miércoles, 31 de octubre de 2012

El gran ganador: La abstención.


El domingo pasado en Chile se celebraron las elecciones municipales para el período 2013-2017. Estas tuvieron una relevancia especial por varios motivos. Fueron las primeras elecciones municipales bajo un gobierno de derecha desde hace cerca de medio siglo, ya que las anteriores fueron en 2008, bajo el gobierno de la Presidenta concertacionista Michelle Bachelet; y antes de la Concertación, el gobierno de Augusto Pinochet no era partidario de recurrir a la voluntad popular para designar a los alcaldes.

Pero más importante aún, fue la primera elección en que operó el nuevo sistema de inscripción automática y voto voluntario. Para quienes lean esto fuera de Chile: bajo la ley electoral implantada en tiempos de Augusto Pinochet, la inscripción en los registros electorales era voluntaria para los mayores de edad, pero una vez inscrito, el votar era obligatorio. A lo largo de dos décadas, el sistema electoral implementado de esta manera se fue viciando de manera progresiva, ya que los políticos empezaron a repetirse el plato, las nuevas generaciones decidieron que no valía la pena inscribirse para votar por los mismos de siempre, y el padrón electoral fue envejeciendo de manera dramática. Era inevitable que el sistema colapsara apenas muriera el último inscrito, de manera que la clase política optó por ampliar el padrón electoral, permitiendo votar a cualquier ciudadano sin necesidad de registrarse; o mejor dicho, registrándolo de manera automática. Todo esto ya lo detallamos en otro artículo de la Guillermocracia ("Ahora que existe inscripción automática y voto voluntario..."), y no abundaremos en ello aquí.

Al final terminó sucediendo lo que yo predije que iba a suceder. En el estreno del sistema, las maquinarias electorales funcionaron de la misma manera que siempre, y no se produjeron cambios substanciales. Las noticias han insistido en que se produjeron algunos terremotos, como por ejemplo la esplendorosa victoria de Josefa Errázuriz sobre Cristián Labbé en Providencia, el triunfo de Carolina Tohá sobre Pablo Zalaquett en Santiago, y la derrota de Pedro Sabat a manos de la nieta de Salvador Allende en Ñuñoa. La prensa ha exacerbado la importancia de estos terremotos electorales, debido a su necesidad enfermiza de exagerar los cambios para justificar su existencia como vendedores de noticias. Pero dichos cambios de manos no configuran tendencias, sino que responden a realidades propias de cada municipio; el único valor que tienen más allá, es el puramente simbólico.

Pero por debajo de estos hechos puntuales, todo ha seguido como siempre. En realidad, el fenómeno más llamativo es la alta abstención. Según los reportes más o menos preliminares, cerca del 60% del universo electoral simplemente no concurrió a votar. De manera muy interesante, la gran brecha es generacional: son los nuevos inscritos, los menores de cuarenta años, quienes no se presentaron ante las urnas. Recordemos que cuando regresó la democracia a Chile en 1990, fue la generación de los nacidos en 1972 la que pasaba a la mayoría de edad, gentes que hoy en día ya rondan la cuarentena. Veamos qué dice eso del Chile actual.


ACTITUDES PARA SOBREVIVIR EN EL CHILE DEL 2012.

Las razones para semejante nivel de abstención parecen bastante obvias, y es muy probable que tengan que ver con el desinterés del chileno promedio en la política. Durante la dictadura militar, la política fue expropiada de las grandes masas, y fue encastillada entre las cuatro paredes de una élite. A su vez, dicha élite se fabricó para sí misma un mito fundacional por el cual ellos habrían rescatado a Chile de las garras del marxismo, y que implementaron un Chile libre y ordenado para todos; según dicho mito fundacional, que ellos prosperen es apenas consecuencial a un sistema que respeta la libertad de los individuos, y ellos no ven nada de anómalo en esto porque ellos se consideran los únicos verdaderos individuos. Ya hemos notado el carácter religioso del discurso legitimador de la élite chilena, y no insistiremos aquí (leer al respecto "Anatomía de los inútiles subversivos", también aquí en la Guillermocracia). La expresión máxima de esta mentalidad en la elección municipal del 2012 son las declaraciones de Cristián Labbé en donde comparó el triunfo de su adversaria con la victoria de la Serpiente del Paraíso, en una clara muestra de que el discurso de la élite chilena no tiene un trasfondo sociológico sino religioso, ya que no cumple con la exigencia básica del método científico, de apoyarse en la prueba empírica y de un raciocinio que genere condiciones de falsabilidad contra las cuales contrastar su opuesto, su verificabilidad.

Esto tuvo por consecuencia que para las grandes masas se abrieron tres posibles opciones. La primera de ellas, la rebelión abierta, fue abortada de manera rápida ya durante la dictadura militar; pereció en efecto en el Cajón del Maipo, en el año 1986, cuando el atentado terrorista del grupo extremista Frente Popular Manuel Rodríguez contra Augusto Pinochet fracasó. Luego, la victoria de la Concertación en el plebiscito de 1988 terminó de legitimar la vía pacífica, y por ende, eliminar la posibilidad de una rebelión abierta. Aunque siempre cabe la posibilidad de que los cascos más calientes entre los inútiles subversivos terminen por orquestar una guerrilla armada, o algo peor.

Las otras dos opciones son el adecuarse y la apatía. El adecuarse es la actitud propia de una clase media que se vio privilegiada con una falsa sensación de prosperidad. En realidad, la economía chilena ha progresado en lo macroeconómico, pero ha sido muy regresiva en lo microeconómico: las cifras del PIB son muy generosas, pero al precio de ahondar las diferencias sociales. Pero esto, mucha gente de las clases medias en las décadas de 1990 y 2000 no lo notaron porque tuvieron mayor acceso a bienes materiales. Pero este acceso no fue producto de que mejorara su economía. En realidad, este acceso se produjo por dos razones que, analizadas en última instancia, muestran su carácter ilusorio.

La primera de ellas es la bajada de precios en los bienes de retail (supermercados, multitiendas y cadenas de farmacia), producida por las sucesivas compras y fusiones empresariales de dichos años. Estas fusiones llevaron a una rebaja de los costos marginales en la producción, poniendo bienes que antes eran de lujo, tales como la mayonesa en frasco o los licores de marca, al alcance del bolsillo de la clase media. Lo que el común de la clase media no fue capaz de ver en esos años, es que la cara negra de esa bajada en los costos de producción se pagó a nivel social, con la eliminación de puestos de trabajo, así como en la precarización del empleo: al haber menos empresas y racionalizarse los costos, esto significó menores salarios, y trabajos de menor calificación para todo el mundo. Asimismo, menos empresas y más grandes hacen que los profesionales liberales tales como abogados o contadores tengan menos clientela, lo que redunda en su nivel de ingresos. En definitiva, el beneficio de la mayor accesibilidad a los bienes de consumo se vio frenado en buena medida por la precarización del empleo y la disminución de la capacidad de ahorro del común de los chilenos, de la inmensa mayoría que no posee rentas de capital, y depende de su trabajo para subsistir.

El segundo mecanismo que produjo una ilusión de riqueza, es el crecimiento del crédito. El crédito en efecto crea la ilusión de riqueza al inyectar cantidades masivas de dinero fresco con el cual se puede adquirir más bienes de consumo; pero quienes piden los préstamos no suelen ver que el crédito no genera mayor riqueza para el endeudado, sino que sólo aumenta las obligaciones a pagar. A la larga quien pide un crédito no se enriquece sino que se empobrece vía el pago de intereses. La única riqueza verdadera es la que nace de la remuneración por el trabajo, o bien por las rentas de los bienes de capital, y no de todos estos últimos tampoco, como quedó de manifiesto después del estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos el año 2008. Pero en la época de la bonanza crediticia, la clase media conformada principalmente por los profesionales liberales decidieron que el modelo y el sistema marchaban bien porque la vida era más fácil, sin darse cuenta de que esto es un espejismo o ilusión de riqueza, no la riqueza misma.

Hemos reseñado el alcance del conformismo hacia el sistema; ahora toca hablar de la apatía. Esta es la actitud más propia de las clases bajas que no pudieron emerger ni acceder más que a la periferia del éxito económico. Son gentes que siguen viviendo en poblaciones inseguras, con cada vez más delincuencia y drogadicción, y que miran a los políticos como gentes que no hacen nada por ellos. Pero al no tener acceso a otro tipo de discurso que el oficial, terminan bombardeados por la idea de que el éxito o fracaso en la vida es producto del esfuerzo individual, lo que sólo es una verdad a medias. El resultado final es la desesperanza aprendida, la idea de que nunca podrán salir de donde están. Esta apatía puede adquirir un matiz pasivo o activo, como enquistarse en una rutina de trabajo y familia sin mayores proyecciones personales, o como conducta delictiva encaminada no a cambiar el sistema, sino a parasitar el mismo.

