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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Manual del C.C.C. (Cool Cultureta Corporativo).


Lo que ahora llamaremos Cool Cultureta Corporativo, o más abreviadamente C.C.C., es un nuevo nicho social que ha ido surgiendo ahora a inicios del siglo XXI, y que viene a llenar un vacío ecológico muy importante en el ecosistema humano: la adaptación del friki de toda la vida al mundo corporativo. Su nombre algo largo describe sus principales atributos. Es Cool porque tú quieres ser como él, sea que lo admitas o sea que ardas secretamente de envidia. Es Cultureta porque es capaz de arañar tópicos más altos que el fútbol o la farándula, aunque no necesariamente sepa mucho de Historia, Literatura, o cualquier cosa con la palabra escrita en términos generales. Y es Corporativo porque su perfil sicológico y mentalidad es completamente funcional al aparato consumista creado por las grandes corporaciones. Nos referimos a esos gurúes de Internet que, cuentas de Twitter o de Facebook mediante, han conseguido llamar la atención de las empresas de consumo mediático tales como la prensa escrita o la televisión, y se han transformado en referentes para la gente que posa de sofisticada, sin perder su ángulo tecnológico. Estos especímenes no suelen pasearse mucho por la Guillermocracia, debido al riesgo de encontrar cultura de verdad aquí. Pero si acaso usted deseara ser uno de ellos, acá le daremos algunos consejos. Tenga presente que no todos ellos son aplicables de manera directa. Después de todo, no todos pueden ser cool aunque lo quieran.

MANUAL CON DOCE TÓPICOS PARA SER UN COOL CULTURETA CORPORATIVO (C.C.C.).

1.- Estar en los turbulentos treintas. El CCC está siempre en la treintena. Si está en la veintena no es más que un joven imberbe que cree que se las sabe todas, y eso no es cool sino repelente. Además, ser veinteañero no satisface el requisito de ser cultureta en serio, porque creen que el mundo cultural partió cuando ellos eran adolescentes, y por lo tanto son demasiado ignorantes. Han existido casos aislados en que algún veinteañero ha sido contratado como CCC, pero en general han tenido que agrandarse y adquirir mentalidad de viejo reaccionario para salirse con la suya. Recuerde que para la mentalidad corporativa, el veinteañero sólo sirve para consumir productos con muchos efectos especiales y guiones insubstanciales: es un esclavo del modelo corporativo, y ser esclavo no es cool. En cuanto a los cuarentones, ellos ya son viejos, y por lo tanto tampoco son cool. Además, a los cuarenta años la persona interesada por la cultura ha tenido tiempo de ampliar horizontes, lo que puede llevarlo a pensar demasiado en profundidad; y alguien funcional al modelo corporativo JAMÁS piensa NADA en profundidad.

2.- Ser hombre. Es absolutamente IMPOSIBLE que un CCC sea mujer. Puede ser que una mujer comparta los gustos de un CCC, pero nunca llegará a ser una CCC por ella misma; cuando mucho lo será por rebalse del CCC con el que elija aparearse. En la sociedad en que vivimos, se espera de manera absoluta que las mujeres formen familia y después se encarguen de mantenerla andando, y estas actividades no son cool. A un hombre se le excusa ser niño chico, a una mujer jamás; esto es machista y no debería ser así, pero así es como es, y este es un manual para transformarse en CCC, no para cambiar el mundo.

3.- Tener dinero. El dinero es cool. No tenerlo no es cool. Pero no hay que ser ambicioso ni avariento con el dinero: acumular dinero por el solo afán de acumular dinero no es cool. El dinero sirve para gastarlo a manos llenas en cosas que sí son cool. Una persona que no gasta dinero no cumple con el principal requisito para merecer la etiqueta de corporativo: ser consumista.

4.- Ser egocéntrico. El CCC es un enorme niño chico de felpa. No crecer ni madurar emocionalmente es señal de juventud, y ya se sabe lo mucho que se aprecia la juventud hoy en día. El modelo corporativo se vende a los jóvenes, educándolos cuanto se pueda en el consumo. Además, si llegara a preocuparse siquiera un instante de los demás, ya no sería cool porque estaría desgastándose. La única manera de ser cool es conseguir reunir lo más de uno en uno mismo, para que el peso de la personalidad propia arrolle a los demás y los obligue a reconocer la propia coolez. Preocuparse y gastarse por los demás es así renunciar a lo cool que es uno.

5.- No tener ideología. Para ser corporativo, el CCC no debe tener ideología alguna. Un CCC nunca habla de política ni de religión. Jamás. Si un CCC desarrolla una ideología, corre el riesgo de transformarse en un activista, y entonces jamás podría ser corporativo. Además, el CCC es narcisista, y por lo tanto es incapaz de pensar en un proyecto de sociedad porque eso implicaría ponerse de acuerdo con otros seres humanos y hacer algo tan abominable para un egocéntrico como transar en pos de dichos ideales. Además, si hay dinero en el bolsillo, ¿para qué cambiar el mundo? Mover los palillos sociales podría transformarse en algo parecido a un disparo en el propio pie.

6.- Afición por los cacharros tecnológicos. En lo que se debe gastar dinero para ser CCC es en alta tecnología. Esto es, el último modelo de celular, el más potente computador, la más atlántica banda ancha, etcétera. Palabras como gigabytes, megapixeles y otras que combinan prefijos grandilocuentes con terminología computacional, son imprescindibles en el vocabulario CCC. Un CCC que se precie de tal nunca tiene un aparato del año pasado.

7.- Series televisivas. Antaño, el cultureta no admitía ver series televisivas porque eran de baja calidad, ni veía películas de Hollywood porque eran propaganda del imperialismo de Estados Unidos; debía así conformarse con una ración de aburridas películas de Suecia, Italia, Turquía o Japón, y más recientemente India, Irán o España. Pero como el CCC se ha liberado de la necesidad de predicar una ideología, ahora puede elegir sólo con miras al entretenimiento; su mundo audiovisual no tiene por qué ser educativo porque educar es preocuparse por otros, y el CCC es demasiado narcisista para eso. Por lo tanto, puede ver todas esas cosas que estaban prohibidas antes, como por ejemplo "El Señor de los Anillos", "La guerra de las galaxias", series policiales, etcétera. El CCC no distingue entre cine y televisión: ambas cosas son imágenes con sonido que se ven en el living de su casa, gracias a una pantalla plasma de 29 pulgadas con sistema de sonido de alta definición, con material proporcionado por las descargas ilegales de Internet. Además, el CCC vive inmerso en un mundo en donde lo que cuenta es la franquicia como un todo, que puede incluir televisión y cine sin separación. Pero el CCC no debe ser iconoclasta porque eso no es corporativo: debe limitarse a ignorar lo que no le gusta, no atacarlo. Algunos valores antiguos como Humphrey Bogart o Alfred Hitchcock siempre son agradecidos, porque son entretenidos. Un CCC legítimo admirará a Woody Allen hasta la década de 1980, pero no atacará su producción posterior, sino que la aplaudirá con afecto cínico, con tono perdonavidas, concediéndole al cineasta su bendición para dejar bien en claro que el CCC es cool por sí mismo, y que Woody Allen es cool sólo por extensión, porque es considerado cool por el CCC.

8.- Adquirir mercadotecnia. El CCC no se conforma con ver películas, series, dibujos animados o anime. También debe invertir una razonable proporción del presupuesto en la mercadotecnia asociada, incluyendo los infaltables muñequitos de juguete. Estos objetos son la señal visible tanto de su narcisismo egoísta, como de las aficiones con las que se abanderiza. Nada dice tanto CCC como tener una buena cantidad de figuras de colección de Star Wars. Por cierto, un CCC nunca compra de manera presencial, ya que dichos locales están lejos, y además como deben importar varios ejemplares de un mismo muñeco para rentabilizar, se pierde la exclusividad. Un CCC siempre compra en eBay o en Amazon, buscando ante todo la exclusividad; porque lo exclusivo es cool.

9.- Asistir a conciertos. Acudir a conciertos, tocatas y recitales cumple un doble objetivo para el CCC. Por un lado le permite dar una señal de que él aprecia la música de verdad. Un CCC siempre escuchará rock clásico, música alternativa, rock británico, o música electrónica más o menos suave. Un CCC nunca escuchará metal, punk, rap, reggae o música tropical, bajo ninguna circunstancia. Por otro lado, dado el contundente precio de las entradas, el CCC dará una importante muestra de poder adquisitivo, quemando dinero no en algo que perdure seis meses como un juguete o un nuevo modelo de celular, sino en algo que desaparecerá en un par de horas. Por supuesto, el CCC hará lo imposible por comprarse entradas de buen nivel: la cancha del estadio es para los muertos de hambre.

