viernes, 30 de marzo de 2012

CIVIMPERIOS - Francia: El poder y la grandeza (Parte 5: El Imperio).



Aunque a la muerte de Napoleón Bonaparte parecía que el viejo orden anterior a 1789 volvía en gloria y majestad, esto no era así. En el intertanto se habían llevado a cabo numerosas reformas, y éstas debían por fuerza sobrevivir. Además, la sociedad francesa misma había cambiado. La antigua aristocracia había sido derrotada, y su lugar había sido tomado por la burguesía industrial. Francia estaba arrojada de lleno en la pendiente de la Revolución Industrial, y la maquinización atrajo a numerosos campesinos a las ciudades, que crecieron en tamaño. También produjo interminables problemas sociales, debido a la precarización del trabajo y la ausencia de leyes sociales que protegieran a los trabajadores. Esto encendería rebeliones sociales por parte del proletariado urbano a lo largo de todo el siglo XIX: en 1830 primero, en 1848 después, y en 1871 al último.

En el intertanto, Francia se construyó su propio imperio colonial. En 1830 invadió Argelia, y en años sucesivos, otros territorios africanos fueron invadidos. En los siguientes ochenta años, la presencia francesa se incrementó también en el Lejano Oriente, consiguiendo imponer su protectorado sobre Laos, Camboya e Indochina. Esto fue beneficioso para Francia, ya que le aseguró recursos y materias primas para su industria, enriqueciéndola como nación, aunque por supuesto, fueron los pueblos sometidos quienes se sintieron tratados con injusticia por el intercambio.

En lo político, Francia fue autoritaria durante todo el siglo XIX. A la restauración borbónica de Luis XVIII siguió el gobierno de Carlos X en 1830, que acabó derrocado sólo para que el poder cayera en manos de Luis Felipe de Orléans. Como gobernante, éste nada hizo por las clases trabajadoras, y en respuesta, durante las grandes rebeliones europeas de 1848, los franceses aprovecharon de echarlo a patadas. Hubo elecciones, y salió elegido Luis Napoleón como Presidente, quien al poco tiempo hizo un autogolpe y se proclamó Emperador Napoleón III de Francia, y a Francia como el Segundo Imperio. Este fue un gobernante ciertamente progresista, que emprendió grandes obras urbanas, protegió de lejos a los primeros pintores impresionistas, y aplicó algunas reformas sociales, no demasiadas tampoco, aunque sus continuos empeños por una política imperialista, incluyendo una fracasada invasión militar a México entre 1863 y 1867, le llevaron a chocar de frente con una creciente Prusia. En 1870 estalló la Guerra Franco-Prusiana, y el Segundo Imperio llegó a su fin.



Fue proclamada la Tercera República, la que pronto se vio sumergida en la corrupción y la inoperancia. El espectro político iba desde los socialistas hasta los partidarios de restaurar la monarquía. Bajo esos años, Francia vivió la Belle Epoque, y París se transformó en “la Ville-Lumière”, la Ciudad Luz, el centro de la cultura europea.

Sin embargo, al paso del siglo siguiente, Francia se transformaría en uno de los peores campos de batalla de Europa. En 1914, a consecuencias de la enredada diplomacia europea, Francia se vio arrastrada a la Primera Guerra Mundial. Alemania invadió el territorio y estuvo a punto de tomar París, antes de que ambos bandos se quedaran atascados en la Guerra de Trincheras. El nudo sólo pudo desatarse con la entrada de Estados Unidos en la guerra. En 1919 se firmó el Tratado de Versalles, en que Francia hizo todo lo posible por hundir a Alemania a una potencia de segundo orden. Pero bajo Adolfo Hitler, Alemania emprendió un veloz rearme, y Francia fue una vez más atacada en 1940. Esta vez, buena parte de la responsabilidad radica en la incompetencia del propio alto mando francés, con modelos militares vetustos que no consideraban los tanques o la aviación. Francia quedó dividida entre el norte ocupado y el sur bajo un régimen colaboracionista con capital en Vichy, con una activa Resistencia impulsada por el general Charles de Gaulle. Finalmente fue liberada en 1944, y se recompuso lo suficiente como para sentarse a la mesa de los vencedores en 1945.



La Francia posterior cayó en la órbita de la OTAN, al tiempo que perdía sus colonias en el este de Asia, y Argelia se rebelaba. En 1958 llegó al poder Charles de Gaulle, que instaló un gobierno autoritario. A un tiempo, de Gaulle reconoció la incapacidad para seguir controlando Argelia, y le dio la independencia en 1963. De Gaulle emprendió en lo internacional una activa política nacionalista, retirando a Francia de la OTAN y buscando convertirse en potencia nuclear. Otro golpe a la cátedra fue el Tratado del Elíseo, firmado en 1963, en que reconciliaba a Francia con Alemania Occidental. De Gaulle fue sorprendido por las manifestaciones estudiantiles de 1968, y se sometió a un plebiscito que perdió, renunciando entonces al poder y retirándose a la vida privada, en donde fallecería en 1970.

Entretanto, Francia había sido miembro activo de las iniciativas para la unificación europea, incluyendo la Comunidad Económica Europea. En 1992 firmó el Tratado de Maastricht y pasó a integrar la Unión Europea, aunque en el plebiscito de ratificación, la opción de unirse estuvo en un tris de ser derrotada. A través de Francia, algunas antiguas colonias han pasado también a formar parte de dicha Unión. Si el proceso de unificación europea sigue adelante con la participación francesa, entonces es seguro decir que habrá acabado aquí una larga historia que principia casi un milenio antes, de la nación que ha sido quizás el gran pivote del mapa político europeo desde la Edad Media hasta la actualidad.

martes, 27 de marzo de 2012

Tributo a Frank Grimes.


El año pasado escribí un artículo acerca de por qué "Los Simpsons" habían pasado de ser uno de los mejores programas de televisión de todos los tiempos, a algo que ya empezaba a oler a cadáver (pinchar aquí si no lo han leído). Pero no quiero ser tan resentido con un programa que tantos buenos momentos me ha dado. De manera que, después de dedicarle un posteo negativo, ahora va uno positivo sobre el programa. Y puesto a elegir mi episodio favorito, probablemente tenga que decantarme por el relativo a Frank Grimes.

Recapitulemos. El personaje apareció por primera vez, y única hasta donde sé, en el capítulo "El enemigo de Homero". Es el número 176 en total, pertenece a la octava temporada, y fue estrenado en Estados Unidos el 4 de Mayo de 1997. Frank Grimes es el mencionado enemigo de Homero, y están condenados a no entenderse porque su escala de valores son divergentes hasta el extremo.

El capítulo se abre majestuosamente con un breve reporte televisivo en donde vemos que Frank Grimes es un héroe porque "lo ha obtenido todo por la vía difícil" (no textual porque cito de memoria, pero trato de ser lo más ajustado posible al original). Lo vemos en distintos episodios de su biografía en donde una serie de descacharrantes accidentes le han hecho la vida imposible. Aún así es un personaje heroico, porque no se ha echado a morir, sino que se ha empeñado el doble para surgir y salir adelante. Este reporte es visto por Montgomery Burns, el jefe del reactor nuclear de Springfield, quien ordena contratar a Frank Grimes. Ahí es donde se prepara la máxima tragedia de la vida de este hombre que lo ha obtenido todo por la vía difícil: Homero Simpson.

Nada más conocerse, Homero Simpson y Frank Grimes chocan como trenes. Con su carácter bienintencionado y bonachón, pero a la vez estúpido y egoísta, Homero Simpson trata de ser amable y amistoso con Frank Grimes. Por supuesto, tratándose de Homero Simpson, ni siquiera se preocupa por conocerlo, sino que lisa y llanamente asume que el recién llegado es como él. Dentro de su ingenuidad, Homero Simpson se muestra a sí mismo tal y como es en realidad: flojo, patán, irresponsable. Para Frank Grimes, a quien sus sacrificios le han dado un enorme sentido de la responsabilidad, esta actitud resulta enormemente chocante, pero trata de sobrellevarla como mejor puede, acostumbrado como está a los golpes de la vida.



Y aquí es donde empieza a gestarse el drama. Porque Frank Grimes es un amargado, algo comprensible por la vida que le ha tocado, pero también una persona que vive y deja vivir, mientras que Homero Simpson no puede dejar de comportarse como una prima donna. Al ver que Frank Grimes no le hace ningún caso, en vez de tomárselo como una muestra de respeto por el espacio personal y de tolerancia ante las diferencias, Homero lo considera un rechazo, y trata de hacerse amigo de Frank Grimes a la fuerza. Pero una vez más, Homero no trata de entender el punto de vista de Frank Grimes: le basta con que le demuestre afecto y aprecio a través de la camaradería que manifiesta con sus otros compañeros de trabajo como Lenny y Carl, sin que sea importante que ese aprecio sea sincero o fingido. Además, Homero Simpson es torpe en sus intentos por llamar la atención, e irrita a Frank Grimes con su torpeza. Y con razón. La ira de Frank Grimes crece cuando descubre que Homero Simpson vive en una enorme casa, mientras que él mismo está en un departamento miserable, y cuando le pregunta cómo lo hace, Homero Simpson le da una respuesta perfectamente estúpida: "No sé, la economía funciona así"... Frank Grimes termina perdiendo los estribos, y le dice en la cara a Homero que a partir de ese instante, son enemigos.