Lo que sigue adelante es altamente especulativo, pero creo se corresponde bien con la idea de lo que ocurrió en las elecciones municipales, desde la mirada de las actitudes generales de la población hacia el sistema. En general, el mayor defensor del modelo tal y como está es la Alianza, el grupo político de derecha que a través del Presidente Sebastián Piñera está en el gobierno. El resto de los grupos políticos han tratado de capitalizar el descontento de una manera u otra, oponiéndose en lo principal a Piñera. El grado de reformismo al modelo es relativo, variando entre los que le introducirían sólo arreglos cosméticos menores, y los que llamarían derechamente a una asamblea constituyente para refundar a Chile desde sus mismas bases. El polo común que une a todas estas gentes, desde los comunistas a los demócratacristianos, pasando por concertacionistas, humanistas, díscolos, etcétera, es la idea de combatir al modelo tal y como está. O sea, de adoptar una actitud de rebelión contra el sistema, pero siempre dentro de la legalidad y la institucionalidad.


CÓMO LA ACTITUD HACIA EL SISTEMA SE REFLEJA EN EL NIVEL DE ABSTENCIÓN.

Ahora bien, veamos las cifras. Según reportes preliminares, la Alianza se llevó aproximadamente un treinta y cinco por ciento de la votación final, lo que no debería ser una sorpresa para nadie, porque ésa es en promedio la cifra habitual que saca la derecha en todas las votaciones. El resto de los votos emitidos fue preferentemente para los candidatos de oposición, estén en la parte del espectro que estén. Ahora bien, si entendemos que votó sólo un cuarenta por ciento del universo de votantes, y por tanto se abstuvo el sesenta por ciento, entonces tenemos resultados cercanos a los de la siguiente tabla:
  • 14% (o sea, el 35% del 40% que votó) - Favorables a la Alianza y al continuismo del modelo socioeconómico.
  • 26% (o sea, el 65% del 40% que votó) - Favorable a los grupos opositores, en cualquier parte del espectro que se ubiquen, que propugnan la modificación del modelo.
  • 60% (o sea, la totalidad que no votó) - Apáticos respecto de la política.
Veamos ahora la distribución de la riqueza por quintiles en Chile; para efectos, el quintil I es el más pobre, y el quintil V es el más rico. Según la encuesta Casen del año 2009, la línea de corte para el quintil V, el más rico, estaba en 286.406 pesos per capita (ver aquí); considerando un tipo de cambio de 500 pesos por dólar, son algo más de 570 dólares; habla bien a las claras de la desigualdad en Chile, que si la familia de usted tiene un ingreso superior a 570 dólares por cada miembro de la misma, lo que es un ingreso relativamente modesto para el nivel de precios en Chile, entonces usted está dentro del veinte por ciento más rico de todos los chilenos, ya que cuatro de cada cinco chilenos vive con menos dinero en el bolsillo que usted.

Y sin embargo, ni siquiera todo el quintil V, el que para defender su nivel de vida es quien tendría mayores incentivos para votar por la Alianza, votó por ella. Por definición, cada quintil abarca al veinte por ciento de la población chilena, pero la Alianza se llevó sólo el 14% de los votos totales del universo votante. Hubo incluso dentro del quintil más favorecido por el modelo, gente que votó contra los representantes más conspicuos del modelo. O que se abstuvo de votar, sea porque aunque estén dentro del veinte por ciento más rico de los chilenos, aún así tienen conciencia de lo precario de su situación económica, o sea porque dan tan por garantizado el modelo, que no se toman la molestia de concurrir a las urnas.

La línea de corte para el quintil más rico por debajo del quintil V, o sea el quintil IV, estaba según la misma encuesta en los 159.807 pesos por cabeza. Comparemos este dato con el sueldo mínimo, que en ese año 2009 estaba en los 165.000 pesos (en la actualidad está en los 193.000 pesos). Si usted está empleado en un trabajo de baja calificación y es remunerado por el salario mínimo, y no tiene familia, entonces usted está dentro del cuarenta por ciento de gente más rica de Chile; he ahí otro apunte sobre la desigualdad del ingreso en Chile. Si usted es un joven profesional sin familia, y su sueldo está entre el salario mínimo y los mencionados 286.406 pesos, usted también está en este tramo. Si usted no tiene compromisos familiares entonces tendrá capacidad de ahorro, pero si usted trabaja por esa remuneración y tiene familia, su capacidad de ahorro disminuirá a cero. No es raro que ellos, la clase media más empobrecida, estén luchando por una educación gratuita y de calidad, como reza el eslógan. Y es muy posible que ellos hayan sido quienes concurrieron a votar, pero no lo hicieron por la Alianza sino por los candidatos opositores, sea de la filiación política que sean.



Y los otros tres quintiles son las clases bajas que hacen lo imposible por tratar de sobrevivir en una sociedad chilena cada vez más conflictiva y en riesgo de fractura. Son los que hacen suyo el eslógan de la película "Alien contra Depredador", de que gane quien gane, nosotros perdemos. Son los mismos que no tienen ningún incentivo para votar. No debe ser casualidad que haya una correlación matemática entre que tres de cinco quintiles conforman un sesenta por ciento de la población, y el nivel de abstención alcanzó justamente esa cifra. Por supuesto que esto no es a rajatabla: hay gentes de clases bajas que votaron, por supuesto, pero esto se compensa con las abstenciones entre la gente de las clases medias y altas que por uno u otro motivo decidieron abstenerse de votar.

Por supuesto que este análisis es muy básico. Como alguien apuntó, dentro de la elección en cerca de 350 municipios hay cerca de 350 peculiaridades en cerca de 350 elecciones distintas. En Valparaíso, por ejemplo, una comuna enormemente deprimida en lo económico, lo natural hubiera sido la victoria del candidato de la oposición por sobre la reelección del candidato de la Alianza, pero esto no llegó a ser porque a la oposición no se le ocurrió nada mejor que postular a Hernán Pinto, político muy desprestigiado por una serie de razones que como son de dominio público, no reproduciré aquí. Además hay comunas de bajos ingresos muy politizadas por otras circunstancias: Arica por ser una ciudad fronteriza en donde la inmigración y el narcotráfico son un tema de bastante relevancia, comunidades mapuches por el elemento indigenista, etcétera. Pero si uno piensa en la victoria de la opositora Josefa Errázuriz por sobre el aliancista Cristián Labbé en una comuna tan clase media aspiracional como Providencia, este modelo que he diseñado resulta perfecto para explicar lo que está sucediendo.

No pretendo hacer pasar este modelo que he diseñado por un análisis exhaustivo y acabado de la situación; todo lo anterior no pretende ser más que un ensayo, no una monografía exhaustiva sobre la cuestión. Es posible que el análisis precedente deba ser afinado con nuevas cifras, prevenciones y previsiones. Pero creo que se corresponde muy bien con el retrato de un Chile que no ha sido capaz de evolucionar hacia un modelo socioeconómico más inclusivo. La falta de representatividad de los políticos y de las élites en general se correlacionan mucho con la desigualdad de ingresos; a enormes desigualdades, una disminución de las mismas se premia con un mayor entusiasmo para votar, por la percepción de que el voto sirve para mejorar las cosas, y por lo tanto, con menores niveles de abstención. Esto llega hasta un punto en donde predomina la actitud acomodaticia por sobre el espíritu de beneficiarse del voto, por supuesto, pero Chile parece estar lejos de ese punto, hoy por hoy.


¿Y MAÑANA...?

Ahora preguntémosnos acerca de qué ocurrirá a futuro. Pueden haber varios escenarios posibles. Uno de ellos, es que la clase política se asuste, y busque ganar representatividad a la fuerza, instaurando la obligatoriedad del voto. Es poco probable que esto suceda, porque la idea del voto obligatorio no es popular, y la clase política ya está demasiado desprestigiada y presionada por las redes sociales para que alguien de sus filas decida marchar a un sacrificio que sólo beneficiará a sus pares. Pero no deja de ser un escenario posible. En este caso, los votantes se transformarán en rehenes de la clase política, lo que llevará a un recrudecimiento de la falta de legitimidad de los políticos. La gente seguiría votando por la Concertación o por la Alianza, pero lo haría por inercia, no por verdadera afección, y el resultado sería que a una elección victoriosa seguiría de inmediato una rebelión social similar a la de los estudiantes durante el 2011, o quizás peor. Al abstenerse, un sesenta por ciento de la gente está diciendo que prefiere ser un inútil subversivo a ser un rehén del sistema, lo que no deja de ser peligroso.

El otro escenario posible es que se produzca el gran tiraje por la chimenea dentro de la clase política, y el surgimiento de liderazgos nuevos que apelen a tales masas. Fue lo que ocurrió en Estados Unidos con Barack Obama en 2008, y en Chile con Arturo Alessandri en 1920; este último apeló a los votantes que no se sentían representados por la política tradicional, y obtuvo una resonante victoria electoral. De cara a las elecciones presidenciales del 2013, todo el mundo está de acuerdo en que, salvo que suceda algo muy inesperado, los grandes candidatos van a ser Laurence Golborne por la Alianza, y Michelle Bachelet por la Concertación. Pero estos dos grandes podrían verse desafiados por algún nuevo candidato que se infiltre entre ellos. Marco Enríquez Ominami trató de hacerlo por los palos en el 2009, pero resultó un fracaso al tener que lidiar con un sistema electoral que favorecía la bipolarización de los votos; ahora en la elección del 2013 para el período 2014-2018, puede tener una verdadera oportunidad de pasar a la segunda vuelta, incluso de ganar la elección, si consigue articular un discurso que le llegue al corazón de ese sesenta por ciento que se abstuvo. Lo que sí está claro, es que parece poco probable que ese sesenta por ciento se mueva por un candidato tradicional, ni por Bachelet ni por Golborne, ni por nadie de ambas tiendas políticas.

