domingo, 16 de diciembre de 2012

Crónicas Antrópicas 50 - "Superstición en la era del conocimiento científico".

Más allá de las obvias mecánicas de poder, la religión surgió como un primer intento de entender y explicar el mundo de una manera comprensible, en tiempos en que no existía otra alternativa mejor; eso debería tenerse en cuenta cada vez que se acusa a la religión de manera algo ligera como propagadora de mentiras. Sin embargo el conocimiento es poder, y los líderes religiosos estaban tan empeñados como cualquier pesona con poder, en mantener dicho poder en sus manos. De ahí que cuando surgió la ciencia como una alternativa mejor y más racional, los religiosos se esforzaran por todos los medios en suprimirla, y en los casos en que no lo lograron, en domesticarla y cooptarla. Esta dinámica estuvo presente en la incapacidad de los chinos para transformar su desarrollo tecnológico en principios científicos, en el destino de los mutazilíes en el mundo musulmán por racionalizar el Islam, y en la persecusión de la Iglesia Católica contra Giordano Bruno y contra Galileo Galilei, entre otros célebres incidentes de la religión tratando de aplastar a la ciencia. La Iglesia Católica tiene muy mala reputación como incineradora de científicos, pero muchos protestantes son también culpables de menospreciar la ciencia, y de hecho el siguiente gran movimiento anticientífico iba a surgir en dicho campo.


En el mundo anglosajón durante el siglo XIX, la evidencia de que la antigüedad de la Tierra era mayor a los míticos 6000 años, y de que existe una evolución de las especies, se transformó en algo demasiado abrumador para los cristianos demasiado anclados en la visión bíblica del mundo. En vez de rendirse a la evidencia y aceptar que su visión del mundo estaba siendo superada, empezaron a movilizarse para perseguir y condenar dichas ideas. La mantención de rígidas ideas bíblicas, o al menos de cooptar estas teorías geológicas y biológicas, fue llamado Creacionismo debido a su fijación en que la Tierra era joven y las especies no evolucionan sino que son creadas por Dios. El Creacionismo pronto se alió con un movimiento paralelo similar, el Fundamentalismo, cuyo nombre deriva de la pretensión de regresar a los fundamentos del Cristianismo. Que las doctrinas bíblicas sobre la naturaleza del mundo y de la vida estuvieran superadas no iba a detenerlos: ellos estaban determinados a seguir teniendo la verdad sagrada en sus manos, y por la fuerza si fuere preciso. De esta manera, los grupos creacionistas consiguieron que en Tennessee se hiciera ilegal la enseñanza de la Teoría de la Evolución. El profesor John Thomas Scopes, que se atrevió a desafiar dicha prohibición, fue llevado hasta los tribunales y condenado, en el llamado Juicio del Mono de 1925; y hablamos de Estados Unidos, uno de los países que hace más hincapié acerca de la separación entre la religión y el Estado. Pero esto último no ha detenido a los creacionistas. En 2005 consiguieron que Kansas enseñara doctrinas creacionistas como alternativa científica válida a la Teoría de la Evolución; el escándalo subsiguiente fue lo suficientemente importante como para que semejante acto de barbarie intelectual fuera derogado en 2007.


En realidad el Creacionismo de la variante llamada de la Tierra Joven se hacía cada vez más insostenible a medida que la evidencia científica a favor de un planeta de 4.600 millones de años de antigüedad se acumulaba. De manera que los creacionistas trataron de cooptar la ciencia. Algo similar había intentado en el campo católico el paleontólogo y teólogo Teilhard de Chardin al tratar de compatibilizar la Teoría de la Evolución con el dogma cristiano, en su doctrina del Punto Omega. En el mundo protestante, en la década de 1980, este intento de cooptar la ciencia cristalizó en la llamada Teoría del Diseño Inteligente. Según esta teoría, la evolución no sucede por mera probabilidad, sino que existe un plan o designio por detrás. Los partidarios de estas ideas saben que llamar Dios a la fuente de dicho designio es muy poco propagandístico, pero las características que asocian con dicho Diseñador se corresponden más o menos con lo que cabe esperar de un Dios omnipotente que tiene un Plan Divino. La trampa es que el Diseño Inteligente parece una doctrina científica porque parece basarse en ideas y principios científicos, pero no lo es. La verdadera labor científica trata de explicar lo que hasta el minuto carece de explicación, haciendo observaciones y aplicando el método científico para formular nuevas ideas y postulados generales; los partidarios del diseño inteligente en cambio tratan de darlo todo por explicado, y cargar lo que de momento no tiene explicación a un ser superior que está más allá de la ciencia. De esta manera, el Diseño Inteligente no sólo no es ciencia, sino que además es una vergonzosa capitulación de la razón y el intelecto frente a la ignorancia y la superstición.


