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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Diabolus in Musica: El Diablo metió la cola en el pentagrama (1 de 2).


"Las buenas bandas se afilian con Satán" - Bart Simpson.

Entre Dios y el Diablo, el universo entero es un campo de batalla. No es raro entonces que el mundo de la música le haya dado cabida a legiones devotos de ambos. Después de todo, la música produce un tipo de emoción indescriptible que las otras artes no son capaces de alcanzar con tanta fuerza. Si se quiere provocar un verdadero terremoto espiritual, la música es un gran aliado para ello. No por nada, todos los grandes cultos y religiones han integrado la música en el ritual, y mucho de la mejor música selecta que se ha compuesto es en realidad música sacra. Pero el Diablo no ha permanecido inactivo, envidioso frente a los grandes taquillazos de Dios en la venta de discos, y también se ha llevado consigo un pedazo del pastel. Así es que, bienvenidos acá en la Guillermocracia, a la interesante historia de cómo el Diablo ha batallado para ser un triunfador en el mundo de la música.

De partida, debemos señalar que el método tradicional de acercamiento del Demonio a la música es distinto al de Dios. Después de todo, Dios tiene de su lado a las jerarquías eclesiásticas actuando a plena luz del día. Entonces, al pobre Demonio sólo le queda seducir a las almas perdidas que consiga encontrar por ahí, de una en una. El método antiguo era el pacto demoníaco, en que un músico vendía su alma a cambio de ser un compositor o intérprete de talento sobrehumano. Después, las cosas se han puesto más sencillas para el Demonio. Con el creciente desprestigio de las religiones institucionalizadas, muchos músicos se han torcido hacia el demonio para hacer música contestataria, en particular dentro del llamado "metal satánico". El Demonio la tiene más fácil ahora porque ni siquiera necesita mostrarse en persona, pero admitámoslo, sus acólitos ya no son siempre grandes músicos de talento, sino a veces pobres diablos, nunca mejor dicho, que apenas saben tocar una guitarra. Una cosa por la otra.


Dentro de la música selecta no existió tradicionalmente mucho espacio para el Demonio, por una razón sencilla: quienes financiaban a muchos de esos músicos eran la Iglesia Católica.No en balde, muchos músicos en particular durante el Barroco trabajaron como maestros de capilla, o bien componían misas por encargo, hasta el punto que la misa se transformó casi en un género musical en sí mismo. Componer música satánica hubiera sido entonces morder la mano que alimenta. Las cosas empezaron a cambiar en el siglo XIX. Muchos músicos en esa época, a la vez intérpretes y compositores, empezaron a ser artistas free lancers. Además, después de la Revolución Francesa, la Iglesia ya no fue lo que solía ser. Y el Romanticismo a comienzos del siglo XIX tenía una afinidad especial con la oscuridad y las tinieblas: de ahí al demonio hay sólo un paso. Quizás no esté fuera de sitio recordar que una de las primeras obras literarias que se consideran románticas sea... el Fausto de Goethe.



El caso más conocido de músico acusado de vínculos con Satán, fue el violinista Niccolò Paganini. Este vivió entre 1782 y 1840, y fue el violinista más reputado de su época, si no el mejor de todos los tiempos. Entre sus múltiples hazañas se cuenta el haberle amputado tres de las cuatro cuerdas a su violín, y haber tocado un concierto entero con la restante. Si a eso se le suma una actitud de vida romántica, o sea, desatada y contra las normas sociales, tenemos el caldo de cultivo para que la gente rumoreara que su enorme talento artístico venía en realidad de un pacto con Satán. No era una gran ayuda por supuesto que Paganini se pusiera a tocar en los cementerios de noche, completamente solo. El propio Paganini parece que estaba un poco molesto con la fama de satánico que se le colgó, quizás por la mala publicidad, y difundió la leyenda contraria de que el ángel Gabriel habría tenido algo que ver con el tema. Por alguna razón, los mismos que creyeron en la leyenda satánica de Paganini, no se tragaron esto último. La gente es así.