Incluso es posible predecir algunas características de esa fuerza política que puede llegar a emerger. En primer lugar, por su necesidad de apelar a las clases más bajas, tendrá un fuerte sesgo populista. Es poco probable que llegue a los extremos de Hugo Chávez en Venezuela, o de Evo Morales en Bolivia, debido a que Chile es un país de tradición autocrática, y a sus habitantes en general no les gustan los discursos revolucionarios. Pero eso mismo hará que el nuevo líder de esa fuerza política sea un caudillo de índole más bien pragmática, un Maquiavelo que, en forma paradojal, aumente el autoritarismo en Chile como remedio contra la élite. En vez de ser una Revolución Francesa desde abajo, sería un despotismo ilustrado desde arriba. O el triunfo de la igualdad y el despotismo, como lo llamó el historiador británico Arnold J. Toynbee. Dicho referente político debería surgir a la izquierda de la Concertación, pero no será una izquierda tradicional debido a la necesidad de pragmatismo, y cuando surja, terminará por engullir y fagocitar a los restos de la moribunda Concertación, transformándose en el nuevo referente contra la Alianza; una buena cantidad de políticos viejos deberán pasar a retiro, con algunos pocos que conseguirán acomodarse de una manera u otra en el nuevo escenario.

Como predije anteriormente, es poco probable que esto ocurra en la elección del año 2013. Dicha elección es demasiado pronto, y por lo tanto todavía están activas las maquinarias políticas tradicionales, que postularán a candidatos también de corte tradicional. La Concertación apostará por Michelle Bachelet debido a su popularidad, y si ella llegara a aceptar y luego a ganar, lo hará con un discurso crítico hacia la Alianza, pero continuista en relación a un modelo que ella misma ayudó a administrar mientras fue Presidenta de Chile entre 2006 y 2010. La Alianza apostará por Laurence Golborne justamente para vender la imagen de un político que no es tradicional, un outsider, en definitiva un aliancista que no es demasiado aliancista; la precandidatura presidencial de Andrés Allamand está muerta en embrión porque él ha estado en el escenario político desde la época del plebiscito de 1988, y por lo tanto está demasiado identificado con la política tradicional para calar en la gente. Sólo algo extraordinario o inesperado podría cambiar este mapa político.

Pero para el 2017 habrá tiempo de que todos estos fenómenos cuajen. Y entonces habrá un escenario político diferente al que vivimos hoy en día. Pero no tan diferente que nos lleve a transformarnos en una Venezuela chavista. Suceda lo que suceda, el modelo seguirá adelante. Después de todo, si el sesenta por ciento que se abstuvo cuestionara al modelo de raíz, no se habrían abstenido en primer lugar: en vez de eso, habrían ido a votar en masa por los comunistas.

domingo, 28 de octubre de 2012

Crónicas Antrópicas 43 - "Abriéndose camino hacia el átomo".


¿Es la materia una enorme pasta divisible una y otra vez hasta el infinito? ¿O por el contrario, es un montón de partículas indivisibles aglutinadas de algún modo, conformando estructuras que son la base de los cuerpos perceptibles a simple vista? Durante siglos hubo mucha especulación sobre si existía alguna unidad fundamental que conformara toda la materia. Un griego llamado Demócrito de Abdera, uno de los paladines del racionalismo griego, postuló que la materia debía tener naturaleza corpuscular: a las partículas que la componían, las llamó "átomos", de la raíz griega "tomos" que significa "divisible", más el prefijo negativo "a-". Por lo tanto, "átomo" significa "indivisible". Con todo, durante cerca de dos milenios la teoría atómica debió contender contra la teoría de los "cuatro elementos". En el siglo XVII, para explicar ciertos fenómenos químicos, la existencia de partículas compuestas de átomos, llamadas "moléculas", fue postulada por primera vez. Los avances de Lavoisier, que permitieron dar el salto desde una Química Cualitativa (que describe las substancias químicas) a una Química Cuantitativa (que las mide y pesa), cristalizaron en la teoría atómica moderna de John Dalton, postulada en 1803. En 1869, la Teoría Atómica encontró un nuevo apoyo, cuando el ruso Dmitri Mendeleiev se basó en ella para desarrollar la moderna Tabla Periódica de los Elementos.


Sin embargo, los átomos eran muy resistidos en el siglo XIX. Auguste Comte, el fundador del moderno Positivismo, consideraba que los átomos no podían ser investigados debido a su pequeño tamaño, en caso de que existieran, en razón por la que los científicos no deberían preocuparse de ellos. Otro problema paralelo era el tema del éter; según la teoría entonces prevaleciente, era imposible que una onda se desplazara en el vacío. Si la luz y el calor solares eran ondas luminosas e infrarrojas respectivamente, entonces por tanto debían moverse sobre un medio: el éter. ¿Cómo encajaba la Teoría Atómica en la teoría del éter? Lord Kelvin, el principal as de la termodinámica en su tiempo, postuló que los átomos eran una especie de vórtices al estilo de Descartes. Lord Kelvin tuvo razón en muchas cosas, pero sobre ésa en particular, estaba trágicamente desencaminado.


La investigación de la composición íntima de la materia dio un salto de gigante en 1897. En la época era conocida la existencia de una misteriosa radiación llamada los rayos catódicos; éstos eran muy misteriosos, porque parecían desplazarse en el vacío. En dicho año se pudo probar experimentalmente que los rayos catódicos estaban compuestos de unas minúsculas partículas, que recibieron el nombre de "electrones": he ahí por qué podían moverse en el vacío. Algo después, gracias a las investigaciones de los esposos Curie, se determinó que los electrones estaban envueltos en el proceso de emisión de radiación: las llamadas partículas beta son electrones de alta velocidad, de hecho. Como la radiación tiene que ver con la transmutación de los elementos, empezó a hacerse cada vez más evidente de que los electrones tenían algo que ver con los átomos: estaban frente a las primeras pruebas de que los átomos en efecto existían, que no eran una abstracción conceptual, ni tampoco algo fuera del dominio científico como postulara Comte.


Pero los electrones tienen una carga negativa de -1, mientras que los átomos son eléctricamente neutros. La única manera de explicar esto, es que el átomo debía poseer otras partículas con carga eléctrica positiva. Al determinarse que el número de electrones se corresponde al número atómico del elemento químico en cuestión, se determinó que esa misteriosa partícula debía tener una carga eléctrica de +1. Finalmente, en la década de 1910, los trabajos de Ernest Rutherford llevaron al descubrimiento empírico de dicha partícula: el protón. Al tiempo después se descubrió una tercera partícula atómica: el neutrón. En la misma década del descubrimiento del protón, fue postulado por primera vez el actual modelo atómico, en donde un núcleo atómico conformado por protones, es orbitado por una nube de electrones. En sus primeras versiones solía verse y representarse al átomo como una especie de sistema solar en miniatura, aunque pronto los avances en la materia revelaría que las cosas eran un poco más extrañas que eso.



Pero el modelo atómico surgido a la luz del descubrimiento de las llamadas partículas subatómicas, suscitó nuevas interrogantes. Si los electrones estaban en órbita alrededor de los núcleos atómicos, y además eran de carga eléctrica opuesta a los protones, ¿no debería ser, debido a la fuerza de gravedad, que los electrones terminaran precipitándose y estrellándose contra el núcleo? Los científicos comenzaron a tener una vaga idea de que las cosas en el mundo subatómico eran mucho más raras, y que habían otras fuerzas rigiéndolo aparte de la gravedad. En esos años ya estaba en marcha la Mecánica Cuántica, que estaba destinada a transformar para siempre nuestra noción de la materia, e incluso de la estructura misma de la realidad. El viejo universo newtoniano estaba saltando en pedazos. En paralelo, mientras estaba siendo demolido en el campo de lo muy pequeño, el campo de lo muy grande estaba sufriendo el asalto de la Teoría de la Relatividad. El siglo XX acababa de empezar.

Próxima entrega: "El advenimiento de la Mecánica Cuántica".

sábado, 27 de octubre de 2012

"Conciencia y actitud popular".



Soy un chico latino veinteañero,
soy de ésta la mejor generación,
voy a cambiar al mundo entero,
estoy listo para entrar en acción,
a fumarme un porrito de hierba
y a filosofar alegre sobre la vida
mientras de mi calma hago reserva
para impresionar a una chica chida.
Acción es lo que hay en el galpón
mientras escucho música rebelde
con conciencia social y conmiseración
por este mundo que se vende.
Yo no escucho música de la industria
sino bandas de hondas raíces latinas,
salsa, ska, reggae, chillidos de nutria,
lo que sea para que caiga alguna mina.
Desde lo alto de mi yo social apostólico
te contemplo a ti, hombre capitalizado,
pero no me gasto en predicarte un cólico
sólo te desprecio, sólo te he mirado.
Me preocupan en grado sumo
las venas abiertas de América Latina,
sólo que sobre mí el rojo zumo
no manche mi polera con pegatinas,
porque debo verme presentable
para cuando llegue la hora de tirar,
descuidado pero muy agradable,
sensible ante el caribe, ona o aimará.
Me he aprendido bien la cosigna,
el canto y grito popular
para gritar bien una protesta digna
y así conseguir afilar.
Me preocupa la situación del pueblo mucho,
sólo que demasiado cerca no quiero tenerlos
no sea que anden con martillos o serruchos,
no sea que resulte incapaz de detenerlos.
Qué bueno existe gente necesitada
para que yo pueda mostrarme humanitario,
protestar para conseguirla legalizada
y sentirme de moral superior a los victimarios
del capitalismo sin rostro afuera rampante
en donde consumen ungüentos y maquillajes
las chicas ante las que quiero ser impresionante
restregando conciencia social como peaje.

miércoles, 24 de octubre de 2012

INTERMINABLELOGÍAS: Los primeros 50 años de James Bond en el cine (1 de 2).