Si Homero Simpson no entiende a Frank Grimes, tampoco Frank Grimes parece entender a Homero Simpson. Siendo ahora abiertamente rechazado, Homero redoblará sus esfuerzos por romper la tensión, sin el menor gramo de autocrítica acerca de que él mismo ha provocado todo. Muy en el fondo, considerando la personalidad de Frank Grimes y su comportamiento posterior a la declaración de guerra, resulta claro que decirle "a partir de ahora somos enemigos" es una manera de deshacerse de él, no de hacerle la guerra en verdad. Por lo que el comportamiento posterior de Homero no puede hacer otra cosa sino enajenarlo. Y le tiende una trampa: engañarlo para hacerlo entrar a un concurso para niños, únicamente para demostrar lo estúpido y ridículo que es.

Y aquí es donde el episodio pasa de ser una estupenda comedia negra sobre relaciones humanas, a la más horrible y vitriólica crítica social que "Los Simpsons" ha lanzado jamás. Resulta que Homero Simpson GANA el concurso, a pesar de no ser un niño, porque LA SOCIEDAD ENTERA, simbolizada por los compañeros de trabajo del reactor nuclear, incluyendo al propio jefe que los ha contratado, son demasiado estúpidos para darse cuenta del sinsentido. Lo que provoca el colapso definitivo de Frank Grimes, quien entra en frenesí y empieza a hacer cosas que rompen todas las reglas de seguridad. Pero hay un matiz que Frank Grimes no entiende: los estúpidos sólo rompen las reglas cuando es en su conveniencia, y el resto del tiempo las siguen como borregos no porque sean razonables ni por su propia seguridad, sino simplemente porque son borregos. Frank Grimes en cambio se ha vuelto caos y anarquía en estado puro. Nada de raro entonces que se lleve una electrocución que lo lleva a la tumba.

La mayoría de los capítulos de "Los Simpsons", a lo menos los tempranos, terminan con una escena emotiva final en que se nos dice de alguna manera que no importa qué tan malo sea el mundo allá afuera, siempre hay algo o alguien a quien uno se puede aferrar para hacerlo más soportable. Pero no éste. Cuando vemos una ocasión que podría ser tan emotiva como lo es el funeral de Frank Grimes, Homero Simpson se queda dormido de manera irrespetuosa, y dice entre sueños: "¡Ay, cámbiala, Marge!". Todos a su alrededor se ríen. Homero Simpson aparece aquí de lleno como el vampiro emocional que es: Frank Grimes sólo ha tenido valor para él mientras ha estado en su vida, y sólo ha tenido valor en cuanto fuente de gratificación emocional. Ahora que Frank Grimes está muerto y no puede quererlo ni adorarlo, sus restos no valen nada, ni siquiera el último respeto que la sociedad suele tributarle a sus difuntos. Nunca el mundo de "Los Simpsons" resultó ser tan vacío, terrorífico y negro como en esta escena, ni nunca lo volverá a ser otra vez.

El episodio es también un horrible destello de autoconciencia dentro del programa. Veámoslo dentro del contexto. Cuando "Los Simpsons" partió, era un programa rupturista porque mostraba a una familia fuertemente disfuncional, y lo hacía de una manera muy crítica, enfatizando lo pobres diablos que son. Pero el público en general no parece haber captado el mensaje, y terminó entronizando estos antivalores como el motivo fundamental por lo que el programa iba a ser respetado. Homero Simpson fue dibujado como lo que un ser humano NO debe ser, en términos de egoísmo, inmadurez e irresponsabilidad, y la gente en vez de tomar nota, decidió que Homero Simpson era su héroe porque era otro como ellos. Andando el tiempo, el programa mismo evolucionó en esa dirección, transformando a la familia Simpson de antihéroes en héroes de pleno derecho.



Y entonces aparece Frank Grimes, un personaje que es un alienado no sólo porque ha tenido una vida difícil, sino porque es el único personaje en toda la serie que manifiesta RESPONSABILIDAD. Hablamos de una serie con un elenco de secundarios de doscientos o trescientos personajes, así es que esto es algo horrible de pensar. Frank Grimes es la voz de la razón: es responsable, serio, se escandaliza con la irresponsabilidad de los demás, pero en general vive y deja vivir, sin que esto signifique el empequeñecerse o renunciar a sus puntos de vista para acomodarse a los demás. Y todo esto lo hace alguien muy incómodo entre la plétora de irresponsables, frívolos, pero en la penumbra poco tolerantes vecinos. Porque por debajo de su actitud campechana y de buenos coleguetes, a los compañeros del reactor nuclear les importa un bledo el punto de vista ajeno, y desde luego que no aceptan a alguien que sea un ejemplo moral para ellos. Pero les resulta más sencillo ignorarlo que hacerle la guerra de manera abierta. Salvo para Homero Simpson, que no es capaz de aceptar la diferencia ni hace autocrítica, y que en definitiva, de manera inconsciente, pretende arrastrar a Frank Grimes por el fango hasta transformarlo en alguien igual a él mismo. Al final lo consigue, de manera metafórica, después de lo cual lo ignora, lo que hace planear una sombra terrible: cuando muera, el propio Homero Simpson será ignorado por los demás.

Y se hace peor. Habida cuenta de la creciente simpatía de los fanáticos hacia Homero Simpson, y el trato indignante que éste le da Frank Grimes, la moraleja del episodio es que Homero Simpson ERES TÚ, y que si te simpatiza el personaje, entonces eres tan despreciable como él. Pocas veces un programa televisivo se ha revuelto de manera tan decidida contra su propia audiencia y le ha dado un par de bofetones tan bien asestados en el rostro. El golpe fue tan brutal, que el propio programa se retractó cobardemente de su postura, cuando en un episodio posterior arrastró por el fango a Frank Grimes adjudicándole un hijo perdido en circunstancias más que turbias, enlodando de este modo la brillante moraleja del personaje. O a lo mejor, esta fue otra bofetada en que le dicen al espectador que "así es como ustedes querían ver a Frank Grimes, así de enlodado y defenestrado de su pedestal, ¿verdad?". Aunque esta última interpretación puede ser un poco retorcida, teniendo en cuenta que dicho episodio ("El gran detective criminal") tuvo la inepcia típica de los episodios más recientes de la serie.

Por desgracia, fue la última vez en que el programa fue así de ácido y crítico. Hubo episodios memorables después, pero en cuanto al aspecto crítico, el programa se rindió. Igual como Frank Grimes. Y es que son tiempos difíciles para ser alguien decente, en medio de tanto idiota suelto allá afuera. Por eso, Frank Grimes, con todos sus defectos e imperfecciones, incluida su incapacidad para entender y tolerar a la masa, se merece un tributo. Después de todo, el dueño de la tienda de historietas tiene a un montón de gente homenajeándolo, cuando en realidad es un pobre friki mediocre incapaz de buscarse una vida, y por lo tanto, resulta casi de recibo dedicarle a lo menos un humilde homenaje a un personaje bastante mejor desde varios puntos de vista.


domingo, 25 de marzo de 2012

Crónicas Antrópicas 13 - "Bajo el Imperio Romano".


En el período de tiempo que va desde el estallido de la Primera Guerra Púnica (264 antes de Cristo) hasta el Combate Naval de Accio (31 antes de Cristo), la República Romana pasó de ser una potencia regional en Italia, a la soberana absoluta del Mar Mediterráneo, transformándose en el Imperio Romano de paso. La imposición de una única Pax Romana al mundo mediterráneo llevó consigo varios cambios sociales. Por un lado, la mayor parte de las guerras fueron desterradas a las fronteras y más allá. Por el otro, una única administración se hizo cargo de la Ecumene; en verdad, la Ecumene misma que había sido adelantada como concepto por los pensadores, se hizo una realidad sociopolítica y llegó a identificarse con el Imperio Romano. En la mentalidad de los romanos, el Imperio Romano no era un Estado como lo entendemos hoy en día, y el concepto de la "cosa pública", la "res publica" en latín, había quedado subsumido en el patrimonio de la familia de los Césares, y más o menos confundido con éste. Para dicha mentalidad, el Imperio Romano era la colección de todas las tierras civilizadas conocidas, es decir, un espacio geográfico y humano, no sólo una entidad política.



