domingo, 26 de febrero de 2012

Crónicas Antrópicas 09 - "El amanecer jónico".


Como hemos visto, el misticismo es la primera manera que suele encontrar el ser humano para entender el mundo. Dar el siguiente paso, madurar hacia el racionalismo, es algo que requiere una sociedad material e intelectualmente desarrollada. Un sistema social opresivo como el de China puede abortar dicho desarrollo, así como el peso de las religiones establecidas, o el no poder valerse de sistemas eficientes para gestionar la información. En cierta medida, esos son problemas con los cuales incluso nuestra sociedad actual debe lidiar, como lo prueba la proliferación de seudociencias y de teorías anticientíficas sobre el fin del mundo que periódicamente nos invaden. Pero las sociedades no están condenadas a permanecer en las tinieblas del misticismo para siempre, al menos por principio. El paso hacia una perspectiva más madura y racional de entender el mundo, parece haberse dado a gran escala por primera vez en la cultura de los antiguos griegos. Esto ocurrió en una región específica de Grecia, que es Jonia. Actualmente, las ruinas de las ciudades griegas jónicas son parte del territorio de la costa egea de Turquía, pero en el primer milenio antes de Cristo los turcos no habían llegado a Turquía desde su hogar ancestral del Turquestán, y Jonia era parte de la esfera cultural griega.


En realidad, el devenir cultural de los griegos siguió un patrón ya conocido. Así como la India, Grecia fue invadida por tribus indoeuropeas que instalaron su cultura, y en particular su religión, sobre dicho territorio. El gran legado a la posteridad de estas tribus, llamadas aqueos, son dos obras poéticas que narran sus hazañas: la "Ilíada" y la "Odisea" de Homero. Estas obras influyeron profundamente en la mentalidad griega, debido a que ambas transpiran una enorme confianza en el ser humano y sus capacidades. Irónicamente, aunque ambas obras son en esencia religiosas, en dicha confianza estaba larvado el germen por el cual la religión podría en el tiempo ser arrinconada por el racionalismo. Luego de los aqueos vino un período llamado la Edad Oscura, porque de él no sabemos básicamente nada. Al levantarse el telón sobre la Edad Oscura, hacia el siglo VIII antes de Cristo, los griegos han cruzado el Mar Egeo y fundado las ciudades de lo que después va a ser Jonia.



En el período que va desde los siglos VIII a VI antes de Cristo, los griegos se abocaron a una intensa labor colonizadora, que los llevó a sembrar el Mar Mediterráneo de ciudades. Pero más importante aún, estos griegos viajeros entraron en contacto con civilizaciones más antiguas que la suya propia. Nosotros tendemos a considerar a los griegos como los iniciadores de muchas cosas, incluyendo la ciencia, la filosofía o la democracia; ellos mismos, en cambio, se consideraban como los descendientes infortunados, incluso quizás degenerados, de los grandes hallazgos culturales de Egipto y Mesopotamia. He aquí la importancia de la conservación y transmisión del conocimiento entre culturas: al importar la ciencia de egipcios y mesopotámicos, los griegos no tuvieron necesidad de redescubrirlo todo por sí mismos otra vez. Este entrecruzarse de civilizaciones daría paso con el tiempo a la Edad Axial, por supuesto.



Hay mucha mitología perversa en torno a estos pensadores jónicos. Usualmente se los llama "filósofos", y no de manera incorrecta, porque ellos mismos se consideraban así; sólo que la palabra tenía connotaciones distintas para ellos que para nosotros. Para nosotros, la filosofía y la ciencia son dos actividades disociadas, especulativa la primera y empírica la segunda, aunque a veces algún científico pueda cruzar la línea y lanzarse a la especulación temeraria y sin fundamentos. Pero en su raíz etimológica, la palabra "filósofo" significa ser "amigo del saber", y ésta cubría tanto la especulación como la observación y aún el experimento científico. En los manuales de filosofía se los llama a veces los "presocráticos", lo que les hace un favor muy flaco: ellos no estaban ahí para rellenar hueco antes de la aparición estelar de Sócrates, sino que estaban preocupados por ampliar el conocimiento humano, observando la naturaleza y sacando conclusiones lógicas de las mismas que excluyeran a los dioses o lo sobrenatural. Eso los pone en la primera línea de los forjadores de la ciencia. En definitiva, los pensadores jónicos literalmente pensaron al mundo de otra manera, y con eso, fueron una profunda revolución en el pensamiento de todos los tiempos.