10.- Tener presencia en Internet. El CCC alimenta su narcisismo estando presente en cuanta red social pueda tener. Lo importante no es seguir a nadie en dichas redes sociales, sino conseguir que los demás lo hagan. Para ello tendrá un blog en donde hablará de temas cool para mostrar lo cool que es; tendrá una cuenta en Facebook que utilizará sólo para autopublicitarse; tendrá una cuenta en Twitter que actualizará 40 veces al día con pensamientos banales y enlaces grotescos; etcétera. El cúlmine de la carrera del CCC para tener presencia en Internet, será conseguir que una compañía de TV cable o un periódico impreso lo contraten para escribir un blog dentro de su propia página corporativa.

11.- Mimetizarse. Tener personalidad propia no es corporativo, porque eso podría llevar a una persona a pensar por sí misma, y entonces dejaría de consumir. Además, aunque la persona cool trate de promocionar lo suyo como una especie de accidente feliz de nacimiento, lo cierto es que lo cool es una característica adquirida, es una etiqueta que los otros ponen y no uno mismo. Por lo tanto, el candidato a cool debe pretender que no le importa la opinión de los demás, y que la coincidencia de gustos con esa otra gente es sólo asunto de casualidad. Un CCC debe siempre mantenerse en relaciones con otros CCC, diciendo lo cool que ellos son para que ellos a su vez devuelvan la mano, en un círculo virtuoso de construcción de coolez. Para ello, el CCC no debe tener gustos diferentes que espanten a otros CCC. Queda terminantemente prohibido para un CCC que no le guste la nueva versión de "Battlestar Galactica", que no le gusten las series de televisión de HBO, que no le guste "The Walking Dead". A un CCC no le gustará el anime moderno y jamás se referirá a éste por dicho nombre, prefiriendo la expresión arcaica monitos japoneses; además ignorará de plano cosas como "Death Note" y "Bleach", y se quedará con clásicos old school como "Mazinger Z" o "Robotech". Un CCC siempre hablará de los personajes de sus series y películas favoritas como si su interlocutor o lector ya los conociera de antemano, permitiéndole así excluir a los que no alcanzan el nivel cool que se requiere para ser un CCC. Además, dar explicaciones para sus interlocutores sería preocuparse porque ellos entendieran, y ya sabemos que un CCC nunca se preocupa por otra persona.

12.- Elegir una chica reaccionaria. Finalmente, ya sabemos que el CCC es un treintañero, y por lo tanto está en edad de merecer. Como su personalidad es la de un niño pequeño, y además gasta su dinero en juguetes y alta tecnología en vez de ahorrar para el mañana, ha resultado poco atractivo para las chicas, que han preferido ca(z)arse con abogados, médicos o ingenieros comerciales. Por lo tanto, la chica que lo quiera debe cumplir con ciertos parámetros bastante específicos. En primer lugar no debe ser cool, para que así el CCC pueda ser cool por los dos, algo que llena su narcisismo. Por lo tanto, dicha chica debe tener características tan poco cool como ser complicada, posesiva, cambiante y neurótica. Debe ser bella para alimentar el narcicismo del CCC, pero no deslumbrante ni radiante porque eso la califica a ella como cool. Debe ser una profesional que tenga un buen nivel de ingresos, porque ella deberá mantener la relación y la eventual familia; el CCC no sacrificará sus gastos en alta tecnología o juguetes para contribuir con bienes en la casa. Debe ser inteligente para ser capaz de llevarse con las cogitaciones del CCC, pero no tanto que las opaque con las suyas propias. Y debe tener un tacto social supremo para contrarrestar el nulo sentido social del CCC. Es obvio que muy pocas califican para ello y además están dispuestas a pasar por el karma de emparejarse con el CCC, de manera que tener un historial de relaciones de largo aliento con separaciones por aburrimiento de ella es casi una señal de identidad del CCC de raza. La que decida casarse con él y procrear una familia, deberá tratarlo no como si fuera su cónyuge, sino como si fuera su hijo mayor. Para ello, nada mejor que una chica reaccionaria, con valores familiares y conyugales bien establecidos. Además, estas chicas tienden a carecer de ideología y suelen ser conservadoras, lo que encaja bien con el perfil corporativo del CCC.

Esperamos que estos consejos sean útiles para reconocer a los CCC, y eventualmente llegar a convertirse en uno. O de manera más deseable aún, evitar convertirse en uno. Se los dice alguien a quien le han explicado cincuenta veces qué es un WhatsApp, y todavía no ha puesto interés en internalizar el concepto.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Crónicas Antrópicas 47 - "La progenie del ser humano".


Si la Astronomía, la ciencia que define nuestro lugar en el universo, se vio revolucionada con la Mecánica Cuántica y la Teoría de la Relatividad, la Paleontología que investiga entre otras cosas nuestros orígenes como especie experimentó un enorme tirón hacia adelante durante el siglo XX. Hasta mediados del siglo XIX, la cuestión de nuestros orígenes todavía era en muchos respectos un misterio que bien podía ser respondido de acuerdo a criterios teológicos. Pero en la década de 1850, hubo dos enormes tirones hacia adelante. Uno de ellos fue la publicación en 1859 de "El origen de las especies" de Charles Darwin, que entregó los primeros argumentos científicos a favor de la hipótesis de que el hombre bien podría provenir de un homínido prehistórico. Este hallazgo le daba base científica a un inquietante descubrimiento de la época: tres años antes, en 1856, en el valle alemán de Neanderthal, se había descubierto un cráneo que era indiscutiblemente humano, pero no de un humano moderno. El hallazgo del Hombre de Neanderthal abrió directamente la puerta a la investigación científica de nuestros ancestros de una manera organizada, metódica y racional. Es decir, científica.


Durante más de tres décadas, la investigación científica de nuestros orígenes se centró en Europa. Por una parte, el grueso de las universidades y centros investigativos estaba en dicho continente, de manera que el primer lugar en donde emprenderían un viaje al campo, sería en los alrededores de tales sitios. Además, en la época se creía firmemente en la superioridad de la raza blanca sobre las restantes por razones biológicas, y por lo tanto, parecía lógico que el eslabón perdido entre el hombre y el mono apareciera en dicho continente: si la evolución iba mucho más adelantada en Europa que en tierras de negros o asiáticos, era natural suponer que el ser humano moderno debía haber aparecido antes en Europa, y de allí debería haber irradiado hacia el resto del mundo.



La gran sorpresa vino en 1891. Para finales del siglo XIX, Europa se había repartido políticamente el mundo como una torta de cumpleaños, y por lo tanto, los investigadores tenían mucha más seguridad para investigar en otras regiones del mundo. En el año mencionado, en la localidad de Trinil en Java, apareció un fósil de "hombre mono". La sorpresa vino cuando se determinó que el llamado "Hombre de Java", que en la actualidad lo sabemos perteneciente a la especie Homo Erectus, era mucho más simiesco que el ser humano actual, y además más antiguo. Nunca se había encontrado un fósil tan antiguo como el Pitecántropo Erecto en Europa. Por fuerza, los paleontólogos debieron volverse hacia otras regiones del mundo. Una vez investigados Africa y Asia, la historia primitiva del ser humano debió revisarse: ahora parecía evidente que el paso del antepasado simiesco común hasta el actual ser humano debió producirse en Africa, y a Europa el hombre moderno llegó como una irradiación.


El siglo XX vio un aluvión de nuevos fósiles, que permitieron construir un muy bien razonado mapa de la evolución humana. Se descubrió así que el Homo Sapiens no era el descendiente en línea directa de los simios, sino el último superviviente de un frondoso árbol de especies homínidas, todas las cuales se encuentran hoy en día extintas. El paso de los primates a los llamados grandes simios debió producirse en algún momento hace veinte o quince millones de años atrás; la aparición de los ancestros homínidos más remotos, quizás hace unos cuatro millones de años. Los grandes simios se dividieron en dos grupos, los australopitecinos por un lado y los homínidos por el otro. Fueron los homínidos los que finalmente ganaron la carrera, abandonando Africa y conquistando el mundo. Uno de los últimos vástagos de ellos soy yo, escribiendo este artículo para la Guillermocracia, y otro de esos vástagos es usted, leyendo esta entrega de las Crónicas Antrópicas: tanto usted como yo, ambos compartimos un ancestro común africano sumergido en algún punto del pasado de la Humanidad.


