¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

¡La Guillermocracia te llama a las filas! ¡Vota, expresa tu opinión, cuáles son los mejores artículos que se han publicado en estos (casi) siete años de vida en línea! La encuesta se encuentra en la parte inferior de esta columna. ¿Más detalles? Pincha aquí. ¡Haz oir tu voz!

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Anatomía de los inútiles subversivos.


Los años 2011 y 2012 han sido los más duros que ha vivido Chile desde el regreso de la democracia en 1990. Desde la asunción del gobierno de Sebastián Piñera, ha ido creciendo la tensión social, las manifestaciones se han hecho más violentas, y el gobierno ha respondido con una dureza tal, que han saltado las alarmas respecto acerca de si las fuerzas de orden y seguridad no estarían infringiendo los derechos humanos de la gente.

La frase que quedó para el bronce fue cuando un ministro del gobierno al que no quiero recordar, soltó el desafortunado calificativo de "inútiles subversivos" para referirse a los manifestantes. La frase es reveladora de la mentalidad de la élite gobernante y empresarial, y por eso merece un análisis.

¿Qué es una persona útil para la élite chilena? Podemos hacernos una idea si analizamos el discurso oficial sobre la ética del trabajo y del triunfo. Dentro del discurso de la élite chilena, el triunfo social se obtiene en exclusiva mediante el esfuerzo y el emprendimiento. Esto es una hipocresía manifiesta, ya que los triunfadores en Chile muchas veces vienen de los mismos círculos empresariales y políticos, con quienes se conectan a través de redes de matrimonio endogámico. O bien, si son gentes externas, lo logran mediante el apadrinamiento de alguien dentro del círculo interno. En definitiva, las élites chilenas se cooptan a sí mismas, y por lo tanto, hay personas que pueden estudiar y trabajar hasta el final de sus días sin ver un progreso excesivo en sus vidas. Si Bill Gates, Steve Jobs, Larry Page, Sergey Brin o Mark Zuckerberg hubieran tratado de surgir en Chile con los métodos que los llevaron a la cima, hoy en día no habrían llegado a nada más lejos que conserje de edificio.

Esto permite explicar que, dentro de la mentalidad de la élite chilena, una persona que no triunfa en la vida se lo tiene merecido: el triunfo en Chile no es sólo el hecho objetivo de tener una fortuna, sino también un certificado de sana moral. El que no triunfa es un "flojo", un "inútil". Para la élite chilena, es una ley social que al trabajo sigue el éxito, casi como la luz de la ampolleta sigue al encender el interruptor de la electricidad. Pero los hechos son otros: la gente en Chile triunfa porque está adentro de la élite, o consigue hacerse cooptar por ella por su obsecuencia, no por su mérito. Pero si esto último es un hecho, ¿por qué las élites no lo ven? Sencillo: porque eso implicaría renunciar a un jugosísimo privilegio: el de darle sanción al éxito, y por lo tanto el de ser juez para calificar a las personas. Así, el éxito necesita de una sanción: la de las propias élites. Es decir, un miembro de la élite funciona como padrino para el aspirante, y lo coopta para que surja en la vida. De esta manera, la definición de flojo o inútil es tautológica: son útiles quienes son elegidos por las élites, y a su vez son elegidos por las élites los útiles. De esta manera, la definición de "miembro útil para la sociedad" por parte de las élites no responde a una realidad social, sino a un dogma religioso, religión en la que ellos por supuesto son los sumos sacerdotes. Al resto de la ciudadanía no le queda sino ir a la misa en los templos que dicha religión han preparado para usted: el mall.

Pero hay más. Un inútil se expone sólo a ser ignorado: para ser abiertamente descalificado se requiere de algo más. Para calificar como digno del desprecio de la élite, además de ser inútil se debe ser un "subversivo". Un subversivo es simplemente una persona que está dispuesta a cambiar el orden social. Etimológicamente la palabra se descompone en el latín sub-versio, que significa tornar o cambiar, más el prefijo sub que significa bajo; o sea, "cambiar por debajo", en otras palabras. Y esto también merece un análisis. Aunque la expresión "inútil subversivo" haya sido dicha en tono peyorativo, pretender cambiar el orden social no es necesariamente algo negativo. De hecho, es algo positivo si el orden social no funciona.

Por lo tanto, cabe preguntarse si el orden social chileno funciona, para tener pistas de si el subversivo es una figura positiva o negativa. La respuesta es una rotunda negativa. Un modelo en donde un puñado de familias concentran el grueso de la riqueza nacional en su conjunto, es un modelo en donde según todos los dogmas económicos, incluyendo aquellos propios del neoliberalismo, no puede haber competencia. Y donde no hay competencia no funciona el mercado. En definitiva, bajo el modelo en que vivimos, la sociedad entera está controlada por un monopolio que extiende sus redes y sucursales por todo el mapa social: las multitiendas que le vende productos a usted, la banca que lo financia a usted, las grandes empresas que le dan trabajo a usted, los políticos que lo representan a usted.

Así, Chile se ha transformado en un régimen similar al que existía en las salitreras a comienzos del siglo XX, en donde a los trabajadores se les pagaba en fichas que no podían canjear en otra parte sino en la pulpería de la misma salitrera, que era manejada por los mismos dueños de la salitrera que pagaban las fichas en primer lugar. Al trabajador chileno, su salario se le paga en pesos chilenos, que deben reinvertir en el monopolio que le paga al trabajador chileno su salario en primer lugar; sacar el dinero de Chile es una opción sólo reservada para los que tienen suficiente para movilizar su dinero al extranjero, salvo que se recurra a los corredores financieros que forman parte del mismo monopolio. No es de sorprenderse que haya tanto subversivo rondando allá afuera, subversivo que sería feliz si de verdad existiera libre mercado en Chile.

Por lo tanto, el inútil subversivo no es una categoría moral, y menos una descalificación. Sólo puede ser esto último desde la perspectiva de la élite, pero como dicha calificación parte de una justificación con características religiosas, no tiene ningún valor racional alguno. Por el contrario, el inútil subversivo es un fenómeno social, el producto lógico de un sistema en donde una élite atrincherada en su posición construye un dique para acumular toda el agua y no dejar que casi nada fluya hacia abajo. El inútil es aquel que, dentro de la mentalidad de la élite, no contribuye en nada a la construcción y mantención del dique; que el inútil bien puede elegir no contribuir con un dique del que él mismo no se beneficia, es algo que al miembro de la élite se le escapa, porque ser miembro de la élite implica también adoptar un credo religioso, el de la santidad de la propia élite. Así, cualquiera que no trabaje activamente en subir aún más el dique, es un inútil subversivo. Es el dique mismo, o mejor dicho su altura desmesurada, lo que crea a los inútiles subversivos, y en tanto el dique sea así de enorme, los inútiles subversivos simplemente no van a desaparecer.

No hay comentarios:

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

Related Posts with Thumbnails