El primero de ellos fue Tales de Mileto. No sabemos exactamente cuando vivió, pero podemos suponer con buena base que predijo un eclipse solar que ocurrió en el año 585 antes de Cristo. En su juventud, Tales viajó por Egipto, y se dice que aprendió cómo calcular la altura de una pirámide valiéndose únicamente de su sombra. Para ello, aplicó el hoy en día llamado Teorema de Tales. Tales es recordado por su afirmación de que la substancia primordial de la que se compone el mundo es agua. Es una afirmación fundamentalmente incorrecta, por supuesto, pero lo que cuenta no es el error empírico, sino el cambio en la manera de pensar: Tales no intentó explicar al mundo como algo confeccionado por los dioses, sino que trató de dar una explicación naturalista que los excluyera. Tales no parece haber sido un ateo, pero tuvo la saludable idea de que no debemos recurrir a los dioses para explicar aquello que no entendemos, sino que debemos primero agotar todas las posibles explicaciones racionales y naturalistas que sean más plausibles. Tales de Mileto es llamado el "Padre de la Filosofía", pero con esta aproximación, merece también ser considerado como uno de los padres fundadores del pensamiento científico. Resulta triste pensar que con su manera de entender el conocimiento, Tales es mucho más moderno y desarrollado que muchos contemporáneos nuestros que dos milenios y medio después se arrojan de brazos abiertos a la fe acrítica, negándole a la ciencia el beneficio de la duda respecto de su maravilloso poder para explicar el mundo. Por suerte para la humanidad, Tales no fue el último. Ni siquiera el último jónico. Después de él, vendrá una frondosa legión de otros pensadores que serán la primera gran oleada racionalista conocida en la Historia. La historia de la manera en que nos percibimos dentro del universo, estaba a punto de dar un vuelco fenomenal.

Próxima entrega: "El racionalismo griego".

jueves, 23 de febrero de 2012

ZOOCINE - "El corto".



VÍCTOR: ¡Chilekent, hombre, esa cara! Compa're, ¿está bien? ¿Qué le pasa...?

CHILEKENT69: Puta, hueón, vengo como la... mira... sabíh que mah, mejor no hablemos.

LAURENCIO: Vamos, hombre, desquítate aquí. Estamos entre amigos, ¿no?

JORDAN: Vamos, dale. Qué pasó. ¿No te quisieron dar con el látigo?

CHILEKENT69: 'tai chistosita, ¿ah?

VÍCTOR: Ya, Chilekent. Lárgala. Qué te pasó.

CHILEKENT69: Mira... Ibamos a... bueno... rodar un corto, ya saben. O sea, estábamos un grupo de amigos tomándonos unas chelas, y empezamos a intercambiar ideas. Mira... Primero fue la idea. Había un hueón que quería hacer algo como desértico, como con fotografía en blanco y negro con un compadre mirando en el desierto, con lentes oscuros, fumando...

LAURENCIO: Suena interesante.

CHILEKENT69: Otro hueón quería rodar una parodia de Star Wars.

VÍCTOR: Ya, ¿y?

CHILEKENT69: Bueno, una mina quería meter una escena de ella en cama... Pero sin mostrar nada, o sea, empelotarse pero sin empelotarse. Onda pokemona.

JORDAN: Ahí estábai rebién, hueón.

CHILEKENT69: Si no pasa ná, si la hueona es tortillera. Y tiene un rollo. Pero bueno, estaba yo. Que quería hacer una cosa así como media de terror, media la Hammer o Vincent Price...