Sin embargo, la ciencia romana iba a pagar un precio por los trastornos debidos a la imposición del Imperio Romano. Durante el mismo, grandes masas proletarias habían quedado varadas y empobrecidas, a merced de los capitalistas romanos que especularon con las conquistas y se enriquecieron a cuenta del botín arrebatado a los reinos orientales. En este caldo de cultivo social en que se mezclaron soldados empobrecidos, campesinos arruinados y esclavos orientales desarraigados, no hubo mucho espacio para la cultura. Por el contrario, fueron el misticismo y las ideas religiosas las que fueron progresando y ganando la partida. La mentalidad de la época retrocedió. Esta nunca había abandonado la superstición, y teniendo la ocasión de levantar cabeza otra vez, ésta se apoderó en la práctica totalidad del campo, atacando al gran bastión de la misma: la clase alta, erudita e ilustrada. La cultura científica que estaba entonces contenida en la misma, incluso dentro de ella misma retrocedió.



Los romanos tomaron las ideas filosóficas y científicas procedentes de los griegos, en particular desde Alejandría, pero no se preocuparon por innovar más allá. Incluso el foco cultural de Alejandría pareció apagarse: su Biblioteca siguió en activo, pero había sido gravemente lastrada después del incendio del año 47 antes de Cristo, que aconteció a resultas de cuando Julio César atacó militarmente Alejandría. Los romanos que más aportaron a la ciencia y a la concepción del mundo, fueron los tratadistas. El más importante de ellos fue probablemente Plinio el Viejo, quien escribió hacia el año 70, y falleció en la erupción del volcán Vesubio del año 79. La "Historia natural" de Plinio recopiló lo más granado y avanzado de la ciencia de su tiempo, en una verdadera enciclopedia del conocimiento de su época; todavía después del Renacimiento seguía siendo un libro de cabecera para muchas materias. Otros tratadistas incluyen a Dioscórides, cuyo tratado sobre herbolaria fue esencial hasta el Renacimiento. El más importante de los romanos tratadistas es probablemente Galeno, cuyos textos de Medicina fueron la base de la disciplina durante la Edad Media.


Con el estancamiento de la ciencia bajo los romanos, sucedió otro tanto con su visión de mundo, la que ya no evolucionó. Unicamente dentro de las paredes de la Biblioteca de Alejandría se seguía produciendo conocimiento útil. E incluso adentro, la labor de investigación estaba siendo sustituida por la labor de compilación. Hacia el año 150, el astrónomo griego Claudio Ptolomeo escribió un texto que después los árabes llamarán "Almagesto". El "Almagesto" es la recopilación de todo el saber astronómico de su tiempo, un trabajo honesto para compendiar en un solo volumen todo lo que un astrónomo debía saber sobre su materia. Desafortunadamente, a pesar de que los alejandrinos conocían la teoría heliocéntrica postulada con argumentos científicos por Aristarco de Samos, Ptolomeo se decantó por el geocentrismo. Para explicar las órbitas planetarias tomó el complicado sistema de círculos llamados epiciclos y deferentes, postulados en detalle por Hiparco. Con Ptolomeo, quedaba asentado que la Tierra, como cuna de la Humanidad, era el centro del universo. Ese antropocentrismo aplicado a la Astronomía, pesaría lo suyo después.



En el siglo III, incluso el centro cultural alejandrino colapsó. El Imperio Romano sufrió una serie de desórdenes y guerras civiles, en que la cultura urbana se empobreció a tal punto, que muchas áreas del imperio se ruralizaron de nuevo. Alejandría quedó atrapada en el fuego cruzado, y su escuela de pensamiento se secó en su mayor parte. Aún así, el mismo siglo III produjo aún otro gran matemático griego, en la figura de Diofanto. Por desgracia, su obra posterior se perderá en buena medida, pero lo que queda, evidencia que desarrolló mucho del álgebra que los europeos deberán después redescubrir trabajosamente durante el Renacimiento. Fue el último destello de genio en un mundo en que la ciencia, después de su espectacular despegue jonio, se hundía de nuevo en el crepúsculo. Y aún faltaba el más poderoso ataque que iba a recibir la ciencia grecorromana, el decisivo: la irrupción del Cristianismo.

Próxima entrega: "El final del mundo pagano".

viernes, 23 de marzo de 2012

CIVIMPERIOS - Francia: El poder y la grandeza (Parte 4: La revolución).



A la muerte de Luis XIV en 1715, asumió el trono su bisnieto Luis XV. En general, Luis XV fue un rey bienintencionado, pero débil, que dejó acumularse la esclerosis sobre el aparato estatal. Bajo su gobierno, la nobleza recobró mucho del poder que había perdido bajo su predecesor. Luis XV se vio involucrado en el juego político europeo sufriendo algunas enormes pérdidas al verse obligado a ceder sus colonias en la India y Canadá a Inglaterra. Se dice que Luis XV dijo: “Después de mi, el diluvio”, como advirtiendo que se venían cambios revolucionarios. Bajo el gobierno de Luis XV floreció la Ilustración, y con ella llegaron ideas nuevas: democracia, soberanía popular, derechos humanos. Todos estos conceptos involucraban por supuesto la eliminación de la monarquía absoluta, algo que no querían las clases privilegiadas, ni el rey tampoco.

En 1774 llegó al trono de Francia un experto relojero llamado Luis XVI. Demasiado débil, demasiado evasivo, demasiado deseoso de que todo siguiera como siempre, oscilaba entre escuchar a sus competentes ministros de economía que le aconsejaban recortar privilegios, y los aristócratas que boicoteaban cualquier iniciativa de reforma económica. En la época de Luis XVI, la economía de la Corona estaba complicada porque la corte y el Estado gastaban mucho, y con impuestos se recaudaba poco porque las clases privilegiadas estaban exentas en buena medida de ellos. El conflicto llegó a un atolladero, y Luis XVI convocó a los Estados Generales, en que representantes de los privilegiados y del pueblo llano conferenciarían para acordar reformas.

Los privilegiados aprovecharon la instancia para obstruir cualquier reforma, y además, para sancionar el orden establecido con aires de legitimidad. Extorsionados de esta manera, los diputados por el pueblo llano se separaron y crearon la Asamblea Nacional. Luis XVI, preocupado por lo que sentía como insubordinación, ordenó disolverla por las armas, pero los soldados se negaron a obedecer. El despido del popular ministro Necker fue la gota que colmó el vaso, y el pueblo de París se tomó por asalto la Bastilla, una fortaleza medieval que servía como prisión monárquica. Era el año 1789.

Los eventos se precipitaron. Sobrepasado, Luis XVI le juró lealtad a la nación. Los diputados crearon una Constitución, en la que siguieron manteniendo al rey, pero sólo le dieron la facultad de vetar las leyes. En el intertanto, Luis XVI realizó un intento de fuga, pero fue descubierto y reconducido a París, lo que le valió el repudio generalizado. Luis XVI se decidió a utilizar entonces su única arma de presión, que era usar la facultad de veto que la Constitución le garantizaba, y se negó a seguir pasando leyes aprobadas por la ahora llamada Asamblea Legislativa. El pueblo sintió esto como una traición, y Luis XVI fue arrestado y depuesto. El poder quedó en manos de un nuevo órgano colegiado, la Convención.

En el intertanto, en 1792, las monarquías europeas se coaligaron para atacar a Francia, buscando aplastar la Revolución, para que ésta no se contagiara a sus propias naciones. Los franceses obtuvieron un respiro gracias a su apabullante victoria en la Batalla de Valmy. Buena parte de los triunfos bélicos franceses posteriores se explican porque los principios democráticos tuvieron una inesperada aplicación militar: la conscripción militar universal.



A su vez, por manejos políticos, el poder se concentró desde la Convención a un órgano aún más pequeño, el Comité de Salvación Pública. Encabezado por Maximiliano Robespierre, esta comisión ordenó la ejecución sumaria de todos los que consideraba enemigos de Francia. Comenzó el Terror, con un interminable desfile de aristócratas con rumbo a la guillotina. El mismo Luis XVI y su esposa María Antonieta sufrieron tal destino. Y cuando los aristócratas fueron guillotinados en su mayoría, el Comité siguió con cuantos enemigos reales o imaginarios pudieron encontrar. El Terror degeneró en persecusión política. Finalmente, un grupo de miembros de la Convención, temiendo por sus vidas, dio un golpe de estado en 1794, arrestó a Robespierre, y lo llevaron en menos de 24 horas al mismo destino: la guillotina. Así acabó el Terror.

