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miércoles, 24 de octubre de 2012

INTERMINABLELOGÍAS: Los primeros 50 años de James Bond en el cine (1 de 2).



Que James Bond el agente secreto 007 es el espía más famoso de todos los tiempos, es la frase hecha con la que debe partir cualquier artículo sobre el personaje. Este fue creado por Ian Fleming, un antiguo espía devenido en escritor que presentó al personaje en su novela “Casino Royale” de 1953. En 1962 fue estrenada “Dr. No”, la primera película de la franquicia, y desde entonces el personaje entró en la leyenda.

En realidad, la primera adaptación de James Bond fue para “Climax”, una serie de televisión de las llamadas de antología, o sea, de episodios autoconclusivos al estilo “Alfred Hitchcock presenta”. Por eso, cuando los productores Albert Broccoli y Harry Saltzman trataron de llevar la franquicia al cine, ésta no pudo partir con “Casino Royale”. De hecho, la novela en que se basó la primera película, “Dr. No”, es una secuela que resuelve un cliffhanger dejado en “Desde Rusia con amor”, en que se basó la segunda película, la que a su vez, en su versión fílmica, termina sin el cliffhanger en cuestión.

Doctor Julius No, primer villano Bond en tratar de conquistar el mundo y morir en el intento.

Saltzman había tenido problemas en llevar a James Bond al cine debido a la poca fe general sobre el material de base. Varios actores rechazaron interpretar a James Bond o al Doctor Julius No, el primer villano Bond. Incluso había dudas sobre un joven y desconocido actor llamado Sean Connery, que se despejaron con su primera aparición en pantalla diciendo como nadie su célebre presentación “Bond, James Bond”. El presupuesto fue de un millón de dólares, que incluso para los estándares de la época era bastante modesto, aunque no se nota mucha pobreza debido al aprovechamiento de los paisajes de Jamaica. Hoy en día, “Dr. No” parece una película Bond extraña, ya que aún no había claridad sobre los elementos de la franquicia, y por lo tanto no tenemos créditos con siluetas de chicas desnudas, ni canción Bond propiamente tal. La publicidad de la película informaba lo que hoy en día es parte de la cultura popular: que el doble cero significa licencia para matar, cuando quiera y donde quiera. Además, la acción parece a ratos sacada de algún thriller de Alfred Hitchcock.

Pero en la época, James Bond fue un giro copernicano en el cine. Bond era un antihéroe. En ese tiempo, los héroes no mataban de manera deliberada, y menos a sangre fría; además se mantenían castos y puros, resistiéndose a las tentaciones de la mujer fatal de turno, y menos aún se acostaban con varias mujeres en una racha. Se ha observado que James Bond es un ídolo capitalista, bien vestido y de buenos modales, como figura alternativa al revolucionario barbón que encarnaba Fidel Castro por esos mismos años. El Doctor Julius No, por su parte, se transformó en un villano Bond quintaesencial, aunque en estricto sentido, es un destilado de los antiguos pulps acerca del peligro amarillo, casi un sucedáneo del Dr. Fu Manchú. Y Ursula Andress caminando por la playa con su bikini blanco, se transformó en el emblema de la chica Bond. La película marca también la primera aparición de Bernard Lee como M, el gruñón jefe de 007, y de Lois Maxwell como Moneypenny, la secretaria de eternos flirteos con el espía; ambos actores seguirían en sus respectivos roles hasta el fallecimiento del primero y el retiro de la segunda, ya en la década de 1980. Mención aparte merece el compositor John Barry, quien con alguna excepción, musicalizaría la práctica totalidad de la saga hasta “Su nombre es peligro” de 1987.

Ursula Andress, la primera chica Bond: mil veces imitada, jamás superada.

El éxito de “Dr. No” en 1962 llevó al lanzamiento de una secuela casi cada año. En “Desde Rusia con amor” de 1963, aparecen por primera vez los característicos créditos Bond, así como la primera canción Bond, interpretada por Matt Monro. Bond es enviado a Estambul para tratar de capturar una máquina encriptadora soviética que le ofrece en bandeja una espía rusa que, a su vez, cree trabajar para SMERSH, la agencia de contraespionaje rusa. En realidad, los villanos son SPECTRE, una organización criminal liderada por un hombre misterioso al que sólo vemos desde el respaldo de su sillón, que acaricia a un gato blanco, y que sólo es llamado el Número 1. En entregas posteriores descubriremos que su nombre es Ernst Stavros Blofeld, y se transformará en el más icónico de los villanos de la saga.