VÍCTOR: ¿Y cómo se pusieron de acuerdo?

CHILEKENT69: Bueno... Al final escribimos una historia en que un hueón en el desierto fuma en blanco y negro mientras piensa en una mina en una cama, y se imagina rescatándola en una historia tipo Star Wars, con casco de Darth Vader y todo, pero en un castillo gótico.

LAURENCIO: ¡Pero eso es brillante! ¡Qué poderosa noción de metamodernidad! ¡Absolutamente posmo! ¿Y qué pasó...?

CHILEKENT69: Bueno, conseguirse un castillo gótico acá en Chile es un poco difícil, pero la mina vivía en una casona antigua, así es que lo cambiamos por una cosa tipo siglo XIX o algo así... al final la hueá pasó de castillo gótico con fantasma a chalé en que penan, pero bueno... la hueá era tener una locación para grabar. La mina ésta le pidió la casa a los viejos, éstos se la dejaron... y se fueron. Nos dejaron toda la noche para grabar.

VÍCTOR: La suertecita.

CHILEKENT69: Sí, suertecita, hueón. Mira, resulta que el que se comprometió con la cámara era el hueón que quería hacer Star Wars. Además era el que iba a poner el casco de Darth Vader, ¿cachai? Y el hueón no llegó. Según él porque estaba enfermo, pero el hueón, si no es Star Wars...

JORDAN: Entonces no pudieron grabar.

CHILEKENT69: Bueno, sí pudimos. La mina andaba con el teléfono celular con cámara, así es que grabamos. Con una calidad de imagen como la mierda, pero grabamos. Algo. No mucho. Tuvimos que cambiar el guión porque la hueá tipo Star Wars ya no tenía sentido sin el casco, así es que...

VÍCTOR: Pero eso se arregla fácil, le pones, no sé, Star Trek, Stargate, Star Crash...

CHILEKENT69: Es que espérate. El hueón que quería hacer esa gran toma de desierto y todo, estaba choreado. Y el hueón se trajo un ron con Coca Cola, y empezó a tomar el hueón como malo 'e la cabeza. Y el hueón se puso cariñoso con la mina.

JORDAN: ¿No habías dicho que la mina era lesbiana?

CHILEKENT69: Sí, hueón, pero el hueón estaba camino a borrado. Y cuando la mina no lo pescó, dejó todas las hueás y se fue. A todo esto, la mina de la mina había estado llamando histérica, y llegó, y... Quedó la cagá.

JORDAN: No me digái. La mina creyó que te estábai comiendo a su mina.

CHILEKENT69: Justamente, cabra. Y me metió feroz rodillazo en los cocos, que vi las estrellas. Además rompió el celular con todo lo grabado. No salvamos nada. Y después, resulta que las dos minas, que igual habían tomado su poco de ron cola, se pusieron ahí a tener acción, hueón, y yo con las bolas en la mano, tirado en el suelo, hueón...

JORDAN: Puta, lo siento, hueón. A lo mejor, no sé... Woody Allen partió igual...

CHILEKENT69: Ahora los hueones, los hincho por cuando vamos a hacer la película, y me dicen que no, que esto, que aquello, que no hay escenas en el desierto, que la mina ya no se empelota... Ya, a la chuuuuuu...

LAURENCIO: ¡Pero eso no es un problema! ¡Yo me las arreglo para que grabes tu corto!

CHILEKENT69: ¿En serio, hueón?

LAURENCIO: ¡No puedes dejar pasar ese concepto! ¡Un hombre solitario, existencialista, en el desierto, pensando en una mujer y fantaseando con una fantasía masturbatoria adolescente sobre Star Wars...! ¡Es toda una parábola sobre la incomunicación en la Modernidad, hombre!

CHILEKENT69: Ya, pero, y cómo vas a...

LAURENCIO: ¿Se te olvidó que le hago clases a un grupo de hueones? No te preocupes, cuando vuelva de vacaciones les digo que te ayuden con el corto, o les meto una de Robert Bresson y les tomo prueba y se van a la cresta todos. Fijo que aceptan hacer el corto.