La aplicación de las novísimas técnicas procedentes de la Genética, a finales del siglo XX, produjeron una nueva revolución. Los científicos consiguieron determinar el ritmo promedio en que se acumulan las mutaciones en el acervo genético humano. Investigando a distintas tribus y razas alrededor del mundo, hicieron un mapa de las mutaciones a lo largo y ancho del planeta. Una misma mutación revela un mismo antepasado común: mientras más extendida geográficamente esta mutación, por fuerza ha de ser más antigua. De esta manera, en el año 2005, hicieron el asombroso hallazgo de que todos los seres humanos descendemos de una colonia de homínidos que abandonó Africa hace unos 50.000 años. No fue el primer grupo de homínidos que salió del continente, por supuesto: ahí está el Hombre de Java, más de medio millón de años más antiguo, para atestiguarlo. Pero sí es el que nos agrupa a todos como especie humana. Estamos más hermanados de lo que pensábamos, y eso sólo hace más provinciano y estúpido el que nos peleemos en guerras fraticidas por motivos tan fútiles como la patria o la religión. Siempre hemos sido una única especie, una única familia, y es la ciencia moderna la que nos ha proporcionado las bases irrefutables de dicha verdad.

Próxima entrega: "La doble espiral de la vida".

sábado, 24 de noviembre de 2012

High Fantasy Manga 6 - "¡Se agota el tiempo! El plazo está llegando y la frontera está lejos".


En los bellos parajes que separaban al monasterio del frondoso y umbrío bosque de Castilla alrededor, Ximena y don Rodrigo paseaban en conjunto.

– Oh, mi adorada Ximena, cuán cansado estoy... Porque he amado la justicia y odiado la iniquidad, es que marcho al destierro.

– No tenéis sólo la armadura de caballero, amado mío, sino también el corazón de uno – repuso Ximena. – Cuán orgullosa me siento de que hayáis arrancado ese juramento a Alfonso.

– Pero, mi amada... Os he puesto en peligro a vos y a cuantos amo, y...

Ximena acalló a Rodrigo poniendo suavemente la yema de sus dedos sobre los labios del guerrero. Luego de la breve pausa, ella habló:

– Vuestros guerreros saben cuál es su deber y cuál es su sacrificio. Quienes os ayuden, preferirán la justicia de vuestra causa a la inequidad de Alfonso. Y yo... Yo juré quereros, amaros y serviros como vuestra mujer y vuestra esposa, hasta que nuestros días se hayan terminado sobre esta Tierra.

Se sintió el chasquido de una ramita quebrándose, y tanto Ximena como Rodrigo Díaz se dieron vuelta con rapidez. Antes de cualquier reacción, Ximena sacó una flecha de su carcaj con una mano y el arco corto con la otra, todo en un solo movimiento, y disparó.

– ¡Ay! ¡Mi trasero! – se sintió un grito entre la espesura.

– ¡Vos, miserable entrometido! – gritó don Rodrigo, al darse cuenta de que quien espiaba a la pareja era Drakkon Inferno Tremendis, y que al tratar de irse, había recibido el flechazo en toda la profundidad de sus posaderas, que por suerte estaban bien acojinadas debido a su gordura.

– ¡Ah! – dijo Ximena, desdeñosa. – ¡Os gusta espiar, señorito! Entonces... – añadió, y lo siguiente lo dijo con voz baja, rasposa y con mucho desprecio: – Espía... ESTO.

Y le descargó una recia patada en toda las costillas a Drakkon Inferno Tremendis.

– ¡Ay! – gritó Drakkon Inferno Tremendis, revolcándose de dolor en el piso. – ¡Más, por favor!

– ¿Ah? ¿Te gusta? – gritó Ximena. – ¡Ahí va otra! – dijo, y le descargó otra patada.

– ¡Ay, sí! – gritó Drakkon Inferno Tremendis. – ¡¡¡SÍ, SÍ, SÍ, AMA, SIIIIIIIÍ...!!!

– ¿Es eso una daga... – preguntó Ximena, llamándole la atención de un detalle en la entrepierna de Drakkon Inferno Tremendis – ...o es que... te... alegras de verme? Yiak, Yokoshima...

Al ser referido como “Yokoshima” por Ximena, Drakkon Inferno Tremendis ya no pudo aguantarse más. Una manchita apareció allí donde parecía esconder una daga en su entrepierna.

– ¡Te quiero fuera de mi hueste, vicioso contra natura! – gritó Rodrigo Díaz. – ¡O si no...!

– Déjalo, déjalo – dijo Ximena, conciliadora. Y luego, con arrogante superioridad, añadió: – Me cae en gracia. Llevémoslo.

– ¿Llevémoslo? ¿Nosotros? ¡Pero...! No, Ximena, tú no vienes conmigo. El camino del exilio es largo, y no podremos...

– ¿Me quieres dejar con este fornicador sola en el monasterio...? – rio Ximena con suavidad. – A uno de los dos tienes que llevar...

– Eh... No – dijo Rodrigo Díaz. – No te puedo llevar, pero tampoco me puedo llevar a este lujurioso conmigo. La única solución, es que deberéis venir ambos. Para vigilar a este... villano.

Drakkon Inferno Tremendis ya se alegraba por las nuevas, cuando de pronto fue izado limpiamente en el aire por Rodrigo Díaz, cuya manopla de acero se engarfiaba como una tenaza sobre su cuello.

– Seguidme dando problemas, y os enfrentaréis a mi cólera. ¿Me habéis oído...?

– Eh, sí, claro, por supuesto... – dijo Drakkon Inferno Tremendis, y trató de ahogar una risilla al pensar que quizás podría encontrar la ocasión de ser aporreado y lacerado otra vez por la guerrera.

Al caer la tarde, los monjes empezaron a rezar sus oraciones, y todos marcharon a dormir. Drakkon Inferno Tremendis no necesitó mayores atenciones médicas por sus costillas rotas, habida cuenta de que estas heridas internas eran producto de una paliza graciosa y no de un serio enfrentamiento final, de manera que según las leyes de su universo, se repondría con mucha rapidez y sin secuelas.

A la mañana siguiente, el grupo estaba otra vez congregado.

– Muy bien... – le dijo Rodrigo Díaz a sus hombres. – Somos caballeros que luchamos por el bien y la justicia, pero nos esperan días largos y bregas difíciles. No tenemos dinero en nuestras arcas para reparar nuestras armaduras ni darle pienso a nuestros corceles. Como ningún cristiano puede darnos cobijo ni monedas, en el castillo encantado del judío Vidas habremos de obtener ambos. Quien quiera abandonar la expedición, puede hacerlo ahora sin deshonra, que si alguien se acobarda de tal cosa, yo le libero.

Todos siguieron con la vista marcialmente al frente. Nadie se movió, salvo Drakkon Inferno Tremendis, cuya cabeza y vista fueron rostro a rostro para ver si alguien se acobardaba.

– ¡En marcha! – dijo Rodrigo Díaz.

El grupo entero empezó a marchar. Drakkon Inferno Tremendis se sintió una vez más en el centro de la épica, de manera que empezó a tararear el tema de “Game of Thrones”. En mala hora, porque su desafinación se amplificaba en su no muy delgada barriga, de manera que Estorlaya terminó por aburrirse y empacarse.

La hueste entera siguió, pero se detuvo más allá. Drakkon Inferno Tremendis sintió que lágrimas de felicidad le asaltaban porque ahora sí le estaban considerando hasta el punto de detenerse hasta que la mula pudiera avanzar otra vez... hasta que reparó en que no le esperaban sino que se reían de él.

– ¡Oigan, des... GRACIADOS!!! – gritó Drakkon Inferno Tremendis, perdiendo la paciencia. – ¿No se supone que tienen un plazo que cumplir antes de que si los pillan en Castilla los maten?

– Pues, leñe, mira que el chico tiene razón, ¿eh?... – dijo uno. – Sigamos camino.

– ¡Hey! ¡Pero...! ¡¡¡Para dónde van!!! ¡¡¡Espérenme!!! ¡¡¡Espérenme!!! Vamos, mula tonta, vamos... Vamos... Está bien, tú te lo buscaste. Mira esto.

Y parándose solemnemente delante de la mula, Drakkon Inferno Tremendis le dijo:

– YO... DRAKKON INFERNO TREMENDIS... TE CONJURO... ¡¡¡CAMINA!!!

Lo dijo tan fuerte y resultó tan amenazante, que Estorlaya, asustado, se dio la media vuelta y le plantó a Drakkon Inferno Tremendis una soberbia coz en la panza.

Rodrigo Díaz y los suyos, atónitos, miraron hacia el cielo para ver pasar a Drakkon Inferno Tremendis volando como la mitología dice que hacen los dragones. En cosa de segundos, el aerolito en cuestión siguió la trayectoria del sol desde el naciente hasta el poniente, y así como había surgido desde los árboles atrás, cayó en los árboles adelante, a una distancia indeterminada.

Perdido, Drakkon Inferno Tremendis empezó a vagar por el bosque. ¿Cómo es que iba a sobrevivir...? No tenía a su mula, que podría habérsela comido en caso de emergencia. No tenía a sus compañeros. Y... ¡ay! No tenía tampoco a Ximena para que le diera alguna sexy paliza.

