tal o cual tema adicional, no porque sintiera que alguno sobrara; además, aunque el grueso de la artillería estuvo concentrado sobre Wolfheart, Irreligious y Alpha Noir, dejaron espacio para el resto de la discografía con al menos una inclusión de casi toda ella. Tampoco recurrieron al truco barato de otras bandas que no confían en su material y prefieren incluir algún cover para ganarse a los fanáticos de la canción original (para el registro, Moonspell ha grabado covers de Depeche Mode, Ozzy Osbourne, Joy Division y Madredeus). Es una alegría haberse encontrado así con Moonspell en vivo, toda vez que hubo una época en que fueron muy grandes dentro de la escena underground, después se fueron difuminando hasta que pensamos por un buen tiempo que los habíamos perdido, y luego, a punta de buen álbum después de buen álbum, volvieron al lugar de preeminencia que con justicia les corresponde.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Crónicas Antrópicas 50 - "Superstición en la era del conocimiento científico".

Más allá de las obvias mecánicas de poder, la religión surgió como un primer intento de entender y explicar el mundo de una manera comprensible, en tiempos en que no existía otra alternativa mejor; eso debería tenerse en cuenta cada vez que se acusa a la religión de manera algo ligera como propagadora de mentiras. Sin embargo el conocimiento es poder, y los líderes religiosos estaban tan empeñados como cualquier pesona con poder, en mantener dicho poder en sus manos. De ahí que cuando surgió la ciencia como una alternativa mejor y más racional, los religiosos se esforzaran por todos los medios en suprimirla, y en los casos en que no lo lograron, en domesticarla y cooptarla. Esta dinámica estuvo presente en la incapacidad de los chinos para transformar su desarrollo tecnológico en principios científicos, en el destino de los mutazilíes en el mundo musulmán por racionalizar el Islam, y en la persecusión de la Iglesia Católica contra Giordano Bruno y contra Galileo Galilei, entre otros célebres incidentes de la religión tratando de aplastar a la ciencia. La Iglesia Católica tiene muy mala reputación como incineradora de científicos, pero muchos protestantes son también culpables de menospreciar la ciencia, y de hecho el siguiente gran movimiento anticientífico iba a surgir en dicho campo.


En el mundo anglosajón durante el siglo XIX, la evidencia de que la antigüedad de la Tierra era mayor a los míticos 6000 años, y de que existe una evolución de las especies, se transformó en algo demasiado abrumador para los cristianos demasiado anclados en la visión bíblica del mundo. En vez de rendirse a la evidencia y aceptar que su visión del mundo estaba siendo superada, empezaron a movilizarse para perseguir y condenar dichas ideas. La mantención de rígidas ideas bíblicas, o al menos de cooptar estas teorías geológicas y biológicas, fue llamado Creacionismo debido a su fijación en que la Tierra era joven y las especies no evolucionan sino que son creadas por Dios. El Creacionismo pronto se alió con un movimiento paralelo similar, el Fundamentalismo, cuyo nombre deriva de la pretensión de regresar a los fundamentos del Cristianismo. Que las doctrinas bíblicas sobre la naturaleza del mundo y de la vida estuvieran superadas no iba a detenerlos: ellos estaban determinados a seguir teniendo la verdad sagrada en sus manos, y por la fuerza si fuere preciso. De esta manera, los grupos creacionistas consiguieron que en Tennessee se hiciera ilegal la enseñanza de la Teoría de la Evolución. El profesor John Thomas Scopes, que se atrevió a desafiar dicha prohibición, fue llevado hasta los tribunales y condenado, en el llamado Juicio del Mono de 1925; y hablamos de Estados Unidos, uno de los países que hace más hincapié acerca de la separación entre la religión y el Estado. Pero esto último no ha detenido a los creacionistas. En 2005 consiguieron que Kansas enseñara doctrinas creacionistas como alternativa científica válida a la Teoría de la Evolución; el escándalo subsiguiente fue lo suficientemente importante como para que semejante acto de barbarie intelectual fuera derogado en 2007.


En realidad el Creacionismo de la variante llamada de la Tierra Joven se hacía cada vez más insostenible a medida que la evidencia científica a favor de un planeta de 4.600 millones de años de antigüedad se acumulaba. De manera que los creacionistas trataron de cooptar la ciencia. Algo similar había intentado en el campo católico el paleontólogo y teólogo Teilhard de Chardin al tratar de compatibilizar la Teoría de la Evolución con el dogma cristiano, en su doctrina del Punto Omega. En el mundo protestante, en la década de 1980, este intento de cooptar la ciencia cristalizó en la llamada Teoría del Diseño Inteligente. Según esta teoría, la evolución no sucede por mera probabilidad, sino que existe un plan o designio por detrás. Los partidarios de estas ideas saben que llamar Dios a la fuente de dicho designio es muy poco propagandístico, pero las características que asocian con dicho Diseñador se corresponden más o menos con lo que cabe esperar de un Dios omnipotente que tiene un Plan Divino. La trampa es que el Diseño Inteligente parece una doctrina científica porque parece basarse en ideas y principios científicos, pero no lo es. La verdadera labor científica trata de explicar lo que hasta el minuto carece de explicación, haciendo observaciones y aplicando el método científico para formular nuevas ideas y postulados generales; los partidarios del diseño inteligente en cambio tratan de darlo todo por explicado, y cargar lo que de momento no tiene explicación a un ser superior que está más allá de la ciencia. De esta manera, el Diseño Inteligente no sólo no es ciencia, sino que además es una vergonzosa capitulación de la razón y el intelecto frente a la ignorancia y la superstición.


A partir de la década de 1960, la ciencia comenzó a experimentar nuevos e insidiosos ataques en otros flancos. La nueva generación posterior a 1945 había crecido con miedo a la ciencia, en el convencimiento de que ésta llevaba a la Humanidad a la superpoblación, a la degradación ambiental y quizás a una inevitable guerra nuclear. Surgió entonces un poderoso movimiento de regreso a la naturaleza y a lo ancestral, que cristalizó en las mil y una tendencias de la New Age. Un montón de ideas esotéricas y disparatadas se vincularon de maneras a veces bastante anárquicas entre sí: la Astrología cobró nuevo vigor, la Ufología trató de sacar credenciales científicas, escritores se hicieron ricos escribiendo sobre los hipotéticos extraterrestres que construyeron las pirámides, los cristales de cuarzo invadieron los hogares, y los charlatanes aprendieron que podían adoptar ciertas palabras científicas no demasiado bien comprendidas por la mentalidad popular, como por ejemplo energía y cuántico, para vehicular conceptos que no tienen nada de científico. En última instancia, afirman los partidarios de las pseudociencias, existen cosas que el ser humano no será nunca capaz de saber, y por ello es mejor creer.