JORDAN: ¡Y yo te consigo la banda sonora! Te presto Miguel Bosé, Mecano, Juan Luis Guerra... Eh... ¿Por qué me miran así? Si van a hacer un corto sobre fantasías pajeras con Star Wars, algo tiene que quedar para las minas que lo vean, ¿no? Para que sea... ¿posmo...?

domingo, 19 de febrero de 2012

Crónicas Antrópicas 08 - "Los matemáticos de la India".


A diferencia de la China, cuyo desarrollo fue por completo insular hasta una época bastante tardía, la India sí que intercambió conocimientos y cultura con el Medio Oriente, en particular desde la Edad Axial en adelante. Aunque esto debe ser mediatizado. Entre la India y el resto del Medio Oriente se interponen grandes cadenas montañosas, y el paso de comerciantes o caravanas entre tales regiones siempre fue difícil, no sólo por el clima, sino también por las indómitas tribus afganas en el camino. El Imperio Persa con todo su poder no fue capaz de expandirse hacia la India, aunque es más que factible que las noticias de la India llegaran a oídos griegos. Alejandro Magno consiguió algunas conquistas efímeras. Pero como resultado de ellas, la cultura griega se asentó en el Asia Central. La mezcla de elementos índicos y griegos alcanzó su clímax bajo el Imperio Kushán, que gobernó el Asia Central y buena parte del norte de la India en los primeros siglos de la Era Cristiana. Además, en forma contemporánea, el descubrimiento de los vientos monzónicos permitió abrir nuevas rutas comerciales por mar desde el Mar Rojo a la India. Todo lo anterior ha hecho que los aportes culturales de la India a la cultura occidental hayan sido mucho más consistentes que los aportes chinos.



La evolución cultural de la India presenta enormes lagunas para nosotros, debido al poco apego de los intelectuales de la India hacia la Historia como disciplina de datos exactos. Esto a la vez parece conectarse con la visión védica del mundo. Los Vedas, en la antigua India, eran un conjunto de himnos sagrados, desde los cuales emana toda la cosmovisión de la religión del Hinduísmo. Aunque en sus orígenes el Hinduísmo era una religión con dioses personificados al estilo griego, lo que no es raro si se considera que comparten las mismas raíces (ambos descienden de invasores indoeuropeos, e incluso pueden establecerse paralelos entre los dioses griegos e hindúes), ésta evolucionó hacia una concepción mucho más espiritualista y ultraterrena. La cultura de la India pareciera complacerse en la noción de la eternidad que ellos vislumbraban a través de lo cambiante y perecedero del mundo. Así, creían que las almas eran eternas y reencarnaban una y otra vez, por ejemplo. También creían que el mundo estaba estructurado en ciclos temporales de tamaños que dejaban en ridículo a las limitadísimas escalas de tiempo de la Biblia, que se estaba escribiendo en forma contemporánea entre los hebreos. Mientras que los hebreos en ese tiempo creían en un mundo con unos 4000 a 5000 años de antigüedad, en la India se menciona como unidad de tiempo cosmológica el Kalpa, de abismantes 4.320 millones de años de duración... que a la vez es la base de ciclos incluso más amplios aún.



No es raro entonces que el pensamiento científico de la India no se enfocara tanto en la ciencia misma como un conjunto de aplicaciones prácticas, como en las matemáticas necesarias para entender y manejar semejantes conceptos. No es que no haya existido tecnología en la India; de hecho la India hizo algunos aportes al mundo que pueden parecer no demasiado espectaculares, pero que han tenido su importancia. Uno de ellos por ejemplo es la rueca, que se abrió paso a Europa en la Edad Media para instalarse firmemente en los cuentos de hadas al estilo de los hermanos Grimm. Pero los intelectuales de la India se sintieron más inclinados a estudiar el funcionamiento de los números grandes, e hicieron increíbles progresos matemáticos en esta senda.