Que James Bond el agente secreto 007 es el espía más famoso de todos los tiempos, es la frase hecha con la que debe partir cualquier artículo sobre el personaje. Este fue creado por Ian Fleming, un antiguo espía devenido en escritor que presentó al personaje en su novela “Casino Royale” de 1953. En 1962 fue estrenada “Dr. No”, la primera película de la franquicia, y desde entonces el personaje entró en la leyenda.

En realidad, la primera adaptación de James Bond fue para “Climax”, una serie de televisión de las llamadas de antología, o sea, de episodios autoconclusivos al estilo “Alfred Hitchcock presenta”. Por eso, cuando los productores Albert Broccoli y Harry Saltzman trataron de llevar la franquicia al cine, ésta no pudo partir con “Casino Royale”. De hecho, la novela en que se basó la primera película, “Dr. No”, es una secuela que resuelve un cliffhanger dejado en “Desde Rusia con amor”, en que se basó la segunda película, la que a su vez, en su versión fílmica, termina sin el cliffhanger en cuestión.

Doctor Julius No, primer villano Bond en tratar de conquistar el mundo y morir en el intento.

Saltzman había tenido problemas en llevar a James Bond al cine debido a la poca fe general sobre el material de base. Varios actores rechazaron interpretar a James Bond o al Doctor Julius No, el primer villano Bond. Incluso había dudas sobre un joven y desconocido actor llamado Sean Connery, que se despejaron con su primera aparición en pantalla diciendo como nadie su célebre presentación “Bond, James Bond”. El presupuesto fue de un millón de dólares, que incluso para los estándares de la época era bastante modesto, aunque no se nota mucha pobreza debido al aprovechamiento de los paisajes de Jamaica. Hoy en día, “Dr. No” parece una película Bond extraña, ya que aún no había claridad sobre los elementos de la franquicia, y por lo tanto no tenemos créditos con siluetas de chicas desnudas, ni canción Bond propiamente tal. La publicidad de la película informaba lo que hoy en día es parte de la cultura popular: que el doble cero significa licencia para matar, cuando quiera y donde quiera. Además, la acción parece a ratos sacada de algún thriller de Alfred Hitchcock.

Pero en la época, James Bond fue un giro copernicano en el cine. Bond era un antihéroe. En ese tiempo, los héroes no mataban de manera deliberada, y menos a sangre fría; además se mantenían castos y puros, resistiéndose a las tentaciones de la mujer fatal de turno, y menos aún se acostaban con varias mujeres en una racha. Se ha observado que James Bond es un ídolo capitalista, bien vestido y de buenos modales, como figura alternativa al revolucionario barbón que encarnaba Fidel Castro por esos mismos años. El Doctor Julius No, por su parte, se transformó en un villano Bond quintaesencial, aunque en estricto sentido, es un destilado de los antiguos pulps acerca del peligro amarillo, casi un sucedáneo del Dr. Fu Manchú. Y Ursula Andress caminando por la playa con su bikini blanco, se transformó en el emblema de la chica Bond. La película marca también la primera aparición de Bernard Lee como M, el gruñón jefe de 007, y de Lois Maxwell como Moneypenny, la secretaria de eternos flirteos con el espía; ambos actores seguirían en sus respectivos roles hasta el fallecimiento del primero y el retiro de la segunda, ya en la década de 1980. Mención aparte merece el compositor John Barry, quien con alguna excepción, musicalizaría la práctica totalidad de la saga hasta “Su nombre es peligro” de 1987.

Ursula Andress, la primera chica Bond: mil veces imitada, jamás superada.

El éxito de “Dr. No” en 1962 llevó al lanzamiento de una secuela casi cada año. En “Desde Rusia con amor” de 1963, aparecen por primera vez los característicos créditos Bond, así como la primera canción Bond, interpretada por Matt Monro. Bond es enviado a Estambul para tratar de capturar una máquina encriptadora soviética que le ofrece en bandeja una espía rusa que, a su vez, cree trabajar para SMERSH, la agencia de contraespionaje rusa. En realidad, los villanos son SPECTRE, una organización criminal liderada por un hombre misterioso al que sólo vemos desde el respaldo de su sillón, que acaricia a un gato blanco, y que sólo es llamado el Número 1. En entregas posteriores descubriremos que su nombre es Ernst Stavros Blofeld, y se transformará en el más icónico de los villanos de la saga.

En 1964 fue estrenada “Goldfinger”, considerada por lo general una de las mejores de toda la saga. James Bond se enfrenta a Auric Goldfinger, un supervillano que está acaparando oro en todo el mundo para lanzar un golpe terrorista que le permitirá la mayor especulación de todos los tiempos. “Goldfinger” es la primera película Bond en donde cuajan todos los elementos de la franquicia: Bond acababa de transformarse en fórmula. Y en esta película se incluyen escenas tan recurridas con posterioridad como la chica muerta y pintada en oro, o James Bond amarrado a una plancha de metal y a punto de ser cortado en dos por un rayo láser. Por su parte, en esta película aparece la primera de tres interpretaciones de Shirley Bassey en una canción Bond, en concreto la icónica “Goldfinger”.

Muerta por asfixia cutánea, después de acostarse con James Bond.

“Operación Trueno” de 1965 es la primera gran superproducción Bond. Con un presupuesto de cuatro millones de dólares, un millón entero (el presupuesto total de “Dr. No”) fue utilizado en la recreación del yate del villano. En esta entrega, SPECTRE roba dos cabezas nucleares y extorsiona al mundo civilizado con ellas; Bond debe viajar a las Bahamas para rescatarlas, en una película pionera en la utilización de escenas submarinas de acción. Por su parte, en “Sólo se vive dos veces” de 1967 la épica es llevada al máximo, con James Bond siendo aparentemente asesinado al comienzo, para ser después rescatado de las aguas casi como un nuevo Moisés, viviendo después un enfrentamiento decisivo contra SPECTRE en Japón; esta película hizo historia dentro de la saga porque la base del villano, dentro de un cono volcánico apagado, se ha transformado en un referente posterior para cuanta parodia Bond se ha terciado de salir después.

Ernst Stavro Blofeld, el más icónico de los villanos Bond.

Después de cinco películas, Sean Connery no quería regresar al personaje, temiendo ser encasillado. Los productores contrataron entonces al australiano George Lazenby. Pero al estrenarse “Al servicio secreto de Su Majestad” en 1969, el público no lo aceptó como Bond, y Lazenby mismo no estaba convencido de seguir. Esta película de James Bond es única dentro de sus primeros cincuenta años a lo menos, en que el agente sienta cabeza y contrae matrimonio; pero como eso acabaría con su condición de mujeriego, al final el guión arregla que SPECTRE mate a su esposa, proporcionándole también motivo para una revancha posterior.

Los productores, desesperados por salvar la franquicia, querían a Sean Connery de regreso una vez más. Connery, no muy ansioso, demandó un salario de un millón de dólares, una suma exhorbitante para la época, con la esperanza de que los productores declinarían. Para su sorpresa aceptaron, y Connery se vio forzado a protagonizar “Los diamantes son eternos” en 1971. En esta película, Bond parte investigando un contrabando de diamantes, para descubrir a mitad de camino que éstos son destinados a un láser orbital que SPECTRE utilizará para sembrar el caos en la Tierra. La película tiene el mérito de ser la primera de la saga que incluye una persecusión automovilística en toda regla, recurso entonces todavía en pañales en materia de cine de acción, y que ya había sido utilizado como novedad en “Bullit” con Steve McQueen, y que en ese mismo 1971 tendría otro importante ejemplo en “Contacto en Francia”.

Con “Los diamantes son eternos” se nota el paso del tiempo en la estética de la franquicia, ahora anclada en la década de 1970. Esto llevó a un conflicto entre los dos productores. Harry Saltzman quería mantener la fórmula enraizada en los temas y estética de la década anterior, considerándolos inseparables de la franquicia, su marca de fábrica. Albert Broccoli, por su parte, deseaba actualizar a James Bond para mantenerlo relevante. A la larga sería el enfoque de Broccoli el que triunfaría, lo que impediría el estancamiento de la franquicia. Broccoli y Saltzman producirían aún dos películas más, luego de lo cual el segundo se marcharía, y quedaría el primero a cargo en solitario de la franquicia.