El patrón de todas estas creencias paracientíficas y anticientíficas es muy similar, y se sienta sobre dos bases: la incapacidad de la ciencia para explicarlo todo por un lado, y el ansia neurótica de muchas personas porque su vida esté anclada en un sistema de creencias rígido que le sirva para validarse como seres humanos. Al basarse en los hechos observables y en las Matemáticas, la ciencia por definición sólo explica un campo de la realidad: aquello que ha sido evaluado, medido, y en última instancia reducido a leyes naturales. Los hechos que van más allá de lo evaluado, medido y reducido a leyes naturales no son científicos, pero pueden que lleguen a serlo una vez que se les aplique el método científico. Pero los partidarios de las pseudociencias, incluyendo entre ellas el Diseño Inteligente, no pueden esperar para dar ese paso: quieren con impaciencia tener la respuesta para todo, absolutamente todo, ahora mismo y en este lugar. Las pseudociencias no ofrecen respuestas verdaderas porque no han sido contrastadas, y si fueran de verdad contrastadas serían ciencia; sin embargo, a cambio, ofrecen la seguridad de una visión del mundo estable que la ciencia no es capaz de ofrecer. Lo que la ciencia ofrece son preguntas y dudas. Y al común de la gente les gustan las respuestas, no las preguntas. Las respuestas dan seguridad y tranquilizan, mientras que las dudas causan inseguridad y sobresaltos. Defender las pseudociencias es fácil porque siempre habrá público para la superstición tranquilizadora por parte de quienes se sienten seguros aferrados a su pata de conejo de la suerte, mientras que defender la ciencia requiere del valor espiritual para vivir en un mundo en donde las respuestas podrían ser muy distintas a lo que quisiéramos o lo que nos conviene. Lo triste del caso es que cada progreso humano viene de la ciencia, no de la superstición. Puede que la ciencia haya sido usada muchas veces para la crueldad y la destrucción, pero también ha sido utilizada para construir el mundo de maravillas tecnológicas en que vivimos, incluyendo estas Crónicas Antrópicas que usted no tendría ocasión de leer si no fuera por la ciencia. En cambio, la superstición no tiene nada que ofrecerle al mundo, salvo el control de las masas por parte de charlatanes halagando al populacho para satisfacer su ambición de poder. Un muy antiguo texto religioso, no científico, dice: Por sus frutos los conoceréis. Y los mejores frutos humanos son los elaborados desde la ciencia, no desde la religión.

Próxima entrega: "El último gran campo de batalla".

miércoles, 12 de diciembre de 2012

"Cobre": Obteniendo la medalla... de cobre.


Ahora en Diciembre de 2012 acaba de terminar Cobre, una miniserie de época en diez episodios que se exhibió por las pantallas de Mega en Chile a partir de Octubre. La premisa va de lo que sigue. A finales de la década de 1920, después de un accidente que le cuesta la vida a dos cateadores, sus herederos forman una sociedad que se preocupa de sacar adelante el yacimiento de cobre de Buenaventura en las cercanías de Antofagasta. Estos herederos son por un lado los hijos de uno de los cateadores, los hermanos Serrano, y por el otro la familia española del otro cateador, es decir su esposa (su viuda ahora en realidad) y su hijo. Frente a ellos se alza Guillermo Blake, un empresario que aparentemente busca crear un monopolio de la explotación del cobre en la región. La serie avanzará en el tiempo desde la época inmediatamente preliminar a la Gran Depresión, hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial, siguiendo los avatares de los personajes con la situación mundial golpeando la producción del cobre como trasfondo.

La idea parecía muy buena, pero por desgracia la realización se quedó en un montón de buenas intenciones. La historia, para empezar, resulta anodina y poco interesante. A ratos pareciera que los guionistas se inspiraron en Los pilares de la Tierra, sólo que cambiando la construcción de la catedral por la explotación de una mina. Más lejos en el tiempo, los claros precedentes son series como Dallas o Falcon Crest, en donde el mcguffin de rigor es la empresa por cuya posesión luchan los protagonistas. Incluso yo mismo he utilizado ese concepto en Corona de Amenofis. El quid del asunto es que importe más bien poco lo que es el objeto de lucha: lo importante es su valor implícito, y que está ahí para que los protagonistas luchen unos contra otros. Es decir, no hay nada de malo con el concepto. Pero de ahí a la ejecución, hay un trecho.

El problema es que las peripecias de los personajes resultan aburridas y sin substancia. El primer episodio resulta un tanto moroso, pero eso es de esperarse, ya que debe invertir en presentar a los variados personajes de la historia. Entre los episodios segundo y tercero la historia comienza a despegar, ya que empiezan a desplegarse las intrigas del malvado Guillermo Blake para apoderarse de la mina. Por desgracia, esta joven promesa está destinada a frustrarse. Después de sus primeros intentos por hacerse del control de la mina, recurriendo a algunos trucos muy sucios, el fuego de Guillermo Blake parece apagarse. Hay un recambio de villanos a mitad de serie, casi promediando el final, pero la historia de éstos parece separar aguas de la principal, la sociedad de los cuatro, y de hecho al final ni siquiera llegan a juntarse.

Luego viene el final. No lo adelantaré, pero sí diré que peca de ser demasiado blando. Una pareja separada se reconcilia porque va siendo hora de cerrar la historia, a un villano se lo cargan de una manera indigna, otro personaje queda en ruta hacia la política sin que se defina nada sobre su futuro, etcétera. Lo peor es que la serie termina con un cartel que dice "FIN"... después de haber dejado varios cabos sueltos respecto de los villanos, sin ninguna situación resuelta, con obvias miras a una eventual continuación.