De esta manera, un matemático como Baudhayana enunció de manera genérica el Teorema de Pitágoras... cerca de un cuarto de milenio antes que Pitágoras mismo, ya que vivió hacia el año 800 antes de Cristo. Mucho más tarde, en el siglo III antes de Cristo, Pingala adelantó nociones tales como la secuencia de Fibonacci y el Triángulo de Pascal, entre otras. También dieron el salto conceptual de utilizar el vacío como un concepto matemático: la palabra sánscrita respectiva, "shunya", a través de una enorme evolución lingüística y varias civilizaciones, llegó a ser nuestra palabra castellana "cero", justamente.



Pero sin lugar a dudas, el aporte más revolucionario de los matemáticos de la India es nuestro actual sistema numérico. Usualmente se adscribe su éxito al uso del cero como número, pero éste no es el aspecto más importante; la clave para el funcionamiento del sistema es la noción de que un mismo signo puede representar valores distintos según su posición dentro del número. Así, el signo "4" puede representar cuatro si está solo (4), cuarenta si está acompañado de un cero (40), cuatrocientos si está acompañado de dos (400)... De esta manera, con apenas diez signos se puede escribir en teoría cualquier número. Compárese con el sistema de números romanos: en él, el signo "I" siempre valdrá 1, el signo "V" siempre valdrá 5, etcétera, y se debe recurrir a un engorroso mecanismo de notación para representar cada cifra. La simple operación de sumar CXVIII + XXIX es mucho más compleja que con los arábigos equivalentes 118 + 29. Y  al igual que un sistema de escritura simple permite gestionar mejor la información, un sistema numérico simple para hacer los cálculos fue la clave para los matemáticos árabes y los científicos occidentales a la hora de desarrollar las ciencias exactas. Mientras que las operaciones matemáticas en números romanos eran una traba infernal para el desarrollo de nuevos conceptos científicos, las operaciones con números malamente llamados "arábigos" (porque los musulmanes no los inventaron, sino que los tomaron de la India para transmitirlos a Europa) se ubican en la base de la gigantesca revolución científica que Europa iba a empezar a vivir a finales de la Edad Media.

Próxima entrega: "El amanecer jónico".

domingo, 12 de febrero de 2012

Crónicas Antrópicas 07 - "En el Celeste Imperio".


La historia de la cosmovisión de China sigue el patrón propio de las culturas que crecen aisladas de otras de su mismo tipo. La civilización de China creció en el extremo oriente de Eurasia, en torno a los grandes ríos Yangtsé y Huang Ho, los cuales corren y desembocan hacia el este. Al oeste existen grandes barreras geográficas: la meseta del Tíbet, el desierto del Gobi, y las estepas siberianas cercan el paso de China hacia occidente. En consecuencia, el mundo chino creció aislado del resto de las civilizaciones eurasiáticas. Hacia el este, la civilización japonesa tardaría aún milenios en desarrollarse, y cuando lo hizo, sería bajo la influencia china. A lo largo de los siglos, China se dio a sí misma distintos nombres, tales como el Celeste Imperio, el Imperio del Medio, o el Imperio Bajo el Cielo. Todos ellos denotan la idea de que China no sólo es el centro de la civilización, sino la única civilización a secas, en medio de un montón de barbarie alrededor. Todavía en el siglo XVIII, frente a los ingleses, los chinos sostendrán tal mentalidad hasta el punto de insultar a Jorge III de Inglaterra negándole una embajada por ser en su concepto los ingleses unos bárbaros incapaces de entender los más elementales rudimentos de la civilización.