La ejecución generalizada de altos oficiales del ejército, todos aristócratas, provocó un enorme tiraje en la chimenea. De esta manera fue que un general de 27 años, Napoleón Bonaparte, hizo una carrera fulgurante. Gracias al favoritismo del nuevo poder político, el Directorio, Napoleón obtuvo campañas militares en Italia y Egipto, que le labraron el prestigio suficiente para él mismo a su vez derribar al Directorio. Entre 1799 y 1815, Napoleón Bonaparte fue el amo efectivo de Francia, y sumergió a Europa en una gigantesca oleada de guerras que remataron sólo con su derrota en la Batalla de Waterloo. El Congreso de Viena de 1815 hizo volver a Francia a sus fronteras anteriores a 1792, y a la monarquía absoluta.


Pero la obra maestra de Napoleón Bonaparte, en lo que a Francia se refiere, fue haber consolidado la eliminación de los últimos resabios de feudalismo en Francia, y refundar el mapa administrativo del país. Asimismo, bajo su iniciativa fue promulgado el Código Civil Francés, apodado Código Napoleónico en su honor, que es una de las más notables obras legislativas de todos los tiempos, y modelo para una interminable serie de códigos a lo largo del mundo. Además, aunque aplastados por el minuto, los ideales de 1789 siguieron propulsando la historia por los siguientes dos siglos.

Sigue en la quinta parte y final.


miércoles, 21 de marzo de 2012

"Cuando era un niño...".


Cuando era un niño el mundo era una cosa muy bella,
un enorme y cariñoso lugar llamado planeta Tierra,
y tenía un Sol que brillaba maravilloso y radiante
sobre un suelo lleno de seres como diamantes.
Algún día yo inventaré una nueva joya reluciente
con la cual el mundo será aún más excelente,
con la cual incluir un nuevo color en la paleta
y darle un nuevo cálido viento a la veleta.

Cuando era un joven el mundo era ancho e invitante
y yo estaba lleno de fuerzas para ir a conquistarte.
Los mares eran extensos y los cielos acogedores
y las nubes me guiarían hacia los alrededores.
Algún día yo encabezaré alguna expedición lejana
y regresaré con el rayo de Jove y el cetro de Diana,
y los pondré a tus pies para conquistar tu corazón.
¡Juntos estaremos por siempre estación tras estación!

Y ahora que estoy atascado en este mundo de mierda
en donde desperdiciaré el resto de mi vida entera,
ya no quedan esferas de fantasía ni sueño ninguno,
sólo el desierto que brama viniendo desde el futuro.
Algún día esta pesadilla sabida rematará en la tumba
y mi voz ya no se alzará desde la memoria profunda
en que su silencio es el premio por soportar la existencia.
Porque ilusionar y destrozar, sobre ésa no hay peor violencia.

domingo, 18 de marzo de 2012

Crónicas Antrópicas 12 - "El esplendor de Alejandría".


En el siglo IV antes de Cristo, el mundo griego experimentó una serie de revoluciones sociales. La mayor parte de las pólis, las ciudades estado griegas, habían vivido en los siglos precedentes un proceso de apertura política, desde las primitivas monarquías aristocráticas hasta sistemas políticos bastante democráticos. Atenas era quien había llegado más lejos en este proceso. Pero a partir de esta época, el proceso dio marcha atrás. Muchas razones explican esto, pero una de ellas tiene que ver con el reemplazo de la antigua vida frugal por una llena de lujos y comodidades, como resultado de la apertura de rutas comerciales gracias al Imperio Ateniense. Con ello, el foco de la vida de cada griego se volcó de lo público a lo privado. El desinterés de los griegos en defender la democracia en las ciudades donde ésta existía, y también la degeneración de la democracia en demagogia en muchos lugares, Atenas incluída, ayudó al ascenso del caudillo Alejandro Magno. Es cierto que las ciudades estado griegas lucharon por su libertad, pero no es menos cierto que muchos griegos veían la lucha como inútil, y se habían pasado abiertamente al partido macedónico. Cuando Alejandro Magno conquistó el Imperio Persa, el destino quedó sellado: el futuro ya no pertenecería a las pequeñas ciudades democráticas, sino a extensas monarquías absolutas de corte oriental. El mundo griego, por su parte, se expandió hasta ocupar todo el Mediterráneo Oriental, así como el antiguo y ahora conquistado Imperio Persa. En el proceso, se mezcló con tradiciones orientales y formó una nueva cultura, que suele llamarse "helenística" para distinguirla de la cultura "helena" anterior.


En el mundo helenístico, el antiguo foco de cultura que era Atenas no desapareció, pero pasó a un modesto segundo lugar. La antorcha pasó a otras ciudades que eran capitales de grandes imperios. Una de esas ciudades, Pérgamo, le dio nombre a una nueva forma de almacenaje de información: el pergamino. Pero la más importante de ellas fue Alejandría. Fundada por Alejandro Magno en 332 antes de Cristo, la ciudad se transformó en centro y capital del reinado de la dinastía griega de los Tolomeo en Egipto. Los mismos engalanaron a la ciudad con, entre otras cosas, la famosa Biblioteca de Alejandría, el más grande compendio de cultura del mundo antiguo. Asimismo, le dedicaron a las musas, las diosas de la cultura, un templo que se transformó en depósito de tesoros culturales de todo el mundo antiguo: el edificio, llamado Museum, le dio nombre después a todos los museos actuales del mundo.



En Alejandría, las ciencias experimentaron un enorme desarrollo. Quizás el más grande de los científicos alejandrinos fue Eratóstenes. Hombre de vastos intereses, un contemporáneo envidioso lo llamó "beta", la segunda letra del alfabeto griego, diciendo que era el segundo mejor en todo. Pero esta anécdota refleja que Eratóstenes era sin lugar a dudas un hombre universal, quizás el Leonardo da Vinci de su tiempo. El más célebre experimento de Eratóstenes fue arribar al descubrimiento de que la circunferencia de la Tierra debía ser unas cincuenta veces la distancia entre Alejandría y una ciudad llamada Siene (la actual Asuán), comparando el largo de la sombra del Sol al mismo tiempo en ambas ciudades. Luego midió la distancia entre las dos, y arribó a un resultado que no fue mejorado sino hasta el siglo XVIII. A través de éste y otros desarrollos científicos, la noción griega de la Ecumene siguió creciendo: la ciencia comenzaba en efecto a revolucionar nuestra visión del mundo.


Con todo, si bien los primeros siglos de Alejandría deben contarse entre los más altos hitos culturales de la historia humana, tampoco debe sobreestimarse su importancia. Los científicos y sabios de Alejandría trabajaban reclusos en su pequeño mundo intelectual, cuyos resultados no iban a parar a las masas. Estas seguían tan iletradas como siempre. En Alejandría seguía existiendo la religión, y aún la superstición. Los reyes Tolomeo apoyaban y financiaban a sus científicos un poco por ver qué se podía aprovechar de sus invenciones, y un poco por genuino interés en la ciencia, pero no apoyaron nunca un programa para culturizar a las masas. Aún así, cuesta encontrar otro lugar en el mundo y en la historia en donde un rey impaciente le grita a un geómetra como Euclides acerca de un método más rápido para aprender geometría, y Euclides le responde: "En la vida existen caminos para los reyes, y caminos para la gente común, pero no hay caminos para los reyes en Geometría".



El núcleo cultural de Alejandría tuvo también otro punto de importancia: en el cristalizaron la cultura griega con la del Medio Oriente, en un solo gran todo. Dentro de Alejandría, un poco en paralelo al mundo de la Biblioteca y el Museo, vivía la más grande comunidad judía del mundo. En ella, hacia el año 250 antes de Cristo, se tradujo por primera vez el Antiguo Testamento al griego, en una edición llamada la Septuaginta. Con este movimiento, empezó a prepararse la integración de la filosofía griega con la religión hebrea primero, y cristiana después. Alejandría fue así no sólo el caldero en donde la ciencia comenzó a ampliar nuestra visión del mundo, sino también el lugar en donde las antiguas verdades religiosas que luchaban por sobrevivir, encontraron nuevas maneras y discursos para perpetuarse. El conflicto entre la religión y la ciencia en el mundo occidental empezaba así lentamente a larvarse.

Próxima entrega: "Bajo el Imperio Romano".

viernes, 16 de marzo de 2012

CIVIMPERIOS - Francia: El poder y la grandeza (Parte 3: El Estado).



Después de la Guerra de los Cien Años, Francia era una nación moderna en el pleno sentido del término. El régimen feudal seguía existiendo en las provincias, pero en general la aristocracia militar había sido muy debilitada, la burguesía en las ciudades era la principal fuerza económica, y existía un Estado centralizado sobre todo el territorio. Además existía un sentimiento nacional francés. Con todo, Francia aún no abarcaba todo el territorio de la actual, y en muchos lugares no llegaba a los Alpes o al río Rin.