De manera que, extrañándola mucho, Drakkon Inferno Tremendis agarró una piedra y se machacó él mismo la cabeza, hasta dejarse algunos recios chichones. Después de lo cual, tiró la piedra.

– No es lo mismo si no lo hace ella – dijo lastimeramente.

Cayó la noche, y Drakkon Inferno Tremendis pasó mucho frío durmiendo al pie de un árbol, entre unos arbustos. Creyó incluso sentir el aliento de un lobo paseándose, pero al sentir que el lobo estornudaba, sintió alivio: no lo olfatearía.

El día siguiente transcurrió igual. Cayó la noche nuevamente, y Drakkon Inferno Tremendis, que había vagado durante horas por el bosque, terminó por rendirse. Hambreado, encontró finalmente un arroyuelo, y cuando se puso a beber del mismo y levantó la cabeza...

Delante suyo, en una laguna, estaba Ximena bañándose. Cada musculo de su cuerpo desnudo estaba bien colocado, su busto era amplio y remataba con aureolas y pezones al gusto de Drakkon Inferno Tremendis. Y su trasero era tan firme, que chorreaba el agua por él como por una vertiente.

– ¡¡¡DRAKKOOOOOOOOONNNNNNN...!!! – gritó Rodrigo Díaz, apareciendo entre unos arbustos y percatándose de que el aludido había estado mirando a su chica bañándose desnuda.

– ¡Ay! – gritó ella, tapándose pudorosamente las partes más comprometedoras de su anatomía.

Rato después, Drakkon Inferno Tremendis respiraba trabajosamente a través de sus heridas, amarrado sobre Estorlaya, que había sido encontrada por los hombres de Rodrigo Díaz. Este se lo había llevado, convencido de que era mejor tenerlo en el grupo que abandonarlo, para que no volviera a estar espiando a Ximena.

Finalmente, apareció en el horizonte un castillo ruinoso y tétrico, rodeado de árboles secos, y con cuervos revoloteando sobre sus almenas.

– He ahí – dijo Rodrigo Díaz. – El castillo encantando de Vidas.

つづく

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Diabolus in Musica: El Diablo metió la cola en el pentagrama (1 de 2).


"Las buenas bandas se afilian con Satán" - Bart Simpson.

Entre Dios y el Diablo, el universo entero es un campo de batalla. No es raro entonces que el mundo de la música le haya dado cabida a legiones devotos de ambos. Después de todo, la música produce un tipo de emoción indescriptible que las otras artes no son capaces de alcanzar con tanta fuerza. Si se quiere provocar un verdadero terremoto espiritual, la música es un gran aliado para ello. No por nada, todos los grandes cultos y religiones han integrado la música en el ritual, y mucho de la mejor música selecta que se ha compuesto es en realidad música sacra. Pero el Diablo no ha permanecido inactivo, envidioso frente a los grandes taquillazos de Dios en la venta de discos, y también se ha llevado consigo un pedazo del pastel. Así es que, bienvenidos acá en la Guillermocracia, a la interesante historia de cómo el Diablo ha batallado para ser un triunfador en el mundo de la música.

De partida, debemos señalar que el método tradicional de acercamiento del Demonio a la música es distinto al de Dios. Después de todo, Dios tiene de su lado a las jerarquías eclesiásticas actuando a plena luz del día. Entonces, al pobre Demonio sólo le queda seducir a las almas perdidas que consiga encontrar por ahí, de una en una. El método antiguo era el pacto demoníaco, en que un músico vendía su alma a cambio de ser un compositor o intérprete de talento sobrehumano. Después, las cosas se han puesto más sencillas para el Demonio. Con el creciente desprestigio de las religiones institucionalizadas, muchos músicos se han torcido hacia el demonio para hacer música contestataria, en particular dentro del llamado "metal satánico". El Demonio la tiene más fácil ahora porque ni siquiera necesita mostrarse en persona, pero admitámoslo, sus acólitos ya no son siempre grandes músicos de talento, sino a veces pobres diablos, nunca mejor dicho, que apenas saben tocar una guitarra. Una cosa por la otra.


Dentro de la música selecta no existió tradicionalmente mucho espacio para el Demonio, por una razón sencilla: quienes financiaban a muchos de esos músicos eran la Iglesia Católica.No en balde, muchos músicos en particular durante el Barroco trabajaron como maestros de capilla, o bien componían misas por encargo, hasta el punto que la misa se transformó casi en un género musical en sí mismo. Componer música satánica hubiera sido entonces morder la mano que alimenta. Las cosas empezaron a cambiar en el siglo XIX. Muchos músicos en esa época, a la vez intérpretes y compositores, empezaron a ser artistas free lancers. Además, después de la Revolución Francesa, la Iglesia ya no fue lo que solía ser. Y el Romanticismo a comienzos del siglo XIX tenía una afinidad especial con la oscuridad y las tinieblas: de ahí al demonio hay sólo un paso. Quizás no esté fuera de sitio recordar que una de las primeras obras literarias que se consideran románticas sea... el Fausto de Goethe.



El caso más conocido de músico acusado de vínculos con Satán, fue el violinista Niccolò Paganini. Este vivió entre 1782 y 1840, y fue el violinista más reputado de su época, si no el mejor de todos los tiempos. Entre sus múltiples hazañas se cuenta el haberle amputado tres de las cuatro cuerdas a su violín, y haber tocado un concierto entero con la restante. Si a eso se le suma una actitud de vida romántica, o sea, desatada y contra las normas sociales, tenemos el caldo de cultivo para que la gente rumoreara que su enorme talento artístico venía en realidad de un pacto con Satán. No era una gran ayuda por supuesto que Paganini se pusiera a tocar en los cementerios de noche, completamente solo. El propio Paganini parece que estaba un poco molesto con la fama de satánico que se le colgó, quizás por la mala publicidad, y difundió la leyenda contraria de que el ángel Gabriel habría tenido algo que ver con el tema. Por alguna razón, los mismos que creyeron en la leyenda satánica de Paganini, no se tragaron esto último. La gente es así.



Aunque Paganini es el caso más conocido, existe un buen ejemplo anterior, en la figura de Giuseppe Tartini. Resulta interesante observar que Tartini trabajaba para la Iglesia Católica, y esto en pleno siglo XVIII. Pero tenía sus propios demonios internos. Por ejemplo, parece ser que era un perfeccionista nunca satisfecho con sus propias dotes interpretativas. Su vida también tuvo algunos lances difíciles, como por ejemplo cuando debió escapar por su vida debido a que su esposa era la favorita de un poderoso cardenal que no vaciló en enviar un escuadrón de matones a secuestrar al marido. Quizás todo esto explique un estado de tensión nerviosa que lo llevó a ver al Demonio en un sueño. El resultado fue una pieza cuyo nombre oficial es "Sonata para violín en sol menor", pero que es mejor conocida con el siniestro nombre de "Trino del Diablo", quizás una de las más exigentes piezas musicales jamás compuestas para violín. Y que es muy posible que sólo alguien en conveniencia con el diablo podría interpretar...





Pero durante el siglo XIX, Europa se fue secularizando a marchas forzadas, y suele suceder que la gente que ya no cree en Dios, también tiende a dejar de creer en el Demonio. Por lo tanto, moviéndose de manera furtiva por los márgenes como es su costumbre, el Diablo dejó en algún minuto la vieja y cristiana Europa, y se lanzó hacia el Nuevo Mundo. Este fue colonizado al sur por la católica España, tradicionalmente obsesionadas con las brujas y sus lascivos comercios con el Diablo, y al norte por la protestante Inglaterra, que tiene también su historial de puritanismo mal entendido. Ambos mundos fueron poblados a la fuerza por negros que trajeron sus propias tradiciones culturales desde Africa. Las que eran animistas, y por lo tanto, perseguidas por católicos y protestantes como satánicos. Ahí se incubó un enorme caldo de cultivo para que el Demonio siguiera metiendo la cola en materia musical.

La tremenda ordalía de la raza negra en América encontró vía de escape en un enorme sentimiento espiritual. Este se volvió hacia su propia forma de culto cristiano, en formas musicales como el gospel o el spiritual... pero otros optaron por rebelarse de manera implícita contra el sistema, y entregarse a Satán. Desde sus inicios a finales del siglo XIX, la música blues mantuvo una sombría relación con el príncipe de las tinieblas. Parte importante del encanto del blues radica en la pericia del guitarrista como virtuoso, lo que por supuesto abre dos caminos posibles para el éxito. Uno de ellos es entrenarse intensamente para ser el mejor guitarrista de blues del mundo. El otro es tomar el atajo de conseguirse talento por la vía del pacto demoníaco de rigor. A estas alturas del partido, uno puede empezar a preguntarse si el Demonio no tendrá contratos tipos para esta clase de situaciones.