La primitiva cosmovisión china era religiosa, como es de esperarse. Los primeros chinos profesaban formas de animismo que aún siguen vivas hoy en día. Los chinos con todo nunca tuvieron un panteón organizado, o una mitología sistematizada que unificara leyendas alrededor, o por lo menos, no como los babilonios o los griegos por ejemplo. "Lo más poderoso" en que creían ni siquiera era un dios personal, sino el Cielo puro y simple (天, "Tsia"), incluso más abstracto y evanescente que el "destino inexorable" en que creían los griegos. Al unificarse China bajo un solo gobierno, el de la dinastía Zhou (hacia 1.050 a.C.), se creó la idea de que el Emperador de China era representante de los dioses en la Tierra; una vez más, la religión sirvió para legitimar el sistema político. Pero cuando Zhou empezó a hacer crisis, hacia el siglo VI antes de Cristo, los chinos se encontraron con un remezón en su sistema del mundo. De las múltiples filosofías que se abrieron paso entonces para tratar de darle forma intelectual al desastre, dos de ellas dejarían una impronta duradera. Una es la de Confucio, quien en resumidas cuentas predicaba una vuelta a los valores tradicionales, y la sujección de buena fe por parte de las personas a un sistema de jerarquías en donde cada uno debería cumplir de la mejor manera posible sus deberes. La otra es el Taoísmo, una doctrina de impenetrable misticismo que enseña que la realidad es incognoscible. El principio más sagrado del Taoísmo es que el Tao (el "Camino") que puede ser enseñado, no es el verdadero Tao. ¿Y entonces qué es el Tao? Podríamos decir que es la sensación que se tiene al estar en comunión con la naturaleza y el flujo del mundo, o algo así. Aunque está por descontado que esta explicación no explica mucho, porque el Tao en sí mismo no puede ser explicado.



El Confucionismo es una doctrina eminentemente conservadora, mientras que el Taoísmo ahoga cualquier posibilidad de pretender un entendimiento de la realidad. Sin embargo, el genio chino no se dejó abatir por estas doctrinas; como contrapunto, China inició un interesante desarrollo tecnológico. Un somero listado de inventos chinos debe incluir el ábaco, las cometas, el papel, la brújula, la pólvora, e incluso en tiempos de la dinastía Han (siglos II antes de Cristo a III después de Cristo), un sensible aparato capaz de registrar en qué dirección había ocurrido un terremoto. Durante siglos, los chinos fueron la civilización más avanzada sobre el planeta, en lo que a tecnología se refiere. Sin ir demasiado lejos, fueron astrónomos chinos quienes registraron por primera vez al cometa Halley, en 240 antes de Cristo. De haber seguido esta tendencia, China debería haberse transformado en la primera potencia en alcanzar la Revolución Industrial.



Parte importante de por qué esto ocurrió, es gracias a la temprana unificación china. En la segunda mitad del siglo III antes de Cristo, una serie de guerras lideradas por las dinastías Qin y Han, convirtieron a los reinos combatientes herederos de los Zhou, en un estado unificado y centralizado. Con períodos de apogeo y decadencia, y aún algunos breves de desunión, el mundo chino permaneció cohesionado desde entonces. Esta extraordinaria estabilidad política y social creó un importante marco para el desarrollo cultural posterior. No en balde, los dos grandes períodos de innovación coincidieron con dos períodos de amplia estabilidad: la Dinastía Han (siglos II a.C. a III d.C.), y la Dinastía Tang (siglos VII a IX d.C.).


Pero la estabilidad política fue un arma de doble filo. El espíritu chino en general se hizo conservador, poco inclinado a las innovaciones. El Confucionismo fue adoptado como filosofía de estado, hasta el punto que en los veintiún siglos que terminaron en el derrocamiento de los Emperadores de China en 1911, todos los funcionarios chinos debían pasar exámenes sobre dicha doctrina. Por lo tanto, las ideas científicas sólo se recibían y aceptaban en tanto podían encajarse dentro del orden establecido, lo que podía ser un aliciente para la tecnología que pudieran aplicarse al servicio del Gobierno, pero un lastre para las ciencias puras cuyas investigaciones tienen la incómoda costumbre de resultar en contradicciones con las verdades establecidas. Además, como la casta de letrados confucianos era también la única que sabía leer y escribir, no hubo estímulos para simplificar el sistema de escritura, que permaneció estacionario en su extraordinaria complejidad; como consecuencia, la creación de enciclopedias y de bibliotecas para acumular conocimiento se resintió. Hasta la temprana Modernidad, China iba a la cabeza tecnológica del mundo, pero en esa época se dejaron sobrepasar por los europeos, mucho más dinámicos y pujantes. Durante los siguientes siglos entonces, el gran producto cultural de exportación chino no sería la tecnología, sino justamente las filosofías precientíficas chinas que, de un modo u otro, consiguieron abrirse paso hacia Occidente. Los chinos exportaron tecnología a toda Eurasia, de manera involuntaria, pero no pudieron acompañarla con una visión científica del mundo que se correspondiera con dichos inventos.