En 1494, Carlos VIII de Francia hizo una excursión militar por Italia, llegando hasta Nápoles casi sin resistencia. Fue el inicio de un largo ciclo de guerras en que Francia se vio envuelta hasta 1559. En dicho ciclo, la monarquía nacional francesa afrontó una nueva amenaza; el rey español Carlos I, coronado en 1516, consiguió coronarse Emperador de Alemania en 1519. Francia quedaba así atenazada entre Alemania y España formando un frente único en su contra. Para mala suerte de Carlos V de Alemania, éste debió dispersarse entre demasiado enemigos. Esto fue la salvación de Francia, que no vaciló en aliarse incluso con infieles musulmanes, en concreto con el Imperio Otomano, para que éste sirviera como distracción de España en el Mar Mediterráneo.

Durante la primera mitad del siglo XVI, el Renacimiento en toda su gloria arribó a Francia. Se construyeron castillos de nuevo estilo, y se desarrolló toda una nueva escuela de pintores renacentistas franceses. Francia tomó también el relevo de Italia como punta de lanza del mundo jurídico europeo.



La segunda mitad del siglo fue más movida, cuando la Reforma Protestante se volvió un tema. Esta había estallado con la rebelión teológica de Martín Lutero en 1517, en Alemania. La variedad de protestantes que se hizo popular en Francia fue el calvinismo, muy popular entre los hombres de negocios porque su determinismo era una bendición implícita a los burgueses, ya que bendecía el dinero y el capital como muestras del favor divino; debemos recordar que Francia era una de las naciones más ricas de Europa. En Francia, los calvinistas fueron llamados hugonotes, por razones etimológicas no del todo claras. Las guerras entre calvinistas y católicos duraron prácticamente cuatro décadas, con episodios tan sangrientos como la Matanza de San Bartolomé. Finalmente en 1598, el rey Enrique IV aceptó convertirse del calvinismo al catolicismo, remarcando lo cínico de sus motivos con la frase “París bien vale una misa”. A continuación pronunció el Edicto de Nantes, que garantizaba la libertad de religión tanto a los hugonotes como a los católicos, poniendo efectivo fin a las guerras de religión en Francia.

Con Enrique IV llega al trono francés una nueva dinastía, la Casa de Borbón. Enrique IV falleció en 1610, apuñalado por un fanático católico. Su hijo Luis XIII heredó el trono, pero nunca se mostró verdaderamente interesado en él. El poder efectivo quedó en las manos del Cardenal de Richelieu, un político de verdadero temple maquiavélico que no dudó en perseguir a los protestantes dentro de Francia para consolidar una nación religiosamente unida, a la vez que aliarse con potencias protestantes extranjeras para atacar a otras potencias católicas, siendo él mismo un cardenal de la Iglesia Católica. Richelieu es popular hoy en día como el maquiavélico villano de la novela “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas, pero el Richelieu de verdad marcó una diferencia, modernizando a Francia y consolidando aún más el poder real.


Muertos Luis XIII y Richelieu, el poder cayó en las manos de un niño llamado Luis XIV, aunque el verdadero señor de Francia era el cardenal Mazarino. El poder real pasó algunos malos años debido a las rebeliones de aristócratas y del populacho, que fueron llamadas la Fronda. A la muerte de Mazarino en 1661, Luis XIV declaró asumir el poder en persona y no mediante un favorito, y de inmediato ordenó la construcción de un nuevo palacio de gobierno en el pueblo de Versalles, a una distancia segura de París. La nueva capital tendría varios propósitos: sería el edificio adecuado para la creciente burocracia estatal, impondría una etiqueta a los cortesanos para obligarlos a permanecer sumisos y sin rebelarse, y crearía una imagen de la “grandeur de la France”. En todo esto, el Palacio de Versalles fue exitoso. Durante el siglo XVIII, todas las potencias europeas imitaron la arquitectura versallesca, así como sus métodos para lidiar con sus propias aristocracias indóciles. Es menester señalar que Luis XIV, el Rey Sol, fue hábil también al rodearse de los colaboradores más capaces, en particular el diestro economista Colbert, que tanto hizo por balancear las finanzas de la Corona. La época de Luis XIV en Francia vio una serie de reformas administrativas y obras de infraestructura que mejoraron mucho la economía. También Francia dispuso por primera vez de una escuadra digna de ese nombre, y amplió sus tímidas primeras colonias para sentar las bases de un imperio colonial moderno en forma.

Pero si con Luis XIV emerge la Francia verdaderamente moderna, hay un aspecto negativo: la enorme cantidad de años y esfuerzos que el Rey Sol dedicó a guerras sin fin. Dichas guerras sangraron a Francia hasta lo indecible, sin conseguir romper el status quo de las potencias europeas, resultando por tanto un despilfarro inútil de recursos y de vidas.

Sigue en la cuarta parte.

miércoles, 14 de marzo de 2012

ZOOCINE - Cine 1930 después de Cristo.


JORDAN: Snif, snif, qué buenas películas, snif... Pucha, chicos, que rico que nos dimos esta maratón doble con “Hugo” y con “El artista”... snif... snif...

LAURENCIO: Toma, Jordan, si te sirve mi pañuelo... De nada. Muy buenas películas, de lo mejor que he visto en el cine en AÑOS.

CHILEKENT69: Pues, qué se yo... No estaban mal, pero... No sé... algo les faltó...

VÍCTOR: ¿Muertos? ¿Sangre? ¿Chicas sin la parte de arriba del bikini...?

CHILEKENT69: Jajajá, muy gracioso, Víctor, no te juntes tanto con Jordan o vas a terminar yendo con ella a comprar tu propio paquete de Ladysan.

JORDAN: ¡Pero a ver, Chilekent! ¡Qué no te gustó! ¡Las películas estaban buenísimas! Oye, o sea, ver una película muda como “El artista”, que te conmueva hasta la médula, y...

CHILEKENT69: ¿Te conmovió? Pues a mí ni eso. Es que con el perro de Tintín ése...

LAURENCIO: Es un homenaje, Chilekent. Un guiño al cine de la época.

CHILEKENT69: Y la otra, la del tal Hugo... Pucha que le llueve mala al pobre cabro, hueón... Oye, es que era para cagarse de la risa de repente, si como tanta mala... Puta, además es el peor papel de Sasha Baron Cohen que le he visto.

LAURENCIO: Siento discrepar, pero es el mejor papel que Sasha Baron Cohen ha hecho en años.

VÍCTOR: Pero, ¿qué les habrá dado por rodar al mismo tiempo dos películas sobre el paso del cine mudo al cine sonoro? Me parece extraño, qué quieren que les diga.

CHILEKENT69: Mira, la hueá es súper simple. Te están lavando el cerebro, así de simple. Como el año estuvo la cagá, con los indignados y todo eso, en Hollywood están cagados de que sus privilegios se les acaben, así es que tienen que convencer y seguir vendiendo ilusión y todo eso...

VÍCTOR: Ya, y por lo tanto estas películas fueron producidas por una conspiración de masones, Opus Dei, reptilianos, la Corona Inglesa y la Atlántida. Mucho “Código da Vinci”, compadre.

JORDAN: Pero no seas amargado, Chilekent... ¿Qué tiene de malo que te vendan fantasía e ilusión? De eso se trata el cine, ¿no? ¿Laurencio...?

LAURENCIO: En realidad, Chilekent tiene un punto ahí, claro...

VÍCTOR: Ahí tenemos las dos almas de Laurencio en conflicto: el cinéfilo cultureta que le gustaron estas dos pelis, versus el guerrillero guevarista socialmente comprometido que no.

JORDAN: ¿Qué te pasa, Víctor? Estas muy pesado hoy día...

VÍCTOR: Bueno, no sé... A lo mejor, pucha, la manera en que la chica quería al artista... o la manera en que George al final igual quería al pobre Hugo...

CHILEKENT69: Ya. Listo. Se le salió la fibra mamona a este hueón.

VÍCTOR: Oye, hueón, córtala, o si no...

CHILEKENT69: O si no vai a tener que gastarte un paquete de Kleenex. ¡Estái todo mina, hueón!

JORDAN: ¡Uff! ¡Nunca pensé que se pondrían tan insoportables con estas dos películas!

LAURENCIO: ¡Pero si eso está bien! Para eso es el arte, Jordan. Para molestar, incomodar, provocar. Si lo lograron, entonces estas películas son muy buenas. Aunque nunca pensé que iba a ser tan provocador volver al pasado. Pero desde una perspectiva postmoderna, eso sí, con deconstrucción del discurso en “El artista”, y con toques... toques... algo no sé, punk, en “Hugo”...

CHILEKENT69: Steampunk. O clockpunk, si quieres ser más preciso.

LAURENCIO: Sí, eso, blockpunk. A lo mejor, a ustedes dos les llegó porque, bueno... Son películas emotivas, sobre la emoción de hacer cine. O de enseñarlo, en mi caso. Y a tí, Chilekent, no te llegó porque... Bueno, todavía no entiendo por qué no te llegó.