El caso más famoso de músico vinculado por la envidia de las gentes al Demonio, es el de Robert Johnson. Mucho sobre este músico es más leyenda que historia. Johnson nació en 1911 y murió en 1938, falleciendo a la edad maldita de 27 años antes de que lo hicieran Hendrix o Joplin; debido a su humilde extracción social, es muy poco lo que se ha conseguido investigar de cierto sobre su vida. Según se rumorea, Johnson acudió a cierto cruce en la plantación algodonera Dockery, en Mississipi. Allí se habría encontrado con un hombre alto y siniestro, que habría tomado su guitarra, la habría afinado, y se la habría devuelto con el talento para tocarla. El propio Robert Johnson no parece haber hecho reclamos de pacto con Satán, pero de alguna manera, la leyenda creció a su alrededor.



El que sí reclamó haberse encontrado con el Demonio en la plantación Dockery ya mencionada, fue Tommy Johnson. Sin relación con Robert Johnson, más allá del apellido. Quizás por reclamo publicitario, Tommy Johnson empezó a cultivar de manera deliberada una imagen satánica. Esto incluía por supuesto el obligatorio pacto con el Demonio. El caso es que a diferencia de su colega, que vivió su vida de manera miserable y murió joven, Tommy Johnson sí que conoció el éxito en las décadas de 1930 y 1940. Murió de un ataque al corazón en 1956, cuando tenía cerca de 60 años. En el tiempo de la muerte de Tommy Johnson, el sonido del blues se había propagado lo suficiente como para engendrar progenie. El hijo más revoltoso de dicha progenie fue sin lugar a dudas el Rock and Roll, que estaba naciendo en esos años. Y que sería el nuevo campo de actividades del Demonio.



LEA USTED EN LA SEGUNDA PARTE DE ESTE ARTÍCULO: EL DIABLO SE HACE ROCKERO. THE ROLLING STONES Y LED ZEPPELIN SE VINCULAN A ÉL. Y EL HEAVY METAL LO CAPTURA PARA SÍ, REVERENCIÁNDOLO DESDE IRON MAIDEN HASTA EL BLACK METAL ESCANDINAVO.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Crónicas Antrópicas 46 - "El nuevo universo relativista".


Tanto la Teoría de la Relatividad como la Mecánica Cuántica proporcionaron nuevas y valiosísimas herramientas para penetrar en los misterios del universo como nunca antes se había pensado en lograr. Ambos desarrollos abrieron las puertas para cuestionar las mismísimas bases del universo, su estructura y su composición, a un nivel que ninguna teoría anterior consiguió alcanzar. La serie de descubrimientos cada vez más extraño se fue sucediendo. Por ejemplo, en pocos años se determinó que las ecuaciones que valían para la materia, podían valer también para todo un set de partículas que operaban como espejo de la anterior, y que al encontrar mutuamente en contacto, se desintegraban en energía: en la década de 1930 se obtuvo la primera evidencia empírica de que dichas antipartículas, en efecto, no eran artilugios matemáticos, sino que tenían existencia real. Incluso, algunos científicos piensan que la idea de probabilidad aportada por la Mecánica Cuántica, proporciona la justificación matemática para postular que, en efecto, existen otros universos paralelos al nuestro, quizás con otros juegos diferentes de constantes matemáticas y leyes naturales, con los cuales quizás algún día podamos comunicarnos.


La Teoría de la Relatividad permitió explicar uno de los más profundos misterios del universo: ¿cómo funciona una estrella? Si el Sol fuera una gigantesca bola de carbón ardiendo, entonces debería agotarse en cosa de un par de milenios. Dentro del marco de la Teoría de la Relatividad, fue posible conjeturar que cada cuatro átomos de hidrógeno dentro del Sol se combinan en un átomo de helio, en un proceso llamado fusión nuclear. Como el peso del helio es ligeramente inferior al de los cuatro átomos de hidrógeno reunidos, esa diferencia se transforma en energía: ésa es la fuente de la energía solar. Se determinó también que cuando una estrella consume todo su combustible, disminuye de tamaño hasta transformarse en un nuevo objeto espacial: una enana blanca. Pero si es una estrella supermasiva, su propio peso la hace implotar a una velocidad tal, que rebota sobre su propio núcleo y explota: por primera vez era posible explicar el misterio de las supernovas. Y si la cantidad de materia supera un cierto umbral, dicha materia generará tanta gravedad que se hundirá sobre sí misma, y la velocidad de escape de dicho cuerpo superará a la de la luz, transformándose en pozos de oscuridad de los cuales nada en el universo podría salir: la Teoría de la Relatividad permitió por primera vez predecir la existencia de los agujeros negros.


En 1929, el científico Edwin Hubble anunció un descubrimiento inquietante: el universo mismo se estaba expandiendo. Un par de científicos belgas sacaron las conclusiones obvias: que esa expansión debió empezar en algún punto del tiempo. Pero sus ideas no fueron escuchadas hasta que en la década de 1960 fue captada por primera vez una radiación que parecía venir desde todas partes del universo al mismo tiempo. Los científicos dedujeron que esa llamada radiación de fondo en realidad es una especie de eco del más primigenio y cataclísmico de los eventos cósmicos: el Big Bang, la gran explosión con la que empezó todo el universo. La averiguación con datos empíricos en la mano de que el universo no es infinito en el tiempo o en el espacio, y de que tuvo un comienzo, y quizás tendrá también un final, es una de las más hercúleas hazañas del intelecto humano.


En la segunda mitad del siglo XX, tanto la Mecánica Cuántica como la Teoría de la Relatividad superaron indemne todo un nuevo set de pruebas que venían desde un nuevo campo: la Astronáutica. En 1957 fue lanzado el Sputnik, el primer satélite artificial, comenzando así una edad en que los artefactos humanos, e incluso los humanos mismos, salieron de la Tierra y empezaron a explorar el universo desde más allá de las fronteras de la atmósfera terrestre. A inicios del siglo XXI, la exploración espacial ha llegado a un punto en donde por primera vez se ha determinado la existencia de planetas fuera de nuestro Sistema Solar, varios de los cuales parecieran presentar condiciones favorables para la vida, tal y como la entendemos en la Tierra; en un aspecto al menos, las elucubraciones por las que Giordano Bruno fue quemado en otra época, si bien especulativas, tenían mucho más fundamento del que se pensó. Pero la Teoría de la Relatividad también nos enseña que existe un muro en apariencia insuperable: cuando un cuerpo es acelerado a velocidades cercanas a la de la luz, su masa se incrementa, y se necesita aún más combustible para propulsarlo. Además, ningún cuerpo puede rebasar la velocidad de la luz. La luz misma demora más de cuatro años en viajar hasta la estrella más cercana, y miles de años en viajar hasta el núcleo de la Vía Láctea; hasta la Galaxia Andrómeda, la más cercana que no es un satélite de la nuestra, demora dos millones de años. Peor aún: si bien a velocidades relativistas el tiempo de viaje se acortaría para los astronautas a bordo, en la Tierra se alargaría de manera correspondiente. Dependiendo de la velocidad y de la distancia, mientras un astronauta viaja lo que para él sería medio siglo, para la Tierra podría ser medio millón de años. La Teoría de la Relatividad nos ha enseñado mucho sobre el universo, pero también nos ha demostrado que el viaje espacial tal y como lo conocemos, es impracticable. Si algún día queremos abandonar los confines del Sol y viajar a otras estrellas, debemos encontrar mecanismos que vayan más allá de la Teoría de la Relatividad. Quizás no sea imposible, pero si son barreras que pueden ser superadas, lo serán como el reto más grande que ha afrontado el intelecto humano en toda su historia.


El mayor problema estructural de la ciencia a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI es la disparidad entre la Mecánica Cuántica, que describe el funcionamiento de lo muy pequeño, y de la Teoría de la Relatividad, que describe el funcionamiento de lo muy grande. Ambas teorías se contraponen en demasiados puntos como para que podamos considerarla en conjunto como una visión unificada y sin fisuras del universo. Irónicamente, la superación de la Mecánica Newtoniana nos llevó a una situación muy parecida a la de la ciencia anterior a Newton, en que se utilizaban dos juegos de leyes distintos para dos ámbitos distintos de la realidad. Frente a esto, los científicos parecen haber hecho una apuesta más o menos laplaciana de que el universo sea regido por alguna clase de determinismo, de algún modo; después de todo, la búsqueda de las leyes últimas y fundamentales de la naturaleza sólo puede tener éxito si es que dichas leyes naturales existen en primer lugar. Desde la década de 1980, los físicos vienen trabajando en varias posibles hipótesis que conduzcan a una llamada "teoría del todo", una que reunifique las bases de todas las partículas e interacciones conocidas en un todo orgánico y armonioso, y sobre todo simple, de leyes naturales. No existe una teoría que sea candidata única para el puesto. Algunos científicos consideran la teoría de supercuerdas como aquella que enlaza todas las fuerzas básicas de la naturaleza. Otra posibilidad alternativa es la llamada teoría cuántica de la gravitación, que explicaría dicha fuerza en términos cuánticos, además de einstenianos como ocurre hasta ahora. Sea cual sea la teoría triunfadora, lo cierto es que la unificación de la Teoría de la Relatividad y de la Mecánica Cuántica en un único marco teórico sin grietas significativas, significará una revolución científica tan grande como la creación de ambas teorías en primer lugar.