El guión además resulta ser a veces bastante atropellado. En una miniserie de estas características, que busca abarcar prácticamente dos décadas, es natural el uso de la elipsis para acelerar los hitos menos relevantes para la trama. Sin embargo, los guionistas metieron el pie en el acelerador quizás demasiado, y se nota. Algunos hechos relevantes para la historia pasan tan a vuelapluma que cuesta seguirle el rastro a algunos personajes secundarios vitales, como por ejemplo el químico que aparece en el primer capítulo, y reaparece mucho después, cuando ya ningún espectador se acuerda de él; tampoco el diálogo nos refresca la memoria sobre el mismo. Hubiera sido preferible que la misma historia se la hubieran tomado con más calma y el doble de capítulos, quizás esperando a que la miniserie sacara una segunda temporada, y hubieran trabajado un poco más la construcción de situaciones. Porque cuando las situaciones pasan rápido, no hay tiempo para que el espectador sienta la tensión: en un minuto los personajes están en la picota, y al siguiente todo está resuelto y los personajes están en otra situación.

Algo que tampoco ayuda a la historia, es la sensación de estar viviendo lo que informalmente se llama el comic book time. En el segundo capítulo, por los titulares de la prensa, se nos informa que ha estallado la crisis de 1929; esto tendrá repercusiones para Buenaventura, que pasará tiempos duros. Pero luego, en la historia personal de los personajes no pareciera transcurrir más que algunos meses, mientras que en el mundo exterior pasan años. Hay un poco de romance y un poco de cortejo, y algo de intriga entre los personajes, y mientras tanto estalla la Guerra Civil en España, y luego la Segunda Guerra Mundial. Al final de la historia, ya ha terminado la Segunda Guerra Mundial, y sin embargo los personajes siguen tan frescos y jóvenes como el primer día. Al final uno termina con la sensación de estar viendo Los Simpsons, en donde Bart Simpson siempre tiene diez años aunque de fondo el Presidente sea George Bush, después Bill Clinton, después George W. Bush, después Barack Obama... Un ejemplo flagrante de este tratamiento del tiempo son los estudios de ingeniería del hermano menor de los Serrano: el tópico de si estudia ingeniería en Santiago o no debería haber tardado a lo sumo un par de años de historia interna de la serie, pero se está planteando desde el primer episodio, y en el último ni siquiera ha terminado sus estudios. Otro caso es el cortejo de la española, que no debería haber tomado más de algunos meses, pero que contrastado con el mundo exterior, en realidad deberían ser años.

Los personajes por su parte están muy mal dibujados, y algunos de ellos además mal actuados. Los hermanos Serrano son interpretados bastante bien por Cristián Riquelme y Francisco Gormaz, pero por desgracia la teleserie nunca se da el tiempo para ahondar en sus motivaciones, más allá de la rivalidad que viven ambos por el amor de una misma mujer; rivalidad que para colmo se resuelve a mitad de la historia. La sensación final es que los dos hermanos terminan enfrentados un poco porque sí, porque se supone que dos hermanos protagonistas dentro de una teleserie deben enfrentarse para que haya drama. Y el razonable esfuerzo de los actores por encarnarlos de manera convincente se pierde por falta de caracterización. Pero el personaje más extremo es el chico español: se nos lo presenta como un malcriado y caprichoso incapaz de sentar cabeza, lo que está bien para crear conflicto. Pero luego nunca se nos explica por qué el personaje es como es, nunca se nos entrega un aspecto humano que nos haga, si no justificarlo, al menos comprenderlo. De esta manera se transforma en un secundario idiota e irritante; además, si bien su presencia mueve parte de la historia en los primeros capítulos, en la segunda mitad deja de tener relevancia en lo absoluto, y su escena final en el banco pareciera estar insertada únicamente con miras a una eventual continuación. El actor Alejandro Montes hace un buen trabajo de interpretación, pero con un personaje tan mal dibujado, es poco lo que se puede hacer. Quizás el gran punto superlativo de la serie sea Antonia Zegers interpretando a una española de armas tomar: ella a través de su actuación y algunas líneas de diálogo sueltas por aquí y por allá nos deja adivinar la vida dura que le ha tocado, teniendo que criar a un hijo, moviéndose de España a América, enviudando, y siendo después una luchadora infatigable para ayudar a los Serrano en alcanzar el éxito en Buenaventura.


Dicen que una historia es tan alta como la estatura de sus villanos, y en este caso quedamos en deuda. Bastián Bodenhöfer es por lo general uno de los más grandes actores chilenos, pero aquí no parece tocar bien la cuerda como Guillermo Blake. Su actuación tiene toques de dandismo que lo hacen una especie de villano de opereta, muy alejado del tono serio que pretende el resto de la producción. Apoyado por un tema musical que es de vodevil, para colmo. Para que sepamos que es el villano, se nos lo muestra teniendo como mascota un escorpión dentro de una pecera, quizás porque el presupuesto no alcanzó para contratar un gato blanco que acariciar maquiavélicamente en su regazo. Su hija Verónica está interpretada por Ignacia Allamand, quien tiene dos modos de actuación por default: o recitar los diálogos de la manera plana y mecánica propia de una kermesse escolar, o gritar y hacer berrinche. A mitad de camino se suben como villanos Marcial Tagle como el futuro esposo de Verónica Blake, y Gloria Munchmeyer como la madre del susodicho; pero ambos villanos, aunque interpretados con solvencia mucho mayor, tienen tan poco tiempo de escena y alcanzan a hacer tan poco, que no alcanzan a levantar una producción demasiado alicaída de conflicto. Premio especial se merece Ramón González como Cansino, el matón de Blake, el único villano que realmente inspira alguna clase de suspenso, y que en el primer capítulo amenaza con quemarle la cara a un químico con un mechero de su propio laboratorio, e incendia la casa de los protagonistas; por desgracia, en capítulos sucesivos su presencia se irá desdibujando, y terminará siendo despachado de una manera completamente estúpida y trivial.

