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domingo, 16 de septiembre de 2012

Crónicas Antrópicas 37 - "¿Cuál es la edad de la Tierra?".


Mientras la imagen de la Tierra dentro del universo era modificada de manera radical por la ríada de descubrimientos astronómicos acumulados por Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Johannes Kepler e Isaac Newton, por mencionar sólo a los más prominentes, otros científicos se dirigían a la Tierra misma. Por supuesto que nuestro mundo presenta muchas peculiaridades. ¿Por qué existen los volcanes? ¿Qué significa el registro fósil? Y detrás de todo esto, una pregunta fundamental: ¿cuándo y cómo se formó la Tierra? La verdad es que durante siglos, los científicos no tenían muchas respuestas. Todo lo relativo a la Tierra misma solía resolverse con especulaciones filosóficas, y en algunos casos con explicaciones toscas. Durante la Edad Media, se hizo creencia común que los volcanes eran otras tantas bocas del infierno: la lava era prueba de que el inframundo existía, y allí estaban los condenados. Era difícil hacer ciencia a partir de ello.


Pero ya en el Renacimiento, algunos personajes empezaron a hacerse preguntas más científicas sobre la Tierra. Leonardo da Vinci hizo algunas expediciones en donde exploró el fascinante mundo de los fósiles, y constató que muchos residuos de criaturas acuáticas podían ser encontrados en montañas altísimas. Pero en la época, lo más cercano a un registro de la historia de la Tierra era la palabra de la Biblia, y dentro de sus páginas, el único cataclismo tan dantesco que podía explicar ello era el Diluvio Universal. De este modo, dicho Diluvio se transformó en la explicación más recurrente y socorrida para todo lo geológico que no tenía explicación. Y sin embargo, la Biblia en un punto tenía razón, y representaba un progreso por sobre el pensamiento científico de los griegos: el mundo no era infinito en el tiempo, sino que había tenido un origen. Entre los múltiples intentos por datar este origen, el más famoso de todos es el que llevó a cabo el obispo Ussher, quien hizo algunos meticulosos cálculos sobre la cronología interna del relato bíblico, para llegar a la conclusión de que la Creación fue el año 4004 antes de Cristo. La solemnidad con la que Ussher hizo estos cálculos, que hoy se nos antoja ridícula, nos hace olvidar que el relato bíblico era lo más avanzado que existía en materia de Geología en su época, de manera que el suyo fue un esfuerzo intelectual serio y honesto por dilucidar una materia muy difícil... y que en definitiva estuviera desencaminado respecto al lugar en donde debía buscar las evidencias no es algo por lo que pueda culpársele, habida cuenta su entorno intelectual, religioso y social.


Y sin embargo, ya estaban despuntando los brotes de una nueva ciencia: la Geología. Ya en la segunda mitad del siglo XVII, Nicolás Steno hizo una interesante proposición: ya que existen estratos en cualquier corte geológico, puede suponerse que los de arriba son los más recientes, porque se han depositado como capa encima de otros más antiguos. Esta proposición es obvia hoy en día, pero en su tiempo hizo cavilar a los científicos. Finalmente fue aceptado, tratando de acomodarlo dentro del relato bíblico: los estratos más recientes se habían colocado sobre los más antiguos no debido a la acumulación sucesiva a lo largo de las eras, sino de manera brusca durante el Diluvio Universal. Hoy en día sabemos que un evento catastrófico como el Diluvio Universal no deja tras de sí estratos tan ordenados y llenos de fósiles o restos arqueológicos como el común del registro geológico, sino que por el contrario, genera un enorme estrato de cieno o lodo petrificado, absolutamente ayuno de cualquier otro rastro: es la diferencia entre una acumulación ordenada por épocas, en que hay tiempo para que todo sedimente, y un aluvión que lo arrasa todo y aplasta todo lo anterior. Pero en la época, nadie se atrevió a cuestionar el relato bíblico. Aunque todavía faltaba por llegar el siglo XVIII.


En la época de la Ilustración, los científicos decidieron saltarse el relato bíblico por completo, y lanzarse a una especulación más temeraria de la edad de la Tierra. El primer experimento en esa dirección lo emprendió el conde de Buffon. Este personaje escribió durante casi cuatro décadas una vasta enciclopedia sobre la naturaleza llamada "Historia natural" precisamente, que su muerte dejó inconclusa. Para su experimento, Buffon tomó una bola de hierro y la calentó al rojo vivo. Luego, reloj en mano, calculó cuánto tiempo tardaba dicha bola en enfriarse hasta la temperatura ambiente. Luego, extrapoló los resultados a la Tierra entera, y proclamó que desde el origen hipercaliente del mundo a la fecha habían transcurrido 75.000 años. Su método era tosco hasta la grosería, y su estimación resultó terriblemente insuficiente. Pero no importa: lo importante es que por primera vez se había tratado de determinar la edad de la Tierra no a través de especulaciones de sillón, sino que a través de un procedimiento experimental. Además, en una época en donde se creía en una Tierra de seis mil años, elevar dicha cifra más de diez veces debió haberle provocado vértigo a más de alguien. De hecho, Buffon tuvo problemas con el clero debido a este experimento: una vez más, los sacerdotes cristianos trataron de obstruir el progreso de la ciencia, para que el relato bíblico no fuera cuestionado, y así conservar sus posiciones de poder.


Poco después de Buffon, en 1795, James Hutton publicó su seminal "Teoría de la Tierra". En su obra hizo un prolijo análisis del tema de los estratos. Hutton llegó a una conclusión que, aunque modificada con posterioridad, permanece esencialmente correcta: los estratos se forman debido a la acción de un ciclo sin fin de erosión, sedimentación y posterior elevación. Con esto, se abrían las puertas a la idea de que la Tierra no ha sido siempre estable, de que su superficie y geografía han ido cambiando con el tiempo. Y lo más importante: contra la idea catastrofista de que todos los fenómenos geológicos se debían al Diluvio Universal, se oponía ahora la idea del cambio y la transformación graduales del planeta a lo largo de las eras. La Tierra estática e inmóvil que es una jovencita de 6000 años de antigüedad, empezaba a quedar lentamente en el pasado. Durante el siglo XIX, la Geología daría un salto de gigante, y nuestra imagen de la Tierra quedaría alterada para siempre: por primera vez empezaríamos a entender los mecanismos por los cuales el mundo está "vivo" y en evolución. En paralelo, por supuesto, fue muy importante empezar a develar otro gran misterio: qué es la vida. La labor combinada de varios científicos del siglo XVIII arrojó algunas respuestas muy interesantes.

Próxima entrega: "Adentrándose en el misterio de la vida".

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