En 1964 fue estrenada “Goldfinger”, considerada por lo general una de las mejores de toda la saga. James Bond se enfrenta a Auric Goldfinger, un supervillano que está acaparando oro en todo el mundo para lanzar un golpe terrorista que le permitirá la mayor especulación de todos los tiempos. “Goldfinger” es la primera película Bond en donde cuajan todos los elementos de la franquicia: Bond acababa de transformarse en fórmula. Y en esta película se incluyen escenas tan recurridas con posterioridad como la chica muerta y pintada en oro, o James Bond amarrado a una plancha de metal y a punto de ser cortado en dos por un rayo láser. Por su parte, en esta película aparece la primera de tres interpretaciones de Shirley Bassey en una canción Bond, en concreto la icónica “Goldfinger”.

Muerta por asfixia cutánea, después de acostarse con James Bond.

“Operación Trueno” de 1965 es la primera gran superproducción Bond. Con un presupuesto de cuatro millones de dólares, un millón entero (el presupuesto total de “Dr. No”) fue utilizado en la recreación del yate del villano. En esta entrega, SPECTRE roba dos cabezas nucleares y extorsiona al mundo civilizado con ellas; Bond debe viajar a las Bahamas para rescatarlas, en una película pionera en la utilización de escenas submarinas de acción. Por su parte, en “Sólo se vive dos veces” de 1967 la épica es llevada al máximo, con James Bond siendo aparentemente asesinado al comienzo, para ser después rescatado de las aguas casi como un nuevo Moisés, viviendo después un enfrentamiento decisivo contra SPECTRE en Japón; esta película hizo historia dentro de la saga porque la base del villano, dentro de un cono volcánico apagado, se ha transformado en un referente posterior para cuanta parodia Bond se ha terciado de salir después.

Ernst Stavro Blofeld, el más icónico de los villanos Bond.

Después de cinco películas, Sean Connery no quería regresar al personaje, temiendo ser encasillado. Los productores contrataron entonces al australiano George Lazenby. Pero al estrenarse “Al servicio secreto de Su Majestad” en 1969, el público no lo aceptó como Bond, y Lazenby mismo no estaba convencido de seguir. Esta película de James Bond es única dentro de sus primeros cincuenta años a lo menos, en que el agente sienta cabeza y contrae matrimonio; pero como eso acabaría con su condición de mujeriego, al final el guión arregla que SPECTRE mate a su esposa, proporcionándole también motivo para una revancha posterior.

Los productores, desesperados por salvar la franquicia, querían a Sean Connery de regreso una vez más. Connery, no muy ansioso, demandó un salario de un millón de dólares, una suma exhorbitante para la época, con la esperanza de que los productores declinarían. Para su sorpresa aceptaron, y Connery se vio forzado a protagonizar “Los diamantes son eternos” en 1971. En esta película, Bond parte investigando un contrabando de diamantes, para descubrir a mitad de camino que éstos son destinados a un láser orbital que SPECTRE utilizará para sembrar el caos en la Tierra. La película tiene el mérito de ser la primera de la saga que incluye una persecusión automovilística en toda regla, recurso entonces todavía en pañales en materia de cine de acción, y que ya había sido utilizado como novedad en “Bullit” con Steve McQueen, y que en ese mismo 1971 tendría otro importante ejemplo en “Contacto en Francia”.

Con “Los diamantes son eternos” se nota el paso del tiempo en la estética de la franquicia, ahora anclada en la década de 1970. Esto llevó a un conflicto entre los dos productores. Harry Saltzman quería mantener la fórmula enraizada en los temas y estética de la década anterior, considerándolos inseparables de la franquicia, su marca de fábrica. Albert Broccoli, por su parte, deseaba actualizar a James Bond para mantenerlo relevante. A la larga sería el enfoque de Broccoli el que triunfaría, lo que impediría el estancamiento de la franquicia. Broccoli y Saltzman producirían aún dos películas más, luego de lo cual el segundo se marcharía, y quedaría el primero a cargo en solitario de la franquicia.