En forma adicional, la serie tiene algunas desafortunadas implicaciones. Los obreros y mineros propiamente tales tienen muy poca participación en la serie, y cuando lo hacen, es a título de masa: salvo los dirigentes sindicales, no hay ningún personaje minero. Los empresarios se dividen en héroes y villanos según si tratan de darle a los obreros una calidad de vida digna o si los utilizan como peones para sus propios aviesos fines, pero los obreros son unánimemente tontos y cretinos. Cuando los empresarios tratan de implementar medidas de seguridad para combatir la silicosis, los obreros se sublevan porque lo consideran un pretexto para no mejorar sus salarios; por otra parte, no mejorar los salarios de los obreros está plenamente justificado por la trama, ya que se defiende la tesis de que en tiempos de crisis los obreros deben amarrarse el cinturón e incluso trabajar por gratis para que la empresa siga adelante. Peor aún, andando la serie se descubre que los obreros huelguistas en realidad están siendo soliviantados por Guillermo Blake, que le está pagando a los dirigentes sindicales para crear problemas en Buenaventura y conseguir que los hermanos se aburran y se marchen. El mensaje es desafortunado: las huelgas y demandas sindicales no son causas relacionadas con la dignidad social, sino resultado de la estupidez y la codicia de los malvados obreros que no son capaces de comprender la bondad inherente de los empresarios que les entregan beneficios de manera paternalista. Por supuesto que hablamos de una ficción y por lo tanto no debemos tomárnoslo como un discurso social sobre los inútiles subversivos, pero sería desafortunado que alguien viera esta serie como un fiel retrato histórico de las luchas obreras de la época. Por otra parte hablamos de Mega, el canal más reaccionario de Chile, así es que nadie debería esperar una serie sobre el cobre que se centre en los obreros en vez de los empresarios, que utilice una estética de Canto Nuevo, o que incorpore música de Quilapayún como banda sonora. Las novelas de Hernán Rivera Letelier sobre el mundo obrero y minero del norte tendrán que seguir en la cola de espera por el minuto.

En donde sí la serie consigue puntos, es en la recreación de época. La serie fue grabada en varios lugares de Valparaíso y Sewell, y eso mejora mucho la calidad de la producción. Los automóviles y el vestuario en general dan la impresión de época, más allá de que no se ve mucha evolución en la estética o la moda, pero eso es un pecado perdonable si se consideran los costos de producción que son inherentes a toda serie de época.

El otro punto en donde la serie brilla, es en algo que otras tienden a fracasar, o ni siquiera prestarle atención. La mina de cobre no es sólo un mcguffin como lo es por ejemplo la empresa petrolera de Dinastía, en donde nunca los problemas de producción de petróleo de Denver Oil forman parte real de la trama. Acá, parte importante del argumento se dedica a los aspectos técnicos de la explotación del cobre. Así, vemos por ejemplo cómo se discute la manera de excavar túneles alrededor del yacimiento para explotarlo de la manera más efectiva, o la lucha de los protagonistas para conseguir refinar cobre a partir de la atacamita. No es algo demasiado técnico, nada que esté más allá de las dos primeras clases de una carrera regular de Ingeniería en Minas, pero aún así, para el grueso público ignorante en estas materias, no deja de ser una adición interesante.

Todos estos factores deben haber contribuido a la debacle generalizada que sufrió Cobre durante la exhibición de sus diez capítulos. Según este artículo del diario La Tercera y este artículo de Terra, el debut de Cobre puntuó apenas 6,2 puntos de rating, lejos de los 16,4 puntos de El reemplazante en TVN. No debe haber ayudado que el debut de la serie se hizo un domingo en la tarde, en vez de su horario definitivo del lunes en la noche, una pésima decisión de cara a promocionar una serie adulta, entendiendo por adulta una que muestra a chicas en topless en algunas escenas perdidas; el primer capítulo no tiene esta clase de escenas, por supuesto. Es una lástima que una producción diferente y arriesgada como ésta, haya terminado en lo que terminó. Una mejor elección de algunos actores, y sobre todo un guión mucho más sólido, hubieran hecho maravillas por convertir a Cobre en algo parecido a Falcon Crest, incluso a Los pilares de la Tierra, serie esta última que no era más que un divertimento sin pretensiones, pero sí bien hecha de principio a fin. Puede que Los pilares de la Tierra era inglesa, pero considerando que los chilenos insisten en ser los ingleses de Latinoamérica...

domingo, 9 de diciembre de 2012

Crónicas Antrópicas 49 - "La nueva era de la divulgación del conocimiento".


La Teoría de la Relatividad, la Mecánica Cuántica, y las nuevas investigaciones acerca de nuestros orígenes y nuestra propia esencia biológica, son sucesos revolucionarios de por sí. Y sin embargo, no hubieran tenido ni la mitad de proyección o impacto en la mentalidad popular, de no ser porque en el siglo XX hubo más divulgación del conocimiento científico que en todos los siglos precedentes juntos. Ya hemos mencionado como en tiempos de la Ilustración, varios escritores decidieron dedicar sus esfuerzos no a escribir obras literarias o a escribir tratados dirigidos a otros eruditos, sino que a redactar volúmenes en donde comentaban distintos aspectos de la ciencia y la tecnología de una manera directa y accesible para el gran público. La Enciclopedia fue justamente un esfuerzo en esta dirección. En el siglo XIX, con el boom de la Educación Primaria Obligatoria y la alfabetización de grandes cantidades de la población, se hizo rentable el negocio de las revistas, las que surgieron a porfía tanto en Europa como en Estados Unidos. Y entre ellas surgieron las primeras revistas científicas. De pronto, el siglo XX marcó una gran cisura: las nuevas ideas científicas eran tan disparatadas, tan fuera de lo establecido, que la propia comunidad científica muchas veces tenía problemas para asimilar los nuevos conceptos, y el lego aún más. La divulgación científica corría el riesgo de estancarse, y la ciencia de convertirse en algo esotérico de nuevo.