Próxima entrega: "Los matemáticos de la India".

domingo, 5 de febrero de 2012

Crónicas Antrópicas 06 - "Der Achsenzeit".


Hacia el siglo VI antes de Cristo, el mundo de la filosofía, las ciencias y el pensamiento en general, experimentaron un brusco tirón hacia adelante. Este fenómeno se vivió principalmente en el cordón de civilizaciones de Eurasia: Grecia, el Medio Oriente, la India y China. Los más tempranos antecedentes arrancan desde quizás el siglo VIII antes de Cristo, y sus últimos exponentes pueden rastrearse un medio milenio después. Los nombres de muchos de estos personajes son conocidos: los filósofos griegos Tales, Anaximandro, Parménides o Pitágoras, los profetas hebreos Elías, Isaías y Jeremías, el predicador persa Zaratustra, los maestros indostánicos Buda y Mahavira, y las figuras semilegendarias de Confucio y Lao Tsé en China. Durante mucho tiempo, la idea de que todos ellos pudieran haber coincidido en una especie de revolución filosófica mundial, sonaba a cuento espiritista, algo que estaba mejor para la historiografía idealista del siglo XIX o para los desvaríos de la New Age del XX, pero en la actualidad tenemos razones para creer que hubo algo más de fondo, y que la irrupción de ellos y el éxito de sus ideas no es pura casualidad. Los alemanes llamaron "Der Achsenzeit" a este fenómeno, nombre que en castellano podría traducirse como "Edad Axial" o "Edad del Eje".


Hasta aproximadamente 700 antes de Cristo, las civilizaciones en Eurasia habían vivido más o menos aisladas. Es cierto que desde hacía milenios existían lazos y redes comerciales entre ellas. La única excepción significativa era China, que no entró en contacto con otras civilizaciones sino hasta iniciar su expansión militar por Asia Central ya llegados los tiempos del Imperio Han, o sea, en el siglo II antes de Cristo. Pero en general, la civilización en lo material tiende a producir efectos acumulativos, tanto en lo que a tecnología disponible como a riqueza atesorada y conocimientos acumulados se refiere. De tarde en tarde se suceden crisis y guerras devastadoras que parecieran ser un retroceso, pero hasta la fecha, siempre ha quedado algo del pasado, que ayuda a facilitar el camino de la reconstrucción en el futuro. Cualquiera que haya visto un mapa histórico de Mesopotamia, sabe que el Imperio Asirio (hacia 700 antes de Cristo) sobrepasó las fronteras del Imperio de Hamurabi (hacia 1750 antes de Cristo), que el Imperio Caldeo (hacia 600 antes de Cristo) a su vez sobrepasó al Imperio Asirio, y a su vez todos ellos fueron sobrepasados por el Imperio Aqueménida (hacia 500 antes de Cristo). Dicho de otra manera, cada imperio asentado y consolidado sobre el Medio Oriente resultaba más grande que el anterior, debido a que trabajaban reconstruyendo infraestructuras e instituciones que ya existían de antemano en los lugares conquistados, sin tener que reinventárselos de la nada. No es raro entonces que, hacia el año 700 antes de Cristo, las principales civilizaciones de Eurasia terminaron colisionando entre sí.