Con “Vive y deja morir” de 1973, la franquicia se actualizaría en forma. El cambio más importante es que Roger Moore aparece como James Bond en la primera de sus siete veces consecutivas; los productores habían pensado en contratarle antes, pero los compromisos de Moore con la serie televisiva “El santo” no se lo permitieron. El supervillano ya no es SPECTRE o su cabecilla Blofeld, quienes entre tanto por un litigio sobre los derechos no estaban disponibles; ahora el plan del villano no es extorsionar al mundo ni utilizar alta tecnología para desatar la Tercera Guerra Mundial, sino algo más terrenal: inundar de heroína el mercado de Estados Unidos. La película tiene una evidente influencia de la blaxploitation, género cinematográfico que entretanto estaba tomándose la taquilla, en un intento por mantener a Bond siempre fresco y relevante con el mundo exterior. Además, por primera vez se utiliza un tema Bond rockero, a cargo de Paul McCartney y su grupo Wings, que es “Live and Let Die”, mejor conocido quizás por el cover que después grabó Guns 'n' Roses.

“Vive y deja morir” no fue tan bien recibida por la audiencia. Peor le fue a “El hombre del revólver de oro” de 1974: lo único destacable de ella es que el villano, un asesino a sueldo que desea jugar un juego mortal con Bond, es interpretado por Christopher Lee. El matón por su parte fue Hervé Villechaize, mejor recordado como... el enanito de “La isla de la fantasía”. Fue la última película en que Saltzman intervino como productor.

Roger Moore vs. Christopher Lee. No hay premio para el que adivine quién es el hombre del revólver de oro.

Albert Broccoli hizo un último esfuerzo por salvar la franquicia, y para “La espía que me amó” de 1977 tiró toda la carne a la parrilla, regresando otra vez el argumento del villano megalómano; en este caso, el plan del malvado Stromberg es engañar a Estados Unidos y la Unión Soviética para desatar una guerra nuclear que elimine a la Humanidad, después de lo cual Stromberg y los suyos repoblarán el mundo desde su base submarina. Bond se ve forzado a colaborar por primera vez con la Unión Soviética, labor que se ve muy facilitada porque la representante de turno es Barbara Bach interpretando a una agente de la KGB. Es también la primera aparición del General Gogol, el jefe de la KGB que aparecerá en algunas películas Bond posteriores como oponente amistoso y recurrente. “La espía que me amó” fue el primer éxito real de la saga Bond en muchos años, aunque fue algo opacado porque en ese mismo 1977, el gran hit en los cines fue “La guerra de las galaxias”.

Y hablando de esa película. Colgándose a la moda espacial impuesta por George Lucas, James Bond viajó por primera y única vez al espacio. En “Moonraker” de 1979, el supervillano trata de destruir la vida en la Tierra para repoblarla desde su base espacial; es, en efecto, un remake en plena forma de “La espía que me amó”; con todo, suele ser considerada como un punto bajo en la franquicia, debido a que el Bond de Moore avanza cada vez más hacia la autoparodia. Tanto de la anterior como de ésta se recuerda su matón, Jaws, armado con mandíbulas de acero, y que tiene el récord de ser el único matón Bond en pasar por dos entregas de la franquicia y arreglárselas no sólo para sobrevivir sino también para redimirse al final.

Jaws, o los peligros de no elegir bien a tu ortodoncista.

Siempre tratando de mantener la franquicia fresca, Albert Broccoli trató de renovarla con un guión con los pies más en la tierra. “Sólo para tus ojos” de 1981 refiere los esfuerzos de Bond para recuperar una máquina espía británica perdida en Grecia, en un minimalismo narrativo y de acción que es la antítesis de la acción apoteósica de las dos entregas anteriores. Ahora los villanos en la sombra pasarán a ser los rusos, la KGB y el General Gogol, en una tónica que se prolongará por tres películas más, a tono con el recrudecimiento de la Guerra Fría que se viviría en la primera mitad de la década de 1980.

En la próxima entrega de Interminablelogías, repasaremos todas las películas de James Bond desde la "guerra de los Bond" en 1983, con "Octopussy" y "Nunca digas nunca jamás" enfrentándose en la taquilla, hasta el estreno de "Operación Skyfall".

domingo, 21 de octubre de 2012

Crónicas Antrópicas 42 - "El Positivismo y la autocomplacencia de Europa".


La Ilustración, que había sido una honda reacción contra la mentalidad premoderna anclada en el conservadurismo y el peso del Cristianismo, había sufrido una contrarreacción por parte del movimiento del Romanticismo; sin embargo, a mediados del siglo XIX, el espíritu ilustrado seguía sobreviviendo, transmutado en el Positivismo. La Ilustración partía de una concepción del ser humano como una criatura racional, y por lo tanto, que debía ser dejada en libertad para hacer uso de ésta de la manera más racional posible, lo que a su vez beneficiaría a la sociedad como un todo. La Ilustración así había devenido en los distintos liberalismos que atravesaron los siglos XIX y XX. El Positivismo era algo menos extremo que la Ilustración: no era tan fundamentalista como la Ilustración, dando por supuesto aquello que no se conoce, sino que proclamaba sencillamente ignorar lo incognoscible. Para los positivas, lo realmente importante es lo que puede ser medido y pesado en términos científicos: todo lo demás no vale la pena de ser discutido. El Positivismo es así una ideología liberal hasta la médula: la mejora de las condiciones de vida de las personas llegará de las manos de la ciencia, y el desarrollo tecnológico servirá para darle mayores libertades a las personas. Que el desarrollo tecnológico condujera a jornadas de trabajo de catorce horas en fábricas insalubres, y a conventillos atestados y mefíticos, era algo que los positivistas solían considerar como el inevitable precio a pagar por la evolución humana hacia un estadio superior de la civilización.


Por supuesto que en este clima, el Darwinismo cayó como en terreno abonado. Lo que era una teoría estrictamente científica, en las manos de los filósofos políticos y teóricos sociales se transformó en un manifiesto político. Herbert Spencer acuñó el término "darwinismo social". Para Spencer, había que dejar marchar a la sociedad por sí misma: la sociedad como un todo se hace más fuerte si los más fuertes arrollan a los débiles. Su darwinismo social fue por supuesto muy popular entre quienes eran los fuertes, precisamente, o sea, la burguesía industrial feliz de que su afán depredador se viera bendecido por nada menos que las leyes de la naturaleza misma. Resulta irónico que se adscriba a Darwin frases tales como "la supervivencia del más apto", que en realidad pertenecen a Spencer. En "La descendencia del hombre", Darwin ponía énfasis justo en lo contrario: para Darwin, la clave del triunfo evolutivo del hombre no estaba en dejar a cada ser humano librado a su suerte, sino en los cuidados que la sociedad prodiga a los más débiles y desvalidos. Pero ya se sabe lo que pasa cuando alguien está demasiado entusiasmado en obtener lecturas interesadas de los textos de turno.


No fue el único uso desviado que recibió el Darwinismo. En la época, los europeos estaban construyendo sus imperios coloniales. Los europeos embarcados en esta empresa eran países claramente anglosajones como Inglaterra por ejemplo, o al menos no demasiado latinos como Francia. El Darwinismo proporcionó a los entusiastas del imperialismo un agradecido pretexto para sus empresas: no se trataba de guerras de conquista, sino del legítimo derecho del hombre blanco para someter a las culturas y civilizaciones motejadas de inferiores. Al final del camino estaban los apologistas que se quejaban de la "pesada carga del hombre blanco" de "propagar la civilización" entre los salvajes. Y aún más allá, el Darwinismo sería mezclado de manera burda con las ideas del "superhombre" de Nietzsche, la idea de que "el hombre es una cuerda tendida entre el mono y el superhombre", para justificar el exterminio de "razas inferiores" por parte del Tercer Reich.


Muchos enemigos del Darwinismo pierden de vista por supuesto que el Darwinismo es una teoría científica, y por lo tanto es ilegítimo leerlo como justificación ética para esto o aquello; este hecho, los enemigos del Darwinismo se lo saltan de manera interesada, y terminan en la caricatura de que "la evolución de las especies es negativa porque Hitler la defendía". Por supuesto, la moderna Teoría de la Evolución ha avanzado de manera significativa sobre la base darwiniana. A comienzos del siglo XX fueron desempolvados los trabajos de un monje llamado Gregorio Mendel, que en 1867 había postulado las leyes de la herencia. El hallazgo de la herencia y la acuñación del concepto de gen permitieron rellenar un vacío importante en la teoría evolutiva darwiniana: ¿por qué nacen criaturas distintas dentro de una misma especie en primer lugar? Hoy en día sabemos que las mutaciones genéticas son responsables de aumentar la diversidad de una especie, haciendo nacer ejemplares levemente distintos entre sí dentro de la misma, y que la selección natural opera de manera inversa, suprimiendo la diversidad por la eliminación de los "menos aptos". Pero los críticos de la evolución no siempre son conscientes de los errores más comunes a la hora de entender la Teoría de la Evolución.