Sin embargo, esto no sucedió así. Durante todo el siglo XX se sumaron cada vez más y mejores medios de comunicación, que aceleraron la divulgación de toda clase de informaciones. Primero fue la radio. Esta invención aportó un factor de inmediatez que fue aprovechado de inmediato entre otras cosas para entrevistas en vivo con distintas personalidades... incluyendo gentes del mundo de la ciencia. Eran programas marginales, por supuesto, pero estaban ahí. Uno de los puntos culminantes fue un debate radial en donde Bertrand Russell defendió el agnosticismo, emitido por la radio BBC de Londres e impreso en letras de molde para su libro "Por qué no soy cristiano". A la radio siguieron los noticiarios del cine, y en particular la televisión. Aunque al igual que la radio, las cadenas televisivas tendieron a plantear el asunto como un negocio, pronto distintas organizaciones internacionales aprovecharon el potencial de la televisión para enseñar cultura en el Tercer Mundo. Y en el mundo desarrollado, los documentales televisivos se transformaron en parte ineludible de la oferta. En 1980 se estrenó "Cosmos" de Carl Sagan, documental en trece episodios que se transformó en el programa televisivo más visto de la televisión pública hasta su minuto; todavía lejos de las cadenas privadas con programas como "MASH" o "Dallas", pero aún así un récord considerable. Y luego llegó Internet, por supuesto, aunque eso merece un capítulo aparte.


En dichos nuevos libros, radioemisiones, noticiarios de cine y programas televisivos, se forjó una nueva imagen del científico. Ahora ya no se trataba del científico loco estilo doctor Frankenstein, que iba a utilizar sus mortíferas invenciones para conquistar el mundo, sino una imagen más heroica. Había por supuesto un punto de interés en esto: se trataba de vender la ciencia como un negocio y una oportunidad para mejorar el nivel de vida de las personas. La tendencia fue esbozada de manera temprana por el editor Hugo Gernsback con su revista "Modern Electrics", fundada en 1911; no en balde, también es necesario señalar que Hugo Gernsback es llamado el Padre de la Ciencia Ficción. El progreso científico, y en particular el desarrollo tecnológico, se transformó en parte del "American way of life". La mitad del siglo XX vio la invasión de los electrodomésticos en los hogares de Estados Unidos, y en forma correlativa, la difusión de la idea de que algo como la ciencia que era capaz de proporcionar televisores, lavadoras y aire acondicionado, no podía ser algo negativo. La épica científica alcanzó un paroxismo en la década de 1960, en plena carrera espacial; fue una época en donde los astronautas y los técnicos de la NASA podían ser tan heroicos como los soldados estadounidenses combatiendo a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto que ahora el enemigo a batir eran los soviéticos, que representaban la otra cara de la ciencia: aquella que degrada al ser humano, que lo deshumaniza, que lo convierte en una tuerca o un engranaje más del sistema. La ciencia estadounidense, por el contrario, libera al ser humano al proporcionarle una existencia más confortable, y llenar de paso los bolsillos de los inventores y empresarios del rubro con montones de dinero. A la vuelta del siglo XXI, las cosas serían algo distintas, por supuesto. A inicios del siglo XX; gentes como Henry Ford podían ser considerados como héroes, pero a finales de la centuria, alguien como Bill Gates definitivamente no tendría esa reputación tan positiva.


Hemos mencionado la Ciencia Ficción. Dicho género literario y cinematográfico jugó un rol clave en la difusión científica. La Ciencia Ficción como arte tiene muchos méritos por sí mismo, incluyendo obras de gran calidad literaria y profunda reflexión filosófica, la vara con la que debería medirse toda obra de arte, pero de manera colateral, contribuyó a popularizar ideas científicas. Nadie entendía a partir de las ecuaciones de Albert Einstein en qué consistía la equivalencia de la materia y la energía o la dilatación del tiempo y la contracción del espacio, pero estos conceptos sí que podían hacerse más claros con un relato de ficción en donde la bomba atómica, el reactor nuclear, o el hiperespacio fueran parte integral de la trama. Hugo Gernsback, que de "Modern Electrics" saltó en 1926 a ser el editor de "Amazing Stories", la primera revista exclusivamente de Ciencia Ficción, exigía de los relatos a editar que éstos fueran muy rigurosos en lo científico. John W. Campbell, que revolucionó el género al hacerse cargo de otra revista, "Astounding Stories" en 1937, elevó el estándar literario, pero siguió manteniendo la exigencia de que el progreso científico y tecnológico fueran presentados de manera optimista. El tecnooptimismo en donde la ciencia todo lo podía resolver y el mundo del futuro sería próspero y brillante, se transformó en la seña de identidad, casi en la caricatura, de la llamada Edad de Oro del género, que duró entre 1937 y 1964, si fechamos el inicio del período siguiente en la llegada de Michael Moorcock a la dirección de la revista "New Worlds" en Inglaterra. Quizás el paroxismo de esta manera de concebir la divulgación científica sea el personaje del Capitán Futuro, creado por Edmond Hamilton en 1940, y popularizado en Latinoamérica por una versión posterior en anime de 1979; el Capitán Futuro es un intrépido viajero del espacio que lucha contra villanos interestelares, pero es también un científico que utiliza la ciencia para imponer el bien sobre el mal. Es difícil ver una visión más triunfalista acerca de los beneficios de la ciencia para la Humanidad que ésta.


Gracias a la Ciencia Ficción, muchos conceptos científicos hasta entonces abstractos fueron convertidos en algo fácil de digerir para las masas. Muchas veces, la ciencia podía ser grotescamente distorsionada, como por ejemplo presentar naves espaciales que viajaran a velocidades superiores a la de la luz, o máquinas del tiempo, cosas ambas que son imposibles para el estado actual de la investigación científica. Pero este efecto deformador quedó compensado con las legiones y legiones de científicos que, siendo niños, se inspiraron en los héroes de ficción para encontrar su vocación entre los matraces o las pizarras llenas de cálculos matemáticos. El caso llegó al ridículo cuando William Gibson en "Neuromante" desarrolló todo lo que pensaba iba a ser la computación del futuro, y los informáticos a leer la novela se preguntaron por qué no desarrollar las ideas gibsonianas... e inventaron el mundo computacional tal y como lo conocemos hoy en día. Pareciera casi inevitable que se diera este paso, toda vez que los escritores y guionistas siempre andan a la caza de ideas nuevas, y los avances científicos eran un surtidor inagotable de éstas. Pero no es exagerado afirmar que muchas ideas científicas de la gente proceden más de la Ciencia Ficción que de la ciencia misma. Lo que tiene su vertiente positiva, por supuesto: después de todo la ciencia se trata de lo que actualmente es posible, mientras que la Ciencia Ficción se trata además de lo que eventualmente podría llegar a ser.