Aunque Paganini es el caso más conocido, existe un buen ejemplo anterior, en la figura de Giuseppe Tartini. Resulta interesante observar que Tartini trabajaba para la Iglesia Católica, y esto en pleno siglo XVIII. Pero tenía sus propios demonios internos. Por ejemplo, parece ser que era un perfeccionista nunca satisfecho con sus propias dotes interpretativas. Su vida también tuvo algunos lances difíciles, como por ejemplo cuando debió escapar por su vida debido a que su esposa era la favorita de un poderoso cardenal que no vaciló en enviar un escuadrón de matones a secuestrar al marido. Quizás todo esto explique un estado de tensión nerviosa que lo llevó a ver al Demonio en un sueño. El resultado fue una pieza cuyo nombre oficial es "Sonata para violín en sol menor", pero que es mejor conocida con el siniestro nombre de "Trino del Diablo", quizás una de las más exigentes piezas musicales jamás compuestas para violín. Y que es muy posible que sólo alguien en conveniencia con el diablo podría interpretar...





Pero durante el siglo XIX, Europa se fue secularizando a marchas forzadas, y suele suceder que la gente que ya no cree en Dios, también tiende a dejar de creer en el Demonio. Por lo tanto, moviéndose de manera furtiva por los márgenes como es su costumbre, el Diablo dejó en algún minuto la vieja y cristiana Europa, y se lanzó hacia el Nuevo Mundo. Este fue colonizado al sur por la católica España, tradicionalmente obsesionadas con las brujas y sus lascivos comercios con el Diablo, y al norte por la protestante Inglaterra, que tiene también su historial de puritanismo mal entendido. Ambos mundos fueron poblados a la fuerza por negros que trajeron sus propias tradiciones culturales desde Africa. Las que eran animistas, y por lo tanto, perseguidas por católicos y protestantes como satánicos. Ahí se incubó un enorme caldo de cultivo para que el Demonio siguiera metiendo la cola en materia musical.

La tremenda ordalía de la raza negra en América encontró vía de escape en un enorme sentimiento espiritual. Este se volvió hacia su propia forma de culto cristiano, en formas musicales como el gospel o el spiritual... pero otros optaron por rebelarse de manera implícita contra el sistema, y entregarse a Satán. Desde sus inicios a finales del siglo XIX, la música blues mantuvo una sombría relación con el príncipe de las tinieblas. Parte importante del encanto del blues radica en la pericia del guitarrista como virtuoso, lo que por supuesto abre dos caminos posibles para el éxito. Uno de ellos es entrenarse intensamente para ser el mejor guitarrista de blues del mundo. El otro es tomar el atajo de conseguirse talento por la vía del pacto demoníaco de rigor. A estas alturas del partido, uno puede empezar a preguntarse si el Demonio no tendrá contratos tipos para esta clase de situaciones.

El caso más famoso de músico vinculado por la envidia de las gentes al Demonio, es el de Robert Johnson. Mucho sobre este músico es más leyenda que historia. Johnson nació en 1911 y murió en 1938, falleciendo a la edad maldita de 27 años antes de que lo hicieran Hendrix o Joplin; debido a su humilde extracción social, es muy poco lo que se ha conseguido investigar de cierto sobre su vida. Según se rumorea, Johnson acudió a cierto cruce en la plantación algodonera Dockery, en Mississipi. Allí se habría encontrado con un hombre alto y siniestro, que habría tomado su guitarra, la habría afinado, y se la habría devuelto con el talento para tocarla. El propio Robert Johnson no parece haber hecho reclamos de pacto con Satán, pero de alguna manera, la leyenda creció a su alrededor.



El que sí reclamó haberse encontrado con el Demonio en la plantación Dockery ya mencionada, fue Tommy Johnson. Sin relación con Robert Johnson, más allá del apellido. Quizás por reclamo publicitario, Tommy Johnson empezó a cultivar de manera deliberada una imagen satánica. Esto incluía por supuesto el obligatorio pacto con el Demonio. El caso es que a diferencia de su colega, que vivió su vida de manera miserable y murió joven, Tommy Johnson sí que conoció el éxito en las décadas de 1930 y 1940. Murió de un ataque al corazón en 1956, cuando tenía cerca de 60 años. En el tiempo de la muerte de Tommy Johnson, el sonido del blues se había propagado lo suficiente como para engendrar progenie. El hijo más revoltoso de dicha progenie fue sin lugar a dudas el Rock and Roll, que estaba naciendo en esos años. Y que sería el nuevo campo de actividades del Demonio.



LEA USTED EN LA SEGUNDA PARTE DE ESTE ARTÍCULO: EL DIABLO SE HACE ROCKERO. THE ROLLING STONES Y LED ZEPPELIN SE VINCULAN A ÉL. Y EL HEAVY METAL LO CAPTURA PARA SÍ, REVERENCIÁNDOLO DESDE IRON MAIDEN HASTA EL BLACK METAL ESCANDINAVO.

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