Por supuesto, la idea de que el Darwinismo justifique el imperialismo y el racismo fue atacada con fuerza desde el Socialismo. Un autor en particular puso con rudeza el dedo en la llaga, añadiendo sal y limón a la herida; este autor, Herbert George Wells, era un socialista inglés y además un darwiniano convencido. Su novela "La guerra de los mundos" de 1897 describe una invasión de los marcianos contra Inglaterra. La moraleja de la novela es clara: "esto que los ingleses le hacemos a otras culturas en nombre de la civilización y la supervivencia de la especie, es lo que una cultura incluso más avanzada podría hacernos a nosotros, y con el mismo derecho". En el siguiente siglo no serían los marcianos sino los nazis quienes pondrían a Inglaterra en peligro; nazis inspirados, como ya hemos dicho, en otra lectura interesada del Darwinismo. Pero por el minuto, a finales del siglo XIX, el mundo occidental nadaba en una nube de autosatisfacción. A ello contribuía que las ciencias físicas parecían casi por entero conocidas. A finales del siglo XIX, nadie se imaginaba que la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica estaban a las puertas, y nuestra concepción del universo iba a cambiar para siempre.

Próxima entrega: "Abriéndose camino hacia el átomo".

miércoles, 17 de octubre de 2012

CIVIMPERIOS - Esparta: La ciudad de la disciplina.


En el desordenado concierto de ciudades independientes de la antigua civilización griega, los espartanos destacan de manera singular. Frente a la caótica historia de desórdenes internos de las restantes ciudades, Esparta fue un modelo de orden y sobriedad, admirado y aborrecido por partes iguales. Su historia, acá en Civimperios.

Esparta se emplaza en el valle del Río Eurotas, en el Peloponeso. Esta península al sur de Grecia es una especie de gigantesca meseta montañosa muy difícil de invadir. Se sabe poco del origen de los espartanos, lo que parece indicar que su historia y sociedad no difirieron demasiado de otras ciudades griegas de la época. Los espartanos atribuían su constitución a un legislador llamado Licurgo, pero no sabemos nada de éste, ni siquiera si fue un personaje real o una invención mitológica. El cambio histórico que hizo de Esparta la sociedad militarista que llegó a ser, ocurrió hacia el siglo VII antes de Cristo, en medio de la explosión demográfica que sacudió a toda Grecia.

Frente a la sobrepoblación, el común de los griegos resolvió el problema enviando expediciones a fundar colonias en otros puntos del Mediterráneo. Pero Esparta estaba emplazada demasiado adentro en tierra firme. Por tanto, para expandirse, invadieron a sus vecinos en Mesenia. Los mesenios no eran bárbaros tecnológica o socialmente atrasados, sino hermanos griegos que una vez derrotados, fue difícil de mantener sometidos. Los espartanos sólo consiguieron mantener su dominio adaptándose de lleno a la vida militar. Surgió así la sociedad espartana militarista que hoy en día conocemos. El arte y la poesía dóricos que florecían en Esparta, por más señas, se vieron abortados de raíz.


Los espartanos libres vivían en una especie de servicio militar permanente en que eran separados de sus padres a los siete años, y permanecían en activo hasta los 65. Los espartanos libres sólo eran soldados: el ejercicio de otros oficios les estaba prohibido. Durante la noche convivían con sus esposas y engendraban hijos, pero durante el día, su vida transcurría en el cuartel. Los espartanos eran tan disciplinados, que eran el único lugar en toda Grecia en donde se permitía la competencia a las mujeres desnudas en los juegos deportivos, y nadie reaccionaba por ello. Se cuenta que un chico espartano hambriento se robó un zorro para alimentarse, y para evitar ser descubierto y castigado lo escondió bajo su manto: el robo se descubrió cuando el chico cayó muerto, luego de que el zorro, buscando fugarse, le devorara las vísceras. Para mantener sometidos a los esclavos, llamados ilotas, los espartanos organizaban matanzas secretas nocturnas llamadas criptias.

La cohesión de los espartanos era también legendaria: los espartanos tenían prohibido retirarse del campo de batalla. Una madre espartana le dijo a su hijo: vuelve con tu escudo o sobre él. O sea, vencedor o muerto, pero que no arrojara el escudo para fugarse del campo de batalla. Lo irónico es que, para preservar su ejército, los espartanos apenas entraban en guerra. Después de las Guerras Mesénicas se volvieron una sociedad reclusa. Incluso dudaron en pelear las Guerras Médicas, las invasiones del Imperio Persa, cuando ellos invadieron Grecia, aunque cuando lo hicieron, lucharon como leones.

Después de las mencionadas Guerras Médicas, espartanos y atenienses quedaron como las dos potencias hegemónicas de Grecia. En 431 antes de Cristo, después de medio siglo de tensiones, la guerra estalló. Los súbditos del Imperio Ateniense, con el correr de los años, se pasaron en masa al bando espartano para huir de lo que percibían como una tiranía. Pero Esparta, al ganar la guerra y ocupar Atenas en 404 antes de Cristo, se transformó en un azote peor que Atenas, con sus soldados descontrolados por la buena vida, y con su política policial de ocupación. Esto llevó a que la ciudad de Tebas se rebelara contra Esparta. Para compensar el poderío militar de la llamada falange espartana, los tebanos mejoraron sus propias tropas, implementándolas con lanzas más largas, e introduciendo estrategias disciplinarias espartanas. El enfrentamiento decisivo se produjo en la Batalla de Mantinea, en el año 362 antes de Cristo. El resultado fue indecisivo, ya que ni espartanos ni tebanos pudieron capitalizar su triunfo.



A esas alturas, los espartanos habían gastado más soldados en batalla de lo que podían reproducirse, y eran demasiado débiles para reconquistar Grecia. Urgía una reforma social en Esparta, pero sucesivos reformadores fracasaron en la causa. Los espartanos se vieron obligados a abandonar su neutralidad y participar en el juego político griego, sufriendo nuevas derrotas. En 146 antes de Cristo, los romanos invadieron Grecia y la convirtieron en provincia romana; Esparta parece haber conservado un cierto régimen de libertades, pero ahora bajo una sujección romana que ya no se sacudirían.

Con todo, los espartanos despertaron la admiración de la posteridad no por su arte o literatura, sino por su talento en formar hombres disciplinados. El partido aristocrático ateniense siempre había querido hacer a Atenas un poco más como Esparta. Platón por su parte parece haber modelado su sistema político ideal expresado en el libro “La república”, sobre el modelo ofrecido por Esparta. En la era de las revoluciones, Rousseau aspiraba a que Francia fuera una nueva Esparta, y lo mismo deseaban de Estados Unidos varios de sus Padres Fundadores. Y cosa irónica, los espartanos ayudaron a inspirar dos modelos políticos sociales completamente opuestos: el ideal militarista del Tercer Reich por un lado, y el ideal comunitario del kibbutz sionista por el otro.

domingo, 14 de octubre de 2012

Crónicas Antrópicas 41 - "El hombre y el mono".


En 1798, un economista llamado Thomas Malthus había hecho una cataclísmica profecía. Según Malthus, la población iba a crecer a un ritmo geométrico (1, 2, 4, 8...), mientras que los alimentos lo harían sólo a un ritmo aritmético (1, 2, 3, 4...). El resultado iba a ser un mundo futuro plagado por la hambruna. Dicho escenario al final no aconteció durante los siglos XIX y XX gracias al desarrollo tecnológico, pero para nuestra relación es más importante destacar la influencia que ejerció Malthus sobre un joven investigador nacido en 1809, llamado Charles Darwin. Este era un joven introvertido y tímido que encontró su gran oportunidad cuando fue contratado como investigador en la tripulación de la nave "Beagle", a bordo de la cual daría la vuelta al mundo. Una de las misiones del "Beagle" era devolver a la Patagonia a un nativo secuestrado previamente de allí, llamado Jemmy Button; Darwin fue testigo de cómo el nativo, que en el intertanto se había transformado en un hombre civilizado en Londres, regresó después a la barbarie al estar en contacto con su medio ambiente natural. La idea de que el ser humano se adapta igual que los animales a su medio ambiente, quedó marcado de manera indeleble en Darwin. Algo después observó otros ejemplos de adaptación en las islas Galápagos, en donde reconoció varias especies de pinzones, una por isla, dándose cuenta así de que el aislamiento promueve la separación de las poblaciones de una misma especie en varias de ellas.


Al regresar a Inglaterra, Darwin se encerró en su invernadero, haciendo una serie de otras observaciones. De esta manera consiguió encajar todas las piezas del problema evolutivo. Lamarck estaba equivocado: las adaptaciones adquiridas no se transmiten a la descendencia. En realidad el mecanismo es un poco más sutil que ello. Darwin observó que en una misma camada de criaturas nacen varias de ellas ligeramente diferentes entre sí, y sólo aquellas con diferencias que le permiten una mejor adaptación, se reproducen y transmiten dicha diferencia a la descendencia. El resto de la camada está condenada a perecer, y sus rasgos no se transmiten. Así, una población puede cambiar en el tiempo, puede evolucionar. Para Darwin, la naturaleza se aparecía como un escenario malthusiano en donde muchos compiten por pocos recursos: sólo los mejor adaptados serían quienes se llevarían el gran premio de sobrevivir y evolucionar. El genio de Darwin fue haber reconocido que la selección natural opera en dos fases: primero una fase positiva en donde la criatura en cuestión genera su progenie, y luego una fase negativa en donde la selección natural conserva a los mejor adaptados y les permite reproducirse, mientras que desecha a los peor adaptados.