CHILEKENT69: ¿Sabes por qué no me llegaron? Porque “El artista” es otra mierda de comedia romántica que tienen que venderla como película muda para pasarnos la mula a todos de que la cosa es artística. Y “Hugo”, oye... ¿Alguna vez habías visto a Martin Scorsese tan sobrado, tan “yo me lo sé todo, mira qué bien filmo, alucínate con todo lo que investigué para mi película”? Hasta me quedo con la mierda de “Shutter Island”, en donde al menos moría gente...

VÍCTOR: Pues, sí... “El artista” era otra comedia romántica que tienen que venderla como película muda... De acuerdo. Pero soy un ñoño, así es que me gustó. Hace treinta años, hubieran dicho que tú eras el ñoño porque te gustan los cómics y los manga, pero en algún punto empezaste a tomártelo demasiado en serio y dejaste de disfrutar de la ñoñez básica de la vida. Y “Hugo”... Sí, Martin Scorsese estaba sobrado, pero y qué. Igual te emocionan las aventuras del cabro chico, y de cómo al viejo poco a poco se le derrite el corazón y hasta lo adopta como hijo y todo. Es lo de siempre, y funciona, ¿para qué cambiarlo? ¿O vas a decir que todo el mundo es tonto sólo porque se emociona un poquito y deja caer una lagrimita, ah?

JORDAN: ¡Muy bien dicho, Víctor! Te apoyo, ciento por ciento.

CHILEKENT69: Pagafantas.

JORDAN: Pero, ya, ya... No peleemos, mejor. Al final, creo que incluso a Chilekent le gustó un poquito las películas, ¿no?

LAURENCIO: Además, está todo el discurso postmodernista, de comparar el cine dentro de la pantalla con el 3-D fuera de ella en “Hugo”, con la aplicación precisa que hace Scorsese de la nueva tecnología, como un nuevo y reencarnado George Mélies abriendo nuevos horizontes para el cine... Comparado con el metatexto de “El artista” de contar una historia del paso del cine mudo al sonoro como película muda, pero con un par de escenas sonoras... Toda una metarreflexión sobre...

CHILEKENT69: Uff... Ahí dejó de gustarme. Dejémoslo en fantasía bonita, mejor.

JORDAN: ¿Saben, chicos? Ver películas sobre cómo se hacen las películas con ustedes es toda una aventura... A la próxima, ¿qué tal si vemos “La hechizada” con Nicole Kidman...? ¿No...? ¿Nadie...?

domingo, 11 de marzo de 2012

Crónicas Antrópicas 11 - "Hacia la Ecumene".


En la Edad Axial nacieron también algunos sentimientos intelectuales nuevos. Por primera vez surgirían filosofías y cosmovisiones que trascenderían el mero tribalismo. En ese tiempo se formularon las primeras concepciones acerca de una sola Humanidad. Un rasgo de esto parece haber aparecido por primera vez bajo la prédica de Zaratustra, que después el Imperio Persa puso en acción. El Imperio Persa o Aqueménida era religiosamente tolerante, y multicultural; se puede argumentar que esto respondía al cálculo político, pero por otra parte, parece haber mucho de sentimientos ecuménicos en esto: la idea de que todas las personas integran una única especie, sin distinción de su raza o lugar geográfico. Es cierto que los persas no llegaron a abolir la esclavitud, pero ya era una gran cosa para la época que al invadir un territorio enemigo, no saquearan sus templos y ni destruyeran a sus ídolos.



Pero son los griegos quienes consiguieron transmitir esa cultura para la posteridad. ¿La aprendieron los griegos de los persas, o la desarrollaron de manera autónoma? No lo sabemos. En realidad, en sus inicios los griegos eran bastante chauvinistas. Para los griegos, la Hélade no era una identidad política ni social, sino lingüística: los griegos eran quienes hablaban griego. A quienes no lo hablaban, y por lo tanto sólo podía entendérseles "bar-bar-bar", los llamaban "bárbaros". Entre los bárbaros incluían tanto a los salvajes ilirios de la frontera norte, como a los muy civilizados y refinados persas. Pero los griegos no miraban bien a los persas. A ellos les gustaba vivir en pequeñas ciudades estado, atendiendo por sí mismos no sólo sus asuntos civiles sino también los políticos, y delegar esa autoridad en un lejano sátrapa que a su vez respondía a déspota a cientos de kilómetros de distancia, era algo que se les antojaba antinatural.



Las cosas cambiaron poco a poco gracias a la labor de los racionalistas jonios. Como hemos dicho, a los jonios les gustaban los viajes y las aventuras. De estas experiencias, sacaron en limpio el apreciar y valorar esas culturas ajenas. Los griegos no inventaron la Historia, la que ya existía entre persas, hebreos y otras culturas en forma de crónicas; la mismísima Biblia es en buena medida un libro de crónicas históricas, si bien no objetivas en el sentido historiográfico moderno del término. Pero los griegos inventaron otro género literario: el libro de geografía y de viajes. Uno de los primeros fue Hecateo de Mileto, quien escribió hacia el año 500 antes de Cristo, y cuya obra por desgracia se ha perdido casi completa. Hecateo escribió un libro llamado "Alrededor de la Tierra" (Περίοδος γῆς), que parece haber sido a medias un libro de historia y un libro de geografía.



Después vino Heródoto de Halicarnaso, quien escribió en la primera mitad del siglo siguiente. Este es llamado el Padre de la Historia no sin buenas razones. Es un historiador discutido, ya que era bastante crédulo, y aún tenía la tendencia de adornar sus historias con mitos y leyendas, pero a cambio, era honesto para no tratar de vender sus impresiones, sino planteárselas a la inteligencia del lector para que éste sacara sus conclusiones. Los "Nueve libros de la Historia" de Heródoto son reputados como un compendio de la historia del mundo antiguo tal y como la entendían los griegos, pero además es un libro con multitud de detalles geográficos. Por detrás, respira una idea novedosa: todas las culturas y civilizaciones merecen su cuota de atención. Con Hecateo y Heródoto, el chauvinismo mental de los griegos empezaba a romperse. Empezaba a asomar lentamente la idea de la Ecumene (οἰκουμένη), el "mundo habitado", que no sólo era una concepción geográfica sino también la idea de que todos los seres humanos estamos hermanados entre nosotros.



Aunque a primera vista no lo parezca, el historiador Tucídides quien escribió hacia el año 400 antes de Cristo, también aportó su cuota al respecto. A diferencia de los anteriores, Tucídides no escribió sobre el mundo, sino sobre un asunto local griego: la Guerra del Peloponeso, en la que él mismo fue general antes de ser exiliado por Atenas. A pesar de esto, la obra de Tucídides es modelo de objetividad y rigor histórico. Con Tucídides, puede decirse que la historia alcanzó verdadero rango de estudio serio, más allá de la compilación de curiosidades y leyendas que eran sus antecesores. Los historiadores posteriores a Tucídides no siempre estuvieron a la altura del maestro, pero varios trataron de imitarle. Y aplicaron las herramientas de análisis que Tucídides había desarrollado, a un tema más amplio: la Ecumene misma. Muchas de esas obras se han perdido y las conocemos sólo por referencias, pero ayudaron a esta nueva concepción de que los seres humanos forman parte de una misma especie. Los antiguos griegos no parecen haberse puesto en plan de liberar a los esclavos, y sus mujeres eran habitantes de segunda clase, pero al menos, el trato que le daban a sus esclavos y a sus mujeres era bastante más benigno que el de otras civilizaciones antiguas.

Próxima entrega: "El esplendor de Alejandría".

viernes, 9 de marzo de 2012

CIVIMPERIOS - Francia: El poder y la grandeza (Parte 2: La nación).



Aunque Francia a la muerte de Felipe el Hermoso era un reino y una corona sólidos y fuertes, no pasaba de ser una construcción aristocrática. No existía todavía un auténtico sentimiento nacional francés. Esto iba a cambiar con la dura ordalía que iba a significar la Guerra de los Cien Años.
Por una serie de entresijos dinásticos, resultó que la imperante Casa Capeto se extinguió en 1328, y Felipe VI de la Casa de Valois accedió al trono. Pero el rey de Inglaterra era nieto de Felipe el Hermoso por línea materna, y también alegó derechos sobre el trono de Francia. Aún así, las relaciones siguieron amigables durante algunos años, antes de agriarse hasta un punto en que Enrique III de Inglaterra le declaró la guerra a Francia en 1337. La maniobra era desesperada porque Francia tenía superioridad de hombres, dinero y recursos sobre Inglaterra, e incluso empezó a preparar una invasión. Pero el Combate Naval de la Esclusa, en 1340, una incursión sorpresa de los ingleses contra los puertos de Flandes, destruyó la flota francesa en preparación, y alejó la esperanza de un pronto término para la guerra.