A partir de la década de 1960, la ciencia comenzó a experimentar nuevos e insidiosos ataques en otros flancos. La nueva generación posterior a 1945 había crecido con miedo a la ciencia, en el convencimiento de que ésta llevaba a la Humanidad a la superpoblación, a la degradación ambiental y quizás a una inevitable guerra nuclear. Surgió entonces un poderoso movimiento de regreso a la naturaleza y a lo ancestral, que cristalizó en las mil y una tendencias de la New Age. Un montón de ideas esotéricas y disparatadas se vincularon de maneras a veces bastante anárquicas entre sí: la Astrología cobró nuevo vigor, la Ufología trató de sacar credenciales científicas, escritores se hicieron ricos escribiendo sobre los hipotéticos extraterrestres que construyeron las pirámides, los cristales de cuarzo invadieron los hogares, y los charlatanes aprendieron que podían adoptar ciertas palabras científicas no demasiado bien comprendidas por la mentalidad popular, como por ejemplo energía y cuántico, para vehicular conceptos que no tienen nada de científico. En última instancia, afirman los partidarios de las pseudociencias, existen cosas que el ser humano no será nunca capaz de saber, y por ello es mejor creer.


El patrón de todas estas creencias paracientíficas y anticientíficas es muy similar, y se sienta sobre dos bases: la incapacidad de la ciencia para explicarlo todo por un lado, y el ansia neurótica de muchas personas porque su vida esté anclada en un sistema de creencias rígido que le sirva para validarse como seres humanos. Al basarse en los hechos observables y en las Matemáticas, la ciencia por definición sólo explica un campo de la realidad: aquello que ha sido evaluado, medido, y en última instancia reducido a leyes naturales. Los hechos que van más allá de lo evaluado, medido y reducido a leyes naturales no son científicos, pero pueden que lleguen a serlo una vez que se les aplique el método científico. Pero los partidarios de las pseudociencias, incluyendo entre ellas el Diseño Inteligente, no pueden esperar para dar ese paso: quieren con impaciencia tener la respuesta para todo, absolutamente todo, ahora mismo y en este lugar. Las pseudociencias no ofrecen respuestas verdaderas porque no han sido contrastadas, y si fueran de verdad contrastadas serían ciencia; sin embargo, a cambio, ofrecen la seguridad de una visión del mundo estable que la ciencia no es capaz de ofrecer. Lo que la ciencia ofrece son preguntas y dudas. Y al común de la gente les gustan las respuestas, no las preguntas. Las respuestas dan seguridad y tranquilizan, mientras que las dudas causan inseguridad y sobresaltos. Defender las pseudociencias es fácil porque siempre habrá público para la superstición tranquilizadora por parte de quienes se sienten seguros aferrados a su pata de conejo de la suerte, mientras que defender la ciencia requiere del valor espiritual para vivir en un mundo en donde las respuestas podrían ser muy distintas a lo que quisiéramos o lo que nos conviene. Lo triste del caso es que cada progreso humano viene de la ciencia, no de la superstición. Puede que la ciencia haya sido usada muchas veces para la crueldad y la destrucción, pero también ha sido utilizada para construir el mundo de maravillas tecnológicas en que vivimos, incluyendo estas Crónicas Antrópicas que usted no tendría ocasión de leer si no fuera por la ciencia. En cambio, la superstición no tiene nada que ofrecerle al mundo, salvo el control de las masas por parte de charlatanes halagando al populacho para satisfacer su ambición de poder. Un muy antiguo texto religioso, no científico, dice: Por sus frutos los conoceréis. Y los mejores frutos humanos son los elaborados desde la ciencia, no desde la religión.

Próxima entrega: "El último gran campo de batalla".

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