En sus investigaciones, Charles Darwin invirtió nada más y nada menos que dos décadas. En realidad, Darwin se la pasó mucho tiempo haciendo acopio de la mayor cantidad de información posible un poco por inseguridad. Tenía una clara conciencia de que aplicando estas ideas al ser humano, terminaría por probar que éste y el simio comparten un ancestro común. La idea de que "el hombre desciende del mono", como se suele compendiar de manera algo inexacta este concepto, iba a caer como dinamita, ya que contrariaba todos los dogmas religiosos, en particular el de que el hombre había sido creado a imagen y semejanza divina. Pero a finales de la década de 1850, Darwin recibió una carta inquietante de parte de un investigador llamado Alfred Russel Wallace. Este Wallace había vivido en Sudamérica y en Indonesia, y había observado en dichos parajes lo mismo que Darwin en las Galápagos: en medios ambientes separados, las especies tienden a diversificarse. En realidad, Wallace estaba casi listo para publicar su propia versión de la Teoría de la Evolución. De la correspondencia posterior entre Wallace y Darwin, el primero reconoció con hidalguía la primacía de Darwin; ahora Darwin estaba asustado de que Wallace o alguien más le ganara la carrera por publicar, y por lo tanto se decidió a hacerlo antes de que Wallace cambiara de idea.


La publicación de "El origen de las especies" de Charles Darwin en Noviembre de 1859 cayó como una bomba. Para evitar la inevitable polémica, Darwin se centró fundamentalmente en el tema de la selección natural y omitió cualquier conclusión acerca de cómo ésta se aplicaba al ser humano. Pero los lectores victorianos la infirieron de todos modos. La implicación de que el hombre no era más que otra especie de mono resultó demasiado para los honrados victorianos, que se sentían insultados y rebajados. Se dice que una asustada dama victoriana comentó que si era efectivo que el hombre descendía del mono, entonces sería bueno que un hecho tan indigno no se supiera; la anécdota es quizás apócrifa, pero refleja muy bien el estado de turbación provocado por la publicación del libro. Incapaz de disimular por más tiempo, Darwin hundió el cuchillo hasta el último publicando "La descendencia del hombre" en 1871, en donde expone lo que era secreto a voces: el ser humano y los monos comparten un ancestro común.


Así como Copérnico y sus sucesores habían derribado la noción de que la Tierra es el centro del universo, Darwin y los darwinistas estaban echando abajo la idea de que el ser humano era una criatura especial. Los buenos victorianos encontraron después maneras de salvar esto, aprovechando el evolucionismo para justificar cosas tan bárbaras como el racismo o la xenofobia, por cierto. Pero las autoridades religiosas fueron quienes se lo tomaron para peor; si el hombre procedía del mono, entonces cabía preguntarse de dónde venía el alma. La Iglesia Católica lo resolvió a su manera: el Papa Pío XII promulgó la encíclica "Humani generis", en donde "permite" a los científicos investigar la evolución humana en lo que a su cuerpo se refiere, pero prohibe por mandato de fe creer que el alma tenga otra procedencia que la divina. En el mundo protestante, la reacción fue aún más tajante. A la vuelta de algunas décadas, la aceptación del Darwinismo en el mundo científico acabaría por provocar la reacción fundamentalista que llevaría al Creacionismo. No ayudaría que la propia Teoría de la Evolución fuera muchas veces entendida de manera errónea, cuando no francamente tergiversada por las gentes de religión que trataban de suprimirla para hacerle espacios a sus dogmas religiosos.

Próxima entrega: "El Positivismo y la autocomplacencia de Europa".

miércoles, 10 de octubre de 2012

"Los Centuriones": El poder supremo del hombre y la animación.


En uno de esos canales de nostalgia televisiva que existen en el cable, han vuelto a emitir "Los Centuriones", dibujos animados de la década de 1980 que nunca alcanzaron la popularidad y el estatus de clásicos de otros como "He-Man" o "ThunderCats". De manera injusta a mi gusto, porque "Los Centuriones" es una muy digna serie animada de Ciencia Ficción, que ha resistido bastante bien el paso del tiempo. De manera que nos meteremos en la máquina del tiempo y regresaremos a la década de 1980 a gritar una vez más... ¡¡¡¡¡PODEEEEEEER SUUUPREMO!!!!!


La premisa de "Los Centuriones" era bastante esquemática, pero bien explotada. A comienzos del siglo XXI, el científico malvado llamado el Doctor Terror, acompañado de su fiel asistente Hacker, busca conquistar la Tierra y eventualmente convertir a todos los humanos en cyborgs, así como lo son Hacker y él mismo. Para ello, el Doctor Terror dispone de su base secreta en el Artico llamada Dominio, y de hordas y hordas de robots de combate. Los únicos capaces de detener la amenaza son un grupo de personajes, los centuriones, que usando exotrajes son capaces de acoplarse diversos sistemas de combate sobre el cuerpo. La voz en off al comienzo de cada episodio lo deja clarito: "se convierten en el poder supremo del hombre y la máquina". Tanto los centuriones como los sistemas de combate pueden teletransportarse gracias a los dispositivos instalados en la estación espacial Sky Vault, en una secuencia estándar en donde Sky Vault lanza un rayo en vertical hacia la superficie terrestre; uno puede preguntarse cómo siempre se las arreglaba en cuestión de minutos para estar en el cénit de donde era necesario enviar a los centuriones, como no sea por la necesidad de reciclar secuencias de animación para abaratar costos.


Los centuriones inicialmente eran tres: Max Ray el especialista en operaciones acuáticas, Jake Rockwell el especialista en operaciones terrestres, y Ace McCloud el especialista en operaciones aéreas. Andando la serie se les añadieron dos más, un especialista en energía llamado Rex Charger, y un especialista en espionaje e infiltración llamado John Thunder. Con todo, al romper el equilibrio del trío original, estas dos adiciones hicieron disminuir en algo el interés de las historias. El otro personaje relevante es Crystal Kane, la operadora de Sky Vault, que pareciera no tener contemplados los domingos o festivos dentro de sus turnos. Mención aparte merecen Lucy, la orangután mascota de Krystal, y Shadow, el perro mascota de Jake, que aunque son los alivios cómicos de rigor, al menos tienen dignidad. Además, en algunos episodios las mascotas resultan de ayuda crucial para los héroes.


Parte importante del encanto de "Los Centuriones" radica en su detallado dibujo del futuro. Este se presenta de manera luminosa, con la tecnología cambiando la vida de las personas para mejor, muy acorde con el tecnooptimismo heredado de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción; en esto la serie era en su tiempo ya algo trasnochada, porque en esa época el Cyberpunk estaba dejando fuera de combate este optimismo, además de invadir de distopías cuanto dibujo animado futurista se puso a su alcance. Si debo recurrir a una comparación, diría que el futuro de "Los Centuriones" se parece a una colección contemporánea de futurología para niños llamada "El Mundo del Futuro". En general, la serie trataba de explorar de verdad lo que iba a ser el futuro en pocos años más. En algunas cosas se quedó corta y en otras se pasó de largo, como queda de manifiesto en episodios con robótica avanzada en donde sin embargo no existe telefonía celular; pero eso es inevitable en el negocio de profetizar las tecnologías del mañana.

Otro punto de la serie, que la hizo de avanzada en su tiempo, es que los sistemas de armamento y sus potenciales estaban claramente establecidos. En los dibujos incluso se tenía el detalle de no mostrar los misiles ya lanzados, cuando se enfocaba a un personaje y su sistema de armamentos. Cada sistema tenía también sus debilidades y limitaciones bien establecidos. A la vuelta de algunos capítulos, ya familiarizados con los sistemas de armamentos, el espectador podía tener una espectativa razonable de qué esperar de cada sistema. Es decir, que la serie no se sacaba sistemas de armamento ni poderes nuevos de la manga cuando se requirieran: los guionistas debían barajárselas con lo que estuviera establecido en la biblia de la serie, sin salirse de ella. Esto en realidad no es un rasgo de genio, sino que responde a que "Los Centuriones" era una serie creada en principio para vender juguetes, como era la tendencia de la época. Pero aún así, es un caso en que una necesidad impuesta se transforma en una virtud.


Además, el nivel de las historias de "Los Centuriones" en general era bastante sofisticado. Cada capítulo era autoconclusivo y un tanto esquemático: el Doctor Terror diseña un nuevo plan para conquistar el mundo, los centuriones investigan qué pasa y cómo detenerlo, y finalmente ponen en retirada a su enemigo tras la consabida batalla final. En algunas ocasiones la serie peca de presentar inventos que podrían cambiar al mundo, pero sólo son aprovechados para el complot maligno del capítulo respectivo. Pero a partir de aquí, el conflicto tenía un marcado componente científico. El poder de sus sistemas de armamentos era sólo parte del éxito de los centuriones: la otra mitad residía en un cuidado trabajo estratégico, lejos del estándar de aplicar trauma masivo con superarmamentos para vencer. En algunos capítulos se le dio vuelta al concepto de la serie, trabajando con ideas tales como capturar y llevar a juicio a Hacker, o bien desacreditar a los centuriones orquestando una campaña de prensa en su contra, o bien que las dos mitades robóticas de Hacker y el Doctor Terror se unan para formar un nuevo supervillano. En un par de historias se ve también el laboratorio submarino en donde se crean y prueban los sistemas de armamento de los centuriones, evitando que éstos existan en el vacío o se den por sentado, como a veces ocurría en otras series contemporáneas.