Aún así, la guerra se movió con lentitud desesperante. Francia no podía invadir Inglaterra, y Eduardo III de Inglaterra estaba absorbido en sus propios problemas. Recién en 1346 tentó una invasión, en la que consiguió una victoria absoluta en la Batalla de Crécy. Pero los ingleses no pudieron aprovechar su superioridad porque en los dos años siguientes estalló la Peste Negra, que se abatió sobre toda Europa, y la guerra quedó inconclusa. En el intertanto falleció Felipe VI y accedió Juan II el Bueno al trono. Cuando las hostilidades se reiniciaron, los ingleses le asestaron una nueva derrota a los franceses en la Batalla de Poitiers, en 1356. El mismísimo rey francés fue capturado; en su ausencia, la administración francesa se resintió. Producto de la guerra hubo rebeliones campesinas, llamadas las jaquerías. En 1360 se celebró el Tratado de Bretigny, en que Inglaterra obtuvo numerosos territorios, y que puso fin a la guerra. Por el instante.

En realidad, ninguno de los bandos tenía la intención de respetar el Tratado, y la guerra recomenzó, ahora con Carlos V en el trono primero, y Carlos VI después. Se alcanzó una nueva tregua en 1389, pero Francia a continuación se vio sumida en guerras civiles entre dos bandos, los borgoñones y los armañaques. Los ingleses no aprovecharon de atacar únicamente porque estaban en una situación parecida al otro lado. Recién en 1415, los ingleses pudieron librar una campaña contundente en Francia, y le asestaron a los franceses una enorme derrota en la Batalla de Azincourt.

Azincourt cambió muchas cosas. Cerca de la mitad de la nobleza guerrera de Francia pereció, y con ella, mucho del espíritu caballeresco medieval. El futuro iba a pertenecer a los burgueses. Los franceses empezaron también a abandonar progresivamente la caballería en beneficio de los piqueros y arqueros, más baratos de reclutar, lo que debilitó el monopolio militar de la aristocracia guerrera, además de empezar a darles por fin la ansiada victoria en los campos de batalla. Pero para eso habría que esperar. Por el minuto los ingleses eran victoriosos, y en 1420 obtuvieron el Tratado de Troyes, por el cual Enrique V de Inglaterra contraía matrimonio con la hija del rey francés Carlos VI, desheredando al hijo ya nacido. El hijo de Enrique V heredaría así el trono de Inglaterra y Francia en conjunto, creando una verdadera superpotencia europea.



Pero las cosas no salieron de esa manera. Carlos VI murió en 1422, y Carlos VII el hijo desheredado no se dejó apartar, aunque era demasiado indeciso para actuar. Y mientras la guerra empezó otra vez, surgió un factor que nadie esperaba: Juana de Arco. Esta campesina que decía escuchar la voz de Dios, convenció a Carlos VII de entrar en acción, y lideró un ejército con el cual consiguió la coronación de éste en Reims. Aunque Juana fue capturada por los ingleses, y quemada en la hoguera después de un juicio amañado, el impulso ya estaba dado. En los siguientes años, Carlos VII emprendió una serie de campañas militares que hicieron retroceder a los ingleses una y otra vez, hasta que en 1453, la guerra terminó con los territorios continentales ingleses reducidos apenas al puerto de Calais.

La consecuencia más importante de la Guerra de los Cien Años, es haber hecho surgir por primera vez el sentimiento nacional. Con el exterminio de numerosos caballeros feudales en combate, Francia dejó de ser un concepto aristocrático para meterse en la carne y la conciencia de los franceses que tanto habían luchado con el enemigo común inglés. Juana de Arco pasó a ser una heroína nacional hasta el punto que Carlos VII, que una vez servido por ella no hizo nada por salvarla, ordenó revisar su juicio y rehabilitar su memoria.


El sucesor de Carlos VII fue su hijo Luis XI. Hombre de temperamento diplomático, negociador y maquiavélico, consolidó sobre la mesa de negociaciones todo lo que su padre había obtenido en el campo de batalla. Su más grande triunfo fue aplastar a Carlos el Temerario, duque de Borgoña, en 1477. El Ducado de Borgoña era tan poderoso como Francia, y había luchado del lado inglés en la Guerra de los Cien Años, con lo que se entiende la enormidad del triunfo. El Imperio alegó derechos sobre Borgoña, pero éstos se zanjaron por un tratado en 1481 que repartió el territorio borgoñón entre Francia y el Imperio. Para todos los efectos, Luis XI fue el primer rey renacentista propiamente tal que gobernó en Francia.

Sigue en la tercera parte.

domingo, 4 de marzo de 2012

Crónicas Antrópicas 10 - "El racionalismo griego".


Tales de Mileto fue el primero de una hilera de pensadores jónicos que, en el siglo VI antes de Cristo, revolucionaron el pensamiento griego. Más allá de las ideas a veces bastante disparatadas que estos filósofos pudieran tener, lo importante era un cambio en la mentalidad: ya no bastaba con especular y ofrecer explicaciones sobre la naturaleza a capricho, sino que éstas debían ser demostradas con argumentos racionales, y más aún si se pudiera, con alegaciones basadas en observaciones empíricas. Quizás la palma se la lleva un pensador llamado Anaximandro. Puede que algunas ideas suyas sean absurdas, como por ejemplo el que el universo entero se compone de cuatro elementos (la tierra, el agua, el aire y el fuego). Pero otras se basan en observaciones bastante sagaces. Contemplando los fósiles, Anaximandro ofreció una interesante teoría según la cual la vida se habría originado en el mar, y que luego, al evaporarse las aguas, los animales habrían tenido que adaptarse a la tierra firme. También observó con agudeza que si el ser humano no podía bastarse a sí mismo de niño, entonces los primeros hombres se habrían muerto de hambre o comidos por las fieras antes de llegar a reproducirse; por lo tanto, por fuerza, debían proceder de una especie anterior. En efecto, con pruebas sumamente precarias, Anaximandro estaba adelantando la Teoría de la Evolución y hallazgos geológicos bastante recientes.



Con todo, no debemos caer en el error contrario de considerar a estos pensadores como plenamente racionales y científicos. Los intentos de hacer misticismo barato todavía prosperaban entre ellos. Aunque todos tenían en común el rechazo implícito a la religión griega tradicional, algunos trataron de reemplazar el antiguo misticismo con uno de cuño propio. Quizás quien fue más lejos en esa dirección fue Pitágoras. Este vagó por Egipto y Babilonia y aprendió algunos trucos matemáticos en tales tierras; cuando regresó a su nativa isla de Samos, parece haberse peleado con el tirano Polícrates, y viajó a Italia. En la ciudad de Crotona fundó una escuela filosófica en donde enseñó sus teorías matemáticas mezcladas con un montón de supersticiones sin sentido, todo ello con el mensaje a los alumnos de que dichos conocimientos debían ser esotéricos, o sea, reservados sólo a los elegidos, sin que pudieran ser difundidos afuera. Parece que Pitágoras y los suyos se consideraban un grupo de iluminados, y trataron de hacerse con el gobierno de la ciudad para convertirla en una especie de imperio filosófico, pero los habitantes de Crotona, no demasiado entusiasmados con verse sojuzgados por una tiranía religiosa, se rebelaron, quemaron la escuela, y pusieron a Pitágoras en fuga. No siempre el racionalismo jónico era demasiado racional que digamos.



A finales del siglo VI antes de Cristo, el Imperio Persa conquistó Jonia, y la libertad de las ciudades jónicas se acabó. Una rebelión liderada por la ciudad de Mileto en 499 antes de Cristo terminó en la destrucción completa de la ciudad poco después, y con ello, la vida cultural jónica acabó para siempre. Pero su semilla no se perdió. Los persas intentaron atacar a Atenas, pero ésta libró una resistencia tan desesperada, que no sólo se aseguró la libertad, sino que creó a su alrededor un Imperio Ateniense; como corolario, Atenas se transformó también en la "ciudad luz" de Grecia y del mundo. Durante el siglo V antes de Cristo, en Atenas se reunieron los más destacados genios del mundo griego. Entre ellos estuvo Protágoras de Abdera, un filósofo que introdujo algunas ideas muy desafiantes para su época. Al revés que el pensamiento griego convencional, que consideraba al orden jurídico y social como parte del mundo natural, Protágoras enseñó que había una diferencia entre las leyes naturales, que son absolutas, y las leyes sociales, que siendo dependientes de la población y la opinión de las gentes y los gobiernos, por lo tanto son relativas. Esta idea nos parece obvia, pero para los antiguos griegos resultó un tanto difícil de tragar; una generación después, de hecho, Platón la combatió abiertamente en sus diálogos. Protágoras parece haber sido agnóstico, y esto fue tomado como que negaba a los dioses: en el año 429 antes de Cristo fue llevado a juicio y desterrado de Atenas, bajo acusación de impiedad. Para colmo, la nave que lo transportaba naufragó, y parece haber fallecido ahogado. Es cierto que el juicio fue amañado en parte por los enemigos políticos de Pericles, el líder de Atenas, ya que Protágoras era amigo personal de éste, pero que éste fuera un pretexto tan bueno para juzgarle, no es prueba menor de que el racionalismo griego tuvo sus límites.