Próxima entrega: "Superstición en la era del conocimiento científico".

miércoles, 5 de diciembre de 2012

INTERMINABLELOGÍAS: La Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan.

(Entrega especial de Interminablelogías, un cincuenta por ciento más largo y detallado que las entregas anteriores).


Cuando los historiadores del cine en el futuro se vuelvan a inicios del siglo XXI, deberán darle un lugar destacado a la trilogía de películas conformada por “Batman Begins”, “The Dark Knight” y “The Dark Knight Rises”; usaré sus títulos en inglés porque es como el común del público hispanoparlante se refiere a ellas. Esta trilogía es un caso único en cuanto a cohesión del equipo integrante, tanto en los actores como en el personal de apoyo, y conforman una visión muy singular tanto de Batman como héroe, como de la sociedad en que vivimos. Irónicamente, esta trilogía ha sido defendida además como la plasmación más fiel de un personaje de cómic en el cine, como de las mejores películas de superhéroes, cuando en verdad no estamos frente a una historia canónica del género. En realidad tenemos un análisis profundo y al hueso que no presenta casi nada del encanto ingenuo de las historias del bien luchando contra el mal; esta trilogía no es una historia de superhéroes estándar, sino una deconstrucción e incluso subversión del mito. Aquí veremos el fracaso inherente que afronta la causa del bien, la decencia o la justicia por triunfar sobre el mal, la corrupción o la injusticia, o sea, justo lo contrario que el ethos del cómic típico de superhéroes.

Antes de empezar, advierto al lector que al hacer un análisis prolijo de la saga, descargaré una tonelada de spoilers, incluyendo varios giros de tuerca y el final de cada una de las entregas; si el lector no ha visto aún las películas, recomiendo verlas primero y formarse una opinión propia, y después regresar al presente artículo.

Previo a empezar, debemos tener bien en claro que esta versión de Batman es un personaje nolanesco. Una constante en todas las películas de Christopher Nolan, y la fuente del fascinante horror en ellas, es que sus personajes padecen hondas perturbaciones sicológicas, pero éstas no les impiden actuar con normalidad dentro de una sociedad que los considera sanos o normales, a lo menos a primera vista. Así ocurre con el amnésico de “Memento”, con el insomne de “Insomnia”, con los obsesivos rivales de “El gran truco”, o con el protagonista de “El origen”, de quien nunca sabemos si está realmente cuerdo o no. El Batman de Christopher Nolan sigue la tendencia: parece un tipo saludable incluso hasta para sus más cercanos, pero en el fondo padece hondos problemas sicológicos, cuya sanación le tomará las tres películas en lograr.


“Batman Begins” en 2005 tenía el desafío de hacer olvidar al público la extravaganza ridícula que significó “Batman y Robin” de Joel Schumacher, ocho años antes. La respuesta fue un regreso a las raíces más oscuras del héroe. En una vuelta de tuerca al estándar de lo que era el cine de superhéroes en ese entonces, que seguía la estela de “X-Men” y de “Spiderman”, Nolan decidió rebajar los elementos más fantásticos del mito superheroico, y abocarse en cambio a los aspectos realistas. Su visión de Batman no trataría así sobre el superhéroe o el mito en sí, sino como dicho mito o leyenda se proyecta en la sociedad. Nolan recibió la inestimable ayuda del propio material de base, ya que Batman no tiene superpoderes: no es un alienígena como Superman, ni un mutante como los X-Men, ni un policía galáctico como Linterna Verde, sino un ser humano vulgar y corriente que, armado con un impresionante talonario de cheques y una buena provisión de tecnología, se dedica a luchar contra el crimen. El enfoque realista de Nolan habría fracasado con otro superhéroe, y se ha transformado en la desesperación de quienes tratan de imitar su enfoque y aplicarlo sin más a otras franquicias.

La película se abre, no por casualidad, con una larguísima secuencia del entrenamiento de Bruce Wayne. A través de la misma se nos muestra su pasado. Bruce Wayne es un huérfano cuyos padres han sido asesinados de manera trivial por un ladronzuelo de poca monta. Se nos remarca que el trauma de Bruce Wayne no es realmente nada especial; está implícito que muchas otras personas sufren traumas parecidos, y no se convierten en encapuchados medio sicóticos patrullando las noches. Su entrenador será Ra's al Ghul, el líder de una secta criminal: subrepticiamente se nos apunta que la base del poder futuro de Batman no estará en el lado de la ley o de la justicia, sino en el otro extremo, en el mundo criminal, Batman asomará así menos como un héroe que como un terrorista bien intencionado. Su primer acto de independencia es uno de desobediencia en interés de la justicia, pero es también una traición en la que su mentor Ra's al Ghul en apariencia morirá.


Luego, cuando Bruce Wayne regresa a Ciudad Gótica, descubre que ya no existe un lugar para él: la ciudad ha madurado, simbólicamente se ha hecho adulta, de la manera en que ven la adultez los adolescentes, o sea, como un espacio para la desesperanza y la corrupción. Bruce Wayne por su parte ha aprendido en apariencia a conquistar su miedo, pero en realidad esto no lo ha llevado a superar sus traumas de la infancia, sino que por el contrario, a enquistarse aún más en ellos. Bruce Wayne encuentra que sus empresas están siendo manejadas por otras gentes que quieren a Wayne lejos para seguir ellos a cargo, que su amiga de la infancia ha seguido con su vida y ha madurado hasta un punto en que ya no conecta con un Bruce Wayne atascado en su pasado, y sólo el fiel mayordomo Alfred queda acompañándole: se insinúa a lo largo de toda la saga es el único que comprende que Bruce Wayne en realidad nunca ha dejado la niñez, y por lo tanto está dispuesto a seguir de niñera allí hasta donde haga falta llegar.