Con “Vive y deja morir” de 1973, la franquicia se actualizaría en forma. El cambio más importante es que Roger Moore aparece como James Bond en la primera de sus siete veces consecutivas; los productores habían pensado en contratarle antes, pero los compromisos de Moore con la serie televisiva “El santo” no se lo permitieron. El supervillano ya no es SPECTRE o su cabecilla Blofeld, quienes entre tanto por un litigio sobre los derechos no estaban disponibles; ahora el plan del villano no es extorsionar al mundo ni utilizar alta tecnología para desatar la Tercera Guerra Mundial, sino algo más terrenal: inundar de heroína el mercado de Estados Unidos. La película tiene una evidente influencia de la blaxploitation, género cinematográfico que entretanto estaba tomándose la taquilla, en un intento por mantener a Bond siempre fresco y relevante con el mundo exterior. Además, por primera vez se utiliza un tema Bond rockero, a cargo de Paul McCartney y su grupo Wings, que es “Live and Let Die”, mejor conocido quizás por el cover que después grabó Guns 'n' Roses.

“Vive y deja morir” no fue tan bien recibida por la audiencia. Peor le fue a “El hombre del revólver de oro” de 1974: lo único destacable de ella es que el villano, un asesino a sueldo que desea jugar un juego mortal con Bond, es interpretado por Christopher Lee. El matón por su parte fue Hervé Villechaize, mejor recordado como... el enanito de “La isla de la fantasía”. Fue la última película en que Saltzman intervino como productor.

Roger Moore vs. Christopher Lee. No hay premio para el que adivine quién es el hombre del revólver de oro.

Albert Broccoli hizo un último esfuerzo por salvar la franquicia, y para “La espía que me amó” de 1977 tiró toda la carne a la parrilla, regresando otra vez el argumento del villano megalómano; en este caso, el plan del malvado Stromberg es engañar a Estados Unidos y la Unión Soviética para desatar una guerra nuclear que elimine a la Humanidad, después de lo cual Stromberg y los suyos repoblarán el mundo desde su base submarina. Bond se ve forzado a colaborar por primera vez con la Unión Soviética, labor que se ve muy facilitada porque la representante de turno es Barbara Bach interpretando a una agente de la KGB. Es también la primera aparición del General Gogol, el jefe de la KGB que aparecerá en algunas películas Bond posteriores como oponente amistoso y recurrente. “La espía que me amó” fue el primer éxito real de la saga Bond en muchos años, aunque fue algo opacado porque en ese mismo 1977, el gran hit en los cines fue “La guerra de las galaxias”.

Y hablando de esa película. Colgándose a la moda espacial impuesta por George Lucas, James Bond viajó por primera y única vez al espacio. En “Moonraker” de 1979, el supervillano trata de destruir la vida en la Tierra para repoblarla desde su base espacial; es, en efecto, un remake en plena forma de “La espía que me amó”; con todo, suele ser considerada como un punto bajo en la franquicia, debido a que el Bond de Moore avanza cada vez más hacia la autoparodia. Tanto de la anterior como de ésta se recuerda su matón, Jaws, armado con mandíbulas de acero, y que tiene el récord de ser el único matón Bond en pasar por dos entregas de la franquicia y arreglárselas no sólo para sobrevivir sino también para redimirse al final.

Jaws, o los peligros de no elegir bien a tu ortodoncista.

Siempre tratando de mantener la franquicia fresca, Albert Broccoli trató de renovarla con un guión con los pies más en la tierra. “Sólo para tus ojos” de 1981 refiere los esfuerzos de Bond para recuperar una máquina espía británica perdida en Grecia, en un minimalismo narrativo y de acción que es la antítesis de la acción apoteósica de las dos entregas anteriores. Ahora los villanos en la sombra pasarán a ser los rusos, la KGB y el General Gogol, en una tónica que se prolongará por tres películas más, a tono con el recrudecimiento de la Guerra Fría que se viviría en la primera mitad de la década de 1980.

En la próxima entrega de Interminablelogías, repasaremos todas las películas de James Bond desde la "guerra de los Bond" en 1983, con "Octopussy" y "Nunca digas nunca jamás" enfrentándose en la taquilla, hasta el estreno de "Operación Skyfall".

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