Entre 431 y 404 antes de Cristo, el mundo griego padeció una cruel conflagración fraticida, la Guerra del Peloponeso. En el siglo IV antes de Cristo, como consecuencia social y espiritual de esta guerra, el mundo griego se hizo más conservador. Una nueva oleada de tradicionalismo invadió la escena, capitaneada fundamentalmente por Platón. Este consideraba que el verdadero conocimiento lo era de las cosas ideales, y que las cosas reales son sólo pálidos reflejos de esos ideales. Platón por lo tanto despreciaba la ciencia, y consideraba que sólo la especulación filosófica valía la pena, en particular si era de filósofos tan aventajados e iluminados como él mismo. Con Platón comienza el divorcio entre la filosofía y la ciencia, de hecho, así como el principio del fin para el racionalismo griego. Los seguidores de Protágoras eran llamados los "sofistas", es decir, los sabios, pero por los ataques de Platón, la palabra "sofista" adquirió su connotación negativa actual de charlatán o embustero. Lo que es una desgracia, porque los sofistas fueron pioneros en el estudio del lenguaje, no tomándolo como algo sagrado o ritual, sino como una herramienta al servicio de la comunicación humana. La ciencia griega aún seguiría adelante, pero no en Grecia, sino en un nuevo faro: en Alejandría. Pero eso es otra historia.



No podemos dejar de mencionar entre los grandes hitos del racionalismo griego del siglo V antes de Cristo, a la enorme figura de Hipócrates de Cos. Este es llamado con justicia el "Padre de la Medicina". Hipócrates no inventó los tratamientos médicos, por supuesto. Pero sí escribió un manual en donde expurgó a la Medicina de la superstición religiosa. Para Hipócrates, las enfermedades no eran producto de la ira de los dioses o de la maldad de los espíritus malignos, sino que ellas tenían causas perfectamente naturales. Hipócrates estudió así la influencia del clima y la alimentación sobre la salud de las personas, una idea que en esa época era revolucionaria en grado sumo, y que de hecho es absolutamente científica. En consecuencia, no prescribió oraciones ni ritos religiosos para la cura de sus pacientes, sino tratamientos con base científica para aliviar las dolencias. La Medicina ha avanzado mucho desde la época de Hipócrates, naturalmente, pero aún así, el espíritu que inspira sus escritos sigue bien vivo en la actualidad. Hipócrates se levanta así como una de las mayores figuras del racionalismo griego, así como del pensamiento racional de todos los tiempos.

Próxima entrega: "Hacia la Ecumene".

viernes, 2 de marzo de 2012

CIVIMPERIOS - Francia: El poder y la grandeza (Parte 1: La construcción).



Probablemente lo que diríamos el eje de la historia europea, discurra entre Francia y Alemania. En caricatura, se ha caracterizado a los franceses como racionales y contenidos, y a los alemanes como románticos y desatados; en épocas posteriores, a los franceses como humanistas y universalistas, y a los alemanes como totalitarios y nacionalistas. Pero sea esto verdad o caricatura, el polo alemán de la relación adquirió recién presencia escénica en el siglo XIX, mientras que el polo francés empezó a configurarse en la Edad Media, y por lo tanto, puede considerársele como la espina dorsal de la historia europea moderna, e incluso contemporánea. Su historia, acá en Civimperios.

Aunque los textos de historia francesa se remontan a la época de los galos, y algunos tratan de presentar la lucha de los galos contra los romanos como un episodio de la temprana historia francesa, la verdad es que no hubo Francia propiamente tal sino hasta la Edad Media. En la primera mitad de la misma, Francia fueron en realidad varios reinos francos peleándose o uniéndose entre sí por cuestiones dinásticas. El Imperio Carolingio unificó el territorio, pero sólo brevemente. Y así llegamos hasta el siglo XII, en que el actual territorio de Francia estaba dividido entre numerosos feudos. Uno de ellos, el Ducado de Normandía, que era vasallo de la corona francesa, era en los hechos incluso más poderoso que ésta, debido a que el duque Guillermo de Normandía se había instalado en el trono inglés como Guillermo el Conquistador, en 1066. El rey de Francia era reconocido como superior por los restantes señores, pero esto era sólo sobre el papel; en la práctica, todos ellos se comportaban de manera independiente, incluso irrespetuosa con su supuesto señor.



Las cosas comenzaron a cambiar bajo el reinado de Luis VI de Francia, quien asumió el trono en 1108 y lo conservó hasta su muerte en 1137. Luis VI llevó a cabo una enérgica política para asentar el poder real. Su mayor triunfo fue asegurarse una alianza con Aquitania, que le permitió arreglar el matrimonio de Leonor de Aquitania con su hijo Luis. Unificar Aquitania que abarcaba casi todo el sudoeste de la actual Francia, y el territorio del rey, que apenas abarcaba poco más que los alrededores de París, era un triunfo diplomático inmejorable. Además, Aquitania era una región boyante en lo económico. En ese tiempo empezaban a desarrollarse los burgos, y la vida de las ciudades impulsaba el comercio y la industria. Pero después de su muerte en 1137, las cosas salieron mal. Luis VII fue un monarca piadoso y preocupado de empresas medievales como las Cruzadas, mientras que Leonor era una mujer de mentalidad moderna y liberada. El matrimonio fue mal, el Papa autorizó el divorcio... Y Leonor acabó casada con Enrique II de Inglaterra, que era también señor de Normandía. Por lo tanto, Enrique II era rey de un imperio que iba por todo el sur de la isla de Gran Bretaña, y todo el oeste de la actual Francia. Con vecino tan poderoso, la mismísima corona francesa estaba en peligro.

Por suerte para Francia, el hijo de Luis VII era el enérgico Felipe Augusto. Este reinó entre 1180 y 1223, y fue implacable en asegurar el poder real. Felipe Augusto no era tan buen militar, pero sí un excelente diplomático, que hizo mucho por minar el poder de Inglaterra en Francia. Asimismo, batió al Sacro Imperio Romano Germánico en la Batalla de Bouvines en 1214, cesando la influencia diplomática imperial sobre Francia. Pero su más grande triunfo desde el punto de vista geopolítico fue ponerse de acuerdo con el Papado para encabezar la Cruzada Albigense. Las ciudades del sur, particularmente Albi, eran mucho más ricas que las del norte, pero expresaban su propia individualidad abrazando una herejía cristiana, el catarismo. Aprovechando esto como pretexto, Felipe Augusto lanzó la Cruzada, quemó a una enorme cantidad de herejes aprovechándose de la recién creada Inquisición, y lo más importante, se apoderó de todas las tierras, redes comerciales y riquezas del sur. Desde el punto de vista de Francia, dicha conquista transformó a Francia de un atrasado reino semifeudal, en una próspera tierra en camino hacia el Renacimiento.

Después del breve reinado de su hijo Luis VIII, su nieto Luis IX llegó al trono. Conocido como Luis el Santo por haber sido canonizado por la Iglesia Católica, hizo mucho por transformar a París en una capital moderna para los estándares de la época. También encabezó las últimas cruzadas, y pereció en la postrera de ellas, en 1270.


 Después del reinado más bien rutinario de Felipe el Atrevido (1270-1285) vino el de Felipe el Hermoso (1285-1314). Hasta la fecha, Francia había tenido que seguir el camino de otras potencias europeas, de mostrar cierta sumisión al Papado para que éste usara su influencia diplomática y espiritual a su favor. Pero en el intertanto Francia había crecido, y ahora podía desafiar al Papa. Cuando Bonifacio VIII lanzó una bula fulminante contra Felipe el Hermoso, éste ordenó el secuestro del Papa, en lo que se llamó el Atentado de Agnani. Pero su mayor golpe fue el arresto simultáneo de todos los templarios en Francia. Los templarios fueron juzgados por herejía y sodomía, delitos que conllevaban pena de hoguera, pero la verdadera razón es que los templarios habían montado una gran red financiera que movía mucho dinero por Europa, y Felipe el Hermoso quería apropiársela y hacérsela suya. Con Felipe el Hermoso, Francia adquiere colores de verdadero reino por fin. Pero le esperaba aún una larga y dura prueba: la Guerra de los Cien Años.

Sigue en la segunda parte.



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