Próxima entrega: "La progenie del ser humano".

miércoles, 14 de noviembre de 2012

INTERMINABLELOGÍAS: Los primeros 50 años de James Bond en el cine (2 de 2).

Para leer la primera entrega de este posteo, ir a "Los primeros 50 años de James Bond en el cine (1 de 2)".



1983 es el año conocido informalmente como el de la batalla de los Bond. El litigio sobre los derechos de James Bond se había resuelto a favor del productor Albert Broccoli, pero éste había perdido a su vez los derechos sobre la historia de “Operación Trueno”, así como de SPECTRE y Blofeld como villanos. El resultado es que el productor Kevin McClory se decidió a rodar un remake de “Operación Trueno”, llamado “Nunca digas nunca jamás”, y como reclamo publicitario contrató a Sean Connery para interpretar una última vez a James Bond. La película tiene claras diferencias con lo que era la franquicia oficial de la época, en lo que podría contar como una deconstrucción del personaje; vemos a un 007 otoñal y un poco enfermo, unos villanos Bond más de opereta que nunca... y a Barbara Carrera y una entonces desconocida Kim Basinger como chicas Bond. La película fue exitosa, pero quedó segunda tras la entrega oficial de ese año.

Dicha entrega oficial fue “Octopussy”. Roger Moore, quien después de una década estaba cansándose de interpretar a James Bond, fue convencido para seguir adelante, en parte debido a la necesidad de Albert Broccoli de tener a un Bond establecido para poder competir contra el regreso de Sean Connery. En “Octopussy”, James Bond sigue la pista de un contrabando cuyas utilidades sirven para financiar una operación sucia de un general renegado de la KGB, decidido a detonar una bomba nuclear en Alemania Occidental para forzar el desarme unilateral de Occidente, y lanzar un ataque soviético a gran escala sobre Europa Occidental. Para evitar este delirante plan, James Bond debe viajar a la India para encontrar a la enigmática Octopussy, que controla a una red de chicas entrenadas como asesinas, y luego viajar por supuesto a Alemania Occidental. “Octopussy” permanece hoy en día como una de las películas Bond más controversiales, siendo un punto alto de la saga para algunos, y un baldón horrendo para otros.

Algunos dicen que esta película Bond es reguleque.

Con “En la mira de los asesinos” de 1984, la franquicia ingresa definitivamente en la década, con canción rockera a cargo de Duran Duran incluido. Aunque el General Gogol y la KGB siguen apareciendo en escena, el villano en este caso es Max Zorin, interpretado por Christopher Walken, quien ha defeccionado de la KGB y está a punto de dar un golpe terrorista contra la industria computacional de Estados Unidos. De esta entrega diremos que es otra línea divisoria entre los seguidores de la saga, una muy competente pieza de acción para algunos, o muy aburrida para otros.

Roger Moore no regresó más a James Bond, y Timothy Dalton fue contratado en su lugar. Moore había declarado que la única manera de hacer creíbles las proezas de 007, era darles un toque paródico; Dalton por el contrario pretendía interpretar a Bond de manera totalmente seria, siendo un regreso en cierta medida al 007 duro de Connery. Se estrenó en sociedad con “Su nombre es peligro” en 1987, película que sigue en la vena rockera de los temas Bond, ahora a cargo de los noruegos de a-Ha. En la enrevesada intriga de la película, Bond debe ayudar a un defector de la KGB para cruzar la Cortina de Hierro; pero una vez en Occidente, el defector es secuestrado de regreso por los soviéticos. Al final, Bond descubrirá que todo es parte de un elaborado plan por parte del villano para esconder una operación de tráfico de heroína de Afganistán y de armas soviéticas, de la gente en el Politburó. Además de la delirante secuencia de acción en que James Bond y la chica Bond de turno esquivan a los matones enemigos en la nieve sobre un cello, la película presenta la peculiaridad de ser una de las pocas en que James Bond es hombre de una sola chica. Es también la última película Bond en que los villanos son la KGB.

Timothy Dalton: El Bond tristemente semiolvidado.
“Licencia para matar” de 1989 es una de las películas Bond más oscuras de todas. En ella Felix Leiter, agente de la CIA que ha acompañado a Bond en varias entregas anteriores, es literalmente enviado por el villano a alimentar a los tiburones. 007 ve revocada su licencia para matar, pero eso no le impide lanzarse a una imparable ola de venganza que se llevará por delante a unos narcotraficantes de una ficticia república centroamericana. La película está hecha un poco siguiendo la estela de la exitosa serie televisiva “Miami Vice”, y destaca por una acción mucho más brutal que entregas anteriores.

“Licencia para matar” marca el final de una época para la franquicia Bond. Parte importante de por qué la franquicia se había mantenido incólumne tantos años, se debía a la relativa estabilidad de su equipo productor. Pero la franquicia estaba por quedar congelada debido a problemas legales, y en esto, dicho equipo productor se fue dispersando. El infatigable productor Albert Broccoli decidió retirarse, y su hija Barbara Broccoli tomó el reemplazo. Timothy Dalton, ante la demora en rodarse una tercera entrega con él, renunció. Richard Maibaum, guionista que formó parte de casi todos los equipos de guionistas en la saga, falleció, así como Maurice Binder, el diseñador de los créditos. John Barry ya había sido reemplazado por Michael Kamen como compositor en “Licencia para matar”. Además, mientras tanto se había caído el Muro de Berlín y el mundo había entrado en una nueva era; nadie estaba demasiado seguro de que hubiera lugar para un espía tan enraizado en la Guerra Fría, en un mundo globalizado posterior a la misma.

Pierce Brosnan tomando el relevo de 007 en Goldeneye. Todo iría cuesta abajo después.

La respuesta fue “Goldeneye” de 1995. Esta fue la primera entrega de cuatro en la que el rol de James Bond fue interpretado por Pierce Brosnan; a lo largo de sus entregas, el Bond de Brosnan evolucionó desde la dureza inicial de “Goldeneye”, hasta un carácter cada vez más suave y fino. En cierto sentido fue una continuación del Bond de Dalton o incluso del de Connery, para terminar de manera parecida al Bond de Moore. En cuanto a la película misma, fue un brusco tiraje por la chimenea de la franquicia, para adaptarla a la década de 1990. Entre otras cosas, James Bond por primera vez tiene una jefa mujer, ya que la nueva M es interpretada por Judi Dench, lo que origina algunas tensiones entre el ícono machista y una mujer de mentalidad más feminista. Además, por primera y única vez en su primer medio siglo, vemos una película Bond con una banda sonora electrónica, obra de Eric Serra, si bien el tema principal, compuesto por músicos de U2 e interpretado por Tina Turner, tiene una ampulosa orquestación de corte clásico. La película se hace cargo también de mostrarnos a Bond en un mundo postsoviético: Bond viaja a Rusia y destroza las calles de San Petersburgo con un tanque para demostrarnos que la Unión Soviética definitivamente se ha quedado atrás. Aún así, el principal villano es un agente británico dado por muerto en una misión antigua, y que ha conseguido hacerse un lugar traficando armas en medio de la mafia rusa.

Una M mujer, a dónde iremos a parar...

Aunque “Goldeneye” fue un exitazo, aseguró la supervivencia de la franquicia Bond en el cine y suele ser considerada como una de las mejores en la saga, no puede decirse lo mismo de “El mañana nunca muere”. Estrenada en 1997, la película comenzó el camino de la decadencia a través de tramas estrambóticas que caracterizaría al Bond de Brosnan. En ella, Bond debe investigar el misterioso naufragio de un buque de guerra británico cerca de los mares de China, para evitar una guerra entre dicho país e Inglaterra; detrás de todo está un magnate de los medios de comunicación que está creando sus propias noticias, sirviendo a los intereses de China para obtener una concesión multimillonaria en dicho país. Esta entrega es también la primera de cinco consecutivas, en que el compositor David Arnold está a cargo de la banda sonora.

La siguiente entrega, “El mundo no es suficiente” de 1999, presenta una interesante inversión. Dentro del esquema clásico de las películas de James Bond, el supervillano es siempre un hombre, que a su lado tiene la chica Bond mala; en esta entrega, en cambio, quien aparece en primera instancia como el supervillano en realidad es el matón, y quien aparece como la chica Bond buena se revela como la chica Bond mala primero, y como la auténtica supervillana después.