Ciudad Gótica por su parte es un pozo de corrupción, y sus ciudadanos no tienen el heroísmo ni el civismo para tomar la cruzada del bien en sus manos y limpiarla por ellos mismos; en definitiva, se merecen la ciudad deprimida que tienen. Se insinúa a lo largo de toda la franquicia que desean una ciudad mejor, pero no desean abandonar su hamaca para trabajar ellos mismos por ese objetivo; esto, por desgracia, es un fiel reflejo de la sociedad occidental de nuestros días. Bruce Wayne encuentra aquí un caldo de cultivo óptimo para sus demonios personales. En la película se menciona de manera explícita que Bruce Wayne podría usar su fortuna para construir una fundación o financiar a la policía, pero en vez de ello, elige el camino de la ilegalidad: transformarse en un vigilante. Para subliminar este componente criminal, Batman mismo elige difuminarse en medio de las sombras de la noche: se transformará en la encarnación del terror, en un símbolo más grande que él mismo, la sombra de la venganza que él siente y considera que es la justicia. Es una moraleja muy poco épica, de manera que la película se permite una salida más convencional para no tener que llevar su premisa hasta consecuencias socialmente inaceptables para la audiencia. Así, en un giro de guión se muestra que Ra's al Ghul sigue vivo, y ataca a Ciudad Gótica para crear un imperio de justicia por el terror. El gran final es el de Batman triunfante, pero al precio de abrazar ahora todo lo que significa el encapuchado: Batman ha nacido en definitiva, pero al precio de que Bruce Wayne se ha desdibujado hasta desaparecer.


“The Dark Knight” reincide y agudiza el conflicto presentado en la anterior. Batman seguido su cruzada contra el crimen organizado para limpiar la ciudad. Pero se da cuenta de que no puede ganar: ha luchado contra el demonio con las armas del demonio, y de esta manera, Ciudad Gótica siempre necesitará a un Batman, a un caballero negro que la defienda. Además, la ciudadanía y la policía le tienen tanto miedo a Batman como al crimen organizado, y con razón: después de todo, Batman ha expropiado la justicia y la ha concentrado en sus manos sin otra garantía que su propia palabra de que mantendrá un estándar. Batman ve esto, y jugará un gambito: se reemplazará a sí mismo, el caballero oscuro, por un caballero blanco que opere del lado del bien y de la legalidad, y que encarnará el nuevo fiscal Harvey Dent. Pero Dent no es un tipo impoluto: cuando investigó a los policías en el pasado, éstos le consideraron un traidor y le llamaron Doble Cara. Nuevamente, el bien absoluto que el Batman con su visión infantil de la justicia persigue es una ilusión: nadie es tan puro ni tan blanco.

Aún así, el plan quizás habría funcionado de no ser porque los mafiosos, asustados y demasiado presionados por la venganza devenida en justicia de Batman, sellan un pacto fáustico con alguien que los librará del encapuchado: el Joker. Este es la destilación misma del mal: a diferencia de Ra's al Ghul no busca destruir para erigir un nuevo orden más limpio y mejor, sino provocar el caos por el puro y simple amor a la destrucción. Siendo el mal puro que es, ni siquiera tiene un nombre, un pasado o una identidad propias; su meta final es destruir todo lo que de bondadoso exista en el mundo, y en ese sentido es el corruptor final en la saga: tenemos así una versión agnóstica del Satán cristiano. Al abrazar las armas del terror para luchar contra el terror, Batman de esta manera ha convocado al terror supremo: el mal en su encarnación pura. La aparición del mal supremo traerá infaustas consecuencias: la chica amada tanto por Bruce Wayne como por Harvey Dent morirá con crueldad suprema, la familia del Comisario Gordon se verá amenazada, el propio Harvey Dent dejará de ser el caballero blanco para caer en su propio lado oscuro y transformarse en Dos Caras, y Batman se verá obligado a convertirse de manera simbólica en el mal, en la encarnación de todo lo que Ciudad Gótica repudia, para seguir adelante con la purga del mal del infierno en que se ha convertido la ciudad.


Una parte importante en este esquema lo juega la escena de los ferrys. En su prueba final contra Ciudad Gótica, el Joker pone dos bombas en dos sendos ferrys, y les dice que para sobrevivir, deben volar el ferry vecino con un detonador que se les ha proporcionado. Al final, el Joker se ve fastidiado porque ninguno de los dos ha apretado el botón para salvarse. Batman le dice al Joker que la ciudad es decente, pero la verdad quizás es otra: en realidad nadie ha tenido las agallas para apretar el botón, nadie ha tenido el valor de hacer lo necesario para sobrevivir. En el ferry de los ciudadanos decentes, el buen hombre que vocifera sálvese quien pueda no tiene el valor para completar el trabajo; en el ferry de los prisioneros, en cambio, el prisionero que arroja el detonador por la ventana consigue su pequeño momento de heroísmo sólo porque ninguno de sus compañeros se atreve a hacer absolutamente nada para detenerlo. Superficialmente parece que los ciudadanos son decentes porque nadie ha apretado el botón, pero eso sólo vale para quien observa el escenario en su totalidad, como el espectador por ejemplo: para la persona involucrada en el juego, la opción más lógica es hacer el mal, el apretar el botón. Los ciudadanos en los ferrys se han salvado no por heroísmo, sino irónicamente por cobardía.

Esto no prueba que Batman sea necesario para salvar a los ciudadanos, por más que en su batalla final contra el Joker lo haga: sólo prueba que un sicótico como él tiene espacio para actuar únicamente porque una ciudadanía asustada y demasiado acomodaticia deja que el encapuchado haga el trabajo sucio por ella. En una escena anterior, esto se infiltra de manera más subrepticia. El Joker amenaza con asesinar ciudadanos cada día hasta que Batman se desenmascare. Este considera la opción de renunciar, ante lo cual Alfred le dice que no debe hacerlo porque Batman es el único capaz de tomar la opción que nadie más puede: la opción correcta. Es cierto, y suena heroico. Pero el contrapunto es que Batman como supuesto agente de justicia no responde ante nada ni ante nadie, y de hecho está a un paso de renunciar, antes que Harvey Dent se incrimine falsamente como el Batman. ¿Qué hubiera pasado si Batman se hubiera entregado? No hubiera quedado nadie para contender con el Joker, que recordemos, fue invocado por el mismísimo Batman y su cruzada. Si Batman fuera un funcionario público se le podría enjuiciar por notable abandono de deberes únicamente por esto. ¿Y si Batman hubiera decidido no rescatar a la gente de los ferrys yendo a por el Guasón? ¿Y si no hubiera podido localizarle? ¿Y si hubiera fracasado? La moraleja que se desliza a lo largo de todas estas situaciones, es el enorme daño que la ciudadanía se inflige a sí misma siendo cómoda y tolerando que Batman haga la limpieza por ellos.