Resulta interesante observar que la mayor parte de los iluminados que suelen ser incluidos en la lista de miembros egregios de la Edad Axial, son personalidades con un pensamiento individual muy marcado. Lo que resulta novedoso en todos ellos, es el énfasis de la relación directa entre el universo y las personas en cuanto individuos, en vez de las personas como súbditos de un imperio o como acólitos de una religión más grande que ellos mismos. Por primera vez se reconoce de manera amplia el esfuerzo individual en la búsqueda del conocimiento y la verdad; aunque esto en poquísimas partes se transmutó en una visión científica del mundo, al menos ayudó a alcanzar dicha meta en algunas regiones como Grecia o la India. Así, los pensadores del amanecer racionalista griego pusieron en tela de juicio la religión de los dioses olímpicos, y ayudaron a sentar las bases de la ciencia empírica tal y como la conocemos hoy en día. Los profetas hebreos por su parte tendían a chocar contra la religión establecida por los sacerdotes, y propugnaban una purificación espiritual de su pueblo. Zaratustra en Persia por su parte predicó una religión que era una destilación de los antiguos cultos indoeuropeos, pero que no ponía tanto énfasis en los sacrificios y rituales, como en la necesidad de mantener una buena conducta y de ser misericordiosos con el prójimo: parece que fue el primero en formular la Regla de Oro tal y como la conocemos hoy ("trata a los demás como quieras que los demás te traten a ti"). Buda y Mahavira, por su parte, se rebelaron contra la religión de los ascetas y el denso ritualismo de los libros religiosos de su cultura, los Vedas, y propugnaron un acercamiento mucho más personal a la religión, que culminó en el Budismo y en el Jainismo. Y de manera mutuamente desconocida, Confucio y Lao Tsé expresaron el mismo impulso en el mundo chino.


En los siglos de la Edad Axial, el pensamiento parece haber corrido sin límites entre Oriente y Occidente gracias a un importantísimo suceso político: la consolidación del Imperio Aqueménida. En el año 538 antes de Cristo, Ciro el Grande conquistó Babilonia, y con esto unificó toda Mesopotamia, Persia, Siria y Palestina bajo una sola monarquía estable y duradera. Esto permitió que los comerciantes pudieran viajar sin problemas de manera ininterrumpida desde los límites mismos del mundo griego hasta la India. Se ha observado muchas veces el enorme paralelo que existe entre las enseñanzas de Buda y el pensamiento de muchos filósofos griegos, incluyendo a una serie que iría desde Heráclito hasta los estoicos. Los griegos a lo menos conocían el yoga: a los yoguines (practicantes del yoga) los llamaban "gimnosofistas". No se ha conseguido probar de manera definitiva que en efecto haya existido una retroalimentación entre los budistas y Occidente, pero parece bien asentado que la corte persa fue un lugar de encuentro entre distintas tradiciones culturales, y que los persas fueron bastante tolerantes con éstas. Mucho más tarde, ya terminando la Edad Axial, las conquistas chinas en Asia Central hicieron que China entrara en contacto con la India y con Persia, abriéndose la Ruta de la Seda. Por ella no sólo viajaron comerciantes y caravaneros, sino también conceptos e ideas, aunque este flujo corrió un poco con cuentagotas durante varios siglos.



La influencia de los pensadores de la Edad Axial en la posteridad ha sido inmensa. La Edad Axial nos ha legado cosas tan dispares como la ciencia moderna, la Astrología "occidental" tal y como la entendemos, el Budismo, o lo que hoy en día solemos llamar "filosofía china". Resulta significativo que el rostro de la civilización cambió con fuerza en aquellos años, y las civilizaciones eurasiáticas, que iban algo adelantadas respecto de las civilizaciones amerindias, dieron un salto de gigante en lo conceptual, científico y tecnológico, que sus colegas americanos no. La tolerancia cultural y el libre intercambio de ideas siempre han fortalecido a la civilización, y el desarrollo de la Edad Axial una vez más lo confirma.

Próxima entrega: "En el Celeste Imperio".

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