“Otro día para morir” de 2002, siendo la película Bond oficial número 20, así como la película para celebrar los 40 años de la franquicia, fue concebida como una especie de homenaje a la franquicia. El plan del supervillano incluye la fabricación de un gigantesco láser orbital para destrozar las fuerzas de Corea del Sur, y reunificar ambas Coreas bajo la égida del norte. Es, en efecto, una especie de remake de “Los diamantes son eternos”, con la significativa adición de una parada en Cuba para homenajear a “Dr. No”, más algunos otros elementos tomados de la totalidad de la franquicia. Como ingrediente extra, es la primera secuencia de precréditos en donde Bond pierde, es capturado, y según se deja entrever, es torturado sin piedad. La película fue un éxito de taquilla, pero en general fue mal recibida debido a elementos tan disparatados como James Bond haciendo surf, o la inclusión de un automóvil invisible. Fue también la última de Pierce Brosnan como Bond.

Como el 007 de toda la vida, pero a lo bestia.

Para afrontar las críticas, Daniel Craig fue llamado para interpretar a un James Bond mucho más duro. Los referentes en estos casos serían la saga de Jason Bourne por un lado, y Jack Bauer de “24” por el otro. Los productores decidieron remarcar que se trataba de un nuevo inicio, adaptando la primera novela del personaje, “Casino Royale”, cuyos derechos entretanto habían conseguido adquirir, y que ya había sido base para una desmadrada parodia no oficial en 1967. Aunque Daniel Craig afrontó muchas críticas antes del estreno, después de su impecable interpretación se apoderó de manera inmejorable del personaje. “Casino Royale” de 2006 entra de lleno en el tema de la guerra contra el terrorismo, con James Bond tratando de detener el financiamiento de una red terrorista mundial; nos muestra también cómo James Bond adquirió la licencia para matar, así como el modo en que se van configurando los distintos elementos de su personalidad, hasta terminar en el 007 que hemos conocido en las otras películas. Por desgracia, la misma fue seguida por la muy olvidable “Quantum of Solace”, el año 2008, cuya única adición de interés es la incorporación de una nueva organización terrorista secreta, el Grupo Quantum, del cual no sabemos por el minuto si será presentada en nuevas entregas a futuro.

La quiebra de MGM y los líos corporativos posteriores paralizaron una nueva entrega durante cuatro años. Pero ésta llegó en 2012, a tiempo para celebrar los cincuenta años del personaje en la pantalla grande. “Skyfall” sigue explorando en la personalidad y pasado de James Bond. En la película, un supervillano lanza un ataque ciberterrorista contra MI6. Mientras la jefa M es cuestionada por los políticos debido a la crisis de seguridad, James Bond se lanza a la cacería del responsable, que resulta ser un hombre con sed de venganza contra M. El escenario de la película sigue siendo el mundo post 9-11, en donde el villano ya no es un país sino un grupo terrorista. Como elemento dramático adicional, James Bond es presentado una vez más como falible y humano: al principio de la película es tiroteado por error y dado por muerto, y cuando resurge para asumir el servicio otra vez, es un héroe desentrenado y propenso a cometer errores. En el final de la película vemos como James Bond regresa a un lugar muy significativo para él, con la finalidad de proteger a M en un último duelo contra el villano, que adquiere casi características de Western. Vemos también como, en esta nueva continuidad, reaparecen tanto la División Q como Moneypenny, en lo que pareciera ser el cierre de una trilogía abierta con “Casino Royale”, y que ha servido para terminar de establecer a Bond como el personaje que conocimos en las películas anteriores al reboot del año 2006. Lo que hagan con Bond en los próximos 50 años, eso ya pertenece a otra historia.


INTERMINABLELOGÍAS regresará con...


domingo, 11 de noviembre de 2012

Crónicas Antrópicas 45 - "E=mc2".

(Nota de las Crónicas Antrópicas: Por limitaciones de Blogger, no se puede colocar el título como debería ser: con el numeral "2" como superíndice para ser leído como "al cuadrado" y no "dos").


Ya hemos comentado que la mecánica newtoniana tuvo la gran virtud de explicar con un puñado de leyes simples y comunes, tanto la mecánica celeste como la mecánica terrestre, que muchos hasta el minuto concebían como separadas, y si las concebían unidas, no entendían el punto de unión. Pero las ideas newtonianas tenían un torpedo bajo la línea de flotación: para que funcionaran, se requería un espacio y tiempo absolutos, independientes de los objetos. En realidad, ya Galileo Galilei había reparado en que la posición o movimiento de un cuerpo sólo puede ser medido en relación a otro, aunque ese otro fuera la Tierra misma: ya Galileo Galilei era, en cierta medida, un relativista. En muchos sentidos, las leyes del movimiento de Newton eran derivaciones de este principio de Galileo, incluyendo la idea de que toda fuerza genera una reacción igual, pero en sentido contrario... Pero en el siglo XIX, los científicos se encontraron con el problema de cómo la luz se propaga en el vacío, y para ello debieron postular la existencia de un éter ocupando todo el universo, y que haría las veces de espacio y tiempo absolutos. Lo único que parecía restar, era medir la velocidad de la Tierra respecto del éter, en lo que se llamó el experimento Michelson-Morley. Y aquí sucedió el desastre. Según los resultados del experimento, la velocidad de la luz era siempre constante viajara en la dirección que viajara: no podía existir un éter que opusiera alguna clase de resistencia de roce a la Tierra. ¿Qué había fallado?


La intuición genial que tuvo Albert Einstein, fue preguntarse qué sucedería si él mismo se montara en un rayo de luz. Su respuesta fue que cualquier alteración en su propio espacio y tiempo pasaría desapercibido porque el rayo de luz sería su punto de referencia: sería el universo entero el que cambiaría. De allí, Einstein desarrolló las ecuaciones por las cuales determinó que un objeto propulsado a velocidades que sean una fracción apreciable de la propia de la luz, deberían experimentar alteraciones en su masa, y también en su propio espacio y tiempo. De ahí salieron el concepto de "contracción del espacio" y "dilatación del tiempo": Einstein enseñó que ambos fenómenos eran las dos caras de una misma moneda, sólo que se presentarían como uno u otro dependiendo del punto de vista del observador. Dicho de manera más sencilla: el movimiento de los cuerpos y su medida son relativos al observador mismo.


La gran revolución einsteniana consistió en probar que la materia y la energía están íntimamente ligados al espacio y al tiempo: estos dos últimos no pueden existir sin los anteriores, ya que sin materia o energía no hay como medir el espacio y el tiempo. A su vez, Einstein determinó que la materia y la energía son en realidad dos aspectos de la misma cosa; algo después, este principio se vería reforzado por el hallazgo de que una partícula puede comportarse al mismo tiempo como una onda. Esta equivalencia de la masa y la energía es la famosa ecuación E=mc2 (leído como "la energía es igual a la masa, multiplicada esta última por la velocidad de la luz elevada al cuadrado"). A su vez, Einstein probó que el espacio puede transformarse en tiempo y viceversa: en realidad, a las tres dimensiones del espacio (largo, alto y ancho) que se utilizan como medios de referencia, cabe agregar una cuarta, que es el tiempo.


Estas ideas son enormemente contraintuitivas, y costó mucho que se hicieran conocidas más allá de la comunidad científica. Insignes mentes como Bertrand Russell se dieron a la tarea de divulgarlas, en libros de divulgación como "El ABC de la relatividad". Pero mientras tanto, un nuevo género literario estaba naciendo: la Ciencia Ficción. Un escritor británico llamado Herbert George Wells, en "La máquina del tiempo", había anticipado la idea de que el tiempo es la cuarta dimensión. Pero en el intertanto, era necesario probar que la relatividad no sólo era un conjunto de matemáticas extrañas, sino una realidad. Una de las predicciones de la Teoría de la Relatividad, era que la masa del Sol era capaz de desviar la trayectoria de la luz. Esto fue probado durante un eclipse de sol en 1916: en el borde del Sol se midió cómo una estrella había cambiado ligeramente de posición. Por supuesto que la estrella no se había movido: era la luz lanzada desde la misma la que se había torcido al pasar cerca del Sol, y los observadores terrestres, al asumir la luz viajando en línea recta, veían la estrella como si estuviera lanzando la luz desde una posición diferente. Esto fue otro golpe de la teoría relativista: la gravedad ya no era una fuerza como la concebía Netwon, sino que era una propiedad del espacio y tiempo, o mejor dicho, las huellas que la masa dejaba en la red del espacio y tiempo.