“The Dark Knight Rises” lleva las cosas a su conclusión lógica. La ciudadanía por fin se ha empoderado, y presionando ellos o a través de sus instituciones, han conseguido que se apruebe la Ley Dent que por fin limpie las calles. El problema es que esta justicia se ha conseguido al precio de una mentira: de que Harvey Dent fue un hombre impoluto hasta el final y un modelo digno de aprecio, mientras que los pocos que saben, Batman y el Comisario Gordon, y el espectador también, tienen bien presente que Harvey Dent es un héroe caído. Una vez más se ha luchado contra el demonio con las armas del demonio.

Pero en apariencia, la jugada ha resultado. La ciudad ha abandonado la oscuridad y se ha transformado en un lugar luminoso para vivir. ¿Pero en verdad la ciudadanía ha recobrado su conciencia? La organización criminal de Ra's al Ghul, que ha seguido en activo, piensa que no: la luminosidad y la prosperidad en realidad sólo se han conseguido al precio de que unos pocos se entronicen sobre una masa de gentes. Y Batman ha sido instrumental en dicho triunfo, por lo que aspiran a dar un golpe doble: por un lado expondrán la hipocresía de los habitantes de Ciudad Gótica antes de barrerla para siempre, y además se vengarán del hombre que ha liquidado a su líder.


Una vez más, la ciudadanía de Ciudad Gótica demuestra no estar a la altura de las circunstancias. Bane promueve una rebelión social, halagando los instintos del populacho y dirigiéndolo contra los privilegiados. Dejemos de lado el polémico tema de si esta película está haciendo una crítica del movimiento Occupy Wall Street. Lo que la película nos muestra, es que a pesar de la dicha y la prosperidad, aún así la ciudadanía está dispuesta a revolverse a la primera oportunidad. Si de verdad hay injusticia social, ¿por qué no volcarla a través de medios institucionales o manifestaciones pacíficas? ¿Y por qué la ciudadanía se entrega tan fácilmente a un terrorista como Bane? La respuesta es fácil para quien haya visto las dos entregas anteriores: porque el común de los ciudadanos no son heroicos ni decentes.

Al aparecer Bane, Batman se da cuenta de que él es otra vez la única barrera entre la ciudadanía y el mal, y sale de la reclusión en que ha permanecido ocho años. Pero su cansancio y lo estéril de su batalla por derrotar al mal han hecho mella en él. Bane lo atrapa y consigue quebrarlo en todos los frentes: económico, privándole de su riqueza, físico, rompiéndole la columna, y moral, remarcándole que toda su lucha es fútil, y que el mal siempre engendrará una nueva cabeza. Todo lo que Batman ha sido, no ha servido para nada: en esta hora amarga vemos que jamás podrá limpiar al mundo del mal, que jamás podrá ser un sustituto para una acción ciudadana concertada y responsable. La cruzada de Batman termina aquí.


Ahora, a Bruce Wayne sólo le queda sanarse a sí mismo, hacer lo que debió hacer desde su niñez en primer lugar. Esto lo consigue simbólicamente naciendo de nuevo al salir hacia la luz a través del pozo de la cárcel en que Bane lo ha encerrado. Pero Bruce Wayne aún tiene que finiquitar asuntos pendientes con su vida anterior. Así, se vestirá una vez más el traje de Batman, ahora sin ser en verdad Batman, y librará una última batalla, por primera y única vez a la luz del día como símbolo de su carácter ahora como héroe resplandeciente que se ha sanado a sí mismo, para derrotar a las fuerzas de Bane. La conclusión será un sacrificio mesiánico en donde Bruce Wayne quemará simbólica y literalmente a Batman en fuego atómico, librándose en definitiva de él. Con esto consigue su victoria definitiva: se ha transformado en un símbolo inspirador para la ciudadanía, y también para un sustituto que tomará su manto y seguirá con su legado. Aunque después de todo lo que hemos visto, hay un guiño final: la estatua de homenaje a Batman pareciera sacada de “Rocky III”, lo que remarca una vez más el carácter artificioso de la admiración al héroe.

En cuanto a Bruce Wayne, su destino es algo más ambiguo. Se nos muestra una escena final en que el sueño de Alfred de verlo feliz y realizado, y con Batman definitivamente en el pasado, se ha cumplido; pero hablamos de una película del director de “El origen”, que también tenía un final feliz y muy sospechoso. Queda a criterio del espectador decidir si esa escena final es la realidad, y Bruce Wayne por fin ha conseguido sanarse de sus traumas y ha alcanzado una vida sana y feliz, o si Bruce Wayne ha perecido en la explosión nuclear que se ha llevado por delante también a Batman, en lo que sería un final demasiado temerario y deprimente para lo que las audiencias esperan de un blockbuster de Hollywood.

Como puede apreciarse, la trilogía deconstruye y subvierte un montón de aspectos propios del mito del superhéroe. Batman no es un héroe sino un sociópata que al utilizar el terror contra el terror, es también parte del problema que pretende solucionar. Los héroes decentes como el Comisario Gordon y Harvey Dent no son comprendidos ni admirados, sino por el contrario, perseguidos, acosados y aún destruidos por ser lo que Harvey Dent llama gente decente en tiempos indecentes. La ciudadanía por su parte no son víctimas inocentes de los villanos: en realidad son los últimos responsables del mal estado de las cosas en Ciudad Gótica. No hay verdadero heroísmo en esta trilogía, sólo un conjunto de circunstancias que se van enmarañando alrededor de un núcleo de personajes, y que por un resultado final que podría haber sido ése o cualquier otro, acaba con un triunfo del bien que, además, se nos insinúa firmemente que es provisional, ya que la batalla nunca podrá ser ganada en definitiva. En ese sentido es una trilogía con una honda carga filosófica y conceptual; que además de eso sea superheroica, en el contexto ortodoxo de lo que se supone es una historia de superhéroes a lo menos, es algo más discutible.

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