La mejor historia de los centuriones es probablemente "Hombre o máquina", la saga de cinco episodios en donde el Doctor Terror ensambla una supercomputadora cuyas instrucciones han sido enviadas por una civilización extraterrestre. Por supuesto, la supercomputadora se rebela contra los humanos y conquista la Tierra, lo que obliga al Doctor Terror y a los centuriones a unir fuerzas para sobrevivir. Aunque si tuviera que elegir la más extraña, sería el capítulo en donde aparece una chica reclamando ser Krystal Kane, en una historia narrada en primera persona por un detective privado ajeno a los centuriones, y que debe ser uno de los más tempranos ejemplos de Cyberpunk en la televisión animada.

Un punto interesante de la serie, es haber reemplazado los irritantes consejos morales presentados como moraleja al final de los capítulos de "G.I.Joe" o "He-Man", por secuencias para enseñar ciencia a los niños. Muy primarias, eso sí, pero aún así eran ciencia. Como curiosidad, aunque la mayor parte de ellas estaba a cargo de Crystal Kane o de alguno de los centuriones, en algunos capítulos se le dio la palabra nada menos que al Doctor Terror... Incluso hasta los villanos tienen algo que enseñar, pareciera ser la moraleja.



La serie ha envejecido un poco, debido a ciertos clichés de la década de 1980. El más importante de ellos es que la mayor parte de los episodios son autoconclusivos, por lo que la serie se hace un tanto formulaica. También, el hecho de que como en la época se prohibía a los héroes de dibujos animados el matar, el ejército del Doctor Terror esté compuesto sólo por robots, a fin de que los héroes tengan mucho que destruir sin ser asesinos. Pero se agradece que no tenga una carga moralizante tan grande como otros dibujos de esos tiempos, en que no había capítulo en que no se sacara alguna valiosa e irritante lección, por lo habitual a costa del niño inmaduro y rebelde de turno.


domingo, 7 de octubre de 2012

Crónicas Antrópicas 40 - "La evolución de la Teoría de la Evolución".


La posición del ser humano como una criatura absolutamente única, en torno a la cual gira toda la Creación, había recibido ya serios golpes. El desarrollo del heliocentrismo había sacado a la Tierra del centro del universo, e incluso el Sol aparecía cada vez más como otra estrella en el firmamento, si bien todavía más o menos en el centro de la Vía Láctea, que en la mentalidad de la temprana Modernidad era la única galaxia. Pero aún se consideraba que la especie humana era única y separada de los animales. Después de todo, la Biblia enseñaba que el hombre había sido creado a imagen y semejanza de Dios, para crecer y multiplicarse, llenar la Tierra, y enseñorearse sobre la naturaleza y todas sus bestias. Aunque en el siglo XVIII el relato bíblico era cada vez más puesto en duda, aún persistía la idea de que el ser humano tenía un estatus especial en el concierto de la naturaleza. Pero el surgimiento de la Teoría de la Evolución derrumbaría todo ese bello castillo de sueños. Resulta una ironía que la idea de un mundo en evolución está implícita dentro de la mentalidad bíblica: dentro de la Biblia, Dios tiene un plan que viene ejecutándose a lo largo del devenir de las edades, y que rematará en el Apocalipsis y el Juicio Final. Esto no es evolución biológica, por supuesto, pero es evolución: según la Biblia, el mundo y la sociedad humana tienen un comienzo, habrán de tener un final, y entremedio muchas cosas cambiarán unas a partir de otras.


En el siglo XVI se recomenzó la labor de los antiguos sabios grecorromanos, de catalogar las especies naturales. Esta obra culminó con el extraordinario trabajo de Carlos Linneo en el siglo XVIII, quien sentó las bases de la moderna Taxonomía, la ciencia que clasifica a las especies, diseñando un gran esquema de la naturaleza. Linneo hizo dos aportes fundamentales. En primer lugar creó el primer gran mapa de las especies, evitando las características más superficiales tales como su dieta o costumbres y enfocándose en los parecidos morfológicos razonables entre ellas; en este sentido, aunque mejorado y sobre todo ampliado una infinidad de veces, los taxónomos modernos siguen siendo herederos de los esquemas de Linneo. Este sabio sueco inventó también la nomenclatura binominal que utilizamos hoy en día para darle nombre científico a las especies, en donde el primer nombre es el género al que pertenece, y el segundo el propio de la especie. Así, fue Linneo quien bautizó al ser humano como Homo sapiens, es decir, la especie sapiens dentro del género Homo. Linneo creía estar elaborando una especie de mapa de la mente de Dios: la posibilidad de crear una especie de árbol de la vida (aunque no sería Linneo quien usaría este concepto sino sus sucesores) era para él la prueba definitiva de que la Creación no era anárquica ni carecía de sentido, sino que había una mente universal, la de Dios mismo, que lo había planificado de una manera ordenada y racional. Irónicamente, el esquema de Linneo funciona en buena medida porque acertó de lleno al grueso de los linajes evolutivos, y por lo tanto su esquema se transformaría en otra prueba de la evolución. Así, las especies más cercanas en la clasificación de Linneo, suelen ser aquellas que tienen un antepasado común más reciente: un caballo y un ser humano están relacionados más o menos de cerca porque su antepasado reciente es un mamífero que data de hace algunas decenas de millones de años, mientras que éstos respecto de un pez están más alejados porque el ancestro común en dicho caso se mide por cientos de millones de años.


En paralelo en el siglo XVIII, los geólogos empezaron a entender que la edad de la Tierra quizás sobrepasaba de largo los seis mil años bíblicos. Un poderoso argumento en contra de la evolución se venía abajo: que no había tiempo suficiente para ella. Si la edad de la Tierra se medía por decenas o cientos de miles de años, incluso por millones, entonces sí que había tiempo suficiente para que las criaturas evolucionaran. Además, la idea de evolución ayudaba a explicar de dónde salían algunos fósiles que no se correspondían a bestias modernas, ni tampoco parecían aludidos en la Biblia como anteriores al Diluvio Universal; el siglo XIX fue fértil en estos hallazgos, hasta el punto que para toda una categoría de reptiles gigantes prehistóricos ya extintos, en 1842 se acuñó la palabra dinosaurio, que significa lagarto terrible en griego. Al mismo tiempo se comenzaron a proponer los primeros mecanismos que no requerían catastrofismo para explicar ciertos hechos geológicos; en este tiempo fue cuando por primera vez se postuló que los casquetes polares quizás habían avanzado en otra época, sumergiendo al mundo en una era glacial. La mentalidad ya había cambiado hasta el punto que podía aceptarse la evolución a nivel científico. Pero ello sólo sería posible si alguien daba con un mecanismo que permitiera explicar su funcionamiento.



En realidad, a comienzos del siglo XIX ya estaba arraigándose la idea de que las criaturas vivientes habían evolucionado de algún modo. Un sabio inglés llamado Erasmus Darwin postuló una bastante completa teoría evolutiva, aunque por haberla puesto en verso en vez de redactar un tratado científico, nadie le hizo mucho caso. En 1809, un erudito francés llamado Jean-Baptiste Lamarck, que había hecho extensos estudios en los fósiles de invertebrados, postuló la primera teoría evolutiva moderna en su libro "Philosophie Zoologique". El concepto clave del Lamarckismo, como se llamaría después a su teoría, sería la idea de que las criaturas evolucionan mediante la adaptación: para Lamarck, todas las criaturas vivientes tienen un impulso a explorar y explotar su medio ambiente. Para lograrlo de manera más eficiente, deben cambiar. Así, los primeros ancestros de la jirafa tenían cuellos de longitud normal, pero la necesidad y posibilidad de alcanzar las más altas hojas habían llevado a sucesivas generaciones de éstas a estirar sus cuellos hasta la longitud actual. Aunque después se demostraría errado, el Lamarckismo levantaría cabeza una y otra vez en la historia posterior de la ciencia. Jean-Louis Agassiz, uno de los mayores ases de la Geología en el siglo XIX, fue un lamarckiano convencido. En el siglo XX, el ruso T. D. Lysenko denunció el Darwinismo como una teoría burguesa, y promovió el Lamarckismo en la Unión Soviética, con desastrosos resultados para las cosechas de dicho país, dicho sea de paso. La verdad es la primera víctima de las guerras, suele decirse, y eso vale también para las guerras ideológicas.


En realidad, Lamarck había cometido un serio error. Puede que un músculo que se ejercite crezca de tamaño, lo que se llama un carácter adquirido, pero Lamarck creía que dichos caracteres adquiridos se heredaban. Hoy en día sabemos que no existe herencia de caracteres adquiridos, o al menos no de otra manera que no sea modificando los genes mismos, por supuesto, pero en la época de Lamarck, la investigación de los genes era algo que todavía pertenecía al futuro. La idea fundamental de Lamarck de que las criaturas se adaptan al medio ambiente resultaría sin embargo correcta; lo que no había recibido una adecuada explicación era el método, el cómo. El hombre que iba a dar con la respuesta al enigma nació el mismo 1809 en que Lamarck publicaba su "Philosophie Zoologique", y era nieto de Erasmus Darwin: se trataba de Charles Darwin, que exactamente medio siglo después de la mencionada obra lamarckiana, iba a publicar su revolucinario "El origen de las especies".

Próxima entrega: "El hombre y el mono".

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