Pero el mundo de la Física experimentaría un enorme problema: la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica no eran fácilmente reconciliables. Aunque le enmendaba la plana a Newton, las ideas de Einstein seguían basándose en el principio de causalidad, aunque ahora entendido de una manera muy diferente: puede que el espacio y el tiempo se midan de otra manera, pero sigue habiendo una correlación de eventos que pueden ser llamados causas unos de otros. En el caso de la Mecánica Cuántica, en cambio, en particular después de enunciarse el principio de incertidumbre, la causalidad parecía desterrada para siempre: cuando mucho, los científicos del mundo subatómico podían hablar de probabilidades, pero no de causas fijas y concretas. La lucha por encontrar una teoría unificada del universo, que resuelva las brechas entre ambas tesis, es la guerra científica más colosal de todos los tiempos, y es una que al momento de escribir esto, un siglo después de la Mecánica Relativista y la Mecánica Cuántica, aún sigue sin resolverse.

Próxima entrega: "El nuevo universo relativista".

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La Guillermocracia a finales del 2012.


Iniciando los dos últimos meses del movido año 2012, acá va un adelanto de los proyectos supersecretos armamentísticos en los cuales las Fuerzas Unidas de la Guillermocracia están trabajando:
  • Después de un año de posteos semanales, en Diciembre culminarán las Crónicas Antrópicas. Es seguro y confirmado que después de las Crónicas CienciaFiccionísticas y éstas, no habrán unas terceras para el 2013. Más adelante aún, quién sabe.
  • Habrá nuevos capítulos de "High Fantasy Manga", blogoserie que quedó interrumpida hace algunos meses. En los episodios venideros, comenzará la guerra contra los moros, con las consecuencias que son de prever para el pobre Drakkon Inferno Tremendis.
  • En Interminablelogías tendremos la segunda parte de la saga de películas de James Bond. Para más adelante, aunque sin fecha aún, está planificado también un épico posteo acerca de la Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan.
  • Para los fanáticos de la literatura fantástica, estamos preparando un posteo acerca de J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis.
  • Y finalmente, estamos proyectando abrir una encuesta para los lectores de la Guillermocracia, para una serie especial de posteos de alguna clase, en condiciones a determinar. Probablemente, de realizarse, sea ya en los primeros dos o tres meses de 2013. En cualquier caso, los comentarios de los lectores respecto de esta iniciativa interactiva son bienvenidos, a fin de desarrollarlo como debe ser. O sea, a completa satisfacción de los lectores.
Cualquier sugerencia y comentario acerca de la marcha de la Guillermocracia se agradece. Sea para felicitarnos por los buenos posteos, o sea para ayudarnos a reforzar los puntos débiles. Creo que ya acercándose a los dos años y medio, la Guilllermocracia se consolida cada vez más como un espacio dentro de la blogósfera, de manera lenta pero sostenida, y sólo cosas buenas pueden llegar aquí a futuro. Los lectores tendrán la última palabra al respecto.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Crónicas Antrópicas 44 - "El advenimiento de la Mecánica Cuántica".


El estudio de la luz había sido dificultoso debido a su naturaleza. Recién en el siglo XVII, la velocidad de la luz pudo ser estimada de una manera razonable, pero su naturaleza era desconocida. Isaac Newton estaba convencido de que tenía una naturaleza corpuscular, en extraño acuerdo con Descartes a quien desbancaría en todo lo demás; su contemporáneo Christian Huygens pensaba por el contrario que la naturaleza de la luz era ondulatoria. En el siglo XIX, se consiguió vincular la luz, la electricidad y el magnetismo: la luz era una forma de radiación electromagnética, en efecto. Pero de manera desconcertante, algunos fenómenos relativos a la luz sólo podían ser explicados si la luz presentaba un carácter corpuscular. En el año 1900, el afamado científico Lord Kelvin presentó una conferencia en donde anunció el final de la Física, ya que todo estaba conocido... salvo por lo que llamó "dos nubes oscuras", que eran el tema de la radiación del cuerpo negro, y el experimento de Michelson y Morley. Sobre el segundo ya nos referiremos en otro capítulo de las Crónicas Antrópicas. En cuanto al primero, versa sobre el fenómeno observado de la radiación que es emitida por un cuerpo en equilibrio termodinámico con el ambiente: ¿cómo es posible que si un cuerpo no está "más caliente" que el entorno, aún así pueda emitir energía? Es como si una estufa apagada, a la misma temperatura del medio ambiente, siguiera emitiendo calor. ¿Cómo puede ser esto posible?


En ese mismo 1900, un científico llamado Max Planck aventuró una interesante teoría. Quizás la luz no se emita como un chorro continuo y "apagable" hasta el infinito, sino que está conformada por "paquetes" de energía, a los que llamó "quanta". El hallazgo de Max Planck fue remachado por un científico posterior que, en 1905, utilizó esta teoría para explicar el efecto fotoeléctrico; este efecto es el mismo que opera en los sensores de luz que abren o cierran las puertas de los ascensores al paso de la gente, y se explica por la emisión de partículas de luz (llamadas después "fotones"). Era una prueba decisiva a favor de la teoría corpuscular de la luz. Dicho científico recibió el Premio Nobel de Física de 1921 por su hallazgo. Su nombre era Albert Einstein: en efecto, y contrario a la creencia común, Einstein no recibió el Nobel por su Teoría de la Relatividad...



Sin embargo, las cosas iban a volverse más embrolladas. ¿Qué es entonces la luz, un haz de ondas o un chorro de corpúsculos? ¿Por qué a veces puede comportarse como una onda, y a veces como un chorro de partículas? Las ecuaciones de Einstein abrieron la puerta a la idea de que la luz puede comportarse como ambas, o incluso ser de una naturaleza dual. Un par de décadas después, un científico llamado Louis-Victor de Broglie hizo extensivas las ecuaciones einstenianas sobre la luz a toda la materia, y descubrió que calzaban. La conclusión era desconcertante: ¡resulta que toda la materia posee una onda asociada! Es decir, no sólo las partículas de luz (los fotones, como se los llamaría por esa época) tenían una onda asociada, sino también los electrones, los átomos... Incluso las personas y los planetas, aunque en el caso de los objetos macroscópicos, aquellos de un tamaño significativamente mayor al átomico, la onda asociada se reduce hasta niveles tan diminutos que pasa a comportarse como si no existiera en la práctica. De ahí que por primera vez se esbozó la gran línea divisoria entre el mundo cuántico y el mundo real: es en el mundo cuántico en donde la ahora llamada dualidad onda-partícula se hace lo suficientemente significativa como para romper con las leyes newtonianas de la naturaleza.


Para explicar algo tan contraintuitivo como que una partícula pueda ser esto y una onda al mismo tiempo, y que aún así las veamos en una forma u otra, pero no ambas a la vez, el científico Werner Heisenberg lanzó un postulado muy atrevido: es posible conocer la posición de una partícula, o la velocidad de la misma, pero no ambas al mismo tiempo. Es decir, si medimos el lugar en que se encuentra la partícula en un momento dado, no sabremos nada sobre su movimiento, y si medimos su velocidad o movimiento, no podemos determinar su ubicación en un momento dado. A esto se le llamó el "principio de incertidumbre". De pronto, el querido modelo atómico que comparaba a los átomos con diminutos "sistemas solares" al estilo newtoniano, fue sepultado para siempre: seguía siendo válido que los electrones estaban alrededor del núcleo, pero no como un planeta en su órbita, sino como una "nube de probabilidad". Para la Mecánica Cuántica, calcular la probabilidad de un millón de átomos es juego de niños: hacerlo sobre un solo átomo, es imposible. Algo después vino la llamada paradoja del Gato de Schrödinger: un gato está dentro de una caja con una botella de veneno que será liberada y matará al felino cuando un átomo emita una partícula de radiación. ¿Está el gato vivo o muerto? Si miramos en la caja, lo sabremos, pero si no miramos, no podemos determinar otra cosa sino la probabilidad de que el gato esté vivo o muerto, sin tener ninguna certeza: no podemos saber con certeza sólo a partir del cálculo matemático si la partícula de radiación ha sido emitida o no con certeza, y por lo tanto, si el gato está vivo o si el veneno se ha liberado.



Después de la postulación del principio de incertidumbre de Heisenberg, los científicos empezaron a cuestionarse las bases mismas de la realidad, la posibilidad misma del conocimiento total al estilo newtoniano o laplaciano. ¿Qué significa la incertidumbre? ¿Significa que no tenemos todavía las herramientas empíricas o matemáticas para ir más allá de la nube de probabilidad? ¿O por el contrario, esta incertidumbre es un valor fundamental de la realidad, un límite para aquello que puede ser conocido por parte del ser humano respecto del mundo material? La cuestión ha generado tormentas de debates en la comunidad científica durante casi un siglo, y al momento de escribir esto, no parece tener trazas de resolverse. Lo que sí queda en claro, es que la Mecánica Cuántica alteró de una vez por todas y para siempre, todo el determinismo sobre el cual se había construido la física convencional desde los tiempos de Galileo y Newton.

Próxima entrada: "E=mc2".
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